CAPÍTULO XXX
Habían amenazado a los hijos de Kakashi... y morirían por ello.
Cuando Kamiruzu, aprovechando que la cena había quedado relegada a un segundo lugar, desbancada por los festejos, la música, el vino, la conversación y el baile, se inclinó hacia él y le dijo a media voz que le esperaba en la gran sala para hablar un asunto de vital importancia, Itachi supo que lo que Kamiruzu y el resto de sus aliados habían planeado empezaba allí. Sin embargo, cuando Itachi no le contestó con la celeridad que Cathair esperaba, ese bastardo le amenazó con que, si pasados unos minutos él no acudía, solo, uno de sus hombres se encargaría de hacer una visita a la planta superior, específicamente a la niñera que cuidaba a los dos hijos de Kakashi Hatake, siendo Itachi responsable, con su actitud, de lo que pudiese pasarles a los bebés Hatake.
Cathair Kamiruzu sentenció con esas palabras su vida, porque nadie, nadie, amenazaba a aquellos niños y vivía para contarlo. Itachi ni siquiera miró en dirección a Kakashi Hatake que junto a Hanare se quedaron en el salón cuando él se levantó.
A Sasuke no le hizo falta localizarlo porque su hermano no estaba en la estancia... había salido de ella en cuanto Kamiruzu se dirigió a Itachi... Ese fue el primer error de la noche de Cathair.
Desvió los ojos por un segundo en dirección a Izumi, que en ese momento hablaba con Sakura Katō. Su morena, el amor de su vida, su aliento, su pulso. Con la sonrisa de Izumi dirigida a la mayor de las hijas de Katō grabada en su mente, Itachi aceleró el paso centrado en lo que pudiese pasar en cuanto saliese por la puerta.
Al encarar el pasillo enfiló el camino que llevaba hasta la gran sala, con el gesto imperturbable, con paso firme, inquebrantable, como si la piedra bajo sus pies se amoldase a él, rindiéndole pleitesía. Se supo observado, claramente, por uno de los hombres de Kamiruzu cerciorándose de que cumplía con lo que Cathair le había exigido.
Si hubiese sido solo cosa de Kamiruzu, quizás este le hubiese subestimado, pero algo le decía que los cómplices de Cathair no lo harían, y que era posible que el número de hombres al que tuviese que enfrentarse fuese elevado. Ese no era el problema, sino que seguramente aquellos hombres portarían espadas y él solo un cuchillo escondido entre los pliegues de su feileadh mor. Esperaba que Sasuke fuese rápido.
Cuando llegó hasta la gran sala, y abrió la puerta que daba al pasillo, cruzando su umbral, ni siquiera la cerró a sus espaldas, seguro de que el hombre que venía tras él lo haría. No se equivocó.
—Me alegra saber que eres lo bastante inteligente como para hacerme caso. No quería hacerles daño a esos niños, pero no hubiese tenido reparo en hacérselo si no hubieras obedecido —dijo Cathair Kamiruzu dando un paso al frente y dejando a cinco guerreros a sus espaldas.
Itachi dio varios pasos hacia él, acortando la distancia entre ambos, dejando a Kamiruzu momentáneamente confuso.
—¿Sufres alguna clase de demencia? —preguntó Uchiha, deteniéndose antes de que Cathair empezase a ponerse nervioso y decidiese mandar antes de tiempo a los hombres que lo acompañaban.
Itachi se había movido lo suficiente como para ver con claridad la otra puerta por la que se tenía acceso a la gran sala y que nunca utilizaban salvo los miembros de la familia Namikaze y que conectaba con una sala contigua. Durante la reunión la puerta había sido cubierta en parte con un tapiz para que los invitados no la utilizasen. Si no sabías que estaba allí era difícil verla. Itachi tenía conocimiento de ella por Naruto. Ambos se habían quedado, tras una de las reuniones, hablando en la gran sala junto con Kakashi y Sasuke. Salvo Naruto, el resto prácticamente saltó de la silla cuando Minato Namikaze los sorprendió apareciendo por dicha puerta. Ahí fue cuando Naruto, después de que Minato dejara de reírse tras ver sus reacciones, les enseñó la existencia de la misma. Incluida esas dos salidas, una tercera era visible al fondo, donde unas escaleras subían hasta un segundo nivel, prácticamente en sombras, donde un estrecho pasillo, con una barandilla en forma de arco, y sujetada por varios pilares de madera, conducía hasta otra pequeña puerta.
