Capítulo V
Yo te recuerdo
Scorpius se terminó de vestir apresuradamente viendo su reloj de reojo; había olvidado por completo que había reservado el aula de Estudios Muggles a primera hora del sábado para una videollamada con sus padres. Su papá solía decir que esos despistes los había sacado por parte de su padre y Scorpius no podía estar más que de acuerdo, en ocasiones, a su padre se le olvidaban las cosas más absurdas.
Salió de su habitación sin hacer ruido y pasó corriendo por la sala común. Subió las escaleras de dos en dos y cuando el muro de piedra se abrió tuvo el reflejo de agacharse para evitar una bomba fétida de Peeves que corrió en seguida pues El Barón Sanguinario había cruzado por uno de los muros y empezó a gritarle.
Scorpius vio su reloj y decidió que, a pesar de ser impropio de un Slytherin, tenía que correr sino quería llegar tarde y ser castigado posponiendo su conferencia hasta la semana siguiente. Hogwarts tenía una política muy firme con respecto al uso de tecnología muggle. A la directora McGonagall le había costado un mundo hacer funcionar los aparatos electrónicos en el aula de Estudios Muggles debido a la cantidad de magia ancestral del castillo y por lo tanto era un gran privilegio poder usarlos para hablar con sus padres así que las regalas eran muy precisas: los de primer año podían hablar una vez por semana con sus padres, los de cursos más avanzados sólo una vez al mes, ese derecho se suspendía si faltaban a clases o si habían incurrido en alguna falta. Se podía reservar la sala por máximo treinta minutos y se tenía que llegar puntual sino la reservación se cancelaba.
Así que Scorpius llegó jadeando al aula un minuto antes de la hora. La profesora Flume consultó su reloj y al cabo de un largo segundo lo dejó pasar.
—Tu varita —Scorpius le sonrió amablemente a la profesora dándole la varita —. Tus treinta minutos empiezan cuando te hayas comunicado con tus padres, ¿les has enviado la lechuza avisándoles de la conferencia? —Scorpius asintió. Casi lo olvidaba pero Albus se lo recordó providencialmente —. Excelente, saludos a tus padres.
La profesora Flume le indicó su lugar y en cuestión de minutos la conferencia empezó. Le sonrió a sus padres, los extrañaba realmente, procuraba llamarles cada semana pero aún así verles le daba cierta nostalgia. Empezaron hablando del colegio y lo que había ocurrido durante la semana. Scorpius había tenido muchos avances en su curso de pociones y de herbolaria, sus profesores de ambas materias estaban encantados con él, también se le estaba dando muy bien encantamientos y defensa contra las artes oscuras aunque no dejaba de existir algún compañero idiota que hacía comentarios sobre Voldemort y los mortífagos esperando que Scorpius se enojara. Por lo regular no le importaban esos comentarios aunque no podía decir lo mismo de Albus que había empezado a desarrollar una extraña fijación por los duelos a mano limpia cuando llegaban a decir que Scorpius era un mortífago. Claro que evitó contarle eso a sus padres.
—¿Los abuelos han regresado a París? —Scorpius sabía la respuesta a esa pregunta pero aún así la hizo con esperanza de que sus padres le dieran una noticia diferente.
—Hace un par de días —le contestó su papá intentando parecer tranquilo pero Scorpius sabía la verdad. Los abuelos no soportaban quedarse en la mansión. Aún tenían recuerdos de lo que había pasado y la sociedad mágica no olvidaba que abuelo había sido un mortífago.
A Scorpius aún le chocaba esa palabra. En Canadá nadie la usaba. Para ellos el apellido Malfoy sólo era exótico y no un referente de la segunda guerra mágica. Desde muy pequeño sus padres se habían encargado de hablarle de la guerra, de Voldemort, de los mortífagos. Papá Draco había sido un poco escueto con respecto a su participación. Le había dicho que se había equivocado y que siempre lamentó haber estado tan colosalmente desencaminado. Su padre Neville le había aclarado muchas cosas que su papá Draco no podía o no quería, después de todo, no dejaba de ser un Slytherin.
Scorpius comprendió que su vida en Hogwarts iba a estar marcada por el pasado de su papá y no le importaba. Claro, le dolían los cuchicheos, no iba a dejar jamás que eso le detuviera. La gente tenía que convencerse que su papá no era malo, no era un mortífago; era un hombre que se había equivocado y que al darse cuenta de sus errores se volvía más valioso.
—La abuela Augusta me ha dicho que te ha enviado una escoba nueva —las palabras de su padre le trajeron de nuevo a la conversación —. Recuerda que por más que quieras no puedes entrar al equipo de quidditch este año —Scorpius asintió. Su papá amaba volar, su padre Neville en cambió prefería estar con los pies bien puestos sobre la tierra.
—Quiero preguntarles algo. Ya me contaron la historia de su relación con los padres de Albus y James —había sido el tema de conversación de la conferencia anterior —. Supongo que también conocen a sus tíos, la Ministro y el señor Weasley —su padre asintió y Scorpius notó como su papá se tensaba en su asiento —. ¿Saben algo del consultor que han estado viendo para el caso de Arthur Weasley? —Cuando vio a su padre desviar la mirada confirmó que ellos sabía a la perfección la identidad del misterioso consultor.
