CAPÍTULO XXIII
Kakashi miró a Itachi nuevamente. Desde que habían terminado de cenar, los invitados habían quedado desperdigados por el salón, algunos aún sentados ante las mesas en las que momentos atrás habían degustado los alimentos que la cocinera del clan Namikaze había preparado para aquella noche, y otros de pie en pequeños grupos o sentados en sillas cerca del hogar. En el extremo del salón, cerca de la pared donde el escudo de los Namikaze con el lema S'rioghal mo dhream revestía con orgullo la pared de piedra, Itachi seguía sentado a la mesa, una que después de que Naruto, Yamato, Henson Katō y Coburn Nohara hubiesen abandonado, estaba desnuda de los invitados que la habían ocupado momentos atrás. Las damas que habían compartido con ellos la velada también la habían abandonado, muchas de ellas concentrándose cerca del hogar donde Temari Namikaze y Rin Nohara, Sakura, Shizune y Izumi, entre otras, conversaban animadamente. Hanare se retiró en cuanto acabó de cenar para ocuparse de los gemelos.
Sasuke se aproximó a la mesa después de terminar de hablar con Hasson Nohara, barriendo antes disimuladamente el salón con la mirada, algo que no pasó desapercibido para Kakashi que lo conocía desde que el menor de los Uchiha era un niño.
Cuando finalmente llegó hasta donde estaban ellos, tomó asiento junto a Itachi, quedando Hatake sentado al otro lado del mayor de los Uchiha.
—Estás más callado de lo normal y eso, conociéndote, no es nada bueno —dijo Kakashi mirando a Uchiha.
Itachi siguió con la mirada al frente, fija en la mesa situada al otro extremo de la sala, donde, entre otros, estaban sentados Heki Tsuchi, Minato Namikaze y el sobrino de Suzumura.
—¿A quién quieres arrancarle la cabeza? —preguntó Hatake intuyendo la respuesta de Uchiha.
—A Shisui Suzumura —dijo finalmente Itachi, que, sin desviar la vista, respondió con una frialdad y una calma que Kakashi sabía que era peligrosa en él.
Se hizo el silencio durante unos segundos en los que los tres hombres terminaron mirando en la misma dirección.
—No creo que él tuviera nada que ver con lo de Izumi —dijo finalmente Sasuke con la templanza que le caracterizaba, esbozando una pequeña sonrisa, de tal manera que cualquiera que estuviera observándoles pensaría que estaban hablando de algo divertido y banal.
—Yo no estaría tan seguro —apuntilló Hatake—. Las negociaciones están en un punto muerto. Nohara es el único dispuesto en verdad a hacer concesiones. Gunn quiere exponerse lo mínimo posible y está esperando a ver si el resto se devoran entre ellos y así poder sacar provecho de las sobras. Kinuta no está bien de salud, y aunque quiere ocultarlo, es más que evidente que se está apoyando en su hijo Dosu, un manipulador nato, que parece dirigir en realidad el clan, en vez de su padre. Kamiruzu es agresivo, y no atiende a razones. Es como si quisiera dilatar y ralentizar las negociaciones por alguna razón, y Mervin Suzumura es una sabandija escurridiza, que por momentos parece demasiado nervioso. Cuando los tienes a todos en una misma habitación puede verse con claridad los años de odio, las luchas encarnizadas, las disputas territoriales, afrentas personales y viejas rencillas que carcomen cada uno de sus clanes desde dentro, y, sin embargo, a pesar de todo eso, si observas de cerca es fácil darte cuenta de algunos detalles que no encajan del todo bien, como que Kamiruzu ataque a Gunn de forma encarnizada y Kinuta no quiera atender a razones con Nohara, a pesar de que este último esté siendo más que razonable, pero que entre ellos, dos de los clanes con más problemas entre sí, y con una enemistad enfermiza, no se haya producido todavía ningún altercado grave desde que pisaron estas tierras. Y Suzumura... ha iniciado varias discusiones con Kinuta y Kamiruzu, pero por cuestiones nimias y sin fundamento. Parece más algo simulado que una discusión real.
—Un resumen perfecto —dijo Sasuke mirando a Kakashi.
—Todavía no ha acabado —apostilló Itachi, lo que provocó que Hatake sonriera abiertamente.
