Capítulo VIII

La Diferencia


Minerva McGonagall tuvo siempre la firme intención de ser una profesora a la que jamás se le pudiera reclamar tener algún alumno favorito. Ni siquiera cuando fue jefa de Gryffindor pudieron reclamarle algo semejante. Sin embargo, muy en el fondo, sabía que había tenido cierta debilidad por Harry Potter. Y es que Potter no la había tenido sencilla.

Con sus padres muertos, siendo criado por un muggles desalmados, con Voldemort asechándole y, para ser honesta completamente, Dumbledore tampoco había sido de mucha ayuda para el pobre chico. McGonagall se descubrió a si misma sintiendo un gran cariño por Potter. Cierto, el chico era muy parecido físicamente a su padre (al que Minerva no tuvo por un gran chico durante el colegio) pero su carácter le recordaba muchísimo al de Lily. Potter se preocupaba por lo demás, al grado que llegó a dar su vida y eso era algo que Minerva no podía dejar de lado.

Ella fue de las primeras personas en alegrarse cuando Potter dio la noticia de que se casaba con Ginny Weasley. Era la oportunidad para el pobre de Potter de tener una familia de verdad. Cada nacimiento de sus hijos fue recibido con gran alegría por parte de la directora y por algunos años tuvo la certeza de que Potter lo había logrado. Sin embargo, toda esa dicha se fue cuando sucedió el terrible atentado al tren.

Minerva tuvo que consolar a todos esos padres. Ella escuchó a muchos de ellos maldecir a Potter por su ineptitud. Y fue ella quién notó, primero que nadie, que algo se había roto en el interior de su ex alumno. La vida de Potter se fue en picada a partir de ese momento y Minerva lo sintió mucho pues, alguien como Potter, no se merecía terminar así.

Los años pasaron sin traerle paz a Potter. Pero lo que si trajo el tiempo fue la llegada de sus hijos a Hogwarts y Minerva tuvo que volver a enfrentarse con esa sensación extraña que le embargaba al verles. James, a pesar de ser más arrojado que su hermano, no era un revoltoso consagrado como lo había sido su abuelo James o sus tíos, George y Fred. Albus por otro lado era un chico analítico y, hasta cierto punto, parecía frío, casi distante. Sin embargo los dos compartían algo: ese aire de desvalidos. Le recordaban tanto a Potter.

Claro ellos, no eran huérfanos, tenían a su madre. Ginny era una leona imponente que los había educado de maravilla. Pero los chicos seguían viviendo a la sombra del apellido de su padre y eso les hacía sentir vulnerables y Minerva no podía evitar sentir cariño por esos chicos.

Y tal vez era por ese cariño que la profesora McGonagall se sintió sumamente afectada al escuchaba el relato de James Sirius Potter. En su cabeza no podía dejar de escuchar, una y otra vez: Se los han llevado.

—Phineas, ve a tu retrato en Grimmauld Place e infórmale a Harry lo que ha sucedido —Minerva giró su rostro hacia el retrato del Albus Dumbledore —. Lo siento, Minerva. Sé que no debo…

—No pasa nada Albus. Hay que actuar de inmediato. Señor Black, por favor… —el tatara-tatara-abuelo Black salió corriendo sin protestar. Al parecer había dejado ese hábito desde que Harry había recolocado su retrato en la antiquísima casa de los Black —. También tengo que enviarle una lechuza a Ginny.

—Los encontraran ¿cierto, señora? —La voz de James era quebradiza y se notaban en sus ojos unas terribles sobras de culpa y ansiedad —. Él lo encontrara.

—Regresarán sanos y salvos.


Draco cerró los ojos al sentir la boca de Harry sobre la sensible piel de su muslo. Estaba tan excitado que su cuerpo dolía. Exhaló un ronco gemido cuando Harry subió por su muslo y poco a poco fue apoderándose de su turgente erección. Harry lo estaba volviendo loco por la pasión que demostraba. Draco se dejó llevar gimiendo entrecortadamente el nombre de su amante y, casi sin darse cuenta, se corrió a chorros dentro de la garganta de Harry.

Se fundieron en un beso que, se le antojaba eterno, pero que terminó durando unos segundos solamente. Draco sabía que, a medida que avanzaban las semanas, cada vez estaba menos dispuesto a irse y ese sentimiento le hacía sentir peor pues sabía que en casa le estaba esperando un esposo al que le mentía cada vez más.

Era honesto con él mismo. Se estaba más enamorando que nunca de Harry Potter. Cada vez que lo escuchaba hablar de sus planes, de esos que no sabía si algún día se podrían realizar porque él seguía casado y con un hijo, eso que incluían viajes y reconciliaciones. Draco sabía que Harry quería acercarse a sus hijos pero tenía tanto miedo de no ser aceptado que se paralizaba y empezaba a ver a James y a Albus como algo inalcanzable. Y tal vez lo eran incluso más que la posible libertad de Draco.

—Se está haciendo tarde —le dijo Harry que no había dejado de acariciarle.

—Lo sé —Draco no quería decirle que se moría de ganas por quedarse a su lado —. Vendré mañana. Tengo un tiempo para pasar a comer —Harry ensanchó su sonrisa y Draco desvió la mirada. Harry se conformaba con tan poco que dolía.

—A Kreacher le encantará la noticia…

—Harry… Harry Potter…

Draco se estremeció al escuchar esa voz pomposa. No sabía de donde venía pero resultaba particularmente familiar. Era como si la hubiera escuchado antes. Harry se levantó de la cama echándose la bata encima. Fue hasta el extremo más lejano de la habitación y descubrió un retrato de un hombre con una pronunciada barba blanca que, de nuevo, le resultaba familiar a Draco.