—No creo que eso deba ser de tu incumbencia, hijo —le dijo papá Draco de manera categórica.
—Lo es papá porque Albus es mi amigo y está preocupado por su abuelo. Le he prometido que les preguntaría a ustedes —Scorpius vio cómo su papá le dirigía una mirada preocupada a su padre —. Ahora, ¿ustedes saben quién es el consultor? —su padre Neville asintió.
—Neville, por favor —papá Draco estaba más tenso que la cuerda de un violín.
—Nunca le he mentido a mi hijo y no voy a empezar ahora —Scorpius vio cómo su papá tensaba el rostro —. ¿Por qué lo quieres saber, hijo? —Scorpius tragó saliva. Sabía que de esa respuesta dependía tener el nombre del misterioso consultor. Su padre era partidario de la verdad pero no iba a ponérselo tan sencillo sobre todo si su papá estaba de por medio.
—Albus y yo compartimos algo —Scorpius tenía que inspirarse y abrirse un poco para apelar al lado Gryffindor de su padre —. En estas semanas dentro del colegio me he dado cuenta de ello. Murmuran de nosotros, nos señalan —Scorpius miró a su papá —, compartimos el pasado de nuestros padres. Pero nosotros estamos orgullosos de ser quienes somos —Scorpius no estaba completamente seguro de que su amigo estuviera orgulloso de ser un Potter, nunca hablaba de ello, pero Scorpius si lo estaba de ser un Malfoy, de parecerse a su papá y estaba seguro que le partiría el alma a todo el hablara mal de su papá —. Creo que eso ha hecho que seamos tan cercanos. Él entiende como me siento y yo lo entiendo a él —desvió la mirada hacia su padre —. Albus ama a su abuelo. Ha estado muy preocupado por él y yo sólo quiero regalarle algo de tranquilidad —Scorpius se relamió los labios. Algo le decía que estaba convenciendo a su padre sólo necesitaba un último toque —. Tú lo dices todo siempre: el tiempo y la tranquilidad son cosas que no puedes comprar. Sé que mi amigo me necesita, que necesita saber lo que está pasando realmente.
Scorpius vio cómo su papá colocaba una mano sobre la rodilla de su padre con la intención de detenerle pero Scorpius estaba seguro que su padre estaba decidido a hablar.
—Es su padre, Harry Potter —papá Draco cerró los ojos frustrado.
—Gracias, padre —Scorpius le sonrió con cariño. Sabía que su padre se había ganado una buena bronca con papá Draco y eso hacía sentir a Scorpius aún más orgulloso de su padre —. Sé que no lo ves ahora papá pero le has hecho un gran bien a Albus y James al dejar que mi padre me dijera ese nombre.
—Espero que sepas lo que haces hijo —le dijo papá Draco un poco contrariado pero Scorpius le regaló una sonrisa.
El resto de la conferencia fue incómoda. Su papá parecía un poco ofendido porque había supuesto que la videollamada había sido para sacarles información. Su padre había hecho el intento de apaciguar las cosas pero todo había sido en vano. Al poco tiempo terminaron la conferencia y Scorpius salió del aula dirigiéndose al Gran Comedor. Aún tenía el mal sabor de boca por cómo había dejado a sus padres sin embargo la idea de estar haciendo las cosas por su amigo le tranquilizaba.
Al entrar al Gran Comedor se dio cuenta que Albus brillaba por su ausencia en la mesa de Slytherin. Escuchó que alguien diciendo su nombre y vio a James que lo llamaba. Estaba en la mesa de Gryffindor hablando con Rose y un par de amigos más. Scorpius se lo pensó un poco pero luego mandó a todos a la mierda. Él era un Malfoy-Longbottom, podía sentarse donde quisiera y, ser amigo de quien quisiera.
—Hola —le dijo Jame alegremente haciéndose un lado dejándole espacio para sentarse. Sus compañeros tenían los ojos desorbitados, no entendían por qué un Gryffindor de segundo año, que además resultaba ser un Potter, hablaba con un Slytherin de primer año, que resultaba ser el nieto de un ex mortífago condenado —. Si esperas a Albus hazlo sentado. Ya te habrás dado cuenta que no es el tipo más madrugador que existe.
—Hola Scorpius —Rose también le sonrió pasándole un tazón de cereal —. Yo tampoco soy madrugadora pero James me ha despertado para que lo acompañe a su estúpido entrenamiento de quidditch.
—Un momento, ¿qué están haciendo? ¿Van a desayunar con él? —dijo el chico que estaba a la derecha de James que parecía uno o dos cursos mayor. Era moreno y hablaba con fuerte acento irlandés.
—Y contigo, Finnigan —el tono de James era amable pero Scorpius detectó la incomodidad del ambiente. Estaba por levantarse pero Rose negó y Scorpius entendió que sería peor si se marchaba.
—Pero es qué… ¿no sabes quién es su abuelo? —James apretó la mandíbula y sus ojos azules adquirieron un matiz frío.
