Los principales personajes quedan a Stephanie Meyer la historia es mía totalmente prohibida la reproducción total o parcial de la historia sin mi autorización


Capítulo 46

El sentido del pésame que odia al muerto.

¿Quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano? Albert Camus.

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—Llorar no traerá a mi padre de vuelta —Rosalie se limpió rápidamente los ojos al verse descubierta, pues estaba llorando. Isabella le alcanzó una caja de kleenex y luego suspiró audiblemente como si estuviera exhausta —. El sentido del pésame para muchos es la forma educada de decir que superes tu mierda. Hice lo que Hyõ me pidió; lo enterré y dejé los cigarrillos. No hubo un funeral o gente diciéndome algo que no quería oír, al menos nadie se acercó, dejándome guardar mi luto. No tenía un centavo para comprarle coñac pero sí me alcanzó para un vodka barato. Hice que alguien más lo comprara por mí y me emborraché por primera vez en mi vida con eso.

Cuando toque a la puerta de Jane vistiendo el abrigo viejo y roído de mi padre me estaba tambaleando. Jane no me reclamó; me dejó entrar a su casa y me dió una cama. Cuando desperté la habitación giró y mi cabeza martilleó pero eso no impidió escuchar a lo lejos voces que no reconocí en un principio.

Jane me tiró una caja en la cama, asustándome, sólo entonces noté que era la mañana siguiente a la muerte de Hyõ, a su funeral y cuando me levanté quise volver a acostarme. Aunque también quería vomitar y mi boca tenía un sabor amargo.

—Mierda —murmuré para mí misma. Era mi primera resaca pero el dolor sordo se había ido reemplazando por la incomodidad de lo que estaba pasando. Me sentía vacía, dolida y molesta. El luto, el dolor y la negación estaban allí como un maldito elefante rosa.

—Estabas demasiado borracha anoche.

—No fuiste a su entierro —le gruñí un poco y Jane bufó cruzándose de brazos.

—No me viste. A nadie creo. Había mucha gente allí, Isabella. Hyõ habría estado incómodo, pero feliz de ser celebrado.

Cuando la mire noté que estaba vestida de negro y se veía diferente, cansada quizás, desvelada por mucho. Con ojeras enormes que cubrían sus mejillas y una tristeza que se reflejaba en la mía.

—Lo siento —dijimos ambas al mismo tiempo. Jane me sonrió suavemente antes de palmearme el rostro.

—Hyõ dijo que vendrías a verme cuando él muriera. Es solo que tenía miedo de que Félix te encontrará. Tuve que poner a mi gente a protegerte. Entiendo que no notarás a nadie en el cementerio, creo que sí él no hubiese arreglado todo antes de irse yo no habría podido hacerlo. No pensé que fuera a enterrar a alguien más en mi vida. Creí que había pagado mi cuota de dolor con Harry —susurró en mi dirección mientras se limpiaba la nariz y luego la vi sacar un cigarrillo antes de continuar —. Cuando conocí a Hyõ él me enseñó que la vida era mucho más que una puta en una esquina y un mundo podrido del que puedes hablar muy poco. Porque te mueres. Porque hay personas crueles.

—Y porque nadie es tu amigo hasta que se beneficia de ti —continué yo y Jane sonrió hacia mí dándole una calada a su cigarro. Ni siquiera vi cuando lo encendió.

—Supongo que también te lo dijo —susurró sin duda y luego se giró y tomó una caja antes de girarse y ponerla en mis manos —. Incierta es la cabeza que lleva la corona. No sé qué mierda significa, pero él lo repitió siempre que me veía. Y me dijo que si un día él se iba al infierno tenía que decírtelo. Dijo que te dijera "No seas una estúpida razón para que me retuerza en mi tumba. Sé la maldita razón para que el mismísimo demonio te nombre su reina. Porque incierta es la cabeza del que lleva la corona. Y tu un día serás la maldita reina"

Jamás lloraba, las lágrimas no estaban en mi, pero ese día mientras tenía una maldita y maloliente caja en mis manos quería hacerlo. Jane se giró y antes de salir de la habitación volvió a mirarme.

—Quédate cuanto quieras, pero no te metas en mi mierda. Esta es mi maldita casa y aquí yo soy la reina. Cierra la maldita puerta con llave de noche y no odies a Hyõ. Jamás.

