Capítulo IX

Llorar


Neville corrió a toda velocidad detrás de su hijo. No sabía si el lugar estaba libre de peligro, no estaba seguro que la amenaza hubiera terminado con la despedida de Lestrange. Trastabilló por las escaleras y por un momento perdió de vista a Scorpius sintiendo que el pánico (más que el dolor) se apoderaba de él.

Siguió bajando a toda prisa, vio a su hijo chocar con Hermione y Ron sin detenerse, cruzó el vestíbulo y salió de la prisión.

—Scorpius —Dijo al alcanzarlo tomándolo de los hombros. El chico se giró para verle y el corazón de Neville se destrozó. Nunca imaginó ver ese dolor en los ojos de su querido hijo.

—¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Es qué no viste?! ¡¿No escuchaste lo que se dijeron?! Deberías estar rompiéndole la cara a ese imbécil. ¡HAZ ALGO! ¡NO PUEDES SER TAN… —los gritos desgarradores de Scorpius pararon. Empezó llorar arrepentido y con el dolor a flor de piel—. Lo siento, no quise —se le quebró la voz.

—Lo sé —Neville lo abrazó tan fuerte que pensó que le haría daño —. Yo también lo siento. Nunca debiste ver algo así. Siempre me sentí orgulloso de ser un libro abierto para ti, pero nunca te conté esto. Está posibilidad. Nunca te conté cómo fue que tú papá y yo terminamos cansándonos a pesar de…

—No lo hagas… de verdad. No empieces a defenderlo porque de verdad no lo soportaría.

No quería hacerlo, pero al menos quería darle una explicación a su hijo para que entendiera de dónde venía toda esa historia. Aunque, por lo que me podía notar, Scorpius no querían ninguna. Él sólo quería marcharse.

—Scorpius… —en cuanto el chico escuchó la voz de Albus escondió el rostro en el pecho de su padre —. Señor Longbottom, yo…

Neville vio la pena y vergüenza en la mirada del chico. Quería decirle que él no tenía nada que ver, que no debía sentirse así. Las decisiones las habían tomado Harry y Draco y sólo ellos eran responsables de ese desastre, pero no podía dejar a su hijo. Ahora él era su prioridad.

—Ahora no Albus, ahora no —dijo Scorpius con voz ahogada entre el llanto y el dolor —. Sácame de aquí papá, por favor. Te lo suplico, sácame de aquí —la voz de Scorpius se iba extinguiendo por el llanto.

Neville no soportó más, simplemente desaparecieron.

Albus se quedó viendo hacia el lugar donde habían estado padre e hijo. Al poco tiempo sintió el abrazo de su madre. Se tragó el nudo en su garganta y agradeció ese consuelo.

—¿Estás bien? —Albus no sabía qué decir. Estaba a salvó, pero algo había cambiado para siempre, para la familia de Scorpius y no sabía si también para su amistad.

—Quiero irme, mamá. Quiero ver a James —Albus levantó la cabeza y vio al señor Malfoy y, detrás de él, a su padre —. Quiero alejarme de aquí —Ginny le sonrió débilmente a su hijo.

Vio a Draco que parecía estar al borde de la locura. El pobre estaba en medio de una pesadilla peor de la que se podía imaginar. Tal vez fue eso lo que le hizo permitirse hablar con él a pesar del claro estado de ánimo de Al que se escondió en su pecho dejando de ver a los adultos.

—Se marcharon hace un momento —le dijo y se despidió de él con un apretón en el hombro, mostrándole un poco de compasión no sin dejar de fijar su mirada en Harry. Tenían una conversación pendiente.

Después desapareció con rumbo al colegio. Ella también necesitaba ver a James y decirle que todo había salido bien por lo menos para ellos.

Draco sentía que su corazón martilleaba en su pecho. Estaba llorando. No se había dado cuenta cuando había empezado pero sus lágrimas habían empezado a correr por su cuello.

—Tengo que irme —dijo para nadie en realidad, pero Harry lo tomó por los brazos. Hermione y Ron observaban toda la escena desde un tercer plano entendiendo sin ninguna explicación lo que había ocurrido.

—Espera, Draco. Espera, por favor —Draco se apartó violentamente de él.

—Suéltame. No me toques —habló con voz ronca pero firme cuando Harry intentó acercarse de nuevo. Sus manos terminaron en el aire bajando poco a poco —. Tengo que ir con mi esposo y con mi hijo. Tengo… —su boca estaba seca; el temor que había sentido antes era poco comparado con el terror que estaba inundando su cuerpo en ese momento—. Tengo que ir con mi familia.

—Sí, por supuesto que sí. Pero no así, Draco. Tienes que calmarte. Es…

—¡Tengo que recuperar a mi familia! ¡No lo entiendes, tú no perdiste nada! —sin esperar más Draco desapareció dejando un aire denso de desesperación.

Harry intentó no tomarse a pecho las palabras de Draco, pero habían calado. Cerró los ojos un momento intentando tranquilizarse.

