CAPÍTULO XXXV

Sasuke entró en su habitación y se despojó de la camisa para poder examinar la herida de su brazo. Era un corte irregular pero poco profundo que había dejado de sangrar al poco tiempo de que el guerrero Kamiruzu se lo hiciese. Durante las horas que habían pasado desde entonces y, mientras había estado velando a Shisui con Itachi, ni siquiera se había percatado de él, hasta que el mayor de los Uchiha se lo había indicado con el ceño fruncido.

Faltaba poco para el amanecer y Minato ya había vuelto a la habitación de Shisui a la espera de que llegase Hanare y les dijese cómo estaban las heridas.

Itachi se quedaría también con Shisui. Sasuke sabía a ciencia cierta que su hermano no se movería de aquella habitación. Él hubiese deseado lo mismo, pero Itachi le necesitaba fuera, con Kakashi y el resto, no sin antes descansar, aunque fuese un par de horas.

Un ruido en la puerta de su habitación le hizo situarse al lado de la misma, apresurándose a tomar el puñal que llevaba en su bota izquierda.

En cuanto la madera crujió levemente y la puerta se entreabrió lo suficiente para dejar pasar a una persona, Sasuke se tensó, preparado para atacar en cuanto el intruso introdujese su cabeza por ella.

Todo pasó demasiado rápido como para detener el movimiento, y antes de que se diese cuenta, tenía a su presunto atacante con la espalda contra la pared y su cuchillo amenazando su garganta.

Los ojos de Sasuke se agrandaron con estupor, con sorpresa, cuando el rostro de Sakura fue el que contempló enfrente de sí y su cara de horror la que presenciaba en ese instante.

Sasuke se apresuró a quitar el cuchillo del cuello de Sakura y a cerrar la puerta de su habitación sin moverse de donde estaba, apresando a la hija mayor de los Katō entre sus brazos, cuyas manos descansaban contra la pared a la altura de los hombros de la pelirosa que se encontró encerrada entre ellos.

Los músculos del torso y del abdomen de Sasuke desnudos se tensaron con el gesto, definiendo cada uno de ellos como si estuviesen esculpidos en piedra.

Los ojos de Sakura recorrieron con preocupación su cuerpo, su rostro, su mirada.

—¡Maldita sea, Sakura, podría haberte matado! ¿Por qué estás aquí? —dijo Sasuke entre dientes.

—Necesitaba ver con mis propios ojos que estabas bien, y... ya, ya lo he hecho —contestó la pelirosa con un tono de voz duro, entrecortado, antes de intentar sortear por debajo el brazo de Sasuke y marcharse.

Pero antes de que pudiese completar el movimiento, Sasuke dejó caer suavemente la cabeza en su hombro, cerca del hueco que formaba su cuello, manteniendo la distancia entre sus cuerpos, tensando los brazos a ambos lados de Sakura, como si le estuviese costando la vida misma respetar el espacio que los separaba, y ella contuvo el aliento, inmóvil, con una sensación extraña en el pecho, porque ese simple gesto lo complicaba todo.

Lo malo de sentir era exponerse a ser vulnerable y Sakura, con un corazón dormido durante años, prefería morir callando que exponerse y abrirse en canal, o así había pensado hasta ese instante, en el que Sasuke Uchiha con un simple gesto barrió de golpe toda su desconfianza, sus miedos y sus dudas y derribó los escasos muros que aún permanecían en pie y que tan a conciencia había construido. ¿Cómo un simple gesto podía conmoverla hasta ese extremo? Porque no era un simple gesto, era el mayor acto de confianza, de sinceridad y de rendición que había presenciado jamás.

Sakura movió una de sus manos hasta la nuca de Sasuke, enredando los dedos entre su pelo, deslizándolos entre los mechones de color negro, presionando su cuero cabelludo con la yema de sus dedos cuando uno de los brazos de Sasuke dejó de apoyarse en la pared para llevarlo hasta su cintura y acercarla suavemente hasta que el cuerpo de la pelirosa quedó completamente pegado al de él.

—Necesito saber que estás a salvo, Sakura, y puede que te parezca egoísta o mezquino, pero lo único que no soportaría en este momento es que te ocurriese algo. Así que, por favor..., te lo suplico —dijo Sasuke separando levemente su cabeza del hombro de Sakura para mirarla a los ojos. Los dedos de la pelirosa seguían enredados en el cabello del menor de los Uchiha, interrumpiendo su movimiento cuando las palabras de Sasuke susurradas, afectadas, salieron de su boca—. Nada de gestos impulsivos, nada de ponerte en peligro, nada que permita que te pierda.