—Quien sea quiere provocaros, y lo de Izumi es una forma desesperada de hacerlo. No sé por qué, ni qué quieren de vosotros, pero es algo grande si se han tomado las molestias de malmeter al rey para asegurarse de que estuvierais presentes en esta reunión. Quien sea os necesita para sus planes. Después de la conversación que Izumi te contó que oyó, yo me inclinaría por Kinuta. Lo del broche claramente es para desviar la atención de su persona y culpar a Kamiruzu, el cual sabe que tiene una afrenta personal contigo.
—Eso es algo que tampoco encaja —dijo Sasuke—. No conocíamos a Kamiruzu antes de esta reunión. Por mucho que odiara a nuestra madre, eso no justifica su continua provocación. Está forzando un enfrentamiento, Kakashi, y yo me pregunto por qué.
Kakashi asintió.
—¿Piensas, quizás, que tenga un pacto con Kinuta y lo del broche sea una forma de agilizar el enfrentamiento entre Itachi y él?
—Demasiado arriesgado... ¿Por qué hacerlo a escondidas cuando no tiene problemas en provocarme de frente? No, Kamiruzu no lo sabe —dijo Itachi.
—Pero eso no explica por qué piensas que Shisui tiene algo que ver —preguntó Sasuke a Kakashi después de unos segundos.
Kakashi inclinó ligeramente la cabeza hacia Sasuke.
—Porque Shisui Suzumura sabe lo que pasó, lo vio y no dijo nada. Se preocupó de volver a por el broche y esconderlo, guardando silencio. Puede que no sea el responsable, pero no es inocente. Puede que él y su tío quieran utilizar lo que saben para sus propios fines, o puede que Suzumura esté metido en el asunto junto a Kinuta. Quizás pretendan deshacerse de Kamiruzu, y Shisui Suzumura les esté ayudando —sentenció Kakashi.
Sasuke negó con la cabeza.
—La relación de Shisui con su familia es de todo menos cordial. He estado con él estos días y, por lo que he visto, no creo que Mervin Suzumura le haga partícipe de los asuntos delicados del clan. No parece que sea de su confianza.
Kakashi esbozó una sonrisa.
—Tú lo has dicho. No lo parece, pero eso no significa nada. Al fin y al cabo, son familia. Puede que sus desavenencias no sean tan graves como están haciendo ver al resto. Quizás el confraternizar contigo sea por otras razones.
Sasuke canturreó por lo bajo una antigua canción escocesa antes de contestar.
—Me habría dado cuenta. A pesar de que apenas le conozco, mi instinto me dice que él no tiene nada que ver —dijo Sasuke de nuevo.
—Y yo confío en tu instinto, pero eso no significa que no puedas equivocarte alguna vez —dijo Kakashi.
Sasuke asintió antes de mirar a su hermano. Kakashi también desvió su atención a Itachi.
—¿Vas a decir algo? —preguntó Hatake con un brillo divertido en los ojos cuando vio que Itachi se tomaba su tiempo.
—Minato Namikaze le tiene aprecio, y esa es una de las razones por las que sigue respirando —dijo Itachi con frialdad—. Les he observado estos días y tanto Minato como Naruto confían en él. Sé que se trae algo entre manos, pero no creo que tenga nada que ver con lo de Izumi; sin embargo, no sé dónde están sus intereses ni con quién está su lealtad. Las razones que le llevan a guardar silencio respecto a lo de Izumi pueden ser muchas. Las que más me preocupan son las que no puedo imaginar. Antes de la cena se reunió con Minato, a solas. Está claro que no podemos perderlo de vista.
Kakashi asintió.
—Estoy de acuerdo contigo.
—Y debemos estrechar la vigilancia sobre Kinuta, Suzumura y Kamiruzu.
—Si descubrimos qué quieren de ti, quizás eso pueda darnos la clave para saber qué traman. Cada vez tengo más claro que están utilizando esta reunión para conseguir algo que no logramos ver —dijo Kakashi con el semblante más serio—. Descubriremos también quién atentó contra Izumi —finalizó Hatake.
—Y cuando lo haga será hombre muerto —dijo Itachi con una frialdad que helaría hasta el mismísimo infierno.
