¡Hey! Aquí voy a responder todas las reviews, tal como en los viejos tiempos. Así estoy obligado a responderlas todas para poder publicar el capítulo, porque si no soy tremendo hijo de puta y se me pasa hacerlo. ¡Lamento mucho la tardanza, mis estimados usuarios de FF! Y pues… ¡Vamos con las reviews!
: Honestamente, me sorprende MUCHÍSIMO que hayas podido ponerte al corriente en solo dos semanas… ¡LLDH es más larga incluso que la Saga de Juego de Tronos de George R.R Martin! Eso sí, me halaga un montón que pienses así del que comenzó como un pequeño proyectito pero que se convirtió en una parte fundamental de mi vida. Me halaga, todavía más si cabe, que quieras tanto a los personajes que yo también quiero con el alma. ¿La verdad? De lo que más orgulloso estoy de esta historia es de la Liga que pude crear (aunque no me lo pasé tan bien escribiéndola) y de la relación principal (que AMÉ escribir). ¡El capítulo 166 ya salió, Hamel! ¡Muchas gracias por tu review y me alegro muchísimo de que nos hayamos podido encontrar en los últimos compases de esta gran aventura! ¡Aguanta un poco más para su final, por favor!
MauricioPS: Tu review me hace saber que hice las cosas bien. La final que planeé estuvo a la altura, muchas gracias por dejármelo saber, Mauricio. ¡Gracias por tus halagos también! Espero que LLDH siga en sus corazones por mucho tiempo más.
Genesis 581: ¡Ya queda poco, Genesis! ¡Terminemos esta historia juntos!
Red Dexholders: Jejeje, estoy muy contento por tu entusiasmo, Red. Me alegra que entendieras las referencias que fueron dejadas por ahí, eso es algo a lo que le pongo mucho esmero. ¡Sigue conmigo un poco más, Red! ¡Ya casi llegamos a la meta!
HashiramaUchiha: Hombre, Hashirama, me pone muy contento que pienses así de la Liga que escribí. Que te hayas tomado el tiempo pese a la barrera del idioma, y que aun así te haya gustado tanto este arco, me llena de satisfacción y un orgullo que apenas y puedo describir con palabras. Agradezco que hayas estado conmigo durante todo el arco de la Liga, y espero que sigas aquí para ver el cierre de todo. ¡Nos leemos!
Mangasiso: Tu review me hizo sonreír como no tienes idea. Gracias, de todo corazón, Mangasiso, por dejarme ser parte de tu vida por cinco largos años. Pensar en que, cuando empecé este proyecto, tú tenías solo doce años y ahora seguramente ya seas casi un adulto me llena de muchísima emoción. No solo crecí con ustedes, sino que ahora sé que hay quienes también crecieron conmigo. Que mi Liga te haya llenado de tanta emoción es un halago enorme para mí y estoy genuinamente feliz por el haber podido hacerlos llorar. Yo temblé de la emoción cuando por fin pude escribir ese momento tan esperado por todos nosotros. ¡Espera el directo, por favor! Anunciaré la fecha cuando salga el capítulo final de la historia, te lo aseguro.
Gracias, gracias de corazón, por haber estado conmigo durante la mayor parte de este viaje. Gracias por haberme esperado incluso en los momentos más tardados, y gracias por estar aquí hasta el final. Gracias, Mangasiso.
XtracJester: Que sepas, Xtrac, que tus reviews me mantuvieron con mucha fuerza a la hora de hacer el arco. Había ocasiones en las que me sentía muy desmotivado porque muchos de mis lectores más frecuentes desaparecieron de pronto, pero verte a ti siempre al pie del cañón junto a más personas, realmente me ayudó a darle un cierre digno a este arco.
Originalmente iba a hacer un choque entre Helice trepanadora y Gigarrayo fulminante, pero realmente sentí que Gladio merecía tener algo parecido a lo que Ash tiene, considerando que fueron regalos de sus Tapus. Y sí, Xtrac, por fin nuestro Ash ya es Campeón también en este universo.
Afortunada y desafortunadamente, nos acercamos al final. El viaje de nuestro chico está acabándose, pero así como el camino frente a nosotros, el suyo es infinito y se encuentra lleno de posibilidades.
Gracias de nuevo, Xtrac, por estar aquí. ¡Nos leemos!
CCSakuraforever: Nunca dejará de sorprenderme, Sakura, que tras todos estos años tus reviews siguen siendo tan identificables como siempre. Ahora que estamos de cara al final, creo que me gustaría saber un poco más sobre ti. ¿Cómo estás? ¿Qué te dice la vida? ¿Estás feliz ahora mismo? Para mí eres una entidad cubierta de misterio, pero un camarada muy muy antiguo en este viaje que ha durado gran parte de mi vida. Gracias por siempre estar, Sakura… aunque no sepa si eres hombre o mujer (u otro género)
Josezcri: Lo siento, ahora mismo no puedo recordar ese momento, Josezcri XD
Yyyyyy… No. La verdad, duermo mejor por las noches sabiendo que nunca más tendré que escribir un combate Pokémon. Hubo muchas veces donde pensé en mandar todo al garete con la Liga, pero fue mi orgullo el que me hizo seguir adelante y por fin terminó. Pero, aunque es cierto que mi aversión a escribir combates es parte fundamental de mi respuesta, lo cierto es que tampoco tendría mucho sentido a nivel de argumento.
A diferencia del anime, el vínculo entre mi Ash y mi Kukui no es tan fuerte y una batalla entre ambos no tendría el mismo significado. Pienso que el cierre que le di a la Liga, en una batalla entre Ash y Gladio, fue el cierre ideal pues hemos pasado años viendo cómo crece su rivalidad y posterior amistad. Aunque lamento decepcionarte, te juro que por nada del mundo volvería a escribir una batalla Pokémon…
¡Pero gracias por la review! ¡Nos leemos!
¡Pues pasen a leer, muchachada!
El estadio Manalo estaba bien equipado, tanto que tenía un pequeño salón de eventos destinado a celebrar a los dieciséis finalistas del torneo así como a sus familias en una ceremonia de premiación privada. Había sido a ese lugar al que se habían dirigido los trece mejores que se habían parado debajo del podio para ver la coronación de Ash. Tenían permitido invitar amigos y familiares, por lo que también se les unieron los amigos del nuevo Campeón de Alola.
Y hablando de él… ¿qué está haciendo el hombre del momento?
El azabache, junto a Rotom y Pikachu, se encontraban en la parte alta del estadio, en aquel observatorio privado a través del cual Kukui, Charles Goodshow y Wicke habían visto gran parte de la Liga. Veía con fascinación el vacío campo de batalla, imaginándose cómo habría sido ver la batalla desde ahí arriba. Seguramente habría menos detalles pequeños, sí, pero ver el gran panorama de las cosas sonaba interesantísimo.
—Lamentamos la demora, Ash.
Se giró al escuchar la voz de Kukui. Al lugar entraban el antes mencionado junto a los cuatro árbitros, Charles Goodshow y Wicke. Los siete individuos avanzaban hacia él con expresiones solemnes.
—Hagamos esto rápido para que puedas disfrutar de la fiesta en tu honor —bromeó Charles, que tenía entre sus manos un pequeño cofre.
—¡A-ah, no se preocupen! Sé que esto es necesario —rio, rascándose la cabeza—. Red se encargó de dejarme en claro que ser Campeón no es todo batallas y espectáculos.
El mayor de los Ketchum asintió, satisfecho al saber que su hermano había puesto atención a los sermones que tantas veces le había dado.
—Perfecto, perfecto —asintió el Presidente—. En ese caso podemos agilizar las cosas.
Con paso tranquilo, Charles se acercó a la mesita que había en el centro de la estancia y colocó ahí el baúl, al lado del trofeo de Campeón de la Liga Alola. Tomó asiento en el sofá, indicándole con una mano a Ash que se sentara en el que estaba frente a él. Ketchum obedeció de inmediato y solo entonces Goodshow comenzó a sacar del cofre una serie de documentos.
—Este de aquí es el contrato que debes de firmar. Tu título entrará en efecto inmediato en cuanto lo hagas —dijo, cediéndole los papeles—. Por favor, tómate tu tiempo y no dudes en preguntar cualquier duda.
Ash y Pikachu tragaron saliva al ver el tamaño del documento. Ligeramente nervioso, el paletiano levantó la cabeza.
—Disculpe, ¿cree que Rotom podría leer esto conmigo?
Goodshow asintió sin dudarlo.
—Por supuesto. De quererlo, puedes consultar con cualquiera de los aquí presentes. No te limites, Ash. Queremos que esta transición sea tan fluida como sea posible y que no quede ninguna duda, por supuesto.
Volteó a ver a todos los que estaban en la sala, quienes le sonrieron con la intención de tranquilizarlo. Saber que el profesor, su hermano (un Campeón desde hace años), la presidenta de la Fundación Aether y dos Kahunas y un ex Kahuna estaban ahí para orientarlo lo dotó de mucha más confianza. Por supuesto, tener a Rotom a su lado también calmó sus nervios.
—Entonces, ¿nos ponemos con ello? —preguntó la Pokédex.
Asintió y ambos comenzaron a leer.
Como esperaba, la lectura fue algo densa. En ella estaban listados algunos términos y condiciones, así como las obligaciones que veían adjuntas al hecho de ser un Campeón regional. No ensuciar el buen nombre de la Asociación era uno en el cual se hacía especial énfasis. Mientras seguía leyendo, llegó a un punto que lo hizo abrir a él y a Rotom los ojos como platos. Era el segmento donde se discutía su salario.
—S-señor Goodshow, creo… creo que se le fueron unos ceros aquí… —murmuró, sintiendo un profuso sudor correr por su rostro—. Esta cantidad…
—¿Oh? —Charles pidió con educación los documentos y Ash se los dio. Leyó con atención antes de finalmente reír—. Oh, no, Ash, esto está bien. Este de aquí es tu salario anual.
Ante la mirada divertida de todos los presentes, Ash y Rotom voltearon a verse con gestos anonadados. Ambos se agitaron violentamente en sus lugares, procesando lo que era, sin duda, un ascenso en la clase social. Aunque había visto bastante dinero en su vida gracias principalmente a los trabajos publicitarios con Donas Cohete, estas cifras eran algo… Sí, seguramente era más dinero del que jamás había visto en su vida.
—¡E-esto! —Se obligó a tranquilizarse. Carraspeó y volvió a hablar—. Disculpe, pero… ¿por qué tanto? Entiendo que le paguen esta cantidad a Campeones como mi hermano o Cynthia, que están en la cima y reciben muchos retadores, ¿pero a mí?... Quiero decir… La Liga de Alola apenas está naciendo…
—Es justo por eso que te estamos pagando esta cantidad, Ash —dijo Charles—. En el futuro, cuando la Liga de Alola gane más prestigio y reconocimiento, el salario incrementará.
—¡¿VA A INCREMENTAR?! —gritaron Ash y Rotom, ambos casi saltando sobre el Presidente.
Pikachu se cubrió los oídos al escuchar el fuerte grito de sus dos compañeros. No entendía por qué del escándalo.
—Vamos, vamos. Escucha lo que el señor Goodshow quiere decir. —Red sujetó a su hermano de los hombros, haciéndolo sentarse.
Goodshow rio al igual que Hapu, Wicke, Olivia y Kukui.
—Imagino que si llegaste a la parte del salario, también leíste los puntos que discuten el uso de tu imagen, ¿no es así?
Ash asintió rápidamente. Rotom, por otro lado, pareció atar algunos cuantos cabos.
—L-lo leí, pero… ¿se puede ganar eso solo con la publicidad?
—La publicidad es uno de los negocios más grandes del mundo, Ash. Billones se mueven en el mercado gracias a ella —aseguró Charles—. Y tu imagen, déjame decirte, es una de las más codiciadas. Tu historial como el Veterano más Joven, el Héroe de la Guerra contra Necrozma y ahora tu título como Primer Campeón Regional de Alola hacen que el mundo entero esté deseoso de saber más de ti. No se te paga solo por la publicidad, por supuesto. Eres un deportista de alto rendimiento, por lo que tu presencia llena estadios e incrementa los ratings televisivos. ¿Por qué crees que te pagaban tras tu participación en cada Liga?
Ketchum pensó que ese era un buen punto. Tras cada Liga había recibido un premio monetario, aunque casi siempre se lo había regalado a su madre para que hiciera con él lo que quisiera. Delia siempre le dijo que lo había guardado para cuando él lo necesitara.
—Nunca lo vi de esa manera… —murmuró.
—En el futuro participarás en torneos benéficos y en competiciones de talla mundial como el Pokémon World Tournament. La gente querrá mercancía de ti y volará a regiones distantes solo para verte combatir. —Goodshow volvió a reírse mientras se acariciaba la barba—. Aunque bueno, ya lo hacen.
—Y-ya veo…
—Disculpe que nos hayamos alterado de esa manera —dijo Rotom, luciendo visiblemente avergonzado—. Es algo nuevo para nosotros. Ni siquiera conocer la teoría te prepara para algo como esto.
—No se preocupen, muchachos. Recuerden, cualquier duda será respondida con honestidad y transparencia.
Ash se secó el sudor y asintió.
—Entonces… voy a seguir leyendo.
—Adelante.
Vio temas sobre agencias, representación legal y demás cosas técnicas que se aseguró de leer a conciencia a pesar de que sabía que Rotom lo recordaría todo. Era un adulto, tenía obligaciones. Sabía que, en esa etapa de su vida, ya no podía simplemente concentrarse en lo que más le llamaba la atención. Si quería ser un hombre con la madurez suficiente para formar su propia familia, debía ser capaz de hacer cosas que parecían un fastidio en un inicio. Leyó todo lo que entendió, pasando entre las páginas con un poco de torpeza, y finalmente hubo un punto que sí llamó su atención.
—Sobre los retadores… —dijo con una incipiente sonrisa en el rostro.
—¿Sí?
—Aquí dice que puedo ser desafiado por personas que hayan ganado la Liga de Alola, así como por miembros de mi Alto Mando… Ya que no hay ninguna persona en ambos grupos, ¿qué sucederá? —preguntó con genuina intriga.
—Sucede que tienes un año entero para formar tu propio Alto Mando, por supuesto —dijo Charles. Él también parecía estar más interesado por ese tema que por cualquier otro.
Los ojos de Ash resplandecieron.
—¡¿Yo puedo hacer mi propio Alto Mando?!
—Las cosas empiezan a ponerse interesantes —sonrió Rotom.
—Normalmente los miembros del Alto Mando son elegidos por su desempeño en combate por parte de un comité de la Asociación. Elegimos entrenadores verdaderamente destacados no solo por su popularidad, sino también por su fuerza. Deben de ser personas que puedan bloquear el camino para cualquiera que intente acceder al Campeón, del mismo modo que puedan desafiar a éste último en un combate donde el título esté en juego —explicó Charles—. Para ese objetivo trabajamos en conjunto con el Campeón. ¿Quién mejor para saber qué entrenadores de su región son los más destacados y merecedores del puesto que el hombre que se ha coronado como el mejor de la misma?
Ash tembló de emoción ante la idea de formar su propio Alto Mando. Tenía tantas ideas y recomendaciones, pero antes de eso…
—Entonces tengo un año, ¿cierto? Antes de que se lleve a cabo la siguiente Liga Pokémon de Alola y alguien más gane el derecho a desafiarme.
Charles asintió en respuesta.
—Y en ese año… —Volvió la vista al documento, leyendo un punto en específico—. Aquí dice que puedo ir a donde yo quiera, ¿no es así? Pero que tengo que responder a los desafíos sin chistar y que, de vez en cuando, mi presencia será requerida en ciertos lugares.
—Ya sé lo que quieres preguntar, Ash. —Charles le dio una sonrisa tranquilizadora—. Sí, puedes seguir viajando tanto como quieras. Pregúntaselo a tu hermano si así lo deseas.
Ash y Red hicieron contacto visual.
—¿Por qué crees que Alder, Cynthia y Steven van de un lado a otro siempre que les place? —preguntó y respondió al mismo tiempo el Campeón de Kanto.
Las dudas de Ash quedaron despejadas al completo. Con energías renovadas volvió la vista al contrato. Le tomó un buen rato terminar de leer todo, así como aclarar todas sus dudas. Finalmente estuvo listo.
—¿Firmamos entonces? —Charles sacó del cofre un bolígrafo estilográfico, más bonito que ninguno que Ash hubiese visto nunca.
—¡Por favor! —exclamó Ketchum, tomando con firmeza el instrumento.
Charles fue indicándole, de uno en uno, los lugares en los que sentía que poner su firma, la cual consistía en su nombre acompañado de una pequeña cola de Pikachu al final. Terminó con la mano acalambrada de tanto haber escrito y harto del sonido del bolígrafo. Se arrellanó en el sofá, dejando salir un suspiro.
—Buen trabajo —le dijo Kukui, dándole unas palmaditas en el hombro derecho.
Agradeció y también se rio.
Charles habló tras un minuto en el que se aseguró de que todo estuviera en orden.
—Entonces con esto es oficial —dijo mientras ordenaba los documentos y sacaba una pequeña cajita del cofre—. Te enviaremos una copia oficial del documento a tu domicilio en Hau'oli para que puedas tenerlo a la mano. Por favor, asegúrate de cuidarlo.
—Eso haré, señor —asintió Ash con rapidez.
—Me aseguraré de que lo haga —Rotom lucía más serio que nunca.
Goodshow dio unas pequeñas cabeceadas antes de tenderle la cajita a Ash, quien la vio con curiosidad. Cuando la abrió se dio cuenta de que era una sortija dorada con incrustaciones de joyas preciosas en cuya parte superior estaba tallado el símbolo de Alola. Ketchum se sintió nervioso al tener algo tan valioso entre las manos, pero al mismo tiempo pareció deslumbrado por su brillo. Pikachu y Rotom la vieron con fascinación.
—También cuídalo bien. Después de todo, es el primer anillo de Campeón hecho en la historia de Alola —dijo Charles, divertido por la reacción del azabache.
Ash solo había visto antes un anillo de Campeón, y era el de su hermano. Por años había fantaseado con tener uno en su propio dedo, aun cuando ponerse anillos le resultaba particularmente incómodo. Sus ojos lagrimearon levemente al ver que por fin tenía uno que era suyo. Vio la mano de Charles frente a él, por lo que alejó su atención del tan anhelado premio.
—Desde la Asociación de la Liga Pokémon, esperamos contar con usted, Campeón de Alola.
Se apresuró a estrechar la mano del Presidente y a ponerse de pie.
—¡P-por favor cuiden bien de mí! —dijo con entusiasmo, sabiendo que había entrado a una nueva etapa de su vida.
Se giró hacia Red, pero dudó. Volteó a ver a todos los que estaban en la estancia, recibiendo un asentimiento silencioso por parte de cada uno de ellos. Solo entonces se lanzó hacia su hermano, que lo abrazó con fuerza. Ambos lloraron juntos, Red quitándole la gorra y acariciándole el cabello con ternura y orgullo. Pikachu la recogió.
Al cabo de un minuto, ambos se separaron y sonrieron. No hacía faltan palabras, pues ambos lo sabían: por fin eran iguales. Escucharon los aplausos de Charles, Kukui, Wicke, Hapu y Olivia, por lo que voltearon a verlos. Los cuatro tenían pequeñas lágrimas en los ojos. Ligeramente avergonzados, los Ketchum se retiraron las suyas propias.
