CAPÍTULO XXVII

Sasuke dejó de respirar durante unos segundos cuando la escuchó.

Su cuerpo se tensó, apretó los dientes, cerró los ojos y tuvo que hacer uso de todo su autocontrol, de toda su fuerza de voluntad, para contener la ira que lo recorrió por entero al escuchar las palabras procedentes de los labios de Sakura.

El menor de los Uchiha la sujetó contra su pecho, enredó una de sus manos entre sus suaves cabellos, y la acunó entre sus brazos con firmeza y con infinita ternura, y Sakura enterró su rostro en el cuello de Sasuke, mientras intentaba amortiguar su llanto contra su piel, aferrándose a él con todo su ser, como si temiera que, de seguir así, sus sollozos terminarían desgarrándola por dentro.

—Estoy aquí, contigo, siempre... —prometió Sasuke, con la voz tensa, cargada de matices que a duras penas logró controlar, intentando ocultar la furia, el odio visceral, las ganas de venganza y de exigir sangre que había despertado en él su confesión.

Sakura, por su parte, apenas era dueña de su cuerpo, con sus fuerzas mermadas por la enormidad de lo que acababa de hacer. Todavía no podía creer que aquellas palabras hubiesen salido de su boca si no fuese porque las seguía escuchando dentro de ella, como si de un eco lejano se tratase, adquiriendo cada vez mayor magnitud.

El vértigo de haberse sincerado la estremeció de pies a cabeza y, sin embargo, el hecho de haber compartido su secreto con otro ser humano le había otorgado una paz como la que no había conocido en años.

Jamás, ni en sus delirios más locos, pensó que un día desnudaría su alma a otra persona, haciéndola partícipe de sus sombras, sus fantasmas y sus miedos, y ahora que lo había hecho, era ella la que se sentía perdida y confusa ante la reacción del menor de los Uchiha. Esperó, convencida, el rechazo de Sasuke, su mirada cargada de reprobación, decepcionada e incrédula. Esperó por parte de Sasuke muchas cosas, pero no aquella calidez, su ternura, y esa muestra de lealtad y empatía que había desplegado ante ella sin límite alguno. No esperó encontrar consuelo entre sus brazos y, menos aún, sentir la rabia proveniente de él, una que sus ojos trataron de esconderle, aunque Sakura supo reconocer y que sabía que no iba dirigida a ella sino a aquel que había osado hacerle daño.

Intentaba protegerla... y esa era una sensación a la que no estaba acostumbrada, pero que la hizo sentir extrañamente reconfortada.

No esperó jamás que, tras hablarle de los hechos que fracturaron su vida, él la abrazara de aquella forma, con tanta fuerza y a la vez de forma tan delicada. No esperó sentir ese sentimiento de protección que, de forma fiera, emanó de él, y desde luego, no esperó recibir todo el calor y el amor que desprendieron cada uno de sus gestos. ¿Quizás Sasuke no la había escuchado bien? ¿Quizás no había entendido que ella mató a Shira Kinuta?

Y queriendo responder a esas preguntas, necesitando cerciorarse de que la reacción de Sasuke era verdadera, Sakura se lo explicó todo, no solo unos pocos retazos que a duras penas explicaran su confesión.

—Los Kinuta eran nuestros aliados y Shira el mejor amigo de mi padre —empezó con voz ronca, resultado de su llanto—. Nosotras crecimos viéndole en nuestra casa, entre nuestros muros de forma constante. Pasaba largas temporadas y tanto Shizune como yo lo queríamos como si fuese alguien de nuestra familia. Una noche... yo estaba dormida en mi habitación, era de madrugada...

Sasuke sintió el corazón de Sakura desbocado retumbar bajo la palma de su mano, aquella que permanecía en la espalda de la pelirosa. Sintió su voz temblorosa a punto de quebrarse, y tuvo que tragarse la bilis que acudió a su boca por lo que sabía que vendría a continuación.