Asentí y la dejé irse. Muy poco sabía de lo cerca que ella estaría de morir.

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—¿Murió? —Rosalie la hizo salir de sus recuerdos y Isabella miró su reloj.

—La maldita seguro está sacándome el dedo desde el infierno. Se suicidó en una bañera si te preguntas cómo fue. No lo supe hasta después, es parte de la historia así que tendrás los detalles luego. Creo que debes descansar. Podemos seguir mañana.

—Quiero que sigamos si tú quieres hacerlo. ¿Qué tenía la caja?

—Un testamento. El testamento que me volvió la dueña de la corona aunque no lo entendí en un principio. Hyõ no era un hombre cualquiera que vivía en una caja de cartón. Hyõ fue uno de los fundadores de American Airlines. Él era el rey y por supuesto él me eligió para que yo fuera su sucesora y por tanto la reina. Esa caja tenía la llave para iniciar mi venganza. ¿Estás segura que quieres seguir? Hemos estado aquí todo el día.

Rosalie asintió antes de comer del sándwich que Grace le había llevado hace rato y beber del té que Isabella no notó. También había comida para ella que le hizo el estómago gruñir recordándole que era una humana.

Después de que ambas se hubiesen tomado un descanso necesario Isabella siguió con sus recuerdos.

—Tenía miedo. Por primera vez en mucho tiempo el significado del mañana me daba terror. Estaba encerrada en una casa con una caja que le había pertenecido a Hyõ y el estaba muerto. Abrir esa caja fue como destapar una alcantarilla. Esa es la descripción menos cliché del mundo aunque también podrías decir que fue como abrir la caja de Pandora. Secretos que no esperé encontrar estaban allí.

Su apellido tuvo sentido entonces, su pasado también, la forma de esconderse entre las sombras evitando llamar la atención. Me di cuenta de que él había pagado para que nadie lo encontrara y había escondido su fortuna de forma inteligente. Había una carta también. Estaba tan ávida de información que abrirla fue fácil. Sin embargo leerla fue un golpe duro que me hizo entender las cosas que me había dicho antes de morir. Lo odiaba pero no porque hubiese omitido decirme ciertas cosas. Lo odiaba porque había muerto. Hubiese dado lo que esa caja tenía a cambio de su vida. La carta decía

"No hay palabras para describir el aprecio que te tengo; eres mi hija y eso se irá al infierno conmigo. Tienes que ser fuerte y cuidar tu espalda porque esta vez no voy a volver de la tumba para hacerlo por mi mismo. Pero estaré en cada paso que des, siempre estaré allí. Capearé el temporal por ti Õjo

No pudiste elegir tu pasado pero puedes elegir tu futuro. Quiero que lo tengas todo porque yo no podía darte nada. Tenía que enseñarte a valorarlo primero. Eres y serás siempre, siempre mi mejor decisión. Ahora, si revisas la caja vas a encontrar un cuaderno con instrucciones. Memoriza cada palabra y luego quémalo. Nadie más debe leerlo.

Quiero que busques a Jason Jenks y le digas que yo te envié; quiero que le des el sobre amarillo y firmes los papeles que él te dará. Tengo veinticinco mil millones de dólares Isabella. Están en el banco y Jenks va a dartelos. Mis instrucciones son sencillas. Úsalos para construir tu imperio y enorgulléceme. Me lo merezco maldición.

Siempre me caracterice por conocer a lo que me estaba atando, te dije que vas a poder elegir tu futuro, pero también quiero que antes de que puedas hacerlo te encargues de Félix. Sé que puedes hacerlo. Sé que tienes en tus manos el poder de derrocarlo y luego quiero que seas feliz.

Hay diez planos que te servirán para empezar, usa tres. Y luego uno por año. El último será el Luminix. Usa tu inspiración y creá más aviones.

Tengo fe en ti. Usa lo que tienes para ser feliz. Y cuando tengas el edificio más grande de San Francisco ve por Edward. Ten varios hijos y diles mi nombre con respeto.

No llames a tus hijos como yo. Si un día quieres nombrar a uno por mi entonces llámalo Lionel.

E hija mía recuerda, tienes el poder de construir un futuro o destruirlo. Elige bien, elige siempre ser feliz. Nada me haría sentir más orgulloso que el que lo seas. Celebra mi vida Õjo, y deja de maldecir mi muerte.