—Entonces, ¿deberíamos ir a la fiesta? —preguntó Red—. Seguro que hay mucha gente queriendo verte.
El rostro de Ash mostró incredulidad.
—¡¿Ustedes también van?!
—¿Qué, no se puede? —preguntó Nanu con cierto sarcasmo en la voz.
—¡No, por supuesto que se puede! ¡En ese caso, vámonos! —exclamó, corriendo hacia la mesita y tomando su trofeo como si fuese un bebé—. ¡A la fiesta!
Rotom, Pikachu, Olivia, Wicke y Kukui dieron gritos de entusiasmo, mientras que Charles y Nanu asintieron. Todos comenzaron a salir de la sala y, mientras atravesaban el umbral, Hapu puso una mano sobre el brazo de Ash. El azabache volteó a verla con cierta curiosidad.
—Ey, zagal, ¿puedo hacerte una petición un poco irrazonable?
—¡Aquí está el Campeón!
Ese grito provocó una horda de personas que corrieron hacia la entrada del salón de eventos. Ash vio como la gran mayoría de los presentes se abalanzaban en su contra y, sin siquiera mediar palabra, lo alzaron en el aire. Dejó salir un sonido de sorpresa antes de que comenzaran a lanzarlo y a atraparlo repetidamente. Al final se dejó llevar por la situación, rompiendo en carcajadas mientras elevaba el trofeo en lo alto.
Lo bajaron al cabo de unos segundos y se acercaron a él casi como quien hace fila para ordenar un café. Fue envuelto en un afectuoso abrazo por Misty, Brock y Tracey, quienes acariciaron su cabeza y le dieron golpecitos en la espalda.
—¡Felicidades, Campeón! —exclamó Misty, empujando su cabeza hacia abajo—. ¡Estamos muy orgullosos de ti!
—¡Todos en pueblo Paleta están celebrando tu triunfo, amigo! —informó Tracey, secándose los lagrimales.
—¿E-en serio? —preguntó Ketchum, luchando contra la mano de Kawanami—. ¿Gary…?
—¡Manda sus felicitaciones al igual que Daisy y el señor Yukinari!
Su corazón se llenó de regocijo.
—Primero Campeón de Alola y luego Maestro Pokémon, ¿no es así, Ash? —preguntó Brock con una gran sonrisa que no tardó en ser correspondida.
—¡Por supuesto, amigo!
Estrecharon con fuerza las manos.
Los tres se retiraron para dar paso a Max y May, quienes lo abrazaron por los costados y comenzaron a saltar con él.
—¡Campeón, Campeón, Campeón! —corearon los Asano haciendo sonrojar a Ash.
—¡Vamos, presume esa copa, que te lo ganaste! —May lo ayudó a alzarla, desatando una ola de ovaciones.
—¡Un triunfo indiscutible, Ash! —Max le dio una palmada en la espalda.
Entre carcajadas, Ketchum bajó la copa y encaró a ambos.
—¡Gracias, chicos! —Se centró en Max—. ¡Estaré esperando esa batalla!
—E-espera unos cuantos años, ¿de acuerdo?
Los tres compartieron una misma risa. Finalmente los Asano se apartaron para darle paso a Dawn.
—¡Esos cinco, Campeón! —exclamó Chiba, levantando la mano en lo alto.
Ash no dudó. Con ímpetu chocó los cinco con Dawn, emitiendo un fuerte estruendo que hizo a la sinnense soltar un chillido. La coordinadora empezó a soplarse la enrojecida mano.
—¡R-recuerda que eres más fuerte que a los trece años, cielos! —exclamó.
—¡Plup Piplup! —El tipo Agua lo regañó.
Un tanto apenado, Ash se rascó la nuca.
—L-lo siento…
Dawn recuperó la sonrisa.
—¡Está bien! Te lo perdono solo porque es tu ocasión especial, ¿de acuerdo?
—¡Gracias, Dawn! Y… también gracias por cumplir tu promesa.
—Ey, para eso están los amigos, ¿no es así? ¡Si nos prometemos algo, lo cumplimos! —Se vio repentinamente agotada—. Incluso si eso implica cruzar medio mundo.
Al final ambos se sonrieron ampliamente. Dawn se hizo a un lado para permitir que Cilan e Iris se acercaran.
—¡Solo mírate! —Iris, con los brazos en jarra, exhibía un gran gesto de alegría—. ¡Campeón de Alola! Solo no dejes que se te suba a la cabeza, ¿de acuerdo? ¡Seguro que todavía puedo darte una paliza!
—¡Oh, estoy dispuesto a comprobar eso cualquier día! —Ash respondió desafiante.
Escucharon reír a Cilan, que los veía a ambos con nostalgia.
—Pensar que han crecido tanto…
Aunque sonrojados, Holt y Ketchum lucían contentos a más no poder, casi como niños que eran elogiados por su hermano mayor. Al final los dos abrazaron a Cilan. Tras compartir ese pequeño momento, los unovanos se apartaron.
—¡Ash! —Bonnie saltó la primera para abrazar a Ketchum, girando junto a él.
—¡B-Bonnie, vas a hacer que se le caiga el trofeo! —dijo Clemont con preocupación.
La menor no lo escuchó, pero de igual modo se detuvo. Levantó la mirada con los ojos llenos de lágrimas y un rayo de sol como sonrisa.
—¡Felicidades, Ash! ¡Muchas, muchas felicidades!
—¡Denne nne! —exclamó el roedor desde la cima de la cabeza de Bonnie.
El paletiano sintió un toque en el hombro izquierdo, encontrándose a Serena, y luego uno en el derecho donde estaba Clemont. Bonnie sujetó su muñeca derecha luego de dejar de abrazarlo.
—Por fin, Ash. —Clemont sonreía con el ceño ligeramente fruncido—. Un paso más para cumplir tu sueño, tal como siempre nos dijiste.
—Estamos muy felices de haber estado aquí para verlo —aseguró Serena, secándose una lágrima—. Siempre supimos que lo lograrías, sin importar el costo. Después de todo, tú nunca te rindes.
—¡Y estaremos aquí para verte hoy y siempre! —dijo Bonnie, convencida de sus palabras.
—Chicos… —Ash lucía tan halagado como conmovido. Pasó un brazo por alrededor del cuello de Clemont—. Es como aquellos días, ¿no es así?
Los tres kalosianos sonrieron con nostalgia y afecto. Visto así… sí. Era como aquellos días, solo que estos nunca volverían. En lugar de añorar el pasado, se aseguraron de atesorar el presente. Tras reír un poco más juntos, se hicieron a un lado para dejar pasar a otras personas.
—Mis más sinceras felicitaciones, Ash. —Liam le tendió una mano.
—¡Gracias, Liam! —exclamó Ketchum, estrechándola.
Escucharon a Mina abuchear.
—En estos momentos es cuando dejas de actuar formal —dijo, acercándose a Ash. Cargó fuerza en una mano y dio un golpe más bien debilillo en la espalda del paletiano—. Esa fue una batalla impresionante. Estoy llena de inspiración gracias a ustedes.
Ash lucía incrédulo al ver la sonrisa en el rostro de Mina, una que muy pocas veces había visto. Vio a lo lejos a Oliver, que parecía derretirse ante el gesto de su novia.
Liam dejó salir un pequeño suspiro y finalmente sonrió.
—En ese caso… —Se dejó ser. Con un profundo sonrojo y ojos como farolas sujetó la mano de Ash entre las suyas—. ¡Fue una exhibición sin precedentes, Ash! ¡Los combates, las emociones que se desprendieron de ellos y el resultado final! ¡Nada pudo ser mejor! ¡Una delicatessen para el alma!
Ketchum se quedó en blanco al ver a los siempre serenos Mina y Liam de esa forma. Había pasado bastante tiempo con ellos, pero nunca los había visto tan emocionados. Finalmente rompió en carcajadas, las cuales se le contagiaron a los dos Capitanes. Los siguientes llegaron.
—¡T-tenemos que hacer esto rápido antes de que él llegue! —exclamó Lana, abrazando con fuerza al azabache.
—¡Mallow está comprando tiempo! —Chris hizo lo mismo que su novia.
Ash levantó ambos brazos. Dado que ambos Capitanes eran bastante más bajitos que él, sus brazos no quedaron atrapados en el abrazo. Rápidamente reparó en lo que querían decir.
—Te esforzaste mucho, Ash. Eres oficialmente el tercer bando más poderoso de Alola —dijo Chris, apartándose del azabache y asintiendo.
—¡Capitanes, Kahunas y Campeón! ¡Juntos seremos imparables! —exclamó Lana con entusiasmo, bufando.
Ketchum sonrió, llenó de expectativa.
—¡Trabajemos juntos por muchos años, chicos! —exclamó.
Lana y Chris intercambiaron miradas nerviosas, las cuales Ash notó de inmediato. Era mejor no decir algo así en un momento de celebración. Por suerte no tuvieron que dar explicaciones a la inquisitiva mirada de Ketchum.
—¡ASH! —El fuerte grito de Kiawe hizo que Saltagua y Hokulani se apartaran del camino. Wela llegó con Mallow a rastras.
—¡P-para el carro, Kiawe! —decía Aina mientras intentaba detenerlo en vano al sujetarlo por la cintura.
—¡ESA FUE UNA BATALLA IMPRESIONANTE! —exclamó Kiawe, llegando ante él con un fuego infernal en la mirada—. ¡Quiero luchar contra el mismísimo Campeón de Alola! ¡No pienses que lo dejaré pasar!
Ash vio con ligera sorpresa el entusiasmo de Kiawe. Bajó la mirada, tembló y luego la subió de nuevo. A su alrededor la temperatura parecía haber aumentado. Flexionó un bíceps en dirección a Wela.
—¡ESTOY ABIERTO A CUALQUIER RETO, KIAWE! —gritó con entusiasmo desmedido.
—¡COMO SE ESPERABA DE MI RIVAL!
Ambos se veían con una sonrisa efervescente que desapareció cuando la cabeza de Kiawe se estremeció. Mallow, que le había dado un golpe de tajo, inflaba las mejillas en señal de molestia.
—¡Cielos, al menos espera a que todos tengan su turno para ponerte así! —exclamó, frunciendo el ceño.
—A-ah… Lo siento…
Aina suspiró antes de girarse hacia Ash con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Felicidades, Ash! Todos estamos increíblemente orgullosos de ti. —Se acercó un poco a él para decirle algo al oído—. Honestamente, siempre supe que tú ganarías, pero no se lo digas a nadie.
Ketchum se carcajeó.
—¡No lo haré! Gracias, Mallow —dijo, devolviéndole la sonrisa.
La morena asintió con fuerza, levemente sonrojada y luego se giró hacia Kiawe con las mejillas infladas.
—¡Vamos, vamos, no detengas la fila! —exclamó, tirando de él por el brazo.
—A-ah… ¡Tengamos una batalla, Ash! —gritó Kiawe mientras se alejaba a la distancia.
Ash se rio hasta que sintió como su nariz era obstruida.
—¡Oye, Lei! —Burnet regañó al bebé, obligándolo a soltar la nariz de Ash.
La profesora tenía a su hijo en brazos y era rodeada de la cintura por su marido.
—Sé que ya lo dije antes, pero esta vez quiero hacerlo desde mi faceta como amigo. —Kukui le puso una mano en la cabeza y le dio un toquecito a la cima de su gorra—. Felicidades, Ash. Tu progreso nunca deja de asombrarnos.
—Estamos muy orgullosos de todo lo que has logrado. Pensar en que llegaste sin saber nada de Alola y ahora eres su Campeón… —Burnet se limpió una lagrimita—. ¡Eres realmente increíble!
Lei balbuceó algo completamente incomprensible.
Una pequeña sonrisita apareció en el rostro de Ash. Su relación con Burnet y Kukui nunca sería como la de un hijo con sus padres, eso lo sabía y estaba bien con ello… pero aunque no lo fuera, sabía que ellos seguían siendo familia. Después de todo, era el hermano mayor de Lei.
—Gracias, profesores. De ahora en adelante me aseguraré de corresponder el esfuerzo que pusieron en hacer realidad este sueño —dijo lleno de determinación.
—Vamos… Todo es gracias a Kukui —rio Burnet, ligeramente avergonzada pero halagada.
—No. Ash está en lo correcto. —El profesor vio a su esposa con gran cariño—. Sin ti en mi equipo, esto nunca habría sido posible, terroncito.
—Cielo… —murmuró Burnet, sonrojándose ante los ojos de su marido. Carraspeó con fuerza, sobresaltando ligeramente a Lei—. ¡E-este…! ¡Lo mejor sería no atrasar la cola! ¡Hay mucha gente que todavía quiere verte!
Kukui y Ash se rieron, el primero prometiendo que hablarían más a fondo en el transcurso de la velada.
—¡Ash!
Al escuchar la voz de Alphonse, la sonrisa de Ash se ensanchó.
—¡Al! —exclamó con alegría—. ¡Estás aquí!
—¡Sí, tus amigos nos invitaron! —exclamó lleno de entusiasmo.
Ketchum vio también a Elizabeth. La mujer le dio una afectuosa sonrisa, así como un abrazo.
—Muchas felicidades, Ash. Lo hiciste increíble —lo felicitó, agitándole los cabellos de la nuca.
—¡Gracias, Eli! —rio Ketchum, sintiéndose como un niño pequeño.
—¡Todas tus peleas estuvieron a otro nivel, Ash! —exclamó Alphonse con fuerza y emoción—. ¡El combate contra Elio, contra Lillie, contra Hau y por supuesto el duelo final contra Gladio! ¡Te lo dije, ¿no es así?! ¡Te dije que ibas a ganar!
Ash soltó una carcajada antes de asentir.
—¡Lo hiciste, amigo! Al final tú tenías razón. —Le puso una mano en la cabeza—. Nunca volveré a dudar de ti.
—Oh, vamos, ni siquiera tú dudabas de tu victoria.
—Bien, bien, Al. —Elizabeth comenzó a apartar a su hijo—. Sé que quieres hablar con Ash, pero recuerda que todavía hay más gente.
—¡Cierto! ¡Hablamos en un rato, Ash! ¡Asegúrate de mostrarme a Naganadel!
—¡Dalo por hecho, amigo! —exclamó, despidiéndolo mientras ondeaba la mano en el aire.
—¡El hombre del momento!
Ash se giró con presteza al escuchar la voz de Hau.
—¡El más codiciado de todos, el mayor ídolo de la región! —Con ambos índices, Hau comenzó a señalar a Ash—. ¡Nuestro primerísimo Campeón de Alola! ¡Ni más ni menos que Ash Ketchum!
Ketchum se carcajeó.
—¿Qué pasa con esa introducción? —preguntó antes de recibir un golpecito en el pecho. Vio el rostro orgulloso de Hau.
—Ya debes de haberlo oído hasta el hartazgo, pero… felicidades, Campeón —dijo para luego llevarse las manos detrás de la cabeza—. Lleva con orgullo la corona que tienes sobre la cabeza. Enaltece el nombre de esta región.
La boca de Ash se entreabrió, momentáneamente sin palabras. Finalmente frunció el ceño y, con un gesto lleno de determinación, asintió.
—Siempre.
Hau entonces se permitió reírse. Con una lagrima en el ojo derecho, abrazó a Ash, que le correspondió el gesto de inmediato. Ambos se agitaron un poco al ser abrazados por una tercera persona. Vieron entre risas a Acerola.
—Cumpliste lo que dijiste en aquella pijamada, Ash —dijo Malíe sonriente—. ¡Eres verdaderamente un hombre de palabra!
El azabache asintió con vanidad.
—¡Ya me conoces, Acerola! Cuando digo algo, lo cumplo.
La oficial dejó salir una risita antes de finalmente soltar a Hau y Ash. Ella, junto con Mahalo, dio un paso atrás.
—Bueno… Hay unos chicos que no han dejado de llorar desde hace un buen rato que quieren verte —dijo el moreno, provocando una risita en Acerola.
Dejaron pasar a los Asutoro, quienes eran un verdadero desastre. Tenían los ojos hinchados y tan rojos como sus narices. Sorbían de cuando en cuando, también luciendo un poco despeinados. Ash se sintió profundamente conmovido al verlos así.
—En el futuro habrá más y más fans míos —dijo Ketchum, ganando la atención total de los Asutoro—. Pero ninguno de ellos será nunca como ustedes. Tengo tanta suerte de que mis mayores fans sean también dos de mis mejores amigos.
Ninguno de los dos jóvenes pudo contener el llanto. Ambos abrazaron con fuerza a Ketchum, tratando de no ensuciarlo con su desastre. Entre balbuceos solo podían escucharse cosas como «felicidades», «feliz» o «jefe». Ash en ese momento desearía no estar sosteniendo el trofeo, pero no dejó que eso lo limitara. Rodeó con el brazo derecho a ambos Asutoro. ¿Cómo podía un hombre tener tanta suerte? Sintió que su torso era liberado y por lo mismo él apartó su brazo de ellos. Elio y Selene retrocedieron con la mirada gacha, pero luciendo inmensamente felices.
Vio a Asahi y Tsukishima llegar junto a ellos, ayudándolos a moverse del lugar. Con grandes sonrisas lo felicitaron y él les agradeció.
—¡Ash! —gritaron con fuerza.
—¡Amber! —exclamó él, quitándosela de los brazos a Yellow—. ¡¿Me viste, Amber?! ¡Tu tío es Campeón, justo como tu papi! ¡Eres la sobrina del Campeón de Alola!
—El Campeón —repitió la niña, tocando con curiosidad el trofeo—. ¡Un trofeo grande y brillante!
—Estaba de mal humor porque quería verte pero había mucha gente —rio Yellow mientras abrazaba el brazo de su esposo—. Igual que cierta persona.
Red simplemente sonrió y se ajustó la gorra. Ya había llorado suficiente, pero no por eso sentía menos orgullo.
—Nunca tuvimos dudas de que lo lograrías, Ash. Ni por un momento —aseguró el Campeón de Kanto, volteando la mirada hacia atrás—. ¿Verdad, mamá?
Delia dio un paso al frente, caminando en silencio hacia su hijo. Le puso una mano en la mejilla derecha, acariciándosela, y tuvo que mirarlo hacia arriba. Su sonrisa se vio adornada por las gotas que caían como perlas por su rostro, mismas que hicieron a Ash derramar sus propias lágrimas. La mandíbula de Ketchum tembló un poco.
—L-lo… —Su voz se quebró— lo logré, mamá… Soy un Campeón.
—Mi niño… Mi querido Ash… —En un segundo, la señora Ketchum envolvió a su hijo en un estrecho abrazo. Liberó una risita temblorina—. Eres tan genial.
—Oye, mamá… —Sus lágrimas empezaron a ser retiradas por las manitas desesperadas de Amber—. ¿Crees… que el profesor Oak me estaba viendo?
—Sin duda, cielo. Él definitivamente te estaba viendo. Incluso ahora.
Ash cerró los ojos y asintió. Se separó de su madre cuando escucharon a Amber comenzar a llorar. Rápidamente se secaron las lágrimas, Ash con ayuda de Delia.