De las tres salidas, Itachi sabía que la que había dejado a su espalda estaría bloqueada. Imaginaba que Kamiruzu no sería tan estúpido para dejarle esa vía de escape, aunque hubiese un hombre tras él. Cathair debía saber que un solo hombre no frenaría a Uchiha. Así que solo quedaban dos. Una que era poco conocida, pero a la vista en el segundo nivel y que Itachi imaginaba que también estaría bloqueada y, otra, tras los cinco hombres de Kamiruzu en el extremo izquierdo, de la que Uchiha estaba prácticamente seguro que tanto Cathair como el resto desconocían.
El rostro de Kamiruzu se congestionó, adquiriendo una ferocidad y un tono rojizo que hizo a Itachi pensar que quizás Cathair le ahorrase el trabajo directamente muriéndose de un ataque in situ.
—El único demente que hay en esta sala eres tú, bastardo — contestó Kamiruzu entre dientes—. Estás tan pagado de ti mismo y eres tan estúpido que aún no has comprendido qué haces aquí. Si lo hubieses hecho no habrías acudido ni estarías tan tranquilo ahí de pie sabiendo que lo te espera es la muerte y que yo voy a disfrutar viendo cómo la vida te abandona y...
—Lamento interrumpirte, pero preferiría que pasáramos directamente a lo de matarme y dejaras de torturarme con tu débil verborrea —soltó Itachi, cortando la amenaza de Cathair. La oscuridad inundando sus ojos negros, tornándose rojos en un solo segundo acompañado con un tono de voz grave, inhumano, que dejó momentáneamente a Cathair paralizado.
—¡Matadlo! —ordenó Kamiruzu cuando pareció volver en sí, con los dientes apretados, los ojos casi fuera de sus órbitas, en una orden cargada de ira.
Con una rapidez imposible de ejecutar, Itachi apenas se giró para ocuparse primero del contrincante que tenía a su espalda y que había escuchado acercarse a él con presteza en cuanto Cathair dio la orden. El guerrero Kamiruzu, el único que no llevaba espada, solo un cuchillo igual que él, se encontró con la hoja afilada de Itachi entre las costillas antes de poder acabar el arco que su brazo inició para alcanzar el cuello de Uchiha.
Itachi retorció el cuchillo con certeza dentro del guerrero antes de extraerlo y volverse con rapidez para enfrentar a los otros cinco Kamiruzu, con la grata sorpresa de que ya no estaban solos en la estancia. Sasuke había entrado por la puerta tapada con el tapiz portando dos espadas.
Itachi atrapó la espada que Sasuke lanzó por el suelo hacia sus pies antes de que el menor de los Uchiha se enfrentase a los dos guerreros Kamiruzu que estaban más rezagados y que, al percibir su presencia, fueron a por él.
Itachi, por su parte, atrapó la espada justo a tiempo de parar el golpe que el guerrero Kamiruzu con una cicatriz en la ceja y que medía casi dos metros le asestó con el ímpetu de un titán. Uchiha tuvo que emplear la fuerza de sus dos brazos para que la hoja de la espada de su enemigo no le alcanzase en el pecho y lo atravesara como si solo fuese un pedazo de carne.
El alarido que alguien profirió en el centro del salón cuando Itachi repelió el golpe haciendo que su atacante diera un paso hacia atrás provocó que sus ojos se desviasen por un segundo hasta el origen del mismo, solo para ver a Cathair caer sobre sus rodillas, con los ojos abiertos con horror y sus manos en su cuello intentando parar la sangre espesa y profusa que manaba del corte que uno de sus propios guerreros le había provocado, mientras otro le acuchillaba en el vientre.
