Aclaraciones: ✨ La historia esta basada en anime de los 90. ✨ Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi. ✨ La historia es original y de mi autoría.

Capítulo 03: Decisiones.

Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue un cielorraso blanco. ¿Dónde estaba? Se incorporó con cuidado, notando un leve dolor en el hombro. ¿Cuándo se había lastimado? Recorrió la habitación con la vista, había suficiente luz como para saber que no era la suya.

Con algo de miedo se levantó de la cama y camino hacía la ventana cercana. Desde adonde se encontraba podía contemplar el atardecer en el parque. Como el sol bañaba las copas de los árboles y el cielo se tornaba naranja esperando la inminente aparición de la noche.

Empezó a temblar, no era miedo. Era algo más profundo. Podía recordar el sonido de su voz mencionando aquel apodo que alguna vez había detestado. Su cabeza le dolía y sus sueños la estaban persiguiendo incluso el mundo real. ¿Pero… dónde estaba?

El ruido de la puerta al abrirse la asusto. Quiso preguntar quién era, pero la voz no le salió.

—¿Bombón? ¿Estas despierta?

Aquel hombre con el que había soñado tantas noches asomaba por la abertura. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. ¿Seguía dentro de un sueño? Su rostro era más adulto, pero era él. Ignoró la sequedad de su boca y consiguió hablar —Seiya… ¿Eres tú?... —se acercó lentamente— ¿De verdad eres tú?

—Bombón… Lo siento, no quería asustarte… Pero te desmayaste…

No pudo terminar. Serena había recorrido el trecho que los separaba y lo estaba abrazando. Por primera vez en cuatro años, pudo sentir el cuerpo de la mujer con la que soñaba noche tras noche. El aroma a jazmín en la piel suave se mezclaba extasiándolo por completo.

— Te extrañe…

Sus ojos se encontraron por un instante y él pudo comprobar la veracidad de esas palabras. Se separaron torpemente pero cada uno siguió queriendo un poco más del otro.

—¿Cuándo volviste? ¿Dónde están los chicos? —Pregunto ella apresuradamente, mientras se secaba las lágrimas.

—Solo vine yo. Espero no decepcionarte Bombón. -—Y le guiño el ojo.

—¡Claro que no! — Serena sintió la emoción golpeando fuerte en la boca del estómago, realmente era él.

Un silencio no del todo incomodo los envolvió. Ninguno sabía que decir después de tanto tiempo, hasta que un gruñido rompió la monotonía. Era la panza de la rubia.

—¿Es por eso que te desmayaste?

—Es que últimamente no tenía mucha hambre -—Dijo sonrojada.

—¿Qué te parece si salimos? Yo también tengo ganas de comer —Dijo mientras se tocaba la panza.

Ella sonrió y el la miro perdiéndose en sus labios rosas. El sol poniéndose atrás de ella, era una imagen mágica.

—¿Qué hora es? —dijo ella en vos baja.

—Son casi las siete.

—Es tarde. Tengo que avisar…

Seiya sintió como si un balde de agua fría cayera sobre él. De golpe la realidad se hizo presente y lo alejo de ese momento onírico.

— Lo siento… Tendría que haber imaginado que tendrías planes con tu novio…

Serena vio como bajaba la cabeza y a oídos de ella, la voz se le volvió extraña. Ella negó con la cabeza —Darien y yo…

Sin terminar de escucharla, el pelinegro se acercó a la mesa de luz y tomo el teléfono inalámbrico —Toma —le tendió el aparato— Te espero afuera.

Seiya salió del cuarto y se apoyó tras la puerta que había cerrado. El salón frente a él estaba iluminado con algunas lámparas cálidas. El ventanal a un costado, entreabierto, dejaba que el viento del décimo piso moviera las cortinas.

Fue hacía el sillón y se dejó caer en él. Respiro con tranquilidad tratando de tranquilizarse. Serena estaba a tan solo unos metros. De golpe, todo el cuerpo le quemaba, estaba tan cerca de ella, la había tocado, la había cargado, la había abrazado. Y aun así, cuando Serena había mencionado a Darien había sentido que caía en un pozo sin fin.

Sin embargo, no había pasado desapercibido el tono con el que lo había dicho, la voz de la rubia era un susurro. ¿Había pasado algo? Sus pensamientos no dejaban de saltar entre todo lo que había vivido en menos de 48hs. ¿Tendría alguna oportunidad? Su cabeza quiso empezar a trazar planes. Cuando había llegado a la tierra, no tenía ninguna esperanza, pero ahora… no, era muy pronto aún.

…..

