CAPÍTULO XXI
Minato Namikaze lo miró como si le quisiese arrancar la cabeza. Shisui le conocía lo suficientemente bien para saber que esa expresión era más producto de la preocupación que del enfado.
—¿Y has esperado hasta ahora para decírmelo? —preguntó Minato cuando Shisui le contó que era posible que el pacto que él creía que existía entre Kamiruzu, Sazumura y Kinuta fuese mucho más complejo de lo que pensaban en un principio.
—Si no estoy seguro de una información, no creo que sirva de mucho comunicártela.
—Muchacho, en este momento me estoy conteniendo para no darte una paliza porque, aunque esté algo mayor, todavía puedo hacerlo, créeme.
Shisui sonrió de medio lado ante las palabras de laird Namikaze.
—No lo pongo en duda —respondió Shisui.
Minato dirigió sus ojos hacia él y su mirada fue dura.
—No me adules, que no te va a funcionar.
—No lo hago. Solo constato la realidad de tus palabras.
Minato gruñó por lo bajo, llevándose una mano al puente de la nariz para apretarlo levemente. Era un gesto que hacía cuando necesitaba unos segundos.
Shisui pensaba rápido, y más rápida aún era su verborrea. Ágil y diestro con la espada, también lo era con su ingenio.
—De acuerdo. Cuéntamelo todo, y no te dejes nada, aunque no estés seguro de ello —contestó Namikaze señalándolo con un dedo.
—Ese dedo te meterá algún día en un lío —apuntó Shisui con un brillo canalla en los ojos que terminó en una carcajada cuando Namikaze gruñó de nuevo y esta vez sus ojos se inyectaron en sangre.
—Te juro que a veces eres peor que mis tres hijos juntos —afirmó Minato que, con solo pensar en Hotaru, la menor de sus hijas, ya se le ponían los pelos de punta.
—Te estás haciendo mayor —señaló Shisui, que apretó los labios cuando vio al highlander al límite—. Vale —continuó Shisui levantando una mano en señal de tregua, empezando a contarle lo que había averiguado hasta ese momento, incluso su inesperado encuentro con Sakura Katō y lo que ella había descubierto.
Vio la expresión de Minato cambiar según le iba desvelando información, yendo desde la sorpresa y la furia, hasta la expresión sombría e intimidante que tenía en el momento en que Shisui acabó con la exposición de los hechos.
—Está claro que existe un pacto inicial entre Kamiruzu, Kinuta y mi tío Mervin, pero hay algo que no encaja —dijo Shisui, mirando a Minato a los ojos—. Hay algo que se me escapa.
Minato se pasó la mano por el pelo antes de contestar.
—El hecho de que hayan llegado a involucrar en sus planes a otros clanes que no son del norte podía desencadenar un conflicto aún mayor. Eso me preocupa más que el que se maten entre ellos. ¿Qué hubiese pasado si Izumi Uchiha hubiese resultado herida y Itachi Uchiha se hubiese enterado de que no era un accidente? Y la magnitud de la manipulación de Kinuta hacia Kin Tsuchi es muy peligrosa. ¿Por qué tomarse tantas molestias? ¿Por qué incriminar a Kamiruzu si tienen un pacto? —preguntó Minato con voz grave—. Solo se me ocurre una razón —continuó el highlander.
—A mí, dos —dijo Shisui—. Traición o venganza.
Minato frunció el ceño y achicó los ojos en un gesto de desconcierto.
—¿Venganza?, ¿por qué? —preguntó Namikaze—. Todo el mundo puede ver que Kamiruzu no soporta a Uchiha. El enfrentamiento entre ambos ha tenido lugar desde que se vieron el primer día; sin embargo, nada que justifique atentar contra la vida de su esposa.
Shisui fijó sus ojos en Minato.
—Puede que tengas razón, pero la única realidad es que Kinuta manipuló a Kin porque quería que alguien encontrara ese broche y que Itachi lo supiera. Quería hacerlo perder el control y que desafiara a Kamiruzu.
Minato estaba de acuerdo con esa apreciación y veía más allá.
—Y sabía que atacando a Izumi, Itachi no se contendría —terminó Namikaze pensativo.
—Pero ¿por qué? Nada de esto tiene sentido. Los cinco clanes del norte están aquí para intentar llegar a un acuerdo que satisfaga a todos y evite una guerra. Los demás clanes presentes han acudido para hacer más fácil y factible ese acuerdo, y son neutrales. ¿Por qué atacar a Uchiha? ¿y aquí, con todos como testigos? Es una locura —continuó Minato con una expresión que delataba la gravedad de la situación.
