5. La Revista

Londres – Inglaterra

Rydeen, era un hombre alto de tez blanca y cabellos celestes que llevaba horas sumergido en una reunión. Estaba a punto de un colapso nervioso, la nueva portada de la revista Aphrodite aún era un bosquejo y él no entendía en qué momento había contratado a semejante grupo de inútiles que no lograban ponerse de acuerdo con la elección para la próxima edición. Adicional a eso, su querida hermana lo había llamado muy entusiasmada a contarle sobre su viaje a Inglaterra y su participación en la boda y él no estaba seguro que en ese punto pudiera soportar la exorbitante energía de Laila o fingir descaradamente que le simpatizaba Camus.

A decir verdad no era que Camus le cayera mal, sin embargo, Laila había sufrido las malas consecuencias del amor y era algo que parecía caracterizar a la familia, porque él no era la excepción en ese ámbito, pues Rydeen estaba enamorado de una hermosa chica de cabellera castaña bastante dulce, quien tenía como hermano al hombre más insoportable y sobreprotector del planeta entero, Seiya era su nombre, un joven japonés que había nacido única y exclusivamente para soliviantar a la gente.

Rydeen llevaba poco saliendo con Seika, pero moría por ella, su dulzura y entusiasmo lo había embelesado completamente, tan así, que él mismo le había conseguido a Seiya un trabajo justo en la revista Aphrodite, una de las más prestigiosas en el mundo de la moda, por lo que no sólo debía soportar a su cuñado fuera del trabajo sino también dentro de este.

La reunión parecía no terminar y él no lograba sacar tanta cosa de su cabeza, Laila, Camus, Seika, Seiya, todo era un enredo completo, a eso se sumaba la dichosa boda por la cual todo estaba hecho un caos. Marín la beatífica afortunada, era como una madre para Seiya, siempre pendiente de él, por lo que el dichoso Seiya y su hermana estaban invitados a la boda y él por salir con Seika, tenía que asistir también, porque era el tipo de compromisos que había que cumplir cuando sé es pareja de alguien. Lo bueno de todo aquello era que su amigo Ángelo iría también, esto debido a que Marín y Aioria lo contrataron para tomar las fotos del matrimonio, y Ángelo era uno de los mejores fotógrafos de la ciudad.

Para su fortuna la reunión finalizó, no satisfactoriamente, pero había acabado, ahora él podía salir de allí y buscar una aspirina ya que sentía el aura de una migraña segura, pero el estrés era tan insoportable que prefirió dirigirse a la sala de fotografía donde un hombre de cabellos azules se encontraba concentrado en su trabajo con una de las modelos de la revista. Rydeen no pudo evitar sonreír al mirar la escena, la mujer era extraordinariamente hermosa con su cabello caoba y su impresionante cuerpo bien esculpido, por lo que no era fácil ignorar el porqué Ángelo amaba su trabajo con tanta pasión.

—Belisima —dijo Ángelo a la chica quien le regaló una simpática sonrisa—. Estupendo, excelente trabajo. Ikki ayúdame con la siguiente escenografía. Y tú, linda. ¿Vas hacer algo ahora?

—¿Sabes que eso podría ser considerado acoso laboral? —le interrumpió Rydeen, Ángelo se encogió de hombros y fingió inocencia.

—Fue una sesión bastante larga —se defendió—. Únicamente quiero que nos distraigamos un rato después de tan largo trabajo.

—Qué cínico eres.

—Oye, ya que estás acá, te comento que llevaré a Ikki conmigo a la boda.

—¿Cambiaste tus gustos? —preguntó con malicia—. Conny ya no te soporta y ahora decidiste caerle a tu colega.

—¡No, idiota! —contestó molesto, pero no era por el comentario su incomodidad—. Pero la loca de Marín quiere todo perfecto y fotos de todos los invitados. Yo solo no daré abasto con todo. Le propuse a Ikki ir con nosotros, su trabajo es tan bueno como el mío. Y pienso que podría tener a Seiya distraído para que pases una bella velada con tu linda novia. ¿Ves? Yo pienso en todo.