—Me desperté, no podía respirar... Me asusté porque no sabía qué pasaba. Todo permanecía oscuro y un cuerpo pesado estaba encima de mí. El o...olor a vino corrompido me abofeteó la cara y por un momento creí encontrarme en mitad de una pesadilla —continuó Sakura con la mirada perdida en un punto fijo frente a ella—, pero las manos duras y frías que se deslizaron por mis muslos eran demasiados reales y... yo... yo le supliqué que no me hiciese daño, porque me estaba lastimando y cuando sentí que él... que él... —Y Sasuke apretó uno de sus puños con fuerza cuando reconoció en la voz de Sakura el miedo y el dolor que revivir aquello le estaba causando. El menor de los Uchiha la apretó más contra sí, besando suavemente los cabellos de Sakura.

—No tienes por qué contármelo —dijo Sasuke a media voz, y la pelirosa negó con la cabeza, antes de mirarle a los ojos.

—Quiero hacerlo, necesito hacerlo —susurró con la voz más firme, y Sasuke asintió, anclando sus ojos a los de Sakura, no dejando que ella desviara su mirada nuevamente, diciéndole sin palabras que estaba a su lado y que nada podría cambiar eso, a la vez que posaba lentamente la mano en su cuello, acariciando con su pulgar la piel, bajo la cual el pulso de la pelirosa adquirió un ritmo frenético.

—Luché, luché con todo mi ser, pero él era mucho más fuerte, más grande y más pesado. Me aplastaba, y yo... yo no podía respirar y creí que me desmayaría. Ojalá lo hubiese hecho —dijo Sakura, y la agonía que vio en sus ojos verdes como hielo mató un poco más a Sasuke por dentro—. Ojalá no pudiera recordarlo, ojalá no hubiese sentido aquel dolor —sollozó Sakura tocándose el pecho como si le costase respirar—, porque en ese momento quise morirme, creí que me volvería loca. Muchas veces después de aquello deseé acabar con todo...

Sasuke tuvo que apelar a todo su autocontrol para que su voz saliese templada, tranquila, cuando la única verdad era que ardía por dentro, y que solo quería arrasar con todo a su paso.

—¿Cuánto tiempo tuviste que...?

Sakura cerró los ojos y apretó su cara nuevamente contra el cuello de Sasuke, como si allí hubiese encontrado un refugio donde sentirse segura.

—So... solo una vez —dijo Sakura, y Sasuke tuvo aguzar su oído para escucharlo—. A la mañana siguiente Shira se fue para no volver por un tiempo, y cuando lo hizo, cuando volvió a visitarnos, yo le tenía pánico. Solo quería escabullirme y evitar su presencia, pero no pude, no cuando amenazó con hacerle a Shizune lo mismo que me había hecho a mí.

En ese punto Sasuke apretó los dientes hasta tensar la mandíbula con una fuerza brutal. «Aquel maldito hijo de perra», pensó el menor de los Uchiha, «hubiese deseado que viviera solo por el placer de matarle con mis propias manos, después de torturarlo durante horas».

—En aquella ocasión no vino solo. Lo acompañaban su padre y su hermano Dosu, por una buena razón: querían sellar la amistad entre nuestros clanes con un matrimonio. Fue mi padre quien más tarde me comunicó que habían llegado a un acuerdo para que yo me casase con Dosu. Huelga decir que no reaccioné demasiado bien ante esa noticia, sobre todo después de haber soportado durante toda la cena las miradas llenas de intención de Shira, que de forma sutil miraba de vez en cuando a Shizune para que yo entendiera que no podía rehusar sus atenciones —continuó Sakura más calmada, con la voz más templada y los ojos clavados en los de Sasuke—. Esa misma noche, cuando abandoné el salón, yo... yo tenía mucho miedo, sobre todo porque Shira decidiera cumplir sus amenazas haciéndole daño a Shizune, así que en vez de retirarme a mi habitación, hice guardia frente a la puerta de la estancia de mi hermana. Cuando mis temores se hicieron realidad un rato más tarde y Shira llegó, borracho hasta la habitación de Shizune... El pánico que sentí, creí que me paralizaría, y aún a día de hoy no sé cómo conseguí moverme y acercarme a él. Pero no podía permitir que le hiciese daño, no podía dejar que Shizune pasase por lo mismo que yo, era solo una niña.

Sasuke tuvo que morderse la lengua para no decirle que ella también había sido una niña cuando aquella bestia abusó de ella.