Todo había pasado tan rápido; el beso había sido tan puro y tan inocente, era horrible saber que su amor estaba dañando a las personas que querían.

—¿Estás bien? —Harry negó. Abrió los ojos y se encontró con Teddy. Al parecer George y él habían llegado justo para ver a Draco marcharse.

—Los chicos fueron rescatados. Están bien… —dijo viendo hacia Hermione y Ron —. Aquí han sucedido otras cosas que nada tienen que ver con los fugitivos —Harry no quería hablar. Lo único que le apetecía en ese momento era marcharse y estar solo en casa para pensar en lo que había sucedido.

Draco le había dicho que él no había perdido nada, pero no podía estar más equivocado. No había querido decirlo, pero tenía la ilusión de que todo ese caos sirviera para acercarlo un poco a sus hijos. Hacerles ver que no era tan mal tipo y construir algo a partir de un evento tan terrible. Pero en vez de eso tuve ese final.

Albus ni siquiera lo había visto a los ojos y tal vez había perdido a Draco para siempre.

De golpe se quedó peor que como había estado antes de llegar a ese lugar.

—Vamos a casa. Te hará bien algo de compañía —Hermione le sonrió débilmente sacándolo de sus pensamientos. Harry quiso negarse, pero sabía que eso preocuparía a sus amigos.

Lo que ellos no sabían era que llevaba meses sobrio. Había dejado su cóctel especial desde la misión a Francia y sinceramente no quería volver a ello por lo menos no ese día. El consuelo que le ofrecía el alcohol no era ni la centésima parte de lo que necesitaba y lo sabía. Y lo peor de la historia era que sabía con exactitud lo que le haría sentir mejor y eso era un abrazo del hombre que seguramente estaba luchando por recuperar a su familia.

—Vamos a casa, chicos —Ron y Hermione le abrazaron antes de desaparecer.


Neville los hizo llegar a la Mansión Malfoy casi por inercia. Había pensado en ir a casa y, para él, esa era su casa por lo menos hasta hace un par de horas.

Scorpius corrió escaleras arriba y Neville le siguió. El chico entró a su habitación, empezó a abrir cajones y a levitar maletas. Estaba lleno de dolor y de rabia. Era terrible verle así. Neville hubiera hecho cualquier cosa por evitarle ese dolor.

—Scorpius…

—No, padre. De verdad no es el momento. Sólo quiero empacar —el chico le daba la espalda mientras colocaba sus cosas en las valijas.

—Hijo…

—Te vas a ir ¿cierto? —Scorpius lo encaró. Su rostro estaba enrojecido, sus párpados hinchados, en la mano derecha tenía una de sus camisetas favoritas y en la otra el único juguete que guardaba con recelo. Parecía tan pequeño, tan desvalido que a Neville le dieron ganas de llorar —. No tienes que contestarme. Sé que te irás y yo no pienso quedarme aquí con… él —las lágrimas empezaron a brotar de nuevo.

—Scorpius, tenemos que hablar… sólo un momento —el chico negó.

—No, por favor, no quiero tu nobleza —Scorpius intentaba controlar su llanto para hablar —. Lo entiendo, papá. Sé que quieres ser bueno y caballeroso. Pero no. Ahora no necesito eso de ti. No quiero que lo justifiques. No quiero escucharte a ti diciéndome nada de esto. Sólo, por favor, vámonos.

Neville guardo silencio y lo abrazo dejándolo llorar en sus brazos por un momento. Sí, quería justificarlo porque sentía que así podía darle a su hijo una explicación, algo a lo que aferrarse para entender de dónde venía eso que le estaba causando tanto dolor, sólo que Scorpius no le estaba pidiendo nada.

—Nos vamos a ir —le sonrió débilmente. Scorpius asintió. De pronto sintió el tiro de magia de la aparición de Draco. Fue un cruel recuerdo de que, a pesar de lo que había visto, aún seguían vinculados. Scorpius también debió sentirlo porque sus lágrimas se hicieron más gruesas, sus movimientos más violentos y furiosos.

—No quiero hablar con él, por favor, papá. No quiero —Neville asintió. Él tampoco quería, pero alguien debía ser el adulto. Además, si no había podido evitarle a su hijo el dolor de ver a su papá con otro hombre, si iba a evitarle el tener en sus recuerdos una confrontación con él que sólo sería hiriente.

Sin decir nada salió de la habitación encontrándose de frente con Draco. Le bloqueo la puerta con su cuerpo, cerrándola después. Draco dio un paso hacia atrás. Quería suplicar perdón, pero las palabras se quedaban atoradas en su garganta.

—Tenemos que hablar —Neville haciendo un hechizo sobre la puerta. Sin decir una palabra caminó hacia la que hasta ese día había sido su alcoba. Draco intentó abrir la puerta de la habitación de Scorpius, pero al tocar el picaporte recibió una descarga que le hizo temblar las manos. Era un claro mensaje.

