Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.
°*° Capitulo IV °*°
El inicio de los Juegos llega con abrumadora prisa. Apenas tuvo tiempo de ver como se comportaban el resto de los tributos/vencedores y de intentar elegir aliados y ver a Haymitch burlarse de sus opciones. Ella solo quería a Peeta, porque solo en él podía confiar, el resto, amigos de años, solo serian una amenaza. Es por eso que cuando el engreído del Cuatro le salva la vida para luego enseñarle el brazalete de oro que debía estar en manos de su mentor, Katniss no puede más que ahogar la maldición tanto para la persona frente a ella como para el maldito ebrio. Al menos hasta que el pescador corre a ayudar a su aliado y falso amante.
La primera semana es una bruma. Para cuándo se encuentran con Johanna, Beetee y Wiress cubiertos de sangre, lo único que puede recordar es casi perder a Peeta dos veces y dejar ir a Mags en medio de la niebla venenosa. El cuerpo le duele, quiere llorar cada cinco minutos y no puede dejar de temblar, pero reencontrarse con vencedores que no quieren matarla le reconforta, porque, aunque quisiera negarlo, estaban más seguros con un número mayor de aliados.
— Doce — murmuran detrás de ella cuando se ha alejado del grupo para observar el calmo lago esperando vislumbrar enemigos o que trampa se activará — ¿monos en la costa?
— Literalmente el único lugar al que no parecen acercarse — le sonríe cortamente y la leñadora suelta una carcajada — gracias por salvarles — señala a los tributos del Tres.
— Tu estas descerebrada por quererlos como aliados, pero aparentemente… tus deseos son órdenes.
— ¿Qué se supone que significa eso? — intenta mirarle fijamente, pero la castaña desvía la mirada.
— ¿No se supone que la flamante chica en llamas lo tenga todo? Su familia, el chico de sus sueños rendido a sus pies — observa a Peeta a unos cuantos pasos de ellas — un país vitoreándola…
— Tienes demasiadas expectativas en mi Johanna… Peeta y yo somos los últimos en llegar — casi involuntariamente, posa una mano sobre la rodilla de la mayor que deja de mirar al panadero para fijar la vista en su mano — estoy segura de que tus patrocinadores…
— Oh cierra el pico Doce — le observa con lo que Katniss solo puede entender como odio mientras se pone en pie sacudiéndose la arena del traje — no tienes idea de lo que dices.
Katniss observa a la chica volver con el grupo y a su vez a su vecino acercándose. Peeta se sienta muy cerca y toma su mano, enseñándole en la otra el collar que Effie le entregó para hacer juego con su pin. Lo abre y su madre, su hermana y Madge le observan con sonrisas instaladas en pequeñas fotografías que hacen que a la muchacha se le llenen los ojos de lágrimas. El panadero le insiste en que es ella quien debe volver a casa, que deje de intentar salvarle y ella no miente cuando le dice que ella lo necesita vivo y sella aquella conversación con el beso más puro que le ha dado frente a las cámaras, porque le aterra perder a su mejor amigo y le aterra aún más verlo morir sin poder salvarle cuando él la salvó de tantas maneras.
Unos días más tarde, cuando ya han perdido a Wiress y casi matan a Peeta por tercera vez, Katniss está segura de que a su alianza le queda poco tiempo si no quieren matarse entre ellos, pero el ultimo tributo del distrito Tres tiene un plan y los obliga a ser partícipes.
Allí esta ella, acunando un enorme ovillo de alambre dorado a través de la jungla con un único objetivo, llegar a la playa para dejar allí el carrete y lograr electrocutar a los profesionales con el plan de Beetee. La acompaña Johanna y esta insegura, hubiera preferido tener a Peeta a su lado, pero el hombre lo exigió como custodia y la leñadora se ofreció a acompañarla de muy buena gana, quizás con demasiada efusividad.
El plan se tuerce cuando casi sin mediar palabra la mayor se arroja sobre ella para que no las encuentren los tributos del Uno y aprovecha a hacerle un corte bastante profundo en el brazo derecho con su enorme hacha, ahí donde Cinna le colocó el pin del Sinsajo antes de que lo viera morir a manos de los agentes de la paz.
