Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.

Aviso. Contiene lemmon (escenas para adultos), sabes las restricciones de edad que eso implica. Lees bajo tu propio tu propio riesgo, no me culpes insensato.


°*° Capitulo II °*°

~Flashback~

Ya hace un tiempo que Katniss entrega las fresas en la mansión a cambio de unas cuantas monedas, más de lo que podría obtener en el Quemador. Aquella pequeña acción le valió una nueva amistad, puesto que, a pesar de su mutismo, Madge se ha declarado su amiga y ahora recibe las fresas en persona, y pasan cada momento en la escuela juntas. Más allá de aquellos dos lugares, la cocina en la mansión y la escuela, las muchachas no han pasado tiempo a solas. Tienen casi quince años y son amigas, las únicas amigas que ambas tienen y se sienten felices con ello.

Un día Katniss fue a cazar sola porque Gale pescó una gripe. Entonces recaía sobre sus hombros la responsabilidad de alimentar ambas familias, ese era su pacto. Pasaba del mediodía cuando la castaña cruzó la alambrada con su botín en el morral. Por un momento, se quedó petrificada viendo una silueta ponerse de pie bajo uno de los viejos sauces que decoraba la pradera. En algún momento, se habían topado con gente de la Veta, que jamás dijo nada, pero si era un agente de la paz que no estaba de acuerdo con la caza, tendría problemas.

Volvió a respirar cuando la figura alzó el brazo y le saludó animadamente saliendo al sol de otoño y ahí pudo dar cuenta de que era nada más y nada menos que Madge. Suspiró de alivio y se acercó a la muchacha que parecía sonreír más cuanto más cerca estaba la castaña.

— Buenos días Katniss — le ofreció una botella de vidrio repleta de agua.

— No deberías estar aquí Madge, alguien podría verte — siendo ese alguien un agente, o alguien de la Veta, ambos terminando con la niña en manos de un enfadado alcalde.

— Nadie me vio venir… quería ver si te veía en acción, pero supongo que no cazas cerca de la alambrada, fui algo tonta — le notó avergonzada.

— Algún día podría llevarte… si te animas a una aventura — vio como los ojos azules se abrieron con sorpresa y alegría — pero debería ser un día que no venga Gale…

— ¿Lo prometes? — la ojiazul tomó las manos de Katniss y una chispa de electricidad fue desde el contacto hasta el corazón de la castaña que bombeó más sangre a sus mejillas, asintió levemente — Gracias Katniss, no sé qué podría hacer yo a cambio.

— ¿Mostrarme el piano? — Más de una vez cuando la cazadora iba a entregar las fresas, la hija del alcalde estaba improvisando con el instrumento y lo dejaba todo para recibir de buen gusto a su amiga.

— Hecho — susurró Madge que de un segundo a otro estaba pegada a la chica y en un suave movimiento rozó apenas los labios de la castaña.

Duró un segundo, quizás menos. Para cuando Katniss reaccionó, Madge, sonrojada hasta las cejas se volteó y salió corriendo rumbo al Distrito. La dejó allí, conteniendo el aliento, repitiendo el momento exacto en el que Madge lo cambió todo entre ellas.

~Fin Flashback~

La hija del alcalde camina por las calles del distrito con rumbo conocido. Katniss sabe a dónde van, aunque ella no lo haya dicho. Fuera de la mansión, aquel sauce será por siempre el único testigo de su locura. La castaña intentó tomar la pálida mano en dos ocasiones, pero es esquivada y la rubia le saca un poco más de distancia. Les toma veinte o treinta minutos llegar al árbol que vio nacer su romance, que quizás lo verá morir. Katniss saca una manta del morral que lleva y lo extiende para que ambas puedan sentarse. Madge se arroja sobre la suave manta aferrándose a sus rodillas y mira el bosque. Katniss, en cambio, se sienta cruzando sus piernas y observa a la rubia apoyar el mentón en sus rodillas haciéndose cada vez más pequeñita.

— Querías hablar, pero no has dicho ni una sola palabra — susurra la muchacha sin siquiera mirarle.

