Capítulo VI
Mi cómplice
Draco observó el atrio del Ministerio. Odiaba ése lugar. Aunque Granger había hecho un excelente trabajo redecorándolo. Había sustituido la mentira que significaba la fuente de los tres hermanos mágicos (que había sido restaurada por el Ministro Rufus Scrimgeour como símbolo de restablecimiento del orden en su gestión, claro, antes de ser asesinado por Voldemort durante la guerra). Hermione Granger, en cambio, decidió colocar una placa conmemorativa a los caídos durante la guerra con una inscripción que recordaba mucho a los discursos del sombrero seleccionador: muggles, civiles, miembros de la orden, mortífagos, elfos domésticos, gigantes, centauros. Que las muertes inútiles de estos seres siempre nos recuerden la importancia de la unidad a pesar de nuestras diferencias.
Granger había colocado en su placa un símbolo hecho de: una varita con una serpiente que se le enroscaba, sostenida por un elfo y un niño que representaba a los muggles con un fondo de estrellas.
Esa placa aún causaba muchos conflictos en la comunidad mágica. Algunos miembros de los sagrados veintiocho habían pedido que se retirara el símbolo pero Granger había sido firme: la placa se queda. Draco admiraba esa temeraria posición pero también admitía que había sido inútil hasta el momento pues Granger no había conseguido unificar el mundo mágico.
—¿Estás bien? —Neville le preguntó pasándole un brazo por los hombros.
—Si, por supuesto.
Cruzaron el atrio y se dirigieron a la oficina de Hermione Granger no sin recibir ciertas miradas curiosas. Fueron anunciados por la secretaria de la ministra y, para sorpresa de la misma, fueron recibidos de inmediato. Hermione los esperaba de pie y con una sonrisa en el rostro.
—Esto es una verdadera sorpresa —Draco recibió el saludo efusivo de Granger algo abrumado —. ¿En qué puedo servirles?
—Draco me ha contado de la visita que le hizo Harry —hubo un breve momento de vacilación por parte de Hermione pero Neville continuó sin notarlo—. Hemos estado hablando sobre las opciones que tenemos y llegamos a la conclusión que lo mejor es sumergirnos de lleno en su investigación —Hermione boqueó. Parecía que no se esperaba eso.
—Me temo que no comprendo. Pensé que teníamos un acuerdo con respecto a eso…
—Claro pero eso fue antes de que el nombre de mi marido apareciera en un pergamino debajo del título: Peligro de muerte —se veía la poca disposición que Granger tenía de hacerlos partícipes de su pequeña aventura —. Creo que lo puedes entender, Granger. Es nuestra familia de la que están hablando. Weasley y tú están en esa pequeña lista y también están haciendo algo por salvarse. Lo justo es que Neville y yo participemos.
—Bueno, deben entender, nosotros no tenemos idea de a qué se refiera Arthur. Y, por otro lado, puede ser peligros que se mezclen en este asunto.
—Eso de: peligro de muerte. Nos da una idea bastante clara de lo que puede suceder ¿no crees? —Neville dijo con tono tranquilo —. Por el peligro no te preocupes, Draco y yo, vivimos una guerra. Sabemos cuidarnos.
Hermione Granger no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente, Draco lo notaba en su mirada, tenía que actuar y hacerle ver un par de realidades.
—Mi familia entera corre un peligro terrible con los Lestrange involucrados en esto. Eso incluye a mi hijo. No puedes negarme el derecho de luchar por la seguridad de mi hijo —capturó la mirada de Granger —. Cuando Voldemort se levantó por primera vez había mucha gente que lo apoyaba. El mundo mágico estaba dividido y Voldemort aprovechó eso para llegar a las personas que compartían su ideología. Las cosas están ahora como en aquel entonces. Hay muchos magos en contra de la apertura del mercado, en contra de la tecnología que has traído, en contra de tu política de igualdad. Cierto, muchos te apoyan, pero no puedes negar que hay muchos magos que sigue pensando que somos el primer lugar en la cadena evolutiva. La gente tiene miedo y, eso, es precisamente la mejor arma para los mortífagos. ¿Por qué crees que en diez años no han podido capturar a eso fugitivos? Hay personas que los protegen.
—¿Y ustedes saben quiénes son esas personas? —Granger preguntó con un tono que rayaba en lo acusador.
—No, pero podemos averiguarlo —le dijo Neville sonriéndole —. Somos comerciantes, sangre pura, tenemos ciertas conexiones.
Hermione abrió uno de los cajones de su escritorio y tomó dos galeones, le lanzó uno a Neville y otro a él. Draco no entendió porque su marido sonrió.
—La mecánica es la misma.
—Supongo que estaremos en contacto —Hermione se despidió de ellos con un abrazo.
—¿Qué ha sido todo eso? —Preguntó Draco con el galeón aún en la mano.
—Te lo explicó en casa. Este lugar no es muy agradable para estos temas.
Más tarde, en casa, después de haber tenido una larga conversación con Neville sobre el Ejército de Dumbledore y posibles conspiraciones; Draco se dio cuenta que estaba por ser miembro de la nueva Orden del Fénix y, eso también quería decir que, estaría más expuesto a la presencia de Harry Potter.
Harry le dio un largo trago a su cóctel. Tenía en su escritorio (dentro de su renovado despacho, que estaba tan reluciente como el resto de la casa) la información completa sobre los cambios climáticos en el Londres muggle. Cada día que pasaba se convencía de que estaban enfrentándose a algo grande y terrible.
—Harry —en cuanto levantó la vista se encontró la mirada de Teddy Lupin. Su ahijado llevaba el pelo de un brillante azul eléctrico que contrastaba muchísimo con el pelo negro con el que lo había visto en el hospital —. Lamento haber entrado sin que me anunciaran pero el elfo se puso algo raro y me rogó porque pasara —Harry asintió.
—No te preocupes. Kreacher es algo extraño. Supongo que detecto en ti la sangre Black —Teddy pasó y se sentó dándole una ojeada a los papeles que Harry tenía en el escritorio —. ¿En qué puedo servirte?
—No sé qué está pasando pero quiero participar, Harry —no esperaba esas palabras —. Sé lo que me vas a decir pero mis padres murieron para que el mundo viviera en paz y si esa paz está siendo amenazada es mí deber luchar por ella.
—No puedo ponerte en riesgo. Andrómeda me mataría.
—Mi abuela sabe que he venido a verte y también sabe que no me voy a quedar tranquilo hasta conseguir información para poder actuar.
Harry vio en los ojos de Teddy la fiera decisión de querer saber lo que estaba pasando. Le recordaba mucho a si mismo cuando descubrió que la Orden existía. Él tenía quince años y quería hacer algo, sentirse útil, un sentimiento que compartió en aquel momento con su padrino.
Teddy podía ser una pieza fundamental para la conformación de la nueva Orden. Tenía una excelente fachada para conseguir información, trabajaba en el hospital, un lugar dónde podía enterarse de muchas cosas valiosas pero: ¿valía la pena arriesgarle? ¿Harry podría vivir con las repercusiones de perderle en caso de que algo trágico sucediera?
Entonces recordó lo que había sido su vida al ser manipulada por las maquinaciones de Albus Dumbledore. No lo odiaba, con el tiempo, había terminado por entenderlo. Albus Dumbledore había aprendido a guardar secretos, a vivir ocultando piezas de vital importancia, Harry había padecido de primera mano los horrores de esas injustas acciones. Así pues, él mejor que nadie sabía lo peligroso que era ocultar la verdad.
—Supongo que si tu abuela está de acuerdo yo no puedo negarme —Teddy le sonrió —. Bien, empezare contándote todo lo que sabemos hasta el momento.
Teddy soltó un silbido de sorpresa cuando Harry terminó de contarle todo lo que llevaban recabado de información hasta el momento.
—¿Tienen alguna idea de lo que pueda estar pasando? —Harry negó.