Tu padre."

Isabella se detuvo un momento para beber su té sintiéndose cansada.

—¿Qué decía el manual? —preguntó Rosalie entonces llamando su atención

—El manual. El manual tenía mi nombre completó, el verdadero, también había informes de cosas que no sabía que se podían conseguir. Hyõ no solo había investigado quién era yo, estaban los nombres completos de los asesinos de mi madre. Nombre de personas que indirectamente me habían hecho daño cuando era niña. Hyõ tenía pruebas de que Charles era mi padre biológico y también el precio neto de su empresa. La forma de abrirme paso entre la gente de poder y ganarme su respeto o su miedo. También habían fechas exactas y la dirección de Amaya D'Angelo Russell. Él quería que la llamará.

—Suena abrumante.

Isabella asintió tomando en sus manos el teclado de su computadora para luego con un mando girar el monitor hacia Rosalie quien, impresionada, vio los planos que apenas pudo entender.

—Lo fue, supongo. Era una niña de casi diecinueve a punto de comprar una empresa que costaba millones de dólares Rosalie. Era un poco menos de la cantidad de lo que Hyõ me dio ese año. No me entregaron toda la herencia de golpe, sino que fue fraccionada y me dieron una cantidad inicial y luego el resto dividido en varios años. Eso no era lo apabullante, sin embargo, también estaba el hecho de que iba a ver de frente al donador de esperma. Habían condiciones que venían con el dinero, tenía cosas que hacer que Hyõ me pidió en el mismo manual.

Hace unos meses el abogado me contactó y me dio lo que quedaba de la herencia de Hyõ y es con ese dinero con el que estoy construyendo el Luminix. Es por eso que ese avión no tiene un presupuesto. Porque ese avión es el avión que Hyõ y yo creamos juntos.

El abogado de Hyõ fue un hombre que le dió su empresa a su hijo en herencia y esta estaba quebrando por el mal manejo así que la compré. Porque él no se negó a ayudarme cuando necesite que lo hiciera, me ayudó a entender de contratos, de términos legales y lagunas que podrían deshacer un contrató. Y es por eso que compré una firma de abogados en quiebra.

Volviendo a la historia. Contacté a Jason Jenks cómo Hyõ me lo pidió. Seguí sus instrucciones para obtener el dinero que me había dejado, fue fácil para mí obtener la herencia ya que todos los papeles estaban en el sobre amarillo.

Conocí al donador de esperma después de cumplir diecinueve. Meses después de la muerte de mi padre. Era el primer paso adelante.

Lo vi saliendo de una camioneta negra lujosa. Era un hombre imponente, sin duda; alto, atractivo, llamativo a la vista. Tengo sus ojos supongo. Tenía dinero que solo quería ocupar para una cosa. Extrañaba a mi padre con cada fibra de mi ser, pero no podía quedarme en casa de Jane escondida para siempre.

Llevaba horas de pie frente a la empresa solo mirando lo enorme que era el edificio. Estaba de pie allí mirando hacia arriba intentando no lucir como una loca estúpida pensando en que quizás el dinero que tenía no iba a alcanzarme para algo tan grande, no sabia que hoy en día esa empresa me parecería pequeña.

Él vestía un traje que parecía valer más que lo que yo ganaba con Hyõ recogiendo basura o limpiando baños o más de lo que cualquiera estaría dispuesto a pagar por la tela. Llevaba un anillo que brillaba en su mano, un anillo de matrimonio a pesar de que sabía que él no estaba casado. Tenía amantes, mujeres a las que les quitaba el respeto aunque les era honesto, él no les daba amor. Estaba arreglándose el saco mientras se bajaba. Recuerdo que sus zapatos brillaban y los míos estaban rotos ya que no había tocado un centavo de la herencia a pesar de que llevaba unas semanas con ella en mis manos por completo.

Había tantas diferencias entre lo que Hyõ había sido para mi y lo que este hombre, quien había dado el esperma para traerme al mundo, eran. Un abismo enorme de diferencias que nos hacían ajenos aunque compartieramos sangre. Éramos extraños.

Fue en noviembre. Estaba nevando y mi abrigó, el abrigo de Hyõ, era tan viejo que el frío que hacía se estaba colando entre los agujeros llegandome a los huesos.