—Neville —fue el primero en hablar en cuanto entró. Tenía miedo de escuchar lo que su esposo tenía que decirle —, lo siento. Te juro que lo siento tanto. No puedo esperar que me perdones fácilmente, pero quiero que sepas que haré hasta lo imposible para que olviden todo esto.

Neville no le respondió. Con un pase de varita apreció su maletas, Draco se interpuso entre él y lo que estaba haciendo intentando tomarle de las manos pero Neville se alejó de él.

—Por favor, no te vayas —Draco rogaba de rodillas. Sabía que convencer a Neville era el camino para que Scorpius por lo menos lo escuchara. Neville sencillamente lo rodeó y empezó a llevar su ropa a las maletas —. Neville, podemos irnos, regresar a Canadá. Olvidar todo esto. Yo te juro que jamás lo volveré a ver. Te juro que seré el mejor esposo, el mejor padre —intentó sujetarlo por el cuello, pero Neville lo apartó violentamente.

—¿Cuánto tiempo? —La dura mirada de Neville le hizo trastabillar. Era inútil evadir la respuesta a algo tan contundente.

—Desde Francia —Neville rió amargamente.

—Supongo que si hubiera regresado ese día no te hubiera encontrado en casa —Draco bajó el rostro.

—Neville, yo…

—Lo sabía. Sabía que te había enamorado de alguien y tuve mis sospechas si de verdad yo podía tener una oportunidad contigo. No sé qué me paso por la cabeza. Creo que sencillamente quería arriesgarme. Ya no me sentía tan torpe, tan gordo, tan feo, así que dije: ¿Por qué no? Estaba siendo un estúpido —Draco negó e intentó acercarse a él, pero Neville no se lo permitió —. No me amabas en ese momento. No me amas ahora y sé que jamás lo harás —Draco intentó defenderse, decir algo, hacerle saber que las cosas podían ser diferentes, pero Neville no quería nada de él —. Durante años estuve luchando contra un fantasma que no tenía rostro y, ahora que sé su nombre, ahora que por fin sé quién es, me doy cuenta que no tengo nada que hacer a tu lado. Has amado a Harry tanto maldito tiempo que sólo un imbécil se interpondría entre ustedes.

—No, Neville, por favor…

—Lo peor de todo esto es que lo hubiera entendido. Tú sabes, mi estúpida nobleza —Draco cerró los ojos escuchando esas palabras. La misma frase que tantas veces le había dicho con cariño —. Me habrías roto el corazón igual, pero… hubiera entendido. ¡Pero decidiste engañarme! —Neville levantó la voz demostrando todo el dolor que sentía —. Eso no te lo perdonaré jamás —Draco intentó no llorar, pero era imposible —. ¿Cuántas veces me besaste después de besarle? —Draco cerró los ojos —. ¿Cuántas veces llegaste aquí, te acostaste en nuestra cama, deseando estar con él y no conmigo? Cuántas veces tus manos acariciaron su cuerpo… esas manos que después yo besaba con devoción.

—Basta ya, Neville. Por favor, no sigas —Neville no quería parar. Neville quería causarle el mismo dolor que él estaba sintiendo en ese momento.

—Pensé que mi amor bastaría para los dos. Ese fue mi error, pero no me merecía esto. No me lo merecía, Draco.

Draco quería seguir hablando. Su único deseo era tratar de convencer a Neville de quedarse, pero ya no pudo seguir hablando porque Scorpius irrumpió en la habitación.

—Tengo todo listo… —Neville hizo un pase de varita terminando de guardar sus cosas.

—No se pueden ir así… —intentó Draco pero Neville no dijo más, tomó a su hijo por el hombro y se fueron dejando al rubio sumido en el silencio más doloroso de toda su vida.

Se derrumbó en medio de la habitación sin hacer otra cosa más que llorar.


James entró al despacho de la directora con el corazón brincándole en el pecho, fue recibido por el abrazo de su hermano y por fin pudo descansar. Habían sido horas de total incertidumbre, de pensar que jamás lo volvería a ver, de imaginar lo que pudo hacer y no hizo.

—Gracias a Merlín —dijo aliviado luego vio en todas direcciones —. ¿Dónde está Scorpius? ¿Le ha pasado…

—No, no. Él está… —Albus bajó el rostro. Decir que estaba bien era una total mentira — a salvo. Se marchó con su padre.

—¿Qué ocurrió? —James podía ver en la mirada de su hermano que había algo más que no le había dicho.

—Dejen eso para más tarde —intervino Ginny —. Los elfos ya han empacado sus cosas. Se irán conmigo para pasar un par de días en casa —en otro momento James se hubiese puesto muy feliz, sin embargo, es noticia guardaba un trasfondo algo perturbador. Su madre no estaba segura de dejarlos en el colegio después de lo que había sucedido.

—Mamá…

—Sólo serán un par de días. Quiero tenerlos en casa, eso es todo, James —no dijo nada más, pero le tranquilizó el ver que la directora estaba ahí y le sonreía tranquilizadora. Eso le hacía pensar que si regresaría.