—Me enfrenté a él y le increpé, le reté, consiguiendo lo que quería: que él me siguiese. Quería alejarlo de Shizune, era lo único que me importaba en ese momento, pero cuando Shira finalmente consiguió atraparme, me arrastró hasta una habitación. Fue entonces cuando pensé..., pensé que no podría volver a soportarlo. Luché y me resistí con toda mi alma. Enajenada, cuando vi el deseo enfermizo en su mirada, arremetí contra él con todas mis fuerzas, empujándole. Solo quería escapar, que Shira cayera al suelo para darme el suficiente tiempo para alejarme de él. Pero lo que ocurrió fue algo distinto, algo que aún hoy me persigue en mis peores pesadillas, porque aquel empujón que le di con todas mis fuerzas consiguió desequilibrarlo y, embriagado como estaba, trastabilló varios pasos hacia atrás sin control, cayendo al final por un gran ventanal que había a sus espaldas. Murió por la caída, en el acto, y yo fui quien lo mató.

Sasuke, mirándola con fiera determinación, negó con la cabeza.

—Era él o tú.

Una lágrima recorrió la mejilla de la pelirosa.

—Pero le maté, y... me... me sentí aliviada —confesó Sakura con la voz rota de dolor.

—Escúchame bien —dijo Sasuke, ahora acunando ambas mejillas de Sakura entre sus manos—. Shira Kinuta te violó, y amenazó con hacerle lo mismo a tu hermana. Te defendiste, Sakura, y defendiste a Shizune. Hiciste lo necesario para manteneros a salvo a las dos. El sentimiento de alivio es la consecuencia de ello, de saber que Shira no volvería a hacer daño a nadie. Y tuvo, sin duda, una muerte demasiado benevolente. Yo le hubiese destripado lentamente —finalizó Sasuke con furia.

Sakura contuvo el aliento. Durante muchos años temió que alguien descubriera sus secretos. Había tenido tanto miedo de enfrentarse a las miradas de aquellos a los que amaba y ver en sus ojos que la consideraban un monstruo, que se juró a sí misma años atrás que se llevaría ambas cosas a la tumba, aun cuando el peso de su silencio y las sombras que proyectó ese juramento con el paso del tiempo se habían vuelto insostenibles. Y no había imaginado cuánto hasta que, llevada por el cansancio extremo y la desesperación, se lo había contado todo a Sasuke.

A la sensación de alivio, no exenta de todo el dolor que verbalizar lo sucedido le había provocado, se le había unido un hondo sentimiento de incredulidad, porque no había ni un atisbo de rechazo o desprecio en los ojos del menor de los Uchiha y, quizás por eso, todavía perdida entre los brazos de Sasuke, esperaba el golpe final: sentir en su voz y ver en su mirada cuánto le asqueaba y repugnaba todo lo que acababa de escuchar,... y si eso pasaba, ahora que había derribado todas sus defensas ante él, ella no podría soportarlo... estaría perdida.

—Sakura, mírame...

No podía, sinceramente no se creía capaz, y volvió a hundir su rostro en el cuello de Sasuke junto a sus cortos cabellos, para aspirar una vez más su aroma que le recordaba a un día de lluvia, la reconfortaba, la hacía desear perderse en su piel y cerrar los ojos para no pensar en nada. Sasuke pareció entender su reticencia, su miedo, y no la forzó a realizar ningún movimiento, solo rozó su mejilla con los dedos, sin ejercer presión alguna, y Sakura se encontró a sí misma siguiendo y buscando el calor de la palma de su mano, moviendo ligeramente el rostro, hasta que la pregunta de Sasuke la devolvió a la realidad, esa de la que no podía escapar.

—¿Cómo te has hecho esto? —preguntó el menor de los Uchiha tocando con su pulgar de forma delicada la comisura del labio de Sakura. La pelirosa pegó un respingo cuando la incomodidad del leve roce le recordó cómo había terminado con el labio lacerado. Sakura puso su mano encima de la de Sasuke, de esa mano que seguía en su mejilla y se negaba a abandonar la zona donde Sakura, estaba segura, tendría una marca aparte de la herida en el labio.

La hija mayor de Katō negó con la cabeza. No quería hablar de ello, aunque supiera que difícilmente Sasuke lo dejaría pasar. No con aquella mirada que ahora sabía lo que significaba y que ella contempló con el ceño fruncido cuando por fin decidió mirarlo de nuevo a los ojos. Estaba preocupado por ella, podía verlo a pesar de que una parte de sí misma aún dudara.

