Capítulo X


Desamor


Cruzaron la puerta doble del hospital sintiendo el aroma familiar que Neville tanto recordaba de su juventud. San Mungo prácticamente había sido su segunda casa, el lugar donde podía ver a sus padres.

Aunque ellos no lo recordarán por lo menos fueron un consuelo a su soledad durante años.

—¿De verdad no quieres regresar a casa o al colegio? Hay mejores cosas que hacer en una mañana de sábado que acompañar a tu padre al trabajo. Scorpius negó.

—Estoy bien. Además de que parecías muy entusiasmado con esto. Quiero saber porqué el escándalo —le sonrió a su hijo.

Habían pasado prácticamente dos meses desde que habían abandonado la mansión Malfoy y se habían instalado en la casa de su abuela sólo como primera parada. Neville tenía la idea de buscar una casa para él y para Scorpius pero aún no se había hecho del tiempo.

Scorpius había regresado al colegio una semana después del secuestro pero debido a su delicada situación familiar la profesora McGonagall le había dado un permiso especial para visitarlo algunos fines de semana. Neville lo había agradecido, pues, fuera de su tiempo con Scorpius, se había encerrado en su trabajo.

Si bien el vínculo matrimonial entre Draco y él se había disuelto esa semana no lo hizo su sociedad financiera. Su negocio era fructífero, estaban logrando grandes cosas y era el futuro para Scorpius así que tuvo que llegar a un acuerdo con Draco. Él se encargaría de la administración mientras Neville se encargaba de los recursos.

Habían dejado bien claro en su acuerdo que no se verían más que lo indispensable. Una vez al año en su junta y hasta ahí. Neville no se sentía con la fuerza necesaria para hacerlo más.

Ver a Draco era una constante fuente de dolor.

Durante años se sintió torpe e inadecuado. Demasiado gordo, demasiado feo. Luego llegó Draco y de alguna manera lo hizo sentir diferente, más seguro, llegó a pensar que era algo atractivo… hasta que se terminó.

Y ahora se preguntaba si todo se lo había imaginado. Tal vez seguía siendo el mismo Neville Longbottom torpe e inadecuado.

—Señor Longbottom —la recepcionista le sonrió amablemente cuando llegó a su escritorio —. Le están esperando en la sala de herbolaria.

—Gracias —Neville le correspondió la sonrisa y la mujer se sonrojó levemente algo que pasó completamente desapercibido para él.

Caminaron por un largo pasillo que los llevó al ala de herbolaria recién inaugurada.

—Hay demasiado verde lima en esos uniformes —dijo Scorpius con una mueca de disgusto.

—Vaya que sí. No entiendo a quien se le ocurrió que sería una buena idea.

—Al menos no es blanco —apuntó Scorpius y Neville asintió —. Wow —dijo una vez que estuvieron en la enorme sala llena de plantas medicinales de todo tipo —. Este si que debió ser un trato impresionante.

—Lo fue —Neville se sentía satisfecho de haber sido él en su mayoría el artífice de ello.

—¿Lo conseguiste tú? —asintió. Scorpius le lanzó una mirada llena de orgullo que recordaría toda la vida.

—No sólo es un acuerdo económico. Esto también beneficiará a todos nuestros pacientes. Con este lugar seremos más eficientes y podremos salvar a muchas personas. Tu padre realmente ha hecho un cambio importante —Scorpius miró a la sanadora que le había hablado. Era una mujer tan alta como su padre, esbelta y con una sonrisa amable. El verde lima de su bata resultaba sus ojos y la hacía ver más joven de lo que realmente era.

—Es la sanadora Swan. La directora del hospital —Scorpius la saludo formal. Neville también la saludó.

—Lo estábamos esperando, señor Longbottom. La mesa directiva está en el despacho —Neville no estaba preparado para eso. Él pensaba únicamente asistir a conocer la sala y marcharse para no perder más de su día con Scorpius —. No vamos a quitarle mucho tiempo. Sólo queremos que revises las especificaciones del almacén.