—Sé quiénes son sus abuelos, quienes son los míos, quienes son sus padres y quienes son los míos. También sé que es un Slytherin y toda esa mierda. Pero todo eso me la suda ¿lo entiendes? Y si alguien más está de acuerdo contigo puede irse a tirar por culo —dijo en un tono alto y firme —. Seguro podrán encontrarse un buscador mejor que yo —Rose rió por lo bajo ante la expresión del chico sentado tres lugares a su derecha. Scorpius estaba sorprendido por la forma en que James le hablaba un chico mayor que él.
—Vale, vale párala ya Finnigan. Potter puede comer con quien le dé la gana. No sean críos —Finnigan le lanzó una agria mirada a James y Scorpius luego se levantó murmurando algo del campo de quidditch. Fue entonces que Scorpius comprendió que estaba desayunando con el equipo entero de la casa de los leones.
James, Rose y él desayunaron en armonía después del espectáculo de Finnigan. James era sorprendentemente gracioso y Rose era brillante. Al poco tiempo el resto del equipo se despidió sin ninguna muestra de querer despellejar a Scorpius por apellidarse Malfoy o por ser un Slytherin.
—Te esperamos afuera —le dijo el tipo que había amonestado a Finnigan que seguro era de sexto o séptimo curso. James asintió mientras terminaba su bocado.
Una vez solos Scorpius pensó si era oportuno decir algo. Abrió la boca con intención pero fue interrumpido por una figura familiar.
—¿Ahora vamos a desayunar en Gryffindor? Mañana me vas a sorprender comiendo con en Hufflepuff —Albus se sentó frente a él.
—Qué bueno que llegas. He hablado con mis padres hace un rato… —los tres le miraron expectantes pero James gimió frustrado al ver que Wood se paseaba impaciente por la puerta del Gran Comedor.
—Diablos, ¿podemos hablar después del entrenamiento? Estoy seguro que sino voy de inmediato Wood sufrirá un infarto. Acompaña a Albus a desayunar y luego nos alcanzan en el campo —Albus asintió —. Bien —James se levantó junto con Rose. Avanzó dos pasos y luego regresó, le tomó por los hombros a Scorpius y lo miró a los ojos —. No le adelantes nada, por favor —hubo un breve momento donde ambos hermanos tuvieron un dialogo silencioso y luego James se marchó.
—Muero de hambre —Albus empezó a comer como si nada —. ¿Crees que sea apropiado quedarnos a desayunar en la mesa de Gryffindor? —Albus preguntó pero no hacía ningún amago por levantarse y en vez de eso estaba empezando a comer cereal como si nada. Scorpius ya había detectado que Albus tendía a ser descarado cuando quería molestar. Malfoy sonrió. Esos Potter eran todo un caso y ambos inspiraban en Scorpius algo que no alcanzaba a describir con palabras.
—Esta es una mesa de Hogwarts ¿no? —Albus asintió —. Nosotros somos alumnos de Hogwarts ¿cierto? —Albus volvió a asentir —. Entonces tenemos todo el jodido derecho a sentarnos aquí y comer lo que queramos —Albus le dio una de esas sonrisas torcidas que tanto le gustaban a Scorpius y siguió comiendo la mar de tranquilo.
Harry observó la pequeña insignia de león. Era un trabajo realmente notable. Él sólo había conseguido el GPS y George había hecho el resto. Ese ingenio era maravilloso.
—¿Crees que funcione? —Preguntó George y Harry asintió.
—Lo probé con varios hechizos para ver si los soportaba. Al parecer están haciendo cosas cada vez más sofisticadas para magos y Hermione ha hecho muy bien en traer la tecnología a los magos.
—No creas. Muchos magos no están a favor de estos cambios. Creen que tanta tecnología es peligrosa —George tenía la mirada perdida. Harry entendía esa tortura —. En estos días he querido preguntarte ¿cómo diste conmigo? —Harry agradeció el cambio de tema y sonrió con autosuficiencia.
—Dejaste pólvora en el despacho de tu padre. El día que encontramos el diario había restos de la pólvora que usas en la tienda. No lo relacione de inmediato pero cuando fuimos a la casa de los Malfoy y descubrimos las fechas todo encajó a la perfección.
—Pudo haber sido Ron —Harry negó.
—Se notaba que tenía terror de entrar a ese despacho. Me atrevo a pensar que él nunca había estado allí esta ese día.
—Fui un imbécil al pensar que podían traer de vuelta a Fred… —Harry le dio un apretón en el hombro. George sólo era uno más sucumbiendo ante la tentación de querer ver de nuevo a un ser querido que había partido al más allá. Tal vez ese sentimiento había llevado a Cadmus Peverell a crear la piedra de la resurrección y fue también ese sentimiento el que llevó a Dumbledore a olvidar todos los peligros y colocarse el anillo de los Gaunt para poder ver a su familia muerta y pedirle perdón. El propio Harry había quería en más de una ocasión que la piedra saliera de la snith sólo para volver a ver a sus padres pero no fue hasta que abrazó a la muerte que la piedra trajo consigo a sus seres queridos y Harry entendió entonces que lo mejor era esperar para descansar con ellos toda la eternidad.
