CAPÍTULO XXVIII
Itachi miró a Sasuke mientras este se apoyaba en la pequeña mesa que había en su habitación y a la que habían acudido tras la reunión que habían mantenido Sasuke y Sakura tras su llegada al castillo con Henson Katō. Itachi había estado también presente, y el hecho de que Uchiha hubiese hablado con Henson esa misma mañana les hizo las cosas mucho más fáciles. Al final, y tras la aceptación de Sakura para llevar a cabo dicho compromiso frente a su padre, Henson, que todavía no había aceptado la oferta de Kinuta, estuvo de acuerdo con una alianza con los Uchiha. Sasuke solicitó a Katō que, por el momento, no divulgara dicho acuerdo, y menos a Kinuta, y, aunque la petición extrañó a Henson al principio, finalmente aceptó, sobre todo cuando Sasuke le explicó que era mejor no compartir la noticia, dada la delicada situación de la reunión y la previa oferta de Kinuta. Aquello podía suscitar recelos e, incluso, dar lugar a malentendidos y enfrentamientos. Y lo que todos deseaban es que los clanes del norte llegaran cuanto antes a un acuerdo y que aquella reunión llegase a su fin. Después de eso tendrían tiempo de dar a conocer la nueva alianza entre los Katō y los Uchiha.
—Has sido muy inteligente al exigir a Katō que no dijese nada del compromiso hasta que la reunión haya terminado, pero imagino que eso se debe exclusivamente a que no quieres que lo sepa Kinuta —dijo Itachi mirando a Sasuke—. Katō no podrá contenerlo por mucho tiempo. Aunque le haya dicho a Dosu que pensaría su propuesta, no creo que Kinuta vaya a darle mucho margen.
Sasuke asintió porque estaba de acuerdo con la apreciación de su hermano; sin embargo, quería retrasar todo lo que pudiese el que Kinuta conociera de su compromiso con Sakura; el mayor tiempo posible. Ahora, después de todo lo que sabía de esa familia, de lo que Shira Kinuta le había hecho a Sakura, la conversación que escuchó entre la hija mayor de Katō y Dosu adquiría un nuevo significado.
—¿Qué pasa, Sasuke? —preguntó Itachi dando un paso hacia su hermano y acortando la distancia entre los dos. El menor de los Uchiha levantó la mirada que tenía en ese momento clavada en el suelo hasta los ojos de su hermano. Los orbes negros de Itachi, fijos en él, y su mirada profunda, penetrante y preocupada...
—Vamos a esperar un momento —dijo Sasuke con una tenue sonrisa, haciéndole saber a Itachi que estaba bien.
Itachi enarcó una ceja y en sus ojos, una clara pregunta, justo cuando la puerta se abrió, cerrándose nuevamente tras Izumi que llegó con la respiración un poco agitada.
—¿Qué pasa? —preguntó la morena, alternando la mirada de uno a otro.
—¿Has venido corriendo? —preguntó Sasuke con cierto brillo divertido en los ojos aun cuando estos no terminaron de iluminarse como lo hacían normalmente.
—Sakura me ha dicho que me necesitabas, y que era importante. La he notado rara, y cuando le he preguntado se ha empeñado en decirme que estaba bien, pero era más que evidente que no. Creía que después de que hablarais con su padre sobre el compromiso y ya no tuviera que preocuparse por Kinuta estaría más tranquila, pero al dirigirme la palabra apenas me ha mirado, y eso me ha puesto nerviosa, porque Katō no es de las que rehúyen nada. ¡Claro que he subido corriendo! —terminó Izumi con las manos en las caderas.
