Capítulo VII
No discutamos
Ginny gimió satisfecha y se dejó caer de espaldas sobre la cama. Con los ojos cerrados aún escuchó la voz enronquecida de su amante.
—¿Te quedarás? —Ginny acariciaba distraídamente el brazo de Theo.
—Me encantaría. Pero debo ir a relevar a Charlie —Theodore Nott suspiró pesadamente y Ginny sonrió. Estaba segura que Theo creía que sólo era una excusa más.
—Algún día se los vamos a tener que decir. Diana me dicho que le encantaría poder hablar de ti en el colegio. Sabes lo que te adora y lo que te admira.
Ginny no había tenido la intención de enfrascarse en una relación seria. Su fracaso matrimonial le había hecho ver un par de verdades. La primera, y tal vez la más importante, era haberse dado cuenta que no servía para las relaciones amorosas. No tenía el carácter más dócil del mundo y también era muy difícil para ella adecuarse a las necesidades de otra persona. Y la otra gran verdad de su vida era que tenía dos hijos. Ellos eran toda su vida y no iba a ponerles el peso de sus relaciones; bastante tenían con su padre como para cargarles más la mano. Claro, no le guardó luto a Harry, tuvo sus relaciones sin importancia. Sin embargo, durante esos años, se cuidó de que nadie se enterara de sus pequeñas aventuras. Tuvo amantes ocasionales, a veces compañeros de su equipo, algunos otro habían sido reporteros, pero al final ninguno que valiera la pena como para mencionarlo.
Hasta que llegó Theodore Nott.
Se habían reencontrado en una cena para recaudar fondos en beneficio de San Mungo. Más por suerte que por otra cosa terminaron sentados en la misma mesa, uno a lado del otro, Ginny tenía los prejuicios del colegio y había estado completamente disgustada por compartir la cena con un sangre pura pretencioso como Nott. Pero, a medida que la cena avanzó, Ginny se dio cuenta que Theodore Nott no era como ella imaginaba. Ciertamente Nott padre no había llegado a influenciar a su hijo y el chico se había hecho de un carácter e ideas propias que rivalizaban por completo con las de su noble casa.
Ginny tuvo que admitir que Theodore le había caído muy bien y no fue una sorpresa recibir, un par de semanas después, una invitación a cenar por parte del sangre pura. Poco a poco Ginny se fue enterando de la vida y obra de Theodore Nott. Le contó como cuando la guerra había estallado, y el padre de Theodore se había unido a Voldemort, éste decidió marcharse a Estados Unidos con los únicos familiares vivos que tenía: sus abuelos maternos. Theodore efectivamente estaba orgulloso de su linaje pero no era un enajenado mental y había entendido desde el principio que Voldemort estaba loco y que lo único que quería era matar a Harry.
En Estados Unidos, Theodore, había terminado su educación y se había decidido a establecerse allí sobre todo cuando conoció a, la que más adelante sería, su esposa: Claudia Rosh.
Se casaron dos años después de haber terminado la guerra y ella se había quedado embarazada al año de matrimonio. Desafortunadamente el embarazo no fue fácil, desde el primer mes, Claudia había tenido que permanecer en cama para evitar perder al bebé. Y siete angustiosos meses después había nacido Diana Nott. Una hermosa bebé que Claudia no pudo conocer pues murió dando a luz.
Parecía que la historia había alcanzado a Theodore pues de nuevo se repetía la terrible experiencia de ser él quien tuviera que criar a su hija completamente solo; como en su momento le había pasado a él con su padre. Theodore se encontró perdido y sumido en la desolación de haber perdido, a la que pensaba que, sería la compañera de toda su vida.
Decidió volver a Inglaterra, más por alejarse de los recuerdos que por otra cosa, y se estableció en la que había sido su casa durante su niñez. Por años sólo había tenido ojos para su hija y fue hasta que ella comenzó el colegio que, Nott, se dio la oportunidad de conocer posibles parejas. Sin embargo, con ninguna pudo establecer un vínculo especial.
Theodore no era extremadamente encantador. Era más bien un tipo directo y algo corto de palabra. Pensaba antes de actuar, algo que no compartía con Ginny que era una mujer de acción, pero aún con esas marcas diferencias habían aprendido a amarse. Theodore era, en muchos sentidos, lo que Ginny necesitaba para su vida. Para sorpresa absoluta de Ginny, ellos tenían dos años de relación oculta. Estaban profundamente enamorados, no había duda, pero eso no quería decir que ella hubiese estado dispuesta a abandonar su independencia tan fácilmente.