Rydeen observó rápidamente la habitación donde Ikki estaba organizando la escena dando instrucciones a los modelos, como indicaba Ángelo el trabajo de aquel hombre era igual o incluso mejor que el del italiano debido a que había un nivel de profesionalismo y rectitud marcado en el otro, pero tener a Seiya e Ikki compartiendo el mismo espacio sólo era una alerta de peligro, aunque los dos jóvenes de la misma nacionalidad parecían llevarse bien, en algunas ocasiones sus diferencias eran una bomba a punto de explotar.

—Tampoco es como si pudiera oponerme —dijo finalmente el peliceleste en un suspiro—. Recibí tu mensaje, ¿de qué quieres hablar? La reunión estuvo bastante larga o hubiera venido antes.

—¿Cómo estuvo?

—Bien, pero no quiero hablar más de eso. ¿Qué pasa?

Ángelo dejó salir el aire de sus pulmones, y le indicó a Ikki iniciar con la nueva sesión en lo que él jalaba a Rydeen a un rincón de la sala para tener mayor privacidad.

—Estoy empezando a preocuparme, amigo —indicó el sueco al ver al otro tan impaciente y casi sombrío.

—Conny terminó conmigo —soltó rápidamente mirando sobre su hombro.

—¿Qué hiciste?

—Bueno, digamos que le fui… un poco infiel.

—¿Un poco infiel? —inquirió levantando una ceja, él conocía de primera mano las andanzas de su amigo—. Le haces una prueba de calidad a cada modelo que pone un pie en esta revista. Es la razón por la que el comité está pidiendo tu cabeza, y ahora que Ikki ha demostrado mayor profesionalismos, pues…

—Oye, un problema a la vez —pidió con descaro—. Además, ¿de dónde sacan lo de las modelos? Sí, tal vez me involucré de forma intima con una.

—Con dos…

—Bueno con dos, pero una fue hace como cuatro años y trabajó dos días aquí. Tampoco es para que digan que no soy profesional. ¿Y cómo se enteró el comité de eso?

Rydeen se rascó la cabeza al notar que había hablado de más, eso era algo que debían charlar con más calma.

—Alguien de tu equipo te acusó.

—¡Qué malditos! ¿Quién fue?

—Hizo la acusación anónimamente —contestó levantando los hombros—. A través de la línea de transparencia. Pudo haber sido una de tus amantes o alguien a quien no le prestaste atención. Yo que sé. Tal vez fue uno de tus ayudantes. Parece que tienes el don de hacer enemigos a donde quiera que vayas.

—¡Maldita sea!

—De acuerdo, pero como dijiste, un problema a la vez. ¿Qué pasó con Conny? Hasta donde sé, nunca se enteró de esas aventuras. ¿Qué le hiciste? No me digas que alguien te acusó con ella también, ¿fue eso?

—Si me dejaras hablar sería más sencillo para mí explicarme —comentó cruzando los brazos, en lo que el otro hacía una promesa de guardar silencio—. Ella me descubrió con otra… —Rydeen quiso decir algo pero se contuvo—. Fue de la forma más humillante. Justo en el acto, sin justificación, en nuestra cama. Sacó a la chica desnuda a la calle y botó todas mis cosas por la ventana, mientras me recordó a mi madre, a mi abuela, tatarabuela y maldijo a toda mi descendencia. Jamás en los tres años que llevo con ella la había visto tan molesta. Ni siquiera se puso así el día que me emborraché y olvidé el cumpleaños de su madre. La verdad temí por mi vida en ese momento. Conny es peligrosa, amigo.

—Te sacaste la lotería con ella. Conny es una mujer hermosa, además de talentosa e inteligente. No sé que vio en ti.

—Gracias, eso es lo que necesitaba para sentirme mejor —comentó con sarcasmo—. Amigo, en este momento lo que menos necesito son reprimendas.

—¿Qué necesitas?

