Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.

Nota de autora. Los hechos a partir de este capítulo empiezan a alejarse muy mucho de lo canon, respetando su esencia, pero tomando demasiadas libertades creativas, espero sea de tu agrado.


°*° Capitulo III °*°

Poco a poco empieza a acercarse el día, la Gira de la Victoria, y posteriormente el anuncio de las reglas del Tercer Vasallaje de los Veinticinco. El tiempo pasa rápido cuando te mantienes enredada en los brazos de tu persona favorita. Katniss lo sabe, cuando como cada semana se despide de su amada en el portal de la mansión del alcalde del distrito para volver a la Aldea donde su aliado la espera para tomar el té.

Peeta… el rubio ha hecho lo imposible para mantener la relación que nació en aquella cueva en la Arena. Ella se mantiene firme en su amistad por sobre el cariño que el chico busca profesarle. Se besan para las cámaras que vuelven ocasionalmente para la entrega de alimentos que recibe el distrito por sus amados vencedores. Mas allá de aquellas ocasiones, son amigos, intentan conocerse el uno a la otra y reacomodarse en aquella vida de privilegios.

Se buscan, en las noches, no se lo ha dicho a Madge aún. Cada noche, como un reloj marcando la hora, las pesadillas aparecen, hacen que despierte gritando, buscando tributos ocultos bajo la cama y mutos dentro del espacioso placard de su habitación. Entonces baja las escaleras y con cuidado sale de su casa para cruzar la calle y adentrarse en la oscura casa del panadero. Siempre acaba en su cama, lo suficientemente lejos de él para que no parezca romántico, lo suficientemente cerca para que él pueda proteger sus sueños. Porque, aunque quiera negarlo, a su lado, las pesadillas no son recurrentes.

Él también la busca, pero sería raro que entre en su casa, teniendo en cuenta que Prim o su madre podrían verlo. Peeta solo sale de su casa y arroja unas pequeñas piedras estratégicamente colocadas bajo la ventana de la castaña que tiene de por si un sueño liviano y entonces la historia se repite. Ella abandona su hogar para cobijarse junto a su aliado, cuyas pesadillas siempre la incluyen a ella y entonces siempre se verá envuelta en sus brazos, para que él pueda volver a conciliar el sueño.

La Gira de la Victoria termina por ser un desastre. Disturbios, asesinatos, promesas que jamás podrá cumplir y fiestas a las que nunca quiso ir. Culmina en el Capitolio bajo la desaprobadora mirada de Snow y sabe, en el fondo de su corazón, que su vida pende de un hilo y aun así lo que más le preocupa es lo que pueda pasarle a Peeta por lo que ella no logró hacer, su familia, la de ella y si Snow llega a saber, que podría pasarle a Madge. Volver al Doce es una bocanada de aire fresco. Prim, su madre, Madge y Gale con su familia están ahí para recibirla, pero nada parece sacarle de su humor gris. Y entonces vuelve la vista a Peeta, quien supo ser su roca durante aquel viaje, a quien se atrevió a besar sin la presión de las cámaras y le supo a culpa. Aquel chico que lo intento todo por salvarles, incluso pedirle matrimonio de una forma tan bonita que de haber sido real le habría hecho llorar. Es él quien pesa en su conciencia, porque ahora le conoce, es alguien más que un simple chico que un día salvó su vida y no puede seguir mintiéndole.

— Este lugar es precioso Katniss, gracias por traerme — es una hermosa mañana, la pradera luce verde y viva, y la brisa mueve las ramas de su sauce preferido de manera idílica, ella asiente — He ido a la pradera detrás de la Aldea, pero no se siente igual.

— Quizás porque esa parte está custodiada por agentes de la paz que no te dejan moverte sin su autorización — ríe ella sentándose en la manta que acaban de acomodar a la sombra del árbol.

— Tienes un punto válido, pero es un bonito lugar para pintar — ella sonríe, le ha visto practicar su talento de vencedor — lamento si esto es algo pronto, pero pareces tener algo que decirme y no puedo evitar estar nervioso.

— ¿Cómo lo sabes? — musita con la boca llena de pan de queso que el rubio le ha ofrecido, tiembla ligeramente evitando mirarle a los ojos.

— He aprendido a entender tu lenguaje corporal — sonríe y ella trata de calmarse, respira profundo — ¿Tienes noticias de Effie? ¿De algún vencedor?