—¡N-no llores, Amber! —pidió Ash, riéndose—. Estoy bien, ¿ves? Ninguna lágrima. Ponte contenta, ¿sí? ¡Todos estamos felices!
—Tu tío tiene razón, mi amor. —Delia empezó a limpiar el rostro de su nieta, tomándola en brazos—. Hoy es un día feliz, así que sé una niña feliz.
El llanto cesó, pero la niña siguió sollozando un poco. Red la tomó en brazos, consolándola. La familia Ketchum rio.
—Es una niña tan sensible —dijo Ash.
—¿De dónde lo habrá sacado? —preguntó Red de forma irónica.
—Muchachito atrevido —rio Delia.
—Oigan, creo que hay alguien más que quiere hablar con Ash —dijo Yellow, mirando hacia atrás y luego se fijó en Ash—. ¿Quieres que te cuide el trofeo?
Delia y Red entendieron de inmediato lo que quería decir Yellow, por lo que se movieron rápidamente.
—Yo lo cuidaré, Yellow —dijo Delia, tomando el trofeo de manos de su hijo—. Una nueva mancuerna para la colección.
La señora Ketchum vio la completa falta de reacción por parte de su hijo ante la broma y simplemente suspiró. El amor era una cosa increíble. Se apartó a otra zona del salón junto al resto de su familia, asegurándose de tener un ojo sobre su muchacho en todo momento.
Ash lucía claramente embelesado. Se fijaba en el ondeo de esos mechones dorados y en el movimiento de aquellas largas pestañas. Ahí estaba ella… Solo al verla se dio cuenta de que ella era lo único que faltaba para completar esa gran transición en su vida. El paso que acababa de dar no era solo suyo, sino también de su familia… y ella era parte vital de la misma.
—Gané, Lillie.
Aether asintió ante tal afirmación. Lo rodeó por el cuello con los brazos y su sonrisa se ensanchó. Apretó los párpados, dejando caer unas cuantas lágrimas.
—Te lo dije, ¿no es así? Campeón. Eso es lo que has sido siempre para mí, y eso es lo que eres ahora para todo el mundo —dijo con un rostro iluminado por el orgullo—. Tal vez después de esto las personas puedan ver en ti aunque sea una fracción de la genialidad que yo veo día a día.
—Imposible, Lillie —rio Ash, mostrándose conmovido. La sujetó por la cintura—. Nadie me verá nunca de la misma manera que tú, porque nadie me conoce como tú lo haces.
—Es un honor que cargo con orgullo, mi buen señor —bromeó la rubia, acercándose un poco más a él—. Tengo el placer de decir y proclamar ante el mundo que el hombre al que amo es el Campeón de Alola.
—Al que amas solo una parte de lo que él te ama a ti —aseguró Ketchum, pegando la frente contra la de ella.
—Imposible, Ash —rio Lillie, tomando sus mejillas—. Porque nunca podré amar a nadie de la forma en la que te amo a ti, porque sé que nadie me ama como tú lo haces.
Ambos se rieron, lágrimas brotando de sus ojos. Ash entonces escuchó el sollozo de Lillie y se apartó un poco para verla mejor.
—E-estoy tan feliz, Ash… Después de todo lo que has luchado, por fin… Por fin estás más cerca de tu sueño. —Lo vio directamente a los ojos, transmitiéndole todo su cariño y pasión—. Has comenzado a crear tu propio legado; algo tuyo al cien por ciento y te mereces cada segundo de este gran triunfo… y yo…
—Estoy feliz de que seas tú quien está conmigo, Lillie —aseguró Ash, sujetando con ternura su muñeca izquierda—. Te amo.
—Y yo te amo a ti, Ash.
Ambos dejaron de preocuparse por el entorno y el público. Se unieron en un apasionado beso que los dejó sin aliento mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas. Aunque habían cedido al deseo, supieron controlarse y lo dejaron tras solo uno. Unieron sus frentes y rieron como niños pequeños, rojos hasta las orejas. Ash vio de reojo a Mohn, Hobbes y Gladio, los tres sonriéndole. «Ella está bien si es contigo», le decían los tres. Y yo estoy bien si es con ella, pensó él.
Le dio un corto beso en la frente a su novia y soltó su cintura, así como ella apartó el brazo derecho de su cuello. Se dieron la vuelta solo para darse cuenta de que todo el mundo los estaba viendo, lo que los hizo sentirse terriblemente avergonzados. Lillie bajó la mirada y él cubrió la suya con la visera de su gorra. Fue entonces cuando un micrófono se colocó frente a él.
—¿Unas palabras para todos, Campeón de Alola? —preguntó Kukui con una gran sonrisa.
Él levantó la mirada y rápidamente sonrió. Sí, había algo que todavía quería decir. Algo que solo podía transmitir con su mejor sonrisa en el rostro. Sujetó el micrófono con firmeza y abrió la boca.
—¡Gracias a los que vinieron hasta aquí por mí! ¡Gracias a los que se sintieron felices con mi victoria! ¡Gracias a mis increíbles rivales que hicieron de esta la mejor Liga de toda mi vida! —Frunció el ceño con fuerza, pero su gesto resplandeció como la primera estrella del firmamento—. ¡Muchas gracias por darme la oportunidad de demostrar quién soy! ¡Gracias por ser mis amigos! ¡Gracias por quererme!
Al mismo tiempo, en aquel salón de eventos lleno de sonrisas y lágrimas de orgullo, se escucharon montones de gritos y vítores que resonaron como uno solo: todos dirigidos hacia su persona. Al final, solo un gran grito prevaleció por sobre los otros; uno formado por las voces de todos.
—¡VIVA EL CAMPEÓN DE ALOLA!
—¡VIVA, VIVA, VIVA!
Ash, sentado en una mesa con Lillie y Rotom a su lado, veía entre carcajadas como todo el mundo lanzaba a Pikachu al aire. El pequeño roedor volaba con una gigantesca sonrisa hasta casi tocar el techo. En el último lanzamiento no fue atrapado por la multitud, sino por una Lopunny que lo sujetó entre sus brazos para luego abrazarlo con fuerza mientras giraba. Se hizo un escándalo ante tal escena y Ash silbó con fuerza.
—Es todo un galán —rio Lillie.
—¿De quién crees que aprendí mis mejores trucos? —preguntó Ketchum, vanagloriándose falsamente.
Lillie rompió en carcajadas.
—Sí, esas imitaciones suyas son una joya de la humanidad. Verdaderamente uno de los motivos por los que me enamoré de ti —dijo ella.
—¿En serio? —Ash se vio intrigado.
—Por supuesto. Créeme, Campeón, una pareja graciosa es mucho mejor que una bien parecida. —Le pasó un dedo por el brazo—. Aunque no es como que tú no seas las dos cosas.
—Por Arceus… —murmuró Rotom, alejándose del lugar.
Ash y Lillie intercambiaron una mirada de complicidad y una sonrisa juguetona. El ambiente estaba empezando a caldearse cuando un pisotón los alertó. Ambos, sobresaltados, vieron al recién llegado. El gesto de Lillie dio un cambio de 180 grados.
—¡Ey, Ash Ketchum! —Ryuki, con una gran sonrisa de oreja a oreja, se encontraba ante ellos.
—L-lamentamos interrumpir… —murmuró tímidamente una muchacha detrás del guitarrista.
El azabache se puso rápidamente de pie.
—¡Ryuki! No te lo pude decir, pero tus combates fueron increíbles. ¡Estoy ansioso por luchar contra ti algún día! —dijo con sinceridad y una sonrisa.
Olano se quedó en blanco por un momento, su boca entreabierta. Espabiló cuando la chica a sus espaldas lo sacudió.
—Lo que querías decirle… —le recordó.
—¡A-ah, cierto! Gracias, Sue. —Ryuki recuperó su gesto compuesto y confianzudo—. ¡Sé que no puedo desafiarte por el título, pero en el futuro me gustaría tener una batalla de exhibición contra ti! Ciudad Malíe o Carmín, ¡tú elige!
—¿Batalla de exhibición? —Se esforzó por recordar los puntos del contrato y se sobresaltó cuando Rotom apareció tras su hombro.
—Eso sí puedes hacerlo —respondió la Pokédex, centrándose luego en Ryuki—. Aunque si quieres hacer de ella una batalla de exhibición, me imagino que hay un fin más allá del de simplemente tener la batalla.
Olano se puso serio y asintió.
—Me gustaría tener un combate benéfico.
Eso llamó inmensamente la atención de Ash, Rotom y Lillie.
—Mis abuelos creían en luchar por nuestros sueños, y hay muchos chicos allá afuera que no tienen los medios para hacerlo. Me gustaría poder usar la familla que gané con este asunto y, por supuesto, la tuya para poder hacer realidad los sueños de cuantas personas sean posibles —explicó el carmíano—. Ya sea en Kanto o en Alola, tú decides. Yo estaré feliz con cualquiera que sea tu elección… si es que aceptas, por supuesto.
—¡Por supuesto que acepto! —exclamó Ash, sus ojos brillando.
—¡¿En serio?! —El semblante de Olano se iluminó.
—Puede participar en combates de beneficencia, pero tendrás que hablar con la Asociación Pokémon para que se aseguren de que no es un fraude. No queremos que luego estafes a la gente y hagas quedar mal a Ash, ¿cierto? —Rotom se veía bastante inflexible.
—¡Eso…! —Sue alzó la voz, pero Ryuki la detuvo.
—¡Por supuesto, haré lo que sea necesario! —Giró la cabeza hacia donde estaba Charles—. ¡Supongo que aprovecharé que el mandamás está aquí para consultarlo con él!
—¡Ah, espera!
Olano se detuvo ante el llamado de Ash. Tanto él como Rotom le daban una sonrisa.
—Pásame tu número, así podremos estar en contacto.
Tanto Sue como Olano sonrieron ampliamente. El músico sacó rápidamente su celular y dictó un número que Rotom anotó.
—Listo. Si surge algo, avísanos. Me pondré en contacto de cuando en cuando para ver cómo lo llevas y para afinar detalles —dijo la Pokédex.
—¡Por supuesto! ¡Son los mejores chicos! —exclamó Olano, señalándolos a ambos—. ¡Hablaremos luego! ¡Nos vemos!... Y, bueno, ¡lamento haber sido algo rudo, Lillie Aether!
La rubia no pudo responder nada, pues Olano salió corriendo lejos de ellos con una sonrisa de pura emoción en el rostro. Vio como Sue le agradecía profusamente a Ash y Rotom, lo que la hizo sonreír. Al final ese hombre no era tan malo como ella había creído en un primer momento. Se dio la vuelta al sentir un toquecito en el hombro.
—¡Hola! —Serena y Bonnie estaban detrás de ella, ambas sonriéndole.
—¡Hola, chicas! —saludó de vuelta, poniéndose de pie rápidamente—. ¿Pasa algo?
—Queríamos preguntarte por tu número —respondió Serena, mostrando su teléfono—. Las demás chicas tenemos un chat de grupo en el que nos contamos nuestras cosas y nos gustaría agregarte.
—¡Debes aceptar, Lillie! —exclamó Bonnie, entusiasmada—. Selene, Acerola y Hapu ya aceptaron, ¡solo faltas tú!
En el rostro de Aether apareció una sonrisa de oreja a oreja. Fuera de todo el pequeño drama que se había formado con Serena, ella y las demás chicas habían demostrado ser extremadamente agradables. Ser amiga de las amigas de su novio también era un pensamiento que la llenaba de alegría, aun si ya era amiga de Misty, May y Dawn.
—¡Por supuesto que acepto! —exclamó, sacando su teléfono a toda prisa.
Las tres chicas comenzaron a charlar animadamente mientras intercambiaban números. Pronto Dedenne se convirtió en el centro de atención.
—Lillie-tan parece estarse divirtiendo mucho —rio Acerola con ambas manos frente a la boca.
—¿Verdad? —Hau estaba cruzado de brazos—. De la tormenta podría germinar un precioso y duradero brote.
Acerola liberó una carcajada.
—¿Por qué estás tan filosófico de pronto, HauHau? —interrogó Malíe, haciendo reír también a Hau.
—Bueno, supongo que hay noches en las que simplemente soy así —respondió, volteando a verla de reojo.
—El HauHau filosófico es tan extraño —Acerola le sonrió con ternura—, pero es un HauHau que me gusta ver.
El moreno se quedó embelesado por el gesto de la oficial y su rostro se encendió. Abrió la boca con la intención de decir algo, pero el contenido grito de Elio lo interrumpió.
—¡¿Tú qué?!
Hau y Acerola se dieron la vuelta rápidamente. El grito había sido bajo, pero no lo suficiente para ser inaudible. Se dieron cuenta de que Elio y Hapu estaban juntos, la Kahuna diciéndole con un dedo que se callara.
—¿Qué pasa, qué pasa? —preguntó Acerola, corriendo hacia ellos.
Mahalo trató de detenerla con una mano pero no lo logró. Suspiró con resignación y caminó detrás de ella. Al menos podría enterarse del porqué del escándalo. Notó que Gladio y Selene también parecieron haber escuchado la conmoción.
Cuando Hapu se dio cuenta de que se había armado un pequeño círculo a su alrededor, soltó un sonido de leve irritación. Vio con cierta molestia a Elio, que rápidamente se disculpó.
—¿Supongo que es un tema del que no se puede hablar? —preguntó Selene, tratando de salvarle el pellejo a su hermano.
—No es que no se pueda hablar de ello, moza, pero… —Suspiró, rascándose la nuca—. Bueno, solo traten de que no mucha más gente lo sepa, ¿de acuerdo?
—¡Prometido! —Se apresuró a decir Acerola, alzando una mano y llevándose la otra al corazón.
—Ni una palabra saldrá de mi boca —aseguró Selene.
Hau cerró una cremallera imaginaria frente a su boca, le puso candado y tiró lejos la llave que podía abrirlo.
—Sé guardar silencio —dijo Gladio. Normalmente los secretos de otras personas no le llamaban mucho la atención, pero sabía que se necesitaba cierto nivel para hacer palidecer a Elio.
Hapu asintió.
—Confío en todos ustedes, chicuelos —afirmó antes de cruzarse de brazos. Escaneó el lugar y luego habló en voz baja—. Le pedí a Ash formar parte de su Alto Mando.
El impacto fue inmediato. Los cuatro recién llegados abrieron los ojos como platos, Acerola y Hau conteniendo sus gritos de sorpresa. Entendían por qué Elio no había podido. A falta de poder expresarse con un grito, optaron por quedarse callados. Sabían que la persona de cabeza fría sería la mejor para llevar las riendas de la conversación.
—Hay mucho que desempaquetar aquí, Hapu. —Gladio lucía tan sorprendido como los demás, pero mucho más moderado—. Primero que nada, ¿podrías explicar eso del Alto Mando?
—Sí, supongo que no cuesta dar algo de contexto. —La Kahuna se rascó una mejilla—. Verán, Ash tiene un año para formar un Alto Mando en colaboración con la Asociación de la Liga. Él puede elegir a los miembros del mismo y es la Asociación la que da el visto bueno. Todo el jaleo tiene que estar listo antes de la siguiente edición de la Liga Pokémon de Alola, para que de ese modo el próximo ganador no tenga vía directa al Campeón. Eso sería básicamente todo.
—Tiene sentido —admitió Hau, aunque una cuestión llegó rápidamente a su mente—. Pero espera… Si se supone que los Kahunas no pueden participar en la Liga, ¿entonces…?
—No es como que haya un reglamento en el que diga que está prohibido que participemos, ¿sabes? —Hapu alzó una ceja—. No participamos para darle más variedad al asunto y porque necesitamos árbitros representativos y capaces, pero podríamos hacerlo perfectamente.
—No, no, no… Recuerdo que me dijiste que genuinamente «no podían» —recordó Hau.
—Pues no lo recuerdo —admitió Hapu—, pero seguro estaba exagerando.
—¿Ehhh?...
—¿Y por qué quieres ser parte del Alto Mando, Hapumpkin? —preguntó Acerola con intriga.
—Tiene que ver con mi sueño, por supuesto. —Una radiante sonrisa apareció en el rostro de la Kahuna—. Quiero que Alola alcance nuevos niveles de fuerza, justo como mi abuelo quería. ¿Qué mejor impulso que ver a una Reina al servicio de un entrenador extranjero?
Se escucharon varios suspiros.
—Al final todo tiene que ver con tu obsesión con los extranjeros… —murmuró Elio, habiendo salido por fin del shock inicial.
—Además —Recuperaron la atención en las palabras de Hapu. Honua tenía brillo en la mirada—, de esa manera podré ver por mí misma el crecimiento de la gente de Alola. Haré de mi persona un ejemplo para los niños y las niñas de la región. ¡Su Reina no solo será una cara bonita, sino también una guerrera que compite a nivel mundial! Ha pasado mucho tiempo desde que un Kahuna realmente destacó a nivel internacional.
Los Asutoro, Gladio, Hau y Acerola sonrieron.
—Así que era mucho más profundo, ¿eh? —Elio rio, recibiendo una fuerte palmada en la espalda que lo hizo erguirse por el dolor.
—¡Por supuesto, mozuelo! —exclamó ella, riéndose.
—¿Y no te dará muchos problemas compaginarlo con tu trabajo como Kahuna? —interrogó Selene, curiosa.
—Nah, de hecho diría que es la actividad secundaria ideal —aseguró con una sonrisita, casi como si estuviese esperando que le preguntaran eso—. El trabajo solo me pedirá que tenga batallas aquí y allá, esparciendo el nombre de la Liga de Alola. Me viene como anillo al dedo, pues tenía planeado empezar a viajar seguido para llegar a unos cuantos acuerdillos referentes a Poni.
—¿Entonces te vas de Alola, Hapumpkin? —preguntó Acerola, llevándose las manos a los costados de la cara en señal de sorpresa.
—No como tal, solo que no voy a estar tanto tiempo aquí durante los próximos meses —explicó, viéndolos a todos—. No puedo dejar del todo sola a mi venerable abuela, ¿no creen? De hecho, me gustaría que le echaran un ojo de cuando en cuando. Después de todo, la yaya es mayorcita.
—¡Por supuesto! La tita Haua ha sido muy amable conmigo todos estos años, lo menos que puedo hacer es ir a darle compañía de cuando en cuando —dijo Hau con una sonrisa.
—¡Yo también lo intentaré! —exclamó Acerola, determinada.
—Bueno… Yo no creo poder. Planeo regresar a Unova dentro de unas cuantas semanas —explicó Gladio, sacándole un suspiro a Hapu.
—No se puede evitar, mi estimado trotamundos. ¿Qué tal ustedes, Asuto…? —Se quedó en silencio al ver que Selene veía fijamente a Gladio, mientras que Elio la veía a ella—. ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Monos en la cara?
Ambos azabaches espabilaron.
—N-no… —murmuraron, apartando la mirada.
Hau y Gladio vieron a los kantoneses con curiosidad, mientras que Acerola bajó la mirada para ocultar su sonrojo. Ella sabía que Elio estaba enamorado de Hapu… pero ¡Selene nunca le había dicho que estaba enamorada de Gladio!
—En fin, eso sería todo el chisme —explicó Honua, cruzándose de brazos para dar por zanjado el tema—. ¿Y ustedes qué, Asutoro? ¿No están interesados en unirse al Alto Mando de su querido Ash?
