¡Hola a todas, buenas tardes! Aquí les remito un capítulo más. ¡Les envío un fuerte abrazo! ¡Bendiciones!

"UNA VISIÓN DE AMOR"

CAPÍTULO XXX

"¡Hijo! ¡Bienvenido a la familia!", el señor Brighton abrazaba a Archie en medio de la algarabía de abrazos que surgieron en la sala principal de la vecina mansión Brighton, esa noche, luego de que ambos muchachos anunciaran su petición de compromiso con las hijas de ambas familias. Pidiendo disculpas ambos muchachos por hacerlo tan de improviso.

"¡No hay nada por qué disculparse!", sonrió su anfitrión. "¿No es cierto, Edward?", se volvió a su ahora amigo O'Brien, quien asintió orgulloso junto a su esposa que en aquel momento felicitaba también a su querida hija Patty, junto a un sonriente Stear, ilusionándose la señora O'Brien por ver la belleza del zafiro que había recibido su hija como anillo de compromiso de parte del joven Cornwell. Stear se lo había entregado frente a sus padres, tras pedir el permiso al señor O'Brien, como si fuera la primera vez.

Annie también sonreía mostrando el suyo a su encantada madre. Un brillante oval espectacular, franqueado por dos pequeños rubíes, que constituía la joya entregada por Archie a la feliz prometida Brighton. Su apuesto futuro esposo ahora sonreía de verla tan feliz y parlanchina con todos por primera vez desde que la conocía, hablando de lo bello de su anillo.

Horas antes, aprovechando que ambos muchachos Cornwell llegaban por la tarde a la mansión Brighton, Archie convidó a su adorada damita a un breve paseo por el jardín nevado y, sentándose en una de las bancas de piedra recién despejada de nieve, en un arranque de decisión y valentía, hincándose, le expuso su corazón e imperecedera admiración por ella, solicitando la oportunidad de poder hacerla feliz por el resto de sus vidas, al pedirle convertirse en su esposa. Un emocionado "¡Sí!" fue la respuesta de parte de la abrigada y elegante pelinegra, y el joven Cornwell colocó sin dilación, en su delicada mano, el anillo que había comprado para ella, calzándole a la perfección en su dedo anular. Y aprovechando su soledad, Archibald Cornwell Andley pudo darle finalmente a la joven Brighton el primer y más inolvidable beso de su vida bajo los brillantes rayos del atardecer invernal. - Y también el beso más extenso de la vida de ambos, había que agregar. - Afortunadamente, los padres de la joven les habían perdido de vista al sentarse tras unos arbustos, ya que ellos habían estado espiando desde los altos ventanales de la casa, tras estar ambos avisados del importante suceso, al haber pedido Archie, en privado, en compañía de su hermano, el permiso del señor Brighton para pedir a Annie oficialmente su mano en matrimonio. -

Ya en la cena, que se convirtió de una de celebración especial para las tres familias, todos se encontraban a la mesa, cuando el señor Brighton se puso de pie…

"Hijos mío, ¡enhorabuena! Me alegra mucho que hayan decidido tomar este paso en sus vidas. Y no puedo sino alegrarme doblemente porque tan esperado suceso para nuestras familias aconteciera finalmente bajo nuestro techo," dijo orgulloso Michael Brighton, viendo a su bella esposa que le sonreía feliz asintiendo. "Tardó… ¡pero, felizmente, llegó finalmente el día para la consolidación de tan esperados matrimonios! ¡Bravo!", sonrió complacido, extrañando a ambos hermanos Cornwell por la escogencia de sus palabras al decirlo.

"Y tú, mi querida Annie, como te lo dije ya en el salón" continuó el feliz anfitrión, volviéndose hacia su hija que ahora se sentaba a la mesa junto a su prometido, "Te deseo toda la felicidad del mundo en esta nueva etapa de tu vida, porque te la mereces.", le dijo conmovido.

"¡Gracias, papá!", le dijo la pelinegra al borde de las lágrimas, mientras Archie sostenía su mano, sonriéndole enamorado.

El señor O'Brien se puso de pie entonces. "¿Me permites hablar también un momento, estimado Michael?"