— No, no es sobre eso — faltan pocos días para la lectura de las reglas y ambos mueren por saber que les deparará en su primer año como mentores — es… sobre mí y nosotros — le señala y a ella intentando respirar profundo.

— Oh… supongo que debí verlo venir ahora que está claro que Snow no se creyó lo nuestro— hacen contacto visual y los ojos azules jamás se vieron tan fríos — Tienes que decirlo Katniss… por favor.

— Hay alguien más — se le llenan los ojos de lágrimas al verle desviar la mirada con una mueca de dolor — Lo siento Peeta, yo nunca quise hacerte daño.

— ¿Gale?

— N-no…

— ¿Quién? ¿Puedo saberlo? — sigue sin mirarle, se ha puesto en pie y mira a la alambrada, ella no puede dejar de verlo.

— Yo… — suspira, no puede seguir mintiéndole — Madge, es… Madge — él se vuelve y la mira con sorpresa frunciendo el ceño levemente — Lo siento — se pone en pie — sé que es tu amiga también y sé que es inesperado, pero fue antes de los Juegos… mucho antes, ella y yo…

— Jamás podrás estar con ella, en público… — aquello le dolió más que si le hubiera abofeteado — Lo siento no quise decir eso, es que me tomó por sorpresa, tu…

— Lo sabemos — ahora ella mira al bosque, aún no ha entrado desde que volvió de los Juegos — pero no podemos evitarlo… nos queremos Peeta.

— Gracias por decírmelo — carraspea apenas volviendo a sentarse, toma algo de agua.

— No quiero perderte Peeta… sé que es egoísta, pero eres mi amigo… mi aliado en estos Juegos fuera de los Juegos y no soportaría perderte, pero tampoco podría seguir fingiendo que todo está bien…

— No podrías perderme Katniss, somos vecinos — sonríe, ella sabe que es por compromiso — luego de los Juegos, le prestarán atención a su nuevo vencedor y pasaremos a ser historia… ya no tendremos que fingir para las cámaras, en un poco más de tiempo diremos que no funciono — suspira profundamente, vuelven a cruzar miradas — y seguiremos siendo amigos que una vez fueron falsos amantes.

— Peeta…

— Me tomará un tiempo… pero no me dejes de lado, ¿vale?

— Jamás lo haría — le ve levantarse, tomar sus cosas y sin despedirse se aleja poco a poco de ella, del sauce, dejándola con una sensación de abandono en el pecho que le obliga a llorar hasta recuperarse.

Unos días más tarde su burbuja estalla. Anochece y todos los televisores de Panem se encienden a la vez. Snow aparece imponente frente a un estadio lleno de capitolinos que aplauden entusiasmados a su dictador. Luego de su discurso, unos niños aparecen en pantalla cargando una bandeja de plata en la que descansa el sobre con las reglas para los próximos Juegos. Peeta y Haymitch están en sus respectivas casas y Katniss comparte sofá con su madre y su hermana viendo como su mundo se desmorona.

Se pone de pie tan pronto que se marea y cree que va a desmayarse, pero es más fuerte que eso. Su madre ha dado un grito que sabe se ha sentido en las otras casas. Prim llorisquea intentando abrazarla, pero ella la aleja, sus pies responden más rápido que su mente y cuando se da cuenta ya ha tomado la cazadora de su padre y esta fuera en el frio. Peeta y Haymitch en sus respectivos portales la miran como si ella fuese un animal aterrado al que hay que contener. Los ojos llenos de lágrimas le impiden ver bien, pero echa a correr de todas formas. Escucha los gritos de su mentor, los de su amigo, que le pide que se quede, pero no puede. Necesita salir de ahí.

Corre hasta que sus pulmones no dan más y se encuentra desorientada cuando en lugar de ir a la alambrada como quería acabo frente a la mansión. Es muy tarde para irse, Madge la ha visto y sale precipitadamente por la puerta principal para arrastrarla dentro y aferrarse a su figura como si la vida se le fuese en ello. La rubia llora desconsolada y ella solo puede abrazarla, quizás algo preocupada de que el padre de la chica pueda verlas allí en medio del hall de entrada abrazadas como algo más que un par de amigas lo harían.

— Katniss — ha pasado algo más de una hora, la cazadora parece ausente, solo se ha sentado en el sofá del salón y mira un punto fijo lejos de su amada que se aferra a su mano con fuerza — Katniss, cielo — le roza la mejilla y su mano helada lo parece sacarla de su ensoñación.