Itachi se agachó y giró con rapidez, sin poder detenerse a analizar lo que acababa de pasar con Cathair, cuando el gigante, sin tregua, volvió a intentar alcanzarle. El guerrero Kamiruzu era extremadamente fuerte, pero no excesivamente ágil. Itachi consiguió alcanzarle en el costado antes de quedar enfrentado a él. Un gruñido salió de los labios de aquel salvaje que, con el odio centelleando en sus pequeños ojos de ratón, volvió a por él con un fiero ataque, al mismo tiempo que otro guerrero Kamiruzu junto a los dos que acababan de terminar con la vida de Cathair se acercaron hasta su posición.
Con la destreza, la frialdad y la inteligencia que le habían convertido en el lobo solitario, Itachi simuló flaquear ante el siguiente golpe del gigante que, viendo la victoria cerca, incrementó la presión de su espada sobre Itachi, fuerza bruta en un intento de aplastar y cortar en dos la cabeza de Uchiha. Cuando el gigante enseñó sus dientes, por donde la saliva se escurrió salpicando la desgastada piedra del suelo, Itachi contuvo el golpe con un solo brazo para clavar en el pecho del guerrero Kamiruzu su cuchillo. Fueron dos golpes certeros que dejaron al gigante sin fuerzas, lo suficiente para que Itachi le diese una patada en el estómago cuando este cayó de rodillas, derribándolo al suelo mientras la boca del guerrero Kamiruzu se llenaba de sangre, volviéndose rápidamente para enfrentar a los otros tres guerreros que ya le habían rodeado.
Sintió gruñir a Sasuke en la distancia, cuando la puerta que Itachi pensó que los Kamiruzu habían bloqueado se abrió de golpe.
Sasuke sabía que en cualquier momento el bastardo de Kamiruzu y sus aliados intentarían algo en contra de su hermano. Cuando en la cena vio a Cathair susurrar casi al oído a Itachi supo que ese momento había llegado. Al ver a Kamiruzu que se levantaba para dejar la estancia, él también lo hizo, adelantándose al propio Cathair que cruzó, ya de pie, varias palabras con Itachi.
Cuando salió se ocultó y esperó. Solo unos segundos más tarde, Kamiruzu atravesó las puertas con uno de sus hombres tras él. La orden que le dio de que esperara para cerciorarse de que Itachi se reuniría con él en la gran sala proporcionó a Sasuke todo lo que necesitaba saber. Conocía la forma perfecta de entrar allí sin ser percibido hasta que fuese demasiado tarde. Con esa idea se apresuró hasta la estancia contigua a la gran sala, donde Naruto mantenía varias armas y espadas. Lo sabía porque él mismo le había enseñado la sala cuando un día, tras un entrenamiento, Sasuke le acompañó hasta allí.
Esperó paciente, escuchó la entrada de Itachi y las palabras que Cathair y su hermano cruzaron. Sabía que pasase lo que pasase allí dentro, debía intentar que Kamiruzu acabase con vida, para poder sonsacarle toda la información y acabar con los planes de Cathair y sus aliados.
En cuanto entró, la escena a la que se enfrentó le hizo fruncir el ceño. El número era considerable y uno de los Kamiruzu era un gigante que hacía por tres guerreros. Sin perder un segundo, lanzó a Itachi una de las espadas y fue directo a por los dos Kamiruzu que estaban más rezagados.
Le costó poco acabar con uno de ellos. Fue el primero en alcanzarle que, impetuoso y demasiado ansioso, intentó arrinconarlo contra una de las paredes, pero Sasuke, mucho más ágil, dejó que su atacante ganase terreno, haciendo que el segundo Kamiruzu quedara más rezagado pensando que acabar con él sería fácil y que solo con uno de ellos sería suficiente. Cuando el que estaba más alejado retuvo su avance, Sasuke atacó con ímpetu al que tenía frente a él, atravesándolo tras varias estocadas, que por la cara de su contrario no esperaba, después de pensar que lo tenía acorralado.