— Quise hablar contigo en tantas ocasiones, pero estabas tan lejos de mi alcance que fue imposible, yo… debo explicarte…

— No hay mucho que explicar en realidad, todo fue televisado… fui yo quien te dijo que debías aliarte con Peeta… y agradezco que la suerte haya estado de tu parte y te haya permitido volver — Katniss apenas puede verle, pero sabe que la ojiazul está llorando.

— Fue una actuación — suelta de pronto, saltándose varias líneas de su ensayado discurso — yo solo quería volver, él dijo que me quería en las entrevistas y yo actúe en consecuencia… Hice lo que tenía que hacer para volver al Doce, para volver contigo — vomita las palabras con rapidez y por primera vez capta la atención de su acompañante que le mira con lo que ella cree es sorpresa.

— ¿Una actuación? ¿Todo fue parte de una treta?

— No… — murmura avergonzada — mi parte lo fue — le oye suspirar — No es mi intención lastimar a Peeta… tú tenías razón, él es bueno, pero…

— Hiciste que se enamorara aún más de ti — es ahora Katniss quien se sorprende — realmente me lo creí ¿Sabes? Podía verlo en tus ojos, lo mirabas como me mirabas, así que ahora has herido a dos personas con tus actos…

— No fue mi intención Maddie, solo quería sobrevivir y ahora — se detiene debatiéndose entre contarle o no.

— Y ahora hay distritos amotinándose por tu truco con las bayas — vuelve a observar el bosque — mi padre es el alcalde Katniss y yo moría por saber de ti así que le espiaba y en vez de saber de ti oí los motines en el Once luego de lo de Rue y de que Thresh te salvara o como el que quebraran las reglas les dio impulso a algunos para rebelarse ante el Capitolio.

— Es por eso que las cámaras nos siguieron tantos días por el Distrito… buscaban vernos enamorados para mitigar cualquier foco de rebelión…

— ¿Crees que lo lograste?

— No estoy segura…

— Ya… y esta es la vida que te espera ahora… ¿pasearte con Peeta ante las cámaras mientras se odian en la intimidad?

— No lo odio… creo que podríamos ser…

— ¿Lo quieres? — murmura interrumpiéndole, ha sonado tan bajito que podría haber sido un simple quejido.

— No más que a Gale — sincera la castaña y ve como Madge se levanta de un salto y le imita — Alto — le toma de la muñeca cuando la rubia intenta alejarse.

— Eso no aclara nada Katniss, ya no quiero hablar de esto, déjame ir — tira de su brazo, pero la otra es más fuerte, se aferra a la muñeca de la rubia.

— Aún no… debes escuchar lo que tengo que decir antes de que decidas eliminarme de tu vida para siempre Madge…

— No quiero hacerlo, pero siento que estoy obligada a ello — vuelven a mirarse a los ojos y ahora que se han alejado de la sombra del sauce, bajo la luna llena, la rubia no deja de ser bella a pesar de los ojos rojos por el llanto.

— A Peeta… y a Gale — aclara para que no queden dudas — los quiero como te quería a ti — la rubia tuerce una ceja y ella sabe que está siendo muy lenta — antes de aquel día bajo este sauce — y entonces ve la chispa volver a los ojos azules — a ti mi queridísima Madge… a ti te anhelo como desde aquel día y me rompe en mil pedazos que mi jugada con las bayas me impida permanecer a tu lado, pero no podía dejar morir a Peeta, porque él salvó mi vida como Gale lo hizo tantas veces en el bosque.

— Entonces… — se acerca un paso y Katniss desliza su mano desde su muñeca hasta entrelazar los dedos con los de la chica.

— Sigues siendo tú, Maddie, y lamento tanto que tuvieras que vivir en primera persona como…

— Basta — le detiene acercándose hasta unir sus frentes — lo que sea que hiciste para volver a mí no importa… si aún me quieres como yo te quiero — la ojiverde deja de respirar porque es la primera vez que ella lo dice y no puede quedarse atrás.

— Te quiero — sonríe ante la pequeña carcajada de su compañera, toma su rostro con ambas manos y le besa con dulzura.