— No sé porque vine aquí… quería ir al bosque.

— Me alegra que lo hicieras, es tarde, el bosque habría sido peligroso.

— No más peligroso que los Juegos… Madge debo volver a la Arena — los ojos azules se encuentran con los gris tormenta — No voy a salir de esta ricitos…

— No digas eso, por favor — la abraza con fuerza acercándola a su pecho — ganaste una vez…

— Con mucha suerte, patrocinadores y Peeta… ahora hay vencedores con años de tener al Capitolio a sus pies y Peeta… él apenas me dirige cinco palabras si las cámaras no están en frente.

— Katniss — la castaña se separa, levantándose del sofá y yendo a ver por la ventana como una nueva nevada cubre el patio trasero de la casa del alcance.

— Lo siento Madge, nunca quise ser la causa de tu dolor… prométeme que no seguirás los pasos de tu madre — la ojiazul se pone en pie y le toma de los hombros con algo de rudeza — no pierdas la cabeza por mí, te mereces a alguien mejor — le toma de las mejillas uniendo sus frentes — vuelve a enamorarte Maddie…

— Cierra la boca Everdeen — la aludida le ve con sorpresa— no oses despedirte de mí, ¿me escuchas? — le agita por los hombros un poco — ni se te ocurra despedirte de mí a meses de que ocurran los Juegos cuando aún puedes ganarlos, te lo prohíbo.

No deja lugar a que la castaña replique, le abraza por el cuello y le besa. Katniss tarda en responder, primero porque jamás se habían besado en el salón donde cualquiera pudiera verlas y segundo porque aún puede sentir las lágrimas de su amada resbalando ahora por su piel. Se separa apenas y le susurra que no es el lugar. Madge se sonroja y le toma de la muñeca guiándola por las escaleras hasta su cuarto donde vuelven a amarse hasta el amanecer.

Cuando los primeros rayos entran por la ventana, Katniss deja la seguridad de la cama de Madge que apenas se remueve. Se viste en silencio y sale en puntas de pie rogando no encontrar al dueño de casa. Se le ha hecho costumbre desaparecer de la cama de su amada al amanecer. Antes era la culpa, hoy es su cabeza que no para de pensar en los Septuagésimo Quintos Juegos del Hambre.

Se aleja de la mansión, manteniéndose en calles poco concurridas, no puede darse el lujo de enfrentarse nuevamente a los agentes de la paz. Su reloj pulsera marca las siete de la mañana cuando se interna en casa de su mentor. Esperaba encontrarlo sumido en la bruma del alcohol, tirado en el sofá, pero le oye tararear una canción y puede oler el té favorito de Effie escapando por la puerta de la cocina.

— ¿Largo paseo no crees preciosa?

— Lo siento…

— ¿Estuviste en el bosque? Tu "primo" fue hasta la alambrada y estaba encendida así que supusimos que te quedaste al otro lado.

— Haymitch — musita entre dientes la castaña señalando la pared y su oído a la vez—

— No te preocupes preciosa, hace años que el Capitolio perdió el interés en mí, además, destrocé el sitio en busca de sus malditos micrófonos.

— ¿Esa es una opción? — alza una ceja aceptando la taza de té caliente, el mayor ríe con ganas negándole — sí, lo supuse.

— ¿Qué te trae aquí tan temprano Katniss? ¿Vienes a pedirme que me presente en su lugar? Porque él me hizo prometerle que te protegería desde fuera, que se lo debía por abandonarlo en los primeros Juegos.

— Haymitch — le tiembla el labio inferior, sabe que está pidiendo demasiado — él se merece vivir… se lo debes… se lo debemos — desvía la mirada de los juzgadores ojos de la Veta que le observan — No puedo verlo morir en la Arena…

— Deja el acto Katniss — sisea el mentor — tu no lo amas — la castaña voltea a verle y siente su corazón latir con fuerzas — ayer… él dijo que estarías bien y volvió a entrar en su casa, pude verlo en sus ojos, rompiste su corazón muchacha y ahora ¿quieres salvarlo?

— Porque rompí su corazón, él debe vivir y no podrá lograrlo si entra en la Arena.

