Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.
14. Cuando Te Sientes Solo.
*Georg es el santo de la Cruz del Sur en Saintia Sho*
—... quiero ensayar un poco más. En estos meses la Hellenic Dance Company lanza su convocatoria y no quiero perderla por nada del mundo.
Juan le dió un par de palmadas en el hombro a su amigo y después se dió la vuelta, directo hacia uno de los salones que se ocupaban para ensayar, seguramente buscando uno que estuviera solo para tener mayor privacidad.
En cuanto lo vió irse, Georg asintió y levantó la mano en señal de despedida, a pesar de que su amigo ya no lo vió. Una vez solo, se dió la vuelta y comenzó a caminar rumbo a la estación del metro, para ir a su hogar.
Mientras caminaba, un viento frío lo hizo encogerse un poco. Ese día, sin aparente sentido o razón, se había despertado con una sensación melancólica en el pecho, como si algo le faltara, como si algo le oprimiera el pecho. No supo qué era esa sensación hasta que se encontró caminando hacia el metro: era soledad.
Simple y llana soledad.
Muy normal, pero desalentadora.
Georg continuó su camino sabiendo exactamente lo que le sucedía. Era uno de esos días, dónde parecía que estaba un poco más nublado, dónde todo parecía un poco más gris y el mundo parecía haberlo abandonado más a su suerte. Era uno de esos días donde simplemente se sentía solo, como si nadie en el mundo lo comprendiera, como si no existieran los demás.
Supuso que se debía a que pronto los estudios terminarían y sería hora de enfrentarse al aterrador futuro; sus amigos y compañeros ya lo estaban haciendo y él, a pesar de ser de los más talentosos, todavía no sabía cómo resolver esa parte de su vida, todavía no sabía qué siguiente paso dar.
El desconocimiento podía provocar soledad, no saber a dónde dirigirse, con quién, o cómo.
Georg suspiró por lo bajo, no le gustaba esa sensación, menos pensar en esas cosas, por eso, mientras se sentaba en un asiento libre del metro e iniciaba su viaje, le envió un mensaje a Juan preguntándole si se reunían la mañana siguiente, antes de los ensayos, para desayunar en alguna cafetería y pasar el tiempo.
No pensar en el desalentador futuro y su asfixiante soledad, esa era la mejor solución para ese momento.