El gruñido que salió de los labios del otro Kamiruzu al ver abatido a su compañero hizo que Sasuke fuese a por él, intentando que la furia que parecía corroer al contrario le ofreciera cierta ventaja. La frialdad y la templanza en un combate eran fundamentales.
Quizás fue el alarido que se escuchó en la sala, pero el guerrero Kamiruzu ralentizó su paso solo unos segundos, los suficientes para que el menor de los Uchiha viese a Cathair Kamiruzu caer degollado por uno de sus propios guerreros y a Itachi luchar contra el gigante. Sasuke supo en ese instante que tenía que librarse del Kamiruzu que tenía frente a él o Itachi tendría que enfrentarse a cuatro adversarios.
Redobló los esfuerzos y, cuando en uno de sus movimientos parando el golpe del contrario vio al gigante caer, para después observar cómo el resto rodeaba a Itachi, Sasuke cruzó una serie de estocadas rápidas con su contrincante. Este era bueno, lo bastante para demandar de él un tiempo del que no disponía. Necesitaba llegar hasta su hermano...
El golpe de la puerta principal al abrirse, la que daba al pasillo, hizo que Sasuke fijase sus ojos en ella por un segundo y que maldijera por lo bajo. Shisui Suzumura estaba allí... y, si su instinto le había fallado durante todo ese tiempo, Shisui intentaría matarlos.
Shisui entró en la gran sala. Nada más llevaba un cuchillo cuando traspasó el umbral de la misma. Solo le hizo falta dar un vistazo para saber que la situación había mejorado para los hermanos Uchiha a tenor de los tres cuerpos que yacían en el suelo sin vida, uno de ellos el de Cathair Kamiruzu. Al parecer Kinuta y su tío ya habían cumplido con su parte del acuerdo, haciendo que laird Kamiruzu pasase a mejor vida. Por él podría pudrirse en el infierno.
Vio la duda en los ojos de Itachi al cruzarse con la suya, y no le culpó por ello. En su lugar él mismo se hubiese sentenciado.
Sin esperar un segundo más aceleró el paso hacia ellos. Uno de los tres Kamiruzu que rodeaban a Itachi se dirigió hacia él antes de ordenarle al resto que acabaran de una vez con Uchiha.
Shisui no esperó a que el guerrero Kamiruzu se acercase más, antes de agacharse cuando este lanzó su primera estocada, para dar una vuelta sobre sí mismo y coger la espada que permanecía tirada sobre la piedra y que debió de pertenecer a uno de los hombres que estaba muerto. Con un salto ágil se puso en pie, lo suficientemente rápido para que su contrincante no lo ensartara con su espada y solo le hiciese un corte en el brazo. Shisui desvió sus ojos hacia las escaleras que daban al segundo nivel, al igual que había hecho cuando entró en la estancia, y siguió sin ver a ningún hombre allí arriba. Pero no podía estar seguro, ya que las sombras y los pilares impedían distinguir con claridad.
Sus ojos fueron a descender nuevamente hacia su contrincante cuando un movimiento casi imperceptible le hizo alzar de nuevo la mirada. El guerrero Kamiruzu no le dejó centrar su atención en lo que había visto, atacándole con varias estocadas, que le hicieron apretar los dientes y atacar cuando un golpe dejó el flanco izquierdo de su oponente desprotegido. Fue rápido y certero cuando la hoja de su espada cruzó el estómago de su oponente. El grito que este lanzó resonó en la estancia como si fuese eco. Sasuke, que había acabado con su propio oponente, corría en ese instante hacia su hermano, enfrentándose a uno de los Kamiruzu, mientras Itachi encaraba al otro.
Shisui, libre del guerrero Kamiruzu que se desangraba en el suelo entre sus vísceras, levantó de nuevo la mirada y entonces sí lo vio con claridad. La punta de una flecha, dirigida hacia el mayor de los Uchiha.
El arco se tensó y Shisui supo que no tenía tiempo...
—¡Itachi! —gritó, mientras acortaba el espacio que lo separaba de Uchiha.