"Por supuesto, Edward. Por favor.", le dijo señalándole caballeroso con la mano que tenía la palabra y se sentó nuevamente el señor Brighton en su lugar, a la cabeza de la elegante mesa, en aquel suntuoso, pero exquisitamente decorado comedor de su mansión en Vancouver.

"Concuerdo con Michael en que este es un día verdaderamente memorable para todos. Y por eso quería decirte, querida Patty", se volvió a su adorada hija única, ahora también sentada junto a un sonriente Stear a la mesa. "No sabes lo orgulloso y feliz que me siento por ti, pequeña. Siempre has sido mi mayor orgullo, y no puedo esperar a verte caminar de blanco, hacia el altar, llevándote de mi brazo, mi pequeña princesa, hacia tu felicidad."

"¡Papá…!", dijo la castaña de ojos tiernos - color avellana -, derramando unas lágrimas de emoción al escucharlo. Patty se puso de pie y fue hacia el otro lado de la mesa donde estaban sentados los padres, y lo abrazó conmovida. Todos aplaudieron felices a su alrededor. Y tras su abrazo, el señor O'Brien besó su frente y la joven regresó a su lugar junto a su ahora prometido, siendo su silla de nuevo colocada galantemente por Stear antes de volver a sentarse también junto a ella.

"Bien, estimado Alistear, espero estén dispuestos a considerar realizar su boda aquí en Canadá con nosotros", comentó el señor O'Brien, tomando asiento también, y colocando la servilleta blanca sobre su regazo.

Ese último comentario sorprendió a Archie.

"Por supuesto que sí, señor O'Brien.", dijo Stear sin chistear. Su hermano lo vio extrañado. "Con Patty esperábamos celebrar nuestra boda en octubre, y sería un honor realizarla en la Catedral de Santiago de Montreal, si a usted le parece."

"¡Excelente, hijo! Me alegra mucho escucharlo.", sonrió su futuro suegro con un gran sentido de triunfo. Elizabeth O'Brien sonrió emocionada a su lado también.

Archie no estaba muy convencido de que se comprometiera a hacerla allí, sin preguntar antes a su familia.

"Mañana que viajo comenzaré a realizar los arreglos entonces, y les enviaré las opciones tan pronto las tenga, para que ustedes dos escojan.", sonrió.

"Me parece muy bien, señor", dijo Stear sonriente y tranquilo, tomando la mano de su Patty, que lo miraba sorprendida pero feliz, ya que antes Stear había mencionado la catedral de Chicago para su boda. "Lo único que quiero es que mi querida Patty sea muy feliz, señores O'Brien.", dijo el apuesto joven de lentes, volviéndose a su sonrojada prometida.

"Stear…", sonrió la joven de lentes, perdiéndose en la mirada de su futuro esposo, mientras él elevaba su delicada mano a sus labios y besaba galante su dorso, haciendo sonreír complacidos a los señores O'Brien, junto a todos los demás en la mesa.

La tímida joven O'Brien jamás pensó que una felicidad así fuera posible. Sabía que existía, la había visto en Michigan al visitar a su amiga del alma Candy ya casada junto al hombre que amaba, pero hubo momentos en que tuvo temor de que jamás se realizara para ella con el joven que siempre había adorado desde sus días en el colegio. Y eso que solo lo había visto dos veces en aquel entonces, y desde lejos.

"¿Y ustedes qué planes tienen para su boda, Archibald?", preguntó entonces el señor Brighton a Archie, aprovechando que el señor O´Brien ya había tocado el tema. Los empleados habían comenzado a servir la cena de manera discreta a los elegantes comensales.

"Pues…", dijo viendo a su querida prometida junto a él. "Con Annie aún no hemos conversado al respecto, señor Brighton. Además, también tenemos que platicarlo con mi tío William por ser el Patriarca de la familia." Dijo haciendo énfasis en su cargo para que tomara nota su hermano. "Y con la tía abuela Elroy también. Ya que la boda del tío es prioridad este año, y debemos consultar la conveniencia de la siguiente actividad familiar mayor."