Ambos recuperaron la compostura al instante.
—¡Por supuesto! —dijeron al unísono. Perdieron la energía tan rápido como la ganaron—. Pero…
—No sé si todavía seamos lo suficientemente fuertes como para estar ahí… —dijo Selene, bajando la mirada.
—Sí. Comparados con el jefe o contigo, todavía nos queda un largo camino que recorrer. —Elio no se vio tan abatido, pero sin duda no tenía el ánimo de siempre.
—Vamos, ¿qué les dije aquella vez? —preguntó Hapu, frunciendo levemente el ceño.
—No dudamos de tus palabras, Hapu, pero es lo que es. —Selene liberó un suspiro—. Todavía estamos algo verdes. Sería bueno ganar más experiencia antes de poder pertenecer a algo tan importante como el Alto Mando.
Elio apretó con frustración un puño.
—Aunque la idea de dejar pasar la oportunidad de pertenecer a la primera formación del Alto Mando de Alola…
Selene imitó el gesto de su hermano.
—Sí… Me mata de la rabia…
Los otros cuatro sonrieron, viendo que no habían perdido su sentido del humor.
—En ese caso, ánimo, ustedes dos —dijo Gladio, poniendo una mano sobre la espalda de Selene, que era a quien tenía más cerca—. Van por un excelente camino.
El rubio sintió como todas las miradas se posaban sobre él.
—¿Qué?
—Bueno… ¿No vas a pertenecer tú al Alto Mando de Ash? —preguntó Hau con intriga—. Antes de que lo preguntes, porque te veo la cara, yo quiero centrarme en ganarme el reconocimiento de Tapu Koko y Melemele.
Gladio se sorprendió un poco de que Hau pudiera leerlo tan bien, pero aceptó el estado de las cosas. Tenía que aceptar el hecho de que los S&M lo conocían como si fuese un libro abierto.
—A decir verdad… —Se rascó una mejilla, levemente sonrojado.
—Ah, la clásica obstinación Aether —rio Hapu—. Primero quieres ganar la Liga y luego intentar desafiarlo, ¿no es así?
—Sí —admitió Gladio—. Digo, si Ash y la Asociación están de acuerdo, no me importaría, pero… primero quiero intentar arrebatarle el título principal.
—¿Cuestión de orgullo? —preguntó Elio, divertido.
—Podrías decir que sí.
—Tú puedes hacerlo, Gladio —dijo Selene de inmediato, con los ojos llenos de esperanza—. Si alguien podría vencer al jefe, ese eres tú, no tengo duda alguna.
Aether agradeció las palabras de Selene con su sonrisa y le acarició la cabeza.
—No voy a defraudar esa confianza.
Estando levemente sonrojada, Selene liberó una pequeña risita.
Al final los seis se sumieron en una charla amena. Comieron tanto como quisieron de la mesa de postres, además de que intercambiaron comentarios ocasionales con los demás amigos de Ash y los Capitanes. El pequeño grupo de seis pronto creció exponencialmente en tamaño, volviéndose las conversaciones mucho más ruidosas.
Entre el jaleo, tres manos se extendieron con la intención de sujetar otras tres.
—¿Podemos hablar? —preguntaron al unísono tres corazones acelerados.
Acerola vio el rostro serio de Hau y se sintió levemente preocupada. Podía sentir cierta inquietud en él, por lo que asintió sin dudarlo.
—¿Quieres ir a algún lugar, HauHau? —preguntó, sabiendo que el tema posiblemente no podría tratarse entre tanta gente.
—Creo que sería lo mejor —respondió Mahalo, solemne.
Tratando de aliviar el estado de ánimo de Hau, Acerola lo tomó firmemente de la mano y le sonrió.
—Entonces excusémonos un momento de la fiesta, ¿sí?
Hau se sonrojó al ver su sonrisa y, sin pensárselo, asintió.
—Disculpa…
—No, no te preocupes. En lugar de eso, puedes guiar la marcha.
Mahalo asintió y caminó hacia la salida de la manera más silenciosa posible. En el camino cruzó miradas con su madre, que lo vio con una expresión de sorpresa y apuro. Acerola también sintió las emociones de Malvácea, lo que la puso un poco más nerviosa.
Hapu se sorprendió ante el repentino contacto de Elio, pero no pareció desagradarle en lo más mínimo. Alzó una ceja, curiosa.
—¿Qué pasa, mozuelo? ¿Hablar de qué? —interrogó.
Elio frunció levemente el ceño. La reina notó que al azabache le costaba responder y que estaba esforzándose bastante por no echarse atrás. Le apretó con un poco de fuerza la mano en un intento de hacerle saber que estaba ahí para él.
—¿Todo está bien? —le preguntó con genuina preocupación, acercándosele un poco más.
La boca de Elio se abrió, su ceño se frunció con fuerza y finalmente respondió.
—¿Quieres saber mis motivos ocultos?
Esa simple pregunta hizo que el rostro de Hapu se llenara de expectativa y entusiasmo. Asintió con fuerza, pero redujo su emoción por un momento. Carraspeó, dándose cuenta de que se había dejado llevar.
—Aunque, ¿te molesta si primero hacemos una parada? Quedé de verme con el jayán un momento. Lo recuerdas, ¿verdad? —Hapu lucía algo desconfiada. Le daba un poco de temor que Elio recordara el conflicto que habían tenido en aquella ocasión.
Hapu no notó como el puño del Asutoro se apretaba con fuerza, pero solo porque él no apretó la mano con la que la sujetaba. Al final, Elio asintió.
—Vamos.
Honua respiró aliviada antes de girarse hacia Olivia. Le hizo señas con las manos para indicarle que saldría un momento. Konikoni le indicó que no había problema. Juntos, Honua y Asutoro salieron del lugar.
Para Gladio no era extraño que Selene le mostrara afecto, pero sí era raro verla tan nerviosa. Sentía en su mano un profundo temblor que lo hizo preocuparse en demasía. Trató de buscar a Elio para que lo ayudara con la situación, pero no lo encontró. Al final se decidió, pues Selene lo había buscado específicamente a él para ayudarla a solucionar lo que fuese que le estaba preocupando.
—¿Aquí o en otro lugar? —preguntó directamente, apretando con gentileza su mano para hacerle saber que estaba ahí.
—… En otro lugar…
El rubio asintió antes de guiar a la azabache fuera del recinto.
Rotom, el más observador de todos los presentes, se dio cuenta de las parejas que se habían formado. A su lado apareció Mina, acompañada de Oliver, ambos también parecían haber visto lo mismo que él.
—¿Qué piensas? —preguntó la Pokédex.
—Hoy habrá lágrimas —respondió la Capitana con sinceridad.
—Hombre… —RotomDex lucía incómodo—. Me lo esperaba, pero…
—No te entristezcas. —Mina le dio un toque afectuoso y le sonrió—. No siempre es algo malo.
Rotom estuvo a punto de pedirle explicaciones, pero fue interrumpido por un zumbido en su bandeja de entrada. Se sorprendió un poco al ver quién era el remitente, por lo que rápidamente se excusó y voló hacia donde estaba Ash. Mina y Oliver lo vieron alejarse.
Los hermanos Ketchum estaban intercambiando anécdotas con Mohn, Delia, Hobbes, Tsukishima y Asahi. Parecían estarse divirtiendo bastante, motivo por el que Rotom se sintió particularmente mal por interrumpirlos.
—Ey, Ash —dijo la Pokédex, llamando la atención de todos por un momento.
—¿Qué pasa, Rotom? —preguntó el Campeón de Alola con una sonrisa.
—Esto… No sé si sea buena idea decirte esto ahora, pero considerando que me dijiste que nunca más volviera a esconderte llamadas o mensajes… —Bajó todavía más la voz y susurró.
Ash dejó de sonreír, cosa que todos notaron al instante. Volteó a ver con seriedad a su hermano mayor, quien claramente no había escuchado nada considerando su mala audición.
Al ver la mirada en los ojos del menor, Red rápidamente cambió su semblante.
—¿Todo bien, Ash?
El azabache se acercó al oído de su hermano y le repitió lo que Rotom le había dicho. Notaron un cambio inmediato en el semblante de Red.
—Si no quieres…
—Vamos —dijo Red en un murmuro, tomando por sorpresa a Ash y Rotom—. Más le vale que sea de vital importancia para interrumpirte en tu momento especial. Si no es así, voy a patearle el trasero.
Ash asintió antes de girarse hacia todos los que estaban ahí con él.
—Red y yo tenemos que salir un momento, ¡pero volvemos enseguida! —exclamó con una sonrisa tranquilizadora.
Vio el rostro de su madre e hizo un esfuerzo mayor para calmarla.
—Con cuidado, niños —dijo Delia.
Ambos asintieron y, ante la mirada de todos, salieron del lugar.
—¿Adónde van? —preguntó Lillie con curiosidad.
—Mejor que no lo sepas —respondió Rotom—. No querrás amargarte la noche.
Aether alzó una ceja, confundida.
—Recuerda mantener la calma, hermanote.
Había cierto apuro en la lentitud con la que Ash y Red cruzaban los pasillos. Ambos se habían puesto unas capuchas para evitar ser reconocidos, pues no querían más atención de la necesaria. Ayudaba el hecho de que ya era un poco tarde, por lo que la mayoría de las personas que estaban fuera a esa hora se encontraban en el interior de algunos establecimientos.
—Voy a intentarlo por ti, Ash —respondió Red.
Ambos se encaminaron hacia el lugar donde se les había citado. Entraron al bar en completo silencio, caminando por entre sus estrechos pasillos y dirigiéndose a un rincón del mismo. Fue ahí donde lo vieron, agazapado en su asiento y con varias jarras en la mesa frente a él. Ash notó el ceño fruncido de su hermano, por lo que le dio un golpecito en la espalda para calmarlo. Ambos se sentaron en la mesa.
El rostro de Kazuya se llenó de inmensa sorpresa cuando los vio frente a él, casi como si estuviera presenciando un milagro. Era obvio que creía que no irían.
—Ah… Yo…
—Habla —dijo Red con voz severa, pero mucho más suave que la que había usado la última vez que se habían intercambiado palabras.
Kazuya se vio nervioso, seguramente por el efecto de la bebida, pero pronto se mostró firme.
—Primero que nada… Felicidades, Ash. Debes de estar muy orgulloso —dijo, viendo a los ojos al menor de sus hijos.
—Lo estoy —admitió él—. Y gracias, Kazuya.
—De nada.
—¿Entonces? —Red volvió a hablar—. Nos llamaste a los dos en la noche especial de Ash, ¿qué es lo que quieres decir?
El hombre parecía sorprendido y luego se mostró inmediatamente arrepentido.
—¿Estaban celebrando?... L-lo siento muchísimo, creí que… Bueno, no sabía que… —Negó con la cabeza—. De verdad lo lamento, de haberlo sabido… Olvídenlo, por favor, no es nada. Yo…
—Kazuya. —Ash lo interrumpió, mirándolo con solemnidad—. ¿Qué sucede?
Fujiwara entonces comenzó a lagrimear. Se encorvó y se llevó las manos a la cabeza.
—Lo siento, muchachos… Yo… no quiero arruinarles el día o hacerlos pensar en cosas que…
—Solo habla, Kazuya —dijo Red, recargándose en su asiento—. Ya estamos aquí. Más te vale que sea algo lo suficientemente bueno o lo suficientemente malo como para que haya valido la pena el viaje.
El hombre asintió, tratando de controlarse. Levantó la mirada para ver a sus hijos.
—Desde… hace tiempo he tenido un gran debate… Es algo que no sabía si debía contarles, porque no sentí que tuviera el derecho… pero tampoco quería ocultarles nada —explicó, tomando aire y sintiéndose cada vez más nervioso por la mirada de los Ketchum—. No… no sé si hay forma de decir esto, pero…
Lo vieron llenarse de duda y pesar. Al menos sabían que no estaba mintiendo… o que era un excelente actor. Notaron que, por un momento, Kazuya se había visto tentado a beberse toda la cerveza frente a él, pero no lo hizo. También vieron por sus gestos que parecía a punto de levantarse y salir corriendo del lugar, pero tampoco lo hizo. Fuese cual fuese el asunto, sabían que le costaba bastante mencionarlo. Incluso Red comenzó a mostrarse un poco más flexible al respecto, pues su gesto se suavizó.
Finalmente la bomba llegó.
—Voy a tener un hijo… —murmuró Kazuya.
Tanto Ash como Red se quedaron en completo silencio, ambos con los ojos abiertos como platos. El primero en abrir la boca fue el mayor de los Ketchum.
—Tiene que ser una maldita broma…
—Red, yo…
—Hay… tantos niveles en los que esto está mal —dijo el Campeón de Kanto, incrédulo—. ¿Cómo diablos se te pasó por la cabeza que era una buena idea anunciar que vas a ser papá en el día más especial de la vida de Ash? Es lo equivalente a pedirle matrimonio a alguien en la boda de alguien más… No solo eso… Le estás diciendo a los hijos que abandonaste que vas a tener otro hijo… ¿Qué… qué carajos crees que vamos a decir al respecto?
—Red… —murmuró Ash.
—La mujer que va a tener el niño. —Red siguió hablando—. ¿Vas a hacerlo lo mismo que a mamá? ¿Vas a usarla un momento y luego vas a dejarla? Maldita sea, Kazuya… Tú sabías que no querías tener hijos, lo supiste desde el momento en el que nos abandonaste. ¿No podías cortarte los malditos tubos? ¿Al menos asegurarte de usar un maldito condón? No es tan difícil pensar con la cabeza de arriba…
Ash sintió que Red lo expresaba con más rudeza de lo necesaria, pero no creía que nada de lo que estuviera diciendo estuviera mal.
—Yo… La madre del bebé y yo decidimos tenerlo —respondió Kazuya cabizbajo—. No planeamos casarnos ni nada por el estilo, pero… No podíamos… Ni ella ni yo podíamos…
Red se inclinó hacia el frente, con una mirada feroz en los ojos.
—Tener un hijo es una responsabilidad gigante y es una decisión que se toma. No sé qué pretendías al decirnos esto, pero vas a hacerte cargo de este niño así sea lo último que hagas —sentenció con severidad—. Te lo juro, Kazuya, tengo más poder del que crees. Sabré encontrarte si vuelves a tus andadas. No voy a quedarme quieto viendo como conviertes a una pobre criatura en otra víctima tuya y tú te vas de rositas. No fuiste un maldito hombre con nosotros, así que vas a serlo para ese niño.
Kazuya se había encogido en su asiento, luciendo claramente nervioso y temeroso.
—L-lo sé, Red… Yo… He decidido que quiero cambiar; que quiero hacer las cosas bien… —murmuró, bajando la mirada—. Sé que hacer las cosas bien ahora no borra mis errores del pasado…
—Claro que no lo hace.
—Red…
—Pero… —Kazuya subió la mirada con el poco de coraje que le quedaba— no quiero volver a ser el culpable de arruinarle la vida a nadie más… Quiero… ser mejor…
Ash vio a Red llevarse las manos a la cabeza, visiblemente conflictuado. Sabía que su hermano tenía una gran debilidad por aquellos que buscaban cambiar, pero también sabía que no podía perdonar tan fácilmente a Kazuya. Él tomó la palabra.
—Este bebé… ¿Cuándo nace? —preguntó, sintiendo genuina curiosidad.
—Su madre tiene cinco meses de embarazo. Debería nacer por febrero —respondió, tranquilizándose un poco al entrar al terreno de la charla trivial. Sin embargo, seguía viéndose nervioso por la reacción de Red.
—Febrero, ¿eh?... —murmuró Ash, viendo fijamente la mesa de madera y recorriéndola con los dedos—. ¿Has pensado en un nombre?
—No. Eso… se lo estoy dejando a ella —respondió, viéndose visiblemente nervioso.
—Y ella, ¿ha pensado en algún nombre?
Kazuya asintió.
—Si… es niña… quiere ponerle Flare… y si es niño quiere llamarlo Blaze… —murmuró, viendo con temor a Red… y tenía motivos.
Ash no lo captó, pero su hermano mayor sí. Al escuchar los nombres, el mayor subió la cabeza y vio a Kazuya con el ceño fuertemente fruncido.
—Tú…
—¡T-te juro que yo no tuve nada que ver! ¡Ella los eligió! —exclamó Kazuya, echándose ligeramente a su atrás para tratar de refugiarse en su asiento.
Red emitió un gruñido de gran molestia que alarmó a Ash.
—¿Qué pasa, Red? ¿Qué es? —preguntó, preocupado.
—Los nombres. Flare y Blaze, ambos en unovano antiguo significan «llamarada». ¿Lo entiendes?
Ash lo procesó y, tras unos segundos, llegó a la respuesta. No eran nombres de solo tres letras como el suyo o el de Red, pero eran nombres relacionados con el fuego. Volteó a ver a Kazuya con una expresión conflictuada, lo que solo añadió una carga más al plato del hombre.
—Sabe que eres nuestro padre...
—Tuve que contárselo —respondió, mortificado—. Quería que supiera todo mi pasado si iba a tener a mi hijo. Quería que supiera lo que había hecho con anterioridad antes de tomar una decisión…
El Campeón de Alola se quedó en silencio. Si esa era la explicación, entonces la respetaba… Aunque sentía raro que se utilizara el tema con el que sus padres habían decidido sus nombres para llamar a un bebé que nada tenía que ver con su madre.
—Esa mujer… ¿está bien de la cabeza? Sabe lo que hiciste… ¿y aun así quiere tener a tu hijo? —Red se llevó las manos al rostro, exasperado. Dejó salir otro gruñido—. Si había una posibilidad de que Ash y yo nos deslindáramos del asunto, entonces ya zarpó. Es imposible que ese niño no se dé cuenta de que somos sus hermanos biológicos.
En eso Ash coincidía. No conocían a la madre del niño, pero sí sabían que muy probablemente no sería capaz de mantenerle en secreto por toda la vida que su padre tenía otros hijos, especialmente considerando lo en serio que Kazuya iba con respecto a relacionarse con Amber y con él. También suspiró.
—¿Entonces? —preguntó Ash—. ¿Qué hacemos, hermanote?
—¿Qué más? —Red se llevó el índice y pulgar al puente de la nariz—. Este sujeto podrá no ser nuestro padre, pero ese niño es nuestro hermano. No podemos permitir que le haga lo mismo que a nosotros.
Ash suspiró y sonrió. Su hermano, como él, era particularmente emocional. Sabía que terminarían llegando a esa conclusión.
—Supongo que realmente no hay otra opción, ¿eh? —Miró a Kazuya—. Dame la información de contacto de la madre. Quiero visitarla en algún futuro próximo.
Los ojos de Kazuya se abrieron como platos al escuchar dicha afirmación. Intentó ponerse de pie, pero las piernas le fallaron. Los ojos se le llenaron de lágrimas y, desesperado, se cubrió el rostro con las palmas. Rompió en un llanto que intentó contener, pero no pudo evitar los espasmos de su cuerpo.
Red parecía visiblemente incómodo y Ash esperaba a que Fujiwara se calmara para poder escribir la información de la madre de su hermano próximo a nacer.
—Y Kazuya —Red alzó la voz después de casi dos minutos de llanto—, córtate los malditos tubos.