—¿Puedo quedarme un par de días en tu casa? Será por un pequeño tiempo, en lo que encuentro donde quedarme. Conny no me quiere ver ni en fotografías.

—¿Qué van a hacer con el apartamento? ¿Van a vender? ¿Se lo dejarás a ella? Aun no se han casado, ¿ella tiene derecho a todo por culpa del engaño?

—¿De qué hablas? —suspiró abrumado—. Ese es otro problema que después atenderé, por ahora, ¿puedo quedarme en tu apartamento?

—Claro que sí, pero trata de no engañarme —bromeó en lo que le otro fruncía el ceño.

—No es gracioso —bufó molesto—. Ay, amigo, de verdad lamento todo esto. Jamás me imaginé perder a Conny. La perdí para siempre.

—¿Pero en que estabas pensando? Si la quieres, ¿por qué la engañaste?

—Porque soy un completo imbécil que piensa más con la cabeza de abajo.

—No está todo perdido —consoló haciendo que Ángelo levantara una ceja de incredulidad—. Oye, no me sorprendería que ella te aceptara nuevamente, hay algo malo en ti, pero a ella le gusta. Sólo intenta arreglar las cosas.

—No es tan fácil.

—Claro que no es fácil, y con esa actitud mucho menos lo será. Sí de verdad la quieres, intenta hacer las paces con ella.

—Será un largo camino. Ella no quiere verme, pero vive en mi casa. Sé que también es su casa, pero esa sigue siendo mi casa. Iré a buscarla esta noche, tal vez logré algo.

—Procura no morir en el intento —comentó socarronamente—. ¿Te dejo las llaves del apartamento? Tengo una invitación a cenar con Seika y llegaré tarde.

—¿Si llegarás? —preguntó con picardía.

—Sí —contestó cabizbajo—. Iré a su casa y mientras esté esa cosa a la que ella llama hermano, no podemos quedarnos juntos en ese lugar. Por eso ella siempre va a mi apartamento, pero como se le ocurrió la maravillosa idea de que Seiya y yo conviviéramos más, pues… ya sabes.

—Suerte con eso.

—Suerte con Conny —dijo divertido en lo que el otro hacía un gesto de dolor—. Toma las llaves, tengo que organizar varias cosas antes de salir a verme con Seika.

Rydeen abandonó el estudio intranquilo, imaginó que al llegar con Ángelo este lo haría reír como en tiempos pasados y le ayudaría a olvidar los malos ratos, nunca pensó que el pobre italiano tuviera problemas mucho peores que los de él y aunque Conny podía ser una mujer complicada, Ángelo no le había dejado la tarea sencilla a la británica, quien muchas veces le pasó por alto varias faltas menores. Algún día se le tenía que acabar la suerte a su amigo, y esperaba que ahora, un poco de esa buena suerte de la que siempre gozaba Ángelo se transfiriera a él para que mejoraran las cosas con Seika y con el insoportable de Seiya.

La noche llegó más rápido de lo que él hubiese deseado y con poco entusiasmo se escurrió por las calles londinenses hasta su destino. En una pequeña casa de varias ventanas Rydeen observó a través del cristal a la bella Seika con su hermoso cabello rojo preparando la cena. Ella era delicada en cada detalle, precisa y en todo imprimía mucho amor. Era una mujer maravillosa de impresionante paciencia, y debía serlo, no solo por su hermano menor, sino por su propia labor, la japonesa era maestra de un jardín infantil.

Rydeen se acomodó en su asiento antes de atreverse a bajar del auto, se miró en el espejo y con un suspiro se encaminó hasta la puerta, allí titubeó un par de segundos y con gesto delicado tocó el timbre que sonó sutilmente en el interior, donde después de unos segundos Seika apareció con una bella sonrisa y un agradable gesto.

—Hola —saludó ella rodeándolo con los brazos para luego darle un suave beso—. Te estaba esperando con ansias. Pasa.

—¿Tu hermano no está? —preguntó él al adentrarse a la sala donde Seiya brillaba por su ausencia y Rydeen no pudo evitar sonreír.

