En mis manos yace una pequeña libreta que usaba el labrador. En ella, se encontraba varios de los nombres que mi mente recordaba y extrañaba por ver.
—¿Los globos son necesarios? O ¿Estarán demás? —Me preguntaba a mí misma mientras intentaba imaginar una imagen de las decoraciones. Mi concentración se vio interrumpida por la vibración de mi celular y por los pasos que se acercaban a la habitación.
Mi hermana, quien llevaba una sonrisa consigo, se adentró a la habitación y hecho su cuerpo, como un saco lleno, sobre el colchón.
—¿Volviste a cocinar? —Preguntó.
—Si. —Respondí con orgullo— Estoy aprendiendo hacer postre.
Bingo volteo a verme con temor.
—Ahora entiendo porque esta así.
—Que cruel...
Ella volvió a echarse en el colchón, dejando que sus músculos se relajen.
—¿Por qué tan alegre? —Pregunte al verla con esa sonrisa envidiable.
—Hoy fue un gran día. —Dijo mientras estiraba las extremidades.
La curiosidad empezaba a ser agobiante, no sé por qué. Su sonrisa era demasiado radiante, sin mencionar el meneo totalmente alocado de su cola.
—Deja el misterio y cuéntamelo todo.
Ella se incorporó en el colchón mientras me devolvía la mirada.
—Bueno ¿Recuerdas a la Sr. Sasha?
—Tu maestra de Biología.
—Esa misma. —Confirmo— Al parecer está trabajando en una labor para la investigación y el mantenimiento de algunas especies que se han encontrado en cautiverio.
—Aja. —Respondí con cierta confusión.
—Técnicamente son pasantías, y lo mejor de todo, es que entre tantos me eligió a mí junto con Jean Luc.
—¿Jean Luc? Entonces... ¿Estuvieron juntos todo este tiempo?
—Junto con otros alumnos más, pero sí.
—Pero... ¿Cómo fue eso? ¿Estaban los 2 reunidos y de pronto los llamaron? O ¿La profesora los llamo personalmente?
—Personalmente.
—Ya veo, entonces... Tu y Jean Luc estarán muy ocupados estas vacaciones.
—Yo lo estaré. Jean todavía no ha dado respuesta.
Un pequeño alivio calmo mis nervios.
—¿No ha dicho nada? —Pregunté.
—Todavía no, me imagino que es por algo de su empleo o que se yo. Deberías preguntárselo.
El celular volvió a sonar ante la falta de atención.
—Curioso, justo me está comentando sobre eso, y se ve muy entusiasmado. —Comenté una vez tomado el celular.
—Somos naturalistas Bluey, la fascinación por el planeta en el que vivimos es gigantesca.
—Así veo.
Mi hermana se volvió a echar en el colchón y yo volví a enfocar mi mirada en el celular. Pero había algo que se interponía en mi cabeza, solo una pequeña, diminuta, partícula, de duda del que no me puedo librar. Al principio me lo tome como un chiste, pero... Después me pareció curioso lo que dijo Ruby. Usar a mi hermana y a mi novio como una carnada, pero... exactamente porque a mi hermana. Bingo nunca han interactuado con ellas ¿Qué tendrían en contra?
—Solo por curiosidad. —Dije sin poder resistir esos impulsos que me obligaban a embarcarme al tema— Como va el asunto de Banjo y Lila.
—Oh ellos, andan más que contentos. Lila ya tiene toda una vida planeada y me dice "Si o si, tú vas hacer mi dama de honor".
Reí un poco.
—Si, pero, me refería más a ti. ¿Ya lo superaste por completo?
—Uff... Si, al parecer sí. Fueron decepciones, pero...
—¿Decepciones?
—Bueno, no decepciones, más bien, fueron amores no correspondidos.
—¿En plural?
Y ahí observe la primera señal. Su pelo se erizo completamente y noté lo complicado que se le hacía poder voltear a verme.
—¿Quién es el otro? —Pregunte, entrando en un pánico sigiloso que me atragantaba.
—Chucky. —Respondió inmediatamente.
—¿Chucky?
—Si... Tiene cierto encanto, pero... Ya sabes. El ya eligió a otra.
—¿A muffin?
—Eso parece.
Permanecí dudosa por unos segundos.
—Lamento escuchar eso, pero, descuida. Capaz logres encontrar tu media naranja pronto.
Bingo desvió su mirada al techo, sumergiéndose en una oleada de recuerdos.
