Capítulo IV
Nunca lo sabré, nunca lo sabrás
La madriguera estaba completamente en silencio. Era tan extraño encontrarla así. Harry tenía el recuerdo de la madriguera como un hogar alegre, lleno cabelleras de un rojo intenso y grandes ojos azules. Caminaron en el mutismo total hacia el despacho de Arthur. Ron abrió con un hechizo pero no fue el primero en entrar. Al parecer aún le pesaba un poco estar violentando la privacidad de su padre.
Harry observó el despacho con mucho cuidado. No parecía haber nada fuera de lugar. Todo parecía muy normal. Había libros en los estantes, un montón de pergaminos sobre el escritorio, un tintero a medio terminar y un sinfín de cacharros muggles en completo desorden. Harry caminó hacia el escritorio y se sentó en la silla observando todo desde esa altura. Abrió los cajones encontrando más pergaminos y cacharros sin utilidad.
Pasó sus dedos por el marcó del escritorio y sintió una pequeña elevación. Se movió para ver lo que era y se encontró con un pequeño botón en forma de león. Al accionarlo uno de los libros cayó de la estantería. Harry lo recogió y antes de abrirlo hubo algo que llamó su atención. Había partículas de un polvo multicolor que se le hacía extrañamente familiar. En su nariz percibió el olor a pólvora; buscó por el despacho algún objeto que pudiese haber sido la causa de aquel polvo pero no encontró nada.
Aún con ése extraño descubrimiento en la cabeza abrió el libro que había caído de la estantería descubriendo que era algo así como un diario. Pero no tenía escrito nada más que fechas sin sentido. Dos destacaban en particular por el nombre que les precedía: verano-Mansión Malfoy, marzo-Mansión Malfoy
—Eso no tiene ningún sentido —dijo Ron observando el diario —. ¿Creen que los Malfoy tengan algo que ver con la desaparición de mi padre?
—No, no puede ser Ron. Los padres de Draco han estado viviendo lejos del país por años. Lucius y Narcissa Malfoy prácticamente han vivido en París. Draco y Neville estaban viviendo en Canadá, ellos llegaron hace un par de semanas. Su hijo Scorpius inicio su primer año en Hogwarts.
—Ni me lo recuerdes. No puedo creer que Neville haya terminado con el hurón y menos que haya sido capaz de tener un hijo con él —Ron se ponía enfermo de tan sólo imaginar un poco de intimidad entre ellos —. Debe ser horrible hacer el amor con Draco Malfoy —Ron se estremeció y Harry rió ante la ironía. Él cambiaría de lugar con Neville cualquier día y a cualquier hora con tan sólo tener la esperanza de tocar al rubio.
—Sea como sea creo que debemos pedir una entrevista con los Malfoy —Harry negó rotundamente ante las palabras de Hermione.
—¿Qué? ¿Para qué? ¿Quieres acusarles sólo porque su mansión se menciona junto a unas fechas sin sentido en el diario de Arthur? —Cuestionó Harry con un tono irritado que no pasó desapercibido para Hermione.
—No, claro que no. Pero tal vez ellos tengan alguna idea sobre las fechas.
—Hermione tiene razón. Tampoco quisiera ver al hurón y a su familia pero es una pista más. Debemos verles.
Harry tomó el vial con su cóctel y le dio un largo trago. No estaba listo para enfrentarse a Draco y verle feliz a lado de Neville.
James y Rose salieron del aula de pociones con una sensación extraña. A James le gustaba la materia, no era excepcionalmente hábil pero le gustaba estar mezclando cosas, sin embargo Slughorn se la estaba poniendo un poco difícil al hacer toda la maldita clase tan tediosa.
—El profesor Slughorn está cada vez más pirado —le dijo a Rose mientras seguían caminando por el pasillo.
—Tal vez necesitamos un nuevo profesor de pociones —James estaba completamente de acuerdo con Rose.
—Slughorn debe tener como novecientos años. Ya es hora de pensar en un reemplazo, a menos que McGonagall quiera que todos sigamos haciendo la siesta en la hora de pociones. Mira que para eso ya tenemos Historia de la Magia.
De pronto una enorme lechuza blanca voló hacia James para entregarle una carta. James la abrió con cuidado.
—Es la lechuza de tía Ginny. ¿Todo está bien? —James asintió ante la pregunta de Rose —. ¿Hay alguna noticia del abuelo?