—¿Ha sido tu padre? —preguntó el menor de los Uchiha entre dientes.

—Sasuke... —susurró Sakura.

—Ha sido él —dijo Sasuke con convicción, y Sakura supo en ese preciso instante que, si no hacía algo, si no decía alguna cosa para que Sasuke lo olvidara, las repercusiones podrían ser desastrosas.

—Prométeme que no harás nada —pidió Sakura.

Sasuke apretó la mandíbula.

—No puedo hacerte esa promesa. Jamás debió pegarte, maldita sea.

La mirada de Sakura se intensificó espirando el aire que contenía en su pecho con mayor fuerza de la habitual.

—Sasuke, por favor..., prométemelo. Prométeme que confiarás en mí como has hecho hasta ahora. Si alguien tiene que enfrentarse a él, soy yo. Sé cuidarme sola.

—De eso no me cabe duda, pero no voy a permitir que nadie te haga daño —contestó Sasuke.

—Y yo necesito esa promesa —dijo Sakura, y vio la lucha interna de Sasuke que finalmente asintió, a pesar de la oposición que reflejaba su mirada.

—Con una condición —expuso el menor de los Uchiha.

Sakura le miró con los ojos entornados.

—¿Cuál?

El suspiro tembloroso que escapó de los labios de la pelirosa acarició la mejilla de Sasuke.

—Que si vuelve a hacerte daño, del modo que sea, romperé esa promesa y que Dios le ayude, porque no recibirá ninguna clemencia de mi parte.

Sakura tragó saliva, lentamente, y asintió, con sus ojos enlazados a los de Sasuke, impregnándose de cada matiz, de cada minúsculo gesto, de los sutiles cambios en el brillo de sus ojos que se oscurecían cuando algo lo alteraba. Perdida en el cúmulo de sensaciones que le provocaban.

—¿En verdad no sientes rechazo hacia todo lo que te he contado?, ¿hacia mí? —preguntó Sakura necesitando oírselo decir, sobrecogida por la mirada del menor de los Uchiha, de esos ojos que llenos de fuerza y seguridad la miraban con una inquebrantable honestidad.

—Nunca, jamás —dijo Sasuke con una convicción férrea—. Sakura Katō, eres la mujer más fuerte que he conocido. Admiro tu valor, tu mente maravillosa, inteligente y compleja... me vuelve loco tu determinación, y la forma en que te enfrentas a cada dificultad. Me mata tu contención y amo esa impulsividad que dejas escapar en contadas ocasiones y que en libertad es ingobernable. Me gusta perderme en tus ojos, esos que intentan no reflejar nada pero que a duras penas lo consiguen —continuó Sasuke—. Y después de todo lo que me has contado, te admiro más, si eso es posible.

Sakura, que parecía que había olvidado cómo respirar, negó levemente con la cabeza para intentar salir de aquella confusión, de aquella sensación de vulnerabilidad que le había provocado con su declaración.

—¿Por qué me dices todo eso? —preguntó separándose un poco de él, porque necesitaba pensar con claridad y entre sus brazos eso era imposible.

El brillo en los ojos de Sasuke se apagó ligeramente cuando la sintió tomar distancia de él, lo suficiente para que sus brazos no pudiesen rodearla.

—Porque me tienes, y no permitiré que nadie te obligue a hacer algo que no desees.

Sakura frunció el ceño.

—Eso no puedes evitarlo, ni tú ni nadie, Sasuke. Jamás he visto a mi padre más determinado. Ya he estado prometida antes y conseguí que se rompiera el acuerdo, pero no has visto lo que yo he observado hoy en sus ojos. Esta vez no permitirá que nada ni nadie se interponga en su decisión. Y yo no puedo casarme con Dosu Kinuta. Antes prefiero estar muerta —afirmó Sakura cerrando los ojos un instante y apretándolos con fuerza.

La pelirosa tembló cuando sintió el roce de unos dedos bajo su barbilla, instándola a mirarle. Cuando abrió los ojos, cruzó su mirada con la de Sasuke.

—Si tu padre recibiera otra proposición, de un enlace ventajoso para vuestro clan, no tendrías que casarte con Dosu.

Sakura apretó sus labios.