—Las cosas saldrán bien George. Sólo tenemos que esperar —le dijo y George asintió no muy convencido. Harry le dio la insignia y George se la colocó en la túnica color magenta.
El plan era sencillo. George sólo tenía que esperar a que llegaran por él para ver a Arthur y Harry le seguiría con el GPS para tener una ubicación. El único error que podía tener era que el GPS fallara por la magia a su alrededor pero Harry casi estaba seguro que podrían recuperar a Arthur muy pronto. Aunque el real problema era saber que se traían entre manos los mortífagos que aún estaban libres.
George lo miró con gratitud y luego salió a la tienda mientras Harry se quedaba en el privado. Estaban listos para continuar con la investigación.
—¿Por qué se lo dijiste? —Neville caminó hasta su sillón favorito y encendió su pipa. La furia de Draco era patente —. Nos estamos metiendo en la vida de los Potter y los Weasley y eso es algo que no nos conviene y tampoco debería de importarnos —Neville vio como los colores se le subían a su marido. Estaba realmente rabioso.
—Él preguntó, Draco. No podía simplemente evitar una pregunta de mi hijo, menos cuando sabía la respuesta perfectamente —Draco negó firmemente.
—Es que no nos correspondía a nosotros revelar esa información —el humo de la pipa hacía círculos perfecto alrededor y desprendía un olor suave y acaramelado.
—No nos pidieron que guardáramos ningún secreto —Draco le lanzó una mirada acusadora que hizo sentir sumamente incómodo a Neville.
—Tantos años juntos te han dado un toque bastante exótico porque esa es una respuesta muy Slytherin para un Gryffindor tan puritano como tú. El hecho es que has faltado a la confianza de tus amigos y has revelado algo que no te competía. Estoy seguro que sabes lo precaria que es la relación entre Potter y sus hijos... —Neville había escuchado los rumores por supuesto pero no veía cómo haberle dicho la verdad a su hijo podía afectar la relación entre Harry y sus chicos.
—No entiendo por qué estás tan enojado. Realmente no creo haber afectado a Harry al decirle la verdad a Scorpius —Draco elevó su ceja derecha. Realmente él tampoco entendía por qué sentía tanta molestia. De antemano sabía que Neville jamás le mentiría a Scorpius deliberadamente y también estaba el factor del discurso del manipulador de su hijo. Hasta Draco se había sentido seducido para decir la verdad después de escuchar a Scorpius.
—¡No soporto que te metieras en sus vidas! ¡¿Quién te crees que eres para hablar algo que no te corresponde?! ¡Deberías aprender a guardar silencio! —Draco sabía que había perdido los estribos, Neville lo veía sorprendido y sin entender esa reacción tan fuerte, Draco se sintió sumamente estúpido e incómodo. Salió del despacho hecho una furia con él mismo por haber perdido los estribos.
Draco se encerró en la habitación sintiéndose completa y absolutamente ridículo. Le había recriminado a Neville haberle dicho la verdad a su hijo porque sentía que le había fallado a Harry y eso era espantoso. Su lealtad debía estar con su familia y no con Harry, por Salazar, a Potter lo había visto un segundo y con Neville tenía trece años de matrimonio; era absurdo enojarse con su marido.
Draco empezó a sentirse el peor de los hipócritas y una parte de él le decía que estaba siéndole infiel a Neville. Cerró los ojos ¿por qué tenía que ser todo tan difícil? ¿Por qué no había podido olvidarse de Potter? Sabía que Neville lo amaba con toda su alma, seguramente estaba en el despacho sintiéndose miserable por lo que le había dicho, y Draco estaba allí, pensado en Potter… amando a Potter como si no hubiera pasado de todo entre ellos.
Qué estúpido era. Potter se había casado, tenía hijos, era un hombre que le había puesto punto final a todo lo suyo sin tentarse el corazón.
Draco se quedó observando hacia el jardín por un buen rato perdido entre recuerdos de todo tipo. Tomó su libro intentando pensar en otra cosa.
—Sabes, amor, yo nunca te he olvidado. Te recuerdo en cada estrella, siempre que aparece. Sabes amor, siempre te he recordado… —leyó en voz alta y negó —. Esto es ridículo. Éste libro es ridículo —arrojó el libro a un rincón de la habitación.
Al poco tiempo el cansancio de la discusión hizo mella en él y se quedó dormido. No supo cuánto tiempo pasó pero cuando despertó estaba en la cama y Neville le abrazaba mientras veía uno de esos estúpidos programas de cocina que tanto le gustaban.
—Lo siento —le dijo Neville con un tono que demostraba que se sentía completamente culpable —. No pensé en lo que me dijiste. Sencillamente actué. No puedo cambiar lo que hice pero hablaré con Harry para advertirle y que esté preparado para lo que se podría desencadenar con mi revelación.