—No precisamente. Mamá sólo quiere informarnos que el tío Ron le dijo que hay un gran avance en las investigaciones. Al parecer tus padres están trabajando con un consultor del Ministerio que parece ser muy bueno en lo que hace —Rose puso su cara de sabionda —. ¿Qué?
—Papá y mamá trabajando con un consultor. Eso es rarísimo.
—Aparentemente es un ex auror ¿Qué tiene de raro eso? —Rose se encogió en hombros.
—Sólo es raro. Debe ser un tipo increíblemente bueno para que mis padres confíen en él.
—Por mí como si trabajaran con el mismísimo Merlín. Yo sólo quiero que encuentren al abuelo —James dobló la carta con cuidado y levantó la mirada para encontrarse con un Ravenclaw de primer grado —. Ey ¿sabes dónde están los Slytherins de primero?
—En el gran comedor. Acaban de terminar su clase de vuelo.
James salió corriendo hacia el gran comedor. La carta iba dirigida a ambos así que debía informarle a su hermano las nuevas noticias. Sabía que Albus se iba a poner muy contento. Cualquier noticia sobre el abuelo incrementaba la esperanza. Se encontró a su hermano hablando animadamente con su amigo y sin pensarlo fue la mesa de Slytherin y se sentó a lado de ellos. Esa pequeña muestra causó una gran conmoción en el comedor.
James no era ajeno a las murmuraciones sobre Albus en Slytherin. Pero que se jodieran, Albus era su hermano, mejor que se empezaran a acostumbrarse a ver a los dos Potter sentados en la mesa de las serpientes. James tenía pensado desayunar, comer o cenar con su hermano cuando quisiera.
—¿Qué diablos haces? —Le preguntó Albus completamente descolocado pero disimulándolo muy bien.
—Mamá envió una carta —le dio el pergamino y Albus elevó una de sus cejas —. Ok, lo siento. La abrí antes porque tenía mucha curiosidad.
—Bien, era para los dos al final de cuentas. Gracias, ahora puedes regresar a tu mesa —James rió —. ¿Qué?
—Puedo quedarme aquí. El reglamento escolar no prohíbe sentarse en la mesa de otra casa. Quiero estar aquí, hablar contigo, comer con tus amigos. No creo que vayan a hechizarme por eso ¿o sí? —James miró a los chicos que rodeaban a su hermano. Scorpius parecía sumamente divertido, los otros parecían expectantes, James sólo conocía a dos de nombre. Uno era Daniel Nott y el otro chico robusto se llamaba Marcus Goyle.
—A mí me parece realmente encantador —Scorpius le sonrió abiertamente y James le regresó el gesto —. Tenemos el placer de contar con los dos Potter. Es algo digno de presumir —bromeó Malfoy para molestia de Albus. Sin embargo su amigo tenía razón. El resto de las casas parecían ver aquello como un logro ¿bueno o malo? Eso se sabría después.
—¿Ves? A Scorpius no le importa y si a alguien le molesta pues que se vaya a la mierda. A mí todo ese asunto de las casas me chupa un huevo.
—Bien, paren el rollo. Lo he pillado…
Después de la pequeña conmoción, Albus empezó a leer la carta de su madre, terminó haciéndose la misma pregunta que Rose ¿quién era ése misterioso consultor? No dijo nada hasta que la comida terminó y salió del gran comedor acompañado de Scorpius y James.
—¿Qué piensas? —Albus se encogió en hombros. De cierta manera, que sus tíos confiaran en ése misterioso ex auror le daba tranquilidad, sin embargo no dejaba de preguntarse quién podría ser.
—Sólo me inquieta un poco la identidad del consultor…
—Es intrigante ¿cierto? —Rose apareció cargando dos grandes tomos de historia del Ministerio —. Estuve investigando superficialmente y parece que nunca han existido los consultores en el Ministerio.
—¿Entonces? —Preguntó James pensado que su madre nunca les mentiría en algo tan serio —. ¿Crees que sea una mentira de mamá para tranquilizarnos? —Rose negó.
—No, absolutamente no. Pero creo que la identidad de ése consultor es un gran misterio hasta para la tía Ginny.