— ¿Y podrás verme morir a mí? — la ojigris aprieta los dientes dejando escapar las lágrimas que había estado conteniendo — Si sale mi papeleta… y Peeta se presenta voluntario…

— Lo habré herido en vano cuando sus últimos momentos a mi lado podrían haber sido una dulce mentira — se limpia las lágrimas, consiente de pronto de que todo podría terminar en apenas unos meses.

— Jugaste con fuego Katniss… y te quemaste, le pasó a los mejores — se señala — Si sale su nombre… me presentaré voluntario, te lo prometo.

— Y si tu nombre sale y Peeta se presenta voluntario… lo cuidaras a él antes que a mi — Haymitch le sostiene la mirada unos segundos y luego la desvía la mirada asintiendo con tristeza — y le dirás a Madge Undersee que jamás quise a alguien como a ella pero que si no sigue con su vida tú te encargarás de torturarla — finge una sonrisa a la espera de que su mentor se fije en la broma más que en sus palabras.

— Madge… ¿la hija del alcalde? — la castaña asiente con los ojos llorosos — oh preciosa tú y yo nos parecemos más de lo que a ti te gustaría… se lo haré saber…

— Hay algo más — se le estrangula la voz, el mayor carraspea a la espera de su última declaración — mi… mi familia.

— Oh, ni lo pienses, aunque tu no estes aquí, y si el bastardo de tu amante trágico no me deja ir a jugar…a tu madre y tu hermana jamás les faltara comida y techo chica en llamas.

Las demostraciones de afecto no eran lo suyo, pero afrontar la inminente probabilidad de su muerte lo puso todo en perspectiva. Rodea la mesa y se aferra al vencedor que le acaricia la cabeza con un gesto paternal y le dice que es hora de volver a su casa. Ella obedece y vuelve a su hogar justo cuando Prim esta llegando a casa de la escuela. Le toma de la mano y la guía hasta la alambrada.

— ¿Qué ocurre? — pregunta con temor la rubia siguiendo los pasos de su hermana que brinda una sonrisa fingida a los agentes que custodian la zona.

— Han florecido las prímulas de la alambrada y quiero mostrártelas — contesta ella más alto de lo que necesita solo para ser oída y apura el paso, las flores llevan allí mas de un mes, pero debía tener una excusa para llevarla a aquel sitio — observa el bosque y solo susurra, ¿me comprendes?

— Son las flores favoritas de mamá — menciona algo alto asintiendo levemente — ¿Dónde pasaste la noche? ¿Estas bien? — susurra aferrándose a su mano.

— Todo estará bien — acaricia una de las trenzas sin dejar de ver el bosque — debo decirte algo… pero no puedes reaccionar de ninguna forma…

— Tengo trece años Katniss, no soy una niña.

— Lo sé patito…

— ¿Fuiste al bosque anoche? Gale fue a la…

— Estaba en casa de Madge — responde interrumpiéndole.

— Oh — suena confundida.

— Madge… es mi novia hace casi dos años Prim… — mira de reojo y puede ver como su hermanita tiene los ojos abiertos como platos y una mueca de sorpresa absoluta — ¿Prim?

— Eso explica muchas cosas — le abraza de costado con fuerza — ella debe estar aterrorizada también…

— Lo está… lo estamos, pero sé que no hay forma de escapar a este destino — le acaricia la cabeza con una mano abrazándola más con la otra.

— Katniss — la siente llorar.

— La única razón por la que te lo estoy diciendo es porque… si yo no vuelvo, me gustaría que confiaras en ella, puede ser de ayuda — le obliga a alzar la mirada— después de ti, ella es mi persona favorita — intenta sonreír, pero su pequeña hermana no deja de llorar así que ahí se quedan, por unos minutos llorando abrazadas hasta que oyen a su madre llamarlas para almorzar.

No deja pasar muchos días después del anuncio para obligar a los dos vencedores a ponerse en forma. Si el Uno y el Dos podían entrenar hasta convertirse en profesionales, ellos también podrían. Había algunos factores en su contra, como la pierna de Peeta, o los problemas de Haymitch con el alcohol, pero dentro de sus posibilidades, lo estaban dando todo. Lucha cuerpo a cuerpo, perfeccionar su puntería con arcos traídos del Capitolio, enseñarles a Peeta, Haymitch y porque no a su pequeña hermana supervivencia básica en el bosque, aunque jamás logró que ninguno de los tres se acercara a aquel sitio más allá de la pradera. Cada día entrenaban algo nuevo, alguna habilidad que pudiera destacarlos de su competencia, de aquellos vencedores de años que probablemente aún se dedicaran a rememorar sus días de gloria.