—Está en su cuarto, en un minuto bajará.

—Que bueno —dijo tratando de poner su mejor sonrisa.

—¿Me esperas? Aún me faltan algunas cosas. En cinco minutos estará la cena. —Seika se marchó con una sonrisa, y por el camino llamó a su hermano desde la escalera.

Rydeen esperó a que Seiya fuera a serle compañía, pero las cosas no resultaron de esa manera, cuando el japonés bajó hizo un gesto de desagrado y se marchó a la cocina.

—¿De verdad quieres hacer esto? —preguntó Seiya a su hermana. Seika por su parte levantó la mirada para cerciorarse que Rydeen no los escuchara.

—Por favor, sé amable con él —pidió dulcemente ella.

—Ese tipo no te merece hermana —acotó tomando una manzana de la mesa de centro y aunque Seika hizo un gesto de que bajará la voz, Seiya la ignoró completamente.

—No entiendo cuál es tu problema.

—Su amigo Ángelo se la pasa coqueteándole a las chicas de la revista. Es desagradable.

—Sí —recalcó Seika sacando una bandeja del horno—. Es Ángelo de quien hablas. Rydeen no tiene nada que ver en eso.

—¿De verdad crees eso? Te aseguro que tu noviecito es igual, simplemente, maneja un bajo perfil, pero sé que también es igual. Apuesto lo que sea.

—Rydeen es decente —aclaró ella con gesto agotado y mirando a su hermano a los ojos para dar fin a la discusión, pero eso era imposible con Seiya.

—¿Cómo lo sabes?

—¡Suficiente! —cortó—. Soy una mujer adulta, y puedo tomar mis propias decisiones sin que me estés cuestionando. Nadie debe cuestionarme. No quiero tu opinión y no me interesa tampoco. Simplemente, quiero que te comportes como un adulto y seas amable con Rydeen o tendré que pedirte que te marches.

—¿Prefieres a ese imbécil más que a mí? —preguntó en voz alta, Seika se estremeció y volvió a mirar sobre su hombro asegurándose de que Rydeen no estuviera cerca.

—No voy a escoger entre ninguno de los dos si así lo desean —dijo ella apretando los dientes—. Prefiero quedarme sola a tener que aguantar sus pataletas. Rydeen ha hecho lo posible por llevarse bien contigo demostrando que es capaz de hacer cualquier cosa por mí, tanto así que te soporta todos los días en la revista, y eso es un gran trabajo porque eres imposible. Lo único que te pido, es que por lo menos, una noche, una noche, Seiya, te comportes como el hombre adulto y maduro que deberías ser a tu edad.

A pesar de la obstinación Seiya sabía que su hermana tenía razón, ella era una mujer madura y responsable, él no tenía nada que cuidarle, pero no lograba crear una confianza por el sueco.

—Como quieras —aceptó derrotado Seiya haciendo un gesto exagerado—. Voy a esperar en el comedor.

Seika suspiró intranquila, Seiya podía ser bastante terco y celoso, Rydeen no era el primer novio al que él no aprobaba, a todos siempre les encontraba algún pero y aunque ella lograba ignorar sus quejas, en esta ocasión le estaba afectando bastante que Rydeen y Seiya no se llevaran bien. Se estremeció triste, amaba mucho a ese par de hombres y no soportaba verlos siendo obstinados el uno con el otro, sin embargo, prefirió no darle más vueltas al asunto, la cena estaba lista y Seiya amablemente había puesto la mesa, por lo que ella le pidió a Rydeen acompañarlos.

—Seiya, ¿cómo has estado? —preguntó el sueco cortésmente tomando asiento.

—Bien, jefe, ¿y usted?

—Bien. Gracias —contestó el peliceleste aunque él y Seika no pasaron por alto las palabras sarcásticas del otro.

Durante la cena Seika se esmeró por mantener la conversación al margen, pero con toda la paciencia que la caracterizaba se había visto obligada a reprender a su hermano en diversas ocasiones. La cena terminó con rapidez, todos se habían propuesto acabar cuanto antes los alimentos como si hubieran estado en una maratón y todo con tal de no seguir compartiendo el mismo espacio. Después de unos minutos Rydeen había preferido despedirse y seguir su camino.