Se sentaron en una mesa algo alejada de la calle. Querían estar tranquilos y aunque el grupo Three Lignts se había separado hacía mucho, Seiya creía sentir las miradas de sus viejas fans. O talvez esa era una excusa para lograr mayor intimidad, no lo sabía con certeza.

Una vez que estuvieron cómodos pidieron algo que le gustaba a ambos, su clásico menú: hamburguesas, papas fritas y gaseosas.

Ambos estaban ansiosos de saber del otro, pero hasta que llego el pedido, charlaron bastante poco. Cuando la camarera se fue, después de dejar la comida, ella pregunto —¿Qué es lo que piensas hacer ahora?

—Creo que volveré a cantar.

—Eso sería perfecto. Tu voz siempre fue hermosa —Ese comentario hizo que el ojiazul se ruborizara.

—Tendría… que buscar algún lugar en donde quedarme —tosió sin disimulo— permanentemente.

Ella abrió sus ojos con sorpresa —Quedarte para siempre…

—¿Te gustaría eso? —El ojiazul pregunto con ansiedad.

—Me encantaría… —Dijo sonrojada y agrego después de un segundo— Pero… ¿con que plata?

Seiya soltó una carcajada —Nunca cerramos nuestras cuentas bancarias. A decir verdad, no tuvimos tiempo de hacer nada y desaparecimos después de la batalla… —No quería pensar en esa despedida— Pero creo que hay suficiente… ¡Hasta para dos casas!

Serena casi se atraganta con la gaseosa que estaba tomando, tosió unas veces y el la miro fascinado. Hasta eso le parecía tierno. De golpe tuvo una idea.

—¿Querrías acompañarme mañana? —Apeas formulo la pregunta se arrepintió, una media sonrisa algo forzada apareció en sus labios —Salvo que tengas planes…

—Mi tiempo está dedicado por entero a mis estudios, así que, salvo por eso, no tengo problemas —Le sonrió algo tímida.

—¿Todo tu tiempo son estudios? —Repregunto coquetamente mientras se acercaba a ella.

Serena se removió en la silla algo nerviosa —¡Es así! — Su sonrisa y su voz se apagaron y suspiro pesadamente —Darien y yo… Terminamos —dijo con la mirada pérdida en el local donde estaban.

Seiya abrió los ojos con sorpresa. Quedo con la boca abierta y sin poder creer lo que había escuchado. Bajo la mirada y le tomo la mano. La sintió temblar ante el cálido gesto.

—¿Qué fue lo que paso? —Pregunto con voz suave. Tenía miedo de a ella le pudiera resultar doloroso hablar de ello, pero tenía que saber que había ocurrido.

—Hace más o menos un mes, me pidió matrimonio. Dijo que era el momento correcto —Ella hizo una mueca triste— Él termino su carrera, y ya comenzó con las prácticas. Dijo que esperaba una muestra de madurez de mi parte, y que lo confirmo cuando yo me decidí a estudiar… —termino con voz monótona.

—Bombón… Si te hace mal…

Pero ella negó con la cabeza y continuo —Darien dijo que no necesitaba estudiar. Que el solo quería una muestra de que yo había crecido. Que en el Futuro sería Reina.

Ella le sonrió y tomo un poco más de gaseosa, cuando apoyo el vaso volvió a mirarlo buscando un poco de apoyo y de fuerza, y lo encontró. Y la recibió —Le dije que yo tenía mis propios sueños… y que por eso no me casaría con él.

—Es bueno que cuentes con el apoyo de tus amigas…

—Sobre eso…

—¿Paso algo con las chicas?

La joven se apoyo sobre la mesa —Luna se los dijo. Sólo hable con Rei y Ami… Ambas se enfadaron.

—Bombón…

—También hable con Haruka y Michiru… —No quería pensar en esa conversación, no con él ahí presente —Creo que entendieron mis motivos… Pero ya las conoces, nunca sabes bien como piensan. —Miro su reloj— Debería ir yendo.

Salieron del local de comida y caminaron juntos, recorriendo las calles conversando, como si el tiempo que los había separado nunca hubiese existido. A pocas cuadras de la casa de la rubia, aunque sin muchas ganas, se separaron, pero con la promesa de verse por la mañana.

Cuando Serena entró a su casa, su familia estaba terminando de cenar. Los saludo con felicidad y subió las escaleras de dos escalones a la vez. Sammy compartió una mirada con sus padres, hacía semanas que ella no se veía feliz. Era evidente que algo bueno había pasado.