Izumi que, desde que habían llegado a aquella reunión y había visto cómo Sasuke miraba a Sakura, intuía lo que este sentía por ella, estaba feliz por su hermano, porque eso era el menor de los Uchiha para ella, un hermano, igual que los de su propia sangre, e, incluso a veces, más que alguno de ellos. Porque con Sasuke en tan solo unos meses había desarrollado una confianza que no tenía con alguno de los suyos. Así que cuando unos días atrás ella le contó después de hablar con Itachi la conversación que había escuchado entre Kin y Kinuta, Sasuke le contó a su vez lo que sentía por Sakura y sus inquietudes. Izumi no pudo más que amar un poco más a aquel hombre que, como le llevaba demostrando desde que se casó con Itachi, era todo corazón. Cada latido estaba destinado a amar, proteger y velar por las personas a las que amaba. En silencio, en la sombra, siempre inquebrantable, siempre incondicional. Jamás pensó, cuando odiaba a Itachi Uchiha y todo lo que tuviese que ver con su clan, que aquellos dos hermanos fuesen tan diferentes al resto, que fueran tan excepcionales.
Con eso en mente suavizó su expresión cuando vio a Sasuke mirarla con una sonrisa en los labios ante su estallido de mal genio.
Sasuke no pudo evitar reír por lo bajo. Adoraba a Izumi, y más cuando al desviar sus ojos hasta su hermano, observó cómo este miraba a su esposa. Los ojos de Itachi nunca habían estado tan vivos, tan calmados, tan llenos...
Itachi acortó el escaso espacio que lo separaba de Izumi y le tocó la mejilla que estaba en exceso sonrojada, suavemente. Su respiración era irregular, ligeramente entrecortada.
—¿Estás bien, morena? —preguntó Itachi, y Izumi le miró con el ceño fruncido, pero con una intensidad en sus ojos caramelo que provocó que las comisuras de los labios de Uchiha se inclinaran levemente hacia arriba.
Sasuke presenció aquel intercambio y se acordó del primer día que los vio por primera vez juntos. Desde ese día hasta este momento ni una sola de las veces que había estado en presencia de ambos había dudado del amor que se profesaban y de la profunda conexión que existía entre los dos. Solo una mirada como la que sostenían en ese momento bastaba para iluminar la maldita habitación. Y Sasuke sintió esa paz que había ansiado desde siempre y que cada vez era más sólida. La de saber que pasase lo que pasase con él, Itachi sería feliz, una felicidad que se había ganado con sangre, sudor y sufrimiento.
—Cuéntanos que pasa, Sasuke —y la petición de Itachi le sacó de sus pensamientos llevándolo de nuevo a ese momento. No le pasó desapercibido el tono, de nuevo, grave y suave de su hermano. Ese tono que solo utilizaba cuando estaba preocupado por él. Itachi le conocía demasiado bien, casi más que él a sí mismo.
—Tengo que contaros algo —dijo Sasuke serio, y Itachi frunció el ceño cuando vio la mirada de su hermano menor. En los orbes oscuros de Sasuke había desolación, furia, dolor, ira...—. No debería ser yo quien os lo contara, pero Sakura así me lo ha pedido; sin embargo, antes de eso quería deciros otra cosa. Sakura también me ha hablado de lo que ocurrió en el accidente de Izumi, y por qué habló con Shisui Suzumura.
Sasuke procedió a relatarles todo lo que la pelirosa le había contado desde la tarde del accidente, su conversación con Shisui, el acuerdo al que llegaron, los motivos de no decir nada por el momento e, incluso, la visita que le había hecho Sakura en su habitación a Kin Tsuchi.
La expresión de Itachi cambió en pocos segundos, y Sasuke supo hacia dónde iban dirigidos sus pensamientos.
—Creo que deberíamos hablar con Shisui antes de que lo mates —dijo Sasuke.
Itachi le dirigió a su hermano una gélida mirada que sería capaz de congelar el infierno.
—Por lo que te ha contado Sakura, parece que en todo momento Shisui Suzumura se ha guiado por el bienestar de su clan y por el beneficio de esta reunión —comentó Izumi—. Quizás sus razones lo han llevado a actuar de forma discreta, para no dar un paso en falso y crear justamente el nicho, con el que tanto Kamiruzu como sus aliados, intentan desestabilizar esta reunión. Lo que le dijo a Katō parece tener bastante sentido. El clan Suzumura no puede permitirse, al igual que muchos otros, una guerra —finalizó la morena mirando a Sasuke primero y a Itachi después.
Tanto Sasuke como Itachi permanecieron callados durante unos segundos antes de que el menor de los Uchiha rompiera el silencio instalado entre los tres.