—¿Qué sucede director Phineas? —El hombre del retrato intentó mirar más allá del hombro de Harry pero este lo evitó.

—Pareces ocupado, chico. Lamento hacerte perder el tiempo con cosas menos… lúdicas.

—Si has venido para esto…

—Se llevaron a tu hijo menor y al chico Malfoy-Longbottom.

—¡¿Qué?! —Draco estaba casi completamente vestido cuando llegó frente al retrato.

—Vaya, tienes buenos gustos por lo menos —y sin más, Phineas desapareció.

Draco estaba clavado en su lugar aún viendo hacia el retrato que no era más que un fondo negro en ese momento. Harry se vestía apresuradamente, tenía un semblante terrible, pero Draco no entendía. Todo eso tenía que ser una broma. Su hijo estaba en el colegio, la mar de tranquilo, disfrutando de un bocadillo nocturno como solía hacerlo en casa.

—¿Quién demonios era? —Draco dijo con un hilo de voz —. Él no… Lo que dijo… eso es ridículo ¿cierto?

—Draco. Esto está sucediendo. No sé cómo, ni quién, pero se han llevado a los chicos. Minerva McGonagall envió a Phineas Black para decírmelo. Tenemos que irnos de inmediato —Draco negó. Estaba aturdido y, por primera vez en años, muerto de miedo.


Harry nunca imaginó que regresaría a Hogwarts para escuchar que uno de sus hijos había sido sustraído del plantel. Era como vivir una pesadilla, como encontrarse en la antesala del infierno, como despertar sin hacerlo realmente. Draco no estaba mejor que él, aparentaba tranquilidad, como buen Slytherin, pero Harry podía ver la tormenta en sus ojos grises. Cosas como esas no debían pasar. Hogwarts era de nuevo el lugar más seguro del mundo ¿por qué tenían que haberse llevado a sus hijos? ¿Por qué hacerles eso a dos chicos que nada tenían que ver con guerras, con mortífagos, con fugitivos y con Voldemort?

—Pasen, pasen por favor —McGonagall apareció y les dejó pasar al despacho. Los ojos de Harry fueron de inmediato hacia el retrato de Albus Dumbledore que le sonreía con cierta tristeza —. Sólo estamos esperando a Ginny y a Neville. Que gran coincidencia que ustedes estuvieran juntos…

—¿Qué ha sucedido, profesora? —La intempestiva llegada de Ginny Weasley dejó suspendido el sentimiento de culpabilidad de ambos hombres —. Recibí la lechuza pero no decía mucho y… Harry —observó a Ginny e instintivamente dio un paso hacia atrás al ver la furia que empezaba a levantarse en la azul mirada —. ¿Qué haces aquí? —Dijo la pelirroja con una voz dura —. ¿Por qué…?

—Lo siento, Ginny. Yo lo he llamado. Consideré que era importante que todos los padres supieran lo que ha ocurrido —Ginny observó a su alrededor y, al ver a Draco, su sangre se congelo. Algo grave había pasado.

—Neville…

Harry tuvo que tragarse el dolor de ver a Draco corriendo hacia Neville para fundirse en un abrazo. Neville empezó a consolarlo con un cariño inmenso y Harry lo único que quería era morirse. Él no podía compartir su dolor con el rubio y tampoco podía decirle que iba a hacer de todo para recuperar a los chicos.

—¿Qué ha ocurrido? —Preguntó Neville sin dejar de abrazar a Draco.

—Se han llevado a Albus y Scorpius…

A medida que McGonagall iba contando la historia el despecho se llenaba de un sinfín de sentimientos. Ginny no podía creer que eso pasara de nuevo. Alguien usando multijugos ¿qué no habían aprendido nada la última vez? Draco, por su parte, estaba muerto de miedo pues toda la situación tenía la marca de los fugitivos. Esos tipos los odiaban y estaba seguro que torturarían a su hijo antes de matarle sólo para darle una lección. Neville, en cambio, estaba urdiendo uno y mil planes para recuperar a su hijo y Albus. Era algo que no podía evitar, pues, si dejaba de pensar en ello empezaría a dudar si los volverían a verlos con vida.

Harry, por otro lado, se sentía cómo si hubiera fallado. Algo no había visto y había culminado con el secuestro de su hijo y de Scorpius. ¿Por qué las piezas no habían encajado? ¿Por qué la evidencia no le había hablado?

—¿Dónde está James? —Preguntó Ginny cuando Minerva terminó de hablar.

—Está en la torre de Gryffindor. Pensé que era mejor informarles yo misma sobre los acontecimientos. Pero sabía que querrías verle, así que lo he llamado, a él también le gustará mucho saber que estás aquí.

Harry intentó no sentirse miserable pero falló. Neville lo observaba fijamente y Harry podía leer sus intenciones. Tenían que interrogar a James para saber si existía algo más pero Harry no se sentía con la fuerza necesaria como para enfrentarse al mayor de sus hijos. La puerta del despacho se abrió y Harry tuvo la sensación de querer correr al ver a James. La mirada de su hijo de inmediato se fijó en él.