—No —Draco le besó —. Déjalo tal como está. Siempre hemos sido honestos con Scorpius y no debemos cambiar eso sólo por cubrir a Potter y a sus amigos —Neville le sonrió débilmente y Draco se sintió terrible —. Eres un gran padre —Draco besó de nuevo a su marido despertando la pasión entre los dos. Se lo follaría hasta la extenuación con la esperanza de olvidarse de todo para siempre.
Scorpius y Albus observaban al equipo de Gryffindor. James volaba con maestría. Realmente era un verdadero espectáculo verlo y Scorpius entendió por qué Wood se había puesto tan aprensivo cuando James Potter había amenazado con dejar el equipo. La última jugada fue protagonizada por él; lo vieron volar en picada, sin titubear un poco y coger la snitch a medio milímetro del césped. James voló hasta ellos cuando el entrenamiento terminó y se sentó en las gradas, tenía la mirada expectante fija en Scorpius.
—Excelente vuelo —dijo Scorpius nada más por decir algo.
—Gracias —James intentó sonreír pero Scorpius notaba sus nervios. Albus, a su lado, no estaba mejor. Rose también le miraba con interés.
—Bien, como les dije, hablé con mis padres esta mañana. Les pregunté directamente sobre la identidad del misterioso ex auror y ellos me dijeron su nombre —Scorpius se humedeció los labios como un claro tic —. Es Harry Potter.
Rose abrió la boca pero no emitió sonido alguno. Ambos hermanos Potter habían intercambiado miradas por un segundo y luego habían intentado disimular su desconcierto lo mejor que podían. Albus con más éxito que su hermano mayor, por supuesto.
Harry tuvo que esperar dos días para que uno de los mortífagos fugitivos fuese a buscar a George. No hubo conversaciones ni cortesías. El hombre simplemente le dijo a George que le tomara del abrazo y desapareció. Harry encendió de inmediato su portátil rogando porque su GPS no hubiese sufrido ninguna falla a pesar de la magia. Un pequeño punto rojo apreció en la pantalla. Estaban en Surrey, el punto se movía con rapidez, cruzaron Wotton, el río Tilling y al llegar a Noons Corner el punto desapareció.
Harry se quedó sin moverse, sentía su corazón martilleando en su pecho a una velocidad insoportable, tragó saliva y empezó a pensar lo peor. ¿Lo habían descubierto? ¿El GPS había terminado por fallar? Harry se frotó el rostro con ambas manos. No iba a soportar otra muerte en su espalda. Esperó por largos cinco minutos y cuando por fin se convenció de que George no aparecería en forma de punto rojo en la pantalla de su ordenador decidió que tenía que ir a Noons Corner.
No conocía el lugar pero se concentró por completo. Lo último que quería era una despartición, esa era la manera más sencilla de terminar todos muertos.
Se pareció a la mitad de una solitaria carretera. A su alrededor había un paisaje boscoso que se le antojaba siniestro; salió de inmediato del camino y se cubrió con su capa de invisibilidad. Tuvo que encorvarse por completo para que sus pies quedaran cubiertos. Caminó lentamente buscando algún indicio de magia. Harry alcanzó a escuchar el crujir de las hojas secas, de inmediato se ocultó detrás de un gran árbol y siguió viendo hacia el lugar donde había percibido el ruido. Casi se arrodilló en el suelo para que la capa no subiera por su cuerpo gracias al gélido viento que estaba circulando por ese paraje boscoso.
Percibió el contraste del hechizo desilusionador. Sin moverse demasiado murmuró un revelio y se encontró de frente con una pequeña cabaña en medio del bosque y con dos hombres que habían entrado al lugar. Uno de ellos era George, el otro, el mortífago a cargo. Harry realizó un hechizo de sigilo sobre sus pies para no ser detectado al acercarse a la cabaña.
—Pero qué…
Harry se giró sorprendido y se encontró con rostro desconcertado de Walden Macnair. Lo vio levantar la varita y antes de que pudiera hacer nada Harry salió de su escondite lanzándole un depulso. El cuerpo de Macnair chochó contra un frondoso árbol y Harry casi pudo escuchar como su cráneo se hacía pedazos al caer. Cogió la capa y sin pensarlo más entró a la cabaña de un golpe provocando la sorpresa de George y el mortífago que le acompañaba: Rabastan Lestrange.
Rabastan no le atacó, en vez de eso, se resguardó del hechizo que Harry había lanzado. George corrió hasta la habitación donde estaba su padre y lo encontró inconsciente. Harry volvió a lanzar un nuevo hechizo contra Lestrange pero éste en vez de salir de su escondite se limitó a levantar la varita de la que emanó un oscuro humo que salió volando de la cabaña.
—Has cometido un grave error al involucrarte en esto, Potter —Harry se movió un poco y cuando tuvo a Rabastan en rango de tiro le lanzó un desmaius que le dejó tambaleándose y le hizo caer hacia atrás. Harry alcanzó a George corriendo. Sabía que Rabastan Lestrange no estaría mucho tiempo inconsciente pues su hechizo no había sido del todo certero.
—Tienen que irse —le dijo tomando apresuradamente el vial que siempre traía con él —. Es un traslador. Sólo tienes que abrirla para que se active.