Sakura acortó el escaso espacio que había entre sus bocas y lo besó. No levemente, no con suavidad, no con moderación. No. Aquel beso fue visceral, necesitado y abrasador, alimentado por todas las emociones que corrían por las venas de ambos y que parecían imposibles de controlar. Y Sasuke se lo devolvió con mayor intensidad, saqueando, mordiendo y saboreando cada rincón de su boca, utilizando sus dientes, su lengua, sus labios, arrancando un gemido de la garganta de Sakura, que temblaba entre sus brazos, pegada a su cuerpo, con la espalda apoyada en la pared, con la respiración agitada, el corazón retumbando en el pecho y una extraña sensación en su vientre.

Sasuke acabó con el beso lentamente, sin soltar a Sakura, con su frente unida a la de ella, con el aliento de ambos fundiéndose en una respiración entrecortada y delirante que se resistía a encontrar su ritmo natural.

—No te detengas... —dijo Sakura casi en un susurro.

Sasuke la miró a los ojos con intensidad, con la voluntad casi quebrada, escrutando sus orbes casi transparentes, buscando respuestas, la confirmación de esas palabras, de que Sakura estaba bien y que era aquello lo que deseaba.

—Sakura... no sabes lo que me estás pidiendo —dijo Sasuke con voz grave.

—Me dijiste que era libre para decidir mi futuro, demuéstramelo... —dijo Sakura en voz baja, con determinación, sin apartar su mirada de la de Sasuke.

Los ojos del menor de los Uchiha se oscurecieron, inquebrantables, llenos de algo que iba más allá del deseo y que provocaron que a Sakura le temblaran las piernas y le fallase el aliento.

—¿Estás segura?

—Sí, porque confío en ti —contestó Sakura, sin dudas, aferrándose a la calidez y a la devoción que vio en los ojos del menor de los Uchiha y que abrasó el frío que templaba aún sus miedos.

Apenas pudo terminar sus palabras cuando la boca de Sasuke capturó la suya, suavemente, deleitándose en sus labios hasta que Sakura sintió que se volvería loca, tomando cada vez más de ella, tentándola, profundizando el beso hasta que no supo dónde empezaba él y terminaba ella, consiguiendo que todo lo que la rodeaba desapareciese, que no fuese consciente de nada salvo de aquel beso.

Cuando Sasuke acarició su mejilla y su cuello, lentamente con sus dedos, cuando deslizó su vestido con una suavidad delirante, hasta que este fue solo un borrón de tela en el suelo, dejándola solo cubierta con una fina camisola, cuando hizo todo eso sin dejar de mirarla a los ojos, ardiendo en deseo, pero atento a cualquier minúsculo gesto suyo que le revelara cualquier vestigio de duda, Sakura sintió que dentro de ella caía el último muro, ese que se había resistido a entregarse por entero.

Sasuke tomó una de las manos de ella y la llevó hasta su pecho. Sakura abrió los ojos con sorpresa cuando bajo su palma sintió retumbar los latidos furiosos de un corazón desbocado.

—Eso es lo que me haces con solo una mirada, Sakura Katō.

La calidez de la piel de Sasuke bajo su mano, sus músculos contrayéndose bajo su contacto, su mirada penetrante, su voz..., el sonido de su corazón, fuerte, firme, veloz... y cómo ella parecía afectarle, ¡Dios!, eso la hizo sentir poderosa y segura, la hizo sentir libre y audaz... lo hizo real. Lo más real que había tenido nunca.

—No quiero esperar y no quiero huir..., no sé por qué me amas, cuando yo dejé de hacerlo hace mucho tiempo, y quizás también sea egoísta y mezquina, pero ya no voy a cuestionar más tus sentimientos por mí, no voy a dudar y no voy a renunciar a ellos porque yo también te amo, Sasuke Uchiha, más de lo que jamás pensé que podría...

Un gruñido salvaje salió de la garganta de Sasuke cuando la levantó en brazos, capturó su boca y selló sus palabras con un beso que estremeció cada rincón de su ser. Ni siquiera podía pensar, ni podía dejar de temblar por la anticipación y la respuesta de su cuerpo a cada caricia, a cada beso, a cada mirada de Sasuke.

Cuando este la dejó sobre la cama, Sakura pensó que sus mejillas arderían al rojo vivo, sobre todo cuando el menor de los Uchiha terminó de desnudarse ante sus ojos. El instante en que Sasuke dejó caer su feileadh mor al suelo y permaneció quieto durante unos segundos, dejando que ella pudiese contemplarlo a placer, Sakura lo recorrió con su mirada, por entero, lentamente. El cuerpo delgado, fibroso, de músculos definidos, su miembro duro y erguido frente a ella, su abdomen cincelado como si fuese piedra, y su mirada penetrante, observándola, cuidando a cada instante su reacción.

Sakura se mordió el labio, antes de llevar sus manos hasta el borde de su camisola y subirla lentamente hasta pasarla por su cabeza dejándola caer al suelo, mostrándose ante Sasuke igual que él lo había hecho ante ella.