—Tienes que encontrarlos —Harry se quedó pasmado al escuchar a su hijo dirigiéndose a él —. ¡Me escuchas! ¡Es tu deber encontrarlos! —James lo sujetó por la camisa y empezó a empujarle mientras lloraba —. ¡Eres su héroe! —James apretaba la mandíbula como un intento de querer contener la rabia y el dolor —. ¡Nos dejaste por años y ahora es tu deber encontrarlos! —James le dio un empujón tan fuerte que casi cayó de bruces.

—Hijo… —Al escuchar la voz de Ginny, James le soltó y corrió hacia su madre para abrazarla con fuerza.

—Él tiene que encontrarlos ¿verdad, mamá? Él siempre ayuda a todo mundo y ahora… nos tiene que ayudar, lo tiene que hacer.

—Lo hará, lo haremos, James —Harry sintió una mano sobre su hombro y se giró para ver a Ron y Hermione que entraban al despacho por la flameante chimenea. No podía estar más agradecido de la presencia de sus amigos en aquel lugar. Por primera vez, desde su llegada, no se sentía solo.

Ginny terminó por controlar a su hijo y después vio a su hermano y a Hermione apoyando a Harry y de pronto todo encajó. El misterioso ex auror, las citas a cenar con un amigo, la camaradería que de nuevo se formaba entre ellos.

—Supongo que han tenido tiempo para ponerse al corriente —Ginny dijo con un tono de reproche que no pasó desapercibido para Ron y Hermione.

—Ginny…

—Déjalo para después hermanito. Ya habrá tiempo para que me cuenten cómo se reencontraron y también para hablar de un par de cosas contigo —Harry tragó saliva al escuchar a Ginny —. Ahora lo que tenemos que hacer es concentrarnos en encontrar a los chicos.

Una vez establecida la tregua decidieron que lo primero era volver a interrogar a James sobre lo que vio. Escuchar todo el asunto de la voz de James era sumamente doloroso pues se notaba a kilómetros lo culpable que se sentía el chico por no haber hecho nada. Harry hubiera dado la mitad de su vida por consolarle. Decirle que era un chico muy valiente pero que no hubiera podido hacer nada contra los fugitivos pero estaba seguro que su hijo no lo tomaría bien.

Los Aurores llegaron unos minutos después pero Hermione los persuadió de dejarles investigar a ellos primero. Fueron hacia el despacho de Slughorn con la esperanza de encontrar algo. El lugar tenía el mismo aire viejo y suntuoso del que hacía gala siempre el profesor. Harry observó los ingredientes de la poción multijugos desperdigados por el lugar.

—Creo que encontré algo —Neville estaba frente al armario con múltiples frascos. Sin embargo en el suelo se encontraba un enorme baúl de color magenta. Con un movimiento de varita movió el baúl hacia el centro de la habitación y lo abrió. De inmediato el olor a muerte penetró toda la habitación. Neville volvió a mover la varita y el cuerpo sin vida de Slughorn flotó hasta que fue depositado con cuidado en la cama.

—Por el estado del cuerpo debe tener semanas dentro de ese baúl —dijo Ginny que cubrió a Slughorn con una sábana.

—Debieron matarlo cuando lo suplantaron —a Ron nunca le había caído bien el viejo profesor pero definitivamente nadie se merecía morir así —. Pobre viejo.

—Esto es horrible —Hermione arrugó el rostro. Harry siguió observando el lugar esperando que algo le hablará pero todo parecía tan perdido. No existía una sola pista sobre el paradero de los chicos. Observó la repisa de Slughorn con sus alumnos preferidos. Ciertamente nadie merecía tener el final que había tenido Slughorn aunque su muerte confirmaba que eso de ser profesor en Hogwarts siempre resultaba peligroso…

—Que idiota —dijo en voz alta cuando todas las piezas cayeron formando un mosaico de verdad —. Arthur me lo advirtió —Hermione y Ron intercambiaron miradas —. En la nota, él escribió una H, nosotros asumimos que era mi nombre pero nunca fue mi nombre. Era Hogwarts, yo tenía que venir a Hogwarts —Harry siguió pasando su mirada por la habitación de Slughorn —. Pero ¿a qué?

—¿De qué hablan? —Preguntó Ginny observando a su hermano —. Son unos bastardos —rió al ver que ella era la única sorprendida con las palabras de Harry —. Ustedes han estado investigando esta mierda durante meses y no dijeron nada —pasó su mirada por cada persona en la habitación —. Son unos egoístas de mierda. Ahora mi hijo está perdido porque ustedes decidieron ocultar toda esta conspiración.

—Ginny —intentó Hermione pero la pelirroja la fulminó con la mirada.

—De verdad, ahora no Hermione. Quiero saber, ¿quién tiene a mi hijo?

—Los mortífagos fugitivos —le dijo Ron bajando el rostro cuando notó la asesina mirada de su hermana.

—Esto es genial. Ustedes jugando a la maldita Orden del Fénix cuando el peligro estaba en casa.

—Ginny, nosotros no queríamos…

—¿Qué Hermione? ¿No querían qué? ¿Alterarnos? ¿Qué mis hijos supieran que su padre estaba metido en el rescate de su abuelo? Ustedes hicieron exactamente lo que le reprochamos a Dumbledore. Se pusieron a especular apartando a todos y se establecieron al tope de la pirámide decidiendo qué hacer y cómo hacerlo con sus grandes y brillantes mentes. ¿Nunca imaginaron que personas promedio como yo podíamos darles algunas ideas?

—Por favor, Ginny —Neville intentó pero Ginny le vió con profunda decepción.