— Podrás venir a mi casa más seguido — menciona un largo rato después de besarse hasta que sus pulmones ardieron por la falta de aire, ahora yacen una frente a la otra acostadas sobre la manta, resguardadas por el viejo sauce.

— Es una posibilidad…

— Lo es, no tienes que ir a la escuela y estoy segura de que mi padre adorará que su hija pase los días con alguien que no sea el avox de la familia por más que yo ame a mi nana — le acaricia la mejilla — sé que extrañaras el bosque, pero…

— El solo pensar en el bosque en este instante hace que me muera de miedo… — Madge le mira con tristeza — seguro se me pasa y las cámaras no estarán aquí para siempre… el año entrante habrá nuevos vencedores y los trágicos amantes serán historia del pasado — intenta sonreír, pero la ojiazul no le sigue en la mueca.

— Peeta… ¿él sabe? Que tu no le quieres… Parece tan…

— Sabe que debí exagerarlo para las cámaras, pero creo que piensa que aún no estoy segura…

— No puedes lastimarlo Katniss, él es bueno, no lo merece…

— Lo sé Madge, pero tampoco será bueno para él si no fingimos lo suficientemente bien, y mentir digamos que no es su fuerte… pero no quiero hablar de ello ahora, estoy contigo y eso es lo que importa.

Pasan dos horas más, abrazadas, besándose. De tanto en cuanto, Madge le cuenta cómo vivió los Juegos y como en un punto creyó que la perdería y por fin entendió como su madre se sentía. Katniss se abre un poco y le cuenta sus miedos y como en cada momento de soledad, era su familia y la idea de volver a verla a ella lo que le daba fuerzas para seguir. Antes de que amanezca emprenden la vuelta al distrito, tomadas de la mano, cobijadas por la oscuridad. Se despiden con un corto beso frente a la mansión y la vencedora la ve entrar a casa antes de emprender la vuelta a la Aldea.

Dos semanas más tarde, Katniss está de pie frente a la puerta principal de la mansión del alcalde por primera vez en su vida. Está nerviosa, pero respira profundo y toca la campana para anunciarse. Una anciana abre la puerta con una sonrisa y la invita a pasar. Katniss imita la mueca no para corresponder al avox sino por Madge, como casi siempre, la razón de su alegría. Oye el piano e instintivamente se quita los zapatos, esta vez caras botas provistas por el Capitolio y sus pies toman rumbo conocido hasta la sala donde la rubia acaricia las teclas del enorme piano en una melodía alegre.

— Katniss, bienvenida — deja de tocar poniéndose de pie y se acerca hasta abrazarla.

— Madge — susurra la castaña separándola de pronto y volviéndose hacia donde estaba el avox, que ya no está ahí — no deberías hacer eso…

— Si sabes que mi nana es un avox — exclama divertida tomándole la mano llevándola hasta el piano — jamás dirá nada sobre lo que pasa en esta casa…

— Las paredes tienen ojos y oídos — susurra muy cerca de la chica mientras hace sonar las teclas del piano ruidosamente, la ojiazul pone sus manos sobre las de ella haciendo que se detenga.

— No en casa del alcalde cariño — sonríe dulcemente — ¿quieres tomar el té? ¿o prefieres tocar un rato?

— Soy muy mala — niega suavemente y Madge empieza una suave melodía.

— Todo puede aprenderse…

Tocan un rato, Katniss intenta seguirla y poco a poco memoriza algunas melodías fáciles. Luego toman el té con galletas hechas por Peeta, que ha visitado a la hija del alcalde el día anterior. Madge saca el tema enseguida y Katniss niega en rotundo, al menos por el momento, Peeta no sabrá que ella no le ama y a quien realmente pertenece el corazón de la cazadora.

Vuelven al salón simplemente a conversar y pasar el tiempo acompañadas. Se sientan en el mismo sofá, de manos enlazadas y de tanto en cuanto descansan sus cabezas en el hombro de la otra. Una hora antes de la cena, la puerta principal se abre e imperceptiblemente las muchachas se separan y dejan de tomar sus manos. El alcalde parece entusiasmado con la idea de que los vencedores pasen tiempo en su casa e invita a la castaña a unírseles a cenar.