—Nunca nos ha fallado el instinto, Itachi. Hablemos antes con él, a ver qué tiene que decir —dijo Sasuke con tono templado—. Le dijo a Sakura que no dejaría que le pasase nada a Izumi, que se aseguraría de ello.
Itachi miró fijamente a Sasuke y a Izumi antes de hablar.
—Y ese es el único motivo por el que sigue respirando —sentenció Itachi, y Sasuke levantó una ceja en señal de confusión—. Hace días que me di cuenta de que varios hombres de Minato Namikaze vigilan la seguridad de Izumi, manteniendo siempre las distancias y de forma discreta. También han seguido a Sakura —dijo Uchiha con voz grave—. Puede que tenga engañado a Minato Namikaze, y que su supuesta mala relación con los miembros de su clan no sea tan acuciada.
—Pero tampoco crees que esté metido en esto... —dijo Sasuke, que conocía demasiado bien a su hermano.
—No, no lo creo, pero hay algo que no encaja en él, y no voy a arriesgarme. Si da un paso en falso no vivirá lo suficiente.
Sasuke asintió. Él tampoco estaba dispuesto a arriesgarse.
—Sea lo que sea que traman, se les acaba el tiempo —dijo Sasuke.
Uchiha asintió. Kakashi Hatake había hablado con Naruto de lo que tanto Itachi como él pensaban acerca de las negociaciones y de sus sospechas por una posible alianza entre varios de los clanes del norte para desestabilizar la reunión. Namikaze no pareció sorprendido, no en balde, su inteligencia y perspicacia eran de las más agudas que Itachi había conocido. Como hombre de confianza del rey, e hijo de Minato Namikaze, el anfitrión de aquella reunión, Naruto, no tenía un momento de descanso, inmerso más que nadie en que aquellas negociaciones llegaran a buen término, y, sin embargo, quizás por ello también tenía más contacto con todos los asistentes y había podido hacerse con facilidad un mapa bastante veraz de lo que allí acontecía. Itachi respetaba a Naruto Namikaze, pero solo confiaba en dos hombres de los que se encontraban bajo los cimientos de aquel castillo: su hermano Sasuke y Kakashi Hatake. Y no se olvidaba de Yamato, el primo de Kakashi, que, aunque siempre habían tenido sus diferencias, sabía que podía contar con él en un momento decisivo.
—Si me buscan, no voy a impedir que me encuentren —afirmó Itachi, y tanto Sasuke como Izumi desviaron su mirada hasta él.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Izumi con la voz más aguda de lo normal.
—¿Estás preocupada por mí, morena? —dijo Itachi con una ligera sonrisa en los labios.
—Claro que estoy preocupada por ti —susurró con fuerza Izumi, y la mirada de Itachi hacia ella, penetrante, intensa, pareció devorar el espacio entre los dos.
Itachi se acercó a su esposa y le tocó la mejilla suavemente.
—¿Recuerdas lo que te prometí la otra noche? —preguntó Itachi.
—Estoy aquí, por si no os acordáis —dijo Sasuke y sus ojos brillaron divertidos—. No sé si debería escuchar algo que empieza por una promesa que te hizo mi hermano, por la noche, vete a saber dónde... y después de hacer qué...
Izumi tomó la mano que Itachi tenía sobre su mejilla y la bajó con presteza, antes de girar la cara y mirar a Sasuke, fulminándole.
—Déjalo, cuando volvamos a casa va a ir de cabeza al abrevadero —comentó Itachi, y el pequeño brillo malicioso en los ojos de su morena ante tal idea le hizo sonreír nuevamente.
—Sí, claro que me acuerdo —dijo Izumi cuando sus ojos volvieron a centrarse en los de su esposo, antes de que este se acercara y tomara sus labios, en un beso que la hizo estremecerse de pies a cabeza. Un beso que acabó demasiado pronto.
—Me he quedado ciego —dijo Sasuke cuando Itachi y Izumi terminaron ese fugaz beso. Lo dijo con un tono de voz cargado de resignación, pero cualquiera que lo conociera podía ver en sus ojos cuánto le gustaba ver a Itachi feliz con Izumi.