—Supongo que en uno de estos días nos reuniremos para discutir las opciones que tenemos y poder continuar con la investigación ¿te gustaría acompañarnos? —Teddy asintió —. Bien, te llamaré.
Antes de que Teddy cruzara el umbral de la puerta, Harry se puso de pie y, caminó hacia él alcanzándole. No sabía cómo empezar pero sentía la necesidad de pedirle perdón por todo lo que no había hecho durante esos diez años.
—Lo siento tanto. Debí… yo debí ser mucho más. Debí estar contigo y no pude porque soy un… —Teddy le dio un fuerte abrazo y Harry sintió una oleada de tranquilidad.
—No tienes porqué pedirme perdón. A mí no me debes nada. Sé lo que hiciste por mí y por la abuela. Sé que de tu bolsillo salieron los galeones para mis estancias en Beauxbatons. A pesar de tu problema con el alcohol nunca dejaste de visitar a mi abuela y, de alguna manera, estuviste cerca de mí. Haz sido un gran padrino. Cumpliste la promesa que les hiciste a mis padres. Tal vez deberías empezar por perdonarte a ti mismo.
—Estoy empezando a trabajar en eso —sonrió débilmente.
—Algún día podrás pedirle perdón a quienes de verdad tienen algo que perdonar —Harry tragó saliva pensando en su hijos —. Estoy seguro que ellos sabrán tomar la mejor decisión. No es una disculpa pero los que conocemos tu historia sabemos que no ha sido fácil y menos alegre. Debemos agradecer que aún estés con nosotros. Te quiero padrino —Teddy le dio un nuevo abrazo. Harry entendió que no había algo mejor que la esperanza y el amor.
Scorpius y Albus caminaban hacia el gran comedor después de dos horas bastante extrañas en el aula de pociones. Al parecer Slughorn había encontrado vitalidad quién sabe de dónde y les había dado la clase más movida de las últimas semanas.
—¿Crees que esté tomando alguna poción rara? —Albus se encogió en hombros.
—Ha sido muy extraño. Hace una semana a penas y se mantenía despierto. Sólo espero que ese entusiasmo no se traduzca en millones de deberes.
—Ey ¿qué hay? —Les saludó Rose que llegaba al Gran Comedor junto con James.
—Al parecer Slughorn descubrió una manera de mantenerse despierto y activo durante toda la clase. Fue realmente alarmante.
Los cuatro entraron al lugar y tomaron asiento en la mesa de Slytherin. El resto de los alumnos habían terminado por acostumbrarse a ver a esos cuatro intercambiando mesas para la comida como si fuesen túnicas. Sin embargo no dejaban de recibir algunas miradas reprobatorias que ignoraban del todo.
Rose tomó del fondo de su mochila el ejemplar de El Profeta que le había llegado esa mañana. El encabezado que destacaba en la portada era: Arthur Weasley aún hospitalizado en San Mungo.
Durante las últimas semanas el diario se había encargado de reportar cualquier pequeño detalle del rescate de Arthur Weasley. Hablaban del misterioso consultor que había logrado el rescate, sin embargo, en ningún número mencionaban su nombre; Scorpius sospechaba que esa falta de interés se debía a que la Ministro de Magia mantenía en secreto la identidad del consultor.
—¿Algo nuevo? —Albus le preguntó a su prima que negó.
—Todo sigue igual. Mamá me escribió hace unos días y me dijo que el abuelo iba mejorando pero que se llevaría tiempo para verle completamente restablecido. Aún lo tienen inconsciente.
Scorpius observaba a James disimuladamente. Cada vez que se tocaba el tema del rescate de su abuelo se mostraba tenso y a la defensiva. No lo decía en voz alta pero no se encontraba para nada feliz de que su padre estuviese metido en ese asunto. Esa actitud era muy distinta a la Albus, que de alguna manera, esperaba que El Profeta anunciara con bombo y platillo la participación de Harry Potter.
—Mamá ha estado con él y también dice que lo ve mejor —James comentó y Albus apretó los labios como tragándose un comentario.
James parecía decidido a olvidar la participación del Harry Potter en el rescate de su abuelo y eso era algo que crispaba los nervios de Albus. Rose y Scorpius intercambiaron miradas preocupadas. La reaparición del padre ausente estaba generando ciertas grietas en la gran relación que tenían los hermanos Potter.
Hermione se apreció en Grimmauld Place cerca de las diez de la noche. Encontró a Harry de pie en medio de su estancia estudiando la pizarra con los datos que habían ido recolectando.
—¿Nada? —Le preguntó y Harry le sonrió.
—Aún no quiere hablarme pero siento que estamos cerca de algo importante. ¿Y Ron?
—Se quedó en el hospital —Harry caminó a la mesa en el centro y sirvió dos tazas de té. Hermione le dio el primer trago y se sintió en la gloria. Había sido un día muy cansado.
—Teddy estuvo aquí por la mañana. Me contó que Arthur está mejorando —Hermione asintió y de inmediato notó la preocupación en la verde mirada de su amigo.
—Supongo que no sólo vino a hablar del estado de salud de Arthur —Harry dio un largo suspiro.
—Me dijo que quería unirse a lo que fuese que estuviésemos haciendo —Harry se quitó las gafas y se frotó el rostro liberando algo de tensión —. No tuve valor para decirle que no. Vamos, nosotros conocemos las consecuencias de guardar información importante a tipos que sólo quieren ayudar. —Harry esbozó una pequeña sonrisa que dejaba entrever su tristeza al recordar las consecuencias que tuvieron todas esas veces que le guardaron información.
—Esa es una gran coincidencia —Harry la miró interrogante —. Hoy estuvieron en mi despacho Neville y Draco. También quieren participar.
—No puede ser Hermione. Eso es imposible —Harry se puso de pie. Se podía ver a kilómetros lo tenso que estaba.
—Lo siento pero no. Ellos me dieron muy buenos argumentos. El nombre de Neville aparece en el pergamino y es natural que quiera ayudar. Y Draco… bueno, es su esposo, supongo que está preocupado —Harry apretó los labios hasta volverlos una línea. Tenía tanto miedo.
—No puedo hacerlo, Hermione. Apenas y puedo mantenerme enfocado cuando estoy en la misma habitación que él.
Hermione se levantó y sujetó gentilmente de los hombros a su amigo. Era el momento de aclararle algunos puntos.
—Desde que todo esto empezó sólo te he escuchado decir que no puedes para luego darme cuenta que es tú manera de protegerte ante el fracaso. Primero me dijiste que no podías dejar de beber y lo estás intentando —Harry iba a decir algo pero Hermione le interrumpió —. Lo sé, lo sé. Me dirás que sigues bebiendo esa porquería que guardas en los viales pero no esperaba que dejarás de beber de un día para otro. No soy estúpida, cómo te habrás dado cuenta —Hermione le sonrió —. También me dijiste que no podías enfrentarte a Ron y lo haz hecho de maravilla. Creo que ustedes dos tienen un vínculo muy especial y él está feliz por haber recuperado a su mejor amigo —Hermione tomó las manos de Harry —. Me dijiste que no soportarías ver a Draco y ya haz estado con él a solas. Significó mucho para ti. Tal vez aún sigues enamorado de él y estoy segura que sufrirás al verlo a lado de Neville pero tienes que sobreponerte a ello. Trabajar juntos es lo único que nos puede salvar ante la amenaza que significan los fugitivos —Harry soltó un suspiro derrotado.
—Supongo que no tengo más que decir —Hermione le dio un suave beso en la mejilla y luego tomó un galeón del interior de su abrigo. Harry lo miró extrañado. El pedazo de oro sólo tenía la forma de la moneda pero estaba completamente liso.
—¿Recuerdas los galeones del ED? —Harry asintió —. Bueno, lo he hechizado para que sólo tú puedas grabarle algo. Con él nos avisaras las fechas de las reuniones de la nueva Orden del Fénix. Es hora de que tomes tu lugar como líder de esa antigua sociedad.
