jefa
Viernes, 7:30, estaba esperando en la estación al tren que la llevaba hasta la empresa, cuando vio a la chica del otro día correr como loca porque pensaba que perdía el tren.
-Buenos días- Dijo recuperando el aliento.
-Sumiré, ¿verdad?
Sumiré era una chica alta, muy mona con el pelo negro y largo teñido con reflejos morados. Lo llevaba recogido en una trenza caída y vestía con una falda morada plisada y una camisa atada al cuello con un lazo negro. Tenía en su mirada un halo de inocencia y parecía ser muy social.
-Sí, ¿vives por aquí cerca?
-A unos 10 minutos, al lado del supermercado
-Yo también vivo cerca del súper. Más bien donde el convini, justo al lado hay un bloque de apartamentos, ¿sabes cuál es?
De alguna manera se sentía aliviada al saber que tenía compañeros viviendo tan cerca de ella. Estuvieron hablando de cosas del barrio y quedaron en ir juntas a trabajar todas las mañanas. Por lo menos el camino a su despacho no lo haría sola, sino con una conocida.
Llegó al edificio y en el ascensor las dos nuevas amigas se separaron. Ella se bajó en la primera planta y cuando llegó a su despacho la secretaria le dijo que Ino le esperaría a las 8 en su despacho. Solo quedaban 5 minutos así que se sentó en su despacho con pose de estar haciendo algo, porque sabía que todos la mirarían y miró un momento unos papeles cualesquiera para tranquilizarse antes de ir a ningún lugar.
Llegó la hora, así que se levantó, tomó su Tablet y se fue al despacho de Ino. El despacho era bastante amplio, tenía una gran cristalera que daba a uno de los jardines interiores del edificio. Se podían ver algunas mesas y algunas sillas a modo de terraza, pero por las mañanas hacía todavía bastante frío y nadie las usaba. La mesa de la jefa era grande, negra y tenía una silla que parecía muy cómoda. Justo detrás de la silla había una pared con una gran estantería llena de archivos y un cuadro abstracto. Al otro lado de la mesa había dos sillas. Las paredes de ese despacho eran todas de vidrio por lo que se podía ver perfectamente el exterior, la diferencia con su despacho era que el cristal estaba tintado, así que desde fuera no se podía ver lo que pasaba dentro.
Llamó a la puerta y entró.
-Cierra la puerta, por favor.
Ino la esperaba con una pila de documentos en una esquina de su mesa.
-Buenos días, ¿me quería ver?
-Sí, tienes que revisar todos estos contratos. Necesitamos buscar un resquicio legal por el cual se puedan rescindir. Además, necesito que vuelvas a redactar este contrato. Es de una adquisición de una empresa, Naruto quiere cambiar las condiciones de compra, aquí tienes el borrador y en este otro documento los puntos que necesitamos cambiar.
-Pero esto es …
-Esto es nuestro trabajo. Lo necesito para antes de que te vayas.
-No sé cómo hacerlo, creí que estaba en la formación y que me explicarías estas cosas…
-No tengo tiempo de explicarte nada, además, si no sabes hacerlo ¿qué has aprendido en la universidad?
-Sí, pero es un proceso nuevo, no creo que tenga tiempo de hacerlo hoy todo sin ayuda…
-Sal más tarde, no comas, no sé. No es mi problema.
-Yo asumía…
-No asumas, no intuyas, no esperes nada de nadie aquí dentro. ¿Te crees que por tener una recomendación te mereces un trato especial? ¿Te crees que tienes algún privilegio que los que están ahí fuera no? Si te he recomendado para este puesto es porque creo que puedes hacerlo, te he visto desde que eras una niña asumir más responsabilidades de las que te correspondían y creí que podrías con ello. Pero si necesitas que venga mamá a explicarte cómo redactar un simple contrato, tengo a otras 20 chicas en la puerta esperando a tomar tu puesto. Ahora mira ahí fuera y dime qué ves…
-Gente trabajando
-¿Qué gente?