Él se quedó estático al verme. Me había visto aunque estaba escondida en el callejón al lado de donde él había aparcado. En el momento en el que se bajó de la camioneta en la que estaba viajando sus ojos se fijaron en la escuálida chica que lo estaba viendo fijamente. Yo era una hormiga al lado de su edificio prístino.

Como si hubiese visto un fantasma su rostro se tornó ceniciento. Posiblemente lo hizo. Posiblemente vio a un maldito fantasma. Y es que en sus palabras yo me parecía a René demasiado, pero tenía sus ojos, sus simplones y absurdos ojos y su carácter del infierno. Charles estaba asustado. No sé qué se le pasó por la cabeza, pero nada bueno, eso seguro. Me tomó del brazo apartando a sus guardaespaldas cuando estos me notaron y me exigió en una pregunta

—¿Quién eres?

Recuerdo haberme soltado de su agarre, haberme reído en su cara de forma sarcástica queriendo ser cruel, recuerdo haberle dicho.

—¿Te asusta saber quién soy Charles? Porque en el fondo lo sabes y no pareces sorprendido de verme. Puedo asegurarte que no soy un maldito fantasma que volvió de la muerte, eso es seguro.

—No más de lo que a ti podría asustarte saber quien eres niña. ¿Qué quieres de mí? ¿Dinero? Te ves igual que tu maldita drogadicta madre. ¿Dónde mierda está Hyõ?

El hecho de que me preguntara por Hyõ me dió dolor de estómago. No le demostré nada y di dos pasos atrás, él me siguió por supuesto esperando una respuesta

No me tengas en un altar niña. Soy todo menos un Ángel. Un día vas a odiarme y estoy dispuesto a aceptarlo.

Recordé a Hyõ diciéndome que un día iba a odiarlo, él lo dejaba caer de repente cuando ambos éramos sentimentales, no lo entendía entonces, pero tampoco lo odiaba por ocultarme cosas. Eso no significaba que no estuviera molesta.

Las palabras de Charlie me habían herido. Habían calado directo en mi corazón. Porque yo sabía quién era y quién quería ser. Y él no sabía nada. No me conocía; se suponía que yo no era nadie según él.

Él había nombrado a Hyõ con naturalidad y eso solo significaba que ellos se habían conocido. Pero yo en ese momento no lo sabía. Y era estúpido creer que en el fondo un hombre como ese iba a emocionarse de verme.

Era su hija por amor a Dios. Él no tenía un corazón o sentimientos sin embargo. Pero era imposible no tener la vaga esperanza. La vida no te da lo quieres cuando estás listo. Antes te prepara y es vil; puede ser más que eso. Había sufrido tanto y tenía tanta sed de venganza que en ese momento solo necesitaba una llave que me abriría el infierno y liberaría todos mis demonios.

Llevaba escrito en una lista los nombres de aquellos a quienes le arrancaría la vida primero. Aquellos a quienes iba a hacer llorar de agonía, aquellos a quienes quería quitarles la piel.

Y lo necesitaba, necesitaba un nombre. ¿Qué respeto podría traerme solo llamarme Isabella Dwyer? Cuando todos escuchaban Swan y se cagan de miedo. No podía usar Cullen porque ese era mi sucio secreto. Y aunque Hyõ me había adoptado, usar su apellido me hacía sentir una aprovechada.

Me protegían en las calles. Me había ganado el respeto de todos a punta de sudor y sangre, pero no tenía lo suficiente para enfrentar a Felix. Así que ignoré las palabras del hombre que se pronunciaba mi padre mientras le decía

—Puedo serte de utilidad. Sé que estás quebrado y a punto de perderlo todo —se río en mi cara.

—¿Tú? —se carcajeó viéndome de menos sin dejar de reírse.

Él estaba quebrado, se había quedado sin absolutamente nada. Estaba a punto de ir a la cárcel así que saqué la caja que Hyõ me había dado y le dije moviendo mi barbilla al edificio

—Entremos.

—Te daré cinco minutos.

Me bastaron tres. Le ofrecí comprar la empresa con todo y las deudas. Él no se negó por supuesto y en cuanto el dinero estuvo en su cuenta se fue sin mirar atrás.

Y fue así como fundé Global High. De las fauces del infierno hasta el límite del cielo.

—¿Desapareció? ¿solo así?

—Él no quería tener una conexión conmigo. Lo entendí y tampoco me esforcé por hacer que fuéramos un padre y una hija. Así que fui feliz cuando se fue. Él no se merecía nada de mi parte.