—Lo siento. No soy una jodida santa, como tú. A veces exploto —Ginny sabía que no ganaba nada con el enojo así que prefirió cambiar toda esa energía y empezar a pensar en algo más —. Papá solía decir que Hogwarts era el lugar más seguro del mundo. Incluso más seguro que Gringotts mientras supieras dónde esconder las cosas.

—¿Crees que papá escondió algo aquí? —Ginny se encogió en hombros.

—¿Por qué más le pediría a Harry que viniera? Slughorn aún no era suplantado.

—Podemos investigarlo —era la primera vez que Draco hablaba desde su llegada a Hogwarts —. Es más sencillo usar legeremancia si se sabe exactamente que buscar —Draco vio a Ginny y entendió que tenía que ser honesto —. Hay algo que debo decirles antes de avanzar —Harry fijó su mirada en el rubio por primera vez desde su llegada —. En las últimas sesiones de legeremancia con Arthur me di cuenta que alguien había modificado sus recuerdos. Hay muchos pensamientos alterados, es como un laberinto complejo.

—¿Por qué no lo dijiste antes? —Le preguntó Neville.

—Supongo que quería estar seguro. Le pregunté a mi padre si alguno de los fugitivos era capaz de hacer ese trabajo y me dijo que no. Así que estamos a ciegas. Quien le hizo eso a Arthur Weasley no es ninguno de los ex mortífagos.

Otro misterio que se sumaba a la lista. Harry sabía que tenían que concentrarse en su objetivo primario: recuperar a los chicos.

—Bien, ya habrá tiempo para investigar eso. Ahora tenemos que dividirnos para poder encontrar a los chicos —Draco asintió —. Entonces ¿crees poder encontrar los recuerdos sobre Hogwarts? —Draco asintió de nuevo —. Bueno, entonces Ron y tú irán a San Mungo. Le avisaremos a Teddy y a George para que se unan a ustedes. Mientras tanto, Ginny y Neville ¿pueden empezar a buscar aquí algún indicio de lo que pudo esconder Arthur?

—Conocemos algunos rincones del colegio por donde podemos empezar ¿cierto? —Ginny asintió.

—Aunque podemos empezar por el despacho. Ese tipo quería entrar y por algo era ¿no crees? —Fue el turno de Neville para asentir. Ginny era una mujer brillante y era maravilloso trabajar de nuevo con ella aunque fuera en algo tan penoso.

—¿Qué haremos nosotros? —Le preguntó Hermione y Harry pensó que lo mejor sería que se quedará. No quería poner en riesgo a nadie pero sabía que Hermione no aceptaría algo así.

—Regresaremos a Noons Corner. Tengo un presentimiento. Tal vez podemos encontrar algo —tal vez a los propios fugitivos pensó Harry con cierta esperanza.


La bruma era espesa y había un sin número de emociones recorriendo cada rincón de la mente de Arthur. Draco se estremeció mientras seguía buscando, era como encontrarse en medio del océano, sin posibilidades de encontrar tierra firme. A cada segundo que avanzaba se encontraba con obstáculos puestos por quien había modificado los recuerdos del señor Weasley; tenía formas distintas, a veces era un velo, una bruma densa, una cortina o conversaciones superpuestas sin sentido pero en medio de ese desastre estaba la verdad.

Con esfuerzo y concentración vio la imagen de un pergamino que flotaba junto con las imágenes borrosas de largos trazos en medio de unas montañas, que pronto se transformaron en el mar y después en una espesa nieve. El gritó de una banshee enfurecida lo sacó de la mente de Arthur con tanta fuerza que lo hizo caer de bruces en medio de la habitación de San Mungo.

—¿Estás bien? —Ron le ayudó a levantarse. Draco se sentía mareado y con cierta debilidad.

—Se está defendiendo. Lo que sea que le insertaron a tu padre es peligroso y no quiere que descubramos la verdad.

—¿Viste algo? —Preguntó Teddy mientras hacía un pase de varita sobre Draco que empezó a sentirse mejor.

—Cosas extrañas pero en medio de eso vi un pergamino y unos trazos en medio de montañas, del mar y de la nieve. Era extraño, tengo la sensación de haber visto algo así, pero… no sé. Quiero decir, no de esa manera, tal vez distinto. Más estilizado… joder, no sé. Maldita banshee, necesitaba un poco de tiempo.

George observaba a su padre que dormía. Tanto para Draco como para él esas sesiones eran sumamente desgastantes. Para George era terrible ver a su padre así pues le recordaba lo culpable que se sentía por lo que había hecho. De pronto George tuvo un recuerdo de su último encuentro con su padre. Él llevaba consigo un pergamino y…

—Mapas…

Ron observó a su hermano. ¿Se estaba volviendo loco? No era para menos, seguro se sentía culpable por tener a su papá en ese estado y con la noticia del secuestro de Albus.

—George, deberías descansar un poco… —sugirió Ron.

—No, no entiendes. La última vez que vi a papá tenía un pergamino y unos mapas... Me hizo un par de preguntas y anotó cosas en su diario pero dentro tenía el pergamino y los mapas. Si, eran varios.

—Mapas… —Draco sonrió —. Si, deben ser mapas. Tenemos que avisarle a Neville. Lo que querían sustraer eran esos mapas —aún había esperanza.


Harry y Hermione caminaron entre los escombros de la cabaña del bosque. En un principio Harry deseó encontrar a su hijo y Scorpius pero pronto se dio cuenta que era absurdo. Los fugitivos no se arriesgaron a volver más que para incendiarlo todo. El lugar estaba lleno de escombros carbonizados y malolientes. Llegó hasta la habitación donde habían mantenido a Arthur. Entre los escombros notó un pequeño broche que llamó su atención. Lo hallaba familiar pero no podía asegurar su origen pues estaba estropeado por culpa del fuego. Aún así se lo guardó en el bolsillo.