Pasa una velada agradable pero cuando debería salir rumbo a su casa una terrible tormenta se desata. Madge no quiere que salga con el diluvio y el alcalde ofrece hospedarla en la habitación de huéspedes. Katniss pide llamar a su casa para no preocupar a su madre y el padre de la rubia le enseña el teléfono del estudio. La vencedora llama a su casa en la Aldea, habla un momento con su hermana y luego de agradecer al hombre, sigue al avox hasta el piso superior que le enseña la pequeña habitación donde dormirá, así como el baño preparado para que se relaje antes de dormir.

Tiene el pulso acelerado, nunca había pasado la noche en casa de nadie, mucho menos en casa de alguien que le gustara tanto. El baño caliente le hará bien, despejará sus ideas. Se quita la ropa y se desliza por la bañera hasta quedar cubierta por el agua caliente que huele a lavanda.

— Katniss — toca dos veces a la puerta del baño y los colores de la castaña vuelan a sus mejillas.

— No entres — chilla bajito saliendo de la tina y enrollándose en la mullida toalla.

— No lo haré — susurra — deje ropa para que puedas dormir más cómoda…

— Gracias — apoya la espalda contra la puerta sabiendo que la rubia está ahí, del otro lado, y solo un pedazo de madera separa su cuerpo desprovisto de ropa de su…

— Mi padre se duerme a las diez, puntual como un reloj…

Puede escuchar sus pisadas alejándose y la puerta del cuarto de huéspedes cerrándose. Sale y encuentra un delicado camisón color celeste. Se viste y peina su cabello, haciéndose una trenza lentamente intentando entender porque Madge querría que ella vaya a su cuarto luego de que su padre se duerma. Siente su corazón acelerarse y aunque no puede verse en el espejo, sabe que sus mejillas están rojas como las rosas. Sabe porque, alguna vez, cuando ha traído las fresas, se han enredado tanto en aquel cuarto que han debido rearmar sus peinados y acomodar sus ropas con detenimiento antes de que la chica saliera por la puerta trasera de la mansión. Nunca habían pasado más allá de los besos apasionados, ella jamás había estado con un chico tampoco, como se suponía que sabría qué hacer.

Se hunde en la cama cubriéndose hasta la nariz con las sábanas, incapaz de dejar de ver el reloj que marca las nueve y media de la noche. Respira profundo intentando serenarse, pero no puede dejar de pensar en las palabras que su madre le dijo cuando se convirtió en mujer. Ella quiso evitar la conversación tanto como pudo, pero un día su madre la acorraló y la obligo a escucharla. Le habló sobre el cuerpo de las chicas, del de los chicos y sobre los bebés. Katniss creía que era porque Gale estaba en su vida y su madre no quería que ella fuera una madre joven. La escuchó atenta, sobre todo porque su madre hacia poco tiempo que había vuelto en sí y era lo más que había hablado en mucho tiempo.

Así que, tiene la teoría. Su madre le explico a detalle cómo funciona su cuerpo, entonces con Madge debería funcionar, ¿verdad? No es que lo haya probado en su propia piel. Vuelve a mirar el reloj y aún faltan cinco para las diez. Le tiemblan las manos, pero debería probarlo, odiaría hacerle daño a la ojiazul con su falta de experiencia.

Apaga la lámpara que iluminaba tenuemente la habitación y cubre su cabeza con las sábanas hasta acabar oculta por completo bajo la tela. Toma aire y alza la tela del camisón hasta que descubre sus pechos y cierra los ojos con fuerza antes de rozar sus pezones. Siente un cosquilleo a medida que aumenta el roce y ahoga un quejido mordiéndose fuertemente el labio inferior. Siente como su entrepierna se humedece con sus roces y le mortifica un poco que su madre tuviera razón, pero evita pensar en ello. Se sienta en la cama sintiendo su corazón acelerado y roza apenas su entrepierna con su mano ahogando un gemido en su boca. Está segura de que no será suficiente, pero se siente bien, cargada de una energía antes desconocida y cuando enciende la pequeña lámpara, ve que han pasado quince minutos de las diez de la noche. Vuelve al baño, lava sus manos y su rostro sonrojado, asiente cortamente dándose fuerzas a sí misma y pone rumbo a la habitación de Madge.