—No sé para qué quieren saber quién es. Está ayudando, su madre dice que es bueno, sus tíos lo avalan ¿qué más quieren? —Comentó Scorpius ganándose una mirada algo mosqueada de los tres miembros de la familia Potter-Weasley —Bueno, si les es tan importante creo que puedo persuadir a mi padre para que nos ayude a investigarlo. Después de todo fue un gran amigo de sus padres y es un Gryffindor.
—¿De verdad lo harías? —Albus cambió su cara y le sonrió levemente.
—Sí, si eso te tiene más tranquilo, lo haré —Albus era un amigo muy especial. Por supuesto que podía hacer eso y más por él.
Harry estuvo tranquilo a lo largo del día pero a medida que se acercaba la noche el temor empezó a agolparse en su pecho haciendo una opresión imposible de resistir. Ni siquiera su poción especial conseguía ponerle paz a su atormentada alma. Necesitaba una copa, una botella entera, tal vez un barril completo de puro whisky.
Abrió la botella de bourbon y apretó los dientes temblando de rabia. Con violencia arrojó la botella a un rincón de su habitación y soltó un grito furioso. Estaba volviéndose loco pensando en su reencuentro con Draco. Cogió el móvil para llamarle a Hermione, tenía que convencerle de que su plan era ridículo. No podían simplemente presentarse en la mansión Malfoy y esperar ser recibidos con los brazos abiertos.
—Harry ¿qué sucede? Son las dos de la mañana —Harry vio el reloj por primera vez.
—Es una estupidez. No podemos presentarnos en la mansión Malfoy como si nada. No nos recibirán —dijo tragando saliva nervioso.
—Harry, es la única opción que tenemos. Sabes bien que intentamos contactar con ellos por los medios comunes y fue imposible. Las lechuzas no pasan a la mansión, los números que tenemos en el Ministerio son de sus negocios en Canadá y París.
—No puedo Hermione… —dijo al final derrotado y con la voz quebrada por el llanto a punto de salir —. No puedo verle. No puedo…
Hermione se apareció en Grimmauld Place unos minutos después de que Harry cortó la llamada. Harry le contó las generalidades de su relación con Draco a lo largo del sexto curso. Le tuvo que confesar que tenía el corazón destrozado y que era un cobarde que no podía ver a los ojos al hombre que seguía amando a pesar de todo.
—Harry… —Hermione le abrazó —. Sospechaba que tenías un cierto encaprichamiento por Draco pero nunca imagine que ustedes…
—Ahora él es feliz con Neville y yo… —soltó una risa hueca — sólo hay que ver lo que ha sido mi vida los últimos diez años. Todo fue mi culpa Hermione, me equivoque desde el principio, cuando por fin tuve algo de control en mi vida preferí seguir con lo que dictaba la normalidad.
—Tienes que venir con nosotros. Hazlo por Ron y los chicos. No te lo pediría sino estuviera segura que tu presencia es vital para el futuro de Arthur. Por favor.
Harry asintió sabiendo perfectamente que sufriría al verle pero tal vez ese era el golpe que necesitaba para poder olvidarse de Draco Malfoy.
Ron, Hermione y Harry se aparecieron a escasos metros de la gran reja de hierro forjado de la Mansión Malfoy. Hermione pensó que había superado los temores que le representaban ese lugar pero el escalofrío que le recorrió fue indicativo de todo lo contrario. Harry no parecía estar mejor que ella que, se encontraba sudando, con los ojos inexpresivos y perdidos seguramente en algún recuerdo.
—Su nombre —la voz salió de algún punto de la reja.
—Ronald Weasley —Ron dijo su voz firme sin prestar atención a las tribulaciones de su esposa y mejor amigo. Reja se abrió dejando pasar a Ron únicamente para sorpresa de sus acompañantes.
—Su nombre —dijo de nuevo la voz de la reja. Hermione dijo su nombre y la reja se abrió para ella.
—Harry Potter —la reja se abrió una vez más y Harry pudo percibir la magia de Draco en ella. Seguramente la había encantado para valorar si eran amigos o enemigos; aparentemente la protección de la mansión habían valorado que ellos no tenían ninguna mala intención, o tal vez los estaban esperando un montón de runespoor o quimeras capaces de hacerlos pedazos al menor movimiento.
Draco estaba en su despacho revisando meticulosamente los documentos que tenía que enviar al Ministerio para poder abrir la sucursal de su negocio en Londres. Era una tarea completamente aburrida pero que se debía cumplir a la perfección. El nombre Longbottom abría muchas puertas sin embargo no quería quemar constantemente esa carta.