—Esto es inútil, Harry. Han destruido todo. Supongo que por temor a que les encontráramos.

—Sí, por un momento pensé que podían tener a los chics aquí —Hermione cogió su móvil y leyó el mensaje —. Es de Ron, encontraron algo. Tenemos que volver a Hogwarts.


—Encontrar un pergamino y un mapa. ¿No pudieron dejarnos el trabajo más sencillo? Es como buscar una aguja en un pajar —dijo Neville que revisaba una montaña de documentos en busca de los mapas.

—Realmente no. Sobre todo cuando tienes la ayuda precisa —Ginny se giró y observó el retrato de Phineas Nigellus Black que les hablaba altivo —. Ustedes vienen de una línea de sangre puras muy antigua, ¿lo saben? Claro que los Weasley siempre han tenido ciertas tendencias… pero los Longbottom… ellos son diferentes. Dime chico ¿tú fuiste el gestante?

—Phineas Nigellus Black —Ginny estudió el retrato —. Usted es el familiar de Sirius. ¿Qué sabe?

—Realmente mucho y nada pero no sé si deba hablar contigo. No pareces muy educada —Phineas dirigió su mirada hacia Neville con interés.

—Sabe que mi hijo tiene sangre Black. Tal vez la última que quede. Tiene un deber moral con su familia, todos los sangre puras lo tenemos —Phineas chaqueó la lengua y le lanzó una mirada mordaz.

—Tal vez, pero no soy el único que necesita recordar que tiene un compromiso con su familia.

—Phineas, basta —la voz de Albus Dumbledore resonó en el despacho —. Lamento que hayan tenido que lidiar con él. Creo que tengo lo que están buscando —el viejo profesor los vio por encima de sus gafas de media luna —. Arthur Weasley no me mencionó que era pero me pidió permiso para guardarlo detrás de mi retrato. Sólo tienen que removerme y por fin sabremos de qué se trata.

—Bueno, eso simplifica bastante las cosas ¿no crees? —Le dijo Ginny y Neville asintió aún estaba un poco mosqueado por las palabras de Phineas Black.

—Lo siento profesor…

Neville descolgó el retrato y encontraron un hueco hecho con magia. Ginny tomó el pergamino junto con tres mapas en perfecto estado.

—Los encontraron. Excelente —Ron y Draco llegaban justo en ese momento —. Es maravilloso. Hermione y Harry no deben de tardar en llegar.

Neville abrió los mapas y se dio cuenta que eran de diferentes ubicaciones y en cada una se marcaba un lugar exacto. Él no alcanzaba a reconocer los lugares pues los mapas no tenían nombres sólo los croquis señalando casas y estructuras. Observó el pergamino que estaba sujetado por un lazo dorado y rojo. Neville deshizo el nudo y al momento de hacerlo escuchó un grito imponente.

—¡NO! —Hermione corrió hasta él y le quitó el pergamino de las manos mientras intentaba hacer el nudo del lazo —. Maldición —Hermione cerró los ojos frustrada.

—¿Qué sucede? Parece que el pergamino sólo es un pedazo de papel inútil —Hermione negó.

—El lazo era el sello de un hechizo inrevelo y tú lo acabas de romper —Neville miró al resto de sus compañeros y, para su terror, Draco estaba completamente libido al igual que Ginny.

—Lo siento, no…

—Quiere decir que Arthur Weasley escribió algo en ese pergamino que sólo él podía leer y, por tanto, revelar. El lazo servía como sello. Así que sólo Arthur podía removerlo. Al quitarlo tú has borrado para siempre el contenido de ese pergamino. Así que, lo que sea que haya escrito, ahora sólo se encuentra perdido en la memoria de Arthur Weasley.

Neville quería morirse de vergüenza por lo que había hecho. Además, Draco se veía devastado, al parecer pensaba que en ese pergamino estaba la ubicación exacta de Scorpius y, lo peor, tal vez tenía toda la razón del mundo.

—No podemos trabajar con algo que ya no tenemos y tampoco podemos dejarnos consumir por la culpa. Aún contamos con Arthur, él ha sido parte fundamental de nuestras investigaciones, y puede seguir ayudándonos. Sólo no pierdan de vista el objetivo que tenemos ahora —dijo Harry con la esperanza de aminorar la carga en los hombros de Neville e intentando calmar a Draco.

—Aún tenemos esto —señaló Ginny hacia los mapas que Harry y Hermione aún no había visto. Harry observó uno de los mapas con interés y al cabo de un momento supo de donde era.

—Es el valle de Godric —Ginny observó de nuevo y se dio cuenta que Harry tenía razón —. Esas son las montañas que lo rodean y éste —señaló Harry la cruz con la que se marcaba la ubicación de algo — es el punto más lejano. Desde allí se tiene una espectacular vista del lugar.

—Este es el bosque de Dean —Hermione dijo aún viendo el mapa en su mano —. Lo reconocería en cualquiera de sus formas. Fue el primer lugar que visite con mis padres después de la guerra, el lugar donde Ron me propuso matrimonio y el lugar donde destruimos el primer horrocrux. Lo recordaré toda mi vida —Ron se acercó y abrazó a Hermione. Con su varita levitó el último mapa que, a su ver, era el más difícil de descifrar porque lo único que había era agua, montañas y un punto negro en medio que estaba marcado con una cruz roja.