La intensidad que vio en los ojos de Sasuke, la oscuridad, la pasión, el deseo, mezclados con una ternura infinita, la hicieron tragar saliva, y contener la respiración, sobre todo cuando él salvó la distancia entre ambos, y, con una rodilla apoyada en el lecho, se inclinó sobre ella, besándola lentamente, invadiendo su boca, devorando cada rincón de ella, hasta que Sakura sintió que podría morir en aquellos labios. La exquisita sensación de su cuerpo contra el suyo, apoyados ambos sobre las blancas sábanas, enredando sus piernas, sus manos, piel con piel, la hicieron caer en una espiral de placer, en un abismo de pasión donde no era dueña de sí misma. Los labios de Sasuke bajaron por su cuello, dejando una huella febril en cada beso y, cuando su boca se cernió sobre su pecho y capturó el pezón de Sakura, se sintió desfallecer. Sasuke la torturó con su lengua, mordiendo, chupando su aureola rosada hasta que Sakura apretó las sábanas entre sus dedos, y gimió de placer, enredando su otra mano en los cabellos de Sasuke que, con deleite, dedicó la misma atención a su otro pezón, como un sediento incapaz de saciarse. Sakura se arqueó levemente cuando sintió que no podría resistirlo por más tiempo.

—Sasuke... Sasuke, por favor... —rogó para que el menor de los Uchiha pusiese fin a ese delicioso tormento que la estaba volviendo loca.

Sasuke dejó el pecho de la pelirosa y siguió besando su cintura, su vientre, deslizándose entre las piernas de Sakura... hasta llegar al mismo centro de su femineidad donde, con su boca y su lengua, la poseyó con fiera necesidad.

Sakura sollozó por la intensidad, por esa vorágine de sensaciones que la estaban haciendo pedazos, adueñándose de su cuerpo y llevándola a un lugar sin retorno, sin voluntad ni razón.

Ahogó un grito con su mano cuando de pronto su interior se desbordó, fracturándola en mil pedazos, haciendo temblar con las reminiscencias de un placer que parecía no tener fin, dejándola sin fuerzas, con el corazón retumbando en su pecho y una sensación en su interior indescriptible, como si pudiese tocar el cielo con los dedos.

Cuando sintió el cuerpo de Sasuke sobre el suyo y sus ojos anclarse en los de ella, cuando la tomó entre sus brazos mientras sus manos la acariciaban al límite de su cordura, Sakura solo pudo tragarse el nudo que atenazó su pecho, ese que devastaba su interior cada vez que Sasuke le demostraba la magnitud de lo que sentía por ella.

Cuando Sasuke apoyó sus antebrazos a ambos lados de la cabeza de Sakura, mirándola fijamente, ella le rodeó las caderas con sus piernas, y puso su mano en la espalda de Sasuke bajándola después lentamente hasta el final de la misma, temblando, con la respiración entrecortada. Sintió la presión en su entrada, y se tensó, no pudo evitarlo y cerró los ojos intentando calmarse.

—Sakura..., mírame —dijo Sasuke con una ternura infinita, una que rivalizaba con el deseo que desprendía su mirada.

Y Sakura lo hizo, le miró y se perdió en sus ojos, en lo que desbordaban aquellos orbes negros, el deseo infinito y fiero, el amor que destilaba aquel azul embravecido que la sobrecogía como nada en el mundo, en la entrega de aquel highlander que, con cada gesto, con cada caricia, con cada mirada y cada palabra, le decía una y otra vez que era todo suyo. Y la tensión desapareció como si fuese solo niebla... y su cuerpo lo recibió sin que sus ojos dejaran de mirarse, de gritarse cuánto se amaban, entregándose mutuamente.

Sakura aguantó la pequeña punzada de dolor que sintió, mientras él lentamente se abría paso en su interior, y, cuando quedó enterrado totalmente en ella, soltó su aliento entrecortado, tembloroso, hasta que él capturó su boca y la besó. Primero suavemente, saboreando sus labios, permaneciendo quieto en su interior dándole tiempo para que el dolor menguase, aturdiendo sus sentidos, profundizando el beso con una maestría que la dejó sin aliento, haciendo que la necesidad se arremolinara nuevamente en su vientre y, cuando Sakura por instinto movió su cadera levemente, gimió por la dulce fricción que se volvió exquisita.

Sasuke se tragó de sus labios aquel gemido y empezó a moverse, lentamente, hasta que sintió las manos de Sakura en el inicio de sus glúteos, apretándole contra ella, y entonces su autocontrol se hizo pedazos, enterrándose en su interior una y otra vez, con más ímpetu, más rápido, en un baile tan antiguo como el tiempo, hasta que Sakura, una vez más, gritó de placer, temblando entre sus brazos, arrastrando con ella a Sasuke en una espiral de placer infinito, arrasando todo su mundo.