En cuanto tocaron el Valle, James se dio cuenta de muchas cosas. Había vigilancia extra, varios Aurores patrullando. Una montaña a las afueras del Valle estaba llena de comandos especiales que habían acampado. Justo afuera de su puerta había tantos hechizos de protección que James no estaba seguro de poder entrar a casa.

Sin embargo, su madre parecía no darse cuenta de nada que no fuera su presencia en casa lo cual era entendible. Él mismo no sabía si iba a ser capaz de perder de vista a Albus sin pensar en lo que había pasado.

Cenaron en armonía sin hablar de lo ocurrido. Albus estaba sano, parecía con el suficiente humor para comer todo lo que estaba en la mesa eso era algo para agradecer aunque Ginny no dejaba de pensar en dos cosas. La primera que el principal culpable de todo había escapado y la segunda, que los secretos pueden destruir familias.

Por la primera no podía hacer nada… aún.

Pero por la segunda, creía que era momento de sincerarse con sus hijos a pesar de las consecuencias que pudiera tener.

—Chicos —Albus y James detuvieron su tarea doméstica para observar a su madre que con un pase de varita hechizó a las ollas para que siguieran lavándose y secándose solas. Ambos chicos supieron que la cosa iba en serio pues su madre nunca usaba hechizos para ayudarles —, necesitamos hablar de algo. Bueno, realmente, yo les quiero decir algo.

Fueron a sentarse a la sala. Los chicos ocuparon el sillón con dos plazas, Ginny prefirió estar frente a ellos, estaba sudando y eso era terrible.

—Bueno, con los últimos acontecimientos, he pensado… —se aclaró la garganta —. Verán, yo no quería ocultarles esto, pero tampoco me gusta ventilar mi vida privada —Ginny vio el desconcierto en el rostro de sus hijos y decidió que lo mejor era hacerlo como si fuera a arrancarse una bandita —. Estoy saliendo con alguien… bueno, realmente llevó dos años saliendo con alguien —James y Albus parecían dos ciervos a los que acaban de lanzarles un cambio de luces en plena carretera.

—¿Tienes novio? —preguntó James. Ginny asintió —. Así como… novio, novio de verdad —Ginny volvió a asentir —. Vaya.

—¿Quién es? ¿Lo conocemos? —le preguntó Albus de manera suspicaz.

—No precisamente, pero deben de conocer a su hija. Estudia en Hogwarts, es mayor que ustedes, su nombre es Diana…

—¿Sales con el padre de la enorme Diana? —dijo James sorprendido.

—¡James! —Ginny lo reprimió con fuerza. Sospechaba que Diana no la pasaba muy bien en el colegio por su sobrepeso, pero nunca había querido hablar mucho de eso. Cada vez que ella tocaba el tema Diana le daba vueltas terminando por hablar de otra cosa —. No está bien que llamen a las personas así.

—Sí, lo siento. No fue mi intención. Es sólo un estúpido nombre que los Hufflepuff le dieron luego sus compañeros empezaron a repetir, luego todo el colegio, pero realmente nunca he conversado con ella —se sinceró James.

—Sí, hijo, lo siento. Sobrerreaccione, supongo. Diana es una buena niña.

—¿Ella sabe de ustedes? —le preguntó Al, Ginny asintió. Tal vez se lo podían reprochar, pero así se habían dado las cosas.

—Theo se lo dijo desde el principio. Ellos son muy cercanos. No es que nosotros no lo seamos. Lo amo y por eso mismo quise estar segura de lo que pasaba entre Theo y yo antes de que ustedes lo conocieran. Theo es… diferente a mí —Ginny empezó a sentirse nerviosa de nuevo —. Lo conocí en el colegio, pero nunca hablé con él. Nos reencontramos en una cena de beneficencia, me causó una gran impresión. Luego, él me invitó a salir, nos empezamos a conocer…

—Una cosa llevó a la otra. Luego terminaron pasando dos años —James estaba entre divertido y extrañado. No siempre se podía ver a su madre tan mortificada.

—Debí decirles antes, lo sé —Ginny se humedeció los labios nerviosa —, nunca he sido particularmente buena en las relaciones de pareja. Me cuesta mucho ceder ciertas cosas de mi personalidad para compartir con alguien más. Sin embargo, Theo me lo ha hecho sencillo — era tan cierto. Theo le daba su espacio, Ginny lo agradecía —. Quiero que lo conozcan; en cuanto el abuelo salga del hospital, voy a presentarlo como mi novio.

—Nos da mucho gusto verte feliz mamá —Albus se levantó y abrazó a su madre.

—Estaremos muy felices de conocerle —James se unió al abrazo. Ginny no podía disimular su alegría. Las cosas habían salido tan bien esa noche.

Tenía tanto que agradecer sobre todo el hecho de poder sentir a Albus entre sus brazos y poder contemplar de nuevo su amable sonrisa.

—Los amo, chicos —ellos la abrazaron más fuerte.