Theodore había usado muy bien todas sus cartas a lo largo de esos dos años de relación clandestina. Entre ellas estaba su, dulce y encantadora, hija. Diana era dos años mayor que James y pertenecía a la casa de Ravenclaw. Poseía unas facciones que rayaban en lo angelical, aunque Ginny tenía la impresión de que se preocupaba por su peso, pues no era precisamente la chica más delgada de su curso. Theo solía decir que su hija era bella e inteligente pero que perdía mucha confianza cuando se trataba de hablar sobre las libras de más.
Ginny admiraba sobre todo su carácter, no presumía su inteligencia, ni hacia alarde de su posición. Diana era más bien dulce y amable. Ginny suponía que mucho de ese carácter había sido heredado por parte de Claudia.
Y fue precisamente Diana quién terminó ayudando a su padre para poner un poco en jaque esa férrea decisión de mantenerse independiente y de la cual Ginny había hecho gala desde su divorcio.
Resultó que Diana adoraba a las Avispas de Wimbourne, el equipo de Ginny, y Theodore no perdió oportunidad para mencionar que él era un amigo cercano de la buscadora estrella. Diana, por supuesto, se había emocionado hasta la medula con la noticia. Casi de inmediato le pidió que le llevará a ver un partido y le presentara a su amiga.
Así fue como iniciaron las constantes visitas de los Nott a los partidos de Ginny y precisamente al finalizar un partido, entre Avispas en contra de los Chudley Cannons, que Theodore le pidió a Ginny permiso para revelarle a su hija la verdadera naturaleza de su relación y, con cierto temor, Ginny aceptó. Pensó que la dulce Diana, tan acostumbrada a ser la única mujer en la vida de su padre, empezaría a odiarle pero resultó ser todo lo contrario. Pronto Ginny se dio cuenta de las enormes ganas de Diana por tener una madre.
Le suplicaron a la chica no mencionar su relación a los chicos Potter. Diana, tan analítica para algunas cosas, había razonado que era una medida prudente. Pues los chicos bastante tenían con un padre ausente como para preocuparse sobre la relación entre su padre y Ginny.
Y así transcurrió el tiempo para ellos. Sin embargo los acontecimientos de las últimas semanas habían obrado un nuevo cambio de percepción en Ginny. Había estado por perder a su padre y eso le había hecho reflexionar sobre lo que sentía por Theo y también en lo mucho que quería que su familia supiera que era una mujer feliz con una relación estable con un buen hombre. Así que Ginny estaba preparándose para otro salto de fe en el difícil transitar de las relaciones de pareja.
—He hablado con Dave y le he dicho que me voy —Theo se incorporó un poco para verla a los ojos. Ginny era la jugadora con más experiencia del equipo. A pesar de la edad no había bajado su nivel pero no quería seguir arriesgado el físico jugando con chicos de veinte años dispuesto a cualquier locura por un poco de fama —. Y Charity Jones me tiene preparado un contrato sumamente jugoso para que sea la corresponsal de El Profeta para la próxima temporada de Quidditch —Ginny acarició el rostro de Theo y sonrió —. Creo a Diana le encantara ver mi partido de despedida desde el palco junto a mis hijos, mis padres y mis hermanos —Theodore Nott le dio una mirada de profundo amor y admiración. Era extraño verle tan vulnerable pero Ginny sabía que se debía en gran medida a la confianza que se tenían.
—Ginny —los ojos de Theo brillaban mostrando gran expectación — ¿De verdad quieres…?
—¿Decirle a todo mundo que estamos saliendo? Sí, de verdad quiero. Me llevó algo de tiempo pero ahora estoy lista. En cuanto papá salga del hospital hablaré con todos y les diré que tengo una relación contigo desde hace tiempo. Bueno, sólo si tú estás de acuerd…
No pudo terminar porque Theodore Nott la estaba besando con renovada pasión.