—Hermione…
—Soy la bruja más brillante de nuestra generación, cierto. Pero tú eres el mago más poderoso que existe —Harry negó —. No es necesaria la humildad. Sabemos que lo eres. Y es momento de afrontar lo que eso significa. Fawkes regresó por algo y se ha quedado contigo. ¿Qué otro símbolo necesitas?
Harry observó al fénix que descansaba en su pedestal lleno de cenizas. Era un ave majestuosa y, además, brillante. Su canto le había traído fuerza y esperanza. Era momento de tomar responsabilidades de nuevo.
—Habrá que programar nuestra primera reunión para mañana mismo —Harry tomó el galeón en su mano. Hermione sonrió. Estaban recuperando a su amigo.
El número 12 de Grimmauld Place aún era un lugar extraordinariamente bien resguardado. No estaba bajo el manto del Fidelio pero no hacía ninguna falta. Sirius había dotado a la casa de un sinfín de hechizos que hacían del lugar uno de los más seguros de todo el mundo mágico. Harry se decidió participar un poco con los encantamientos de su difunto padrino y fue así como el número 12 de Grimmauld Place regresó a ser el centro de operaciones de la renovada Orden del Fénix.
Harry hizo a la red flu del lugar indetectable y la hechizó para que sólo los miembros de la Orden pudieran usarla. Grabó con magia un fénix con las alas extendidas, con otro movimiento de varita transformó el objeto de metal en un traslador y por último marcó el día y hora de la reunión. Cada cosa que había hecho en su galeón se reflejaba en los que Hermione había repartido. Así que esperaba a los nuevos miembros de la Orden del Fénix para el día siguiente en punto de las seis de la noche.
Harry observó el galeón con cierto orgullo y sonrió. Estaba satisfecho con lo que había hecho. Por fin mantenía su mente trabajando en una misión en precisa. Se dejó caer en el sillón con los ojos cerrados sintiéndose increíblemente cansado. Sin querer su mente empezó a divagar y empezó a pensar en Draco. Verlo con Neville provocaba en él un desasosiego que amenazaba a dejarle aliento. Sin embargo, tenía que ser un hombre y dejarse de estupideces. Se obligó a afrontar los hechos con entereza: le había perdido para siempre.
Hermione y Ron se aparecieron en medio de la estancia y le sonrieron a Harry. Para Hermione no pasó desapercibido que su amigo se había esmerado mucho en su vestimenta. No traía túnica pero iba con un pantalón de gris de buen corte y una camisa de seda de un profundo color verde que lograba un gran efecto en los ojos de Harry.
—¿Estás bien? —Hermione le preguntó cuándo Ron empezó a distraerse con unos pastelillos franceses.
—Algo nervioso. Supongo que es normal
El siguiente en aparecerse fue Teddy que iba con increíble pelo color naranja peinado a la moda que combinaba a la perfección con sus vaqueros deslavados y una camiseta estampada con un lobo blanco de ojos rojos con una leyenda que avisaba que el invierno estaba por llegar.
—¿Me he retrasado?
—No, para nada —Ron le pasó la bandeja con pastelillos. Teddy tomó y con extrema gula le dio un gran mordisco. Justo en ese momento Neville y Draco se aparecieron.
Harry tragó saliva al verles. Un suspiro casi escapó de su pecho al encontrar a Draco tan guapo como siempre. En vez de quedarse allí, anhelar como adolescente enamorado, se acercó para saludar a los recién llegados con la mayor decisión que pudo aparentar a pesar de seguir afectado por la presencia de Draco Malfoy. Aprovechó también ese momento para presentarles a su ahijado y de inmediato notó lo impresionado que Teddy estaba al verlos. Sobre todo a Neville. Ciertamente el tipo era impresionante, algo que, Harry intentaba ignorar por su paz mental.
—Un gusto —Neville le tendió la mano a Teddy que seguía deslumbrado por el tipo frente a él. Harry quería vomitar —. Tu padre fue mi profesor favorito en el colegio —las mejillas de Teddy se tiñeron de color carmesí —. Creo que no conoces a mi esposo —Neville alargó su mano para tomar la del rubio —. Draco Malfoy —Teddy tiró la taza con té que tenía en las manos en un lerdo movimiento que Harry relacionó con la torpeza de la que había hecho gala Nymphadora Tonks.
—Lo siento, lo siento tanto —Draco desestimó el pequeño accidente con una sonrisa franca. Realizó un movimiento de varita y el desastre quedó reparado al instante —. Edward Remus Lupin —se presentó Teddy formalmente. La sonrisa de Draco se hizo más luminosa.
—Lamento muchísimo que las circunstancias nos hayan impedido conocernos antes. Supongo que estarás al corriente de nuestro parentesco —Teddy asintió —. Espero que este encuentro nos ayude para establecer una relación más cercana.
—Considérate bienvenido en nuestra casa, Teddy —Neville le dio una espectacular sonrisa y Teddy volvió a sonrojarse.
—Lamento la tardanza. Ginny pensó que era buena idea hablarme de… —George se interrumpió al ver a todas las personas que estaban en las estancia. Aún le chocaba un poco la relación de Neville con Malfoy pero se recompuso de inmediato. Ciertamente no era la persona más indicada para señalar lo que era un error y lo que no —. Neville, Draco —les saludó con formal educación.
Después saludó a su hermano y a Hermione quienes no podían disimular del todo que seguían enfadados con él por lo que había hecho. Los errores pesaban, George lo sabía, y también eran muy difíciles de olvidar.
—No te has parado por la tienda —dijo Ron aumentando la tensión. Harry podía ver en el semblante de George lo consternado que estaba por la actitud de su hermano.
Harry decidió que lo mejor era interrumpir la conversación para anunciarles que tenían que empezar a hablar sobre el motivo de la reunión. Hizo aparecer la pizarra con su investigación y fue explicando una a una las pistas que habían encontrado hasta el momento. Les compartió el reporte sobre el cambio de clima en el mundo muggle y Hermione también les proporcionó copias de la investigación del ministerio sobre las desapariciones anteriores a las de Arthur Weasley.
Los hechos terminaban allí. Lo que seguía era empezar a hacer conjeturas sobre los fines que estaban persiguiendo los fugitivos.
—Debemos suponer que los fugitivos están detrás de las desapariciones —dijo Harry que había hecho un esfuerzo sobre humano para evitar centrar su mirada en el hermoso rubio —. La pregunta es: ¿por qué?
—También nos debemos de preguntar: ¿para qué? —Puntualizó Draco. Harry cruzó su mirada con la gris que de inmediato se desvió.
—Cierto —terció Hermione —. ¿Para qué quieren a la gente que han estado desapareciendo?
—Sembrar miedo. Lo hacían en la guerra —George recordaba perfectamente ese pasaje. Durante el inicio de la segunda guerra Sortilegios Weasley tuvo un gran éxito porque las personas necesitaban distracciones.
—Pero no se han encontrado cuerpos y los desparecidos no son personas importantes. Los mortífagos siempre tenían algún motivo oculto para atacar personas —Draco tenía su vista fijada en las tres fotografías de los fugitivos que Harry había colocado en la pizarra —. Muggles muertos para amedrentar, personas del Ministerio muggle porque eran necesarias.
—También debemos preguntarnos: ¿Quiénes los están financiado? —Neville aportó —. La casa donde tenían a Arthur no podía ser de ninguno de los fugitivos. Todos sus bienes están en posesión del Ministerio y se encuentran protegidos con poderosos hechizos. Draco y yo tuvimos que hacer un sinfín de papeleo para que nos regresarán la mansión Malfoy —Harry intentó no apretar la mandíbula al escuchar a Neville hablando de la casa de Draco como si fuese suya.