—¿De qué hablas? No quiero casarme con nadie —afirmó con enojo, jurando que había visto cierta decepción en la mirada del menor de los Uchiha.

—Y no lo harás, pero eso te otorgaría tiempo, uno que no tienes si tu padre decide aceptar la propuesta de Kinuta.

Sakura negó con la cabeza.

—No conozco a nadie dispuesto a hacer eso por mí.

Sasuke esbozó una ligera sonrisa, y Sakura negó con ímpetu ahora que comprendía a dónde quería llegar el menor de los Uchiha.

—No, no y no... —dijo con vehemencia a pesar de que esa palabra, en el mismo instante de pronunciarla, dejó un regusto amargo en su boca, sorprendiéndola y confundiéndola a partes iguales.

—¿Por qué no? —preguntó Sasuke con calma—. Eso te daría la posibilidad de pensar qué es lo que quieres hacer y te alejaría del clan Kinuta.

—No voy a utilizarte —espetó Sakura tajante.

—Y no lo haces. Yo me estoy ofreciendo —replicó Sasuke.

—¿Y luego qué? ¿Romperías el compromiso cuando pasase el tiempo? ¿Me ayudarías a desaparecer? ¿Te arriesgarías a que tu clan se enemistara con el mío? ¿Y si Itachi no está de acuerdo? ¿Y si conoces a alguien y necesitas romper el compromiso y todavía no puedes? —preguntó Sakura cada vez más alterada y nerviosa.

Sakura sintió el roce de los dedos de Sasuke en el dorso de su mano, y por el amor de Dios, ¿cómo conseguía, con solo ese pequeño gesto, con ese leve roce, tranquilizarla?

—Luego haríamos lo que tú quisieras —señaló como si eso fuese tan sencillo— y, si lo que necesitas es desaparecer, te ayudaría a hacerlo, porque lo que quiero es que seas feliz. Si tu preocupación procede de un posible enfrentamiento entre nuestros clanes, desde ahora puedo asegurarte que los Kinuta no se enemistarían con los Uchiha, porque tu padre no es tan estúpido como para hacer algo así, aunque lo deseara. En cuanto a mi hermano, Itachi me apoya, siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Y no voy a conocer a nadie, no puedo, eso ya no es posible.

—¿Por qué? —preguntó Sakura con expresión de incredulidad como si después de que Sasuke respondiera a todas sus preguntas, su última declaración fuese lo único que le importara saber. Sakura tosió recriminándose mentalmente su torpeza y su necedad. Ella no tenía derecho a saber ni a preguntar si en el corazón de Sasuke ya había alguien especial. Intentando disimular lo que eso le había afectado le hizo otra pregunta a fin de que Sasuke no se percatase de su reacción—. ¿Por qué harías todo eso por mí?

—¿Eso importa? —preguntó Sasuke mirándola fijamente, dejando de rozar su mano, para colocar un mechón del pelo de la pelirosa tras su hombro.

Los ojos de Sasuke, intensos y penetrantes, parecieron prevenirle de que no era buena idea preguntar si ella no estaba preparada para escuchar su respuesta. Eso, lejos de disuadir a Sakura, acicateó su necesidad de conocer sus motivos.

—Sí —contestó, y la sílaba se deslizó entre sus dientes en un susurro, escapándose furtiva.

Sasuke se alejó un poco, como si quisiera mantener las distancias, y Sakura odió esos escasos centímetros que él interpuso entre ambos, a pesar de que aquella reacción no fue muy diferente a la que ella misma había tenido momentos antes, pero si algo le dolió fue ver su mirada, rendida. No derrotada, porque sabía que aquella palabra no existía para el menor de los Uchiha, sino sabedora de un resultado inevitable, uno que no hubiese querido apresurar.

—De acuerdo... —dijo Sasuke, con esa seguridad que a Sakura tanto le gustaba, aunque no quisiese reconocer—. Lo que he dicho antes... que quiero que seas feliz... para mí es una necesidad, tanto como lo es respirar.

Y Sakura titubeó antes de que su cara se tensara con una pequeña mueca. No lo entendía... ¿Qué quería decirle con...?