— No grites, te lo suplico Doce, no grites — Katniss hace caso omiso chillando por sobre la mano ensangrentada de Johana que le cubre la boca mientras con su otra mano hurga en la herida que le ha abierto en el brazo — ya, lo encontré — murmura con una sonrisa triunfal enseñándole un artilugio del tamaño de una píldora, el rastreador que le ponían antes de iniciar los Juegos — quitaré mi mano si me prometes no gritar como una desquiciada — le susurra quizás demasiado cerca de su rostro, viéndola con una vehemencia que le hizo enrojecer a pesar de estar perdiendo sangre, asiente rápidamente y la castaña la libera.
— No podías advertirme maldita sea — musita a unos centímetros de la otra castaña.
— Se darían cuenta los matones princesa, es hora de salir de aquí — le guiña el ojo y le obliga a seguir camino hacia la playa.
— Salir… ¿dónde está el tuyo? — Johanna apenas voltea a verle con una mueca de sorpresa mezclada con angustia que no le gustó nada.
— No lo sé y no importa… no tengo salida Doce, andando — le toma del brazo apurando el paso.
— Tenemos tiempo — murmura ella abalanzándose sobre la chica que forcejea y Katniss no sabe si está actuando o si realmente quiere sacársela de encima.
Empiezan una lucha ficticia en la que Katniss pasa sus manos en busca del pequeño bulto y Johanna se resiste hasta que las manos de la menor amenazan con ahorcarla. Ambas dejan de respirar y Katniss sonríe triunfal, sentada a horcajadas sobre la chica sintiendo con su dedo índice el pequeñísimo bulto detrás de la oreja de su acompañante. Toma una de sus flechas y hace un pequeño corte que hace gemir quedamente a la otra vencedora que no evita el grito cuando la chica en llamas hace presión para quitar el rastreador.
Se la quita de encima con lágrimas en los ojos y ahí lo puede ver, por primera vez, la esperanza en los ojos marrones. Sale corriendo, como si escapara de ella, con rumbo hacia la playa y Katniss le sigue, rollo de alambre en mano y finge no verla cuando Johana se esconde malamente y ella pasa por su lado para abandonar el montón de alambre sobre la arena húmeda de la costa.
Johanna vuelve a aparecer en su visión y ella vuelve a correr, "buscando" a su presa. Ponen rumbo al árbol que no puede quemarse, y está segura de que no puede faltar mucho para que los truenos hagan aparición y pongan en marcha el plan del genio informático. Todo cambia cuando llegan al valle en el que está el imponente árbol y no hay rastro ni de Peeta ni de Finnick y los truenos ya están cayendo. Puede ver a Beetee inconsciente y casi pierde el aliento al entender el plan del hombre.
— Estamos jodidas, maldita sea Beetee — la mayor intenta reanimar al hombre mientras Katniss grita el nombre de su amante a todo pulmón — Probablemente el chico en llamas este muerto Katniss, maldición — grita exasperada — ¿Qué demonios haces?
— Termino con su plan — vuelve a gritar el nombre de su aliado enredando parte del cable en una de sus flechas — ¡Peeta! ¡Peeta!
Muchas cosas ocurren al mismo tiempo. Peeta aparece de entre los árboles seguido muy de cerca por Finnick y ella no sabe si están juntos o el pescador está intentando matar a su aliado, los ojos azul tormenta se fijan en los grises de la Veta una última vez. A su vez, Johanna grita con satisfacción y Beetee inspira con fuerza por primera vez en varios minutos y Katniss cuenta el onceavo rayo caer sobre el árbol. Tensa el arco, le pide perdón al viento antes de dejar ir la flecha y mientras el ultimo rayo impacta en la madera ignifuga, también lo hace su flecha sobre lo que parece ser el techo de la Arena que empieza a colapsar trozos de cielo celeste y esponjosas nubes de algodón que del otro lado no son más que concreto. Y entonces, la chica en llamas se desploma, porque no había dejado de sangrar de la herida que su aliada le produjo en el brazo.
…
Abre los ojos con un grito ahogado, pero no puede levantarse. Está sumida en una oscuridad profunda. Oye el sonido rítmico de una máquina que mide su corazón y siente las correas en sus manos y en su torso. El habitáculo huele a desinfectante y aunque al principio nada parecía dolerle ahora puede sentirlo todo, de pronto. Le duele horrores la cabeza, puede sentir el bulto de vendas allí donde la vencedora del Siete le cortó con el hacha y en su otro brazo algo punzante clavado en el dorso de su mano. También le cuesta respirar como si algo le oprimiera el pecho. Vuelve a quejarse y algo nuevo ocurre, alguien se mueve a su lado y puede sentir una mano acariciándole la cabeza y aun sin escucharle sabe quién es.