"Bien." Dijo el señor Brighton comprensivo.

"Querido Archibald," dijo entonces la señora Samantha, su futura suegra, con interés. "Ahora que te has mudado temporalmente a Canadá para administrar esta parte del consorcio en este país, ¿podemos tener la esperanza de que también consideren vivir y establecerse aquí cuando se casen?"

Archie y Annie cruzaron miradas, y Archie sonrió, "Pues… estimada señora Samantha, eso también tendremos que conversarlo más adelante, pero por lo pronto, creo que al menos los primeros años sí viviremos aquí, en la mansión Andley", concordó.

La señora se iluminó de escucharlo y asintió muy complacida, "Bien, ¡qué bien!", dijo, viendo a su hija que le sonreía igual de emocionada. Luego la elegante señora volvió su mirada azul a su esposo que tampoco cabía de la alegría de escucharlo. "Te lo dije…", le susurró feliz, y su esposo asintió.

"Bien, quiero proponer un brindis", dijo entonces el señor Brighton poniéndose de pie y tomando la copa de champagne que a todos ya se les había servido. "¡Por la felicidad de nuestras queridas hijas y sus futuros esposos, porque gocen de una vida plena y feliz en sus futuros matrimonios! ¡Salud!"

Todos se pusieron de pie y elevaron sus copas, "¡Salud!", dijeron al unísono, y todos bebieron felices, casi coordinados.

"¡Y porque pronto vengan muchos nietos!", dijo el señor O'Brien, brindando otra vez, ante la sorpresa de las jóvenes parejas y el atragantamiento de Stear.

"¡Salud!", dijeron sus padres con convicción sonriendo y viendo a los aludidos. Patty aún somataba con delicadeza la espalda de su prometido que brevemente se había atragantado.

Al ver el sonrojo de las dos jóvenes tras brindar, el señor O'Brien se explicó, "Lo siento, queridas. - Perdón, Stear -", dijo viendo al joven que ajustaba su corbata. "Es que mi madre me pidió que hiciera ese brindis en su nombre, porque no pudo venir", se disculpó.

Los padres y novios comenzaron a reír, ante la sonrisa apenada de Stear y las jóvenes prometidas.

Y la cena continuó, con una charla amena sobre las posibilidades en ambas festividades.

En un momento de muchas pláticas, discretamente Archie, sentado a la par de su hermano, se inclinó hacia su hermano fingiendo que secaba sus labios con su servilleta tras terminar su sopa. "¿Por qué dijiste que te casarías en Canadá? La tía abuela talvez no esté de acuerdo." Le dijo.

"Pues al menos una sorpresa quiero darle a la tía, ya que creo que lo de nuestras bodas ya es sorpresa a voces dentro de la familia.", le dijo un poco molesto.

Archie rió divertido. "Tienes razón, Stear…, pero, como con el tío William, creo que, al final, no me molesta en lo absoluto.", admitió, viendo enamorado a su prometida hablar ilusionada con su madre.

Stear siguió su mirada y sonrió, "Bueno, en eso sí tienes razón", dijo. "Y, fuera de bromas, eso sí hay que reconocer que como Matriarca, - ¡Qué ojo el que tiene la tía abuela! -", dijo con asombro. Y ambos hermanos comenzaron a reír divertidos.

"Qué bueno que estés tan feliz, Stear", dijo sonriente su linda prometida de anteojos y linda sonrisa junto a él.

El joven dejó de reír y la miro, "Lo estoy, Patty.", reconoció el joven. "Y es por ti.", le dijo tierno, maravillando a la joven, haciéndola contener la respiración al verle a los ojos.

Y así continuó la velada, ambas parejas no podían dejar de mirarse, trayendo a la mente de Stear un deja vu de sus recuerdos de ver así a su primo junto a su querida Candy meses atrás. Ahora lo comprendía completamente, porque a su Patty no la cambiaría por nada del mundo, y creía que jamás se cansaría de admirar su dulce belleza y timidez.

Luego de un rato, el tema cambió a los negocios de los dos orgullosos suegros, olvidando Stear y Archie de contestar por momentos en la conversación por estar viendo sonreír a sus amadas, envueltos en la burbuja de su propia fascinación y felicidad. El amor finalmente había llegado al corazón de los jóvenes Cornwell.