-Hay hombres, está también Mirai…
-Eso mismo. Este mundo es de hombres. Soy la única jefa de departamento en toda la empresa y como ves ahí fuera no somos más que unas pocas. Te van a desautorizar, van a pensar que te tienen que salvar, que no entiendes las cosas como ellos. Van a ignorar que eres mejor que ellos. Así que ahora mismo vas a ponerte las pilas y a dejar de esperar que nadie te regale nada, porque tendrás que luchar como la que más por mantener tu puesto. Ahora, coge tus documentos y lárgate de aquí. Los quiero todos para esta noche. El lunes tiene que leerlos el jefe y a lo largo de la semana que viene haremos los cambios pertinentes.
-Sí, señora- Tomó los papeles con absoluta dificultad y se dirigió hacia la puerta.
-Por cierto, el próximo jueves tenemos una vista previa. Uno de los chicos está trabajando en la documentación, posiblemente lo termine antes de la hora del almuerzo, le diré a Hana que te los acerque.
Hana resultó ser la secretaria. Una señora de unos 40 años con las puntas del pelo teñidas de rojo. Llevaba una camisa un poco ancha y una falda larga ajustada. Sonreía siempre y parecía muy tímida. Cuando salió del despacho de Ino, pudo ver cómo uno de los abogados del departamento estaba contándole algo, que ella parecía no importarle demasiado. Escuchaba con cierta apatía mientras tecleaba algo en el ordenador.
Entró en su despacho y empezó a trabajar en los miles de contratos que tenía que revisar. Encontrar un resquicio legal para rescindir un contrato no era tan fácil como pensaba, muchos de ellos estaban firmados con empresas internacionales y no se regían por la ley japonesa.
Sin que se diera cuenta llegó la hora de comer y el departamento se vació. Namida se acercó y, haciéndole una señal a través del cristal, le indicó que se iban a comer. Sarada rechazó con cara de pena, se dio cuenta en ese momento que esa situación sería más normal de lo que ella pensaba. Pasó más de una hora sin que se diera cuenta del paso del tiempo. No había llegado ni a la mitad de su trabajo cuando Hana entró en la sala.
-Hola. La reunión mensual va a empezar en 5 minutos. Además, Miyayima me ha dado la documentación para la vista previa del jueves.
-Hana, una cosa…¿tienes la programación de la semana que viene de Ino?
-Sí, aunque está susceptible a cambios…
-¿Me la podrías acercar antes de que te fueras?
-Claro
Terminó de leer el documento que tenía entre manos y se quitó por un momento las gafas para descansar la vista. Ya eran las dos y media de la tarde y empezaba a estar un poco cansada. Aunque por el miedo que le metió Ino en el cuerpo con esa bronca de primera hora, casi no notaba el cansancio. Salió fuera de su despacho donde todo el departamento había hecho un círculo alrededor de la jefa.
-Bueno y como ya sabéis, la señorita Uchiha está con nosotros así que ya no hace falta que os reviséis los contratos los unos a los otros. Además, es especialista en derecho internacional, así que cualquier duda que tengáis, podéis preguntarle directamente a ella- continuó hablando- Sé que este mes pasado ha sido muy duro, nos faltaba una persona, pero ahora vamos a poder recuperar nuestra rutina de trabajo habitual.
La reunión duró media hora, algunas personas hicieron preguntas sobre las rescisiones de contrato, la vista previa y las firmas de la semana que viene. Ino dijo algunas palabras más sobre nuevas leyes en cuanto propiedad intelectual y procesos de compraventa internacionales, se despidió, les deseó a todos un buen fin de semana y volvió a entrar en su despacho.
A Sarada esa reunión le había distraído por completo, así que decidió bajarse a la cafetería a por un café. Shikadai se acercó mientras esperaba al ascensor y se puso de pie junto a ella.
-¿Un día duro?
-Ni te lo imaginas.
-Si que me lo imagino, en cuanto Namida dijo que no podías venir me lo imaginé. ¿Te quedarás hasta tarde?
-Qué remedio.
-Yo también, es el trabajo del jefe.
-Pero yo no soy jefa.
-Todavía, parece que un día lo serás.
Cogieron un café para llevar cada uno y Shikadai insistió en que comiera algo, así que le pagó un sándwich de huevo. Se despidieron y Sarada se volvió a meter en el despacho. Siguió trabajando y a eso de las cinco y media de la tarde Ino se pasó por el despacho.
-¿Qué tal lo llevas?
-Bueno, creo que me quedan un par de horas más.
-No vas tan mal entonces. Cuando termines, déjalo en la mesa de la secretaría de dirección, ¿sabes cuál es?