— Tranquila preciosa — deja la mano apoyada en la frente de la chica — estás a salvo…
— ¿Gané? — se siente flotar, reconoce la sensación remanente de la morflina, la odió después de sus primeros juegos, pero lo agradece ahora porque hace que el dolor disminuya — ¿Se acabó Haymitch? ¿Y Peeta? — se revuelve, algo no está bien — ¿Dónde está Peeta? Lo prometiste…
— Estate quieta — de pronto lo ve, ha encendido la luz de la mesilla de noche y ahora le toma de los hombros intentando inmovilizarla — tienes que calmarte Katniss — sisea en un susurro, pero ella sigue agitándose.
— ¿Peeta? ¡Peeta! — grita una y otra vez hasta que una mujer entra en la habitación y por un momento puede ver fuera las paredes blancas de un hospital y de pronto todo es bruma de morflina, poco a poco deja de forcejear y le pesan los parpados — Peeta… lo prometiste Haymitch… que lo salvaríamos esta vez…
— Todo estará bien preciosa, descansa — le acaricia la melena una última vez y sale de la habitación que cita Katniss Everdeen para meterse en otra.
Una semana más tarde, cansada de no obtener respuestas, se quita la vía que punza en su brazo izquierdo y se desconecta de la estúpida máquina que monitorea su corazón asegurándose de apagar el sonido antes de que una enfermera aparezca. El reloj de la mesilla marca las dos de la madrugada, pero ella necesita respuestas. Las mismas dos enfermeras se encargan de ella y no le hablan, Haymitch no ha vuelto a aparecer y hay cosas que no cuadran.
Esta en un hospital, obviamente, pero por alguna razón, la falta de decoración y la ausencia de rosas principalmente, le hacen creer que no es el hospital del Capitolio en el que se recuperaron Peeta y ella luego de sus primeros juegos.
Los recuerdos se le mezclan y el dolor no le deja enfocarse, pero necesita respuestas y no las obtendrá desde aquella cama. Con algo de maña, logra desatar una de sus manos, luego la correa de su torso y por último su otra mano. Moverse le molesta. Se tantea el pecho antes de incorporarse y siente un dolor punzante, quizás una costilla fracturada, de seguro un enorme moretón porque le duele un infierno respirar. Su cabeza no está mejor, el dolor es algo menor que la primera vez que despertó en aquel sitio, pero apenas manejable. Se sienta y tiene que ahogar un quejido de dolor en su mano.
Con algunas dificultades, logra salir de la cama, pero entiende que no podrá ir lejos sin la vía ambarina así que la coloca en un porta vías con ruedas y sale lentamente por la puerta rogando no alertar a las enfermeras. El pasillo blanco impoluto refuerza su teoría de que aquel sitio no es el Capitolio. Camina hasta la siguiente puerta y le alegra ver el nombre del tributo del tres y allí un recuerdo le asalta. Johanna ríe y Beetee respira por primera vez. Se desestabiliza apenas, apoyándose en la pared y sigue caminando, arrastrando consigo la vía de morflina. La puerta siguiente le aterra, sobre todo si el ultimo recuerdo en su cabeza es real y Peeta era perseguido por el adonis del Cuatro que supuestamente descansa en aquel cuarto. Sigue adelante, si ellos dos están allí entonces Peeta también tiene que estarlo y… y Johana.
— Señorita Everdeen — Katniss cierra los ojos con fuerza apretando los dientes — debo pedirle que vuelva a su cuarto por favor — una mano se apoya suavemente en su espalda mientras la otra toma con delicado cuidado su brazo herido — no son horas para pasear.
— So-solo unos cuantos pasos más por favor — a la castaña le sorprende como aquella mujer tan delicada podía tener un porte tan firme, apenas se mueve un paso, aunque está haciendo toda la fuerza que puede para acercarse a la siguiente puerta, no alcanza a leer el nombre en la plaqueta.
— Lo siento, debo insistir — y la castaña lo siente más porque apoya todo su peso en su pie izquierdo y se impulsa a la derecha desestabilizando a la enfermera y aunque siente arder su brazo camina lo más rápido que su cuerpo herido le permite y se interna en la habitación, aunque no ha alcanzado a leer el cartel.