—Es Nurmengard —dijo el retrato de Albus Dumbledore —. Al igual que la brillante mente de la señorita Granger, yo tampoco podría olvidar nunca ése lugar. Solo que mis motivos son menos felices.

—Gracias, profesor Dumbledore —Albus asintió sonriendo y se alejó de su retrato.

Harry observó a sus compañeros. Evidentemente la pérdida de la información del pergamino les había afectado pero debían trabajar con lo que tenían y no con la culpa de haber fallado porque eso sólo traía más fracaso. Harry lo sabía por experiencia propia.

Lo mejor era pensar en esos mapas con ubicaciones tan específicas. La atención de Harry fue atrapada por el paisaje del bosque prohíbo y de pronto lo supo.

—Son sus guaridas —sonrió —. Por eso las querían. Todo encaja. Arthur nos llevaba tres años de investigación de delantera. Él descubrió los planes de los fugitivos antes que nadie y también descubrió sus escondites. Por eso lo intentaron eliminar, por eso querían entrar aquí, mientras nosotros no supiéramos dónde se esconden más ventaja nos tienen. Pero Arthur no dio esto —Harry desperdigó los mapas en el suelo —. El bosque de Dean, donde destruimos el primer horrocrux, el Valle de Godric, donde mató a mis padres y la cárcel, donde estuvo el primer mago tenebroso y un bastión de odio y resentimiento. En alguno de esos lugares deben estar los chicos.

—¿Estás seguro? —Le preguntó Hermione y Harry negó.

—Ya no estoy seguro de nada pero es lo que tenemos y debemos trabajar con ello —Harry buscó la mirada de Draco y le pareció encontrar en ella algo parecido a la esperanza —. Bien, lo mejor será dividirnos. Hermione, Ron y yo iremos al Valle. Draco, Neville y Ginny a…

—Nurmengard —dijo Draco con seguridad. Harry, en cambio, no estaba tan seguro de quererlo en un lugar como ese pero Draco no iba a entenderlo así.

—Bien, supongo que Teddy y George pueden ir al Valle de Godric. Me preocupa que vayan solos pero es lo que hay.

—Le diré a Oliver que envié a algún auror. No te preocupes.

—Eso es mejor. No sabemos que nos podemos encontrar. Será sumamente peligroso enfrentarnos a ellos solos —Hermione rió por lo bajo al escuchar a su amigo querer infundirles un poco de respeto por los enemigos cuando él era un temerario de primera orden —. Si los encuentran será mejor que llamen a los demás —era evidente que Harry intentaba ser cauteloso por Draco pero el rubio no parecía muy dispuesto a guardar esas medidas.

Salieron de Hogwarts para desaparecerse hacia los lugares de su misión. Harry buscó la mirada de Draco y la encontró turbia. Saldrían de esta pero no sabía si su relación también lo haría


El olor a salitre inundo sus fosas nasales en cuanto tocaron tierra. Estaban en una pequeña isla donde en pleno centro se levantaba un enorme edificio hecho con monumentales piedras negras que resaltaban con el azul del mar.

—Están aquí —dijo Neville viendo hacia el interior del edificio —. Puedo sentir la magia de Scorpius en este lugar —. Vamos —pero Ginny lo detuvo.

—Me encantaría entrar a romper madres. Créeme, soy buena en eso. Pero podemos poner en peligro a los chicos y no es algo que queramos. Les enviaré un patronus a los demás.

El caballo plateado salió galopando a toda velocidad hacia el océano dejándoles solos y expectantes. Al poco tiempo aparecieron Hermione, Ron y Harry.

—Están aquí —les dijo Neville —. ¿Dónde están los demás?

—Luchando contra una horda de gigantes inferis. Nosotros nos encontramos con dementores que estaban vigilando todo el bosque de Dean. ¿Están seguros de que ellos…?

—Sí. Supongo que nosotros nos encontraremos con cosas peores en este edificio —Draco observó la siniestra puerta doble que les esperaba.

—Intentemos no separarnos

Abrieron la puerta y se encontraron con un frío vestíbulo por el que se colaba el aire por un enorme boquete que se había abierto al fondo. El agua del mar se filtraba por el piso y había tres enormes escaleras que llegaban a tres puertas distintas. Neville fue el primero en dar un paso hacia adelante y pronto sintieron la magia desplegándose.

—¡Cuidado! —Ginny tomó a Neville por la muñeca cuando unas cuchillas transparentes dividieron los caminos. En el extremo derecho se quedaron atrapados Ron y Hermione, en el centro Draco y Harry y en el extremo izquierdo, Neville y Ginny.

—¿Todos están bien? —Preguntó Harry que había cogido una enorme roca y la arrojó hacia la cuchilla. La roca fue pulverizada —. Bueno, no podemos tocarlo —Hermione intentó un hechizo que rebotó y casi dio de lleno en Ron.

—Pues parece que tampoco lo podemos hechizar.

—Subamos, tal vez nos podemos encontrar más adelante —sugirió Ginny mientras empezaban a subir.


Harry y Draco abrieron la puerta y se tropezaron con una oscuridad inmensa. Conjuraron un lumos y se encontraron con una escalera de caracol de hierro forjado completamente oxidada.

—¿Cómo supieron que estaban aquí? —avanzaban poco a poco entre la negrura que no parecía normal.