—Pues no mires —dijo la morena, y Uchiha rio por lo bajo.
Sasuke no pudo sino sonreír también.
—¿Y qué es lo otro que Sakura te ha pedido que nos cuentes? —preguntó el mayor de los Uchiha a Sasuke—. ¿Le has dicho lo que sientes por ella?
Sasuke asintió.
—Sí, y... me ha dicho que también siente algo por mí, pero... está asustada —dijo Sasuke y su expresión se tornó mucho más seria—. Le he asegurado que este compromiso será lo que ella necesite que sea, aunque eso signifique ayudarla a que se vaya lejos y desaparezca para que pueda ser libre.
—Tú no quieres que haga eso —dijo Izumi con los ojos cargados de preocupación.
Sasuke inspiró con fuerza antes de contestar.
—No, claro que no quiero, pero no importa lo que yo desee, Izumi. Quiero que sea feliz, y para mí eso es lo más importante —respondió Sasuke mirando a la morena, la cual le miró a su vez con cariño, con comprensión—. No quiero que sufra más de lo que ya lo ha hecho.
La voz de Itachi, grave, ronca, calmada, fruto de lo que vio en ese instante en los ojos de Sasuke, azotó el interior del menor de los Uchiha como si fuese una tempestad. Allí estaba la inusual intuición de Itachi, que pareció adivinar lo que Sasuke iba a contarles. Con su mirada penetrante, inquisitiva, ahondó en los orbes negros de su hermano menor antes de hablar.
—No necesito saber cuál es el origen del dolor de Sakura y no tiene que exponer sus entrañas porque sienta que deba hacerlo a cambio de nuestra ayuda —declaró Itachi con rotundidad y Izumi desvió los ojos de Sasuke hasta el rostro de su esposo.
—¿De qué dolor hablas? —preguntó la morena con la voz entrecortada.
Una mirada silenciosa, cargada de significado, quedó suspendida entre Sasuke y el mayor de los Uchiha.
—Del que muestran sus ojos —dijo Itachi lentamente a su esposa.
—Del que pasa desapercibido salvo que sepas reconocerlo —anotó Sasuke—. Pero no lo hace por eso —continuó pasados unos segundos—. Me ha contado que en tu boda le dijiste que hay que enterrar a los fantasmas para poder sobrevivir. Viste que algo la atormentaba, como lo hice yo, pero no puedes imaginar hasta dónde, Itachi, y creo que decírselo a ciertas personas es su forma de enterrar a esos fantasmas —siguió Sasuke con el rostro extremadamente serio—. Me ha pedido que os lo cuente porque sois mi familia, y porque, aunque siente algo por mí, no seguirá con este compromiso si no lo sabéis. Lo que le ocurrió lleva atormentándola tanto tiempo... de tal forma, que lo único que ha conseguido que siga adelante ha sido su tremenda tozudez y pensar en Shizune. Está convencida de que no merece ser feliz, y yo voy a hacer lo que esté en mi mano para cambiar eso. Es una mujer extraordinaria a la que han querido destrozar, pero que sigue en pie con una fortaleza y una valentía que admiro profundamente.
La expresión de Izumi había pasado durante los últimos segundos en los que habló Sasuke por varios estados, yendo desde la inquietud, a la curiosidad, desde la preocupación a la furia contenida cuando tras el tono del menor de los Uchiha percibió la ira de Sasuke.
—¿Qué le pasó a Sakura...? —preguntó la morena con un tono peligroso, casi entre dientes, como si presintiera, en cierto modo, lo que Sasuke iba a contarles. Sin embargo, nada preparó a Izumi ni a Itachi para lo que oyeron de boca del menor de los Uchiha.
Cuando Sasuke terminó, Izumi tenía los ojos vidriosos, y llenos de furia, y Itachi... en los ojos de su hermano mayor habitaba una oscuridad que amedrantaría a cualquier ser humano, y rivalizaba con la suya propia, esa que estaba conteniendo desde que Sakura le había dicho su secreto.