Entre jadeos, el hombre asintió.
Los Ketchum a veces sentían que Kazuya sobrevaloraba el impacto que había tenido en sus vidas. Cierto, habían resentido la falta de un padre como el que los demás niños de su edad tenían y habían llorado de impotencia al ver a su madre muerta del estrés por la carga de criar a dos niños por su cuenta, pero amor, afecto y seguridad jamás les había faltado en el hogar.
El principal motivo por el que resentían a Kazuya era porque había hecho sufrir a su madre y, por eso, se asegurarían de que ninguna otra mujer fuese víctima del hombre que había hecho llorar a su madre. Tampoco dejarían que una niña o un niño inocente tuviera que preguntarse por qué su padre no iba a verlo o cuestionarse el valor de su nacimiento.
Harían que el irresponsable de su padre diera un paso al frente, como el que siempre debió haber dado con ellos. Tal vez para los hermanos Ketchum ya era tarde, pero no para aquella nueva criatura que llegaría al mundo.
Aun había esperanza para esa alma inocente.
La cima del Monte Lanakila no era particularmente agradable por la noche. El frío calaba los huesos, palidecía la faz y entumecía los dedos. No sé podía negar, sin embargo, que las vistas eran preciosas cuando el cielo se despejaba. Un panorama tan especial como único.
En uno de los tantos balcones-miradores del estadio, Hau Mahalo y Acerola Malíe estaban parados uno al lado del otro. No decían nada. Tenían ya un buen rato solo observando las estrellas en un agradable silencio que era interrumpido a ratos por el gemido del viento y los más que frecuentes picos de volumen en la música que provenía del interior del estadio.
Acerola se sentía un poco agitada por las vibraciones tan extrañas que había recibido por parte de Hau y Malvácea, pero no podía negar que el ambiente era de lo más agradable. Al menos tenían un momento precioso para desahogar fuese lo que fuese que molestaba a Hau.
Mahalo, ajeno a los pensamientos de su acompañante, estaba sumido en los suyos propios. Había decidido que el asunto que tenía entre manos no podía esperar ni un solo día más. Sabía que si no aclaraba las cosas de una vez, seguramente terminaría posponiéndolas hasta quién sabe cuándo y eso no podía ser. Estaba harto de esperar; harto de no poder decir algo tan simple pero tan complejo a la vez. Era hora y, por lo mismo, la vio de reojo.
Sus pupilas se dilataron al observar su perfil. Se fijó en su redondeado mentón que la hacía lucir como una muñequita de porcelana y apreció sus largos mechones amatista que le caían a los costados de la cara, empequeñeciéndola y haciéndola ver cómo un tierno animalito. Sus labios, de entre los cuales se filtraba un vaho gélido cada cierto tiempo, estaban blancos como la leche pero lucían tan increíblemente suaves que Hau instintivamente los comparó con un jugoso filete. Pero lo que mató a Hau no fue ninguna de esas cosas. Lo que lo hizo sentir que su corazón se detendría en cualquier momento fueron esos ojos. Esos ojos tan vivaces, juguetones y cariñosos. Unos preciosos orbes que, con su amoroso llamado, parecían capaces de extraer el alma del cuerpo del futuro Kahuna.
Las comisuras de los labios de Malíe se elevaron en una sonrisa y de su boca salió una risita que amieló sus oídos. Tan dulce; tan preciosa.
—Se te está cayendo la mandíbula, HauHau —dijo ella.
Hau se apresuró a unir las fauces. Un sonoro carraspeo fue proferido.
—Es... Bueno... —Su ceño se frunció y con resolución la encaró—. Es solo que estás increíblemente preciosa, Ace.
La respuesta tan asertiva de Mahalo casi hizo saltar a Acerola. La oficial dio un paso hacia atrás por pura inercia, para luego recuperar la cercanía perdida con un paso al frente. Tomó uno de sus mechones entre los dedos.
—No creo haberme hecho algo diferente a lo usual. —Intentó bromear, pero su mirada desviada evidenciaba su vergüenza.
Hau, envalentonado por la efectividad de su halago y el efecto en ella, se animó a decir otra cosa.
—Eso quiere decir que eres preciosa sin necesidad de esforzarte.
Vio como el pálido rostro de Acerola adquiría color. Un color distinto al usual: un hermoso rojo que se expandió por sus mejillas y orejas.
Hau suspiró para sus adentros. La amaba. Estaba asquerosamente enamorado de ella. Era un amor tan fuerte que se le agitaba el estómago solo de verla. Inhumanos eran sus esfuerzos para no actuar como un idiota o un tartamudo cuando estaba con ella. La amaba y ella lo sabría. Ella lo sabría y sería suya. Lo diría no por miedo a perderla. Lo diría porque ya no aguantaba los desenfrenados latidos de su corazón. Ya no soportaba más la agonía de ver su mano y no tomarla; de ver sus labios y no besarlos.
—Se... se acabó, ¿eh? —se rio ella. Su sonrisa le decía a Hau que disfrutaba de los cumplidos, pero su sonrojo hacía evidente que no sabía cómo responder a ellos—. La Liga Pokémon, quiero decir. Fue muy divertido, pero ya se terminó. Ay... Lo que quiero decir es... Esto hace que uno se pregunte qué es lo que sigue.
Hau apartó su vista de ella por un momento para recargar sus codos sobre el barandal del mirador.
—Lo que sigue... Sí, lo que sigue... —murmuró, viendo las estrellas—. ¿Qué es lo que sigue para ti, Ace?
—Ganarme el reconocimiento de Tapu Bulu, por supuesto. ¡Ula-Ula necesita a su Kahuna! —aseguró con gran entusiasmo. Su sonrojo comenzó a disminuir.
—Digo lo mismo. He hecho esperar mucho a Melemele. —Posó la mirada allá donde sabía, estaba su hogar—. Los Mahalo cuentan conmigo. Siento sus manos en mi espalda, impulsándome todos los días.
Acerola, con una pequeña sonrisa en los labios, se acercó a él hasta que su brazo izquierdo quedó pegado al derecho de Hau.
—¿Y te dicen algo?
—Todo el tiempo. Puedo escuchar a papá y al abuelo animándome siempre que me siento decaído. Los siento abrazándome cuando estoy desesperado. Y puedo sentir como me sonríen en este mismo momento.
Acerola se encogió ante la sonrisa de Hau. Su rostro, antaño el de un niño, había cambiado enormemente en el tiempo que había estado fuera. Era guapo. Guapo y varonil. De mandíbula marcada y fuerte, pómulos firmes, cejas ligeramente anchas y ojos decididos. La sonrisa en su cara, tan afectuosa y protectora, hacía temblar a Acerola más que ninguna otra cosa.
Lo adoraba. Adoraba como le caía el pelo por la cara. Adoraba su piel que recordaba a un bello racimo de canela. Adoraba la textura de sus manos, encallecidas y firmes por el esfuerzo, pero delicadas para ella. Y adoraba la manera en la que le sonreía. En ese momento Malíe había perdido por completo de vista el motivo por el que se encontraban ahí, sin saber que ella misma sentía la respuesta.
Lo amaba. Lo amaba tanto que sus emociones se desbordaban, y cuando las emociones de Acerola Malíe se salían de control, ella no era la única que las sentía.
Es ahora, pensó Hau al sentir como su pecho ardía más que nunca.
—Ace.
—Dime, HauHau.
—La luna —le dijo él.
Malíe siguió al astro con la mirada.
—¿La luna? —repitió, confundida.
—Siempre me ha encantado la luna. Es tan misteriosa a primera vista, incluso tenebrosa si la ves con prisa. Pero cuando te detienes a examinarla a detalle te das cuenta de sus maravillas. Su brillo tenue, distinto al del sol, pero increíblemente gentil a su manera. Su contacto tan íntimo, como si al verla solo existieran ella y tú en ese momento y lugar. Me fascina la forma en la que, a pesar de ser mucho más pequeña que el sol, tantas cosas de nuestro planeta dependen de ella. Es tan confiable y acogedora; un diamante pulido, perfeccionado y reluciente.
Acerola rio.
—Pues sí que te gusta la luna, HauHau. Debes de ser la primera persona que le dedica una car...
—Te amo, Acerola.
Malíe se calló y su sonrisa fue desapareciendo lentamente. Sus ojos, que se ensanchaban de poco en poco, se centraron en Mahalo. Él la veía con tanto... deseo. Acerola podía verlo en sus ojos. Él la deseaba; la anhelaba.
—Para mí, la luna es fea comparada contigo. Para mí, ningún paisaje es capaz de robarme el aliento de la forma en la que tú lo haces. Para mí, no hay batalla Pokémon que me emocione más que hablar contigo. —El gesto de Hau se torció, en una mueca que parecía la previa al llanto— ¡Para mí...!
Y las lágrimas salieron. Una pequeña lágrima tras otra, lo cual asustó a Acerola. Trató de sujetar sus brazos, pero Hau se le adelantó. El fuerte contacto de las manos de Mahalo sobre sus antebrazos hizo que Acerola se estremeciera. Sentía como si estuviera flotando entre la superficie y el lecho marino, como un sargazo a la deriva. Y pronto ella también empezó a llorar.
—¡PARA MÍ...! —continuó Hau—. ¡Para mí no hay nada que me agite más el corazón, ni nada que me haga reír más, ni nada que me haga más feliz! ¡Para mí no hay nadie como tú, Acerola! ¡Te amo! ¡Te amo hasta el punto en el que las palabras no alcanzan a describirlo!
Acerola vio la mirada de Hau: expectante, ansiosa y asustada. Esos ojos la hicieron jadear por el estremecimiento y la emoción. No podía hablar. Le dolía tanto el pecho que no podía articular palabra. Todo lo que quería decir se atoraba en su garganta, la cuál había sido sellada a cal y canto por su propia alegría. Necesitaba apresurarse. Necesitaba decirle que lo amaba. Decirle que quería estar a su lado. Debía decirle todo eso. Debía... Debía comunicarse.
Acerola, entre jadeos, sujetó los costados de la cara de Hau, se paró de puntillas y alcanzó sus labios. Mahalo, al sentir el dulce contacto de los fríos labios de Acerola, se sintió estúpido. Sentía que su cerebro había vuelto a un estado primitivo por el shock. Un momento estaba aterrado y, tras solo un parpadeo, se encontraba en el paraíso. Dejó que sus instintos se encargaran de todo.
Rodeó a Acerola por la cintura con el brazo izquierdo, la apretó contra su pecho para sentir su calor y con la mano derecha sujetó su coloreada mejilla.
Aunque Malíe había iniciado el contacto, Hau pronto tomó la iniciativa. Los torpes movimientos de Acerola fueron guiados y mejorados gracias a la boca experta de Mahalo. Ambos, unidos en un vals silencioso, se entregaron a un amor que tenían tiempo queriendo consumar, por fin capaces de decírselo mutuamente.
A veces las acciones comunican mucho más que las palabras. Esta era una de esas veces pues, cuando se separaron, ninguno tuvo duda alguna.
Se miraron, lágrimas brotaron y rieron juntos. Se envolvieron en un abrazo caluroso que fungió como sello para el contrato no escrito que habían firmado.
Elio y Hapu cruzaban los pasillos del estadio en completo silencio. Se sabían el centro de unas pocas miradas curiosas, pero no parecía alterarlos en lo más mínimo. Honua no soltó la mano de Elio, pues él no parecía tener intención de soltar la suya. Pese a lo anterior, era ella quien lo guiaba a él, pues también era ella quien sabía dónde se detendrían antes de tratar los asuntos de Elio. Aunque…
—Puedo hacer esperar un poco al jayán, Elio —dijo Hapu con una voz serena que no trataba de enmascarar su consideración por el Asutoro.
—No —dijo Elio con firmeza—. Esto va a llevar tiempo. Sería mejor hablarlo sin prisas.
Honua asintió y siguieron caminando.
Al cabo de unos minutos llegaron frente a una tienda de recuerdos que ya se encontraba cerrada. Ahí estaba Kurt Tanaka, el amigo de Hapu, revisando su celular con un semblante comedido. Pareció reparar en los pasos, pues apartó la mirada del dispositivo y volteó a verlos. Su sonrisa se hizo más pequeña por un momento al darse cuenta de que Hapu no estaba sola. Por un momento centró la mirada en las manos de Honua y Asutoro, todavía unidas.
—Lo siento, jayán, se me hizo algo tarde —se excusó la Kahuna. Señaló con la cabeza a Elio—. No hay problema porque haya traído a mi mejor amigo, ¿cierto?
—No pasa nada, Hapu —rio Kurt, acercándose a ambos. Vio con ligero nerviosismo al Asutoro—. Un… gusto volver a verte, Elio.
Hapu se sintió tensa, a la espera de la respuesta del azabache. Su semblante se relajó cuando éste sonrió.
—Un placer verlo otra vez, Kurt.
E inmediatamente decayó cuando escuchó su tono de voz tan cortés… pero tan falso. Elio claramente no había olvidado aquel acontecimiento, lo que causó que su propio gesto perdiera fuerza. Vio el rostro de Kurt y supo lo que quería decirle. Lo sabía. Sabía que había hecho algo que había lastimado a Elio y había rehuido de ello con la esperanza de que fuese solo un malentendido tonto… pero la verdad era que simplemente era mala para aceptar los sentimientos de otras personas; de admitir que se había equivocado. Cuando niña, ella y Hau se habían peleado multitud de veces por cosas parecidas y, en todas esas peleas, era su abuelo el que la había hecho reconciliarse con el Mahalo. Supo, en lo profundo de su corazón, que eso era de lo que Elio seguramente querría hablar… y sintió miedo porque ella no estaba preparada. Era la Kahuna de Poni, la gran Reina protectora de una isla; una guerrera que había sobrevivido a la muerte y había salvado a miles de ella… pero cuando se trataba de percances interpersonales… Crecer como la única niña en millas alrededor no había ayudado a entrenarla en ese sentido. Pero sabía que el momento todavía no había llegado, por lo que hizo de tripas corazón y se centró en el presente. Le sostuvo la mirada a Kurt con la firmeza habitual de Hapu Honua.
—Entonces… Teníamos un tema pendiente, ¿cierto, jayán? —preguntó, llevándose la mano libre a la cintura.
Kurt pareció notar al instante que Hapu quería echar el tema bajo la alfombra, por lo que respetó sus deseos. No era él quien debía decidir lo que era mejor para las relaciones de su amiga.
—Sí, era lo de la propuesta.
Hapu sintió un poco de tensión en la mano que Elio estaba sujetando, pero intentó no pensar en ello. Ya habría tiempo, tal y como Asutoro había dicho.
—Cierto. —Se rascó la cabeza—. Lo siento, ¿me repites la fecha?
Kurt se rio, resignado.
—Por supuesto, siendo tú no podía esperar que se te quedara en la mente para siempre.
—Pues lo siento —dijo Honua, aunque parecía decirlo como una respuesta automática más que porque de verdad lo hiciera.
—29 de febrero del otro año. Queremos aprovechar que será bisiesto para hacerlo una fecha memorable. —Kurt parecía genuinamente orgulloso por sus palabras—. Entonces, ¿tienes la agenda preparada para ese día?
Hapu asintió tras deliberarlo un rato.
—Sí, la semana del 29 no tengo nada. ¡Acepto, jayán! —exclamó, levantándole un pulgar.
Kurt apretó un puño con fuerza y suprimió un grito de alegría.
—¡Genial! —dijo finalmente—. Yumi estará muy contenta. Le he hablado tanto de ti que está impaciente por conocerte.
La suave presión ejercida por la mano de Elio desapareció y pronto soltó la suya. Honua se sorprendió levemente, sintiendo que su palma se había vaciado repentinamente. Vio la mirada inquisitiva del Asutoro, pero se centró en Kurt.
—Aunque espero que no te decepciones conmigo, jayán —rio ella, rascándose la nuca—. Nunca he hecho nada como ser madrina de bodas… y si te soy sincera, creí que si llegaba a serlo sería la madrina de la novia, no del novio.
—¡Tonterías! Conocerte fue uno de los eventos más importantes de mi vida, Hapu —aseguró Kurt, cruzándose de brazos—. Gracias a tus consejos y a nuestra rivalidad, pude regresar a Kanto con determinación renovada. Si no hubiese sido por el coraje que mostrabas día a día, seguramente yo seguiría siendo aquel chico patético e indeciso.
—Exageras —Hapu trató de mantener su semblante tranquilo, pero no pudo evitar que se notara lo halagada que estaba.
—Estoy seguro de que Yumi no estaría de acuerdo con eso. Ella conoce el antes y después de mi paso por Alola. En aquel entonces no podía ni verla sin tartamudear, pero después de que te conocí pude reunir el coraje para finalmente hablar con ella —explicó Tanaka.
Hapu dejó salir una risita antes de darle una fuerte palmada en la espalda que casi lo hizo saltar.
—¡Basta ya con los halagos, jayán! —exclamó, sonriendo y frunciendo levemente el ceño—. Ya te dije que sí, no hace falta que me adules.
Kurt dejó salir una carcajada interrumpida por un quejido. Se frotó la espalda y miró la hora.
—Será mejor que le dé las buenas nuevas a Yumi antes de que se ponga a hacer la cena —dijo, dando un paso hacia atrás que estaba lleno de efusividad—. Más vale que no te retractes, eh, Hapu.
—No lo haré. Vamos, seguro que tu prometida está ansiosa por saber de su cariñito —rio la Kahuna.
—Por cierto, me iré mañana por la tarde. ¿Crees que podamos ir a comer algo por la mañana antes de despedirnos?
—Seguro. Tú dime los detalles y ahí estaré.
Tanaka dejó salir una sonrisa que perdió cierta intensidad cuando volteó a ver a Elio. Parecía más nervioso.
—Me despido, Elio. Ten una buena noche.
Él y Hapu se llevaron una enorme sorpresa cuando vieron al azabache darle una sonrisa de oreja a oreja, una tan sincera como agraciada.
—Nos vemos, Kurt. Felicidades por el matrimonio.
—G… ¡Gracias! —dijo con un rostro deslumbrante antes de alejarse de ambos.
Kurt los despidió con una mano en lo alto y los vio alejarse. Regresó la mirada al frente y dio un saltito en el que chocó los talones. Hapu había aceptado ser su madrina y Elio Asutoro, uno de sus héroes, parecía no odiarlo.
Esa noche había sido perfecta.
Ah, me olvidé de pedirle un autógrafo…
Se encontraban a pocos pasos de la puerta principal del estadio. A su alrededor todo era quietud, aunque el silbante viento del exterior podía llegar a ser un poco molesto y doloroso por igual. Hapu tuvo que cubrirse ambas orejas con la capucha de su abrigo, así como soplarse las manos. Estar afuera a esas horas no era la mejor de las ideas, eso lo tenía claro, pero era el lugar en el que Elio quería estar.
Hablando de él…
Asutoro le estaba dando la espalda, por lo que no podía ver su rostro pero sí otros de sus gestos. Notó la manera en la que sus manos temblaban, Hapu supuso que por el frío, pero luego recordó una charla que había tenido con Selene tiempo atrás.
Cuando mi hermano se siente frustrado, suelen temblarle las manos. No se lo digas, ¿de acuerdo? Ni él mismo lo sabe.