—Solo el tiempo lo dirá. —Habló.
El celular volvió a vibrar y con ello, capto mi atención.
A la par que leía el mensaje, mi cola empezaba a menearse.
—¿Jean Luc? —Preguntó Bingo al observar mi semblante.
—El mismo. —Respondí mientras me dirigía a la puerta con cierta emoción.
—Por favor, dime que trajo más de esos postres.
—¡Ahí tienes los míos! —Le dije mientras aceleraba el paso hacia la entrada.
Pronto, me acomodé un poco el pelaje antes de abrir la puerta y ver esa tierna mirada suya, junto con su acostumbrado saludo.
—Salut cariño.
—Salut amour. —Dije mientras tomaba su brazo desprevenido, y lo adentraba a mi hogar con un jalón— Llegas a la hora perfecta para mi experimento de pruebas.
—¿Experimento? —Fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta.
Ya en el patio. Jean se encontraba inspeccionando aquellos pastelillos, hechos y preparados por mis propias manos.
Cuando dio el mordisco, no espere en preguntar.
—Entonces... ¿Qué te parece?
—Mmm, depende. Quieres que te lo diga como crítico o como tu novio.
—Por favor Jean, no soy una niña. Puedo con la verdad.
Jean Luc oprimió los labios.
—Bueno, críticamente, el sabor está bien, pero es demasiado esponjosa como para considerar que estoy comiendo masa y no bebiendo agua. Yo le pongo un 6 de 10.
Lo miré con una ceja arqueada y una sonrisa algo forzada.
—¿Un 6?
—Si. Me dijiste que sea crítico y yo solo lo estoy cumpliendo.
—Guau... ¿Y cómo mi novio?
—Pues... —Dirigió su mano hacia otro de los pastelillos— Tomaría otro. Me lo comería entero— Y así lo hiso— Te miro a los ojos. Te beso la mejilla. —Mi corazón se estaba acelerando al sentir sus labios— Y te digo: "Buen intento".
Lo empuje, suavemente, con el hombro.
—Guau, ósea ni un "Lo hiciste genial" o "Esta perfecto". —Fingí molestia.
—Soy una persona honesta. —Aclaro mientras exhibía su sonrisa a las estrellas.
—No, no, ya me lo dejaste en claro. Iré a una competencia y cuando gane, restregare el trofeo en toda tu cara—Le dije antes de desprender una sonrisa mientras consumía uno de los pastelillos.
Mi labrador retuvo la carcajada mientras se apoyaba con sus manos y perdía su mirada en las estrellas. Yo lo acompañe.
—Me encanta verte segura. —Comentó sin quitar la mirada de las estrellas. Un toque suavizante a su imagen y pelaje que generaba el rubor de mi rostro.
—¿Por qué lo dices? —Pregunte por pura curiosidad.
—Solo, se me escapó. —Respondió encogiendo los hombros y mirándome a los ojos. Sonreí.
Juntamos nuestras cabezas hasta sentir el apoyo del otro, y dejamos perder nuestras miradas en el celestial, y vasto, espacio que se extiende de millares hasta el infinito.
Las estrellas eran un espectáculo para nuestros ojos, uno que nos deslumbraba y, a pesar que sea de noche, nos adornaba con colores vibrantes y brillantes.
Fui deslizando mi mano hasta llegar a su rodilla, y, él deslizó la suya hasta dar con mi cintura.
—¿Emocionado por las pasantías? —Pregunte mientras sentía su caricia.
Su silencio se mantuvo por unos cuantos segundos en el que lo voltee a ver.
—Si y no... —Contesto con su otra mano en su cuello.
Arquee la ceja.
—No entiendo...
En su rostro, observé el pesar que estrujó su cuerpo. Me dio una mala señal cuando deje de sentir su mano en mi cadera. Y la duda me empezó a atacar, al verlo apoyar sus brazos en sus piernas y desviar la mirada al cielo.
Pasaron pocos minutos, pero, se sintieron eternos, tanto que las preguntas dentro de mi cabeza, empezaban a dominarme.
Tomó un gran bocado de aire antes de posicionar su mirada al frente.
Pronto, me presento la misma figura de madera.
—Bluey, no he sido del todo honesto contigo y... Creo que también ya es hora de que te hable de ella.
"¡¿Ella?!"
—¿Alguna vez te dije que las mariposas siempre fueron las favoritas de mi madre?
Yo asentí mientras posicionaba la figura entre mis manos.
