CAPÍTULO XXXII

Minato Namikaze se inclinó sobre el lecho.

—Tranquilo... estoy aquí. No te muevas, muchacho —dijo Minato cuando vio la intención de Shisui, reteniendo su mano cuando esta iba camino de tocarse el hombro herido.

Shisui parpadeó una vez más antes de fijar sus ojos, nublados por el dolor, en Namikaze.

—¿Itachi, Sasuke... es... están bien? —preguntó, tragando con dificultad, como si le costase la vida simplemente respirar.

—Están bien; ahora, intenta descansar —respondió Minato mirando a Itachi un segundo antes de volver a centrar sus ojos en Shisui.

Itachi se acercó lentamente hasta la cama, y Sasuke acortó los pocos pasos que le separaban de la cabecera.

—Debes... debes avisarle. Kinuta lo quiere muerto —murmuró Shisui con urgencia.

Con una fuerza que sorprendió a todos los presentes, intentó incorporarse con intención de salir de la cama. Apenas inició el movimiento contrajo la expresión de su cara, los músculos de su cuello se tensaron cuando gruñó de dolor, apretando los dientes con fuerza y cayendo nuevamente sobre las sábanas cuando el suplicio por el hombro y el costado, como si le estuviesen atravesando con una barra ardiendo, se volvió insoportable.

Las manos de Itachi Uchiha le sujetaron con fuerza contra el lecho cuando intentó incorporarse de nuevo.

—No te muevas, maldita sea —dijo Itachi con voz dura, firme.

Shisui se quedó quieto y miró a Uchiha, con la sorpresa reflejada en sus ojos. Hasta ese instante no se había percatado de su presencia, desviando después la mirada por encima del hombro de este último cuando vio a Sasuke acercarse. En ese momento sus facciones se suavizaron, y su cuerpo se relajó, dejando de luchar para levantarse.

Itachi retiró su agarre sobre él lentamente.

—¿Por qué Kinuta me quiere muerto? —preguntó Uchiha.

La respiración de Shisui era rápida y su cuerpo temblaba ligeramente. Itachi tomó una manta que había junto a la cama y le tapó con ella hasta la cintura, en donde antes solo había habido una sábana cubriendo su cuerpo. Itachi ni siquiera sabía cómo Shisui podía hablar con coherencia cuando era evidente que el dolor se estaba cebando con él.

—Dosu Kinuta, Mervin y Farlan Kamiruzu llegaron a un acuerdo antes de acudir a esta reunión. A Cathair Kamiruzu le engañaron haciéndole creer que la alianza era con él —dijo Shisui intentando hablar pausado, con calma, para hacerse entender, porque el dolor le nublaba los sentidos y no le dejaba pensar con claridad. La sensación de que en cualquier momento perdería el conocimiento de nuevo estaba presente y sabía que no tenía mucho tiempo.

—Querían que esta reunión fracasase y aprovecharla para deshacerse, cada uno de ellos, de quienes se interponen en su camino para saciar su ambición —Shisui tosió y su cara se retorció de dolor. Quiso llevarse la mano al costado, pero Minato no se lo permitió.

—Shisui... cálmate. No te esfuerces, descansa...

Shisui miró a Minato y en los ojos negros del joven Suzumura, profundos, turbados, destacó un breve brillo de calidez, uno que se perdió en los intentos de Shisui por seguir permaneciendo consciente.

—Siempre se te ha dado muy mal mentir, Minato... Lo más seguro es que no haya un después, y no pasa nada... —terminó Shisui, viendo cómo la expresión de Namikaze se ensombrecía.

—Nunca te has rendido, no te atrevas ahora a...

—Y no se rendirá... —sentenció Itachi, mirando a Shisui fijamente. Por sus palabras, por la forma en que las dijo, Shisui podría haber pensado que Uchiha tenía la capacidad de decidir sobre el futuro. Sus palabras resonaron en la estancia como si fuera ley, con una convicción absoluta, y lo que Shisui vio en sus ojos, ni siquiera pudo entenderlo, pero ayudó a que dejase de sentir tanto frío.

El sobrino de Suzumura, cruzó su mirada con la de Sasuke, más allá del hombro de Itachi y vio en ellos lo mismo que en los ojos de su hermano mayor. Sabía que eso significaba algo pero no podía, en ese instante, no podía identificarlo y el tiempo se le agotaba. Estaba mareado y demasiado cansado. Inspiró aire, y el dolor del costado pareció partirlo en dos. Siseó por lo bajo antes de seguir, o se quedaría a medias.

—Farlan Kamiruzu quería a su padre muerto —continuó Shisui y escuchó a Minato maldecir por lo bajo—. Zaku Kamiruzu tiene una deuda de sangre con los Farqharson, y Dosu hizo un trato con ellos para saldarla. La vida de Itachi a cambio de quedar en paz.

Los rostros de los hermanos Uchiha se tensaron y Sasuke apretó los dientes ante esa revelación.

Los ojos de Itachi parecieron dos pozos sin fondo a los que cualquier mortal temería asomarse.

—¿Y qué quiere Suzumura? —preguntó Sasuke con furia contenida.

—Mi vida —dijo, pasados unos segundos, Shisui.

—Voy a matar a ese hijo de perra con mis propias manos —exclamó Minato rabioso.