—¿Estás loco? No pienso dejarte solo…
—Tienes que hacerlo. Tu padre no está bien y Lestrange ha llamado a sus amigos. No tarda mucho para que aparezca su hermano y el imbécil de Rookwood —George iba decir algo pero Harry no se lo permitió —. Se lo debes a tu familia. Saca a Arthur de aquí.
—Procura que no te maten —George cogió el traslador y desapareció junto con su padre casi al mismo tiempo que Rodolphus Lestrange y Augustus Rookwood se aparecían en la cabaña.
Harry tomó fuertemente su varita y se apoyó sobre uno de los muros de la habitación. Estaba seguro que esos tres mortífagos sabían a la perfección que ya no existía ninguna magia rara y antigua que pudiera regresarlo de la vida. Harry se llenó de valor y pensó que lo mejor que podía hacer era llevarse a alguno de esos hijos de puta directo al infierno. Dio un largo suspiro y salió de su escondite gritando con fuerza.
—Expelliarmus —la varita de Rookwood salió volando a las manos de Harry.
Con unos excelentes reflejos, Harry le lanzó un depulso a Rabastan que terminó siendo lanzado hasta el otro extremo de la habitación. Rodolphus Lestrange le lanzó la maldición mortal pero Harry la esquivó por poco. Rookwood intentó lanzarse contra Harry pero éste le realizó un desmaius que le golpeó por completo en el pecho y lo dejó fuera de combate.
Harry y Rodolphus se lanzaban hechizos y contrahechizos sin tregua sin embargo en algún momento Harry se vio acorralado por los hermanos Lestrange.
—Parece que te hemos superado en número, Potter.
Harry tragó saliva, al parecer eso era todo, después de tantos años de luchar contra esos locos por fin iba a morir a manos de los cómplices de Tom. Vio a Rabastan Lestrange abrir la boca para pronunciar la maldición asesina y cerró los ojos esperando el golpe fatal. Sin embargo casi de inmediato estuchó la conmoción. Abrió los ojos y se encontró a Fawkes que le había arrancado la lengua a Rabastan Lestrenge y había quemado con su cola el rostro de Rodolphus.
—Pagaras por esto Potter —ambos hermanos se arrastraron hasta el cuerpo de Rookwood. Rodolphus accionó un traslador y los tres desaparecieron sin que Harry pudiera hacer algo.
—Gracias Fawkes. ¿Cómo llegaste aquí? —El fénix subió a su brazo, Harry le acarició la cabeza y pensó que lo mejor era marcharse. No estaba seguro si los fugitivos regresarían para terminar con su trabajo.
Harry intentó la aparición pero era imposible. Tenía que salir de la cabaña y caminar hacia la carretera pero antes de abrir la puerta empezó a sentir un frío intenso que se le coló hasta los huesos. Harry se estremeció de miedo cuando sintió que toda la felicidad del mundo empezaba a desaparecer en un instante. Los dementores destrozaron la puerta y empezaron a entrar a la cabaña. Fawkes salió volando por una ventana, Harry cayó al suelo víctima de los dementores, intentó levantar la varita para conjurar un patronus pero era imposible. No podía concentrarse en ningún recuerdo feliz. Todo lo que su mente se encargaba de reproducir una y mil veces eran sus borracheras, el rostro de sus hijos, las muertes de esos niños.
A lo lejos Harry escuchó el canto de Fawkes y de pronto en su pecho empezó a encenderse un sentimiento puro, algo que, superaba el terror y la desolación. Harry recordó la primera vez que vio a James, la primera vez que tuvo a Albus entre sus brazos; pensó en Hermione y Ron, en su felicidad cuando la guerra terminó y sus recuerdos terminaron con la sonrisa de Draco la última vez que estuvieron juntos en Hogwarts.
Harry aferró su varita, cerró los ojos, sentía que su corazón estaba llegando al límite. Estaba por rendirse, sin embargo, se concentró en esas imágenes que hacían una mezcla en su cabeza, abrió los ojos y gritó con fuerza:
—Expecto patronum —el enorme ciervo plateado de Harry se materializó embistiendo a cuatro dementores que le rodeaban.
Harry caminó hacia la salida seguido por su ciervo que apartaba a los dementores. Fawkes voló hasta él haciendo su canto cada vez más fuerte y tal vez fue eso lo que hizo que Harry se sintiera con la fuerza suficiente para correr a toda velocidad. Llegó a la carretera, Fawkes se colocó en su hombro y Harry se concentró para aparecerse en Grimmauld Place. Lo último que vio fue al enorme ciervo aún ahuyentando a los dementores.
Harry cayó de espalda sobre la dura madera del suelo en Grimmauld Place, Fawkes voló sobre él para luego posarse en el marco de una ventana.
—Estuvo cerca —cerró los ojos y sin querer se quedó dormido.
Harry estaba soñando con una serie de muy prometedoras caricias y besos de parte de cierto rubio en particular cuando escuchó a lo lejos una voz familiar. Harry no quería abrir los ojos, él quería permanecer dormido, recibiendo las caricias de ese amante que no recuperaría jamás.
—Harry… Harry —parpadeó para enfocar el rostro de su amigo Ron.