—Gracias por la cena. Eres una cocinera experta.

—¿Seguro no quieres quedarte? —preguntó Seika en lo que lo acompañaba a la puerta—. ¿Al menos unos minutos más?

—Dudo mucho que tu hermanito nos deje en paz —comentó él—. De verdad estoy intentando hacer bien las cosas, pero Seiya es una pesadilla. Ni todos los dioses juntos podrían acabar con él.

—Deberías aumentarle el sueldo —sugirió en broma—. Así tendrá el dinero suficiente para largarse de aquí.

—O tal vez debería buscarle una novia —dijo atrayendo a la chica para besarla—. Así nos deja en paz, pero dudo que alguien lo soporte.

—Sus novias no suelen durarle mucho, es más sencillo aumentarle el sueldo.

—Si con eso lo espantamos, encantado de hacerlo.

—Ni con todo el oro del mundo lograré deshacerme de Seiya y menos si estás tú por ahí.

—Lo sé.

Rydeen y Seika se despidieron con un cálido beso, la noche había llegado a su punto más frío y el sueco se preguntó que estaría haciendo Ángelo en ese momento y si había logrado hablar con Conny y de haber sabido que no muy lejos de ahí Ángelo llevaba tres horas plantado enfrente de una puerta se habría reído como nunca. El pobre italiano era consciente que Conny no lo recibiría con los brazos abiertos, que de seguro le aventaría agua hirviendo a la cara antes de dejarlo hablar o pasar, pero tenía que intentarlo. Debía hacerlo.

Después de dar varias vueltas por el lugar se decidió a llamar a la puerta donde una bella rubia de brillantes ojos verdes se asomó con cara de pocos amigos, ella no dijo nada, simplemente, se recargó en el marco mirando fijamente a Ángelo que se sintió indefenso. Ella podía lograr mucho con una sola mirada, no por nada era una de las mejores accionistas en la bolsa de valores y aunque Ángelo al principio no la tuvo fácil para conquistarla, con mucho esfuerzo y dedicación había conseguido enamorarla y todo para echar el trabajo de años por la borda por no poder tener los pantalones bien puestos.

—¿Qué se te ofrece, Ángelo? —preguntó ella molesta al ver que él no se atrevía a hablar.

—Hola… vine… por unas cosas… que se me quedaron.

—Ya no hay nada tuyo aquí y lo poco que quedó lo tiré a la basura —prosiguió sin siquiera inmutarse.

—Eso no es cierto, Conny.

—Lo que tú dices tampoco es cierto. De hecho, creo que nada de lo que has dicho en toda tu vida es cierto. Ahora, ¿qué es lo que quieres?

—Bueno yo...

—Ah, ya sé. Vienes a explicarme cómo es que una joven inocente terminó desnuda sobre ti y en nuestra propia casa, ¿cierto? —sarcasmo, típico de Conny.

—No. Yo… quiero pedirte perdón...

—Claro. Te Perdono. Ahora lárgate —intentó cerrar la puerta, pero Ángelo se lo impidió—. Oye, no tengo tiempo para esto.

—Lamento mucho todo esto. Sé que soy un completo idiota y que merezco esto y mucho más, pero en serio te necesito. Haré todo lo que quieras, lo que me pidas, sólo pídelo.

—Lo que yo quiera —repitió con las manos en el mentón—. Ya sé. Empieza por irte al diablo. Me harías muy feliz

—Por favor, Conny. Qué tal si salimos a cenar —dijo con gran sonrisa.

—¿Qué? —preguntó molesta y confundida.

—O vamos a cine mañana. Sí, mejor cine. Te veo donde siempre a las ocho de la noche —finalizó alejándose por las escaleras.

—¡No voy a ir, Ángelo!

—No escucho —acotó mientras desaparecía por la calle.

Continuará…