Rosalie pareció sorprendida, pero aún así insistió

—¿No lo buscaste? Es tu padre. ¿Él no intentó buscarte?

—Jamás fui su hija. Mi padre se llamaba Akihiro Hyõ Alcock y lo conocí al cumplir doce años. Vivió conmigo hasta los dieciocho y le di un infierno de vida por demasiado tiempo. Lo odié por ocultarme cosas, pero el respeto que sentía por él era más fuerte que cualquier otro sentimiento. Así que me puse mis pantalones de niña grande y preferí quedarme con los buenos recuerdos.

—Por lo que me has contado de Hyõ él te amaba. No dudo eso. Como a su hija. Como a su sangre. La forma en la que te cuido. Te amaba —afirmó Rosalie. Isabella le quitó importancia.

—El amor es sinónimo de todo menos de felicidad. Amar a alguien implica todo menos ser feliz. Si amas estás destinado a sufrir y soportar. El amor es una fuente inagotable de penas que soportas con sonrisas vacías que carecen de lo que realmente significa felicidad.

—Eso suena masoquista. Por cómo hablas de Hyõ sé que él era un hombre único, bueno, y que te enseñó mucho.

—Quizás es que somos masoquistas ¿No lo crees? Siempre esperamos a ver si ese amor es correspondido y estamos dispuestos a sufrir por nada —Isabella le debatió.

—El amor no es solo nada Isabella. El mundo entero se mueve por amor. Día a día el ser humano se levanta de la cama por amor.

—No, el ser humano se levanta por hambre, porque es avaro, porque está buscando lucrarse de los tontos. Y porque siempre, siempre está buscando la felicidad en el placer. Es por eso que el ser humano se levanta a diario.

—No todo el mundo funciona de esa forma.

—No, no todo el mundo lo hace. Pero la mayoría sí, todos se transforman en nada más que eso. Unos meses después de convertirme en dueña de Global High me enteré que un hombre había llegado buscando a Charles hacía muchos años. Este era un hombre que fumaba como una chimenea. Él debía tener algo valioso para Charles ya que este accedió a verlo sin una cita previa. Sé qué Hyõ descubrió que estaba enfermo cuando yo cumplí trece años. El día en que lo descubrió él buscó a Charles y habló con él.

Tengo a tu hija

Hyõ no era estúpido y había investigado si yo tenía familia. Charles se riO de Hyõ burlándose abiertamente de él frente a muchas personas.

Yo no tengo una hija.

René Dwyer sí, ella tuvo una hija y es tuya.

Hyõ le enseñó las pruebas y le demostró que yo era su sangre, pero a Charles no le importó. Le lanzó los papeles en el rostro a Hyõ.

Ella no me interesa. ¿Quieres dinero? ¿Cuánto te costará borrarle del mapa?

Esas fueron las palabras de Charles así que Hyõ tomó los papeles y los guardó alejándose de un hombre tan egoísta como Charles y luego luchó contra el cáncer hasta que este hizo metástasis y no quedó esperanza. Antes de morir se encargó de todo y me dejó sus cosas.

—¿Dónde estaba Edward en ese momento?

—Aberdeen. Estaba estudiando, llevaba un año fuera. No podíamos comunicarnos de manera directa, ya que no tenía un teléfono, y bueno yo lo había obligado a irse lejos. Solo nos comunicábamos por carta y nunca le dije nada de lo que estaba ocurriendo. Él no podía estar cerca de mi sin Hyõ y con Félix reinando parte de San Francisco y si se lo hubiera dicho él no habría dudado en volver. Estaba jodida. Estoy jodida. Aunque quizás hoy mi mente no es tanto lo que era aquellos días.


Aquí tenemos un nuevo capítulo. Y menudo capítulo. Se va mostrando como Isabella se convirtió en quien es, empezando por comprar una empresa, la de su padre biológico. Pero todavía queda bastante de su conversión de esa niña llena de rabia a la mujer que es hoy en día (también con mucha rabia, lo de dentro no cambia).

Muchas gracias a todas aquellas personas que nos leen cada semana y para aquellas personas que dejan un comentario, super agradecidas. Los leemos todos con mucha atención y siempre queriendo aprender más.

Nos leemos en el próximo capítulo.

Un saludo