Sus días de descanso eran los fines de semana. Los domingos los dedicaba a Gale y a la caza. Volvió al bosque poco después de que las reglas del Vasallaje salieran al aire. Si debía volver a la Arena, no podía temerle al bosque, y volver a internarse en aquel sitio junto a su compañero de caza le hacía sentir a salvo. Cazar, ahora por deporte más que por necesidad le recordaba un poco a aquellos que debieron morir por su causa en los Juegos, aun cuando sus flechas solo mataron a Marvel y a Cato, sus habilidades y las de su pequeña aliada le valieron la muerte a otros tres tributos que pesaban en su conciencia. Gale la impulsaba a tomar aquel miedo y convertirlo en fuego, si iban a cazarla, ella debía ser mejor, sus instintos por sobre los otros veintidós tributos que tratarían de matarlos a su aliado y a ella por el bendito truco de las bayas.

Los sábados, la historia era otra. Se ponía ropa decente, de la que su escolta estaría orgullosa y acababa casi siempre en la mansión del alcalde del Doce para una tarde de té y galletas con su "amiga". Tenían una especie de rutina para evitar preguntas, no siempre dormía en su casa, a veces Madge le visitaba en la Aldea y habían ido algunas veces al bosque, más por insistencia de la rubia que porque Katniss quisiera exponer a su novia a los peligros que los animales salvajes representaban.

Ese era el acuerdo para aquel día. Eran las cinco de la mañana y Katniss esperaba pacientemente a que la rubia apareciera para cruzar la alambrada hacia el bosque. Era un día especial, el ultimo día. La cosecha era al día siguiente y después de ello Katniss estaba segura de que no viviría para regresar a los brazos de su bella perdición. Ha trepado algunas ramas en el sauce para no desentonar en la pradera y observa hacia la Veta, allí donde estaba su antigua casa, esperando ver por entre las ramas al amor de su vida aparecer con prisas.

— Lamento la demora sinsajo — sonríe viéndola descender de aquel sauce con destreza.

— Y yo haberte pedido que dejaras tu cama tan temprano — llega a la base y sin tapujos toma el rostro pálido de su acompañante y le planta un suave beso en los labios — Buenos días ricitos.

— Buenos días — susurra ella sonrojándose, se apega apenas y vuelve a besarla.

— Lo siento, pero debemos apresurarnos si queremos llegar a tiempo — le sonríe dulcemente y tomándola de la mano se acercan a la alambrada.

Se detienen y por unos segundos solo se oye el sonido del silencio y el respirar de ambas jóvenes. La castaña toma una piedra pequeña y la arroja contra el alambre y este no suena. A pesar de ello, Madge le mira con pánico cuando la cazadora toma el alambre con su mano desnuda haciendo fuerza hacia arriba mientras con su pie impulsa hacia abajo el alambre inferior creando espacio suficiente para que ella pase primero y luego le siga Katniss.

Caminan tomadas de la mano, en un silencio para nada incomodo. Madge apenas se maneja en aquel sitio, pero sabe a dónde se dirigen. Cuando llegan al árbol ahuecado por el tiempo y la cazadora toma su arco, ella tiembla esperando que su acompañante no lo note porque las armas la ponen nerviosa. El siguiente destino es incierto para la hija del alcalde que le sigue los pasos a su amada procurando caminar con cuidado para no alertar a los animales salvajes. Les toma algo de tiempo, pero aún hay algunas estrellas en el cielo cuando llegan al paisaje que la castaña ansiaba mostrarle.

Madge suelta el aire de pronto, anonadada del espectáculo que surge frente a ella. Suelta la mano de su novia y camina unos pasos hasta que el césped se convierte en piedritas y unos pasos más allá el lago las recibe en todo su esplendor. La ojiazul no cabe en su propio cuerpo, extasiada de aquel sitio escondido que su amada estaba obsequiándole. Más aun cuando los primeros rayos de sol empiezan a iluminarlo todo con un tono rosado que hace que a ambas se les acelere el corazón.

Katniss camina a paso lento hasta llegar a Madge que se ha sentado frente al lago a ver el amanecer. Se sienta a su lado y la rubia apoya la cabeza sobre su hombro volviendo a aferrarse a su mano. Observan la maravilla de un nuevo día y ambas lloran en silencio, fingiendo que la otra no puede oírla, sabiendo en verdad que la otra lo sabe.