—¿Vas a hacer algo con Shisui Suzumura? —preguntó Hatake.
—Por ahora no; sin embargo, no voy a olvidar que supiera lo de Izumi y no me lo dijera. Quien atentó contra ella podría volver a intentarlo.
—Y no olvidemos que el sobrino de Suzumura también puede estar manipulando a Sakura Katō —dijo Kakashi.
Sasuke miró a Hatake.
—Eso lo dudo —contestó el menor de los Uchiha—. No creo que exista nadie capaz de manipularla —finalizó Sasuke con rotundidad.
Kakashi enarcó una ceja.
—Parece que la admiras.
—Hace algo más que admirarla —afirmó Itachi.
Hatake sonrió abiertamente, y Sasuke frunció el ceño con una mirada canalla.
—Estabas mejor callado.
Kakashi rio por lo bajo y Sasuke sonrió abiertamente.
Desde lejos, Naruto Namikaze hizo un gesto a Kakashi para que se acercara.
—Voy a dejaros. Namikaze me dijo antes que quería que estuviese presente cuando él hablase con Nohara —explicó Kakashi antes de ponerse en pie.
—Coburn es el único de los laird del norte que parece interesado en estas negociaciones, y el único que me cae bien —dijo Sasuke mirando a Hatake—. Puede que sea porque está emparentado contigo.
Kakashi miró divertido al menor de los Uchiha antes de dar un apretón en el hombro de Itachi y alejarse.
Los ojos de Sasuke se desviaron hasta Sakura, que se encontraba junto a otras damas, hablando animadamente con su hermana Shizune y con Temari Namikaze.
Apretó la mandíbula cuando recordó lo que Sakura le había preguntado esa noche, y lo mucho que él había descubierto de ella con esas simples preguntas. No podía olvidar el dolor velado que vio reflejado en sus ojos al hacérselas. «¿Crees que soy demasiado orgullosa y egoísta?, ¿tanto como para hacer daño a las personas que me importan?». A Sasuke le sorprendió y le enfureció que ella pudiese pensar eso de sí misma, pero doblegó esos sentimientos cuando comprendió lo mucho que le había costado a Sakura preguntarle aquello. El pequeño temblor de su voz, la vulnerabilidad que reflejó su rostro por unos segundos, la lucha interna que reflejaron sus ojos...
Todavía no podía creer la confianza que decidió depositar en él en ese instante y no quería que se arrepintiese de ello jamás. Un regalo que atesoraría, cuidaría y protegería con todo su ser.
—Sakura no nos ha contado lo de Izumi porque piensa que así nos protege. Estoy seguro de ello —dijo Sasuke, y sintió la mirada de Itachi sobre él.
—Arriesgó su vida para ayudar a Izumi, se coló en la habitación de Kin Tsuchi y no salió de ella hasta que consiguió que Tsuchi le contara lo que sabía, haciendo lo que hiciese falta para descubrir la verdad, arriesgándose por conocer una verdad que no le afectaba, pero aun así lo hizo. Si no la hubiese conocido de antes, solo eso hubiese bastado para saber cómo es Sakura Katō. No hace falte que la justifiques ante mí —sentenció Itachi.
Sasuke exhaló el aire que había inspirado con mayor fuerza, lentamente.
—No lo hacía —dijo al fin el menor de los Uchiha.
Itachi le lanzó una mirada que Sasuke conocía de sobra. Una intensa, fija, calmada, que le dijo a las claras que no podía engañarlo. A él no.
—Sé que ha sufrido mucho, puedo verlo en sus ojos. Disimula tan bien que nadie parece darse cuenta, pero sé que eso la está matando y yo...
—Lo sé —dijo Itachi, que no le hacía falta nada más para entender lo que Sasuke sentía.
—Me preocupa lo que nos dijo Naruto el otro día. La posibilidad de que Kinuta quiera un enlace con ella. Sé que Sakura no desea nada de esa familia y menos de Dosu Kinuta. La noche que escuché la conversación entre ambos quiso intimidarla, la amenazó de forma velada, la trató como si se sintiese con poder para obligarla a hacer lo que él quisiera. No creo que haya nadie que pueda compararse a nuestro padre, pero por un momento me recordó a él. No lo quiero cerca de ella, Itachi —y la voz de Sasuke se oscureció, tomando un tinte peligroso.