—¿Y se culpa por la muerte de Shira? —preguntó Izumi, limpiándose con fuerza una lágrima que cayó por su mejilla, desterrándola de su piel como si fuese algo que en aquel momento no procedía—. Aunque hubiese ensartado a ese malnacido con un cuchillo, arrojándoselo en las entrañas y retorciéndoselo con saña, no tiene nada de lo que sentirse culpable —casi escupió Izumi con rabia.
Un brillo apreciativo iluminó los ojos de Itachi cuando escuchó a su morena.
—¿Ha cargado con eso, ella sola, durante todos estos años? — preguntó Itachi.
Sasuke asintió mirando a Itachi fijamente.
—La muerte de Shira fue lo que provocó que el enlace entre Sakura y Dosu se rompiera, al igual que la estrecha amistad que había entre ambos clanes. Zaku Kinuta siempre desconfió de que su hijo hubiese muerto por un estúpido accidente.
—¿Y qué es lo que todavía no me has contado? —preguntó Itachi dando un paso más hacia Sasuke.
El menor de los Uchiha esbozó una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos. No podía engañar a Itachi, aunque lo intentase.
—La noche que vi salir a Kinuta tras Sakura, en la que escuché su conversación... hubo cosas que no llegué a entender bien, pero que ahora adquieren otro significado.
—¿Qué significado? —preguntó Izumi.
—Ese hombre es un malnacido. Desde el mismo instante en que se dirigió a ella lo hizo deambulando por una delgada línea, tan fina que en más de una ocasión me dieron ganas de matarlo. Sakura supo manejarlo a la perfección, pero le dijo una cosa que en aquel instante achaqué a la intención de Dosu por desestabilizarla, pero que ahora...
—¿Qué fue lo que dijo? —preguntó Itachi.
Sasuke endureció su expresión antes de contestar.
—Le dio a entender que ambos sabían que el accidente de Shira podía no haber sido un accidente, y que para él nunca fue un secreto dónde radicaban los deseos de su hermano, y que no le culpaba por ello.
—Bastardo —dijo Izumi—. Todavía lo inserto con una de mis flechas para que agonice lentamente.
La risa baja de Itachi hizo que el ceño fruncido de Izumi se suavizara, aunque le miró con una ceja alzada, desafiándole a que dijera algo en contra.
—Y yo con gusto te traeré el arco y esa flecha, morena —contestó Itachi, y los ojos de Izumi brillaron con determinación.
—Está claro que Dosu no sabe cómo murió su hermano, y, aunque sospechase, no tiene cómo probarlo, si no lo hubiese dicho hace años. Es muy posible que eso se lo dijese para ver la reacción de Sakura —dijo Itachi con determinación—; sin embargo, sí que creo posible que supiera de lo que era capaz Shira. No creo que lo que le hizo a Sakura fuese algo aislado.
El silencio durante unos segundos se instaló en la estancia hasta que Sasuke habló.
—Yo pienso lo mismo. Y si él sabía de lo que era capaz Shira y sabía lo que le hizo a Sakura, es hombre muerto —dijo Sasuke, sentenciando a Dosu Kinuta—. No me importará que sea uno de los partícipes en la trama de traición que parece reinar sobre su cabeza. No me importará que Naruto o cualquier otro, de llegar a confirmarse sus planes, quiera llevarlo ante el rey. No me importará, porque yo lo mataré primero —dijo Sasuke con voz gélida.
—Y yo seré quien te entregue la espada para darle muerte — contestó Itachi, haciendo que Sasuke relajase su expresión y que Izumi asintiera, sin que hubiese lugar a dudas de cuál era el destino del hijo de Zaku Kinuta.
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Sakura apenas prestó atención a lo que decían las otras damas.
Se había reunido tras la comida en la sala de costura de Temari antes de que los preparativos para la celebración de esa noche por el nacimiento de un nuevo nieto de Minato Namikaze hicieran que Temari estuviese más ocupada hasta la hora de la cena, en donde habría tras la misma, música, baile y más vino del que pudiesen ingerir.
Estaba nerviosa, y ausente, y sabía, por las miradas que Shizune le lanzaba cada cinco segundos, que no estaba haciendo un buen trabajo a la hora de disimular su estado de ánimo.