—Cuando amas a alguien —siguió Sasuke, y Sakura dejó de respirar— deseas que su vida sea plena, aunque esa vida no esté destinada a compartirla contigo. Si me preguntas por qué hago esto por ti podría darte más de una razón. Lo hago porque somos amigos, y eso sería suficiente; lo hago porque me importas, y créeme eso sería bastante. Pero si me preguntas por qué sacrificaría hasta mi vida por ti, entonces tengo que contestar que es porque te amo, porque estoy loco por ti y porque nada de lo que hagas o digas puede cambiar el hecho de que soy completamente tuyo —finalizó Sasuke, y Sakura pensó que el corazón se le escaparía por la boca. Tenía la piel erizada, el estómago cerrado, un nudo en la garganta y apenas sentía las manos. Aquello no era normal, ni siquiera podía pronunciar una palabra. No había esperado aquello, por Dios que no lo había esperado, ni querido, ni pensado... bueno, pensado sí, en los sueños recurrentes que tenía desde hacía unas noches en donde Sakura se despertaba con el pecho agitado, y los ojos nublados preguntándose si sus caricias, su mirada de deseo serían las mismas que en sus sueños, sintiéndose extraña al anhelar aquello que hasta hacía bien poco la había asqueado, que había aborrecido cada vez que lo había atisbado en las miradas y en los rostros sin nombre de los hombres que, hasta Sasuke, habían posado sus ojos en ella con esa intención. Y sin embargo, cuando despertaba de esos sueños, lo hacía nerviosa, inquieta, con el estómago revuelto y la sensación de hormigas danzando por su cuerpo. Se sentía culpable y a la vez esperanzada, ¿cómo era eso posible?, ¿cómo era posible que hubiese desnudado su alma ante Sasuke y su cuerpo no lo rechazase? ¿Por qué? «Porque tú también sientes algo por él. Algo tan fuerte que derrota a tu miedo y destierra a los fantasmas».

—Tú eres la única que debería decidir sobre tu vida, y quiero que tengas eso.

Sakura tragó con dificultad.

—¿Por qué? Y no me digas que es porque me amas, porque ningún hombre que conozca piensa de esa forma por mucho que ame a una mujer. Ninguna tiene esa libertad, no en el mundo en que vivimos. Solo somos monedas de cambio a las que señalar su obligación y que deben sacrificarse en pos de un fin mayor, de una finalidad más elevada como es el bien de su clan y de su familia. Créeme que desearía creerte...

Sasuke endureció su mirada.

—A mi madre la obligaron a casarse con alguien a quien no amaba, y, cuando se escapó con el hombre al que quería y se casó con él, su familia le dio la espalda hasta tal punto que, cuando se vio viuda y con un hijo en sus entrañas, huyendo de una guerra, estuvo a punto de morir cuando nadie la ayudó. Tuvo que casarse con mi padre para sobrevivir. ¿Y sabes qué supuso eso? Que durante toda su vida él abusara de ella, en todos los sentidos —dijo Sasuke entre dientes, y Sakura sintió sus entrañas retorcerse. El dolor en las palabras de Sasuke, lo que acababa de insinuar, fue para ella como meter los dedos en un caldero de agua hirviendo. Lacerante y agónico.

—La escuchaba a veces gritar en su habitación, por las noches, cuando era demasiado pequeño como para saber lo que eso significaba y, sin embargo, me tapaba los oídos porque no podía soportarlo. Veía sufrir a mi hermano, que se enfrentaba una y otra vez a mi padre, aun cuando mi madre, preocupada por la vida de su hijo, le obligó a jurar que no se interpondría, pero Itachi nunca dejó de hacerlo. ¿Y sabes lo que le hacía Fugaku a mi hermano cada vez que este intentaba proteger a nuestra madre? Le humillaba, le azotaba, le pegaba palizas y lo encerraba en una habitación húmeda y sin luz durante días —dijo Sasuke con una furia apenas contenida—. Y Itachi volvía a levantarse y volvía a enfrentarse a él hasta que tuve la certeza de que aquel monstruo antes o después mataría a mi madre y a mi hermano. Mikoto Uchiha era una mujer maravillosa. Cálida, inteligente, amable, valiente, con tanto amor por dar... —continuó Sasuke con la mirada oscura y vidriosa—. Itachi y yo crecimos viendo cómo intentaban doblegarla, cómo la humillaban y le hacían daño. Ella tenía derecho a decidir sobre su vida. Sus decisiones eran suyas no de los demás. No de su padre, ni de su esposo, ni de su clan, y, sin embargo, las decisiones que ellos y los demás tomaron por ella le destrozaron la vida. Nadie debería tener ese poder sobre otra persona.