—No, tú no... —dijo Itachi, y la mirada que intercambiaron Namikaze y Uchiha, toda una conversación sin necesidad de palabras, terminó con el asentimiento por parte de Minato.

—Haz que sufra... —siseó Minato, y la oscuridad que reinaba oculta la mayor parte del tiempo en los orbes negros de Itachi desbordó su mirada con absoluta determinación.

—¿Sabías que ibas hacia una trampa, que querían matarte y acudiste igual? —preguntó Sasuke, y en sus ojos había dolor, furia, preocupación. Esos mismos ojos negros que eran el sosiego, la alegría, la calma y el refugio de aquellos a los que amaba.

—Llegué a entenderlo toda esta noche. No podía permitir... Siento no haber...

—Ni se te ocurra disculparte por eso. Maldita sea, Shisui. ¿Por qué no confiaste en mí, en alguno de nosotros? —preguntó Sasuke apretando uno de sus puños.

Los ojos de Shisui se cerraron solo por unos segundos. No quería dejarse ir, no quería dejar que la oscuridad lo envolviera, y con la fuerza que le quedaba se obligó a abrirlos, mirando de nuevo a Itachi, dejando la pregunta que le había hecho Sasuke sin contestar y diciéndoles lo último que necesitaban saber.

—Los hombres que estaban con Kamiruzu no eran de su clan, eran Farqharson, y el arquero es un Kinu... —y los ojos de Shisui se cerraron de golpe sumiendo la habitación en el más absoluto silencio.

Itachi se apresuró a poner una mano en el rostro de Shisui, volviendo su cara hacia él, exhalando el aire que había contenido, cuando comprobó que este seguía respirando. La mano de Sasuke voló sobre el pecho del herido y sintió los latidos de su corazón, bajo la palma.

—Sigue vivo, solo se ha desmayado —dijo Sasuke con voz firme, templada, aunque su rostro mostraba la extrema preocupación que le embargaba.

—Si Suzumura se entera de que Shisui sigue vivo no dudará en acabar lo que han empezado —dijo Minato con ira contenida, mientras en sus facciones se podía observar el cansancio, la extrema fatiga que se había apoderado de él, como si los últimos minutos hubiesen sido años y el paso de estos se reflejara de golpe en su rostro.

—Cuento con ello —dijo Itachi mirando a Minato.

Namikaze frunció ligeramente el ceño y después su expresión cambió lentamente, observando a Itachi con cierta admiración.

—Kamiruzu está muerto, y los hombres Farqharson que estaban con él. No tenemos nada que inculpe a los demás —dijo Minato lentamente.

—Y Farlan Kamiruzu llorará la muerte de su padre. Jurará que él no sabía nada y que el comportamiento de su padre en los últimos tiempos era extraño, como si estuviera perdiendo el juicio. Todos hemos visto lo agresivo que estaba durante las reuniones —continuó Sasuke, y Itachi asintió.

—Kinuta no hablará; no tenemos nada que lo relacione con esa alianza de tres —dijo Minato.

—Por eso será Suzumura quien lo señale —contestó Itachi.

—Quizás no se arriesgue a acabar con Shisui, no ahora —señaló Minato.

—Lo hará —afirmó Sasuke—. No tendrá mejor oportunidad y no le quedará más remedio si piensa que Shisui puede estar al tanto de todo.

Minato estudió a los hermanos Uchiha por un momento. Si alguien osaba subestimarlos era porque estaban locos.

Kakashi tenía que reconocer que Naruto era un auténtico bastardo ocultando sus emociones. Aunque Itachi decía lo mismo de él.

Después de que Kakashi cerrara la sala y volviera al salón en donde el festejo estaba en su cenit, consiguió sacar a Namikaze de la estancia. Solo le hizo falta una mirada para que Naruto, al ver su semblante, se excusara de inmediato y se reuniera con él.

Con la tranquilidad de que Yamato estaba con Shizune, Hanare y los niños, y de que Naruto dio instrucciones a sus mejores guerreros Namikaze para que no perdiesen de vista a su esposa Temari, Izumi Uchiha y Sakura Katō, ambos salieron de la estancia, no sin que antes Kakashi tranquilizara a Izumi con una mirada cuando esta buscó sus ojos con angustia. Hatake sabía que la esposa de Uchiha se estaba conteniendo, lo disimulaba extraordinariamente bien, pero sus ojos castaños le dijeron sin filtro alguno que no esperaría mucho más a saber qué era lo que había ocurrido y dónde estaba Itachi. La expresión de Sakura Katō le iba a la zaga. Esas dos mujeres juntas eran impresionantes.

Después de contarle a Naruto lo acontecido, tras enseñarle el cuerpo de Kamiruzu y el resto de los hombres que yacían junto a él, se reunieron con Minato, Sasuke y Itachi Uchiha.

La información que les había dado Shisui antes de caer inconsciente fue una auténtica revelación. Hizo que Hatake apretara los puños y maldijera por lo bajo al no haber sido capaz de encajar antes todas las piezas, y que Naruto mirase a su padre con extrema gravedad, por lo que había pasado y por el dolor de saber que quizás Shisui no pudiese salvarse. Fue una de las pocas veces que Hatake vio a Namikaze perder su autocontrol.

Decidieron cómo actuar, avisaron a Farlan Kamiruzu y pusieron en marcha su propio plan.