— ¿Peeta? — murmura cerrando la puerta detrás de si, poniendo llave antes de que la enfermera logre abrirla.
— Mmmh — es todo lo que recibe como respuesta y el alma se le va al suelo porque quien sea que se oculte en la penumbra no es su panadero, es la voz de una chica la que se queja cuando enciende la luz central — ¿Dónde han quedado los modales maldita sea? — gruñe la dueña del cuarto cubriéndose la cabeza con las mantas.
— Siete… — murmura la ojigris y la aludida quita las sábanas y se sienta de pronto en la cama — Estás viva…
— Viva y a salvo gracias a ti descerebrada — se le llenan los ojos de lágrimas — acércate, tengo una bonita fractura en la pierna y no puedo levantarme…
— Te ves bien — se acerca hasta quedar al lado de la chica y la mayor hace algo que la desconcierta — Johana…
— Oh lo siento, es la morflina — no deja de abrazarla hasta que Katniss se queja del dolor — siéntate…
— No sé cuánto más me dejaran quedarme — observa la puerta — ¿Dónde estamos Siete? Y más importante… ¿Por qué no has tratado de escapar aun? — Johana mira la puerta también y suspira.
— Todo estará bien Katniss… gracias a ti, tenemos una chance para luchar.
— De que hablas? — escucha voces al otro lado y ven la perilla moverse, Katniss se pone en pie y trata de alejarse de la dueña del cuarto, pero esta se aferra su mano — Suéltame!
— Confía en mi Doce… — y la mira con una vehemencia que algo en su interior se revuelve.
La retiene unos segundos hasta que dos enfermeras entran por la puerta, una lleva una jeringa que con algo de forcejeo logra insertar en la vía y a los pocos segundos, Katniss es vencida por las drogas. La llevan a su habitación y vuelven a amarrarla, dejándola dormir plácidamente al menos por las próximas ocho horas. Suspira cansada cuando vuelve a despertar amarrada a aquella cama y le irrita aun mas la risa ronca de su mentor que aparece en su campo de visión revolviéndole el cabello.
— Alguien tiene que empezar a hablar Haymitch o…
— ¿O que, preciosa? No hay mucho que puedas hacer desde tu posición — le ve sentarse en una silla con una mueca en el rostro, jamás lo había visto tan demacrado.
— Tengo preguntas anciano y merezco respuestas — se fusionan las miradas de la Veta y el mentor sonríe con pena.
— Estamos en el distrito Trece Katniss, bienvenida a la resistencia — los ojos grises se abren con sorpresa, el mentor alza la mano para que no le interrumpa — Finnick, Beetee y Johana junto con gente del Capitolio, y vencedores de otros distritos… fuimos reclutados por la presidenta del Distrito para unirnos en contra de Snow — suspira desviando la mirada de su pequeña vencedora — el plan siempre fue sacarlos preciosa…
— Los Juegos de este año serán diferentes — susurra la castaña y el mayor vuelve a mirarla — dijiste eso cuando abordamos el tren…
— Tu juego de las bayas los desestabilizo lo suficiente como para terminar de formar nuestra gran alianza, metimos a uno de los nuestros en el centro de sus Juegos y a nuestros mejores vencedores como tributos… todo estaba arreglado después de que Snow reveló las nuevas reglas, no tuvimos más opción que amañar las Cosechas.
— Es decir que me mentiste… — otra vez el mentor desvía la mirada con una mueca de dolor — jamás ibas a presentarte como voluntario — se revuelve intentando liberarse y el se levanta para retenerla — nunca ibas a salvarlo a él ¡bastardo!
— Él también esta metido Katniss y jamás me habría dejado entrar — Katniss deja de moverse y le mira con los ojos llenos de lagrimas — me atrapó hablando con Effie en la Gira de la Victoria y empezó a sospechar… cuando salieron las reglas del tercer Quarter Quell me confrontó, el insecto amenazó con contarle todo a los agentes de la Paz si no lo incluía en lo que se estaba formando.
— Me mintieron…
— Tenías suficientes problemas Katniss…
— ¿Quiénes se salvaron? — cierra los ojos intentando recordar los últimos momentos de los juegos — mi memoria está borrosa.