El ronco gemido de Draco resonó por la habitación. Estaba atrapado entre el colchón y el firme cuerpo de Harry que lo penetraba con fiereza. Draco cerró los ojos e intentó liberar las manos pero Harry hizo más firme su agarre sobre sus muñecas. Harry se movía de una manera perfecta, lograba que su cuerpo se estremeciera y gimiera pidiendo más. Rogó por más con una voz indecente cargada de deseo y Potter respondió con movimientos lentos que sólo le hacían desesperar más. Era un juego tremendamente erótico y hacía a Draco sentirse hervir de deseo por ser tocado y llegar al orgasmo junto con su amante. Necesitaba correrse, estaba tan duro, su polla estaba humedecida por el líquido preseminal y Harry golpeaba una y otra vez haciendo que una ráfaga de placer le recorriera la columna vertebral.
Harry por fin liberó sus manos y le tomó por la cadera haciendo sus movimientos más brutales y deliciosos. Draco quiso acariciarse pero Harry se lo impidió alejando sus manos. Draco sólo gimió dejándose llevar por el placer que su amante le proporcionaba. Cuando el orgasmo estaba abriéndose camino a través de su cuerpo, Draco se incorporó arqueando su espalda y girando el rostro para besar a Harry de manera desordenada. Se corrió a grandes chorros que empaparon las sábanas y, por un momento, lo único que escuchaba eran los latidos de su propio corazón.
Sintió que Harry también se corría gritando su nombre tensando las manos sobre su cadera. Ambos se derrumbaron sobre la cama satisfechos y plenos.
Habían pasado la noche entre besos, caricias y folladas mutuas. Y entre esas demostraciones para redescubrirse también empezaron a hablar. Draco escuchó con atención lo que había sido la vida de Harry desde la última vez que habían visto, previo a su juicio, hasta el día que entró a la mansión Malfoy acompañado de sus eternos amigos. Draco también le habló de su vida, del tormento que había significado pensar que nunca volverían a estar juntos y, de su guerra interna cuando se reencontraron.
Harry había sido el primero en decir: Te amo. Draco en un principio se había asustado. Todo estaba sucediendo tan rápido pero luego comprendió que esas palabras se habían quedado suspendidas en el tiempo. Harry y él se habían empezado a amar muchos años atrás; cuando todo era oscuro e incierto y, fue entonces que, él también le dijo que le amaba.
Tenía que ser honesto. Harry no era una aventura cualquiera pero eso no significara que pesara menos.
La luz del sol los encontró abrazados y felices. Bajaron a desayunar tomados de la mano como dos adolescentes viviendo una historia de amor sin ninguna complicación. Kreacher se encontró fascinado al tener de nuevo a un miembro de la familia Black en casa y les preparó cosas que Draco sólo recordaba de su infancia. Estaba tan feliz que temía que su corazón saliera disparado de su pecho para estallar de amor por el estúpido de Harry Potter.
Pero a medida que el día avanzaba la realidad derrumbaba esa felicidad que Draco estaba experimentando. Draco observó por la ventana cómo el sol se ocultaba dando paso a la noche.
—Estás buscando la manera de decirme que te tienes que ir —le dijo Harry desde la cama donde estaba sentado apoyando la espalda sobre el cabezal. Tenía una taza con té en la mano y parecía completamente relajado.
—No somos más esos chicos de diecisiete años. Esto tiene que…
—¿Terminar para siempre? —Harry se puso de pie mostrando toda su gloriosa desnudez y Draco tragó saliva —. Te vas a tratar de convencerte de que viniste aquí para darle un punto final a la nuestro. Me vas a decir que descubriste que no ya no sientes nada por mí. Ahora, después de lo que ha pasado, vas a repetirte una y otra vez que estás enamorado de Neville. Que él llegó a tu vida y, después de tantos años juntos, logró que nuestro amor fuera solamente un recuerdo —sin explicárselo, los ojos de Draco se inundaron de lágrimas y un nudo se formó en su garganta —. Pasarán semanas, meses, tal vez años, y seguirás diciéndote que nuestro: Fue. Y que ya no existe, que ya no sientes nada por mí. Te marcharás ahora, engañándote, pensando que sientes un renovando amor por tu esposo. Pensarás que serás aún más feliz de que eras antes de haber venido.
Draco se tragó el nudo en su garganta. Veía a Harry a los ojos y se sentía aún más desnudo ante la verde mirada que estaba penetrándole el alma. Sus palabras le estaban doliendo porque eran ciertas y le hacían sentir terriblemente mal.