-¿La de la última planta?
-La de la última planta. Hana ya se ha ido y a eso de las 8 de la tarde se cierra por completo el edificio, acuérdate no te vayas a quedar encerrada.
-Vale, gracias.
-Venga, disfruta de tu finde.
Se quedó completamente sola en todo el departamento. Se podía ver la luz de su despacho y la de otro que estaba al fondo. Posiblemente sería el de Shikadai. Volvió a sumergirse en la pila de documentos y a la hora de quedarse sola, Shikadai pasó a despedirse y le recordó que al día siguiente habían quedado. Tal y como le dijo a su jefa, terminó a las dos horas de terminar su jornada laboral. No estaba segura de que los últimos documentos tuvieran la calidad de los primeros, pero estaba agotada y ya no podía más. Salió del despacho y se dio cuenta en ese momento de que no había nadie más que ella en la planta, tuvo que apagar todas las luces y dirigirse a oscuras hacia el ascensor. Quedaba menos de media hora para que cerraran el edificio y no parecía haber nadie.
Dejó los documentos en orden en la mesa de la secretaria de dirección, quien trabaja los sábados por la mañana. Y en el silencio de la noche escuchó a dos hombres hablar.
-Dime la verdad, Kakashi, ¿no crees que hay algo raro aquí?
-Bueno, tengo fe ciega en todo lo que Naruto decide, ha sido un buen presidente siempre y ha tomado las mejores decisiones para la empresa, no entiendo por qué ahora sería diferente.
-Además, es evidente que sus hijos quieren lo mejor de él- Habló un tercer hombre, que Sarada supuso que no era Kakashi.
-Eso es evidente – dijo Kakashi.
-Pero creo que estaría bien pedir una segunda opinión. – Habló de nuevo el primer hombre- No sé, ayuda externa.
-No queremos dar ningún paso en falso, si hay alguna señal alarmante, posiblemente la ayuda venga sola…De lo contrario, hay competencia ahí fuera que podría verlo como una señal de debilidad…
Sarada se estaba sintiendo totalmente indiscreta en ese momento, así que se alejó de la sala donde estaba escuchando esa conversación y se dirigió al ascensor para irse. Los hombres salieron de la sala apagando las luces y los cuatro se vieron. Se encontró con Shikamaru Nara, Kakashi Hatake y Konohamaru Sarutobi, los tres cargos más altos de la empresa.
-¿Te han tenido trabajando hasta tan tarde?- Preguntó el hombre de la mascarilla.
-Bueno, me he retrasado…
-No te disculpes- le dijo a Sarada y de pronto miró a sus otros interlocutores- no lleva ni una semana y ya la tenemos explotada. ¡Qué pensará de nosotros!- Para ser un señor tan mayor parecía bastante dramático.
-Esta Ino, a veces es muy bruta…-Dijo Shikamaru.
-Bueno, déjame compensarte, te acerco a tu casa.
-Pero vivo muy cerca de la estación…
-No hay excusas. -Así lo había sentenciado el hombre de pelo plateado y así fue. No le dio más opción.
En el coche de camino a su apartamento habló con Kakashi de su padre, le explicó que habían trabajado juntos justo cuando salió de la universidad. Que le apenaba que viviera tan lejos, pero agradecía que de alguna manera colaborasen de vez en cuando.
Llegó a casa muerta, no quiso comer nada. Cuando cogió su teléfono vio algo así como cien mensajes en el grupo de WhatsApp y creyó morir. En un mensaje privado Sumiré le explicó que habían quedado en su casa Chouchou, Namida y Wasabi para prepararse antes de quedar con el resto.
No terminó de leer el mensaje. Apenas sacó el futón y se quitó la ropa cayó rendida en el colchón y no se despertó hasta bien entrada la mañana siguiente, que le despertó el hambre.
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Algunas aclaraciones:
Convini es lo que los japoneses llaman al "Convinience store" son las típicas tiendas 24 horas que tienen un poco de todo.
En cuanto a la historia, podéis imaginar que hay una trama principal y otras subtramas que van pasando.
El próximo episodio será la fiesta en la que estarán todos y empezarán a pasar cosas interesantes.
Subiré el episodio el próximo fin de semana.
¡Hasta la próxima!