—Yo… es que —miró a Scorpius y luego a la directora.

—Su encantador hijo puede quedarse en la sala de sanadores. Hay un televisor —Scorpius estaba indeciso si la sanadora Swan le caía bien o no. Estaba empezando a sentir que ella lo quería hacer a un lado.

—¿Está bien? —le preguntó Neville. Scorpius asintió sabiendo que era importante para su padre —. Te llevaré a la residencia de sanadores —la sanadora Swan hizo volar un mensaje y a los pocos segundos se apareció junto a ella una persona que Scorpius le sonaba de algún lado y se veía demasiado bien con su pelo azul.

—El sanador Lupin le llevará —dijo la mujer enredando los brazos en el de Neville.

—Neville —Teddy lo saludó con alegría.

—Tanto tiempo —Teddy asintió.

—Desde… la prisión —eso le hizo que Scorpius recordará. No había estado ahí pero su papá lo mencionó entre los participantes del rescate.

—¿Podrías quedarte con él? —le preguntó y Scorpius asintió.

—No te preocupes. Nos pondremos al corriente. Después de todo somos algo así como familia. Le daré un recorrido por el lugar…

—¡No! —respondió la sanadora un poco más fuerte de lo que pretendía —. Quiero decir, es un lugar peligroso para un niño. Será mejor que esperen en la residencia.

—No se preocupe sanadora Swan mi papá me ha enseñado muy bien sobre con qué plantas debo meterme y con cuáles no. Estaremos bien —la sanadora Swan iba a replicar pero era más que obvio que su papá estaba encantado con la respuesta.

Y realmente no era mentira, además, quería conocer un poco el lugar. Se veía asombroso. No iba a dejar que las pretensiones de la mujer lo dejarán fuera de algo tan bonito.

—Si, si, claro, por supuesto. Vayamos a eso, Neville —ella se llevó a su papá hablándole animadamente mientras éste la escuchaba cortes.

—Podemos empezar por aquí —le dijo el sanador señalando uno de los amplios pasillos. Scorpius no dijo nada, simplemente lo siguió.

Caminaron durante varios minutos en silencio, Scorpius sólo observaba el meticuloso esmero que su papá había puesto en el lugar. Siempre le era difícil concentrarse en algo pero cuando se trataba de plantas su papá parecía entrar en una especie de bruja donde todo se le daba.

De pronto el sanador empezó a explicarle cosas de las plantas. Él ya sabía la mayoría pero se le hizo descortés decírselo sobre todo cuando parecía tan emocionado, incluso su cabello azul se había tornado más intenso a medida que hablaba, eso llamó la atención de Scorpius.

Sentía curiosidad, no sólo por el pelo del hombre, también por lo que había dicho antes estando con su padre.

—¿Es cierto? —le preguntó después de esperar un breve momento de silencio. El sanador lo observó —, eso de que somos familia, quiero decir.

—Oh… pues —de pronto pareció un poco tímido —, si, lo es. Mi abuela y tu madre son hermanas —Scorpius había escuchado de ella: Andrómeda. Su abuela la había mencionado de vez en cuando siempre lamentándose por haberse alejado pero nunca haciendo algo por verla —. Sólo que…

—No se hablan —completó y el sanador asintió —. Yo tampoco hablo mucho con mi abuela en este momento. Ella quiere que hable con… él y yo no quiero —para ese momento todos sabían que sus padres se habían separado. La razón no se había ventilado.

Siguieron caminando hasta que llegaron al pasillo de híbridos. Sus padres habían trabajado juntos en esas plantas que creaban pociones sin necesidad de mezclas exóticas. Él muchas veces los había escuchado hablando emocionados. Habían reído y bromeando. Luego se besaban y parecían tan malditamente felices.

—Scorpius, ¿estás bien? —no dijo nada pero se dio cuenta que estaba llorando.