Frío o frustración… Hapu se preguntó cuál de esas dos sería. Bajó levemente la mirada. Aunque de verdad tenía curiosidad por los motivos ocultos que Elio le había estado ocultando por casi dos años, no podía apartar la cabeza de lo que había pasado antes. Frunció el ceño con fuerza, molesta consigo misma. ¿Desde cuándo se había vuelto tan pusilánime? Solo tenía que preguntarlo y afrontarlo, como siempre lo había hecho.
—Hap…
—Lo que pasó el otro día —dijo Honua, interrumpiendo a Elio—, cuando te presenté a Kurt. ¿Qué fue lo que dije o hice que te puso de tan mal humor?
Elio se vio consternado por un momento y de inmediato agitó las manos.
—¡N-no menciones eso ahora! Podemos hablar luego, ahora mismo quiero…
—¡No! —Hapu se plantó con firmeza—. Vamos a hablar de esto ahora. ¿Para qué permitiremos que una herida se infecte cuando podemos tratarla en el acto? Solo dime lo que hice mal y podemos discutir en base a ello.
El ceño de Asutoro se frunció levemente. Negó con la cabeza.
—¡Es que ahora mismo no quiero hablar de eso, Hapu! Podemos hablar de eso mañana o en unas horas, pero primero quiero…
—¡Esto no es típico de ti, Asutoro! —La reina avanzó decididamente hacia él—. Te tengo por el tipo de persona que no evade las complicaciones sino que las enfrenta directamente. ¡Ahora dímelo!
—¡No las evado! —Elio subió la voz, visiblemente frustrado por la insistencia de Hapu—. ¡Si me dejaras hablar primero…!
—¡Pues háblame sobre lo que hice para lastimarte, Elio! —Ella lo sujetó por la camisa, pero él se soltó bruscamente. No cedió—. ¡Somos amigos, ¿no es así?!
El azabache retrocedió un par de pasos y dejó salir un gruñido de frustración. Comenzó a caminar de un lado a otro con un rostro claramente inconforme.
—Me tomó tanto tiempo prepararme y ahora pasa esto… —murmuró, llevándose una mano a la frente.
—¡Elio!
—¡¿Quieres que te diga?! ¡Bien, te lo diré! —estalló, girándose hacia ella pero sin acercarse ni un paso.
—Dispara entonces. —Hapu vio con intensidad y seriedad a Elio, pero su mirada no tuvo ningún efecto en él.
Asutoro apretó ambos puños con fuerza y luego los bajó con fuerza.
—Odio… que me trates como un niño —respondió entre dientes—. Detesto que me digas que soy muy joven o que soy un bebé.
La mirada de Hapu se suavizó un poco al recordar las palabras que Kurt le había dicho en aquella ocasión. Vaciló un poco pero finalmente encontró firmeza para hablar.
—Nunca habías tenido problema con ello.
—¡Bueno, no que tú te dieras cuenta! —exclamó, molesto—. ¡Te lo dije una y otra vez, pero nunca me hiciste caso! ¡«Deja de tratarme como un niño, Hapu»! ¡«Para de mencionar mi edad, Hapu»! ¡«Detesto que me trates como si no supiese nada de la vida, Hapu»! ¡¿Lo recuerdas?!
Ella lo hacía. Su mirada mostró duda.
—Creí que estabas bromeando… —respondió, bajando la mirada por un momento. Se sintió culpable por nunca haber considerado que Elio lo decía en serio… pero también sintió que en parte era culpa de él por nunca habérselo dejado en claro.
—Y pude haberlo aguantado, no me habría molestado demasiado siempre y cuando fuera entre nosotros, pero… —Elio la miró a los ojos, visiblemente herido— ¡¿por qué decirlo frente a otras personas?!
Hapu sintió como si un Mudsdale le hubiese dado una coz en el estómago. De no ser ella misma, seguramente habría retrocedido un paso por el impacto y por la carga emocional que había en los ojos de Elio. El kantonés siempre había sido muy expresivo facialmente, por lo que a la hora de transmitir su sentir era realmente bueno. Ella, que no estaba acostumbrada a lidiar con ese tipo de cosas ni a ser la causante en el malestar de alguien, hizo una cosa bastante impropia de una reina: trató de justificarse.
—¡P-pero ¿qué tiene de malo que diga que eres joven?! ¡Lo eres! ¡Tienes dieciséis años, la gente de todo el mundo lo sabe! ¡Tal vez no debí llamarte bebé frente a Kurt, pero de todas formas…! —Se quedó sin ningún argumento para tratar de quitarle peso a lo que había hecho. Al igual que Elio lo había hecho antes, ella también liberó un gruñido de frustración. No sentía que estuviera actuando como ella misma en lo absoluto—. ¡A comparación de mí, eres…!
—¡No lo digas! —gritó Elio, casi sonando desesperado—. ¡No… digas eso!
Hapu nunca en su vida había sentido tanta impotencia por un tema que fuera referente a otras personas. No sabía que las discusiones entre amigos podían ser tan agotadoras… ni tan aterradoras. En ese preciso momento quería empezar a elegir mejor sus palabras por miedo a dañar su relación con Elio, pero el corazón le latía con tanta fuerza que no podía calmarse. Era la primera vez en años que tenía una conversación tan acalorada con otra persona… sabiendo que era su culpa.
—¿Por qué? —preguntó finalmente—. ¿Por qué te molesta tanto que lo diga? Dímelo y… prometo que nunca más lo mencionaré.
Vio desolación en el rostro de Elio y no pudo comprenderlo… pues hacerlo sería entender sus motivos ocultos.
Elio mismo era malo comunicándose con otras personas. Su carácter orgulloso hacía que no siempre reconociera que se había equivocado, pero esta vez no tenía nada que ver con una de sus características más destacables. Si no le había dejado en claro a Hapu por qué le molestaba que lo llamara niño, bebé o "muy joven" era porque estaba aterrado de decirle el motivo. Pero sabía que ya no había otra opción; Hapu no lo dejaría estar. Estaban ahí, en ese preciso momento y lugar, porque iba a decírselo… pero el momento que tenía la intención de crear se había esfumado por la repentina obstinación de la Kahuna.
No quería decírselo, no así… pero ya no había otra opción.
—Porque te amo, Hapu…—dijo, dejando que esas palabras fuesen libres tras tanto tiempo de haberlas mantenidas encerradas detrás de gruesos barrotes en lo profundo de su corazón.
Pudo ver el impacto en el rostro de la Kahuna. Sus ojos, tan abiertos que daban miedo en ocasiones, no mostraban su autoridad o firmeza de siempre, sino un shock sin precedentes. Honua balbuceó algo inentendible y luego se quedó callada, su boca ligeramente entreabierta.
Hapu estaba sin palabras… pero al mismo tiempo esperaba algo similar. Por mucho tiempo recordó la conversación en la que Elio alabó su belleza y dejó entrever que estaba ligeramente interesado en su cuerpo. Teorizó bastante sobre los motivos ocultos del que, con el tiempo, fue convirtiéndose en uno de sus amigos más cercanos, y muchas veces barajó la opción de que fuese amor. Ahora eso era una realidad. El corazón le latía desbocado, ya no por la acalorada discusión, sino porque era la primera vez que alguien se le declaraba.
—¿Yo?... —preguntó finalmente, incrédula.
Elio asintió. Creyó que en ese momento estaría muriéndose de nervios, pero no era así. Se sentía… decepcionado; triste, pues la confesión que por tanto tiempo había planeado no había salido como imaginó.
—Me gustas desde el momento en el que te conocí —siguió diciendo—. Y desde ese entonces, cada día, he vivido con el miedo de que… mi edad sea lo que me impida estar cerca de ti de la forma en la que quiero. Por eso odio cuando me dices que soy muy joven, porque siento que no me ves como un hombre, sino como un niño pequeño…
No pudo responder nada. La idea de que Elio pudiera tener un pensamiento parecido jamás, ni en un millón de años, se le habría pasado por la cabeza. Sin saberlo había estado pisoteando sus sentimientos día a día.
—Puedo aceptar que me rechaces por cualquier motivo, pero… si fuese por algo de lo que no tengo el control; algo que jamás podré remediar… —Elio apretó los párpados con fuerza—. No sabría qué hacer…
Hapu tampoco sabía qué debía decir o hacer. Nadie nunca le había dicho cómo tenía que comportarse en esa situación. Era inexperta en el amor porque siempre lo había visto como algo lejano que llegaría cuando debiera llegar. Nunca lo buscó activamente o se preparó para afrontar una confesión. Esta era una batalla que no podía resolverse con fuerza ni ingenio; era una guerra en donde lo que estaba en juego eran los sentimientos. Se quedó tan absorta en sí misma que solo movió un poco la cabeza cuando escuchó a Elio volver a hablar.
—Por eso te traje aquí —dijo, apretando los puños—. Quería decírtelo… pero no así. Quería que pudieras responderme sinceramente, sin ninguna… consideración o lástima por mis preocupaciones… —Dejó salir una risita desganada—. Pero una de las principales razones por las que me enamoré de ti fue lo que me jugó en contra… Eres realmente obstinada, Hapu.
Había visto a Elio llorar muchas veces, pero ninguna era igual a esta. No lloraba por tristeza o alegría, sino por resignación y frustración. En su obstinación, se había negado a dejarlo hablar de la forma en la que él quería; le negó aquello para lo que seguramente se había preparado tanto. Había tomado la determinación de Elio, el coraje reunido para tomar una decisión tan valiente, y la había embarrado por el suelo para posteriormente escupirle. Él bajó la mirada para secarse las pequeñas lágrimas que habían comenzado a brotar y, al verlo tan débil e indefenso, Hapu sintió su rostro temblar.
—Pues lo siento… ¿está bien? —La voz firme y retumbante de la Kahuna de Poni era todo menos eso. Sonaba contenida; quebrada… y sincera—. Lamento haber sido tan insensible con lo que sentías… lamento no haberte escuchado…
Elio vio la nariz y ojos enrojecidos de la Kahuna, así como los lagrimones que caían por su rostro. Separó violentamente los párpados y sus puños perdieron toda la fuerza que usaban para cerrarse. Avanzó a zancadas por sobre la nieve, llegando ante Hapu casi de un salto. Le sujetó el rostro entre las manos y, con apuro, comenzó a secarle las lágrimas.
—A-ah… l-lo siento, Hapu —dijo con la voz rota.
La Kahuna levantó la cabeza, sorprendida por el tono de Elio, y se encontró su rostro lleno de miedo y arrepentimiento. Sintió los dedos del kantonés recorrerle torpe y prestamente el rostro en un intento de frenar el derramamiento de lágrimas… aunque él mismo no podía frenar las suyas.
—No llores, ¿sí? ¿Sí? Por favor, no llores. No quería… N-no pasa nada, de verdad… Tú no… Yo no… Solo… no llores, por favor. —Más que un consuelo, lo de Elio era una súplica.
En sus ojos Hapu vio lo equivalente a la culpa de un niño pequeño al darse cuenta de que había hecho llorar a su madre; de un Pokémon al descubrir que había lastimado por accidente a su entrenador… como la culpa de un creyente al saber que ha blasfemado contra su deidad. Era un nivel de devoción que en su vida había visto… toda dirigida hacia ella.
—¿Por qué te disculpas? Fui yo la que se equivocó; fui yo quien hizo algo que odiabas… y aun así yo…
Se sentía minúscula. Llorar la hacía sentir una debilidad que odiaba, y era ese llanto en particular el que más repulsión le daba, pues lo sentía como una forma de manipular la situación a su favor; de desestimar los sentimientos de Elio.
Asutoro negó con fuerza.
—Fue mi culpa también —dijo apuradamente—. Si hubiera sido más transparente con lo que sentía… si te lo hubiera explicado con detalle…
Hapu quiso negarlo; decirle que ella era la mayor entre los dos y que por ello debía ser la más madura… lo que le hizo darse cuenta de por qué Elio odiaba tanto que mencionara su edad. Se dio cuenta de que, subconscientemente, había estado subestimándolo.
—Lo siento tanto, Elio… Arruiné todo… —Lágrimas cayeron a raudales por sus mejillas coloradas—. Lo siento muchísimo…
Elio, al verla así, se sintió desesperado. Le secó las lágrimas como mejor pudo y se esmeró por tranquilizarla.
—L-las cosas se salieron un poco de como las tenía planeadas, pero no están arruinadas —aseguró, levantando suavemente su mentón—. ¿Crees… que podría hacerlo de nuevo?
Honua, incapaz de articular palabra, asintió. Se obligó a sí misma a recuperar un semblante compuesto y a mirarlo a los ojos.
—Adelante…
Elio soltó su rostro y en su lugar la tomó por los hombros. Aún con lágrimas en los ojos le dio la mirada más determinada que tenía. Inhaló y exhaló, mentalizándose a sí mismo para vaciar el contenido de su corazón; para dejar atrás aquello que tanto tiempo lo había atormentado. Comenzó.
—Desde el primer momento en el que te vi, sentí un flechazo inmediato. Escucharte hablar y reír me llenaba de una alegría inconmensurable que no hacía otra cosa más que sumirme en una espiral de la que nunca podría recuperarme —dijo, sus palabras irradiando pasión—. Por eso me comportaba de esa manera contigo. Hacías latir mi corazón con tanta fuerza que ni siquiera podía ser sincero a tu alrededor, porque tenía miedo de que lo que sentía se fugara… y es que jamás había sentido algo así.
Hapu tragó saliva. Sin darse cuenta se había quedado embobada viendo los ojos grisáceos de Elio. En todo lo que tenía viva, nadie nunca la había mirado con tanto… añoro.
—Te oculté mis motivos porque necesitaba una excusa que me acercara a ti; una que hiciera que tú quisieras estar cerca de mí —explicó finalmente—. Creí que así podría hacer que, con el pasar del tiempo, te enamoraras de mí… pero al final fui yo quien terminó cayendo por completo a tus pies.
Honua se sobresaltó un poco al sentir como los dedos de Elio sujetaban con mayor firmeza sus hombros. Vio sus manos por un momento, dándose cuenta de lo grandes que eran a comparación de las suyas propias… y se sintió indefensa.
—Cada vez que te veo siento, incluso ahora, siento como si fuese a estallarme el pecho. Hablar contigo hace que sienta que nada importa más que tú y yo en ese momento. Cuando estamos juntos deseo que el tiempo se detenga y nunca más vuelva a transcurrir… —Elio cerró los ojos para luego abrirlos con renovada determinación—. No es solo que me gustes, Hapu, es que te amo. Amo lo hermosa y fuerte que eres; amo tu risa; amo tu forma de hablar; amo cada gesto tuyo; amo lo mucho que te preocupas por todo y todos… Y si tras todo eso todavía no te ha quedado claro, déjame decírtelo una vez más…
Al verlo no sintió que fuera un chico menor que ella. Parecía tan grande y fuerte que por un momento olvidó que ella misma era la Kahuna de Poni. En su vida nadie la había hecho sentir tan agitada, ni le habían hablado con pasión semejante. Su cerebro parecía estar esperando ansioso las siguientes palabras de Elio, pues la hizo sentir ligera como una pluma en cuanto las escuchó.
—Te amo, Hapu. Déjame ser feliz a tu lado.
El momento para decir que todo era una broma había quedado bien atrás. Está era una declaración sería; Elio tenía la intención de que ellos entraran en una relación que ella solo conocía por otras personas y por los medios de entretenimiento. Él quería ser su novio y quería que ella fuera su… novia… Quería darle su respuesta; una que fuera sincera con lo que ella sentía.
Veía el rostro de Elio y sentía que su corazón era un potro indomable. ¿Era por las cosas que le había dicho o era porque de verdad lo quería del mismo modo que él a ella? Repasó su relación a conciencia, en búsqueda de algo que la hiciera tomar una decisión de la que no se arrepintiera. Le gustaba su compañía y las charlas que tenían juntos. Adoraba combatir a su lado y contra él, pues le gustaba verlo desenvolverse y ser él mismo. Se entendían bien dado a que sus personalidades eran parecidas pero sin llegar al extremo en el que chocaran. Lo que la hizo decidirse, sin embargo, fue lo que Ash y Lillie le habían dicho cuando les preguntó por qué se habían enamorado del otro.
Pienso en Lillie y me imagino una vida a su lado, había dicho Ash.
Cada vez que veo a Ash, siento que si es con él, la vida será más divertida, contestó Lillie en su momento.
Ella vio a Elio a los ojos y pudo verlo. Pudo ver una vida llena de diversión, casi un calco del tiempo que habían estado juntos antes de que él se fuera a Sinnoh. Podía verlos a ambos trabajando en la pequeña huerta de la casa; cenando tranquilamente con su abuela o en casa de los Asutoro. Podía pensar en él como Elio Honua. Fue al repetirse aquel nombre que no era, pero que podía ser, que tomó una decisión.
Su boca se frunció antes de abrirse.
—No sé nada de parejas, ni de ser femenina… ni de citas o besos…
—Está bien, yo tampoco sé nada de eso —respondió Elio, sujetándole afectuosamente las manos—. Pero… podemos aprender juntos, ¿verdad?
Hapu clavó su pupila en la de él y asintió. Le dio una sonrisita, una que nadie más había visto en ella e infinitamente hermosa.
—Cuida de mí, Elio, que yo cuidaré de ti.
Un profundo sonrojo apareció en el rostro del Asutoro y su cuerpo tembló como si fuera presa de un Magnitud 10. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, unas tan dulces y cálidas que parecían casi como el rocío del primer día de primavera. Antes de poder decir nada más, sintió un corto pero tierno beso en la mejilla derecha. Anonadado vio a Hapu.
—N-no pidas más que eso por el momento… —murmuró con el rostro colorado como un fogón y una mirada avergonzada.
Elio no pudo contener sus emociones y la abrazó como si fuese a desaparecer en cualquier momento.
—Gracias, Hapu…
Al estar envuelta por sus brazos, Honua sintió un agradable calor nacer en su pecho. Inconscientemente sonrió y le correspondió el abrazo.
Estaba a punto de tener unos meses bastante ajetreados.
El foco de la habitación se encendió, irradiándola de una cálida luz que llenó cada rincón. La puerta se cerró detrás de Gladio y Selene, que se encontraban en un sepulcral silencio.
—Siéntate donde quieras. —Gladio se acercó al pequeño frigorífico que se encontraba en el mueble debajo de la televisión. Dudó—. ¿Quieres… tomar algo?
Selene, que se había acomodado en una de las sillas de la habitación, asintió.
—¿Agua? —preguntó Gladio.
—¿Tienes cerveza?
El rubio alzó una ceja y vio fijamente a la chica. Tras segundos de silencio, ella dejó salir una risita nerviosa.
—¿Por qué estás tan serio? Era una broma. —Tamborileó sus rodillas con los dedos—. Sí, agua está bien. Gracias.
Con la botella de agua en la mano, Gladio se acercó a Selene. Se la dio y tomó asiento en su propia cama, la cual se encontraba a medio metro de la silla de Selene. La escuchó abrir la botella y beber de ella. Vio de soslayo su semblante, atenta pero disimuladamente. No era muy bueno lidiando con ese tipo de situaciones, pues consideraba que era pésimo con las palabras, aunque si era por Selene, entonces podía hacer un esfuerzo.