—¿Qué ha sucedido? —Harry se levantó de golpe y recordó todo lo ocurrido en Noons Corner —. ¿Arthur está bien? George… él —Harry se tambaleó un poco.
—Están bien. Están en el hospital. George nos contó todo a Hermione y a mí. Ella está muy enfadada contigo porque no nos contaste nada. Me envió para ver si habías llegado en una pieza y, también, ambos supusimos que quería ver a papá antes de que llegara todo mundo.
—No puedo… Kreacher —llamó Harry débilmente y el elfo se apreció con una barra de chocolate. Harry lo empezó a engullir con gusto y en seguida empezó a sentirse mejor —. Joder, lo que quería decirte es que no puedo estar allí con tu familia y con los…
—Ginny fue por ellos al colegio. Mamá vio a papá pero Bill se la llevó a descansar un rato, así que tenemos el tiempo justo para que vayas a San Mungo a verle. Después será más complicado. Además, Hermione quiere hablar contigo.
Harry se estremeció, imaginaba de qué quería hablar su amiga. Se quitó la chaqueta llena de barro y con un rápido hechizo de limpieza estuvo listo para ir al hospital. Ron los apreció en medio de una solitaria sala donde sólo entraba y salía personal autorizado. Caminaron a prisa y Ron le indicó que pasara a una habitación privada. Arthur Weasley parecía profundamente dormido, Harry se acercó para contemplarlo, el hombre se veía demacrado y algo más delgado de lo que recordaba. Había algunas cicatrices en su rostro y tenía un ojo amoratado.
Harry se acercó un poco más buscando restos de alguna maldición oscura y casi al instante saltó alejándose pues Arthur Weasley había abierto los ojos.
—Harry… —dijo con voz entrecortada —. Sabía que volverías… tarde o temprano lo harías. Eres un gran chico y no podías fallarme —Arthur Weasley empezó a buscar entre su ropa de cama, tomó un trozo de pergamino y una pluma con la que garabateó rápidamente —. Tienes que avisarles —le hablaba frenético —. Ellos no me quieren hacer caso. Dicen que me tienen que examinar para ver si no hay secuelas de los cruciatus —siguió escribiendo con prisa —. Tienen miedo de que me pase como a los Longbottom —Arthur lo miró con los ojos ligeramente desorbitados — pero no tengo nada. Tal vez… sólo me sienta… desorientado —le dio el pergamino —. Tú, tú sabrás… siempre llegas… siempre… Tienes que ir, Harry… tienes que ir…
—Señor Weasley —el gritó del Sanador hizo que Harry se sobresaltara —. ¿Qué hace? Tiene que calmarse —el hombre se acercó y Harry lo reconoció, era Teddy. Con un pase de varita dejó inconsciente al señor Weasley —. Harry, ¿qué haces aquí? —lo miró con sospecha.
—Yo le he traído, Teddy —Ron entró a la habitación mirando a sus padre con preocupación —. ¿Qué ha sucedido?
—Le he tenido que hechizar porque estaba demasiado inquieto. Se encuentra estable pero esos episodios de ansiedad son los que tienen a los Sanadores preocupados. Lo mejor será avisar lo que ha sucedido.
—Teddy, por favor, evita informar que Harry estaba con él cuando sucedió. Sé que es tu labor como Sanador en proceso pero Harry es parte de una investigación muy especial y nos gustaría mantener su ayuda fuera del conocimiento de cualquier medio de comunicación —Teddy alternó su mirada entre ambos hombres y terminó asintiendo.
—Diré que estaba contigo cuando todo pasó. Ahora, déjenlo descansar, por favor.
—Vamos, Hermione nos está esperando afuera.
Teddy le lanzó una mirada interrogante a Harry. Al final de cuentas se conocían. Harry no había dejado nunca de visitar a Andrómeda y estar al pendiente del crecimiento de su ahijado. Teddy decidió en su momento ir a Beauxbatons para estudiar en lugar de Hogwarts; Andrómeda al principio no estuvo muy adecuado pero, luego, con el paso del tiempo se dio cuenta que había sido lo mejor.
Así que aprovecharon el cuarto de francés del señor Tonks para que Teddy no tuviera problemas en asistir a la Academia. En Francia, Teddy creció como un chico más y no fue perseguido por las historias de los merodeadores o de hombres lobos en la Casa de los Gritos.
Teddy los acompañó a una pequeña estancia privada y se marchó. Harry estaba seguro que pronto también tendría que responderle las dudas a su ahijado.
Antes de que Hermione lo acribillara a preguntas Harry empezó a hablar. Les contó todo, desde su sospecha de George, hasta lo ocurrido en Noons Corner.
—Le arrancó la lengua —preguntó Ron sorprendido después de un rato.
—Sí, Fawkes le arrancó la lengua de tajo a Rabastan —Ron silbó sorprendido. Harry vio el pedazo de pergamino en su mano.
—¿Qué es? —Le preguntó Hermione que seguía sorprendida y horrorizada con la historia.