—Los mortífagos trabajan con el miedo y hacen que la gente se fraccione. Seguro están buscando a personas que no se encuentran felices con el Ministerio y sus nuevas medidas de comercio —George ya lo había pensado antes. Algunos comerciantes habían soltado uno que otro comentario sobre lo difícil que se lo estaba poniendo el ministerio. Los magos no alcanzaban a entender las políticas de Hermione y su interés por todas las criaturas del mundo mágico.
—También hay gente descontenta con la apertura del mundo a la tecnología —Ron había tenido algunas conversaciones veladas con comerciantes en el callejón Diagon también. Muchos pensaban que el Ministerio estaba loco al darle oportunidad a la tecnología muggle de entrar al mundo mágico. En los últimos años algunos negocios habían cerrado por no poder adaptarse a los cambios.
—Tienen razón —apoyó Hermione con cierto pesar —. Hay personas que no han aprendido nada de las últimas guerras. Siguen pensando que los magos somos el tope de la pirámide cuando realmente somos parte de una maquinaria que trabajaría mucho mejor con cooperación.
—Entonces debemos empezar por investigar eso ¿no creen? —Teddy se puso de pie y transformó una taza en una pizarra nueva y empezó a escribir con su exótica caligrafía de Sanador tres preguntas —. ¿Para qué se los llevan? ¿Quiénes los ayudan? ¿Qué planean? Sé que no hay ningún fugitivo a la mano pero se podría interrogar a algún mortífago que este en Azkaban, alguien que conozca bien a los hermanos Lestrange. Tal vez puedan darnos luz de lo que planean. Y por lo otro, eso es más complicado, no creo que los comerciantes quieran hablar con Ron sobre cómo odian al Ministerio porque es esposo de la Ministro de Magia.
—Pueden hablar conmigo —Draco dijo dándole una fugaz mirada a Harry.
—No, por supuesto que no —todos se extrañaron al escuchar la rotunda respuesta de Neville. Draco también parecía sorprendido pero casi de inmediato su rostro adquirió una mueca de completo disgusto.
—Es por la marca. Tienes miedo —Neville negó.
—No sólo se trata de eso. Eres un ex mortífago, claro. Pero investigar de esto no sólo les recordara lo que hiciste, también traerá a los fugitivos hacia ti y eso es algo que quiero evitar lo más posible.
—Entonces ¿qué propones? ¿Qué mandemos a la Ministro de Magia ya su esposo a preguntar?
—Lo haré yo —Draco estaba a punto de gritar lo absurdo que le parecía tener a un ex Gryffindor indagando sombre posibles conspiraciones —. Lo sé, lo sé. Pero soy parte de los sangre puras y, ahora, un comerciante rico que está viviendo los estragos de la mala administración del ministerio. Y estoy casado contigo, puedo decir que me influenciaste —lo último fue dicho como una intentó de broma pero Draco no cedió.
—Eso puede funcionar —Harry apoyó a Neville porque realmente pensaba que era mejor no poner en riesgo al rubio.
—Definitivamente —Hermione terció poniéndose de pie para ver al grupo —. Neville tiene años lejos del país, se casó con Draco, es un sangre pura. No desconfiaran de él porque, además, es un Gryffindor y pueden ver el beneficio de tenerlo de su lado… al menos un tiempo —Hermione vio a Harry a los ojos —. Tengo una idea que nos podría llevar a saber lo que se proponen los fugitivos. Rabastan Lestrange estuvo un breve tiempo en Azkaban.
—Sí, antes de fugarse —ironizó Harry. Rabastan Lestrange había tenido éxito al hacerse pasar por muerto. El auror de guardia era un chico recién graduado de la academia que había doblado turno porque su esposa estaba embarazada y necesitaba dinero. Cayó en la trampa de Rabastan sin siquiera sospechar.
—Sí, claro —desestimó Hermione y continúo —. Sin embargo en su estancia coincidió con una persona a la que podemos preguntarle si escuchó algo extraño de parte de Rabastan.
—¿De quién hablas? —Preguntó Ron con un leve escalofrío recorriéndole la espalda.
—Lucius Malfoy —se adelantó Draco y Hermione asintió.
—Sí, así es. Creo que Harry y tú pueden ir a visitarle para preguntarle. —Hermione vio la cara de terror de su amigo y de Draco pero su idea tenía una razón verdadera —. Tienes que entender. Ron y George no se pueden mover de la tienda y del hospital tan fácilmente. El mejor lugar para Teddy es San Mungo. Así tenemos información y a alguien que pueda proteger a Arthur en caso de que los fugitivos quieran… —Hermione no quería decirlo en voz alta pero tenía la idea de que los fugitivos querían muerto a Arthur Weasley —. Bueno, es evidente que yo no me puedo mover del ministerio sin que la gente sospeche de mí.
—Neville y yo podemos…
—También sería sospechoso. Acaban de iniciar su negocio en Londres y como te habrás dado cuenta no contamos con mucha aprobación de parte de los magos más puristas.
Harry quería que se lo tragara la tierra. Hermione no le podía estar haciendo eso. Era el intento más burdo para ponerle a pasar tiempo con Draco. No es que no le agradeciera pero no podía hacer eso. Estaba claro que el rubio iba a protestar en cualquier momento así que Harry tenía que buscar una buena excusa para salir al paso. Sin embargo, Neville fue más rápido que él.
—Hermione tiene razón —dijo viendo a Draco —. No pongas esa cara —estaba claro que Draco iba a reventar en cualquier momento y empezaría a reclamarle a Neville pero éste no se amilano —. Tú mismo lo dijiste; mi nombre aparece en el pergamino, pero no quiere decir que sea el único en riesgo. Con los Lestrange metidos en esto, todos estamos en peligro. Tu padre atestiguó en contra de ellos, tú dijiste donde podía estar escondido Rabastan, tu madre traicionó a los mortífagos al decirle a Voldemort que Harry estaba muerto —Draco iba a replicar pero Neville continuó —. Lo ideal es acompañarnos. Ron y George podrías cubrirme a mí, Teddy a Hermione, Harry a ti. Vamos, es Harry Potter, por Merlín ¿con quién podrías estar mejor? Él es el mago más poderoso que existe —Harry iba a protestar pero Neville parecía decidido a seguir. Draco también abrió la boca para interrumpirle sin embargo no paro—. Antes de que me digas cualquier cosa, piensa en Scorpius. Él se merece que dejemos cualquier vieja rencilla.
Hermione podía ver lo tenso que estaba Harry por toda la situación y por las palabras de Neville. También notó que Draco tragaba saliva y estaba sudando. Era una situación terrible para ambos pero a medida que más lo pensaba llegaba a la conclusión de que era lo mejor para la Orden.
—Creo que puedo hacerlo —Draco intentó sonreírle a su marido pero no lo logro. Neville en cambió le abrazo demostrando cariño, afecto, devoción. A pesar de ser un gesto tan benévolo era algo que sólo podía compartir una pareja y Harry sintió que eso le hacía hervir la sangre.
—A cenar —dijo Harry sin poder evitarlo. Sus celos lo hacían querer interrumpir ese meloso momento —. Vamos a cenar —se aclaró la garganta —. Quiero decir que podemos pasar a cenar algo si así lo desean. Kreacher estuvo muy emocionado y cocinó para los verdaderos Black.
—Oh, que dulce —Ron y Harry intercambiaron miradas. Dulce no era precisamente una palabra que describiera al viejo y feo elfo, sin embargo, no tuvieron el corazón para decírselo a Hermione.
El grupo empezó a caminar lentamente hacia el comedor. Harry casi dio un respingo cuando Neville le tomó por el abrazo y lo apartó un poco de los demás para poder hablar a solas.