Más tarde, James terminó de colocarse el pijama dejándose caer en su cama. La última snitch que había atrapado estaba descansando en su mesita de noche. La tomó, empezó a jugar con ella elevándola luego atrapándola. Seguía pensando en los acontecimientos del día. Había perdido a su hermanito, había visto a su padre después de toda una vida sin hacerlo, se había sentido como una mierda y, después, todo había acabado cuando Albus había aparecido junto con su madre. Todo eso en menos de veinticuatro horas. Tal vez había envejecido cinco años en ese día, por lo menos así se sentía.

No dejó de jugar con su snitch al sentir la puerta de su habitación abriéndose. Tampoco lo hizo cuando sintió a Albus dejarse caer en la misma cama.

—Pensé que ya dormías —James le sonrió, dejó de jugar— ¿Cómo te sientes? —Albus le preguntó

—Creo que yo debería de preguntarte eso. Estuviste perdido con esos locos —Albus se encogió en hombros.

—Realmente no tuve tiempo de ponerme nervioso hasta que llegaron a rescatarnos. Nos mantuvieron encerrados en una celda con los ojos vendados. De cuando en cuando decían que nos iban a mandar hechos cachitos, pero Scorpius me tranquilizaba diciéndome que, de haberlo querido, nos hubieran matado desde el principio. Supongo que querían hacer sufrir a nuestros padres.

—Lamento no haber hecho nada — Albus negó quitándole importancia.

—Uno murió, así que creo que todo salió mal para ellos. Tú no tienes la culpa de nada. Nadie la tiene —tal vez Albus tenía razón, pero no dejaba de sentirse así —. Por lo menos el secuestro sirvió para dos cosas —continuó Al ante la interrogante en su mirada —. La primera, que mamá nos dijera que está saliendo con alguien.

—Con el padre de la enorme Diana. Esa no me la esperaba —Albus asintió. James se reprendió mentalmente por haber usado el sobrenombre sin quererlo realmente. Diana Nott era famosa entre el colegio por ese mote, al parecer era difícil romper con las costumbres —. Y lo vamos a conocer —James miró hacia el poster de las Avispas —. Mamá tiene razón, nadie debería llamar así a Diana Nott, no es correcto —Albus no dijo nada. parecía concentrado en el techo. Eso le preocupó —. Oye, ¿cuál es la segunda cosa? —intentó regresar su atención

—Darme cuenta que Harry Potter es lo que todos dicen que es —James se incorporó para ver a su hermano a los ojos —. Supongo que Scorpius no quiere que nadie lo sepa, pero contigo es distinto. También eres hijo de Harry Potter.

—¿Qué sucedió? — Al lo miró.

—El señor Malfoy y nuestro padre son amantes —James se quedó en silencio procesando lo que su hermano le había dicho —. O por lo menos lo eran hasta hoy. Scorpius y el señor Longbottom los vieron besándose en medio del rescate — ni siquiera se atrevía a imaginarse la escena. Debía haber sido tan doloroso para Scorpius y su padre enterarse así.

—Es terrible, Al. Scorpius estaba tan orgulloso de su familia. Él creía que el matrimonio de sus padres era perfecto y debió dolerle tanto.

—Estaba destrozado —Albus no sabía muy bien porqué pero empezó a tener ganas de llorar —. ¿Crees que sus papás se separen? —Le preguntó, James notó su tono algo ahogado.

—No lo sé. Supongo que sí. No conozco al señor Longbottom, pero imagino que cosas como esas no se dejan pasar en un matrimonio —Albus se limpió las lágrimas que se le habían escapado antes de que su hermano se diera cuenta que lloraba.

—Me siento tan culpable —dijo al cabo de un rato —. Yo quería que él apareciera. Quería conocerlo porque todos los malditos libros dicen que es un héroe, pero lo único que hizo fue arruinar a la familia de Scorpius. Me siento como si yo le hubiera invitado a hacer eso.

—No te confundas, eso fue cosa de los mayores. Tú no tienes nada que ver. El señor Malfoy fue quien se equivocó. Él que debe de sentirse culpable —vio a Al apretar los labios. Quería llorar y James junto con él porque entendía lo horrible que era pensar algo de alguien y que te defraudara.

—Sólo… no quiero que Scorpius deje de hablarme —James le sonrió tranquilizador.

—No lo hará. Vamos a ayudarle en todo y le diremos que siempre podrá contar con nosotros. Se repondrá, ya lo verás.

Al asintió no muy convencido.


Harry se apareció en Grimmauld Place su casa pasada la medianoche.

Hermione había insistido en que se quedara, pero él lo único que quería hacer era regresar a casa para lamerse las heridas sin que nadie lo viera. Sabía que sus amigos tenían miedo de que recayera, pero esa no era una opción, por lo menos no en ese momento, lo único que le apetecía era tirarse en la cama y pensar en Draco.

Estaba seguro que la estaba pasando muy mal. Hubiese dado su vida entera por estar con él pero le tocaba esperar.