—Bueno, para mi madre, las mariposas significaban mucho. —Los cantos de los grillos se ensordeció o es el ruido del viento, agitando nuestro pelaje, lo que se llevó la atención— Ya que, de ellas encontró la seguridad para dar nuevos pasos, a tener mente abierta, y despegar a grandes cambios. Esa figura era para ella.
Fui acariciando el lijado de la figura con las yemas de mis dedos.
—¿Que sucedió? —Pregunté con voz suave.
—Ella, murió...
Mis ojos se abrieron por completo. Mis cejas se enarcaron. La sorpresa me dejó muda. Y a él le costaba mantener su cabeza en alto.
Sus palabras parecían atascarse en la cavidad de su garganta, asfixiándolo en el proceso.
—¿Hace cuánto pasó?
—2, largos, años...
Presto atención, por un momento, a la figura, para después volver a colocar mi mirada en él.
—¿Estuviste lidiando con esto 2 años? —Pregunte con la preocupación en la garganta. Jean asiente con pesar— Por eso, decías que tu hogar parecía estar abandonada.
Volvió asentir después de soltar un suspiro.
—Desde que ella se fue, las cosas no han sido iguales. Y, aunque eh intentado seguir con mi vida, hay días en el que me retuerzo por la culpa. Y con esto de las pasantías pensé que podría, pero... La culpa no me lo permite, y me agobia...
La atmósfera se volvía tensa.
—¿Como falleció?
—Enferma.
—Entonces no es tu culpa Jean. —Dije inmediatamente mientras inclinaba la cabeza— No había nada más que hacer...
De a poco, Jean Luc se sumergía en sus recuerdos.
—Si había algo que podía hacer cuando entré a esa habitación —Su pelaje se tensaba, y se esforzaba por pronunciar bien las palabras— Ella me vio, me sonrió, me dijo que todo iba a estar bien... —La culpa lo consumía mientras se esforzaba de mantener su frente en alto— Y yo me enojé —Enarqué las cejas—, porque eso era una mentira, una gran mentira... Minutos después, la máquina se volvió loca y...
Pronto, sus músculos se tensaron al igual que sus labios que se oprimieron con fuerza. Parecía que el miedo lo había domado, que, lo había paralizado mientras lo arrastraba una oleada asfixiante, agobiante, de aquel recuerdo.
Tomo su mano para que sepa de mi presencia. Deslizó mi otra mano por su quijada hasta dar con su mejilla, y la acarició con ternura.
Jean aún estaba asustado, pero después de verme a los ojos, volvió a tomar la compostura.
—Recuerdo su mirada. El cómo se dilataba sus ojos frente a mí, mientras estiraba su mano y me pedía que le diera la mía... —Siento como corresponde a mi mano mientras lo veo ser consumido por la culpa que desgarraba su corazón— No lo soporté, tuve miedo y, salí huyendo de ahí. Como todo un cobarde... —Se retorció un poco en el escalón — Si tan solo hubiera tomado su mano.
Sin previo aviso, tomé su cabeza con suavidad, lo arrastre hasta que se acomodara en mi pecho y empecé a acariciar su cabeza, como si de un niño se tratase.
—No te tortures. —Le susurré al oído mientras deslizaba mis dedos por su cabello.
Él negó con la cabeza.
—No puedo hacerlo. Ella solo me pidió una cosa y yo... hui.
—Tenías miedo, como cualquier otro que estuviera en tus pies.
—Pero otros no la hubieran abandonado como YO lo hice... —Se reclamaba a sí mismo.
El silencio volvía a tomar su lugar, mientras lo observaba perder su mirada en el estanque de mi jardín, que, a cada segundo, se escuchaba con más claridad.
—Debe estar odiándome...
—Lo dudo. —Respondí inmediatamente— Si yo fuera ella, no estaría decepcionada o enojada. —Nuestros ojos volvieron a chocar— Estaría feliz por verte con vida, y orgullosa por el muchacho en el que te estas convirtiendo.
Deslizo mis dedos por su frente.
—Yo no siento haber cambiado...
—Pero estas empezando a dar los pasos.
Hundo mis dedos en aquel pelaje que acogen mis manos.
—El mundo es mágico —Dije mientras llevaba mi rostro al cielo—, y, donde sea que esté ella, sé qué pensará lo mismo.
—¿Lo crees?
—Lo sé.
Besé su frente a antes de volver a posar nuestras miradas en aquel vibrante y esplendido cielo.