—Amo…
—¿Qué sucede Dipsy? —Draco no levantó su vista de los documentos y por lo tanto no pudo percatarse de la angustia en los ojos de su elfina.
—Amo… tres visitantes han cruzado la reja —Draco dejó sus papeles por fin y observó a la criatura que parecía sumamente alarmada. El mismo Draco había encantado la reja de la mansión. Era imposible que alguien con malas intenciones la cruzara pero aún así su elfina estaba muerta de miedo.
—¿Quiénes son? —Las puntiagudas orejas de la criatura se movieron rápidamente y se frotaba las manos compulsivamente.
—Ronald Weasley, Hermione Granger y Harry Potter.
Draco se puso de pie de inmediato. Se percató que sus manos estaban sudando y de pronto sintió su rostro enrojecer.
—Avísale al señor Neville —dijo con un hilo de voz. Necesitaba un momento a solas.
Lo primero que pensó fue que estaba en mangas de camisa y que no tenía tiempo como para ir a ponerse una túnica de gala. Convocó un espejo y miró su reflejo mientras se arreglaba el cabello e intentaba contener su sonrojo.
—¿Qué diablos estás haciendo Draco Malfoy? —Le preguntó a su reflejo, luego cerró los ojos y suspiró profundamente —. Por Salazar, contrólate. Han pasado trece años desde la última vez que lo viste. Ahora estás casado con un buen hombre, tienes un hijo precioso, eres un hombre respetable. Deja de comportarte como un colegial. ¿A qué demonios crees que viene Potter a tu casa? ¿A pedirle tu mano a tu esposo? —ironizó para sí mismo.
Desapareció el espejo y dejó caer en su sillón. Típico de Potter; diez años desaparecido del mundo, sin dar una sola señal de vida y de pronto decidía presentarse en la Mansión Malfoy, junto con sus amiguitos, para joderle la vida. Se suponía que debía estar en Grimmauld Place perdido de borracho y no regresando a la vida de Draco para revolverla de nuevo.
—Dipsy me acaba de avisar —Neville se acercó a él arrodillándose a su lado —. ¿Estás bien? Puedo recibirlos yo y ver qué es lo que quieren —Draco le sonrió a Neville. Eso sería tan fácil. Él sólo se tenía que quedar en su despacho y dejar que su maridito lo arreglara todo. Pero Draco ya no era así. Durante la guerra aprendió que no debía esconderse detrás de las faldas de ninguna persona.
—No, claro que no. Los enfrentaré. No pienso esconderme como un cobarde, ellos vienen a mi casa como si tuvieran derecho de hacerlo, como si yo fuera criminal… y no lo soy.
—Claro que no lo eres. Nunca lo fuiste. Y los errores que cometiste los pagaste con creces durante la guerra —Neville lo veía con devoción y amor. Draco hubiera dado lo que fuera para poder corresponder ese sentimiento tan profundo.
Harry estaba sentado en el sillón sintiéndose morir de nervios. Sus manos ardían de ganas por tomar el vial con su poción y bebérsela de golpe. La mansión estaba completamente cambiada. La luz entraba por todos lados, los jardines brillaban por su tono verde esmeralda, todo parecía alegre y vivo. Harry se giró para ver a su amiga; Hermione también parecía nerviosa, miraba hacia todos lados; tal vez esperando que, en cualquier momento, la loca de Bellatrix apareciera.
Los tres se pusieron de pie sin razón aparente en cuanto Neville y Draco entraron a la pequeña estancia a la que habían sido conducidos.
Harry tragó saliva en cuanto vio al rubio. Los recuerdos se agolparon de pronto; miles de imágenes de sus encuentros durante el colegio inundaron sus sentidos. Su mente parecía empeñarse en recordar particularmente aquellos momentos llenos de caricias y besos. Harry de pronto sintió la enorme necesidad de grabarse la imagen de Draco por si era la última vez que lo viera.
Draco estaba perfecto, a pesar de lo incomoda que le podía resultar la visita, él tenía un semblante relajado. El rostro de Draco había perdido mueca de eterno desprecio, seguía viéndose completamente aristocrático, por supuesto. Tenía una elegancia única que era enmarcada por el rostro de un tío que parecía inalcanzable pero no pedante.