La rubia entro a su cuarto y cerró la puerta con rapidez. Corrió al ropero y lo abrió con urgencia, necesitaba elegir la ropa que usaría al otro día. Quería verse bien para él. Cuando había sacado algunas camisas, se detuvo. Las piernas le temblaron y los nervios se acumularon en la boca del estómago. Seiya estaba en la Tierra, quería quedarse…

Él lucia igual que en el pasado, solo que sus facciones se habían acentuado y tenía una apariencia mayor. Había pasado muchos años y la duda se precipitó en su mente. ¿Todavía la quería? Sacudió su cabeza y desecho el hilo de pensamiento. —¡Basta! - Se dijo con fuerza.

….

Él se había ofrecido a pasar por ella, pero al final, había accedido a esperarla en la estación y de allí, ir juntos al centro de la ciudad. Pero aun faltando 20 minutos para su encuentro, Serena esperaba parada en la entrada de la estación, con dos boletos en la mano. Si bien nunca había sido buena respetando los horarios, no había podido dormir por los nervios.

Había salido de la cama y se había maquillado con precisión, aunque con de manera bastante suave. Se había vestido con una camisa sin mangas color crema que hacía juego con su pollera celeste y sus zapatos bajos.

—¡Bombón! —Seiya caminaba hacia ella con apuro. —Estas hermosa —Dijo una vez que la alcanzo.

Serena miró a otro lado por un momento y lo saludo, pero añadió algo ruborizada —Tu también te ves muy bien…—Lo miro una vez más, tratando de guardar esa imagen en sus recuerdos. El pelo negro que brillaba a la luz del sol, lo tenía atado como siempre. Llevaba puesta una camisa roja con rayas muy finas de color azul y un jean que le resaltaba su parte trasera.

—Espérame aquí, voy a comprar los boletos —La voz del ojiazul la saco del transe en el que estaba, parpadeo algo atontada por el momento y con una sonrisa triunfante, le mostró los boletos.

—Siempre me sorprendes Bombón —Le dijo con cariño.

—Si… Pero no son gratis… ¡Tendrás que pagarme un gran almuerzo! - Agrego mientras abría los brazos exageradamente.

El trayecto no fue muy largo. La conversación entre ellos fluía libremente, sin embargo, aunque ninguno lo necesito decirlo, evitaron algunos temas por demás incomodos. Seiya había marcado varias inmobiliarias que le habían interesado, y fueron visitándolas de a poco, así se les había ido toda la mañana.

Si bien llegaron a ver varios departamentos, ninguno parecía agradarles a ambos. Si uno le gustaba a Serena no era el apropiado para Seiya, y sino, viceversa. Y si no estaban de acuerdo, era porque no era el ideal. Ninguno dijo nada sobre lo extraño que resultaba esa condición implícita, aunque no fueran a vivir juntos.

Serena miró la hora en el celular y volvió a guardarlo en el bolso. —Creo, que ahora si, ya podemos comer algo.

Seiya revisaba el celular donde tenía todo anotado. —Aún queda uno más… Lo prometo, este es el último.

—¡Tengo hambre! ¿Acaso no viste la hora? —La rubia fingió un puchero y Seiya sólo sonrió.

—Pero es el último y… —el estómago de él lanzó un gruñido avergonzándolo. —Ok… Puede que yo también tenga hambre…

Ya eran pasada las tres de la tarde y encontrar un lugar de comidas hizo que el almuerzo se alargara un poco más de la cuenta. Seiya llamo a la inmobiliaria y programo la última visita del día. Realmente no tenía prisa por encontrar departamento, no si eso significaba más salidas así con la rubia.

Desde la inmobiliaria les habían dicho que solo tenían un departamento disponible con las características que buscaban. Les dieron la última cita del día, y quedaron en encontrarse con la agente de bienes raíces en la puerta del edificio.

—Este es el último, si no te gusta, creo que terminaras viviendo en el hotel —Serena se había detenido delante de un gran y alto edificio blanco. Desde la vereda, por la puerta de vidrio, se podía observar el amplio vestíbulo que recibía a las personas que residían allí.

Las columnas blancas a los costados, los maceteros con platas de grandes hojas verdes que invitaban a entrar. —A la vista, es bonito.

Seiya miro el reloj y se rasco la cabeza. Estaban retrasados por diez minutos. Se animó a avisar a la portería que estaban allí para ver un departamento. El señor que los atendió por el aparato, salió del edificio y los dejo pasar. Estaba enterado de su visita. Les dijo que era una construcción relativamente nueva, por lo que aún no estaba totalmente habitada.

Fueron hasta el ascensor y marcaron el piso seis. Cuando salieron una joven de cabellera rojiza, amplia sonrisa y vestida de un sastre color gris, los aguardaba.