Días después, en Estados Unidos de América…

"¡William!", gritó Charlotte de pronto, al verlo bajar del vehículo en que llegaba a la mansión Andley de Chicago, donde ella y su padre, a petición de su prometido, se habían quedado durante la preparación de su vestido y ajuar desde el mes anterior.

La hermosa joven de cabellos castaños y ojos grises rompió el protocolo y bajó corriendo las gradas desde donde estaba aguardando junto a su padre y, al verla William, la joven saltó a sus brazos provocando la risa del rubio que la recibió encantado, dándole una vuelta en su abrazo y al bajarla, besando su frente con una tierna sonrisa.

"¡Querida Charlotte, estás preciosa!", le dijo, sin atreverse a besarla por la presencia de su futuro suegro en el descanso de las gradas.

"¡Te extrañé mucho, William!", le dijo Charlotte sincera y enamorada, anhelando también el contacto de sus añorados labios.

"Y yo a ti, querida", le dijo el joven patriarca sincero y con mirada enamorada también. Al él soltarla, se volvió a la presencia paterna que, bajando las gradas de ingreso, se aproximó a ellos.

"Bienvenido, William. Un gusto volverte a ver, muchacho.", le dijo Frederick Stewart, estrechando su mano.

"Buenas tardes, señor Stewart.", dijo William afable, con Charlotte ya discretamente parada junto a él. "Espero se hayan sentido cómodos en Chicago", dijo cortés.

"Nos hemos sentido muy a gusto, William. Gracias." El caballero de cabello oscuro y bigote gris sonrió. "Tienen una hermosa propiedad aquí y Charlotte ha estado muy ocupada en los preparativos con la ayuda del señor Johnson y la tía abuela vía telefónica como sabes. ¿Ella no vino?"

"No. Le ofrecí me acompañara a Chicago, pero prefiere estar cerca de Candy y de Anthony por lo pronto. Usted entenderá, por lo de su embarazo y la convalecencia de mi sobrino."

"Comprendo.", dijo el señor Stewart.

"Pero entremos todos.", convidó William, mientras saludaba cordial a la servidumbre que, formada en la entrada también, hacía la venia al dueño de la mansión y varios de ellos se apresuraban a descargar luego su equipaje del vehículo que había ido esa tarde a recogerlo a la estación de trenes.

Al entrar William Albert entregó su abrigo a una de las mucamas y siguió con ellos hasta la estancia. Tras disculparse una media hora para subir a refrescarse un momento y cambiarse de su traje de viaje, regresó al primer nivel y fue a encontrarse con ellos a la sala de té, al ser ya las cinco de la tarde.

"¿Te han tratado bien?", dijo el joven patriarca a su prometida al tomar asiento junto a ella en la pequeña y bien decorada y surtida mesa de seis en la sala.

"Muy bien, William. Gracias. Han sido muy atentos con ambos.", le sonrió la joven gentil.

"Me alegro." Le dijo William, tomando su mano y besando su dorso galantemente, ganándose una sonrisa más espléndida de sus delicados labios, casi hipnotizándolo. Quería mucho más que ese leve contacto con su amada, por supuesto, pero la presencia de su padre viéndolos le mantenía lamentablemente en línea. Tendría que idearse algo para darse a ambos la bienvenida que tanto deseaban, - y pronto -.

"William," dijo entonces Charlotte, "Me alegra que llegaras, amor." Le dijo. "Tenemos algo que contarte. Fíjate que unos familiares tuyos pasaron por aquí ayer pero como no estaba ninguno de la familia, prefirieron continuar su viaje hacia Lakewood y no pernoctar aquí." Le dijo algo apenada. "De hecho, se sorprendieron mucho de encontrarnos solos a mi papá y a mí aquí. Creo que no les agradó demasiado saber de nuestro compromiso.", le dijo algo apenada.

La expresión de William se volvió severa. "¿Quiénes eran?"