—¿Y qué es lo que deseas?
Sasuke miró a su hermano antes de contestar.
—Quiero que ella tenga la libertad de decidir y sé que eso va a ser difícil con Henson Katō. Si su padre decide que quiere esa alianza no va a dar opción a su hija.
Itachi asintió levemente.
—La inmensa mayoría de los lairds utilizan el matrimonio para forjar alianzas, ya sea para ofrecer a su clan una mayor seguridad, para acabar con una enemistad o para acumular poder. Los deseos o sentimientos de los involucrados no son importantes, Sasuke.
—Lo sé —dijo el menor de los Uchiha con un deje de amargura—. Pero eso no debería ser así; no fue lo que tú me enseñaste —continuó y pronunció sus últimas palabras con fuerza, con orgullo.
—Pues entonces haz que Henson Katō rechace esa alianza. Ofrécele una que no pueda desestimar —contestó Itachi con una mirada llena de determinación, sólida, inquebrantable.
Sasuke sabía que no le hacía falta decirle a su hermano lo que sentía por Sakura Katō. Itachi le conocía tan bien que a veces parecía comprenderle mejor de lo que se entendía él mismo. Sabía que estaba enamorado, que Sakura se le había metido bajo la piel, en su corazón, en su interior, con ímpetu y de forma absoluta. Eso era algo que no podía ni quería superar. Jamás. Y Itachi lo sabía; se lo había dejado claro con lo que acababa de decirle. Su hermano nunca le hubiese planteado que le pidiese matrimonio a Sakura si no supiese que su corazón estaba totalmente perdido por la pelirosa de ojos tan claros que a veces pensaba que podía reflejarse en ellos.
—No quiero utilizar lo que está pasando para mi propio provecho. No soy tan necio como para creer que la estaría salvando cuando en el fondo la estaría condenando a hacer algo que estoy seguro que no desea. Solo quiero que sea feliz.
Itachi le miró enarcando una ceja y entonces Sasuke lo entendió, comprendió de golpe lo que había querido decirle su hermano y maldijo por lo bajo.
—Vale, soy estúpido —afirmó Sasuke, observando el brillo divertido en los ojos de Itachi—. Solo me ha costado unos segundos entender lo que me querías decir, así que no me mires así...
—¿Así cómo? —preguntó Uchiha enarcando una ceja.
—Como si te resultase divertida mi torpeza.
Itachi sonrió abiertamente.
Sasuke negó con la cabeza, también sonriendo.
—Si Sakura accediera a un falso compromiso, eso impediría que tuviese que casarse con Dosu y, a la vez, le concedería tiempo para decidir qué hacer...
—Veo que en verdad lo has comprendido —comentó Itachi en voz baja.
—Pero el día en que hubiese que romper el compromiso, tendría que ser yo el que lo hiciese y eso podría traerte problemas con los Katō —continuó el menor de los Uchiha consciente de que, si las cosas sucedían de aquella manera, Itachi sería el que tendría que afrontar las consecuencias como laird de su clan.
—Olvídate de eso. Nadie va a obligar a Sakura a casarse con Dosu Kinuta si ella no lo desea —contestó Itachi con determinación.
Sasuke desvió los ojos hasta su hermano y en la mirada de Itachi había una calidez que le atravesó el pecho. Esa mirada, que pocos conocían y que a pocos dedicaba, había sido una constante en la vida de Sasuke, desde que era un niño. Itachi le había aportado la fuerza, el afecto, la constancia, el sostén, el amor y la libertad que lo habían ayudado a ser la persona que era hoy en día. Había muchos que no entendían a Itachi, su forma de actuar, sus valores y principios, en ocasiones muy distintos a los del resto de sus coetáneos. Pero para Sasuke siempre había sido su ejemplo a seguir.
—Hablaré con Sakura pronto. Aunque Kinuta no dio seguridad a Naruto sobre si realizaría la oferta, quiero que Sakura lo sepa y esté preparada. No quiero que se sienta acorralada.
Itachi asintió.
—Vas a plantearle a Sakura lo del compromiso, pero ¿vas a decirle lo que sientes?
Sasuke tardó unos segundos en responder.