Tal vez para siempre…

Se quitó la ropa entró a la cama. Tenía la intención de dormir doce horas seguidas cuando menos, pero, antes de que siquiera pudiera empezar a conciliar el sueño, un ave empezó a picotear el vidrio de la ventana. Se levantó y vio al búho que le resultaba extrañamente familiar. Cogió el pergamino de la pata del animal que no esperó ninguna golosina emprendió el vuelo de regreso a casa.

La letra era pulcra y ordenada, Harry la conocía muy bien, había leído notas con esa caligrafía durante años. Se lo pensó dos veces antes de romper el sello, lo que menos quería era leer las reclamaciones de Ginny pero en vez de eso sólo había un breve mensaje escrito en el pergamino.

Te espero mañana por la mañana en Hogwarts. Tenemos que hablar.

Harry sabía que esa era una cita impostergable, pero aun así se sentía sumamente nervioso. Enfrentarse a Ginny era uno de sus temores más grandes.

La mañana llegó demasiado rápido para Harry. Muerto de miedo, esa sensación no mejoró cuando Winky apareció en la puerta de Hogwarts, le pidió que fuera al Lago Negro pues allí lo esperaba Ginny Weasley. Caminó todo lo lento que se podía retrasando por todos los medios el encuentro con la que había sido su esposa.

Ginny lo esperaba a la orilla del lago. El sol producía un extraño efecto en la cabellera rojiza de Ginny, la hacía ver casi dorada. Allí, de pie, Ginny, estaba imponente. Sus facciones eran serenas, sus ojos de un azul intenso también brillaban por efecto del sol y sonreía. Ginny era feliz y eso tranquilizó a Harry, por lo menos algo había hecho bien: dejarla para que fuera feliz.

—Pensé que llegarías más tarde —Harry no sabía que decir, no tenía idea de cómo actuar, le hubiera gustado más recibir una cachetada y no ese trato cordial —. Supuse que pasarías muy mala noche.

—La pase —Ginny empezó a caminar y Harry la siguió. Era hasta cierto punto nostálgico; durante su noviazgo habían recorrido ese camino muchas veces.

—Tú también lo recuerdas ¿cierto? Caminamos tantas veces por aquí cuando éramos novios, antes de la guerra, antes de tanta muerte —Ginny guardó silencio un momento —. Por Merlín, estaba tan enamorada de tu concepto. En aquellos años sólo podía ver lo heroico que eras, estabas tan guapo, tan lleno de encanto. Me habías salvado de la muerte, habías salvado a mi padre, le habías traído gloria a mi familia. Estaba tan deslumbrada que de verdad pensaba que viviríamos para siempre una aventura. Así que seguí el camino de la lógica y me casé contigo. Pero al cabo de un año me di cuenta que había cometido un error. Realmente tú no me conocías y yo no te conocía a ti. Notaba que añorabas algo. Pensé que era una familia pero yo quería seguir jugando Quidditch y postergué todo lo posible embarazarme. Pero a medida que pasaban los años notaba como te apagabas; pensé que debía hacerlo por los dos —Harry quería decir algo pero no sabía exactamente qué —. No me malinterpretes, amo a James y a Albus, sin ellos no hubiera soportado lo que siguió, pero realmente nunca quise quedarme en casa y criar a los hijos del gran Harry Potter —Ginny suspiró como si se hubiera deshecho de un gran peso —. Luego tus problemas fueron más evidentes, cada vez bebías más, notaba como te perdías, como querías olvidar con la bebida todo lo que por las noches te impedía dormir. Ahogabas a tus fantasmas y al mismo tiempo intentabas olvidar.

—Mis errores me perseguían a todos lados y el alcohol los minimizaba en mi mente —Harry se quedó quieto viendo hacia el Lago Negro —. Lamento haberte hecho tanto daño. Cuando me casé contigo realmente pensé que podía dejarlo todo atrás; pensé que todo había terminado, pensé que podía hacer feliz a alguien.

—Ambos nos equivocamos, Harry —no podía creer lo que estaba escuchando —. No me veas así —Ginny le sonrió —. Sería muy cómodo de mi parte culparte a ti y a tus problemas. Decirte que tú fuiste quien me abandonó, decirte que eres un miserable. Pero no fue así. Yo también tuve parte de culpa en el fracaso que fue nuestro matrimonio y, con lo que respecta al abandono, creo que yo te abandoné a ti mucho antes que tú a mí, sólo que yo me quedé en casa como espectadora. Lo que nunca entendí fue el porque me prohibiste decirles a los chicos sobre las cartas que les enviabas. Ellos se hubieran sentido mil veces más conectados a ti si hubiéramos…

—No tenía caso. Esas cartas sólo eran pedazos de pergaminos. Era yo diciéndoles que los extrañaba, pero aun así no podía regresar con ellos. Estaba moribundo y en esas cartas me despedía de a poco.

—Pero sobreviviste. Estás vivo y aquí.

—Y sigue siendo tarde para mí. Me he encargado de mostrarles a mis hijos las peores de mis caras. Deben estar avergonzados después de saberlo todo.