Ciertamente ya no era un chico de diecisiete años. Era un hombre, uno que estaba jodidamente atractivo con un aire de príncipe altivo y encantador. Dolía verle de lo guapo que era. Draco siempre había resaltado, pero los años le hacían ver más maduro, más seguro de sí mismo, a su alrededor parecía generarse un campo de atracción en el que Harry con gusto gravitaría por el resto de su patética existencia.
—Esto sí que es una sorpresa ¿a qué debemos el honor? —Preguntó Neville con un claro tono a la defensiva
Harry desvió su mirada hacia él. ¿Cómo podía alguien crecer para ponerse así? La vida no era justa. Neville había sido un tipo gordo que resultaba muy poca cosa para ser un Gryffindor. Pero los años se la habían apañado para trabajar a su favor y el tipo parecía sacado de una maldita revista del corazón. Su cabello era perfecto, sus ojos eran perfectos, su barba de tres días era perfecta, su sonrisa era perfecta, tenía un cuello grueso y masculino, unos bíceps que se notaban perfectamente a través de la camisa de color azul, su abdomen era plano, seguramente con los rectos marcados. Harry evitó gritar de frustración.
Verlos juntos era como ver a los tipos de las revistas que tanto le gustaban a su tía Petunia. Eran ricos, exitosos e increíblemente atractivos.
—Lamentamos muchos llegar así, Neville —Hermione se adelantó a hablar siempre intentando mantener la diplomacia —. No queríamos molestarles. Intentamos concertar una cita por los medios normales pero sus números en el Ministerio siguen siendo los de su residencia en Canadá.
—¿Y eso les dio la idea de venir a la mansión personalmente? —Draco evitaba tener contacto visual con Harry mientras hablaba.
—No lo hubiéramos hecho de no haber un motivo muy poderoso —Ron le habló a Draco con bastante más humildad de la que esperaba —. Supongo que están al tanto de las desapariciones que se han suscitado en lo últimos meses —Draco asintió —. El último en desaparecer fue mi padre. Hemos estado investigando y Harry encontró esto en el despacho de papá—Ron les mostró el diario —. Tiene un par de fechas con el nombre de éste lugar. Nosotros pensamos que tal vez…
—¿Tenemos encerrado al señor Weasley en las mazmorras? —Preguntó Neville con un tono aún más irritado.
—No, por supuesto que no. Neville no hemos venido a culparles de nada —Hermione habló levantado la voz también.
—Es mi papá del que estamos hablando y por él estamos aquí. Nosotros sólo hemos venido a pedirles ayuda —Ron observó a Draco —. Sé que tenemos nuestra historia pero somos adultos. Ya pasamos por una guerra. No tengo intenciones de seguir peleando por algo que, justo ahora, sería un absurdo —Ron le tendió el diario a Draco —. Si tengo que rogarte para que lo veas, lo haré sin ningún problema, Malfoy.
Justo en ese momento Draco se dio cuenta de lo desesperado que estaba Weasley. Era capaz de rogarle… a él entre todas las personas. Cogió el diario y sin querer su mirada fue hacia a Harry. Sólo fueron unos segundos pero bastaron para hacerle estremecer. Parpadeó sólo como acto reflejo e intentando sacudirse todos los sentimientos que Harry despertaba estando tan cerca de él. Joder, tenía un marido y un hijo, eso debía bastar para poner a raya toda esa mierda.
Abrió el diario sólo por hacer algo y lo único que encontró fue una hoja escrita con dos fechas. Eso parecía no tener ningún sentido. Neville se acercó y hojeó el diario.
—¿Eso es todo lo que tiene escrito? —Preguntó Neville y Hermione asintió —. Eso es muy extraño —Neville cerró el diario y empezó a inspeccionarlo por fuera —. Aquí hay algo que no está bien — dijo viendo la minúscula abertura que existía entre la página escrita y la primera hoja del diario. Neville apuntó con su varita hacia el diario y lo desarticuló por completo para sorpresa de todos. Sin embargo, con ese despliegue de magia, Harry salió de su ensimismamiento y se dio cuenta que dos pequeñas tiras se desprendían del interior del encuadernado. Neville volvió a armar todo de nuevo con otro pase de varita. La separación entre hojas había desparecido.