— Prométeme que volverás, que lo intentarás al menos — siguen mirando al lago, pero aprieta el agarre en su mano — prométeme que no te dejarás matar por los antiguos vencedores y que lo harás todo por volver… todo — la castaña sabe que se refiere a Peeta, a que haga uso de aquel mito que eran los trágicos amantes.

— Lo prometeré si tú me juras que si no vuelvo no seguirás los pasos de tu madre y seguirás con tu vida — fija su mirada en ella, pero Madge no voltea — Júralo…

— Sabes que no puedo hacer eso Katniss Everdeen — se suelta del agarre para limpiar sus lágrimas y voltea a verla — Te amo desde hace tanto tiempo que es probable que lo hiciera aun cuando no éramos siquiera amigas… ¿cómo podría simplemente olvidarte y seguir con mi vida?

— Madge… aun si las reglas de los Juegos no fueran así… tú y yo teníamos los días contados — la aludida frunce el ceño — en un año cumplirás dieciocho, irás al Capitolio a que te adiestren para suceder a tu padre y te obligarán a desposar a un comerciante… a tener sus hijos y a seguir la historia del distrito al pie de la letra.

— No lo sabes… quizás podríamos…

— ¿Crees que Snow dejaría que una de sus vencedoras se case con una alcaldesa? No eres tan ingenua…

— No quiero escucharte…

— Sabes bien que aun si sobrevivo no podremos estar juntas…

— Hallaríamos la forma — masculla por lo bajo soltándole la mano.

— Prométeme que encontrarás a alguien más si no vuelvo Madge… — ve como se pone en pie y le imita.

— Entonces tú también — Katniss le mira sin entender — si yo debo hacer planes ante el hipotético caso de que tu no regreses porque si los Juegos no fueran los Juegos no estaríamos juntas — suspira tensándose — entonces tu debes prometerme que volverás, y que si yo debo encontrar a alguien más a quien amar… tú también lo harás.

— Eso no tiene sentido — sonríe apenas, pero deja de hacerlo ante el rostro sereno e inexpresivo de su amada — está bien, lo prometo — extiende su mano.

— Entonces yo también lo prometo — le tiembla el labio inferior al estrecharle la mano, se miran a los ojos por tanto tiempo que están seguras de que se han perdido en el caos interno de la otra.

— Te amo Madge Undersee — le suelta la mano solo para estrecharla contra su cuerpo.

— Te amo Katniss Everdeen — susurra la ojiazul aferrándose a la cazadora de su compañera antes de impulsarse a besarla.

Se quedan un buen rato admirando el lago, besándose y acariciándose. Luego recogen las trampas, cosechan las fresas y vuelven al pueblo separando sus caminos solo por un rato. Al atardecer de aquel día vuelven a encontrarse en casa de Madge para amarse una noche más, porque probablemente fuese la última y la vencedora vuelve a escaparse al alba porque su corazón no podría despedirse una vez más de ella.

El día de la cosecha Katniss está sola en el sector de las chicas, Peeta y Haymitch a solo unos pasos de ella, separados por una insípida cuerda. Nadie se traga el discurso de Effie y el aire esta tenso cuando el video de Snow se reproduce en la pantalla grande. El corazón de la cazadora late tan fuerte en su pecho que está segura de que todo el distrito puede oírlo. Le zumban los oídos cuando la falsa voz de su escolta pronuncia su nombre y aunque sabe que no hay nadie que pueda presentarse voluntaria, la mujer sobre el escenario espera unos minutos al grito que nunca llega y ve subir a su amada vencedora por las escaleras haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no abrazarla con fuerzas.

Proclama que es el turno de los varones y Katniss no puede dejar de ver los ojos de la Veta de su mentor a la espera de que cumpla su promesa, pero el nombre equivocado brama de los labios de la capitolina y en el silencio que le sigue, el grito de Peeta clamando ser voluntario llena la plaza del Distrito. El mayor intenta detenerlo, pero el panadero lo quita del medio y acorta los pasos hasta el escenario subiendo los escalones con la frente en alto, tan distinto al niño que un año atrás subía cabizbajo y le temblaba el labio inferior tratando de aguantar el llanto. Ese día se posiciona frente a su compañera tributo, le toma la mano y con la otra hace la señal del distrito. Katniss no puede más que aferrarse a la mano tibia de su aliado e imitarle, y con ella todo el público.