—Tu tono irónico resultaría más propio para un Slytherin —Dijo sin mucha convicción y Harry le sonrió.
—El sombrero sugirió ponerme en esa casa pero le dije que prefería Gryffindor —Draco apretó los dientes con fuerza.
—Pretendes que deje a mi familia por ti…
—No, Draco. Yo no pretendo tal cosa. Sé que te amo y que me amas —Draco se giró para no ver a Harry y con un movimiento de varita tomó su ropa para empezar a vestirse —. Jamás me atrevería a pedirte que dejes a tu familia. Pero es mí deber advertirte lo que vendrá para ti a partir de este momento porque estoy seguro que jamás volverás a tener paz después de que te vayas. Sé que recordarás estos momentos que hemos tenido y, justo en ese momento empezarás a tu martirio, le mentiras a Neville, te mentiras a ti mismo —Draco desvió la mirada porque no portaba ver tanta verdad en los ojos de Harry —. Y les harás daño, a tu hijo y a Neville, si sigues ocultado lo que sientes por mí.
Draco empezó a sentir de pronto como una inmensa rabia se apoderaba de su cuerpo. ¿Quién se creía él para decir esas cosas? Lo había abandonado y resultaba después de todo se sentía con derecho a juzgarle.
—Ahora tienes todas las respuestas ¿no? —Draco le gritó con furia. Empezó a acolarse la camisa sólo por hacer algo.
—No, realmente no las conozco. Pero yo ya recorrí ese camino que ahora tú quieres empezar a transitar. Puedes mentirte, puedes mentirle a él y a tu hijo pero en el fondo sólo estarás lastimándote y eso te hará infeliz. El peor fracaso de mi vida fue haberte dejado, no fui feliz, y no pude hacer feliz a nadie después de perderte. Sólo quiero evitarte ese sufrimiento inútil —Harry se acercó a él para sujetarle gentilmente por los brazos —. Yo seguiré aquí, esperándote, necesitas tiempo para asimilar todo lo que ha ocurrido. Y no quiero sonar como un imbécil que lo sabe todo, aunque creo que parece ser que sí, sólo quiero darte un poco de mi experiencia en estos casos. Porque soy alguien que fracaso pensando en que podía manejarlo todo. Incluso el traicionarme a mí mismo —Draco se apartó bruscamente de Harry que no dio un paso hacia atrás y terminó diciéndole —. Por mí, tienes todo el tiempo del mundo, pues no pretendo irme a ningún lado sin ti.
Harry se colocó una bata y le acompañó a la chimenea. Draco quiso con toda su alma no corresponder al apasionado beso de su amante pero le fue imposible. Harry tenía razón, era estúpido pensar que aquello sólo sería algo pasajero y que no existirían repercusiones.
Draco llegó a la mansión Malfoy un par de horas antes de que Neville arribara. Le dio el tiempo justo para darse un largo baño para apartar el aroma de Harry de su piel. Sintió una profunda lástima por él y deseó, con toda la fuerza de su corazón, que el agua y el jabón pudieran borrar los recuerdos.
Harry terminó de colocar la charola con los pastelillos franceses que Kreacher compraba para las reuniones de la Orden. Tenía la ligera sospecha que esos pastelillos habían sido los favoritos de algún miembro de la familia Black.
Habían pasado ya un par de meses desde la noche que Draco se había marchado de Grimmauld Place con la intención de olvidar su amorío. Como Harry lo había imaginado, Draco no pudo olvidarse de su amor, así que, sin querer se había establecido una especie de rutina entre ellos. La cual consistía en una serie de encuentros clandestinos (cada vez más candentes a medida que corrían las semanas). Claro, eso había hecho terriblemente tormentosas las reuniones de la Orden. Entre sus amigos ellos aparentaban muy bien y parecía que a penas y soportaban. Habían aprendido a fingir. Harry no tenía intenciones de obligarle a hacer algo para lo que no estaba listo. Sabía muy bien que Draco aún no encontraba la manera de decirle a Neville que no le amaba.
Eso hacía sufrir a Draco, Harry lo notaba, cuando la pasión terminaba y los remordimientos apagaban el amor era terrible notar su mirada atormentada.