Harry, que hasta el momento había estado en segundo plano, se levantó y caminó para tomar las dos tira de papel que habían caído muy cerca de las lustrosas botas del Draco. Harry tragó saliva nervioso al notar la cercanía con el rubio. Por Merlín resucitado tres veces, tenía que dejar de pensar en el gloriosa aroma de Draco.
—¿Qué es? —Preguntó Ron atrayendo la atención de Harry.
—Parece que alguien ha arrancado dos hojas del diario —contestó Harry con una voz un poco más gruesa de lo normal. Draco volvió a abrir el diario.
—Aquí hay algo más —en un gesto de total complicidad, como los que tienen las parejas consolidadas, Draco el pasó el diario a Neville y éste observó la hoja a contra luz. A pesar de que podían tener un avance en la investigación Harry sintió un peso extra en su estómago al ver la familiar convivencia del matrimonio Malfoy-Longbottom.
—Dipsy —la elfina se apreció en el acto —. Trae un lápiz por favor —la criatura obedeció a Neville de inmediato.
Draco empezó a pasar el lápiz por la hoja haciendo un sombrado y como si fuera magia empezaron a empalmarse fechas y anotaciones que seguramente habían estado escritas en las dos hojas sustraídas. Sin embargo había ciertas anotaciones que se podían leer medianamente bien: 31 de octubre- Valle de Godric, junio-Cementerio de Hangleton, junio-Ministerio, verano-Grimmauld Place, septiembre-Ministerio, 2 de mayo-Hogwarts.
A medida que avanzaba en la lista, Harry, supo de qué se trataba. Eran hechos del pasado. Cuando vio la fecha de la batalla en Hogwarts cerró los ojos y sólo pudo ver un rostro. El de Fred Weasley.
—Nada de esto tiene sentido —dijo Ron aún viendo el diario de su padre —. ¿Por qué papá escribiría esto?
—Verano… en el verano de 1996 los mortífagos trajeron al señor Ollivader a la mansión —Draco observó a Hermione —. A finales de marzo de 1998 ustedes llegaron a la mansión. Los habían traído los carroñeros…
—¿Qué está sucediendo realmente? —Preguntó Neville con voz firme.
—No lo sabemos —Hermione estaba perpleja. A medida que avanzaban iban descubriendo cosas cada vez más inquietantes —. Arthur estaba ocultando algo —Neville hizo el amago de querer hablar pero Hermione lo interrumpió —. No lo sabemos. Pero tiene que ver con su desaparición.
—Esos eventos y que alguien se haya tomado el tiempo para desaparecer esas hojas del diario no vaticinan nada bueno, Granger.
—Tenemos que irnos —dijo Harry impaciente. Se había olvidado del aroma de Draco y de todos sus problemas sentimentales. Su cabeza estaba fija en una teoría que se antojaba absurda pero que al mismo tiempo era increíblemente certera después de colocar las piezas de información que habían obtenido.
—¿A dónde? —Le preguntó Ron aún más desconcertado que Hermione.
—Tengo que ver a alguien que tal vez nos pueda ayudar. Pero debo verlo solo —añadió zanjando el tema. Estaba seguro la que la familia Weasley no iba a soportar otro golpe.
Hermione iba tomar el diario que aún estaba en manos de Draco pero éste lo apartó de su camino con un movimiento rápido y preciso.
—Queremos una explicación. No pueden venir aquí y sacarnos esta información para luego largarse como si nosotros estuviéramos a su disposición para jugar a los Aurores.
—No tenemos nada más que compartir, Draco. Arthur Weasley desapareció cuando iba a reunirse con la Primer Ministro de Reino Unido. Había concertado una cita para hablar sobre el cambio del clima. Yo busqué a Harry para que nos ayudara con la investigación y él descubrió éste diario en el despacho de Arthur. No entendíamos porque había escrito esas fechas hasta llegamos aquí con ustedes y tampoco sabíamos que había algo más en el diario.
—¿Con quién hablaras? —Preguntó Draco sin ver a Harry a los ojos. Sabía que era una estupidez lo que estaba haciendo pero no se atrevía a verle a los ojos
—Mundungus Fletcher —mintió Harry con prontitud —. Si hay algo moviéndose en el bajo mundo, ese viejo mago lo sabrá —no le quería mentir a Draco pero era la única manera que los dejaran marchar sin más preguntas.