—Estoy tan… enojado —dijo por fin —. Nos engañó tanto tiempo y lo odio por eso. Por cada maldita sonrisa, por cada beso, por todos esos momentos en los que pensé que éramos la familia perfecta. Lo odio por hacerme dudar de eso. ¿Fue feliz con nosotros alguna vez? ¿Lo quiso realmente? Y si no lo hizo, ¿para qué demonios me tuvo?

Estaba tan furioso. Apretó los puños intentando calmarse pero no lo logró.

—Mis abuelos quieren que entienda. Incluso mi padre me dice que no es malo pero… ¿Cómo no puede serlo si destrozó nuestra familia? Si me hizo pedazos a mí y a él. Si lo único que hizo todo este tiempo fue mentir. No, no quiero hablar con él, no quiero perdonarlo —se abrazó a su mismo llorando —. No quiero que duela.

Teddy lo abrazó tan fuerte como pudo. Hubiera querido tener el poder de arrancar esos sentimientos de Scorpius. Era tan sólo un chico. Escucharlo así sencillamente le quebraba el alma y más el saber que no podía hacer nada, únicamente consolarlo.

—Lo siento —le dijo Scorpius aún abrazándole —. No debí perder el control así —Scorpius era un chico de casi doce años. Nadie a esa edad debería tener el control de sus sentimientos, por lo menos no de esa manera.

—Te pueden decir lo que quieran, Scorpius pero la realidad es que tus sentimientos son tuyos. Si quieres estar enojado está bien. Si no quieres escucharlo, está bien. Tú no debes ser responsable de las consecuencias de nada de esto —Scorpius lo abrazó más fuerte.

—Eres bueno con los niños —Teddy sonrió.

—Mi abuela suele decir eso. Dice que soy lo suficientemente tonto como para hacerlos reír —Scorpius negó empezando a sentirse mejor.

—No lo eres. Tal vez un poco… peculiar. Tú cabello por lo menos lo es.

—¿Esto? —Señaló su pelo —. ¿Notaste ese pequeño detalle? —El azul fue cambiado por el verde lima y Scorpius no pudo ocultar su sorpresa —. Realmente es un color horrible para mí —volvió al azul —. Aunque siempre me puedo volver más feo —cambió su cara para tener un pico de pato.

—¡¿Cómo hiciste eso?! —Scorpius no pudo evitar preguntar sintiéndose realmente mejor que hace un momento.

—Soy un metamorfomago como mi madre —Scorpius estaba realmente fascinado. Había leído de ellos pero nunca imaginó poder conocer uno.

—Nymphadora Tonks —Teddy asintió volviendo a su estado normal.

—Ella y papá murieron en la guerra —decirlo así, sin el dolor intrínseco le había llevado años, cómo podían esperar que un chico como Scorpius no pudiera necesitar tiempo para procesar todo lo que le había ocurrido en esos meses.

—Lo siento —le dijo con verdadero pesar. Teddy le revolvió el pelo y le sonrió.

—Yo también…

—Ey, con que ahí están —Neville los alcanzó corriendo —. Los estaba buscando. Pensé que realmente había decidido irse a la residencia —miró a Scorpius que de inmediato intentó ocultar que había estado llorando. Neville no preguntó sólo le tomó de la mano —. Gracias por cuidar de él, Teddy.

—Fue un placer, Scorpius realmente es encantador —Neville asintió.

—¿Te gustaría ir a comer con nosotros? Es lo menos que puedo hacer.

—Me encantaría pero tengo algunos pendientes —Neville lo desestimó.

—Le pedí a la sanadora Swan permiso para sacarte del hospital. Ella comprendió que quería agradecerte de alguna manera —entonces de ser así Teddy no tenía otro remedio más que acompañarlos —. Hay una cafetería a dos cuadras. Venden excelente comida y unos postres.

—Oh, si, mi favorito es el croissant con chispas de chocolate.

—Chocolate. Asombroso —Neville volteó a ver a su hijo. Era la primera vez después de esos dos meses de mierda que Scorpius realmente parecía animado.