—Lo están, Harry. No voy a mentirte. Pero si tú estás dispuesto a defender el amor que tienen, ellos terminarán por entender que tus sentimientos son profundos y verdaderos —Harry observó a Ginny. Siendo jóvenes notó su fuerza y esa inteligencia emocional tan privilegiada que tenía. La admiraba tanto —. Nunca imaginé que fuera Draco, pero ¿qué más da? Yo también estaba allí y vi cómo se besaban. Jamás te entregaste así conmigo. Te vi feliz por primera vez. Más vivo que nunca. Si Draco te hace feliz, lucha por él. La vida es demasiado corta para arrepentirse de amar de verdad.

—No creo que él vuelva —le confesó con pesar —. Tendría que elegir entre su familia y yo, eso es injusto. Draco merece ser feliz. Tener la familia que yo no puedo darle.

—¿Tú fuiste feliz conmigo? —Harry apretó los labios —. Él tampoco es feliz con Neville —Harry suspiró —. Estoy segura que Neville puede amarlo, pero no tardará en entender que el amor no basta para ser feliz sobre todo no cuando es unilateral. Neville es un buen hombre y también merece ser feliz. Tal vez debería hablar con él, decírselo. Si se da la oportunidad puede encontrar lo que de verdad sea para él —Harry la miró extrañado y Ginny enlazó su brazo en el de Harry empezando a caminar —. Estoy saliendo con alguien.

—Me da mucho gusto por ti, Ginny —le tomó la mano afectuoso.

—¿Sabes? Aún no es tarde con los chicos. Vamos a necesitar tiempo, pero puede valer la pena —Harry quería creerle.

—Lo bueno es que tiempo es justamente lo que más tengo ahora.


Narcissa entró a la mansión encontrándola fría y silenciosa. Se sentía tan profundamente la falta del encanto de Scorpius. No tenía que ser una adivina para saber que Draco debía estarse volviendo loco en medio de tanta soledad.

Entró al despecho sin llamar sólo para encontrarse a su hijo sentado en la silla detrás del escritorio viendo como su patronus era repelido seguramente por la magia de Neville. Vio a Draco cerrar los ojos frustrado y triste. Era un espectáculo terrible. Desde que se marcharon no habían vuelto a dirigirle la palabra.

Scorpius ni siquiera les permitía a ellos hablar con él. Todo era tan triste.

—Hijo —saludó a Draco mientras se sentaba frente a él.

—Madre, no te escuche llegar —Draco pareció recomponerse un poco —. He estado estudiando las importaciones que padre me ha enviado —Narcissa lo sujetó gentilmente de la muñeca haciéndole entender que su trata no iba a funcionar.

—No tienes que fingir conmigo, Draco. Es un hermoso día ¿lo notaste? —La mañana había resultado un poco fría pero el sol había aparecido para hacer más reconfortante el día —. ¿Recuerdas cuando salimos de vacaciones?

—Mamá… —Narcissa le sonrió a su hijo y siguió hablando.

—Tu padre siempre quiso que fueras feliz. Después de la guerra se torturo durante años por lo que hizo. Perdió tanto, pero se repetía constantemente que no había perdido lo más importante: A ti y mí —Draco intentó desviar su mirada, pero Narcissa se lo impidió —. Cuando le dijiste que te casarías con Neville por fin pareció sentirse en paz. Neville es un buen hombre, un héroe de guerra, iba a poder protegerte de todo. A mí me preocupo. No porque creyera que él iba a ser malo para ti. Sólo que sabía que no lo amabas.

—Madre, por favor —Narcissa no dejó de hablar a pesar del dolor en los ojos de su hijo.

—Tú padre me convenció de que me estaba preocupando por nada. Después de todo el amor entre tu padre y yo no llegó de inmediato. Realmente tu padre me parecía algo repelente pero terminé enamorándome como estúpida.

—Mamá, no entiendo por qué me dices esto… —Narcissa tomó las manos de su hijo y continuó hablando.

—Yo quería que él triunfará en todo. Quería seguirlo a cada paso, quería creer en todas y cada una de las cosas en las que él creía a pesar de que en ocasiones veía luces rojas encendiéndose por todos lados. Durante la guerra fue cuando me di cuenta que el amor me había cegado por completo, que había seguido a tu padre sin dudar porque realmente lo ama y te puse en riesgo a ti. No sabes cómo me dolió darme cuenta de eso —Narcissa bajó el rostro. No lloraba porque quería continuar —. Verás, eres mi hijo, evidentemente te amo, pero tu padre es el compañero de toda mi vida y, en aquel momento, fue muy difícil decirme entre los dos. Hubo un tiempo en el que no dormía suplicando porque Harry Potter llegará para matarlos a todos; rogaba porque nos liberara… —una solitaria lagrima corrió por la impoluta mejilla de Narcissa que reprimió el llanto —. Fue increíble cuando todo termino por fin y salimos vivos de milagro. Después agradecí tanto que tú fueras tan bueno y me hubieras perdonado todo lo que te hice.