Puede sentir su corazón bombeando sangre a toda máquina y le impide respirar cómodamente. Esta nerviosa, muy nerviosa, son apenas diez pasos desde el cuarto de huéspedes hasta el de la rubia, pero siente que le toma una eternidad. Nada será igual después de esa noche. Está a punto de girar el pomo de la puerta cuando un nuevo pensamiento inunda su mente, quizás está sobre pensando las cosas, quizás ella solo quiera hablar y besarse como las otras veces. Tal vez Madge no tiene idea de lo que puede llegar a pasar.

— Creí que te habías quedado dormida — la puerta se abre de pronto y la rubia figura de cabello rizado sonríe dulcemente, Katniss suelta el aire que estaba conteniendo — ¿estas bien? — le toma la mano que tiembla ligeramente y la lleva al interior del cuarto cerrando la puerta y poniendo el seguro.

— Estoy bien — musita viendo fijamente la pequeña lámpara que le permite ver a Madge — creí que era mejor esperar un poco más… por las dudas.

— Astuta — no ha soltado su mano, la lleva hasta la cama y se sientan en ella — Hace tiempo no estábamos aquí juntas.

— Es verdad — la mira y le parece adorable como las mejillas de ella se ponen algo rojas cuando entrelazan sus dedos y su otra mano le acaricia los bucles perfectos enredando sus dedos en ellos — Te extrañe…

— También yo Katniss… muchísimo — le besa suavemente acariciando su mejilla — te quiero tanto adorable sinsajo — Katniss frunce el ceño y Madge suelta una pequeña carcajada antes de sentarse a horcajadas sobre ella y tomar su rostro con ambas manos para besarla.

Katniss se sorprende, pero no rehúye el nuevo contacto. Pone sus manos en las caderas de la chica y corresponde aquel beso que inicia lento, pero se vuelve apasionado a medida que falta el aire y corren los minutos. La rubia desarma la trenza de su acompañante hasta que la melena castaña cae suelta sobre su espalda. Las manos de la ojiverde se deslizan por debajo del camisón acariciando por primera vez la piel de Madge que se estremece ante el contacto, pero no deja de besarla. Sus manos, aunque temblorosas, se anclan en la cintura de la chica sin cortar aquel beso apasionado y la obliga a girar hasta que los rizos rubios están esparcidos sobre la cama y Katniss esta sobre ella mirándola con miedo, pero también lujuria.

Madge también tiene miedo, puede verlo en sus ojos, pero también puede ver cómo quiere estar con ella. Lo nota en cómo sus manos se aferran a la tela de su vestido y le sonríe tímidamente. Se mueve un poco, apenas, para apagar la luz y así darse algo de valor. Vuelve a estar sobre Madge y la besa empujando a un lado sus propios temores, ganando terreno con sus manos bajo las ropas de la rubia. Acaricia la piel suave sintiendo como ella se acomoda bajo su cuerpo y suspira ante el contacto. Un rayo ilumina el cuarto cuando Katniss está terminando de quitar el vestido de noche de su acompañante y alcanza a verla tímida y desnuda bajo su cuerpo y se siente cohibida y absolutamente ruborizada.

No hay tiempo para dudas, no ahora que Madge ha ganado terreno igualando las condiciones y ambas solo lucen sus bragas como única vestimenta. Katniss respira profundo antes de tomar impulso y poner sus manos sobre los pechos de su acompañante, acaricia suavemente la zona más oscura, esperando una reacción. La rubia ahoga un gemido en su mano y arquea apenas su espalda, lo que la ojiverde toma como una respuesta afirmativa y continua con algo más de vehemencia, sumando sus labios en la labor, lamiendo y succionando uno de los pezones mientras pellizca el otro suavemente con su mano.