Itachi atravesó a su oponente con frialdad, con ese dominio que le caracterizaba, cuando escuchó el grito de Shisui Suzumura. Se giró con rapidez para localizar a Sasuke, y lo vio a varios metros de él enfrentándose al único Kamiruzu que quedaba en pie.
Si no era Sasuke...
Y entonces todo pasó a la vez.
Kakashi Hatake junto a Minato Namikaze traspasaron la puerta de la gran sala.
El cuerpo de Shisui Suzumura se puso delante de Itachi antes de que Uchiha pudiese entender lo que estaba sucediendo.
La primera flecha impactó en el costado de Shisui.
—Noooo... —gritó Minato mirando hacia ellos.
Uchiha agarró a Shisui por la espalda para apartarlo, pero Suzumura se lo impidió aferrándose a él y recibiendo el impacto de una segunda flecha en el hombro y una tercera cerca de esta última, cayendo sin fuerza sobre el pecho de Itachi después de que las fuerzas le abandonasen.
—¡Kakashi! —gritó Itachi, y Hatake corrió hacia las escaleras que daban al segundo nivel, para terminar con el hombre que acababa de atravesar tres veces a Shisui Suzumura, el mismo que había protegido a Itachi con su cuerpo, salvándole la vida.
Sasuke se deshizo del último Kamiruzu que quedaba en pie, atravesándole el corazón, para después correr hacia Itachi que, en ese instante, sostenía entre sus brazos a Shisui Suzumura.
—¡Dios mío! —dijo Sasuke cuando se arrodilló al lado de su hermano.
Minato Namikaze llegó hasta ellos con la tez blanca y la expresión demudada.
—Tenemos que llevarlo a una habitación —dijo Itachi con urgencia.
—Voy por Hanare —dijo Sasuke mirando a Shisui que, con la cara congestionada por el dolor, respiraba de forma acelerada. Parecía más cerca del otro mundo que de este.
—Date prisa —dijo Itachi contundente, y la preocupación destiló en su voz, afilada, con fuerza.
Sasuke miró a Minato que parecía como si hubiese envejecido diez años en apenas unos segundos, antes de ponerse en pie.
—Lo llevaremos a mi habitación —reaccionó Namikaze cuando Sasuke ya se dirigía a la puerta.
Los pasos resonando por el nivel superior hicieron que tanto Minato como Itachi se pusieran en alerta, hasta que vieron aparecer a Hatake.
—Ha escapado —dijo Kakashi con el rostro tenso y una seriedad extrema.
Itachi solo asintió. Sabía que era muy posible que Kakashi no pudiese alcanzarlo. El hombre oculto le llevaba bastante ventaja a Hatake cuando escapó.
Entre Kakashi y Itachi levantaron a Shisui con cuidado, pasaron los brazos del malherido por encima de sus hombros. La cabeza de Shisui cayó hacia delante, sin fuerza, y sus pies apenas podían arrastrarse.
Itachi lo hubiese cogido al hombro, pero no podía. La flecha que Suzumura tenía en el costado se lo impedía. Subieron las escaleras más lentamente de lo que hubiesen deseado pero, al llegar al nivel superior y con el pasillo desierto, llegaron pronto hasta la habitación de Minato que iba delante de ellos y les abrió la puerta, apartándose para que pasaran con Shisui y lo dejaran encima de la cama.
—Necesitaréis a mi esposa —se apresuró a decir Kakashi.
—Ha ido Sasuke a por ella —contestó Itachi a Hatake cuando ambos intercambiaron una mirada que transmitía la gravedad de las heridas de Shisui.
—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó Namikaze con voz dura, exigente.
Hatake desvió sus ojos hasta Uchiha y la mirada que vio en los suyos era la de un hombre que exigiría venganza sin piedad alguna.