Draco le dio el libro a Hermione y caminó hacia Neville quien de inmediato le pasó un brazo por los hombros y miró con aire de severidad a los que habían sido sus amigos durante años.
—Todos aquí tenemos hijos. En nombre de ellos les pido que nos mantengan informados sobre lo que está ocurriendo. Todos sabemos lo que es estar en medio de una guerra y yo no quiero eso para Scorpius. Haré todo lo necesario para evitarlo; así sea matar a todos los mortífagos prófugos con mi propia varita.
—Tienes nuestra palabra de que les mantendremos informados —Draco hizo aparecer un pequeño pergamino que terminó en las manos de Hermione.
—Sólo tienes que escribir eso antes de cualquier carta que quieras enviar con una lechuza así el animal podrá cruzar las protecciones. Estaremos aquí si necesitan ayuda —Hermione asintió. Con un breve gesto se despidieron los tres y salieron de la mansión Malfoy.
Draco se dejó envolver en el fuerte abrazo de Neville. En su mente se agolpaban los recuerdos de la guerra y el terror de vivir de nuevo toda esa pesadilla. Cerró los ojos y maldijo para sí mismo pues estaba hecho un lío entre lo que estaba pasando y haber vuelto a ver a Harry.
Harry había convencido a Ron y Hermione de que hablaría con Mundungus Fletcher; mentirles a ellos había sido mil veces más fácil que mentirle a Draco. Harry caminó por el Callejón Diagon sin preocuparse por si alguien lo reconocía. El día estaba acabose y el lugar parecía desierto. El enorme letrero de: Sortilegios Weasley, resaltaba entre todos los demás. Harry abrió la puerta ignorando por completo el letrero de: CERRADO.
—¿Qué sucede amigo? ¿No sabes leer? Está cerrado. Se ha acabado el día. Regresa mañana en horario de ofici… —las palabras de George murieron en su boca al verle —. ¿Harry Potter? —Harry dio dos pasos para que George pudiera verle mejor —. Por Godric, de verdad eres tú.
—Hola, George —Harry le lanzó el diario y George abrió la boca como queriendo decir algo pero le era imposible. El pelirrojo hizo el amagó de tomar su varita pero de inmediato cerró los ojos y se derrumbó cayendo sentado sobre un escalón de reluciente madera.
—Tú debes entenderlo mejor que nadie —George lloraba —. Tal vez seas el único que lo pueda entender… ese sentimiento de haber perdido a tu otra mitad. No sabes cuantas malditas veces he pensado en la batalla final. Yo me separé de Fred… tal vez si hubiéramos permanecido juntos… tal vez… él —el llanto de George se hizo más fuerte y le impidió hablar —. Ellos vinieron a mí —dijo al cabo de un momento después de calmarse —. Se parecieron un día, así como tú lo has hecho ahora, venían con sus máscaras y lo primero que pensé fue en atacarlos pero uno de ellos me petrifico. Entonces empezaron a hablar de lo que había salido mal, de las ocasiones en las que tuvieron la oportunidad de ganar, yo no entendía nada. Luego dijeron que si les ayudaba ellos traerían de regreso a Fred… —George bajó el rostro —. Les creí, les creí porque necesitaba hacerlo. Después de todo no pedían más que fechas y eventos. Al poco tiempo empezaron las desapariciones —tragó saliva y se aclaró la garganta —. Yo les dije que no quería continuar. Estaba dispuesto a acusarlos. Más porque papá había empezado a sospechar, supongo que los padres siempre saben; usó un encantamiento para espiarme y así supo que me veía con ellos. Me reclamó y yo le confesé todo. Él anotó fechas, días… Pero ellos se enteraron. Secuestraron a papá y me dijeron que lo mantendrían vivo mientras yo hiciera lo que ellos quisieran. Me ordenaron destruir la evidencia.
—¿Dónde está tu padre? —George negó.
—Lo he buscado por mí cuenta pero ha sido imposible. Uno de ellos viene cada semana para llevarme a verlo. Me cubren el rostro y me aparecen. Sé que está en Surrey porque he identificado algunas cosas pero no sé exactamente dónde.
—¿Sabes lo que planean?