— Te diste un golpe fuerte en la cabeza al desmayarte, los médicos dicen que deberías estar bien en unas semanas…
— Haymitch — insiste ella — vi a Johana anoche… por favor dímelo.
— Peeta esta bien, apenas unos rasguños y el corte que le hizo Finnick para sacarle el rastreador, Finnick también esta bien… Beetee estuvo muerto unos minutos y sus piernas no están respondiendo como deberían, pero está vivo, gracias a que Johana y tu llegaron a tiempo.
— Antes de los Juegos… a Cinna…
— Cinna, Portia y los equipos de estilistas… no sabemos que paso con ellos y… se llevaron a Effie y Annie Cresta, la novia de Finnick — Katniss abre los ojos incorporándose lo poco que las ataduras le permiten y le mira con los ojos llorosos — haremos los posible por recuperarlos a todos cuanto antes.
— ¿Qué sabes del Doce? — un medico entra justo en ese momento y a Haymitch huye mientras ella es revisada minuciosamente.
Ocho días pasaron desde aquella visita y desde aquel día, nadie más que los médicos y enfermeras entran a su cuarto. Al principio, intentaba darles charla, sacarles información, pero lo descarta después de que en tres ocasiones no le dijeran nada mas allá del parte medico. Tiene uno de esos presentimientos, de esos que asaltaban a su amada Madge de vez en cuando. La extraña horrores, cada día, pero en aquellos momentos en los que está sola y encerrada en aquel cuarto, lo daría todo porque ricitos estuviera allí acariciándole el cabello mientras ella sana.
— Kat — suspira quedamente saliendo de aquel sueño perfecto en el que estaba besando a su amada bajo la luna llena en el lago — Buenos días — la castaña sonríe y se aferra con fuerza a los dedos del panadero.
— Peeta — sonríe con ánimos cuando al querer mover su mano no se encuentra con las ataduras y logra alcanzar la mejilla de su amigo con el dorso de la mano aun envuelta en la de él — te ves bien.
— Gracias a ti — ella frunce el ceño, pero no puede dejar de sonreír porque él está ahí, iluminándolo todo con su mirada azul — lamento no haber venido antes, pero insistieron en que lo mejor para tu dolor de cabeza era estar tranquila y sin emociones fuertes.
— Como si verte produjera algo en mi — bromea ella y ambos ríen, ella quisiera maldecir a aquellas personas por aislarla, pero la realidad es que apenas tiene un dolor de cabeza y su memoria parece haber regresado por completo — Me mentiste…
— Y lo lamento con el alma.
— Creí que no podías mentir — sincera ella — debí darme cuenta cuando le dijiste a todo Panem que estábamos esperando un hijo — ambos sonríen — sé que lo hiciste para protegerme así que te lo perdonaré — exclama con suficiencia y él la mira con alegría — pero no a Haymitch — y como si ella supiera que él estaba escuchándolos tras la puerta le ve emerger con el rostro aun mas demacrado que la ultima vez que le vio — Luces terrible anciano.
— Katniss — murmura el panadero negando levemente, ella le mira sin entender — Haymitch quedamos en que yo me encargaría.
— Déjalo muchacho — el mayor intenta fingir una sonrisa, pero una mueca le surca el rostro, se sienta en una silla cerca de Katniss y le toma la mano libre, está fría y ella nota como tiembla — la última vez que estuve aquí preguntaste por el Doce.
— Y te escabulliste asustado, si lo recuerdo…
— Lo estoy, asustado, entre un montón de otras cosas Katniss porque lo que sigue no será fácil.
— Suéltalo — traga saliva apretando mas el agarre de ambos vencedores, los ojos de Madge en un recuerdo lejano recordándole sobre aquel mal presentimiento, Peeta se sienta sobre su cama.
— El Doce fue bombardeado el día que hiciste volar la cúpula de la Arena — la castaña deja salir todo el aire de golpe y hace fuerzas para llenar sus pulmones — tu casa en la Veta, la panadería, el Quemador, el Edificio de Justicia y… otras edificaciones fueron el foco, pero la realidad es que el único lugar que no fue tocado fue la Aldea — la ojigris derrama las primeras lágrimas alzando la vista al techo.