—Lo siento. Sólo quiero hablar contigo —Harry empezó a preguntarse qué tanto sabía él de su historia con Draco —. Tal vez te sorprendió un poco lo que le dije a Draco —Harry no abrió la boca. Sólo observaba a Neville expectante —. Sólo quiero decirte que de verdad lo creo. Eres el mago más poderoso que existe y para mí es muy importante que tú acompañes a Draco. Sé que él no necesita protección, es un mago muy capaz, es realmente brillante y se esfuerza muchísimo en todo lo que hace. Pero el saber que tú estarás con él me da una tranquilidad extra. Draco y Scorpius son todo para mí —Harry sentía que su pecho dolía. Quería odiar a Neville, quería poder maldecirle, quería alejarse de él para no seguir escuchándole —. Lo siento. Tal vez no debería estarte diciendo esto. He escuchado ciertos rumores sobre el distanciamiento que tienes con tus hijos —Harry apretó los dientes —. Eres un gran hombre Harry, desde niños te he admirado, en el colegio quería ser como tú. Y no por toda esa chorrada de El Elegido. A pesar de toda la mierda que viviste pudiste sobreponerte y enfrentarte a todo. Ahora el camino es más difícil, lo sé. El monstruo que te persigue está dentro de ti pero sé que tú podrás vencerlo.
—Neville… —Draco apareció por el quicio de la puerta. Neville le sonrió y Harry desvió la mirada. Estaba empezando a sentirse como el peor de los hombres —. ¿Qué sucede?
—Nada. Solo le estaba pidiendo a Harry que evitaran lanzarse alguna maldición por lo menos hasta que llegarán a París —salieron del pequeño salón hacia la cocina. Harry aún sentía una opresión en el pecho.
Más tarde, cuando se quedó solo, pensó en lo mucho que una botella de burbon ayudaría a aligerar la opresión en su pecho. En vez de beberse la botella preparó un nuevo vial con su cóctel. Las palabras de Neville seguían en su cabeza. Habían sido hermosas. Pero no habían logrado hacerle olvidar a Draco. Su corazón seguía añorándole y era una tortura imaginar el tiempo que iban a pesar junto en su próxima misión.
—¿Estás bien? Tienes mala cara —Neville le preguntó cuándo terminó de colocarse la pijama. Era pasada la media noche pero ningún de los dos parecía tener ganas de dormir aún.
—Sólo estoy algo indigesto. La comida del elfo fue deliciosa pero la hora para ingerirla no fue una buena idea —Neville se sentó en el sillón gemelo al de Draco.
—Pensé que estabas un poco molesto por obligarte a aceptar la compañía de Harry. Se pudo interpretar mal —Neville guardó silencio por un momento —. Tal vez pudieron pensar que te veo como una persona que no puede defenderse por sí misma. Pero quiero aclarártelo, en ningún momento pensé eso, sólo quiero que tengas la mejor protección del mundo.
—Me molestó en su momento pero te entiendo —Neville asintió —. ¿Qué le decías a Potter cuando se quedaron solos?
—Que lo admiraba de pequeño y que ahora también lo hago. Harry tiene sus problemas. Creo que ya debiste escuchar los rumores —Draco asintió —. Se nota que está intentando salir adelante y eso es admirable. Le dije que esperaba que pudiera recuperar a sus hijos.
Draco no dijo nada más. Tomó el libro que había fingido leer durante los últimos días. Sabía el porqué del actuar de Neville.
Desde pedirle a Harry que lo acompañara hasta darle esas palabras de aliento. Todo eso tenía una razón de ser. Neville se sentía culpable. Draco lo había hecho sentir así al decirle que no tenía por qué meterse en la vida de Harry y sus hijos. Sin querer, Draco, había provocado toda esa situación.
Neville quería demostrar a Harry que era una persona digna. Primero le decía que confiaba en él para hacer una misión con su marido, luego, le decía que confiaba en él para que pudiera recuperar a sus hijos. Neville sentía que se lo debía y no había nada más peligroso que un Gryffindor sintiéndose en deuda.
Dos días después de la reunión de la Orden, Neville recibió un correo de Teddy con posibles personas que podían tener conexiones con los fugitivos. George, Ron y Neville habían recibido una invitación para acudir a una reunión de la cámara de comercio mágico en Escocia. Así que planearon todo para Ron y Neville acudieran mientras George se quedaba en el negocio y levantar menos sospechas. Neville y Draco programaron los viajes el mismo día.
La única diferencia era que Harry y Draco viajarían con un traslador particular y ultrasecreto autorizado por Hermione del que sólo ella tenía conocimiento.
Draco llegó al ministerio de magia casi de madrugada. Se había cuidado de no ser seguido. En el atrio ya lo esperaban Hermione y Harry.
¿Por qué había aceptado esa locura? Él no era un hombre de acción. No tenía el valor para pasar horas a lado de Harry y esperar que no le afectara. Draco quería huir pero en vez de eso avanzó a paso firme y con una mirada serena.
—Granger, Potter. Adorable mañana ¿cierto?
—Hola, Draco —Hermione le dio lo que parecía una elegante pluma fuente muggle —. Se accionará al girar la tapa —Draco la tomó —. No los aparecerá directamente en la casa de tus padres. Lo mejor será movilizarse de manera muggle. Harry sabe conducir, así que, me tomé la liberad de hechizarlo para dejarlos cerca de un hotel donde tienen reservado un auto. Harry ya tiene los documentos.
—Pensaste en todo ¿cierto? —Lo dijo sin malicia y Draco casi sonrió al ver a Hermione Granger sonrojarse.
—Es mejor que se pongan en marcha. El traslador es oficial. Nadie podrá ponerles pegas pero lo mejor es que nadie nos vea juntos.
—¿Listo?
Harry le preguntó y, por primera vez desde que se reencontraron, se vieron a los ojos sin reticencia. Accionaron el traslador y desaparecieron.
Harry se tambaleó al tocar tierra firme. Tenía años sin usar un traslador y había olvidado la terrible experiencia que, casi siempre, relacionaba con el cementerio de pequeño Hangleton. Cerró los ojos y, de inmediato, se arrepintió pues tuvo un recuerdo muy espelúznate sobre el cuerpo de Cedric Diggory cayendo como un gran bulto inerte.
—¿Estás bien? —Harry abrió los ojos y se encontró con el rostro de Draco. Era él, de verdad, era él. Se dijo a sí mismo para apartar la idea de que estaba alucinando de nuevo.
—Sí, sólo fue el viaje.
Draco asintió y observó a ambos lados. Se habían aparecido en solitario callejón parisino. Estaba seguro que se encontraban en pleno centro de la ciudad. Sus padres tenían su casa en Saint Géry que estaba más o menos a cinco horas desde su ubicación.
—Vamos —empezó a andar para salir del callejón. Intentaba no pensar que caminaba junto a Harry por un callejón desierto —. Vaya, Granger piensa en todo —dijo sólo por hablar. Se dio cuenta que se encontraban al costado del hotel.
Llegaron a la recepción y Harry presentó los papeles que Hermione le había dado. En seguida recibieron dos tarjetas: la del Megane que Hermione les había rentado y la de una habitación en el hotel. Harry tomó amabas cosas, subieron al coche y se pusieron en marcha. Después de media hora de viaje, Harry, se percató que Draco no tenía ninguna intención de conversar con él más que para lo estrictamente necesario. Harry se moría por hablar con él. Preguntarle si realmente era feliz a lado de Neville; quería saber sino se cansaba de la perfección de su maridito, tenía la enorme necesidad de preguntarle si todavía recordaba sus apasionados encuentros. Pero, tan pronto como llegaban esas preguntas a su cabeza, las desechaba. De por si era evidente que Draco se encontraba molesto por estar con él ¿para qué arriesgarse a ponerlo de peor humor? Eso momentos, aunque tediosos, eran los únicos instantes en los que tenía a Draco para él.
Draco intentaba disimular su tensión perdiéndose en su móvil. Había notado, desde que subieron al coche, que Harry le veía de cuando en cuando con la intención de hacerle algún tipo de conversación pero, gracias a Salazar, Harry no se animaba a emitir palabra alguna. Draco se moría de nervios, en algún punto pensó si lo mejor era viajar en la parte de atrás del coche fingiendo algún malestar. Pero prefirió hacer de tripas corazón y continuar en el asiento del copiloto.