La situación no era sencilla para ninguno de los dos pues Harry también sufría al ver a Draco de la mano de Neville. Cada reunión con la Orden era una tortura tener que soportar ver a Draco con Neville y tragarse a golpe de pecho esa estampa de pareja feliz. Harry, no lo preguntaba y tampoco lo mencionaba pero estaba seguro que Draco aún mantenía intimidad con Neville. No había excusa para no tenerla. Así que, de vez en cuando, los celos se apoderaban de él pero, aún con eso, seguía manteniendo su palabra pese a todo.
Draco en ocasiones parecía muy feliz pero siempre esa felicidad se ensombrecía cuando la realidad se hacía apremiante. Harry no lo presionaba pero eso sólo aliviaba una parte del dolor. Draco era un hombre de familia que sufría por realizar actos que traicionaban a los suyos. Sin embargo no podía evitarlo. También tenía derecho a ser feliz.
—Hola —la llegada de Ron y Hermione le distrajo. Como de costumbre, habían sido los primeros en llegar. Harry les sonrió a modo de saludo.
—¿Por qué parece que siempre estrenas ropa para estas reuniones? —Ron preguntó antes de tomar un pastelillo. Hermione también le miró evaluadoramente pero Harry no le prestó atención. La conversación flujo tranquilamente hasta que fue interrumpida por la llegada de Neville y Draco. El rubio le dio una mirada apreciativa que Harry correspondió con una leve sonrisa.
—Hemos llegado a tiempo por fin —dijo Neville saludándole amablemente. A Harry también le sabía mal corresponder a la amistad de Neville traicionándole pero ¿qué se podía hacer? Harry ya había dado muchos años de su vida y su felicidad por otros como para seguir comiéndose la cabeza por esos asuntos.
Harry le pasó una taza con té a Draco y sin querer sus manos se rozaron provocando un estremecimiento en ambos pues sus cuerpos respondían a esos ligeros toques esperanzados a encontrar momento para rendirse el uno ante el otro aunque eso no sucedía a menudo.
George fue el siguiente en llegar. Las cosas entre Ron y él parecían no haber mejorado con el paso de los meses. Hermione le había dicho a Harry que Ron se sentía muy decepcionado de su hermano y eso era terrible.
—Lamento la tardanza —Harry agradeció mentalmente a su ahijado que llegaba hecho un lío y terminó impactándose contra Neville —. Lo siento —Neville sonrió y para Harry no pasó desapercibido el sonrojo de Teddy.
—Bien, creo que podemos empezar —Hermione interrumpió —. Esta mañana tuve un encuentro bastante interesante con Nikola Di Jon. Me culpó veladamente de la tensión que existe entre los magos comerciantes y los muggles.
Las investigaciones de las últimas semanas habían traído cierta frustración al grupo. El mayor chasco había sido la falta de información sobre los posibles planes de los fugitivos. Hermione había tenido la esperanza de obtener algo de parte de Lucius Malfoy y, para desgracia de todos, no había sido así.
Sin embargo, George, Neville y Ron habían dado un poco de esperanza con sus investigaciones dando nombres de las personas que probablemente estaban financiado a los fugitivos. Se había centrado sobre todo en aquellos que estaban en contra del Ministerio.
Geroge había señalado a Nikola Di Jon como el principal sospechoso. Neville y Ron coincidieron con él pues, el tipo, les había generado grandes sospechas en la reunión entre comerciantes mágicos. Durante esas semanas lo habían tenido en la mira. A medida que avanzaba la investigación, Di Jon, parecía cada vez más involucrado con los fugitivos. Neville había hecho excelentes lazos de amistad con él y en más de una ocasión lo había escuchado hablar de lo bueno que sería regresar en el tiempo y mantener a la comunidad mágica sin contacto con las invenciones muggles.
George y Ron habían logrado investigar de las múltiples inversiones que Nikola había realizado. Destacaban algunos negocios sospechosos que parecían más una fachada que algo genuino. Aún no podían asegurarlo pero Nikola Di Jon parecía todo el tipo de mago que podía estar financiado a los fugitivos. Por su parte Teddy había encontrado el expediente médico de la familia y se había acercado con mucho éxito a la esposa de Nikola.