Más tarde en la cafetería Scorpius se había parado de la mesa para buscar pastelillos para llevar a casa. Había comido tranquilamente disfrutando después de un pastel de chocolate extremadamente dulce para el paladar de Neville pero que a Teddy y Scorpius los había hecho delirar.

—Había llorado ¿cierto? —Se animo a preguntar viendo a Scorpius muy ocupado escogiendo el perfecto pan relleno de natilla dulce.

—Esta muy enojado y adolorido —Neville miró a su hijo —. No le parece justo que quieran que hable con Draco cuando él no quiere.

—Pensé que le haría bien hacerlo. Después de todo Draco lo quiere, lo sé.

—Tal vez sí pero Scorpius no siente eso. Se siente traicionado. El enojo no es un sentimiento negativo, Neville, sólo es un sentimiento. Si no dejas que Scorpius viva sus sentimientos y el dolor que trae todo esto lo único que vas a conseguir es que se frustre y reprima todo.

—Entonces, ¿qué debo hacer? ¿Simplemente dejarlo así? —Teddy se encogió en hombros.

—Sólo acompañarlo, quizá. Los dos sufren por lo mismo y se entienden. Permítele y permítete sentir todo esto. Así van a poder sanar. Esa es la única manera.

—Vaya que eres bueno y no sólo con los niños. Al parecer también con los padres de los niños —no tienes idea, pensó Teddy.

—Creo que estoy listo, papá —Scorpius llegó hasta ellos con una bandeja enorme de pastelillos —. Tienes que pagar —Neville rió ante la emoción de su hijo.

—Por supuesto que tengo que hacerlo —caminaron juntos hasta la caja donde Neville dejó una pequeña fortuna después de la compra de su hijo. Scorpius separó pulcramente una bolsa que rellenó con varios de sus favoritos y se los dio a Teddy.

—Me divertí mucho hoy. Gracias —lo abrazó.

—Gracias a ti. Y, por cierto, puedes venir cuando quieras a visitarme o incluso ir a casa. A mi abuela le haría muy feliz tu visita —Scorpius ensanchó su sonrisa.

—Gracias, Ted —Neville también se acercó a abrazarlo y Teddy tuvo que reprimir las ganas que tenía de encajar el rostro en el varonil pecho de ese hombre que había poblado sus fantasías desde que lo había conocido —. Te veremos después.

Y con eso se despidieron saliendo del lugar. Teddy los vio a avanzar entre la gente hasta desaparecer.

—¿Por qué tu pelo está rojo, Lupin? —Le pregunto Gray, uno de sus compañeros que no había notado hasta ese momento.

—Porque si, Gray, sólo porque sí —creía que esos pequeños arrebatos se habían quedado en su adolescencia. Se había equivocado. Al parecer sólo había bastado un padre soltero más bueno que el pan para reactivarlos —. Regresemos a la maldita guardia —por lo menos iba a tener un par de horas el aroma de la colonia de Neville impregnada en su ropa.

Eso era algo.


La luz del televisor era lo único que iluminaba la sala de estar. En la mesa de centro descansaban dos copas. Una con un chardonnay de 1924 y otra con un té negro al que se le habían derretido los cubos de hielo desde hacía varios minutos.

Harry estaba encima de Draco haciéndose camino a besos en la piel de su cuello. Jadeó al sentir los labios de Harry deslizándose sobre los suyo, lo acercó con sus brazos, el beso se hizo más intenso. Draco sintió la magia de Harry envolviéndolo y por un segundo pensó que con ella se había abierto la camisa pero habían sido las ágiles manos de Harry que no rompió el beso ni siquiera cuando lo tuvo desnudo.

Las manos de Harry recorrieron su torso haciéndolo estremecer.

—Vayamos al dormitorio, por favor —le dijo entre jadeos sin dejar de besarlo.

—Lo que órdenes —los apareció sin esfuerzo justo en medio de la cama. Harry ni siquiera rompió el beso. Deslizó las manos por sus piernas haciendo que el resto de su ropa se fuera —. Eres tan jodidamente hermoso, Draco.