Shisui miró a Minato asintiendo.
—Todavía no sé por qué, pero lo averiguaré —afirmó inclinándose ligeramente hacia delante—. Está claro que quieren utilizar a Uchiha para llevar a efecto sus planes, pero lo que no entiendo es, ¿por qué él?, y, ¿por qué arriesgar a Kamiruzu en un enfrentamiento contra Itachi?
Namikaze gruñó, maldiciendo en voz baja.
—Independientemente del motivo, quizás eligieron a Itachi porque su relación con Kamiruzu es tensa —dijo Shisui.
Namikaze asintió.
—El abuelo de Uchiha repudió a la madre de Itachi y Sasuke hace años.
—¿Por qué? —preguntó Shisui con el ceño fruncido.
—Mikoto Kamiruzu se fugó y se casó con un highlander que no era el que su padre había elegido para ella.
—¿Fugaku Uchiha? —preguntó extrañado Shisui.
Una sombra cruzó por la cara de Namikaze, oscureciendo sus ojos.
—Ese mal bicho no fue el hombre que eligió Mikoto Kamiruzu. Pero su primer esposo murió debido a luchas internas dentro de su propio clan, y ella tuvo que huir. Su padre, sus familiares y su clan la habían repudiado y le dieron la espalda. Lo mismo hicieron los clanes aliados a los Kamiruzu. No sé más de eso, solo que después terminó casada con Uchiha. Imagino que no tuvo elección —continuó Minato—. Pero eso no explica por qué quiere atacar a Uchiha. Que yo sepa ni siquiera se conocían antes de esta reunión. No se genera un odio tan fuerte en unos días como para arriesgarlo todo.
Minato, que había visto la mirada de Shisui y su expresión mientras le hablaba, no dudó en preguntar.
—¿Qué estás pensando?
Shisui le miró fijamente y la oscuridad que Minato vio en los ojos del highlander le preocupó.
—Después de lo que me has contado, no creo que la venganza sea la razón, aunque quizás sí el motivo aparente. Así que solo queda la traición.
—¿Crees que alguien quiere traicionar a Uchiha? —preguntó Namikaze.
Shisui negó con la cabeza y su mirada no ocultó la gravedad de sus siguientes palabras.
—Quizás te parezca descabellado, pero ¿y si dos de los tres hombres que han hecho el pacto quieren traicionar al tercero? ¿Y si han elegido a Itachi solo para crear la oportunidad?
Minato endureció la mandíbula cuando vio hacia dónde se dirigían los pensamientos de Shisui.
—Es cierto que desde que llegaron, Kamiruzu aprovecha cualquier oportunidad para demostrar la animosidad que siente hacia Itachi. ¿Crees que Suzumura y Kinuta lo están utilizando a fin de que Sasuke mate a Kamiruzu? Pero ¿qué conseguirían con eso? Muerto Cathair, su hijo Farlan se haría cargo del clan, y desde que empezaron las reuniones, es evidente que existe unión entre padre e hijo; de hecho, Farlan parece compartir todas las opiniones de su progenitor. ¿En qué beneficiaría eso a Suzumura y a Kinuta?
Shisui negó ligeramente con la cabeza.
—Quizás lo que busquen sea desestabilizar al clan Kamiruzu lo suficiente para que estos accedan a sus demandas. De hecho, los Kinuta están enemistados con los Kamiruzu por causa de un pedazo de tierra desde hace más de cincuenta años.
—Sigo sin verlo claro, Shisui. No eliges al lobo solitario para manipularlo. Ni Itachi ni Sasuke Uchiha son estúpidos, créeme.
—De eso ya me he dado cuenta —afirmó Shisui, y Minato asintió—. Pero sigo pensando que quieren traicionar a Kamiruzu. Kinuta manipuló a Tsuchi para que colocara el broche de los Kamiruzu bajo la montura de Izumi Uchiha. Kinuta quería que lo encontraran, quería que Itachi se enterara y estoy seguro de que lo que deseaba con ello era un enfrentamiento entre ambos. No encuentro otra explicación. Sin embargo, eso me plantea otras preguntas a las que no puedo responder, y el tiempo se acaba. Esta vez no les ha salido bien, pero no creo que eso los detenga. Imagino que Kinuta estará todavía pensando por qué Itachi no se ha enterado de lo de Izumi. Y está claro que quiere a Itachi Uchiha fuera de sí, para sus propósitos. Y me ha costado convencer a Sakura Katō de que no diga nada a Sasuke Uchiha.