Draco también lanzaba miradas apreciativas a Harry. Por fin lo tenía para él solo y podía deleitarse con su aroma y su presencia. Estaba soberbio; a Draco le fascinaba esa barba espesa y las vetas plateadas que le teñían el cabello. Se veía mayor de lo que realmente era. Draco sospechaba que eso tenía que ver con los rumores que había escuchado. Sin embargo, Harry no dejaba de ser atractivo.
Se vestía mucho mejor que en el colegio, eso ni dudarlo, también tenía otro aspecto. Ya no de héroe trágico, tal vez era más el aspecto de hombre misterioso y nostálgico. Harry había sufrido, se notaba en sus ojos, pero también mostraba una actitud nueva y mejorada. Eso era algo que atraía a Draco. Él también quería preguntar muchas cosas: ¿Qué significaron esos encuentros? ¿Aún los recordaba? ¿Lo había amado alguna vez?
Las casi seis horas de viaje fueron tortuosas y lentas. En cuanto vieron la vereda que llevaba a la casa de campo de los Black, Draco respiró más tranquilo y gradecido por poder bajar de ese vehículo que solo le causaba desasosiego.
La casa de campo estaba en medio de la nada en un camino boscoso de Saint Géry. El lugar era acogedor. Era una casa de piedra caliza en medio de un enorme jardín en donde resaltaba el sol. Había un par de crups corriendo tranquilamente y se alertaron al notar a los intrusos. Harry se preparó para el ataque pero cuando los animales vieron a Draco empezaron a menear la cola bífida. Los padre de Draco estaban sentados un unos camastros tomando el té. Parecían una pareja cualquiera, en aquel lugar, en medio de la nada, no había marcas oscuras ni señores tenebrosos. Lo único que existía era paz.
—Draco ¿qué haces aquí? —Narcissa fue la primera en levantarse. Se notaba su semblante mortificado.
—Hola mamá —Draco abrazó a su madre y le sonrió —. No ha pasado nada. Sólo he venido a saludar.
—¿Y a presentarnos a un amigo? —Preguntó Lucius Malfoy que se había reunido junto a su esposa.
—Señores Malfoy —Harry le tendió la mano a ambos. Narcissa fue la primera en tomársela. Lucius, en cambio, evaluó al hombre y se limitó a hacer una reverencia. No era extraño que no le hubieran reconocido a la primera. La barba y el corte le ayudaban a disimular muy bien su identidad.
Lucius observó al hombre que acompañaba a su hijo por un largo momento. Esos ojos se parecían sumamente familiares y de pronto cayó en cuanta. ¿Qué demonios hacían juntos? ¿Por qué Draco se atrevía a traerlo a su casa? Su mirada se desvió hacia su hijo y tuvo que reprimir un estremecimiento. En la expresión de aquellos hombres se notaba a la perfección que su viaje no era de placer.
—Será mejor que pasemos —los cuatro entraron a la casa y Lucius realizó varios movimientos de varita —. Nunca se está lo suficientemente seguro. Ahora ya puedes hablar —le dijo a su hijo. Draco empezó con el relato sin omitir detalles para desagrado de Harry que esperaba que se guardara algunas cosas pero, al parecer, consideraba muy importante develarle todo a su padre.
—Por eso hemos venido. Pensamos que, tal vez, durante el tiempo que fueron compañeros tú pudiste escuchar algo.
Lucius volvió su fría mirada hacia Harry: —O tal vez a preguntar si tengo algo que ver ¿cierto Potter?
Harry apretó los dientes para controlarse. Comprendía a la perfección las palabras cargadas de veneno de Lucius. Utilizó todo su autocontrol para responderle de una manera educada.
—La verdad es que no nos pasó por la cabeza algo así. Además, Draco estuvo en esa reunión, él no hubiera aceptado venir aquí si alguien hubiese sugerido que los Malfoy pudieran estar inmiscuidos —para placer de Harry, Lucius se quedó sin palabras por un momento, pero fue una fugaz victoria porque en seguida quiso replicar sin embargo fue interrumpido por su esposa.
—Lucius, por favor, déjate de tonterías y ayúdales. Sabes tan bien como yo que no nos conviene que los Lestrange estén libres y elucubrando planes.
Lucius Malfoy tomó las manos de su esposa y las besó con cariño. Al parecer la guerra si llegaba a cambiar a las personas.
—En Azkaban nos mantenían en celdas separadas. Ningún mortífago se podía comunicar con otro. Eso servía para disminuir los motines y también las fugas. Sin embargo siempre se podían escuchar murmullos y lamentaciones —Lucius desvió la mirada. Tal vez reviviendo algún recuerdo particularmente desagradable —. Rabastan llegó junto conmigo y en cuanto pisamos el lugar decidí que lo mejor era alejarme de él. Todos estaban deseosos de matarme por lo que había declarado en los juicios. Me colocaron en una pequeña celda junto a la de Rabastan y Nott. Ellos hablaban continuamente durante la noche. Rabastan estaba obsesionado con los eventos que había llevado a… —Lucius apretó los dientes. Harry sabía lo que pasaba. Lucius no estaba listo para decir su nombre. Tartamudeando continuó —. Tom Ryddle a caer —terminó Lucius con un gran esfuerzo —. Nott y él discutían frecuentemente por cuál había sido el factor más importante para su derrota. Nott hablaba continuamente de que lo mejor hubiera sido matar a Potter siendo un niño pero Rabastan opinaba que hubiera sido mil veces mejor despojarte de todo cuanto te hacia humano —lo último lo dijo viendo a Harry.
¿Qué ganaba Rabastan Lestrange rememorado las derrotas de Tom Ryddle? Harry sentía de nuevo que estaba por descubrir algo importante pero le seguía faltando una pieza del rompecabezas.
—¿Hay alguna forma de traerlo de vuelta? —Preguntó Draco al cabo de un momento.
—No. Nada lo puede traer. Al fraccionar su alma se volvió invencible mientras existieron los artefactos donde residencia algo de su esencia. Al destruirlos, lo destruyeron a él. Si volviera a la vida sería como un inferi más.
—Papá, ¿crees ellos conozcan magia tan oscura como la que solía usar Tom Ryddle?
—Todos fuimos amantes de la magia oscura. Por supuesto que tienen ese conocimiento. No te puedo aseguro que ellos tengan lo que se requiere para llegar a ser tan oscuros —Lucius observó el semblante preocupado de su hijo. El futuro estaba siendo amenazado de nuevo y ellos no podían permitir algo así. Lucius se había prometido que le daría un mundo mejor a su nieto —. Voy a investigar si existe algo, Draco. Te lo prometo.
—Mantente a salvo, por favor —Lucius asintió y le lanzó una sonrisa tranquilizadora a su hijo.
Draco se despidió de sus padres y volvieron al coche para otras seis horas en el tedio más absoluto. Sólo que Harry no dejaba de darle vueltas a las palabras de Lucius. ¿Por qué le importaban tanto a Rabastan Lestrange saber en qué había fallado su Lord? George le había dicho que lo habían buscado para que les diera fechas exactas de eventos importantes para la Orden durante la guerra. ¿Para qué necesitaban esa información?
Harry levantó la mirada y se encontró con la imagen de un coche que venía detrás de ellos. Los sentidos de Harry se activaron, aceleró y se dio cuenta que el coche detrás de ellos también lo hacía.
—¿Qué sucede? —Le preguntó Draco al darse cuenta de la forme en la que Harry había empezado a conducir. Estaban muy cerca de Paris y lo único que quería era marcharse para olvidar que había pasado todo el día aspirando el aroma de Harry Potter.
—Creo que alguien nos viene siguiendo —Harry tomó una calle cualquiera y siguió conduciendo —. Vamos a entrar a un centro comercial. Lo perderemos entre la gente.