El ceño fruncido de Shizune a la octava vez era tan pronunciado que Sakura temió que a su hermana se le quedara la cara como un gurruño para toda la vida.
Sakura sonrió de lado a Shizune la cual bufó al ver su triste intento de despistarla. La risa baja de Hanare Hatake a su izquierda hizo que desviara sus ojos hasta ella, la cual negó ligeramente con la cabeza dándole a entender que eso no convencía a nadie.
—¿Me habéis escuchado? —dijo Temari Namikaze con un brillo divertido en los ojos.
Mysie y Rin Nohara asintieron a la vez mirando a las demás intentando averiguar cuál de ellas había generado tal pregunta por parte de la esposa de Naruto Namikaze.
Shizune gruñó ligeramente, Hanare asintió, pero la sonrisa que intentaba disimular no engañaba a nadie. Sakura pensó que lo mejor era decir la verdad, porque sabía que aquella pregunta iba por ella, pero no pudo decir ni una palabra porque Izumi Uchiha se le adelantó.
—Estabas preguntándonos si querríamos acompañarte a ver a Nae Namikaze, mañana por la mañana. Está embarazada de siete meses y no está teniendo un buen embarazo. Vuestra curandera ha dicho que debe descansar, pero, como lleva ausente unos días, quieres que la vea Hanare para cerciorarte de que la muchacha está bien. Vive en una cabaña alejada del castillo y sería un agradable paseo hasta allí —dijo la morena en un resumen innecesario pero que Sakura sospechó había realizado para que ella supiese perfectamente lo que había pasado en la última media hora. Sakura miró a Izumi. La morena parecía relajada, y el estómago volvió a darle un vuelco cuando pensó que seguramente Sasuke ya les había contado su secreto; sin embargo, si eso era así, debía reconocer que Izumi, en ningún momento, la había mirado diferente a como lo había hecho con anterioridad. No había visto lástima, asco, culpa o cualquier otra emoción que denotara rechazo hacia ella en su rostro.
Ahora todas, salvo Mysie y Rin, miraron a Izumi con suspicacia. Sobre todo Shizune y Temari. Hanare, que conocía a Izumi mejor que el resto, dada la cercanía que había tenido con ella en los últimos meses, alternó su mirada de la morena a Sakura.
—Efectivamente —dijo Temari Namikaze.
—Nosotras estaríamos encantadas de ir contigo —dijo Mysie Nohara refiriéndose a ella misma y su hija Rin.
—Yo desde luego iré —señaló Hanare que, como curandera del clan Hatake, era a la que Temari le había pedido que echase un vistazo a la joven embarazada.
—Yo tengo que hablar primero con mi hermana —dijo Shizune entre dientes—, pero contad conmigo.
Sakura puso los ojos en blanco ante la frase de Shizune antes de asentir a Temari Namikaze dándole a entender que también podía contar con ella. Izumi simplemente asintió.
Lo cierto es que quería contárselo todo a Shizune. Necesitaba hacerlo y más cuando se supiese su compromiso con Sasuke Uchiha. Conocía a su hermana lo suficiente para saber que a ella le dolería enterarse de dicho compromiso a la misma vez que el resto de invitados, y, sin duda, le haría preguntas, unas mucho más incisivas e inteligentes que las que podrían hacerles otras personas cercanas a ellos. Y ella no quería mentirle. Quería contarle la verdad, ¿o después de tanto tiempo sería egoísta por su parte? Nunca antes había querido que Shizune lo supiese, porque sabía que la verdad destrozaría a su hermana.
—De acuerdo, entonces —dijo Temari levantándose. Parecía que la pequeña reunión había acabado. Temari, acompañada de Mysie y Rin salieron de la estancia. Hanare, que parecía querer comentarle algo, cambió de opinión cuando Temari asomó de nuevo la cabeza en la habitación y le preguntó si podría acompañarla.