"Los hijos de la señora Legan. Neil y Elisa Legan tengo entendido. Y con mucha pena debo decirte que no son muy cordiales que digamos.", se atrevió a comentar el señor Stewart que aún estaba enfadado por el comportamiento tan poco educado de ambos jóvenes.

"Lamento escuchar que los incomodaran de tal manera, Frederick. Y pido formalmente una disculpa de parte de nuestra familia", dijo William educado, enfadado en demasía, pero tratando de no dejarlo notar demasiado ante sus visitas.

"¿Dijeron el motivo de su visita?", inquirió.

"Me parece que dijeron venían para celebrar el cumpleaños de la señora Elroy en marzo. Creyeron que estaba ella aquí, pero al ver que no, dijeron que irían Lakewood. Además, el poco tiempo que estuvieron aquí comentaron que aprovecharían para dar sus felicitaciones a Anthony por sus recientes nupcias, y ver cómo estaba tras su accidente. Intentaron hacernos decirles si habíamos asistido a la ceremonia de su boda, pero… solo les dijimos que no estábamos en el país cuando ellos se casaron, así que no les dijimos más."

William se molestó aún más.

"Se fueron antes de la cena." Concluyó Charlotte. "Dudo que se hayan ido directamente a la estación a esa hora, así que asumo que pasaron la noche en un hotel."

"Lo siento, amor", le dijo William estrechando su mano sobre la mesa. "Ellos son una parte lejana de la familia, una no muy agradable en realidad. Y así los habíamos mantenido durante los últimos seis años, con ellos viviendo en Escocia y estudiando allá, pero no comprendo por qué sus padres no me avisaron de este viaje. Sobre todo, con lo difícil que es el viaje desde Inglaterra ahora."

"No lo sé, William. Pero talvez deberías advertirle a Elroy." Comentó el señor Stewart. "Ella me hablaba antes de ellos, cuando eran pequeños, pero ahora… lo que vi y lo que ella me contaba entonces no concuerda para mí."

"Sí. Ellos siempre se han comportado de una manera especial con mi tía Elroy. Yo ya le expliqué su actitud, pero ella siempre tiende a sobre protegerlos. Ustedes entenderán. Son los hijos de su única hijastra por matrimonio."

Charlotte y su padre asintieron con seriedad, aunque no de acuerdo.

"La llamaré en unos momentos más para avisarle, pero cambiemos de tema." Sugirió. "Cuéntenme", dijo William sonriendo, "¿cómo les ha ido en Chicago con los preparativos? La tía abuela me ha dicho que ya apartaron la Catedral."

"¡Y déjame decirte que fue toda una aventura apartarla, William!", dijo sonriente su prometida, que contenta se embarcó la siguiente media hora, mientras tomaban el té, en poner al tanto a su prometido de todos los avances que tenían para ese feliz día de julio. Él la escuchaba y comentaba con verdadero interés, pero en el fondo de su mente no podía apartar completamente el enfado y la preocupación que la aparición de esos dos mantenidos le hacían sentir con su regreso. Y en especial - conociendo sus antecedentes -, los problemas que podían representar para su sobrino. Esa sería la primera llamada que haría en realidad.

La señora Elroy terminaba de bajar las gradas de la mansión en Lakewood, abrigada para salir de la mansión, cuando el mayordomo principal se encontró con ella al pie de las escaleras.

"Señora Andley", dijo el elegante empleado.

"¿Sí, Stephen?"

"Señora, tiene visitas."

Continuará…

¡Gracias por leer!

¡Gracias por sus comentarios al capítulo anterior, queridas Anguie, Sharick, Guest 1, Mayely león (Cuando puedas, amiga), Julie-Andley-00 y GeoMtzR (¡Me mataba de la risa con tu ejemplo! ¡Ji, ji, ji!)!, qué bueno que disfrutaron su lectura!

¡Un abrazo!

lemh2001

11 de febrero de 2024

P.D. 1: Desde ya, amigas, ¡Feliz Día del Cariño el 14 de febrero! ¡Que la pasen muy felices rodeadas de las personas que quieren! ¡Un gran abrazo!

P.D. 2: La historia se actualizará el jueves 15 de febrero.