Harry entró al primer centro comercial que encontró. Era una plaza enorme, justo lo que necesitaban, aparcó el coche y se dio cuenta que la persona que les seguía también había aparcado pero sin acercarse mucho. Empezaron a caminar lentamente, como si no se hubieran dado cuenta de nada, subieron por las escalaras eléctricas hasta el quinto piso. Se mezclaron entre la gente y Harry avanzó hasta los elevadores. Entraron al primero que abrió y puso un piso cualquiera.
—¿Crees que lo perdimos? —Preguntó Draco pensado que tal vez lo mejor era usar el traslador en ese momento pero luego recordó que Granger les había dicho que no levantaran sospechas y vaya que resultaría sospecho accionar un traslador oficial en un centro comercial muggle.
—No lo sé —De pronto el elevador se detuvo y las luces se apagaron. Hubo un fuerte vaivén del elevador y Draco casi resbalaba sin embargo Harry lo sujetó.
—¿Estás bien? —el rubio asintió —. Creo que han sido ellos. Deben estar buscándonos. Estamos a salvo aquí.
Draco se preguntó si no habían hechizado el elevador porque de pronto el espacio se sintió minúsculo y parecía que estaba en llamas. Draco tragó saliva al notar lo cerca que estaba de Harry. Había sido tan mala estar a solas con él y más en un lugar diminuto, donde podía sentir su aliento sobre su mejilla, donde podía inundar sus sentidos de la presencia de Harry. Sin pensarlo se humedeció los labios y se dio cuenta que sus manos estaban hirviendo de deseo por tocarle. La respiración de Draco era cada vez más pausada y podía notar como su aliento se mezclaba con el de su antiguo amante. Por Salazar, cómo lo necesitaba.
Sin poder detenerse más, Draco, deslizó sus manos por el abrigo de Harry que soltó un indecente jadeo. Segundo después estaban besándose como dos adolescentes que apenas habían descubierto que podían hacer algo así. Los labios de Harry eran perfectos y su barba se sentía suave. Draco se dejó envolver entre los abrazos de Harry que había profundizado el beso y empezaba a causar serios estragos en la libido del rubio.
Sus lenguas se acariciaban con ternura y las manos de ambos corrían de arriba abajo tocando todo cuanto podían. No se dieron cuenta con la luz llegó, ni siquiera cuando el elevador empezó a moverse de nuevo. Fue el sonido de la puerta deslizándose para abrirse la que les hizo separarse.
Salieron del centro comercial sin decir palabra alguna. Harry rompió el silencio para decirle al rubio que lo mejor era buscar un taxi porque ya habían identificado el coche. Al llegar al hotel Harry pensó si debía proponerle a Draco entrar a la habitación para hablar. Había tantas cosas que quería decirle y eso beso sólo había intensificado las ganas de querer desgranar lo que había sido su vida sin él y lo mucho que se arrepentía por no haber tenido los huevos para luchar por su relación. Quería decirle que lo amaba, que tal vez era muy tarde con esa confesión, pero necesitaba decírselo.
Sin embargo Draco no parecía dispuesto ni siquiera a mirarle. Harry entregó las tarjetas y dio instrucciones para que fueran por el coche en el centro comercial. Salieron del hotel hacia el callejón y de pronto Harry se dio cuenta que la pluma fuente era muy pequeña y que sus manos se rozaban al tomarla. Draco seguía rehuyendo su mirada y, sin decir nada más, accionó el traslador y se aparecieron en un callejón solitario de Londres.
—Draco… —intentó Harry débilmente pero el rubio sólo le dio una mirada fugas y negó firmemente desapareciéndose de inmediato.
Harry se quedó allí, clavado, sin saber qué hacer y sintiéndose miserable. En sus labios aún sentía la sobra del beso. Pensó que lo mejor era irse al bar más cercano y quitarse esa miseria con litros y litros de un buen burbon pero ya no era ése hombre, no más, así que salió del callejón pensando que debía comprar algo de carne para alimentar a Fawkes.
La noche trajo consigo un desasosiego intenso para Harry. Intentó no pensar en el pasado pero fue inútil. Los fantasmas de sus errores empezaban a apoderarse de cada rincón de la casa y transformaban todo en algo frío y terrorífico.
—¿Así se sentía él? —Le preguntó a Fawkes que descansaba tranquilamente en su perchero viendo hacia el descuidado parque frente a la casa —. Supongo que sus errores lo acosaban tanto como a mí. Él dijo que yo era mejor hombre y el tiempo nos demostró a ambos que no.
Harry decidió salir de casa. Empezó a cambiar sin rumbo hasta que tomó un rumbo conocido. Se apareció con la intención de hacerle una visita a un viejo amigo.
Privet Drive seguía siendo el mismo vecindario pretencioso y deprimente de siempre. Harry caminó por el empedrado hacia la casa. El Volvo estaba aparcado en el mismo lugar de siempre y la puerta principal estaba abierta como si estuvieran esperándole.
Cuando la guerra terminó pensó que jamás regresaría a ése lugar. Hogwarts había sido su hogar y luego ése sentimiento lo traslado al Valle de Godric. En su cabeza llamó hogar al lugar que compartió con Ginny y sus hijos… por lo menos fué así durante un tiempo. Sus demonios internos le hicieron salir de ese hogar y terminó por aislarse en Grimmauld Place esperando que la vieja casa de los Black pudiera transformarse en ese anhelado refugio. Algo que hasta el momento no había logrado.
Sus ojos fueron a la puerta de esa vieja alacena donde había pasado su niñez. La había pasado tan mal en Privet Drive. Días sin comer, días soportando las palizas de tío Vernon, días odiando profundamente a su tía por permitir que su sangre fuera tratada como poco menos que un bulto de basura mal oliente. Pensó que nunca regresaría y sin embargo…
Cruzó por la cocina y abrió la puerta que lo llevaba al patio trasero. El jardín estaba increíblemente hermoso. Los rosales blancos le daban un aspecto casi entrañable
—Ey, pensé que había escuchado mal —Dudley Dursley le dio uno de esos abrazos sofocantes que acostumbraba y luego volvió a recostarse en el camastro desde donde disfrutaba la noche —. Sonia debe estar arriba con los chicos —Harry se sentó en camastro a lado de Dudley que le ofreció una cerveza.
—Gracias —negó con la cabeza y Dudley lo observó como si lo estuviese estudiando.
—Te ves distinto —Harry rió.
—Limpio, querrás decir —Duds negó.
—Además. Pero te ves… como antes —Harry entendía lo que su primo quería decir. Aunque él no se sentía como el de antes. Ya no podía sentirse así. Habían pasado demasiadas cosas como para ser el mismo —. Sonia y yo empezábamos a preocuparnos por no saber nada de ti.
Harry observó a Dudley. A medida que pasaban los años más se parecía a tío Vernon. Harry agradecía mentalmente que Duds no se hubiese dejado el bigote. Aunque si era honesto el parecido se había limitado a lo físico. La vida se había encargado de darle algunas lecciones a Dudley Dursley.
La primera de esas lecciones había sucedido un año después de terminada la guerra. El tío Vernon había muerto de un infarto y fue así como tía Pentunia y Dudley se quedaron solos en el mundo. Tía Petunia había tenido que conseguir trabajo y Dudley se enfrentó por primera vez en la vida a la terrible realidad de carecer de un padre que lo consintiera hasta en lo más mínimo. El dinero no alcanzaba para mantenerse en Privet Drive y Duds tuvo que empezar a trabajar medio tiempo y continuar estudiando, algo que se le dificultaba de manera bárbara, sin embargo le había prometido a su padre tener una carrera así que no tuvo más remedio que esforzarse el doble.
Sin embargo el barco siguió hundiéndose. Tía Petunia fue diagnosticada con cáncer y Duds se tuvo que enfrentar de nuevo a la terrible idea de quedarse solo para siempre. Fue entonces cuando acudió a Harry para pedirle ayuda. Tuvieron una conversación acalorada que terminó en una disculpa y en una promesa.