En ese instante, Shizune se acercó hasta ella mirándola fijamente, con cara de querer mantener una conversación, una que en ese momento Sakura no deseaba tener. Después de todo lo que había pasado esa mañana necesitaba pensar, necesitaba tranquilidad y no tener que escarbar de nuevo ese día en sus recuerdos. Por hoy no podía disimular más.
—¿Tienes un momento? Necesito hablar contigo de algo importante —dijo Izumi a Sakura acercándose a ella.
Sakura miró a la morena, cuyos ojos estaban posados en ella con determinación, y la hija mayor de los Katō entendió lo que Izumi estaba haciendo. Al parecer no había sido sutil a la hora de simular que no quería quedarse a solas con su hermana, y la morena pareció captarlo porque le estaba ofreciendo una salida para retrasar la misma. Y ella, aunque se odió por ello, no lo dudó y aceptó la ayuda de la morena. Ya era la segunda vez esa tarde que Izumi lo hacía.
—Claro, por supuesto —dijo Sakura, y Shizune miró alternativamente a una y a otra con cierto recelo en sus ojos.
—Os veré, entonces, más tarde —dijo finalmente Shizune, saliendo de la habitación, no sin antes desviar su mirada una vez más hacia atrás y echar un último vistazo a las dos mujeres que todavía quedaban en la estancia. Cuando se marchó, cerró la puerta tras de sí para darles cierta intimidad.
—Ya lo sabes... —espetó Sakura con voz cansada, que dedujo en un instante la causa por la que Izumi estaba intentando ayudarla. No había que ser muy inteligente para hacerlo. Sin duda Sasuke ya había hablado con ella y con Itachi—. Estoy bien, no tenías que ayudarme por ello, eso fue hace...
Izumi dio un paso hacia delante acortando la distancia entre las dos, esperando hasta que Sakura la miró fijamente a los ojos.
—Me pareció que por hoy habías tenido suficiente. Es lo que creí percibir cuando te he visto. Siento si he supuesto de más.
Sakura asintió.
—No lo has hecho —contestó al final Sakura con voz templada.
A Sakura, a pesar de lo que la morena pensase, le caía bien Izumi. Lo había hecho desde el principio, desde que vio el genio, el carácter y las agallas que tenía Izumi Senju antes de que Itachi y ella estuviesen finalmente prometidos. Le gustaba pensar que había tenido algo que ver en que Izumi al final abriera los ojos a lo que sentía por Itachi. Todavía recordaba aquella cena en la que vio en los ojos de la morena las ganas de arrancarle la cabeza solo porque ella intentó darles celos, entablando conversación con Uchiha. De eso hacía unos meses, y desde que fue a su boda y sobre todo desde que empezó esta reunión, la relación entre ambas había cambiado. El hecho de que Izumi le diese las gracias y le dijese que le debía la vida tras el accidente con el caballo fue un punto de inflexión que no pensó ver jamás.
Izumi le mantuvo la mirada, limpia, directa, llena de matices, como era la morena, una fuerza de la naturaleza contenida.
—Quizás no quieras escuchar esto ahora, y quizás no te sirva... pero, a pesar de tener nuestras diferencias al principio, siempre he pensado que eres una mujer fuerte, decidida y con un carácter de mil demonios.
Sakura no pudo evitar sonreír ante lo último dicho por Izumi.
—Me tienes para lo que necesites, Sakura Katō, siempre... — dijo con fuerza la morena—. E, independientemente de lo que decidas, quiero que sepas que me sentiría muy orgullosa de que fueras parte de nuestra familia y de nuestro clan. De poder llamarte mi hermana —terminó Izumi antes de tocarle levemente el brazo con un leve gesto cariñoso, y dar media vuelta.
No llegó a la puerta, porque Sakura, con el corazón retumbándole en el pecho, con un nudo en la garganta, la alcanzó antes, y cuando Izumi se volvió, la pelirosa la abrazó durante unos segundos, los suficientes para que la esposa de Itachi Uchiha le devolviera el abrazo.
No hicieron falta palabras, no hizo falta nada más para que ambas supieran que, a partir de ese día, se forjaría una amistad que duraría toda una vida.