—Ustedes deben ser los Señores Kou. Soy Akita Mayuri. Por favor acompáñenme — La mujer les dio la mano afectuosamente a cada uno, a modo de saludo, y empezó a caminar y hacía la puerta con la letra C, la abrió y los invito a entrar.

Apenas pasaron la entrada los dos quedaron boquiabiertos. Un amplio salón de color blanco en dos niveles los recibía. El piso de madera lustrada y color caoba, resaltaba el lugar.

—Es increíble —La rubia corrió adentrándose por el gran espacio.

—Se pintó de blanco para que los inquilinos ustedes decidieran su propia paleta de color - Mayuri les explico.

Les pidió que la siguieran. Recorrieron el departamento. Una habitación grande con un gran ventanal y vestidor. Una habitación más chica pero amplia con un ropero empotrado a la pared y un cuarto de servicio.

Adicionalmente tenía la cocina-comedor, que daba a la sala por la que habían entrado y un pequeño lavadero.

Todo el apartamento tenía una gran luz natural, incluso a esa hora de la tarde. Un balcón grande resaltaba atrás de los ventanales de la sala.

Volvieron a la cocina donde estaba la barra desayunador. Seiya miro a la mujer. —Es cómodo y muy espacioso…y el precio es muy económico para un lugar así… ¿Cuál es el truco?

—Ninguno —Se apoyó sobre la barra de la cocina— Hace algunos años los pisos de este edificio eran muy buscados. Pero seguramente como se habrán dado cuenta de que se encuentra algo alejado de la estación. Desde la construcción del nuevo acceso de la autopista al otro lado de las vías, esta zona quedo algo relegada… Salvo por supuesto que cuente con movilidad propia —Le brindo una cálida sonrisa.

Serena estaba apoyada sobre la baranda del balcón respirando el aire de la noche que se estaba acercando. Su cabeza no dejaba de pensar. Cuando salieron del ascensor oyó claramente como la agente de la inmobiliaria los llamaba los señores Kou. Recordó la ola de nervios que la recorrió entonces, y como Seiya no había corregido la equivocación. ¿Acaso después de tanto tiempo?

—Y bombón… ¿Qué te parece?

Seiya apareció desde detrás y se acomodó a la par de ella. Serena giro para verlo, casi podía sentir el calor de su cuerpo. Los ojos le brillaban con entusiasmo y el flequillo se movía con la brisa, ocultándole los ojos por momentos.

—Hermoso… —dijo en un susurro y atropelladamente agrego con vos algo más chillona —Es muy hermoso. Y tiene espacio para el piano que querías. Creo que es este.

Desvío la vista hacia el centro de la ciudad. El hotel donde el ojiazul estaba parando era cerca al Parque número Díez, por ende cerca de su casa. Pero este edificio estaba algo más lejos.

El no podía sacarle los ojos de encima. No sólo había crecido, afinando sus faciones y su cuerpo, sino que algo en ella había cambiado. Cuando la señorita Mayuri los tomo por pareja lo sorprendió, pero se dejó llevar, y no la corrigió. Sonaba demasiado bien, además que la rubia fuera su pareja, su mujer, era un sueño recurrente en sus locas fantasías.

Vio como la rubia suspiraba diciendo que, si bien era hermoso, era un poco lejos.

—¿No me dijiste que tu facultad estaba cerca?

Serena lo miro incrédula. El tenía razón. La universidad era algo lejos de su casa, pero la había escogido porque era la que tenía la mejor licenciatura en fotografía; además que su padre se la había recomendado enfáticamente Una sonrisa involuntaria brotó en su rostro iluminando todo a su alrededor.

Mayuri los interrumpió algo avergonzada Ellos se separaron y entraron tras la mujer y Seiya se encargó de confirmarle la compra. Serena aprovecho que Mayuri sacaba una serie de papeles y le explicaba al ojiazul todo el papeleo necesario, y recorrió una vez más el apartamento.

—Bombón, ¿puedes venir? – Seiya la llamo y ella se acercó con una curiosidad impropia.

—Necesitamos tu firma aquí —Seiya le ofreció la lapicera a una atónita Serena.

—Pero… ¿porque?

Antes de que el ojiazul pueda responder, Mayuri se le adelanto —Este es un papel de reserva, necesitamos la firma del dueño… Pero en este caso, él quiere asegurarse de que usted quede como segunda beneficiaria —y sonrió acercándole dos juegos de copias —por lo que también usted debe firmar… aquí—señaló con su dedo los casilleros al final de la hoja —y aquí la aclaración.