Ciertamente las cosas estaban avanzando lentamente. Harry no lo había mencionado pero pensó que con Arthur todo sería más sencillo sobre todo cuando recuperó la consciencia pues tenía la idea de que él les daría un empujón en la dirección correcta. Sin embargo, Arthur, había regresado con la memoria algo afectada y no alcanzaba a recordar porque le había dado el pergamino con los nombres a Harry y tampoco recordaba nada sobre su investigación de tres años. Así que las cosas se habían estancado un poco. Lo que le tranquilizaba era que las desapariciones habían cesado pero ¿hasta cuándo?
—Nikola está decidido a postularse como candidato para las próximas elecciones —comentó Neville observando la pizarra con los datos que era habitual tener en las reuniones de la Orden —. Prometió presentarme a un grupo de magos que le apoyan.
—¿Crees que serán ellos? —Neville negó ante la pregunta de Teddy.
—No. Deben ser otro grupo de magos comerciantes molestos con el Ministerio pero creo que es un paso más para que tenga confianza en mí y termine presentándome a sus otros amigos.
George había investigado bastante bien los antecedentes de Nikola. Era un sangre pura que había vivido en Ucrania durante la época de la segunda guerra. Realmente no tenía nada en contra de los muggles pero si tenía todo en contra de lo que se interpusiera entre él y los galeones. A medida que el comercio se estaba abriendo a los muggles las empresas de Nikola habían sufrido un par de reveses que no pensaba perdonarle fácilmente al Ministerio.
—El próximo mes habrá una cena en casa de Nikola para celebrar su cumpleaños. Estoy seguro que hará extensa la invitación así podremos verlo en su medio y tú —Hermione dijo viendo a Neville — podrás hacer gala de lo mucho que odias a la Ministro de Magia pues tendremos una discusión algo acalorada frente a la comunidad mágica para ver si Nikola por fin se derrumba y te revela sus secretos —Neville asintió.
—Espero que tengas más éxito que nosotros con papá —Ron comentó.
A él se le había ocurrido utilizar legeremancia con su padre para entrar en sus recuerdos. Draco se había ofrecido para hacerlo pero las sesiones no habían tenido mucho éxito. Lo primero que dificultaba la tarea era que Arthur seguía en San Mungo. Así que sólo disponían de una hora para sus sesiones pues solía estar siempre acompañado y su mente tampoco se las estaba poniendo fácil pues seguía muy confundida por las maldiciones que había recibido en su cautiverio.
Aunque en los últimos días Draco estaba empezando a sospechar que alguien había manipulado los recuerdos de Arthur Weasley. No quería mencionarlo aún, primero quería estar seguro, porque, de confirmarse sus sospechas, se abrirían un abanico de posibilidades para un nuevo misterio.
—No te desesperes amigo. Seguiremos intentando. Algo saldrá —Harry intentó animar a Ron que le sonrió.
—Bueno, las cosas se simplificarían bastante si pudiera hablar con mi familia sobre lo que estamos haciendo —Ron había insistido en revelar todo a su familia pero Harry estaba renuente. Aun no sabía cómo enfrentarse a Ginny y a sus hijos. Y también estaba el hecho de revelar que George había estado ayudando a los fugitivos algo que seguro destrozaría a señora Weasley.
—No vamos a tener esa discusión de nuevo por favor —la cortó Teddy esperando poner paz —. Estamos haciéndolo bien. Sólo no hay que desesperarse.
—Teddy tiene razón. Por lo menos ahora no tenemos la presión de las desapariciones así que tenemos que hacer de todo para atraparles antes de que se pongan en marcha de nuevo.
—Vamos a cenar. La comida siempre ayuda a tener ideas frescas.
Harry y Draco intercambiaron miradas por un segundo. Harry tuvo miedo de ser rebasado por sus sentimientos pero se contuvo. Su relación se basaba en momentos robados. Era lo tenían y Harry lo agradecía porque eso, aunque poco, era mejor que nada.
Albus se estiró cual largo era. Estaba muerto. No podía creer que el viejo Slughorn se hubiese puesto tan pesado con los deberes. Las clases de pociones habían empezado de lo más aburridas, ciertamente, pero por lo menos no tenían que hacer redacciones de treinta centímetros sobre los efectos de los bezoares.