—Lo que me dio el señor Weasley —Harry lo abrió y al leerlo su boca se secó y algo oscuro y pesado se instaló en el fondo de su estómago. Hermione lo tomó y lo leyó en voz alta.
—Peligro de muerte: Neville, Hermione, Ron, H… —se notaba que Arthur lo había escrito a prisa y de la última frase sólo se podía rescatar la letra H —. Esto no tiene sentido.
—Me dijo que tenía que ir —dijo Harry más para sí mismo que para sus amigos —. Pero… ¿Ir a dónde?
Hermione releyó el pergamino como buscando algún patrón, alguna pista escondida, algún mensaje fuera del obvio. Arthur había usado la misma frase que empleaba el viejo reloj de la familia Weasley en los tiempos de la segunda guerra, ¿eso era relevante?
—Hay que avisarle a Draco —Hermione habló aún viendo el pergamino —. Le hemos jurado que lo mantendríamos informados. Definitivamente esto es algo que deben conocer.
—Yo se lo diré —Harry lo dijo sin mucha convicción. Le apetecía muy poco ir a la mansión Malfoy y encontrarse de nuevo con la parejita del año pero Hermione tenía razón, era su deber informarles lo que estaba pasando, y él era el único con el tiempo libre como para hacerlo.
Draco firmó la última de las solicitudes del Ministerio. Por fin podían traer su negocio a Londres con excelentes condiciones de compra y venta. Neville se había puesto tan contento con la noticia que había salido volando para pedir un nuevo cargamento de plantas y empezar con la producción de sus pociones. Las cosas por fin estaban tomando un curso maravilloso.
—Amo —Draco le dirigió una sonrisa amable a Dipsy cuando se apareció —. El señor Potter quiere verle, dice que es muy urgente —y justo hasta allí llegaba su gran día. ¿Por qué demonios tenía que ser Potter entre todas las personas? Draco se tomó un momento para calmarse y para convencerse de que él podía ver a Harry sin ningún problema.
—Hazle pasar, Dipsy. No cierres la puerta cuando entre al despacho —la elfina le lanzó una mirada extrañada pero Draco la ignoro. No iba a estar en una habitación cerrada con Harry Potter.
Draco estaba de pie y lo vio entrar. No podía creer que después de todo Harry siguiera exudando esa aura de héroe que en algún momento le había parecido tan repelente.
—Lamento venir sin avisar pero ocurrió algo importante —Draco quería correr… Quería tener la fuerza de voluntad de no perderse en el verde tan perfecto de sus ojos… debieron quedarse en Canadá pensaba una y otra vez mientras sentía que todo su cuerpo se encendía ante la presencia de Harry —. Hemos podido rescatar al señor Weasley. Ha estado todo el día en el hospital, parece que recibió algunas maldiciones cruciatus, están evaluándole. Estuvo con él hace un momento y despertó de pronto para darme esto.
Draco tomó el trozo de pergamino con mucho cuidado de no tocar nada más que el papel. Cuando lo leyó sintió que la sangre dentro de su cuerpo se volvía espesa y fría.
—¿Qué significa esto?
—No lo sabemos. Seguiremos investigado. Lo único que te puedo decir es que los hermanos Lestrange y algunos fugitivos más están detrás de esto. Tuvimos un enfrentamiento con ellos al rescatar a Arthur.
—Siempre son ellos ¿hasta cuándo dejaran de insistir esos idiotas? —Draco suspiró cancinamente. Si los Lestrange estaban involucrados, no sólo Neville estaba en peligro de muerte, todos lo estaban.
Harry observó a Draco y sintió una oleada de celos pero de inmediato la intentó suprimir. Era lógico que Draco estuviera afectado, Neville era su esposo, y Harry tenía que ser profesional. Además, estaba comprometido con Draco, le debía un final feliz. Aunque eso significara verlo en brazos de otro hombre.
—Los atraparé, te lo juro.
Draco vio en los ojos de Harry la misma expresión de seguridad que habían tenido al enfrentarse a Voldemort en la batalla final. Era estremecedora tanta fiereza. Draco se convenció de que, sin importar que sucediera, Harry acabaría con los fugitivos, pues se había despertado en él ese poder que nunca ostentaba pero que residía en su interior y que le hacía ser tan especial.
Scorpius estaba sentado a la orilla del lago disfrutando de un día brillante. Albus y James volaban más por hacer algo y despejar sus mentes que por otras cosa. Habían regresado de ver a su abuelo y Scorpius notaba lo difícil que era para ellos comprender que era lo que estaban sintiendo. Por un lado estaban felices de ver a su abuelo y por el otro lado estaba el hecho de que quién había rescatado a su abuelo era: Harry Potter, el padre ausente.
Habían decidido no revelar que sabían cuál era la identidad del consultor del ministerio y tal vez eso les hacía sentir peor.
—James aún lo recuerda y por eso lo odia. Albus, en cambio, lo conoce por los libros y una parte de él le admira. Es difícil para ellos —le dijo Rose viendo a los hermanos volar —. Sólo espero que su regreso signifique algo bueno para ellos. Se lo merecen.
—Sí, se lo merecen —Scorpius observaba a Albus que le sonreía desde el aire.