Sakura no pudo contener las lágrimas que desbordaron sus ojos y acariciaron sus mejillas al caer por su rostro.

—Solo quiero ayudarte —dijo Sasuke con voz ronca—. Olvídate de mis sentimientos, olvida lo que te he dicho y haz lo que sea mejor para ti. Toma lo que necesites de mí y lucha por lo que deseas —le pidió Sasuke con pasión en cada una de sus palabras.

Sakura siguió sin poder articular palabra. No podía, y menos cuando vio la mano de Sasuke extendida hacia ella, esperando que la cogiese. Le miró a los ojos, por lo que parecieron siglos, y lentamente la tomó, solo para tirar de ella y salvar el espacio que había entre los dos. Rodeó con sus brazos el cuello de Sasuke y pegó su torso al de él, duro como el granito. Volvió a ocultar su cara en el hueco de su cuello, esta vez no con pesar o con dolor, sino con la necesidad de embriagarse con su aroma, ese que era único y al que se estaba haciendo adicta, y cuando sintió los brazos de él rodearla y apretarla contra su pecho, Sakura cerró los ojos y se dejó ir.

—No puedo olvidar tus sentimientos —dijo con voz entrecortada que, aunque amortiguada por el hombro de Sasuke, el menor de los Uchiha oyó a la perfección.

—¿Por qué no? No son responsabilidad tuya —contestó este con determinación.

Sakura se separó de Sasuke lentamente, hasta que pudo mirarle a los ojos, con sus brazos aún alrededor de su cuello, tan cerca que su aliento acarició los labios de Sasuke.

—¿Y si quiero que lo sean? —preguntó Sakura, sintiendo cómo el menor de los Uchiha contenía el aliento y su mirada se tornaba más oscura.

—Entonces son tuyos. Haz con ellos lo que quieras —expresó Sasuke.

—Tengo miedo —dijo la pelirosa, apoyando su frente junto a la de Sasuke—. Porque una parte de mí desea aceptar tu propuesta y aceptarla de verdad. Y no quiero ser egoísta, pero, maldita sea, no tengo más remedio —exclamó Sakura con rudeza, y Sasuke rio por lo bajo, haciendo que ella se estremeciera. Sakura adoraba esa risa, era como dejar entrar la luz en medio de la oscuridad—, porque... porque yo también siento algo por ti, y estoy cansada de negármelo, estoy cansada de no vivir.

—Pues no lo hagas —dijo Sasuke y, lentamente, muy lentamente... lo suficiente para que Sakura se retirase si lo deseaba, acercó sus labios a los de ella, rozándolos, dolorosamente cerca y a la vez tan lejanos. Un abismo que los mantendría separados si ella no daba el paso, porque Sakura sabía, con seguridad, la que le daba Sasuke a cada instante, que él jamás le impondría nada, jamás haría nada que ella no quisiese, y si deseaba ese beso, si deseaba salvar ese abismo que los separaba debía empezar en ese mismo instante donde, de forma dolorosa a tenor del deseo que veía en los ojos de Sasuke, él estaba dejando en sus manos la decisión.

Sakura jamás había besado a nadie, jamás había pensado ni querido besar a nadie, pero ahora necesitaba besar a Sasuke. Temblando, cerró los ojos, acortó el escaso espacio que les separaba, apenas un suspiro, y unió sus labios. Sus sentidos se desbordaron y su corazón se saltó un latido cuando sintió una de las manos de Sasuke enredarse en su cabello mientras la otra encontraba su lugar en su cintura, quemándole a través de la ropa. La respiración de ambos se volvió errática, acelerada, y, los gemidos que salieron de sus labios, pecaminosos. La oscuridad desapareció aun con los ojos cerrados, cuando Sakura no encontró ni rastro del miedo en su mente. Se sació con el aroma del menor de los Uchiha, que olía a lluvia, a tormenta, a peligro, y saboreó los labios de Sasuke apresando con los dientes el inferior, cuando Sasuke abordó con un hambre desmedida los suyos. Ese gesto, ese atrevimiento, la hizo sentir poderosa, la hizo ser osada, y quiso más, deseó más. El gruñido ronco que emitió la garganta de Sasuke cuando Sakura degustó su labio superior, con una gula que desconocía, la volvió más atrevida, y cuando deslizó su mano entre los cabellos de Sasuke, el menor de los Uchiha la atrajo hacia él, uniéndola por completo a su cuerpo.