—Kamiruzu quiso reunirse conmigo en la gran sala para hablar. Cuando llegué me rodearon seis de sus hombres con intención de matarme. No me dijo por qué, ni tuve tiempo de preguntárselo, porque uno de sus hombres le cortó el cuello —espetó Itachi que vio cómo los ojos de Namikaze se abrían por el asombro y el desconcierto. Hatake lo miró con extrema preocupación y con esa mirada incisiva con la que estaba buscando posibles explicaciones—. Sasuke me siguió y entró en la sala por la puerta del tapiz, luchando a mi lado contra los hombres de Kamiruzu que, en ningún momento desistieron, ni siquiera cuando solo quedaba uno en pie. Después llegó Shisui —dijo Itachi y, ante el ceño fruncido de Namikaze, continuó—. No sé cómo supo que estábamos allí, ni lo que pasaba. Lo único que puedo decirte es que estaba luchando a nuestro lado y, al momento siguiente, se interpuso en el camino de una flecha dirigida a mí.
Los ojos de Shisui aletearon ligeramente como si se esforzara por abrirlos, y otro quejido de dolor brotó de sus labios.
—Tranquilo —dijo Minato que se había sentado al lado de la cama, acercando una silla hasta la cabecera de la misma, tocando el pelo de Shisui como lo haría cualquier padre con un hijo—. Tranquilo, muchacho... todo saldrá bien —susurró alzando la mirada llena de dolor y desesperación, enfrentando la de Itachi.
Hanare llegó junto a Sasuke y se paró de golpe cuando vio a lo que se enfrentaba. La mirada que le dirigió a Itachi no fue alentadora. La conversación quedó en suspenso. En ese momento lo más importante era atender las heridas de Shisui.
—Lo primero que tenemos que hacer es retirarle la ropa del torso —dijo la esposa de Hatake, dando un paso atrás para que Uchiha y Minato Namikaze, que estaban junto a Shisui, pudiesen girar entre los dos el cuerpo del joven para terminar de quitarle la camisa. Una camisa que estaba en parte hecha jirones, adherida por la sangre a la cintura y los hombros de Shisui.
—Cuando lo tengáis, sujetadlo un instante para que pueda ver si alguna de las flechas lo ha atravesado por completo —comentó Hanare echando sobre la palangana que había encima de la mesa el agua de la jarra que todos los días cambiaban varias veces y mantenían en cada habitación para las abluciones de sus invitados.
Cuando Itachi, que sujetaba la espalda del herido, mientras Minato lo sostenía por delante, apartó el trozo de tela que cubría el torso de Shisui y contempló su costado, las manos se le tensaron sobre el cuerpo del joven, los nudillos se le tornaron blancos y la expresión de su rostro adquirió una gélida fiereza.
Sasuke, que observó el cambio en las facciones de su hermano, se acercó hasta él con rapidez, urgido por lo que vio en su rostro: sorpresa, confusión..., emociones que pocas veces había visto en Itachi, y una furia mal contenida en sus ojos que alertó a Sasuke. Cuando estuvo junto a él, desvió su mirada hasta donde la tenía clavada su hermano, tragando saliva con fuerza, apretando los dientes en un acto reflejo y quedándose igual de aturdido que Itachi.
—¿Qué pasa? —preguntó Hatake acercándose a los hermanos Uchiha, mientras Hanare sacaba apresurada de su bolsa lo que necesitaba, extendiéndolo encima de la pequeña mesa que quedaba a sus espaldas.
Hatake conocía a Itachi desde que eran unos críos. Había luchado contra él, y junto a él, al igual que había visto crecer a Sasuke, y en los cuerpos de ambos había observado lo mismo que estaba contemplando en el costado de Shisui Suzumura. Una mancha oscura con forma de media luna.
Una mancha de nacimiento que los hermanos Uchiha heredaron de Fugaku Uchiha, su padre.
Kakashi solo atinó a mirar a Itachi, mientras este dirigía sus ojos lentamente hasta Minato Namikaze, exigiendo respuestas. Lo que Itachi vio en los ojos de Minato le hizo apretar los dientes hasta percibir el sabor de la sangre en su boca... porque lo que sintió cuando vio aquella mancha en la piel de Shisui, la loca idea que cruzó su mente y que temió imaginar por unos segundos, adquirió fuerza y certeza en los ojos de Minato Namikaze.