Era justo por debajo de la firma de Seiya. Serena tomo la lapicera con un leve temblor. No podía pensar que significaba eso exactamente, sin embargo, al ver el nombre de él y el suyo juntos… No pudo negarse a firmar.

Una vez terminado el papeleo inicial, salieron juntos del edificio. Mayuri quedo en verificar las firmas, preparar el contrato de compra-venta y coordinar el pago con Seiya, seguramente para los próximos días le dijo antes de despedirse.

Una vez solos, empezaron a caminar, mientras las luces de la calle se prendían en ausencia del sol. El silencio lo rompió ella —¿Porque?

Seiya entendió su pregunta a la perfección y mientras paraba un taxi le respondió —Sólo pensé que sería lo mejor… Por cualquier cosa que llegará a pasar.

Ella subió al auto, y el dio la dirección del hotel. Un silencio incomodo los envolvió hasta llegar al lugar. Pero cuando bajaron del taxi, y entraron al hotel, ella lo siguió de manera natural hasta la habitación de él. Pero antes de entrar al cuarto ella dejo salir su miedo más profundo.

—¿Te vas a ir de nuevo? —Serena lo tomo del brazo. Sus ojos se opacaron y su cuerpo tembló ligeramente.

—No quise decir eso… Pero no se sabe que podría pasar —Acaricio su mejilla con su mano, sintió la piel suave de joven. Una ráfaga de calor se apropió de él, luchaba con las ganas de abrazarla, besarla y tocarla tan profundo como lo imaginaba en las noches, mientras estaba acostado en su cama. Necesitaba aire.

Ella tembló ante la mano cálida del ojiazul. Sentirlo tan cerca le hizo erizar la piel. Respiro profundo, aspirando el sutil perfume que él usaba. Una mezcla potente que le hacía pensar árboles y bosques. Cuando iba a acortar la distancia, Seiya se separó buscando la llave de la habitación.

Abrió la puerta de manera mecánica y la invito a entrar. Fue directo al frigobar que tenía y agarro una cerveza, se dio vuelta y viéndola, le ofreció una a la rubia. Serena sonrió y cerró la puerta tras de sí. Dejo la cartera en una de las mesas que tenía la habitación y se acercó a él aceptando la bebida.

Una parte de su cabeza le decía que era hora de irse, pero otra parte necesitaba extender cada momento compartido para que la noche no terminará más. Se sentó en uno de los sillones y Seiya puso algo de música suave. Se sentó en la mesa ratona, frente a ella y mientras le agradecía por el día, brindaron.

De la cartera de la rubia, se empezó a escuchar una lenta melodía que Seiya pudo reconocer al instante. Era un tema de Three Lignts. Ella se levantó nerviosa a contestar el celular que sonaba.

—Hola mamá —La cara de Serena se transformo. Se acerco a una pared y se apoyó en ella —No tenía idea… Pero yo le di mi respuesta… Sí, sé que me lo dijiste… No te preocupes… Se lo que estoy haciendo… —Se masajeó el puente de la nariz— ¿Sigue allí?... No voy a volver si él esta… Lo siento… En la casa de una de las chicas… Yo también te quiero —Colgó la llamada y cerró los ojos suspirando tristemente.

—¿Paso algo? —Seiya se acercó preguntando con preocupación.

—Darien está en mi casa… Le pidió mi mano a mis padres —Se sentó en el piso. No podía entender. ¿Porque insistía tanto?

Él se arrodillo quedando frente a ella —Puedo acompañarte… Es algo tarde… —Aunque intentó parecer tranquilo, su voz carraspeo un poco, y esperaba que ella no lo notase.

—No quiero volver… Él sigue en mi casa…

Serena sonaba triste y desanimada, intento no mirarla e ignorar su mirada —Puedo Acompañarte a la casa de alguna de las chicas…

—¡No! – Ella gritó sorprendiéndolo y se abrazó nerviosamente —Ellas me obligarían a volver.

Se quedaron en silencio, la música sonando de fondo, él se acercó unos centímetros más y tomó una de sus manos queriendo consolarla.

—¿Porque…? ¿Porque no me pides que me quede? —La voz ella era un susurro ahogado por su propia vergüenza y las lágrimas que caían libres por su rostro.

—Bombón yo… —La abrazó. Lo necesitaba, ambos lo necesitaban. Ella lo estaba eligiendo, por lo menos por esa noche y él no iba a rechazarlo, nunca. ¿Qué había ocurrido durante estos años? —Quédate —Su voz salió fuerte pero dulce y tranquilizadora.

—Si… —Respondió perdida entre sus brazos.