¿Tengo que decir algo o espero hasta que ella hable?, se preguntó dubitativo. Normalmente habría preguntado directamente, pero Ash y Lillie le habían dicho que no siempre era lo mejor. Agradecía que le hubieran enseñado un poco sobre cómo tratar las emociones ajenas… pero le habría gustado que terminaran las lecciones.
—Perdón por sacarte de la fiesta tan repentinamente.
Casi saltó al escucharla hablar. Vio su sonrisa nerviosa y negó con la cabeza.
—No te preocupes. —Hizo una pausa prolongada—. Cualquiera que sea tu problema… ten por seguro que te escucharé.
La sonrisa de Selene ganó una renovada confianza: el brillo al que Gladio estaba acostumbrado. Se sintió aliviado al ver a la Selene de siempre.
—Antes… dijiste que ibas a volver a Unova, ¿cierto? —Selene se desperezó.
—Sí, aunque como dije, voy a esperar un tiempo. Papá quiere ir a ver a sus padres y alguien tiene que cuidar del Poké Resort en su ausencia.
Asuotro abrió los ojos con fuerza, anonadada.
—¿Tu papá encontró a sus padres? —preguntó inquisitivamente.
—Desde hace un par de semanas.
Selene dejó salir un sonido de asombro y luego le dio una gran sonrisa.
—Me alegro tanto por ustedes, Gladio.
Aether correspondió el gesto.
—Gracias, Selene.
—En todo caso imagino que tú también querrás conocerlos. Lillie también.
Asintió.
—Ambos tenemos curiosidad por conocer el lado de la familia de papá. Lillie seguramente irá con él, pero yo esperaré hasta volver a Unova.
Selene se vio perdida en sus pensamientos por un momento hasta que liberó una risita. En su rostro apareció un gesto juguetón.
—El otro lado de tu familia… Eso suena muy interesante.
Gladio se sintió aliviado y contento por igual. Cualquier día de la semana preferiría ver la sonrisa de Selene a su semblante preocupado. Se animó a seguir la conversación.
—¿Qué hay de ti? ¿Has pensado adónde irás ahora? —preguntó curioso.
Ella se vio vacilante.
—B-bueno… creo que todavía no lo he decidido. Sé que quiero seguir viajando, ganando fuerza y experiencia, eso seguro. Pero los detalles…
Notó la ligera falta de determinación en el rostro de la azabache y decidió hacer algo para cambiarlo.
—Si vas a formar parte del Alto Mando de Ash, tendrás que hacerte más y más fuertes. Al final, ¿no es como un sueño para ti poder trabajar junto con tu ídolo?
El ánimo de Selene pareció dispararse. Dio una fuerte cabeceada e, ilusionada, centró sus ojos en los suyos.
—Aunque sería incluso mejor si tú estuvieras ahí —aseguró, inclinándose levemente en su asiento—. Sé que dijiste que ahora no… ¿pero en un futuro no tan cercano? No parecías estar en contra de la idea cuando te lo preguntaron antes.
Gladio lo reflexionó un poco antes de dar su respuesta.
—Bueno… Supongo que un miembro del Alto Mando tiene más probabilidad de desafiar al Campeón que cualquier otra persona.
Selene ganó un semblante mucho más jovial.
—¡Ya veo!
Guardaron silencio. Esta, a diferencia de la anterior, era una quietud mucho más amena y confortable. Gladio se quedó absorto pensando en la ejoría de la actitud de Selene. Trató de pensar o darse una idea de lo que pudo haberla puesto tan nerviosa, pero se detuvo al sentir que la cama se hundía a su lado. Vio hacia abajo, encontrándose con el rostro de su amiga, el cual parecía casi… ¿triste? ¿Nostálgico?... ¿Temeroso?
—Mi hermano… Seguramente a estas alturas ya se le declaró a Hapu.
Gladio sintió un golpe totalmente imprevisto de puro asombro. Se quedó en blanco por un segundo y, finalmente, espabiló. Ese genuinamente era un tema por el que Gladio pensó que Selene tenía motivos para estar preocupada. El estado anímico de su hermano dependía muy seriamente de los siguientes minutos… sino es que ya se había decidido.
—Eso… Bueno… espero de corazón que le haya ido bien.
No parecía muy seguro sobre qué más decir. Él no tenía, como tal, experiencia en el romance. Sí, había tenido alguna que otra amiga especial, pero nunca había sido nada serio. Jamás había habido más sentimientos de por medio que la simple y llana lujuria. El amor romántico era mucho más complicado, lo recordaba de la época en la que había estado enamorado de Wicke —sentimiento que no había renacido antes, durante ni después de su relación benéfica—. Sintió que había estancado la conversación, por lo que dijo lo primero que se le ocurrió.
—¿Y cómo o sabes?
—Él me lo dijo —respondió Selene sucinta.
Entonces era algo premeditado. Elio sin duda parecía vacilante a la hora de abarcar ese tipo de temas y, por los desahogos de Selene, sabía que le costaba comunicar dichos sentimientos. Debió haberlo pensado bastante antes de finalmente llegar a dicha resolución, o eso fue lo que Gladio pensó.
—¿Tienes miedo de lo que pueda pasar? —preguntó. No pudo evitar pensar que la estaba interrogando, pero dejó de prestarle atención a eso cuando notó que a Selene no le importaba.
—Sí… y no —admitió luego de deliberarlo un momento—. Por supuesto que tengo miedo de que las cosas se puedan poner un poco extrañas entre ellos dos —Lo vio de reojo por un momento— y que me preocupe lo que eso pueda hacerle a la moral de Elio… pero sé que, sin importar lo que suceda, mi hermano sabrá salir adelante. —Se rio—. ¿Sabías que ya hizo varios planes en función del posible tipo de rechazo que podría recibir?
Gladio sonrió, no solo porque la idea le parecía curiosa, sino también porque Selene parecía mantener cierto sentido del humor.
—Eso suena como Elio.
Sintió la cabeza de Selene sobre su hombro. La dejó ser. Recordó una conversación que había tenido con ella hacía unos días y rápidamente la trajo a colación.
—Entonces, ¿qué te preocupa? ¿No fuiste tú la que dijo que solo debía decírselo y ya?
Selene asintió. La escuchó tomar aire y, en medio de la quietud, pudo percibir que su respiración se había acelerado. Eso lo preocupó.
—Ese es el problema —murmuró Selene con voz temblorina—. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
Él no entendió muy bien lo que la azabache quería decir, pero tampoco sentía que debiera preocuparse tanto. No lo dijo en voz alta porque era otra cosa que Ash le había enseñado: no minimizar los miedos de otras personas por mucho que le parecieran una pequeñez. Aunque no lo expresó, sin duda lo pensó. Después de todo, estaban hablando de Elio…
—Con lo determinado y seguro de sí mismo que es Elio, estoy seguro de que no habrá problemas una vez que empiece a hablar. —Repensó sus palabras, cerciorándose de no estar moviéndose a terreno peligroso—. Aunque dices que seguramente ya se declaró…
—Elio tuvo bastante tiempo para mentalizarse… En ese sentido lo envidio.
Las cejas de Gladio se alzaron. Era como si Selene estuviese teniendo un diálogo consigo misma en ese momento y no con él. Aunque no entendía lo que ella quería decir, se esforzó al máximo por elegir las mejores palabras para levantarle el ánimo.
—Bueno… Ustedes son gemelos, ¿no es así? La misma determinación y esmero que tú tienes para perseguir tus objetivos, Elio también la pose —dijo, dándole una sonrisa reconfortante—. No hace falta decirlo… pero confía en él como confiarías en ti misma. Ten la seguridad de que Hapu sabrá ver las bondades de Elio como tú y yo podemos verlas —Intentó bromear—, y de que podrá pasar por alto los detalles… no tan positivos de su persona.
La sonrisa de Gladio desapareció cuando Selene lo sujetó del rostro con ambas manos. Vio sus ojos y en ellos encontró desesperación, ansiedad… y pavor. Escuchó la respiración de la azabache agitarse y vio sus dientes castañear.
—Me gustas, Gladio —dijo no como alguien que se estaba declarando, sino como alguien que está a la espera de que una granada de fragmentación vaya a estallar en cualquier momento.
Esas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre Aether. Sintió como su pecho era constreñido por un puño ardiente que detuvo su corazón por lo que se sintió como una eternidad, solo para forzarlo a trabajar cual motor industrializado de un momento a otro. Los párpados le dolieron al separarlos hasta su límite y la garganta le ardió como si estuviera tragándose una piedra incandescente, bloqueando cualquier palabra que pudiese emerger de su boca. De entre el amasijo de pensamientos, complejos y explosivos, que tenían lugar en su mente, sus entumecidos labios y lengua solo alcanzaron a articular, de manera instintiva y casi automática, una palabra que a su salida dolió tanto como refregar la espalda contra un cactus.
—Perdón…
En su corta vida, Selene jamás había escuchado un «perdón» tan sincero, ni uno que doliera tanto. Su corazón fue hecho añicos en un segundo, siendo todavía más doloroso el golpe porque en el fondo del mismo albergaba un mínimo pero ardiente atisbo de esperanza. El brío de su alma se extinguió hasta que solo quedaron brasas moribundas, y entonces el frío que asolaba su interior se manifestó en la temperatura de sus manos y en las gélidas lágrimas que cayeron como carámbanos hasta su mentón y luego sobre su regazo.
Apartó con lentitud las manos del rostro de Gladio, así como la mirada. Negó con la cabeza, haciendo hasta lo imposible por retener las lágrimas. Era el resultado lógico; ella misma apenas se había dado cuenta de que estaba enamorada de él unos pocos días atrás. Se maldijo a sí misma y se llamó tonta un millar de veces. Si no tuviera esa manera de pensar, la misma que tanto tiempo había tratado de hacer que Elio adoptara, se habría ahorrado el sufrimiento que en ese preciso momento sentía. Era el resultado lógico… pero no por ello le dolía menos.
Se cubrió el rostro con una mano y con la otra puso distancia entre ella y Gladio, misma que reafirmó al ponerse de pie.
—N-no te preocupes —dijo con la voz más compuesta que pudo dar. Lo vio ponerse de pie por el rabillo del ojo, por lo que retrocedió otro paso—. Solo… solo quería decírtelo… no esperaba que me correspondieras…
Apretó fuertemente su pantalón con la mano con la que había intentado poner distancia entre ambos. Dedicó la izquierda a seguir tratando de arreglarse el semblante. Mordió su labio inferior en un intento de contener el temblor del mismo.
—M-muchas veces me lo dejaste claro… que me veías como una hermana menor… —murmuró, tratando de fingir un tono jovial para intentar aligerar el ambiente. No funcionó—. Y sé que dijiste que no querías ninguna relación n-ni nada por el estilo… —Se le escapó un sollozo— pero no lo pude evitar…
Se llenó de tanta frustración hacia sí misma que apretó la mandíbula hasta que le chirriaron los dientes, pero no quiso que Gladio pensara que estaba enojada con él por haberla rechazado. Centró todos sus esfuerzos en tranquilizarse. Recordó su nombre; recordó quién era y por lo que había pasado. Hizo acopio de todas sus fuerzas para mirarlo directamente a los ojos y darle su sonrisa más genuina.
—¡Es solo que… me gustas mucho, Gladio!
Lo que Selene le dio a Aether estaba muy lejos de ser lo que ella quería. Sus ojos acristalados y empañados apenas dejaban que su iris se viera, mientras que su sonrisa era una mueca extraña y forzada, obstruida tanto por lágrimas como por mocos.
Incluso a través de sus ojos enturbiados pudo vislumbrar el contorno del semblante de Gladio. En su rostro no veía nada más que dolor y frustración. Podía saberlo; ni siquiera necesitaba verlo completamente… ella sabía que Gladio se estaba culpando así mismo en ese momento. Ese era el tipo de persona que él era. Aunque tenerlo cerca le dolía como ser empalada por mil y un agujas, se forzó a sí misma a acercarse a él. Lo sujetó de los antebrazos e hizo lo mejor que pudo por mirar a las manchas esmeralda que intuía eran sus ojos.
—No estemos tristes, ¿sí? —Más que una petición era una súplica. Cada palabra que pronunciaba con esa voz temblorosa era más difícil de pronunciar que la anterior—. Esto no cambia nada. Tú y yo seguiremos siendo amigos, ¿verdad?... Mejores amigos, ¿cierto?
El brusco movimiento de Gladio la obligó a soltarlo. Sintió su cuerpo ser envuelto por el de él y su nuca ser sujetada fuerte pero gentilmente. Las manos de Gladio estaban temblando… tanto como aquella vez en Malíe. Era un abrazo desesperado, como si él estuviese tratando de dejarle en claro que estaba ahí y que nunca se iría.
—Sí —dijo Gladio con voz rota—. Siempre, sin importar lo que pase.
Ella lo sujetó con fuerza de la espalda y no se contuvo más. Lloró discretamente, pero tanto como quiso. No cambiaron de posición por un buen rato.
Elio y Hapu regresaron al salón de eventos tras haber entrado en calor. El lugar todavía se encontraba realmente animado, tanto que ni parecía ser la una de la mañana. Cruzaron el umbral, ambos temblando de frío y tan pálidos como paletas de hielo.
—V-visto en perspectiva, el exterior no fue la mejor ubicación para hablar por tanto tiempo —rio Elio nerviosamente.
—T-te f-falló esa parte de la planeación, mozuelo —asintió Hapu, frotándose los brazos para darse calor.
Asutoro vio el gesto tembloroso de su novia y frunció el ceño. Rápidamente se quitó su propio abrigo y, sin preguntar, se lo puso encima a ella. Hapu pareció sorprendida.
—¿N-no vas a tener frío? —preguntó, un pequeño sonrojo en sus mejillas.
—Q-qué va… Soy Elio; el sol y el calor son mi ele… —Estornudó con fuerza para luego temblar de pies a cabeza. Rápidamente alzó las manos ante Hapu al ver que ella se estaba comenzando a quitar el abrigo que le había dado—. En serio, quédatelo. Entro en calor pronto y-y sé me da mejor lidiar con el frío que tú.
Hapu pareció querer objetar, pero al ver la seriedad de Elio con el asunto finalmente aceptó de buena gana. Ese abrigo extra ciertamente le vendría bien. Le sonrió.
—Gracias, Elio.
Asutoro apartó la mirada bruscamente, llevándose una mano a la boca.
—Eres tan bonita… —murmuró maravillado.
El sonrojo de Hapu se pronunció. Le dio una fuerte palmada en la espalda a Elio, una que lo hizo saltar en su lugar. Comenzó a alejarse.
—Y-ya te dije que sí… no necesitas adularme —dijo antes de detenerse y voltear a verlo, aunque no directamente. Con la mirada desviada y casi oculta detrás del cuello del abrigo de Elio, murmuró—. Voy a hablar con la señorita…
Asutoro, frotándose la espalda, asintió.
—A-adelante, yo… voy a hablar con Selene
La vio alejarse lentamente y, cuando notó que no volteaba hacia atrás, él también se giró. Dejó salir un gruñido y luego lanzó un golpe al aire. Agitó ambos puños en señal de victoria, encorvando levemente su torso.
¡VAMOS, JODEEEEEER!, pensó, transmitiéndolo con su reluciente sonrisa y ojos como soles. Buscó a Selene de entre la multitud y la encontró hablando animadamente con Cilan, Iris y Max. Caminó hacia ella con paso triunfante, sintiéndose el protagonista de un vídeo musical pues comenzó a chasquear los dedos al ritmo de una canción imaginaria.
—¡Oh! ¡Te ves de buen humor, Elio! —rio Mallow, a quien se topó de frente.
—¿Pasó algo bueno? —preguntó Lana, divertida.
—¡Algo genial! ¡Verdaderamente genial! —reafirmó con alegría—. ¡Luego se los cuento!
Y pasó de largo. Ambas Capitanas vieron atentamente la dirección en la que Elio se movía e intercambiaron una risita.
—Es curioso ver a Elio casi bailando.
—¿Verdad?
—¡El Asutoro que faltaba! —exclamó Cilan, extendiendo ambos brazos hacia él, haciendo que todos voltearan a verlo.
—Desapareciste un buen rato, Elio —dijo Max, curioso.
—Bueno… estuve ocupado con ciertos asuntos —respondió el azabache, viendo directamente a los ojos a su hermana.
Iris se rio.
—Eso suena realmente misterioso.
—¿Les molesta si les quito a Selene por un momento? —preguntó el azabache, recibiendo rápidas negativas—. Enseguida se las regreso. ¿Me acompañas?
—Por supuesto, hermano. —Selene se excusó antes de alejarse del lugar junto a Elio.
Ambos se movieron a un lugar más solitario a comparación de los demás. Ahí, Elio se giró bruscamente y sujetó a su hermana por los hombros. La miró con ojos extasiados.
—Me dijo que sí.
Selene al principio tardó en procesar lo dicho, pero finalmente lo entendió. Una gigantesca sonrisa apareció en su rostro y sus ojos centellearon. Se abalanzó contra Elio, abrazándolo por el cuello. Se rieron juntos antes de que Selene se apartara un poco.
—¡Estoy tan feliz por ti, hermano! —exclamó, sujetando sus mejillas—. Sabía que Hapu podría ver que ustedes dos están hechos el uno para el otro. —Ganó una mirada soñadora—. Mi cuñada es la Kahuna de Poni… Porque ya están saliendo, ¿verdad?
Elio asintió, todavía más emocionado. Selene dejó salir un suspiro y su sonrisa se ensanchó. El mayor estuvo a punto de decir algo, pero se interrumpió a sí mismo. Su gesto decayó repentinamente.
—¿Debería ir a hablar con ella? Están teniendo una charla de chicas, puedo verlo. —Selene vio hacia donde Hapu, Lillie, Acerola y May se encontraban—. Deberíamos decírselo también a nuestros padres, herma…
—Selene —dijo Elio con voz firme pero preocupada. La obligó a mirarlo a los ojos—. ¿Qué pasó?
De la sorpresa, Selene pasó rápidamente a la consternación y mucho más rápido a la resignación.
—Después, ¿sí? —Dejó de lado todo gesto de amargura para brindarle a su hermano una sonrisa tierna que casi le derritió el corazón—. Ahora mismo céntrate en ser lo que deberías ser: el hombre más feliz del mundo.
Y aunque quería serlo, no podía, no si su hermanita estaba triste. Sin embargo, respetó sus deseos. Asintió casi a regañadientes y le acarició un mechón de cabello.
—Después —dijo finalmente antes de darle un beso en la frente—. Pero no mucho después.
—Por supuesto, hermano —sonrió ella, tomándolo de las manos—. ¿Deberíamos decírselo a papá y mamá?
Elio vio a sus padres charlar amenamente con Malvácea, los Ketchum, Mohn, Hobbes, Wicke y los Sorba. No todos los días sus padres podían convivir con algunas personas de su edad, por lo que no quería arruinarles el momento.
—Después —volvió a decir.
Selene asintió. Ambos fueron hacia donde estaban Iris, Cilan y Max, habiéndoseles unido Serena y Liam. Aunque hablaban animadamente, Elio no pudo apartar su mirada de su hermana.