Minato lo miró fijamente, dándole un pequeño golpe en la pierna. El sobrino de Suzumura era la templanza personificada, pero lo conocía lo suficiente bien como para saber que esta vez su autocontrol no era el de siempre. Había demasiado en juego, aunque él no quisiese reconocerlo.
—El problema de no conocer a alguien es suponer que esa persona va a actuar como imaginamos que lo haríamos nosotros mismos, y eso es un gran error. Y lo es más si estamos hablando de Itachi y Sasuke Uchiha —comenzó Namikaze con una sonrisa sesgada—. Lo que sé de él por personas en cuyo juicio confío plenamente, como es el caso de mi hijo Naruto o Kakashi Hatake, y lo que he podido observar y comprobar en primera persona de ellos me lleva a poder asegurarte que ni Kamiruzu ni Kinuta ni Suzumura saben a quién se están enfrentando. No tienen ni idea. Itachi y Sasuke Uchiha son dos de los hombres más inteligentes y astutos que he conocido jamás, y su forma de actuar es imprevisible, sobre todo la de Itachi. Maneja su impulsividad con mano férrea y no se deja llevar por sus sentimientos ni por su furia o su ira, sino que las utiliza, como un arma, en el momento exacto, y eso le dota de una ventaja muy superior a la de la mayoría de los hombres. Y Sasuke, ese chico es...
—Lo sé —dijo Shisui con una tenue sonrisa—. Le he tratado lo suficiente como para hacerme una idea.
—¿Te cae bien, verdad? —preguntó Namikaze.
Shisui miró a Minato.
—Por supuesto que me cae bien. Es honesto, directo y tiene un fino sentido del humor. Y es muy inteligente. Es buen conocedor de la naturaleza humana y puedo decirte, por experiencia, que lucha endiabladamente bien. Así que sí, claro que me cae bien; sin embargo, no creo que podamos ser amigos, sobre todo después de que me enfrente a su hermano.
Minato se puso serio y miró a Shisui con intensidad.
—¿Por qué demonios vas a enfrentarte a Itachi? ¿Estás loco? Creí que...
—Porque si Uchiha se entera de lo de Izumi, y de que yo lo sabía, si descubre que se lo he ocultado, no creo que esté dispuesto a perdonar eso. Estamos hablando de la seguridad de su esposa, Minato.
Namikaze apretó la mandíbula.
—Pues cuéntaselo todo. Confía en él —respondió Minato con fuerza, y la mirada que le dirigió Shisui hizo tambalear la determinación de Namikaze. Entendía al chico mejor de lo que él se imaginaba, y sufría por él, porque todo aquello era tan injusto que le retorcía las entrañas. ¿Por qué tenía que sacrificarse Shisui como llevaba haciendo toda su vida? Ese muchacho estaba tan acostumbrado a luchar solo sus batallas, a ser un sobreviviente que, si seguía así, Minato estaba seguro de que antes o después el filo de un cuchillo, la punta de una espada o una flecha sin dueño apagaría la luz de sus ojos, y él no iba a permitirlo.
—No puedo, Minato. Hay demasiado en juego y... no lo conozco. Y si le cuento lo de Izumi y reacciona como Kinuta espera que haga, le estaré ayudando. Necesito más tiempo. Sé que estoy cerca de descubrir lo que traman, y si lo hago, entonces hablaré con Itachi.
—Tiempo es lo que no tienes, maldita sea —dijo Minato entre dientes —. Tú mismo lo has dicho. Y yo no estoy dispuesto a que, bajo mi techo, en el mismo seno de mi clan, nadie salga herido o se confabule para desobedecer las órdenes del rey Guillermo. Esta reunión se ha hecho con una finalidad y, por la sangre de mis ancestros, que aquel que intente ir en contra de todo lo que es honorable y justo encontrará la muerte bajo mi espada.
—Y yo deseo lo mismo que tú, pero no tenemos pruebas, y si hablamos ahora, si saben lo que hemos descubierto, se ocultarán como las ratas que son y no lograremos nada; solo conseguiremos que lo intenten más adelante y quizás en esa ocasión no los veamos venir. En cambio, si los cogemos ahora y conseguimos alguna prueba para exponerla ante el rey, los pararemos y no se saldrán con la suya —dijo con convicción Shisui.