—Madre, ¿de qué hablas? Yo nunca tuve, ni tengo nada que reprocharte.

—Debí protegerte, hijo. Ese era mi deber y no lo hice —Draco negó fuertemente —. ¿Comprendes hijo? El amor en ocasiones nos hace ir por caminos que nunca imaginamos y terminamos cometiendo los peores actos. Esperamos el perdón, rogamos por él, pero no nos arrepentimos porque al final, hicimos lo que hicimos por amor. Tú lo has hecho, lastimaste a Scorpius con el amor que sientes por Harry Potter —Draco abrió la boca sorprendido ante las palabras de su madre.

—Mamá, él jamás me perdonará…

—Lo hará, hijo. Llegará el momento en el que él crezca, se haga hombre, cometa sus propios errores mientras experimenta lo que es el amor. Pero tú no puedes quedarte aquí a esperar que eso suceda mientras tienes la oportunidad de vivirlo.

—Madre, ¿qué se supone que quieres decirme? ¿Te estás escuchando? Me estás pidiendo que vaya tras Harry. Yo no puedo… no debo —quiso ponerse de pie, pero Narcissa lo detuvo.

—¿Por qué no, Draco? Nunca amaste a Neville. Te casaste con él porque fue tu premio de consolación. ¿Crees que no me di cuenta cómo se te destrozó el corazón cuando supiste que Harry se casaba? Neville es un gran hombre, pero no lograste amarlo—Draco apretó las manos y desvió la mirada —, sólo estás rogándole porque piensas que su perdón hará más sencillo el de Scorpius —Narcissa obligó a su hijo a verla —. Pero, te tengo noticias, hijo, eso no sucederá. Es hora de ser feliz. Es momento de que Harry y tú vivan ese amor que se han negado durante años. Si hay dos personas en el mundo que se merecen amar son ustedes. Tú no tienes idea de lo que pasó con Harry cuando te fuiste; fue terrible, todos parecían querer un trozo de él. Gente en la calle se arremolinaba a su alrededor sólo para hablar con él y contarle cómo habían perdido a un hijo o hija y había gente que lo insultaba por no haber llegado antes. Harry era un pobre chico; Dumbledore lo había criado como un cerdo para el matadero, había perdido a todos los que pudieran preocuparse por él e iba por la vida suplicando por una familia. Y lo que todos hicieron fue ponerle más y más responsabilidades sobre los hombros. Luego sucedió el atentado y, todos los que un día lo amaron por ser el niño que venció, pidieron su cabeza. Lo atacaban día y noche, lo asediaron, lo trataron peor que a un paria y terminaron por marginarlo del mundo mágico sin tocarse el corazón recordando que sólo eran un niño cuando nos liberó de Voldemort. Él sufrió, tú sufriste, pero ahora pueden estar juntos. Intenta ser feliz, hijo.

—¿Cómo puedo ser feliz a costa de mi hijo? No puedo mamá. No soy ese tipo de hombre…

—Entonces, ve, ruégale a Neville. Tal vez lo convenzas de regresar contigo, tal vez hasta termine perdonándote porque él realmente te ama, pero no servirá de nada. Aunque pongas un continente entero de por medio entre lo que sientes por Harry y tú, no podrás olvidarlo. Tarde o temprano regresaras a lo que ha sucedido. Serás infeliz, le mentirás a tu hijo, le mentirás a Neville. Ya has hecho sufrir a Scorpius, él ya te ha visto con otro hombre y no lo olvidará nunca si sigues por ese camino. Demuéstrale a tu hijo que ese dolor que le causaste fue por algo que, a la larga, será bueno. Sé feliz, Draco. Ve con él y sé feliz a su lado.

Draco no le respondió, sólo apretó sus manos y empezó a llorar. Ella lo abrazó fuertemente intentando consolarlo.


Harry y Kreacher observaban el plato frente a ellos. El viejo elfo parecía genuinamente contrariado, Harry se dividía entre la decepción y la risa. Para ser su primer postre había resultado una mezcolanza bastante vomitiva.

—¿Quiere que lo pruebe por usted amo? —Harry siguió estudiando la densa superficie por un momento y luego negó.

—No creo que sea buena idea. Lo mejor será deshacernos de él. Creo que me extralimite un poco pensando que podía hacer un tiramisú como primer postre —un fuerte golpe en la puerta les hizo sobresaltar —. Deshazte de esto Kreacher, yo abro, debe ser un vendedor.

Harry no tenía muchas visitas por esos días fuera de Hermione y Ron que había avisado que esa noche cenarían en la madriguera. Abrió la puerta con su mejor cara de fastidió que fue rápidamente superada por una cara de auténtica sorpresa.

—Draco…


El presente capítulo tiene modificaciones respecto al que anteriormente fue publicado. La historia cambia y continua a partir de aquí. Espero que les guste lo que sigue. El próximo capítulo será públicado el día 9 de febrero.