Puede ver a su madre con los ojos llorosos, a Prim sobre los hombros de Gale que le mira con tristeza y un poco más lejos pero ahí, entre la gente, está ella, con el mismo impoluto vestido blanco del año anterior, haciendo la señal del distrito, viéndola a los ojos y esbozando un te amo en sus labios rosados.

Es ella la primera en gritar mientras señala a sus espaldas, pero es tarde. Los agentes de la paz rodean a los tributos y los obligan a entrar al edificio de la justicia y acto seguido los meten en un coche del gobierno y los llevan a toda prisa hasta el tren. Sin besos ni despedidas, nada es como la última vez. Katniss llora en silencio abrazada a Peeta que solo se atreve a acariciarle la trenza y apegarla a su cuerpo.

El viaje al Capitolio es rápido. Se entretienen viendo a los tributos elegidos y los Juegos en los que se proclamaron Vencedores. Una vez en la Capital son llevados al centro de entrenamiento donde son aseados y embellecidos para la caravana de presentación de Tributos. Todo ocurre a prisas, apenas tienen tiempo para hablar entre ellos o con sus estilistas y equipos de preparación.

En un abrir y cerrar de ojos están frente a sus carruajes, con vestimentas imponentes viendo como los otros tributos se saludan entre si como viejos amigos que son mientras ellos dos son los nuevos con los que nadie quiere hablar. Solo Finnick se acerca a Katniss e intenta coquetear antes de que Peeta aparezca a salvarle. Puede notar también como la chica del Siete no deja de mirarlos y siente algo, apenas un atisbo de celos de que este admirando a Peeta. Pero es solo un momento, porque luego los carruajes empiezan a salir y cuando es el turno del Doce, todos miran a los trágicos amantes que han dejado de ser dulces niños de dieciséis que no sabían verse ante las cámaras. Ahora son casi adultos con diecisiete. Se toman de las manos y saludan a su público, les demuestran que, como los carruajes anteriores, este porta vencedores, capaces de captar las miradas de los patrocinadores y ganar adeptos, aunque sean los últimos, en distrito y en vencer.

Luego del espectáculo y de que su mentor les presente a algunos de sus amigos, se suben al ascensor que los llevara a la última planta y a su tan ansiada cama. La chica del distrito Siete se sube con ellos halagando sus vestuarios e insultando a su propio estilista por la falta de imaginación al pensar en el distrito de los árboles.

— ¿Que se siente ahora que todo el mundo quiere acostarse contigo? — pregunta la leñadora sacándose unos pesados brazaletes de púas que arroja al piso del ascensor que se mueve con lentitud.

— No creo que — empieza a decir Katniss observándole la espalda a la muchacha que sigue desarmando su peinado.

— No hablaba contigo chica en llamas — le guiña el ojo a Peeta acercándosele de espaldas — ¿Me ayudas?

— Yo lo hago — farfulla la castaña empujando apenas al rubio para acceder a la cremallera del horrible vestido de la vencedora, deslizándolo lentamente asegurándose de rozarle apenas la columna con sus dedos.

— Gracias — entona alegremente volteándose hacia los vencedores del Doce deslizando las mangas por sus brazos y luego bajando por completo el vestido hasta dejarlo a sus pies — Eres muy amable Doce — la castaña puede oír a Haymitch bufar risueño y a Peeta contener la respiración, echa un vistazo al esculpido cuerpo de la chica frente a ella y justo cuando el elevador se detiene en el séptimo piso vuelve a fijar la vista en la mirada de ella — debemos volver a vernos.

— Cuando quieras Siete — exclama imitando el tono de voz, pero haciendo una mueca ahora que le ha dado la espalda y sale del aparato sin mirar atrás.

— Tu si sabes cómo hacer amigos preciosa — la castaña lo fulmina con la mirada y sale despedida del elevador cuando este llega a la doceava planta.


¿Es un final terrible para esta capitulo? Si, no voy a negarlo, pero me estaba pasando de páginas en Word y decidí cortarlo aquí, a partir del siguiente capitulo nos meternos de lleno en el segundo vasallaje, ¿alguien más emocionada con los cambios que pueden surgir? Al momento de escribir esto, no se ni lo que hare jajaja, pero espero que estén ansiosas por leer.

Con cariño atentamente, Anna Scheler.