La voz de Harry estaba ronca y cargada de deseo. Draco cerró los ojos cuando sintió que los besos bajaban por la piel de su pecho, su abdomen y terminaban con una boca húmeda y hambrienta rodeando su erección. Se retorció de placer tomando el pelo de Harry para atraerlo más.

Se retorció buscando más de esa boca, de esa fricción que lo que lo estaba volviendo loco. Estaba a punto de correrse cuando Harry se detuvo de golpe quería matarlo pero lo olvidó por completo cuando vio el derroche de magia que hizo para desvestirse.

Harry se colocó entre sus piernas imponente, masajeándose frente a él, provocándolo, gimió cuando la mano derecha de Harry empezó a estimularlo.

—Tan jodidamente perfecto —murmuró Harry llevando su erección hacia el agujero de Draco frotándose haciendo que su líquido preseminal se quedara en su piel —. Me encanta como te muestras para mí —sintió la humedad y el calor llegando a sus pliegues. Habían tenido tanto maldito sexo que no necesitaba nada más que lubricante para recibir a Harry pero eso no le impedía sentirse derretir de placer al sentir la magia de Harry preparándole —. Cariño —la voz agónica y rasposa de Harry lo hizo gemir —. Quiero entrar en ti, ¿puedo? —Draco asintió frenético.

Las manos de Harry lo sostuvieron por la cadera para entrar en él mientras lo besaba. Draco se sentía pleno persiguiendo el placer y el deseo entre los dos. Enredados entre sus cuerpos y sus beso Draco empezó a mover la cadera deseando sentir más a Harry.

Harry no fue duro al principio, todo lo contrario, fue cadencioso, lento y estimulante. Todos los sentidos de Draco estaban respondiendo al hombre que le hacía el amor. Harry hundió el rostro en el cuello de Draco cuando empezó a aumentar el ritmo de su fricción. Sus cuerpos chocaban, su corazones latían acelerados, Draco podía sentir su orgasmo nacer desde lo más profundo. Gimió su nombre cuando se derramó entre ellos. Harry siguió embistiéndole con fuerza mientras lo besaba hasta que salió de él hasta correrse encima del propio cuerpo de Draco mezclando sus esencias.

—Te amo —dijo Harry desplomándose sobre él.

—Te amo, Harry —sus palabras fueron recompensadas con una boba sonrisa de parte de Harry que empezó a besarlo lánguidamente.

¿Se podía volver a ser adolescente? Al parecer sí porque Draco sentía el febril amor de antes mezclado con algo nuevo y poderoso.

Se enrollaron en la cama abrazados compartiendo caricias destinadas a relajarlos. En algún momento se iban a tener que levantar para asearse para dormir pero por lo pronto estaba disfrutando sólo estar entre los brazos del hombre que amaba. Soltó un suspiro satisfecho que hizo reír a Harry.

—Ese si que es un halago —Draco le golpeó cariñosamente el pecho.

—Cállate, Potter. Sólo estoy cansado —Harry rió. Iban a besarse de nuevo cuando una conocida lechuza empezó a picotear la ventana.

Ginny… los chicos

Se desenredo de los brazos de Draco y fue a la ventana para tomar la nota que le ofrecía el ave que fiel a su costumbre se marchó sin esperar ninguna golosina.

—Es de Ginny —Draco se incorporó alarmado. En esos dos meses no habían tenido noticias de nadie así que temieron lo peor. Draco estaba a punto de vestir cuando Harry rompió el sello y empezó a leer la carta —. Todo está bien —dijo calmándolo al tomarle la mano —. Ginny sólo nos quería saludar, saber cómo estamos y me está proponiendo que nos reunamos con los chicos en algún momento durante las vacaciones.

Draco escuchó únicamente, regresó a la cama, apoyándose en la cabecera. Harry lo acompañó arropándolos.

—¿Qué piensas al respecto? —Le preguntó.