— Prim, tu madre, Gale y su familia estaban en la Aldea en ese momento así que se salvaron — empieza a decir Peeta cuando a Haymitch le da un ataque de tos que le impide continuar — al parecer el primer lugar en estallar fue el edificio de la Justicia y les dio tiempo obligar a varias familias a seguirles al bosque… novecientas personas sobrevivieron gracias a ellos… los soldados del Trece los rescataron en el bosque tres días después.
— Eso es solo un tercio — le tiembla el labio inferior, le falta el aire, puede verlo en el rostro de Peeta, eso no es lo peor — ¿Qué otro edificio Peeta? — siente el agarre de ambos hacerse más fuerte desvía la mirada a su mentor — Haymitch…
— Prim le dijo a Gale que debían ir a la mansión — Katniss se agita intentando soltarse del agarre.
— No.
— Cuando llegaron era solo una columna de humo.
— NO — grita con fuerza y puede escuchar como al otro lado de la puerta todo sonido cesa — suéltenme, no es cierto… ¡Madge!
— Es imposible que sobreviviera Katniss.
— ¡Madge! — Grita una y otra vez, siente su garganta resentirse y el pecho le duele de tanto moverse — Por favor… Madge — su voz es ahora apenas un susurro lastimero.
— Tienes que calmarte Katniss — Peeta le abraza suavemente meciéndola con lentitud, Haymitch suelta su mano también y ella se aferra con ambas manos a la camisa del rubio.
— Necesito salir — musita entrecortadamente alejándose unos centímetros del chico, aun llora — por favor.
— Estamos en un bunker a varios metros bajo el suelo Katniss lo siento — musita Peeta besándole la frente y acariciándole la melena, Haymitch pone una mano sobre el hombro de Peeta para que se baje de la cama.
— ¿Haymitch?
— Final del pasillo, a la derecha hasta que llegas al final y de ahí a la izquierda, la quinta puerta no tiene llave y puede cerrarse desde dentro — ambos le miran sin entender, él solo desprende el ultimo amarre que le mantiene postrada y fija la mirada en él entendiendo de pronto — no le diremos a nadie donde estas por las próximas dos horas y luego te traeré aquí para que te revisen.
— Haymitch — reprende Peeta intentando tomar la mano de Katniss, pero el mentor rodea la camilla y toma los hombros del menor — suéltame… Katniss tienes que quedarte en la cama… es importante que mejores pronto.
— Ella necesita llorarla en paz muchacho y tu no le serás de ayuda.
— Gracias — alcanza a decir con las lágrimas volviendo a recorrerla se pone en pie con dificultad y sale corriendo como puede de aquel cuarto en el que estuvo encerrada por más de dos semanas.
— ¿Doce? — alcanza a decir Johana que estaba caminando hacia su cuarto cuando y la castaña choca contra ella — ¿Katniss? — intenta tomar su mano, pero la chica sigue llorando y corriendo rumbo al escondite que le brindó su mentor — estaba llorando.
— Le dijimos del Doce… — es todo lo que dice Haymitch saliendo de la habitación con Peeta, da un par de palmadas en el hombro de cada vencedor y desaparece por el pasillo contrario al que tomo su vencedora.
— Su familia esta viva — musita la chica sin entender — ¿Por qué…
— Su novia murió en los bombardeos — los ojos de un azul sin brillo le miran con tristeza.
— No…Novia — repite la leñadora viendo por donde se fue, de pronto preocupada empieza a caminar — ¿Qué crees que haces?
— Déjala, no hay nada que puedas hacer — afirma su mano alrededor de la muñeca de la mayor que lo mira desafiante.
— No podrás tu hacer nada por ella rubito — se suelta del agarre con rudeza — yo se lo que es perder a tu persona favorita, ¿y tú?
— Perdí a mis padres con las mismas bombas así que creo que si Johanna — sisea con algo de rabia — deberías volver a tu cuarto.
— Finalmente eran un par de mentirosos los trágicos amantes — ríe a carcajadas cerrando la puerta con un estruendo — Maldita sea Doce… al final tendremos más en común de lo que nos gustaría — susurra para ella misma dejándose caer hasta sentarse con la espalda en la puerta y su pierna enyesada estirada.
Es aquí donde yo digo que me sorprendo a mi misma porque creí que salvaría a Madge tanto como ustedes y pues pasa lo más canon de esta historia hasta ahora jajaja.
Espero que les este gustando yo estoy sorprendiéndome más y más con cada párrafo que escribo y no tengo ni idea de cómo terminaré esto.
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