—Scorpius y Neville tienen una relación muy especial. Es un tipo de conexión. Cuando era pequeño, Scorpius solía llorar muchísimo. Tenía el llanto tan fácil que había noches enteras que pasábamos en vela cuidándole. En aquella época, Neville trabajaba muchísimo, estábamos iniciando el negocio y las plantas no tenían horas para tomar sus propiedades. Scorpius elegía esas noches para llorar a todo pulmón, supongo que porqué sentía que su padre no estaba en casa, Neville era el único que podía aquietarle. Llegaba a casa, lo tomaba en brazos, y el niño se calmaba por arte de magia. Así fue cómo me di cuenta.

—¿Y te dieron celos? —Preguntó Harry con sorna. Era la primera vez desde que todo había empezado que Draco sonreía.

—Al principio. Me conoces. No suelo manejar muy bien el rechazo. Pero tenía su razón de ser, Neville lo gestó. Supongo que era lógico. Luego creció y fue pareciéndose tanto a mí pero sólo físicamente. Su carácter, su amabilidad y su sonrisa los heredó de su padre. Claro, él siempre se sintió en deuda con Neville y eso hace que siempre se decante por su padre.

—Draco —Harry le tomó de la mano y dejaron de avanzar —. Lo vamos a recuperar —Draco le sonrió.

—Lo sé…

La escalera de caracol terminó en un enorme pasillo que estaba más oscuro. La iluminación del lumos ya no era suficiente y a penas y podían ver que había frente a ellos. Instintivamente se acercaron para no perderse.

—Lupin fue a vernos a Grimmauld Place cuando empezábamos con la búsqueda de los horrocruxes. Nos dijo que Tonks estaba embarazada y yo lo acuse de querer abandonarlos, le dije que era un cobarde, le dije que los padres no deberían abandonar a sus hijos a menos que murieran. Fui un hipócrita —Harry tomó la mano de Draco cuando el pasillo se hacía cada vez más estrecho —. No lo entendí hasta que fui padre y me di cuenta que arruinaría la vida de mis hijos si me quedaba a su lado. Así lo supe: a veces encadenar tu destino al de tus hijos es lapidarlos.

—El destino se encarga de ponernos en los lugares necesarios para recibir las lecciones que necesitamos.

El pasillo se estrechó tanto que les era imposible caminar por él. Harry alcanzo a ver que estaban a escasos pasos de la puerta.

—Peguemos la espalda a la pared —empezaron a avanzar lentamente. Harry alargaba la mano intentando tomar el pomo de puerta. Justo cuando lo logró tocarla las paredes empezaron a vibrar —. Qué demonios…

—Parece una…

Draco no terminó de hablar porque fueron arrojados por una fuerza externa. Las paredes quedaron pulverizadas y la luz se hizo por todo el pasillo dándose cuenta que estaban rodeados por trolles de la montaña.

—Cuidado —los trolls empezaron a moverse para embestirlos —. Son inferis —uno de los trolls golpeó un pilar haciendo vibrar la habitación entera.

Harry intentó usar su varita pero un troll lo embistió y lo hizo caer. Draco le lanzó un avada al inmenso monstruo pero no fue efectivo. La horda de trolls corrió hacia él y apenas y pudo esconderse para librarse del golpe.

—Fuego —le grito Harry —. Tenemos que usar fuego —Draco negó.

—No, por favor —Harry esquivó un golpe de un troll y rodó hasta llegar con Draco que tenía los ojos fuertemente cerrados y la varita apretada junto al pecho.

—Draco —el rubio negó sin abrir los ojos —. Por favor. Tenemos que hacerlo sino… —un gran troll de un manotazo destruyó el pilar donde estaban escondidos y ellos salieron volando. Harry hizo levitar a Draco para amortiguar la caída sin embargo él no tuvo mucha suerte. Cayó de espalda sobre el frío suelo y casi pierde el conocimiento.

—Harry… —Draco alcanzó a rescatarlo de ser pisado por uno de los trolls. Harry enfocó a Draco y quiso hablar pero le fue imposible. Sólo pudo ver al rubio levantando la varita y los inferis empezaron a arder cayendo uno a uno. Cuando todos se derrumbaron pensaron estar a salvo pero el fuego no se consumía.

—¿Convocaste un el fiendfyre? —Draco negó. Jamás haría una cosa así —. Esta debe ser una maldición —Harry sabía que estaban atrapados entre el fuego lo único que quedaba era esperar a que los encontraran sin embargo, lo que Harry no sabía, era que los demás estaban lidiando con otras trampas mortales.


Neville y Ginny llegaron al punto más alto de la cárcel. Justo al abrir la puerta una enorme celda cayó del techo. Dentro de ella estaban Albus y Scorpius inconscientes; Neville corrieron hacia ellos pero al tocar la celda (que era trasparente y semejaba a un cubo enorme) se llenó de agua y los chicos abrieron los ojos.

—Parece que nos equivocamos. Esperábamos a Potter y a Malfoy pero habrá que conformarnos con ustedes por lo pronto. Esperemos que sean hábiles y no destrocen nuestra pequeña caja de cristal porque de ser así el lazo del diablo que hay alrededor de los cuellos de sus hijos terminara por matarlos.

Neville y Ginny vieron hacia el cuello de Albus y Scorpius. Rodolphus Lestrange y Augustus Rookwood eran unos psicópatas capaces de todo.

—Empecemo…

Ginny no le dio tiempo de seguir hablando pues le lanzó un confundus que fue esquivado por Lestrange. Así fue como empezó el duelo. Neville casi fue alcanzado por una maldición asesina. Ginny alcanzó a lanzar un cruciatus que Rookwood recibió pero no fue del todo efectiva pues Lestrange alcanzó a darle una maldición.