—Tu tío ha querido matarte, muchacho. ¿Quién te dice que parte de su plan no es intentarlo de nuevo? —exclamó Minato con tono duro.
Shisui negó con la cabeza.
—Eso no es lo importante.
—Si vuelves a insinuar que tu vida no es importante el que te mata soy yo, ¿me oyes?
Shisui suavizó su mirada y cogió del brazo a Minato cuando este, enfurecido, fue a levantarse de su silla, consiguiendo detenerle para que no lo hiciese.
—Escúchame, por favor... —dijo Shisui—. Te quiero como a un padre, lo sabes, y claro que mi vida me importa, pero llevo cuidándome solo desde que era un niño. No se lo voy a poner fácil, Minato, pero lo que está en juego aquí es el futuro de cinco clanes que estarán abocados a una guerra cruenta si no se llega a un acuerdo, y estoy seguro de que tanto a Kamiruzu como a Kinuta o a mi tío les da lo mismo cuánta sangre se derrame mientras ellos consigan lo que desean, sin importar el coste. Y me preocupa lo suficiente el futuro de mi clan como para arriesgarme.
—Un clan que no ha hecho nada por ti —acusó Minato con los ojos llenos de reproche.
—Es el clan de mi abuelo, el de mi madre, y no voy a dejar que el egoísmo y el afán de poder de mi tío Mervin lleve a ese clan al borde de la destrucción. Hay niños, mujeres y ancianos... familias enteras que pagarán por lo que está tramando, por sus decisiones. Y si yo puedo evitarlo, no voy a parar. Ni por ti ni por nadie —dijo Shisui vehemente.
—¡Eres igual de cabezota que tu abuelo! —exclamó Minato.
Shisui sonrió a desgana.
—Y era tu mejor amigo.
Namikaze maldijo tras un gruñido antes de hablar.
—No le he contado nada a mi hijo porque hasta ahora todo lo que tenías eran suposiciones, pero... no puedo ocultárselo por más tiempo. Naruto es el responsable de esta reunión.
Shisui entendía perfectamente a Minato.
—¿Y qué vas a contarle? Seguimos sin tener nada. Solo un broche que por sí solo no es prueba alguna. Todo son meras suposiciones, pero dame dos días. Creo que sé cómo averiguar lo que ocultan.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Namikaze.
Shisui negó con la cabeza pidiéndole con los ojos que no le preguntara nada más.
—Escúchame, Shisui. Por una vez en tu vida acepta la ayuda de alguien. Esto no puedes hacerlo tú solo. No voy a permitir que lo hagas solo.
—Si quieres ayudarme, consigue mantener a Sakura Katō al margen. Es demasiado peligroso y la marcha esta mañana de Kin Tsuchi no me tranquiliza. La han visto hablando con Kinuta.
—¿Crees que le ha contado la visita que le hizo Katō anoche?
Shisui inspiró con fuerza antes de hablar.
—Es posible, y Kinuta puede ser un hijo de perra si se lo propone. No quiero que ella sufra daño alguno.
—No entiendo por qué se ha arriesgado de esa manera.
Shisui sonrió ligeramente.
—Porque creo que siente algo por Sasuke Uchiha.
Namikaze abrió los ojos con sorpresa antes de sonreír abiertamente.
—¿Y sabes si es mutuo? —Shisui sonrió aún más y Namikaze chasqueó la lengua—. Vaya, una buena noticia —dijo, y en su voz había un matiz cálido.
—No creo que sea tan fácil —señaló Shisui.
Minato arrugó el entrecejo, pero en sus ojos se podía ver que aquel asunto le divertía.
—Las cosas buenas de la vida nunca son fáciles —contestó laird Namikaze, y su mirada destiló cierta añoranza.
Shisui se inclinó hacia atrás apoyando su espalda en el respaldo de la silla, a la espera de que Namikaze aceptara lo que le había pedido.
—Está bien. Estaré pendiente de Katō y de Izumi Uchiha, porque, aunque no me lo hayas pedido, sé que estás preocupado también por ella. Pero si no descubres algo pronto, tendremos que pensar en hablar con Naruto y con Itachi.
Shisui asintió lentamente, consciente de que tendría que darse prisa; tendría que hacer algo que había intentado evitar a toda costa.