—No lo sé. Nunca me dijeron nada realmente. Están obsesionados con los eventos del pasado. Parece que quisieran descubrir algo en particular. Pero no sé. La última vez que estuve con papá los escuche hablando de que les era imposible conseguir algo pero no dijeron qué o dónde lo estuvieron buscando —George se levantó y miró a Harry con seriedad —. Me ayudaras ¿cierto? ¿Me ayudaras a rescatarlo? —Harry asintió.
Lo haría y mantendría el secreto de George porque no tenía corazón como para acusarlo. Él tenía razón, Harry entendía por qué lo había hecho. George había amado a su hermano y perderlo había significado el peor golpe de su vida. Para George Weasley todos los espejos eran el espejo de Oesed y Harry entendía eso a la perfección; sólo que a él el reflejo del espejo no le devolvía el más profundo y más desesperado deseo de su corazón, le mostraba la terrible derrota a la había encaminado su vida.
Cuando Harry llegó a su casa se sentía drenado. Escuchar la verdad de la voz de George Weasley había sido el broche de oro para un día de pesadilla. Harry cerró los ojos y de inmediato rememoró la imagen de Draco. Se veía tan… sereno. Neville, al parecer, estaba haciendo un gran trabajo y Harry lo odiaba.
Secretamente tenía la esperanza de notar en Draco signos de sólo estar con Neville por conveniencia; porque no había tenido más opción que quedarse con el casi elegido. Era cruel, lo sabía, pero no podía evitarlo. Pero en vez de eso Harry encontró a Draco siendo feliz con Neville, verdaderamente feliz.
Harry observó en el dorso de su mano derecha la cicatriz que había dejado el castigo de Dolores Umbridge en aquel lejano quinto curso. Era tenue, a penas y se alcanzaba a distinguir algunas letras que componían la frase: no debo decir mentiras. ¿La marca tenebrosa de Draco estaría igual de tenue? Los dos tenían sus cicatrices, los dos tenían una historia que se entrelazaba irremediablemente y Neville no podía contra eso.
Entonces Harry recordó las palabras de Neville esa mañana: Tenemos un hijo…
Draco y Neville habían formado una familia feliz, no importaba lo mucho que Harry se quisiera convencer de lo contrario, los hechos hablaban por sí mismos.
De tal manera que Draco nunca, nunca, sabría, que él moría por su amor. Estaban tan lejos qué modo no había de qué por alguien se enterara de que se moría por su amor.
Agitó su varita y apareció la pizarra con su investigación. Añadió dos nombres: George Weasley y Rodolphus Lestrange. Tenía la obligación personal de olvidar el pasado para concentrarse en el presente, en su investigación, tal vez de esa manera evitar más muertes y dolor. Después de todo, Neville tenía razón, había que hacer lo necesario para evitar que sus hijos vivirán los terrores de una guerra.
Draco se reajustó la bata al sentir el frío de la noche. Los jardines de la mansión siempre habían sido su lugar favorito, de niño se pasaba horas explorando cada rincón, maravillándose con la belleza de las rosas que su madre plantaba y cuidaba con tanto esmero. Incluso cuando Voldemort llegó a contaminar su hogar, él continuamente se refugiaba en los jardines pensando que tal vez algún día podría caminar a lado de Harry disfrutando de un maravilloso verano.
Pero ese sueño nunca se cumplió. Harry se alejó de él antes de que incluso Draco pudiera liberarse de todos los fantasmas de la guerra. Era injusto que Harry Potter regresara a su vida justo cuando se había hecho a la idea de vivir sin verle nunca más y, para aumentar más su amargura, llegaba viéndose fabuloso. Su barba era varonil y hermosa, hasta las estúpidas canas en su pelo le daban un toque de madurez que le dejaba sin habla y junto con todo ese paquete de masculinidad, Potter llegaba con los indicios de una nueva aventura que los arrastraría a una batalla.
Draco no era tonto, lo que el trío dorado había descubierto esa mañana era una maquinación que seguro tenía que ver con los mortífagos que aún quedaban libres. Eso ponía a su familia en un peligro terrible. Sus padres habían testificado en contra de los mortífagos, él mismo había dado nombres y había revelado propiedades para que el Ministerio pudiera incautarlas. Así que Potter había irrumpido de nuevo en su vida con bombo y platillo.
Draco no quería sentirse tan afectado por Harry. No quería aceptar que verle agitaba los cimientos de su vida. No quería compartir la cama con el hombre que le amaba, mientras él pensaba en Harry Potter, Draco no quería sentirse tan vil.