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Izumi se mantuvo delante de la ventana de su habitación, intentando que el aire fresco detuviera las náuseas que la venían acosando desde hacía días. Bajar a comer sería un suplicio porque estaba segura de que no podría tomar un bocado. Los olores de alguno de los alimentos solo hacían que sus ganas de vomitar se duplicasen.
Hanare le había dicho que tanto su palidez como su inapetencia eran normales los primeros meses de embarazo; sin embargo, a ella todo aquello le estaba empezando a preocupar. Su continuo cansancio, su necesidad de dormir incluso a mitad del día y los frecuentes cambios que percibía en su estado de ánimo la estaban volviendo loca.
El conocer la historia de Sakura de labios de Sasuke la había dejado sin palabras, con una sensación de vacío e impotencia que le había resultado difícil de manejar, y con una rabia dentro de ella que le roía las entrañas. El odio y la sed de venganza también pugnaban en su interior, unos sentimientos que no le correspondían, pero que no podía evitar al saber e imaginar por todo lo que había tenido que pasar Sakura.
Izumi no había pretendido, al hablar con ella, desenterrar el pasado ni hacerla sentir incómoda. Solo había deseado que supiese que podía contar con ella, para lo que necesitase. Que supiese que con ella no tenía que disimular, que con ella podía ser Sakura Katō.
Unos brazos la estrecharon por la espalda sacándola de sus pensamientos. Se tensó un breve instante, uno que duró solo un segundo hasta que reconoció su aroma, su piel y su respiración como si fueran parte de ella. Soltando el aire que había estado reteniendo, Izumi recostó su espalda sobre el pecho de Itachi, permitiéndose cerrar los ojos y soñar con que ese instante pudiese ser eterno.
—¿Vas a decirme qué pasa, morena? —preguntó Itachi, con suavidad, lentamente, con su aliento acariciando el cuello de Izumi antes de depositar un beso en él.
Izumi sabía que Itachi la conocía mejor que nadie. Entendía demasiado bien su carácter impulsivo, su genio, sus gestos y hasta sus miedos. Y sabía que la amaba aún más por estos últimos. Se lo había demostrado una y otra vez desde que se conocieron, desde que ella intentó matarle rozando su cuello con una flecha y él la miró como si fuese la mujer más fascinante sobre la faz de la tierra.
Izumi tembló ligeramente entre los brazos de su esposo y el abrazo de este se intensificó.
—Maldita sea Izumi, dímelo —susurró Itachi de forma intensa, grave, casi en un ruego, mientras una de sus manos bajaba por la cintura de su esposa de forma lenta, siguiendo segura su camino para terminar finalmente su viaje en el vientre de su morena, acariciándolo suavemente por encima de la tela de su vestido.
Los ojos de Izumi se abrieron de golpe, y su respiración se agitó, su corazón se saltó un latido y su pecho se estremeció con un sentimiento sobrecogedor.
¿Podría alguien que pensó que nunca se enamoraría, sentir que cada pulso en sus venas estaba unido inquebrantablemente al de otro ser humano? Sí... sí podía, porque el de ella latía al unísono del de Itachi.
—Dímelo, morena —pidió Itachi girándola entre sus brazos hasta que sus miradas quedaron enlazadas, hasta que los dedos de Itachi acariciaron sus mejillas, limpiando de su piel las lágrimas que ella ni siquiera había notado que se escabullían de sus ojos, traicioneras, emocionadas.
Los ojos de Itachi, vibrantes, sinceros, viscerales, rendidos a un amor que no tenía límites, llenos de emociones, se clavaron en los suyos, con un brillo que..., ¡Dios! Izumi ahogó una exclamación cuando el atisbo de una lágrima se perfiló en los ojos negros de aquel highlander que era su vida.
—Estoy embarazada, Uchiha... Vas a ser padre —dijo finalmente Izumi con la voz entrecortada.
La sonrisa en la boca de Itachi, la alegría en sus ojos, la suave caricia de sus dedos, la ternura en su mirada... su respiración, rápida, febril, suspendida entre los dos, forjó un momento único, un silencio lleno de recuerdos y de promesas, que sus labios sellaron con un beso, uno que les robó el aliento y les arrebató el alma.