Sakura tembló entre sus brazos, y su piel se erizó cuando Sasuke separó sus labios de los de ella, mirándola fijamente, perdido en sus ojos y en su expresión, deslizando lentamente sus dedos por la mejilla de la pelirosa, hasta llegar a su boca. El menor de los Uchiha dibujó con su pulgar, con auténtica adoración, la curva de su labio inferior, hasta que Sakura entreabrió sus labios plenos. La mirada de Sasuke posada en ellos se nubló, provocando que Sakura ahogara un gemido cuando, como un hambriento, él volvió a tomarlos, traspasando y saqueando el interior de su boca con devoción. Tímidamente, Sakura enredó su lengua con la de Sasuke, y una de sus manos se aferró a su cuello cuando pensó que el suelo simplemente desaparecería bajo ambos. Escuchó un gemido proveniente de su garganta y sintió el calor consumir cada parte de su cuerpo. La mano de Sasuke que había estado en su cintura ahora la rodeaba completamente, apretando la tela de la manta que la cubría bajo su puño. La fiereza del beso aumentó hasta ser devastador y solo cuando Sakura sintió que se quedaba sin aire, la intensidad, la locura y la pasión disminuyeron de forma delicada, suave, casi tierna. Maldita sea, ¿cómo podía un beso albergar tanto?, ¿cómo podía contenerlo todo?

Ambos terminaron con la respiración errante y con sus frentes unidas. Las manos de él en la cintura de Sakura y las de ella sobre el pecho de Sasuke. Bajo sus palmas podía sentir el retumbar deprisa del corazón del menor de los Uchiha, casi con la misma febril velocidad que lo hacía el suyo.

—Nunca había besado a nadie. Siento si no ha...

—Sakura... —dijo Sasuke casi en un susurro deteniendo las palabras de la pelirosa—, no sigas... Me has vuelto loco...

Sakura sonrió y Sasuke rio por lo bajo, ambos sin querer romper aquel instante.

—¿Significa esto que reconsiderarás mi propuesta?

La hija mayor de Katō separó su frente de la de Sasuke y le miró a los ojos. En ellos quería perderse, como lo había hecho hacía solo un instante. En ellos confiaba... en ellos se sentía ella misma, a diferencia de cómo se veía a través de los ojos de los demás.

—Ese compromiso significará lo que tú quieras que signifique, lo que necesites que sea, y yo te ayudaré, decidas lo que decidas.

Sakura inspiró con fuerza antes de que una leve sonrisa cruzara sus labios y se reflejara, por primera vez en mucho tiempo, en sus ojos.

—De acuerdo, Sasuke Uchiha, ya tienes prometida. Creo que no sabes lo que has hecho. El que fue mi último prometido se escabulló de una sala llena de gente hace unos meses, porque le hice la vida imposible hasta que le obligué a romper nuestro compromiso.

—Debilucho... —dijo Sasuke, y Sakura rio con ganas.

—No sé si mi padre lo aceptará —dijo Sakura, ahora más seria.

—Lo hará —contestó Sasuke con una mirada canalla que hizo que Sakura alzase una ceja.

—Estás muy convencido de eso...

—Nadie dice que no a Itachi... y lo dejé hablando con tu padre cuando salí tras de ti.

La cara de sorpresa de Sakura hizo sonreír a Sasuke.

—Luego te lo cuento con más detenimiento. Ahora creo que deberíamos volver al castillo y cambiarnos antes de hablar con tu padre.

Sakura se dio cuenta en ese instante de que ella disfrutaba del calor de la manta con la que él la había cubierto, pero que Sasuke había permanecido todo el tiempo con sus ropas mojadas, empapado.

La pelirosa asintió con rapidez, pero antes de ponerse en marcha, miró a Sasuke una vez más con el ceño fruncido.

—¿Qué pasa? —dijo Sasuke preocupado.

Sakura se mordió el labio inferior antes de hablar.

—Tengo que contarte algo.