—Siempre he sido sincero con ella, pero no quiero que se sienta obligada a nada. Ya te lo he dicho antes, quiero que sea libre para decidir.
Itachi se inclinó ligeramente hacia delante, para beber un poco de agua de su copa que permanecía encima de la mesa.
—Estamos hablando de Sakura Katō —dijo el mayor de los Uchiha—. Dile lo que sientes y háblale del compromiso y que estás dispuesto a romperlo si ella no desea lo mismo que tú, porque si accede, y después se entera de tus sentimientos, puede interpretarlo por lo que no es; puede pensar que le has mentido, que la has manipulado y eso provocaría que perdiera la confianza que tiene en ti.
—Jamás le haría eso —dijo Sasuke.
—Yo lo sé; ella, no —sentenció Itachi.
—No quiero condicionarla.
—Y no lo harás si eres sincero.
Sasuke tragó saliva antes de hablar.
—Esta tarde he tenido un ataque de asma, de los fuertes.
Sasuke sintió la mirada de Itachi fija en él, inquisitiva, preocupada.
—Estoy bien —se apresuró a decir Sasuke con una media sonrisa que no llegó a sus ojos—. Pero ella lo ha visto y ha permanecido a mi lado.
La mirada de Itachi se oscureció.
—¿Y...? —preguntó con un tono grave, seco, a la espera de su respuesta.
—Ha estado maravillosa. Es una mujer excepcional, Itachi.
La expresión de Uchiha se suavizó lentamente.
—Le he hablado de Fugaku..., y de que yo no estaría vivo de no ser por ti.
Itachi le miró fijamente, y el dolor, ese que forjó un gélido invierno en el interior de su hermano durante años, eclipsó por unos segundos los ojos oscuros de Uchiha, lacerante, dañino, antes de que Itachi lo apagase a voluntad, una que Sasuke siempre pensó que podía mover montañas.
—Una vez le dije a Fugaku que tú me hacías más fuerte, ¿sabes por qué? —preguntó Uchiha, y Sasuke le miró, empañados sus ojos por los recuerdos. Ese era el legado que Fugaku les había dejado a los dos y, aunque nunca habían permitido que eso los definiese, no podían negar que su niñez los había marcado, forjando una parte de ellos a base de sufrimiento y de una continua lucha por su supervivencia.
Sasuke negó levemente con la cabeza. Su hermano nunca lo había mencionado.
Los ojos de Itachi refulgieron, haciendo imposible apartar la mirada de ellos.
—Porque es la verdad —sentenció Itachi—. Tú eres mi fuerza y mi punto de apoyo.
—Itachi... —susurró Sasuke, pero Uchiha levantó una de sus manos para que le dejase terminar.
—Siempre dices que has aprendido cosas de mí, pero yo puedo decirte, sin temor a equivocarme, que tú me has enseñado más a lo largo de estos años de lo que yo jamás podré ofrecerte —y la voz de Itachi se tornó más grave al continuar—. Eres mucho mejor que yo, Sasuke, en todos los sentidos, y no sabes lo orgulloso que estoy de ello —terminó Uchiha con esa fuerza que emanaba de él, siempre.
Por primera vez en la vida Sasuke se quedó sin palabras. Itachi siempre le había demostrado lo que significaba para él. Sasuke sabía que Itachi entregaría su vida por él, sin pensarlo; sin embargo, nunca se había considerado su fuerza, ni remotamente. Al contrario, él siempre temió ser su debilidad. Y por eso luchó más, se esforzó más, hasta caer rendido, porque odiaba ser una carga para Itachi. Su padre intentó matarlo, deshacerse de él, y durante toda su vida le recordó constantemente que solo era un accidente de la naturaleza. Un ser enfermizo que no debió haber nacido nunca. Pero él jamás se sintió así, jamás se consideró menos que cualquier otro hombre. Eso lo aprendió de Itachi y, aunque la sombra de las palabras de Fugaku siempre fue alargada y encontrara recovecos por las que asomarse, su hermano mayor siempre conseguía desterrar esas palabras, hasta hacerlas desaparecer.
La fuerza para obviarlas, la confianza para desmentirlas, el amor propio para no rendirse jamás... eso lo aprendió de Itachi, y, por Dios, que no iba a fallarle nunca.