Sonrió al ver el reloj de pulsera que había recibido por su cumpleaños. Su madre se había disgustado con él por no querer fiesta pero sintió que era demasiado apresurado pues su abuelo seguía en el hospital y, aunque su mamá quería hacer la fiesta, Albus no se sentía con mucho ánimo y decidió posponer las cosas hasta el cumpleaños de Scorpius para poder celebrar los dos. Sin embargo eso no quería decir que no estuviera listo para recibir regalos. Su favorito había sido el reloj plateado que adornaba su muñeca. Tenía un magnifico fondo verde esmeralda y las manecillas eran dos pequeñas serpientes. Era el mejor regalo del mundo.
Scorpius había dicho su acostumbrado: Asombroso. Era su palabra favorita y la decía con un énfasis especial.
Albus ya estaba planeando el diseño para el reloj le regalaría a Scorpius en su cumpleaños número doce. Quería ponerle una inscripción especial, algo que hiciera único ese reloj, como lo era Scorpius. Albus estaba seguro que sin él no hubiese soportado la desaparición de su abuelo y sin él tampoco hubiesen sabido que Harry Potter era parte importante de toda la investigación.
—¿Cuándo crees que Slughorn regrese a ser la misma momia de siempre? —Scorpius también se estiro. Por fin había terminado su redacción y lo único que quería era gran trozo de tarta de manzana.
—No lo sé. Espero que sea pronto —Scorpius cogió sus cosas y se dispusieron a caminar.
Salieron de la biblioteca. Estaban tan cansados y distraídos que sus pasos poco a poco los llevaron hacia el despacho de la directora McGonagall. Iban hablando sobre el próximo partido de quidditch entre Slytherin y Gryffindor, Albus opinaba que James la tenía difícil contra el buscador de las serpientes; Scorpius, en cambio, pensaba que James iba a ganar sin problemas.
—Es ridículo tu amor por… —Albus calló abruptamente cuando se dio cuenta que estaban justo frente al despacho de la directora y, para su sorpresa, no estaban solos.
Un hombre vestido con uno de los pomposos trajes de Slughorn estaba frente a la gárgola que servía de guardián del despacho e intentaba removerla de su sitio.
—Pero qué… —Scorpius se congeló en su sitio. Algo frío cruzó por toda su espina dorsal. Cada terminal nerviosa de su cuerpo percibió el temor que despertó esa escena.
Ambos chicos dieron un paso hacia atrás esperando que el hombre no se hubiera dado cuenta de su presencia. Sin embargo fue inútil, el hombre dio media vuelta y los observó. Scorpius sabía que todo se había podrido justo en ese instante.
—Vaya. Esto sí que es una sorpresa —el hombre esbozó una sonrisa siniestra.
—Sabes amigo, no te conocemos, tú no nos conoces. Así que ¿por qué no olvidamos esto? Sigue en lo tuyo y nosotros nos olvidaremos de que te vimos —dijo Albus con la esperanza de salir ileso de ese encuentro.
—Es una oferta realmente tentadora. Muy Slytherin, por cierto —la sonrisa del hombre despareció y Scorpius instintivamente tomó a Albus de la mano —. Pero resulta que te has equivocado. Yo si les conozco —ambos chicos dieron un paso hacia atrás —. Sin idénticos a sus padres y serán perfectos para darles una lección a esos bastardos.
Scorpius hizo el amagó de sacar su varita pero el hombre fue más rápido y, entonces, se dieron cuenta que todo estaba realmente perdido.
James caminaba por los pasillos del castillo sin muchas ganas. Iba hacia el despacho de Slughorn, el anciano había terminado por volverse realmente loco, no sólo se la pasaba dejando deberes completamente inútiles, también, había decidido castigarle de la nada. En opinión de James, al vejete, se le estaba patinando el coco de una manera espeluznante.
Justo cuando estaba por llamar a la puerta escuchó uno gritos ahogados. James vaciló un poco antes de entrar al despacho de su profesor pero al agudizar el oído se percató que la voz gritaba su nombre. Forzó la cerradura y al entrar se dio cuenta que un tipo vestido de Slughorn estaba entrando a la chimenea empujando a Albus y Scorpius que parecían estar sin conocimiento. James tomó su varita pero antes de que pudiera hacer algo, el falso Slughorn desapareció.
—¡NO! —James gritó desgarradoramente.