Tía Petunia logró vivir hasta ver a Duds convertido en profesor de deportes. Duds solía decir que le había sacado provecho a lo único que tenía: su fuerza bruta. Consiguió un buen empleo en una escuela donde se había convertido en el entrenador de la selección de lucha libre. Harry nunca visitó a tia Petunia, no fue a su funeral y durante años siguió ignorando el hecho de que Dudley era su único familiar sanguíneo vivo.
Pero el destino también le tenía guardada más de una lección a Harry…
Una noche de borrachera terminó liándose a golpes con unos muggles y fue llevado preso. Estaba sin varita, completamente intoxicado como para hacer magia sin necesidad de ella, sin ninguna identificación y lo único que alcanzó a decirle a los oficiales fue el nombre de su primo. Esa fue la primera vez que Dudley le sacó de un problema. Duds se convirtió, pues, en el familiar que lo sacaba del hospital, que pagaba las multas por vagancias, que lo sacaba de la cárcel de cuando en cuando.
Dudley solía tenerlo en casa un par de días y luego lo dejaba irse para continuar con su carrera de autodestrucción. Harry no supo exactamente cómo pero durante esos años se empezó a forjar una especie de amistad que más adelante se transformó en cariño sincero. Harry se sinceró con Dudley y de nuevo hubo disculpas que por primera vez fueron de ida y vuelta.
Duds era el mismo tipo básico de siempre, de pocas palabras y poco raciocinio pero aún con eso le había dicho a Harry una de las verdades más grandes: No importa lo que hagas o lo que yo haga, tú y yo seguiremos siendo familia. Y la familia no se abandona, no se deja atrás.
—Estaba arreglando algunas cosas —Duds sonrió y sus facciones porcinas se suavizaron tiernamente. Fue a la cocina y unos minutos después llegó con una taza de un aromático café y una bandeja llena de bizcochos de chocolate.
—Muero por escuchar la historia —Harry rió.
—Bueno, debo empezar por decirte que lo he vuelto a ver…
Harry regresó a Grimmauld Place pasada las doce de la madrugada. Hablar con Duds le había dado cierta tranquilidad que le hizo más fácil poder convivir con los fantasmas que no se querían marchar.
Draco se había encerrado en su despacho y caminaba por la habitación como animal enjaulado. Ese maldito beso había complicado todo. Parecía que su cuerpo se había despertado de un largo y tormentoso sueño. Estaba desesperado, frustrado, caliente y se negaba rotundamente a masturbarse porque tenía un profundo temor de fantasear con Harry.
Soltó un suspiro frustrado. Neville llegaría de un momento a otro y entonces haría que lo follara hasta terminar rendido y así olvidaría toda la frustración que había ido acumulando durante el día. Sí, follaría con su perfecto y buenísimo esposo, que lo amaba, que lo adoraba y que había estado con él en los momentos más oscuros de su vida.
Se bebió de golpe el brandy que tenía en su copa deseando que el líquido pudiera llevarse todos los sentimientos que se habían despertado en él.
La red flu se activó y entre las llamas apareció el rostro del Neville. Draco pensó en lanzarse a las llamas para besarle… para olvidar.
—Ey ¿cómo te fue? —Le preguntó Neville.
—Bien. Aunque ahora tenemos más preguntas que respuestas —Neville sonrió —. ¿Ya vienes?
—No, lo siento. Ron y yo decidimos quedarnos hasta pasado mañana. Conocimos a un tipo que suena interesante y queremos ver si podemos avanzar en la negociación —Draco evitó soltar un gruñido, no podía creer su suerte —. ¿Estarás bien sin mí?
—Claro, por supuesto.
—Genial. Te llamaré mañana. Descansa…
Draco sentía que no podía respirar. Se tiró en el sillón, la frustración aumento, estaba cansado y con una necesidad que se volvía ominosa. Cerraba los ojos y seguía recordando ese maldito beso. Temblaba de deseo contenido. Se frotó el rostro y se puso de pie de golpe. Siguió caminando por el despacho como una fiera. Los minutos pasaban lentos, parecía que los segundos duraban más y alargaban su tormento. Las horas, desde su llegada, sólo se encargaban de decirle lo mucho que necesitaba dejarse consumir por la pasión.
Ahogó un grito lleno de sufrimiento. No, no podía hacerle eso a Neville. Él había sido tan bueno… Lo había encontrado en un negro camino, sin rumbo, derrotado. Muriendo de dolor a causa de la desdicha que le había provocado el desamor de Harry. No podía ser que después de tanto sucumbiera ante ese sentimiento que era abrasador. Tenía una familia… no podía dejarlos.
Y sin embargo…
Su cuerpo, su mente, su corazón estaban sometiéndose al peor sufrimiento que existía. No podía más. Lloraba sin darse cuenta, se estremecía de dolor sin poder contenerse. Su amor se había quedado suspendido en el tiempo y parecía ya no querer seguir esperando. Observó el reloj que marcaba las doce en punto. Cerró los ojos derrumbándose.
Harry había provocado todo ese dolor y sólo él podía remediarlo. ¿Se lo merecía? Que importaba. En ese momento sólo sabía que lo necesitaba.
Cogió el galeón con el fénix grabado y lo empuñó con fuerza. Parecía que quemaba su piel y de pronto ya no pudo detenerse más. Caminó hacia la chimenea y se marchó gritando su destino.
Harry salió de su despacho cuando sintió que alguien había cruzado por la red flu. Vio a Draco en medio de su estancia y quiso preguntarle si algo malo había sucedido. Pero no tuvo oportunidad. El rubio se lanzó hacia él besándole con la misma hambre que en el elevador. Todo el cuerpo de Harry respondió ante ese contacto. La pasión había regresado, eran como aquellos adolescentes que se habían amado sin saberlo.
Terminaron sobre el sofá besándose. Draco prácticamente le arrancó la camisa a Harry y se encontró con un cuerpo distinto a que recordaba. Ahora, el que estaba debajo de él, era un hombre hecho y derecho. Pero eso, lejos de aminorar su pasión, la hizo más fuerte pues quería descubrir cada nuevo detalle de ese cuerpo. Gimió guturalmente cuando Harry se hizo camino entre su ropa para poder acariciarle. Ambos estaban duros, ansiosos, llenos de amargo deseo contendido por años de separación. Draco quería estar dentro de él y deseaba también a Harry en su interior.
La ropa de Harry voló por la estancia y Draco apenas tuvo tiempo para deshacerse de sus pantalones. Temblaba de nuevo pero esta vez de anticipación. Harry realizó un hechizo que Draco agradeció mentalmente y se fue adentrando en la estrechez de su amante que lo besaba con hambre.
Draco se movió con fuerza dejando que su deseo tomara el control pues sabía que, a pesar de los años, su cuerpo aún recordaba cómo hacer vibrar al de Harry. Se veían a los ojos y hablaban de nuevo con caricias y besos. Todo el cuerpo de Draco se tensó al sentir llegar el eminente orgasmo y de derramó dentro de Harry pensando que no existía nada más perfecto que eso. Recuperó el sentido uno segundos después. Harry también se había corrido haciendo un desastre entre lo que quedaba de sus ropas.
Harry lo besó de nuevo y Draco se dejó llevar. Secretamente tenía le esperanza de que después de follar se iba a dar cuenta que todo había acabado, que amaba a Neville, y que Harry sólo era un recuerdo. Pero no. Todo ese encuentro sólo había servido para terminar de despertar sus sentidos. Su mente, su cuerpo, su alma, pedían a gritos quedarse allí… con Harry.
—¿Vas a quedarte? —Draco se hundió en los hermosos ojos verdes de Harry. Era su cómplice, el socio de sus sueños. Su primer suspiro al despertar durante muchos años. Lo que existía entre ellos era más que amar. Sabía que sólo había una respuesta posible.
—Sí…