No sabían cuánto tiempo les quedaba a los chicos pero conforme pasaba el duelo tanto Albus como Scorpius se movían menos.

Lestrange lanzó un cruciatus pero Neville lo desvió convocando un escudo pero, para su mala suerte, la fuerza del hechizo rebotó en la prisión de cristal y a la agrieto. De inmediato el lazo del diablo en el cuello de Albus y Scorpius ejerció presión ahogando a los chicos.

—¡No! —los ojos de Ginny se encendieron y un despliegue de su magia hizo vibrar toda la prisión.

—Expelliarmus —Neville aprovechó la distracción para desarmar a Lestrange. Ginny convirtió su varita en un látigo que aprisionó el cuello de Rookwood y lo sacudió por la habitación dejándole inconsciente, Neville hizo lo propio con Lestrange.

—Tenemos que entrar para liberarlos del lazo —Ginny trasformó una roca en una escalera. Subió en ella para entrar en el agua. Los chicos estaban prácticamente inconscientes. Ginny los liberó y los llevó a la superficie donde ya los esperaba Neville.

—Vamos, chicos —Neville empezó a realizar hechizos para reanimarlos pero sin éxito —. Vamos, vamos, vamos… regresen —Scorpius fue el primero en abrir los ojos.

—Pa… pad —Neville lo abrazó con fuerza. Albus necesitó un hechizo más para cobrar consciencia y también se dejó abrazar por su madre.

—Gracias, gracias, gracias —Ginny lloraba de felicidad —. ¿Pueden caminar? Este lugar no es seguro —Albus asintió —. Bien, vamos…

—¿Estás bien, Scorpius? —El chico rubio asintió sonriéndole a su padre para después abrazarlo con fuerza.

—¡Cuidado! —Ginny gritó viendo como Lestrange se levantaba para lanzar un hechizo con la varita de Rookwood que estaba tambaleándose aún por los golpes que Ginny le había dado. Neville convocó su escudo y el hechizo de Lestrange rebotó yendo a parar directamente sobre Rookwood que terminó con la cabeza diseccionada. Lestrange, al verse superado en número, se desapareció de inmediato —No, no volteen —dijo Ginny y abrazó más fuerte a Albus. Neville vio el cuerpo inerte de Rookwood y también hizo que Scorpius no girara. Era una imagen terrible de ver —. Supongo que lanzó un diffindo.

—Malditos locos. Vámonos, terminemos con esta pesadilla.


Se les acaba el tiempo, Harry lo sabía, tenía abrazado a Draco fuertemente pues el rubio no soportaba el fuego. Lo escuchaba repetir una y otra vez que no quería morir así y Harry le prometió que saldrían de allí a como diera lugar. Empezó a toser por el humo y el fuego cada vez se hacía más abrasador.

—Tenemos que caminar a esa pared —Harry señaló una pared que estaba a unos pasos de él pero Draco no se movió —. Por favor, son sólo unos pasos. Si lo hacemos podremos destrozarla y podré traer agua del mar —había intentado hacer un aguamenti pero sólo había conseguido hacer más terrible el fuego —. Vamos, por favor —Draco abrió los ojos y se encontró con el verde que tanto le gustaba. Sin decir nada empezó a caminar a paso tambaleante hacia la pared. No dejaba de ver los ojos de Harry pues sólo en ellos podía encontrar la confianza que le faltaba. Escuchar las llamas era como oír a Crabbe chillando mientras agonizaba en la sala de menesteres —. Estamos llegando. Bien, en cuanto abra la pared entrara más oxígeno y el fuego arderá más pero después convocaré agua y esto terminara, ¿confías en mí? —Draco asintió.

Harry abrió la pared y el fuego se avivo. De inmediato empezó a azotar el agua del mar hasta que elevó una ola gigante que terminó entrando por el boquete que había hecho. Abrazó a Draco mientras el agua golpeaba en cada rincón apoderándose del fuego. El agua salió de la habitación liberándoles del fuego.

—Todo termino, cariño. Todo ha terminado —Harry le sonreía a Draco que también estaba feliz —. Estamos bien.

—Estamos bien —Draco abrazaba a Harry tan fuerte que le costaba respirar —. Te amo —se lo dijo porque lo sentía y porque necesitaba decírselo.

—Yo también te amo.

Empezaron a besarse sin pensarlo porque se amaban y porque tenían la necesidad de hacerlo. Sus cuerpos festejaban el hecho de estar vivo y juntos en medio de la desesperación.

—¡NOOOO! —El gritó de Scorpius congeló el momento. Draco se separó de Harry para ver salir corriendo a su hijo.

—Scorpius —Neville salió corriendo detrás de su hijo.


Hace poco empecé a revisitar mis historias pasadas de Harry Potter y retire algunas con la idea de intentar mejorarlas y tal vez publicarlas después. En medio de eso releí esta historia y descubrí que me gusto y lamente que estuviera inconclusa, con los últimos dos capítulos hechos al vapor. Luego le di una pasada a la fecha cuando la empecé a publicar: 2018. Han pasado muchas cosas desde ese año hasta acá. Lo único que no ha cambiado es mis ganas de escribir y ahora que tengo ya un tiempo más estable he decidido continuar con esta historia hasta terminarla. Para ello voy a tener que modificar un poco lo que ya había publicado, espero que no les moleste, bueno, si es que siguen ahí para leerme.