—Bueno, me encantaría ver a los chicos. Es una propuesta muy noble la de Ginny pero no creo que sea tan sencillo. No creo que ellos quieran saber nada de mí —Harry miró la carta como si tuviera la respuesta a una pregunta que no había hecho. Draco le hizo mirarlo. Le acarició las mejillas. Realmente amaba esa estúpida barba que desordenó haciendo sonreír a Harry.

—Pero esto es un comienzo. Puedes acercarte poco a poco y ver qué pasa —Harry asintió.

—¿Me acompañarías? —era tan difícil responder eso.

—No sé, Harry. Déjame pensarlo, aún tenemos tiempo —Harry le besó las palmas y asintió.

De pronto sintió un enorme vacío. Él había intentado comunicarse con Scorpius todos los días. Enviaba lechuzas que no eran recibidas, cartas que no tenían una respuesta, su patronus era repelido. Pensó que por lo menos se reuniría en las diligencias para disolución del vínculo pero Neville nunca llegó.

Sus abogados se encargaron de todo incluso de su arreglo comercial el cual le había sorprendido. Había supuesto que Neville no iba a querer saber nada del negocio si él estaba involucrado. Incluso había redactado un pergamino en el que le cedía todo a su hijo y a Neville para no tener que pasar por negociaciones violentas. Pero Neville sugirió que todo se quedará como estaba, cada uno encargado de algo y hablando lo mínimo indispensable.

Sabía porqué lo había hecho. Neville entendía que su negocio estaba marchando a la perfección y era importante no debilitarlo. En unos diez años serían los hombres más ricos del país y esa era una fortuna que tarde o temprano iría a parar a las manos de Scorpius.

Neville siempre pensando en el bienestar de su hijo.

—Dales tiempo, cariño. Tu mismo dijiste que Scorpius había heredado el carácter amable de Neville. Así que tarde o temprano te dará la oportunidad de escucharte —Draco apoyo su cabeza en el hombro desnudo de Harry.

—Si, Neville es amable y caballeroso. Pero también es testarudo y firme. No sé si algún día su nobleza supere el dolor que le cause —Harry lo abrazó con fuerza.

—Tal vez si hablará con él. Si me intentará disculpar él te daría la oportunidad… —Draco negó. Conocía lo suficiente a Neville para saber que eso sólo empeoraría las cosas.

—Ahora no. Lo conozco. Eso sólo sería un enfrentamiento violento —Harry besó su frente.

—Nunca le haría daño a Neville. No sólo fue un buen hombre contigo, es el padre de tu hijo, eso siempre será algo que respetaré —Draco lo besó.

—Lo sé pero no creo que él vaya a ser tan benevolente contigo —Harry estuvo de acuerdo.

—Y no lo culparía —Draco le dió un beso en el pecho y se acurrucó más junto a él.

Era tan doloso el hecho de pensar que ese gran amor que sentía por Harry lo estaba alejando de su hijo y lo peor era que no podía hacer otra cosa más que esperar.

Ser honesto y esperar.

—En la carta que le envié hoy a Neville le dije que me mudé contigo. Supongo que será lo último que quiera saber de mí en un tiempo —Harry prácticamente hizo que se fundieran en el abrazo que le estaba dando.

Tal vez era un tonto pero tenía la esperanza de que Scorpius en algún momento quisiera escuchar a Draco y hasta que ese día llegará Harry estaría ahí para cuidar de él. Para darle tanto amor como le fuera posible y hacerlo feliz.


Neville miraba el fuego. Tenía la última carta de Draco en las manos. En ella le pedía perdón por enésima vez y le decía que nunca quiso lastimarlo. Le explicaba con palabras bonitas (y no por ello menos dolorosas) que había luchado por dejar de amar a Harry pero no lo había logrado y ahora vivía con él, con el verdadero amor de su vida.

Cerró los ojos intentando no llorar.

Quería pensar que era lo suficientemente hombre para no dejarse derrumbar. Pensó que esos dos meses lo estaban haciendo olvidar, incluso no sintió más que un leve dolor con todas las demás cartas, eso le hizo tener esperanza.

Por lo menos hasta esa carta.