«Bonita» era una palabra que Hapu nunca habría usado para describirse a sí misma. Tenía la autoestima suficiente para llamarse a sí misma guapa, que para nada era lo mismo que bonita o hermosa —categoría en la que pondría a Lillie y Selene—. Bonitas eran Acerola, Bonnie o la pequeña sobrina de Ash. El adjetivo se lo dejaba a las chicas que hacían a uno querer apapacharlas por lo tiernas que resultaban, de facciones pequeñas y delicadas; frágiles en apariencia. No se consideraba ninguna de esas cosas… pero se dio cuenta de que eso era desde su perspectiva. ¿Elio todo ese tiempo la había visto de esa manera?
Estoy pensando demasiado en eso, se dijo. Se envolvió estrechamente en el abrigo de su novio, sintiendo el calor que éste había dejado impregnado y percibiendo el perfume que usaba. Le gustaba el olor, de hecho lo prefería por encima de los habituales perfumes para mujeres, pues el aroma le resultaba demasiado dulzón. Se dio cuenta de lo que estaba haciendo y sintió su rostro enrojecer. Estaba siendo muy autoconsciente, ¿pero podía alguien culparla? Era la primera vez que tenía un novio. Mientras caminaba lentamente hacia donde estaban Acerola, Lillie y la amiga de Ash, May, pensó en las implicaciones de esta nueva relación.
Un novio… Eso quería decir que saldrían en citas románticas, que se besarían, que se dirían cosas melosas como sus abuelos solían hacerlo y que inevitablemente, si los vientos eran propicios, terminarían engendrando descendencia. Detuvo su tren de pensamiento, pues pensó que había acelerado incontrolablemente. Era muy pronto para ponerse a pensar en esas cuestiones. Por ahora tenía que centrarse en las cosas que sucederían a corto plazo. Su nuevo noviazgo, inevitablemente, cambiaría la dinámica del grupo, y necesitaba que la gente se enterara… pero no demasiada, pues no quería armar un escándalo al respecto.
Todo pensamiento se fue de su cabeza cuando escuchó las voces emocionadas de Lillie y May, ambas chicas tomando con firmeza las manos de Malíe. Acerola se limpiaba pequeñas lágrimas de los ojos mientras una sonrisa de oreja a oreja se exhibía en su rostro. Era una dicha como pocas veces había visto a Acerola expresarla. Se acercó a ellas con paso decidido, pues aquella expresión no podía ser por nada.
—¿Está todo bien, mozuela? —preguntó con serenidad.
Apenas la vieron, las tres chicas abrieron el círculo para que ella se integrara. Todas voltearon a verla primero con gran alegría, luego con curiosidad y finalmente volvieron a su regocijo. Aether y Asano soltaron las manos de Malíe, que las ocupó para sujetar las de ella.
—HauHau y yo —dijo Acerola, haciendo que Hapu alzara las cejas inquisitivamente— somos novios.
—Oh… —murmuró Hapu al inicio inexpresiva, pero luego la sorpresa golpeó. Abrió los ojos con fuerza y una gran sonrisa apareció en su rostro—. ¡¿Oh?!
Lillie y May se rieron por su reacción.
—¡¿En qué momento?! —preguntó la Kahuna, apretando las manos de Acerola y acercándose un poco más a ella—. ¡¿Cuándo fue que ese gandalla tomó el paso?! P-porque fue él, ¿verdad?
—¡Sí! —exclamó Acerola, retirándose otra lagrimita que había amenazado con salir. Ni corta ni perezosa comenzó a explicarle la situación a la morena.
Para cuando el relato de Malíe terminó, Hapu irradiaba felicidad. Le dedicó la más tierna de sus sonrisas a la Kahuna en entrenamiento.
—Tengo que decírselo a Hau, pero primero te lo diré a ti. —Alzó levemente las manos de Acerola, lo suficiente para que quedaran un poco por debajo del mentón de ambas—. Que los vientos de Tapu Fini arrecien y soplen con vigor las velas de la embarcación que han creado juntos. Que su viaje por el amplio mar sea fructífero, próspero y se encuentre lleno de nada más que dicha. Oro a la madre del oleaje porque sus almas nunca partan una de la otra y deseo para ustedes nada más que la más absoluta de las felicidades.
Acerola sintió sus ojos lagrimear una vez más ante la belleza y sinceridad de las palabras de Hapu. Quiso decir su nombre, pero se le hizo un nudo en la garganta al verla a ella derramar una pequeña lágrima.
—Hau es un chico honesto, amable y con un cariño inagotable en su corazón —dijo Honua, pegando su frente a las manos de Acerola—. Es cierto que muchas veces no ha tenido las cosas claras, pero cuando se trata de ti, siempre veo en él una chispa tan ardiente como el centro de la tierra. Esta es la petición que te hago no como Kahuna, sino como una de las amigas más íntimas del joven príncipe al que amo como un hermano menor. Cuídalo, ¿sí? Porque sé que, sin duda alguna, él te cuidará a ti.
Acerola, como Lillie y May, frunció el ceño incapaz de contener los lagrimones que salieron de sus ojos. Abrazó con fuerza a Hapu, asintiendo repetidamente.
—Por… por supuesto, Hapu —murmuró, dándole un beso en la mejilla.
Honua acarició su espalda, secándose los ojos con la mano que tenía libre. Cuando Acerola la soltó, las cuatro chicas que estaban en ese grupo se voltearon a ver entre sí y rieron alegremente.
—No puedo creer que he llorado tanto el día de hoy —dijo May, ventilándose el rostro para intentar secar la humedad producida por el escurrimiento de sus ojos—. ¿Es así como los Kahunas bendicen las relaciones? Porque es de lo más hermoso que he oído en mucho tiempo.
Hapu se rio, orgullosa de sí misma.
—Solo son mis habilidades natas de oratoria, chicuela.
Escucharon el suspiro de Lillie y voltearon a verla. La rubia parecía encantada.
—Siempre supe que ustedes dos eran el uno para el otro. Me alegra tanto que por fin las cosas sean oficiales. —Sus ojos centelleaban como auténticas esmeraldas—. ¡Yo siempre los apoyé, desde el minuto uno, en primera fila!
Hapu y Acerola intercambiaron una mirada, ambas riéndose. Al parecer Lillie sería la única que nunca sabría cuál había sido el primer gran amor del joven Mahalo. Malíe no dejaba que eso le afectara, pues abrazó con fuerza a la rubia que comenzó a acariciarle el cabello. Tras unos segundos más de risas, Aether volteó hacia Hapu.
—Por cierto, había estado queriendo preguntarte esto, ¿pero esa no es la chaqueta de Elio? —interrogó sin perder la sonrisa, pero luciendo claramente curiosa.
Hapu entonces recordó por qué había ido con ellas en primer momento y se sintió un poco nerviosa. Si lo decía ahora, ¿no sería como quitarle protagonismo a Acerola y Hau? Aunque… tampoco quería ocultar lo que había pasado. No sería correcto, ni para ella ni para Elio.
—Bueno… salimos un momento y afuera hacía bastante frío —empezó a explicar.
—¡Oh! Por eso desaparecieron tan de pronto. —May se rio—. Max estuvo buscando a Elio por unos cinco minutos. Le tomó bastante cariño.
Lillie ganó una expresión felina en cuanto Hapu mencionó que habían salido. La Kahuna entonces le dio significado a muchas de las acciones pasadas de Aether. La señorita es astuta hasta la médula, de eso no hay duda, pensó divertida.
—¿Y bueno? ¿Hablaron de algo interesante? —interrogó la rubia.
—Debió ser una charla larga —supuso Acerola—. Tardaron más que HauHau y yo.
—Primero fuimos a ver a un amigo mío —explicó Honua—. Es un viejo rival mío que conocí durante mis viajes por Alola.
—¿Un rival de Hapu? —Lillie parecía interesada—. Nunca me has contado esa historia.
Honua dejó salir una risita y se puso los brazos en jarra.
—Ya se la contaré con lujo de detalles, señorita —aseguró—. El caso es que ese amigo y rival me pidió que fuera madrina en su boda.
Las tres chicas se vieron sorprendidas y luego emocionadas.
—¡¿Hapu como madrina de bodas?! —exclamó Lillie, incapaz de ocultar su entusiasmo.
—¡P-parece que el amor está abundando en el aire! —May tenía el ceño ligeramente fruncido, una sonrisita y un marcado sonrojo en el rostro.
—¡¿Cuándo es la boda?! —preguntó Acerola, su cuestionamiento convirtiéndose en el foco principal.
—29 de febrero —respondió Honua sin vacilar.
Las tres parecieron recordar que el siguiente año sería bisiesto.
—¡Tienes que enviarnos una foto tuya con vestido! ¡Estoy segura de que lucirías lindísima! —dijo Lillie con un ímpetu que sorprendió ligeramente a Hapu.
La Kahuna rio, pero por dentro pensó en la forma en la que Lillie la había llamado. ¿No era solo Elio? ¿Se había equivocado al juzgarse como guapa cuando ella entraba en la categoría de bonita? No lo sabía…
—Aunque bueno, seguramente llevaré traje. Voy a ser la madrina de él, no de la novia.
Eso solo añadió más leña a la conversación.
—¡En ese caso lucirías guapísima, Hapu! —exclamó Aether.
Honua se confundió. ¿Guapa o linda?... ¿La ropa hacía la diferencia? ¿No el rostro? No lo entendía. Para ella la belleza era algo bastante claro, pero no parecía ser el caso para los demás. Tanta subjetividad y ambigüedad en el tema le parecían por demás confuso.
—¿Y luego? —se animó a preguntar May, luciendo un poco confundida—. ¿Se encontraron con tu amigo afuera del estadio o por qué te dio frío?
Hapu entonces cayó en cuenta. Otra vez se había ido por las ramas. Abrió la boca para contarles sobre el asunto, pero sintió como si su voz hubiese pasado de ser la de un Solgaleo para convertirse en la de un pequeño Litten. Su sonrojo, sin embargo, era tan intenso como las llamas de un Incineroar, cosa que llamó la atención de las tres muchachas que la acompañaban. Sin ella quererlo, comenzó a balbucear y pronto se sintió irritada.
¡Solo dilo y ya!
Tras aquel fuerte reclamo a sí misma, cerró los ojos y frunció el ceño con fuerza. Se irguió de forma majestuosa, exhibiendo el porte de una verdadera reina y habló.
—Después de eso Elio pidió que saliera con él un momento. Arreglamos una pequeña discusión que habíamos tenido y en el camino… —Su voz, firme y clara, bajó en volumen hasta convertirse en un murmuro ininteligible por la música de fondo y las demás voces.
—¿Qué? —preguntó Lillie, parpadeando varias veces en señal confusión.
Tomó aire y luego volvió a hablar con renovada confianza… solo para volver a balbucear algo que nadie entendió.
—Hapumpkin, ¿podrías repetirlo? No pude escucharte —Acerola alzó una ceja.
La morena dejó salir un gruñido y volvió a hablar, pero desafinó terriblemente al entonar la primera sílaba. Aquel desliz digno de un adolescente la hizo sentirse realmente avergonzada, por lo que se encogió levemente dentro del abrigo de Elio.
—¿Estás bien? —preguntó May con preocupación.
Al no conocer a la reina de Poni como Lillie y Acerola, May no podía saber que ver a Hapu comportarse de esa manera era un acontecimiento extremadamente raro. Tan raro que… ni siquiera ellas estaban seguras de haberla visto actuar así antes. Escucharon el suspiro de la Kahuna. Hapu, con la boca medio tapada por las hombreras del abrigo de Elio, y con un sonrojo todavía más pronunciado, por fin habló.
—En el camino Elio me pidió que saliera con él —dijo finalmente—. Y ahora somos como… novios, supongo.
A las tres chicas les costó un momento procesar lo que acababan de oír. La primera fue May, que era la más desconectada de la dinámica del grupo de los Salvemos al Mundo, ella rápidamente sonrió. La siguiente fue Acerola, que abrió la boca en señal de inmensa sorpresa y, por último, los ojos de Lillie se llenaron de lágrimas.
Las tres dejaron salir un gritito ahogado para no llamar demasiado la atención, pero no pudieron evitar rodear a Hapu con afecto. La revelación había sido, para todas, incluso más impactante que la del noviazgo de Hau y Acerola. Mientras que la relación de los futuros Kahunas de Melemele y Ula-Ula podía verse venir desde kilómetros de distancia —pero no por ello era menos sorprendente—, el noviazgo entre la Kahuna Honua y el mismísimo Elio Asutoro había sido, por mucho tiempo, un «nadie sabe lo que va a pasar».
—¡Felicidades! —dijo May, que pudo encontrar primero sus palabras—. ¡Les deseo mucha suerte a ambos!
—¡Estoy tan feliz por ustedes! —exclamó Acerola—. ¡Ustedes dos son… como hechos para el otro! ¡Son tan graciosos cuando están juntos!
La Kahuna se rio levemente.
—Voy a tomarlo como un cumplido.
Lillie parecía tan contenta que era incapaz de hacer nada más que abrazar a Hapu. Por mucho tiempo había velado en silencio porque la relación entre dos de sus mejores amigos pudiera ser una realidad. Su corazón se llenó de dicha al saber que por fin, tras tanto tiempo, Elio había conseguido una de las cosas que tanto había anhelado: el aparentemente inalcanzable amor de Hapu Honua. Finalmente pudo sujetar el rostro de la morena entre sus manos.
—¡¿Qué fue lo que te hizo enamorarte de él?! —preguntó, pues por meses había deseado poder devolverle la pregunta que ella una vez respondió.
Enamorada… Sí, supuso que esa sería una buena palabra para describir la alegría martilleante que golpeaba su pecho. ¿El motivo? Lo pensó, pero no mucho, pues se dio cuenta del mismo cuando aceptó salir con el Asutoro.
—Él siempre consigue hacerme reír.
La rubia asintió. Entendía ese motivo; lo entendía a la perfección.
A unos cuantos metros del lugar, una conversación parecida tenía lugar. Ash y Hau, con rostros llenos de dicha, agitaban los cabellos azabaches de Elio. Ambos parecían tan increíblemente contentos que sus rostros apenas eran capaces de contener sus sonrisas. Gladio y Selene veían el momento, ambos riéndose, pero solo ellos sabían que en aquella madrugada del 18 de octubre había habido tres confesiones y no solo dos.
La Liga Alola ha terminado.
Lejos de Ula-Ula, más específicamente en Akala, un televisor estaba encendido: el de Kahili Hanohano. La golfista se había quedado dormida en el sofá de su penthouse en Kantai, pues estuvo hablando durante horas con unos amigos suyos sobre los resultados de la Liga y, antes de eso, había tenido un arduo entrenamiento con sus compañeros Pokémon. La fatiga la había hecho caer redondita en el reino de Cresselia, por lo que no había podido cambiarse ni apagar el televisor.
Se despertó de golpe cuando una ruidosa cortinilla televisiva resonó en el interior de su apartamento. El programa de variedades nocturnas fue reemplazado por un hombre vestido en traje, lo bastante mayor como para ser un abuelo.
—Interrumpimos esta transmisión para traer nueva información sobre la tormenta que ha azotado a Melemele durante la última semana —dijo el presentador con voz formal.
Kahili se desperezó. Sus ojos, pequeños como pasas, se apartaron del brillo de la pantalla. Hizo una considerable lucha por acostumbrarse a la luz, pues incluso estando adormecida sentía interés por la interrupción tan súbita.
—Debido a este misterioso temporal, la isla de Melemele ha quedado paralizada durante dos días enteros. Las lluvias y los vientos son tan fuertes que toda actividad o trabajo al aire libre ha sido suspendido, del mismo modo que las aerolíneas y los puertos… Hasta ahora.
»Hace dos horas la tormenta llegó a su punto álgido, donde los vientos alcanzaron velocidades que no se habían registrado en los últimos cincuenta años. Los mares se agitaron violentamente a causa de la misma, lo que provocó que una gigantesca ola golpeara el cayo que se encuentra al noreste de la ruta 3. Fue este impacto el que produjo actividad sísmica en la zona, por lo que los expertos consideran que es muy probable que el subsuelo marino se haya agrietado. Este fenómeno, según los directores del Centro Meteorológico de Alola y del Instituto de Conservación Marina de Alola, es de vital importancia pues existe la posibilidad de que nuevas formas de fauna nunca antes vistas surjan de estas grietas.
Kahili se frotó los ojos, dejando salir un bostezo.
—Qué locura… —murmuró.
—Aunque el lugar todavía no es explorable debido a las inclemencias del tiempo, se espera que esto cambie en los siguientes días, pues desde el incidente la intensidad de la tormenta se ha reducido considerablemente —siguió explicando el hombre—. Los expertos aseguran que, de mantenerse así el clima, las actividades portuarias podrían retomarse al igual que el funcionamiento de algunas cuantas aerolíneas. Sin embargo, el cambio tan repentino en la tormenta ha hecho que la teoría de que la misma fuese producida artificialmente por un Pokémon tome todavía mayor fuerza. Seguiremos informando desde…
El televisor entonces se apagó. Kahili dejó el control remoto en la mesita que se encontraba al lado del sofá y, con pereza, caminó hacia su habitación. Se dejó caer en la cama y durmió profundamente. La golfista, en ese momento, había sido una de las pocas personas que habían escuchado aquel pedazo de información y, como la mayoría, no le prestó mucha atención a lo dicho.
Ella no tenía forma de saber que, de dicha grieta, ahora surgía algo que el mundo no había visto en miles de años.
Un Pokémon hace mucho tiempo olvidado… aunque sería más correcto contarlos por cientos.
Bueno, como prometí, aquí está el capítulo 167. A comparación de escribir TOOOOODOS los combates, esto fue un PASEO por el parque. Extrañaba muchísimo solo escribir estos capítulos donde los personajes charlan entre sí y, creo que ahora que estamos de cara al final, esto se siente más adecuado.
Y pues bueno… ¡Otro capítulo menos! Aquí pasaron bastantillas cosas interesantes, algunas de las cuales cierran puertas mientras que otras nuevas se abren. ¿Qué les pareció el contenido en general? ¡Siento que me quedó decente! El tema con las tres confesiones fue un poquillo caótico, la verdad, porque la forma en la que escribí cada una estuvo rarillo. La de Hau y Acerola la escribí cuando estaba en un avión a mediados de julio; la de Selene y Gladio fue la segunda que escribí, lo hice en mi libreta mientras estaba en clases y luego la pasé a limpio. Por último, la de Elio y Hapu la escribí en el camión de camino a la universidad XD
Pero bueno… ¿Qué más tengo para contarles, muchachos? Honestamente, creo que no mucho más que lo usual.
La cuenta regresiva continúa. Oficialmente quedan solo tres capítulos para el final de la historia o, en su defecto, 18 días… Man, ¿lo pueden creer? Estoy seguro de que los que iniciaron conmigo hace 6 años y medio ni siquiera creían que este día llegaría XD
¡Pero bueno! Les recuerdo la fecha de salida de los siguientes tres capítulos.
Capítulo 168: 18 de febrero.
Capítulo 169: 22 o 25 de febrero.
Capítulo 170: 29 de febrero.
El título del capítulo 168 es: Un rey agradecido.
¡Y pues eso sería todo! ¡Aguanten un poco más, mis fieros camaradas!
¡Nos leemos y Alola!