Madge sigue ahogando gemidos en su mano mientras la otra se aferra a la melena castaña. Susurra el nombre de la cazadora rogando atención y esta vuelve a sus labios besándola con lujuria. Giran en la cama quedando enfrentadas, vuelven a besarse acariciando el cuerpo de la otra y esta vez es la ojiazul la que toma la delantera acariciando desde uno de los pechos de Katniss hasta su entrepierna aun cubierta por una única prenda intima. Se miran, y aunque apenas pueden verse saben que ambas están ruborizadas y algo asustadas, pero se siente bien, se sienten bien. La mano inexperta de Madge se interna bajo la delicada tela tocando por primera vez aquel sitio inexplorado. Roza tímida la anatomía de su compañera que gime bajito estremeciéndose a su lado.

— Madge — es un susurro bajito cargado de placer.

— ¿Te hice daño? — se separa de pronto y la castaña no puede evitar el quejido, la dueña de casa enciende la lámpara de su mesa de noche.

— N-no — intenta detenerla para que no la encienda, pero es demasiado tarde, ahí están, una frente a la otra casi desnudas por completo, gotas de sudor perlando sus cuerpos, sus mejillas rojas y los ojos oscuros cargados de lujuria.

— Lo… lo siento — no evita mirar el cuerpo que recién descubre frente a ella — ¿Quieres…

— Apaga la luz ricitos — musita la castaña tomándola por la nuca y besándola mientras la aludida se estira para volver a sumirlas en la oscuridad.

Siguen besándose, se tumban en la cama nuevamente y sin separarse se internan en las bragas de la otra. Katniss se enfoca en aquel botón que hace que Madge gima bajito entre sus besos y se le apegue más. La ojiazul, se adelanta un poco introduciendo un dedo en el interior de su acompañante que le muerde suavemente el labio inferior gimiendo su nombre nuevamente. Poco a poco se dan placer, descubriéndose a sí mismas y a la otra, acabando en un revoltijo de sábanas, camisones extraviados, abrazadas y temblorosas después de descubrir el placer del clímax a manos de su amada. Se duermen, apegadas, sonrientes, sabiendo que luego de aquella noche, nada podrá separarlas.

Katniss despierta de pronto ahogando un grito en su mano, saltando de la cama respirando agitada. Tiembla de arriba abajo desconociendo el cuarto en el que ha despertado, recordando con claridad como Rue se desangraba en sus manos en aquella pesadilla, sintiendo el calor de la sangre de su pequeña amiga aun en sus manos que lucen limpias cuando las revisa. Quiere llorar, pero lo embotella porque alguien se revuelve en la cama de la que saltó un instante atrás. Se vuelve hacia la rubia que en algún punto encontró su camisón y la ve dormir por unos minutos. Se viste observando el reloj, hace un tiempo que amaneció, observa por la ventana que ya no llueve y de pronto se siente mal, muy mal.

Abandona la habitación de su amiga de puntillas y vuelve al cuarto de huéspedes. Se viste con la ropa que traía ayer y baja las escaleras. El alcalde toma su desayuno en el salón y le ofrece unirse. La vencedora agradece el gesto, pero asegura que su madre debe estar esperándola. Sale de la mansión luego de despedirse del hombre y camina lentamente recorriendo la parte comercial del distrito hasta la Aldea. Intenta acallar las voces en su cabeza que le gritan por sentirse feliz luego de sobrevivir a los Juegos, habiendo matado a tantos, dejando morir a otros. Siente como su garganta se cierra, quiere llorar, pero qué dirán los pocos comerciantes que la ven caminar frente a sus casas y la saludan con afecto.

Llega a la Aldea y da un vistazo a la casona de Peeta. Sabe que él está despierto, como ella, tenía una rutina que iniciaba antes de la madrugada previo a los Juegos, aquel habito no se había esfumado, solo se le habían agregado las horribles pesadillas. Se para a pensar en él, lo que hizo con Madge, también le afectaba al chico, y ahora no evita llorar mientras entra en su nueva casa y se refugia en el cuarto que ya no debe compartir con su hermana. Ser vencedora, ella sabía que no sería fácil, pero de pronto parecía aún más difícil de lo que podía soportar.


Y así como lo ven termino el segundo capítulo o.o Pido especial paciencia teniendo en cuenta que es la primera vez que escribo algo así entre dos chicas. ¡Acepto comentarios constructivos!

Con cariño atentamente, Anna Scheler.