Ahora sentía que Draco le volvía a arrancar el esbozó de corazón que se le había estado formando. Leer esas palabras lo habían matado de nuevo tal vez más que aquel jodido beso. Esa carta era la declaración de que nunca sería suficiente para Draco. Era la prueba de que aún, a pesar de todo, lo amaba pero jamás lo tendría.

Draco ya estaba en dónde pertenecía; recibiendo el amor que realmente deseaba, entregándose a la pasión de quién realmente amaba.

—¿De verdad te vas a quedar ahí languideciendo sin hacer nada? —la voz de su abuela le hizo abrir los ojos.

—¿Qué quieres que haga? ¿Qué vaya tras de él y lo arranque de los brazos del hombre que ama? Están viviendo juntos ahora. Dejó la mansión, se ha mudado a grimmauld place con Harry —su abuela levantó el bastón y le golpeó el pecho.

—Que luches por él. También eres un Gryffindor pese a lo que se crea. ¿Vas a dejar que Potter te lo quite todo otra vez? ¿Vas a dejar que te quite a tu familia cómo te quito la gloria? —Neville desvió la mirada —. Pensé que habías dejado de ser un cobarde.

—¡Es suficiente, abuela! —esa no era la voz de Neville. Scorpius entró a la habitación para interponerse entre su abuela y su padre mirando a este —. Yo no quiero que regreses con él —Scorpius le abrazó —. Tampoco quiero que lo ames. Porque sé que aún lo amas. Lo sé porque lo veías como si fuera todo para ti —Scorpius tomó su rostro entre sus pequeñas manos —. En estos dos meses no lo has dejado de amar pero él no se merece tu amor, papá. Menos cuándo él está tan feliz viviendo con el señor Potter.

—¿Lo escuchaste todo? —Scorpius lo volvió a abrazar con fuerza.

—No vuelvas a leer sus cartas, papá, por favor —Neville tomó a su hijo en brazos levantándose con él.

—Vamos a estar bien. Tal vez no hoy pero estaremos bien —limpió las lágrimas del rostro de su hijo y luego encaró a su abuela.

—Nos iremos de tu casa, abuela —Augusta negó boqueando.

—Neville, hijo, no —Scorpius se abrazo a su padre como un Koala evitando mirar a su abuela.

—Ya lo había pensando antes de esto pero quería esperar a las vacaciones de Scorpius para escoger algo que nos gustara a los dos. Pero es evidente que no podemos seguir aquí. Necesitamos nuestro espacio. Un lugar donde podamos escribir una nueva historia nosotros dos —Neville se movió para salir de la habitación pero Augusta intentó detenerlo —. Sé que piensas que lo haces por mi bien, el hablarme así, quiero decir. Pero no, abuela, no lo hace. Eso en parte fue lo que fomento mis inseguridades y tal vez antes me lo podía permitir pero ahora no. Tengo un hijo, abuela y él se merece la mejor versión de mí que puede tener. Mientras estemos aquí eso jamás sucederá.

Augusta lo dejó ir, tal vez para siempre.


El pergamino cayó en la mesa de forma delicada y Lestrange lo observó detenidamente analizándolo.

—¿De verdad vamos a seguir con esto? —Di Jon asintió —. No tienen ningún caso. Nuestra última incursión prácticamente nos costó todo. Perdimos los escondites, perdimos hombres.

—Pero no hemos perdido los recursos. En cuatro años podré postularme a ministerio.

—Eso no nos servirá de nada si no encontramos el giratiempo —le recordó Lestrange.

—Lo haremos. Lo único que tenemos que hacer es ser más sutiles. Tal vez en el camino consigamos más aliados —Di Jon le lanzó el ejemplar de El Profeta que tenía en primera plana la desastrosa separación de Neville Longbottom y Draco Malfoy.

—Malfoy jamás se nos unirá —Di Jon sonrió.

—Él no pero te sorprendería lo que un corazón roto le puede hacer a un buen hombre.


El próximo capítulo será el 24 de febrero