ARE YOU IN THERE?
DISCLAIMER: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia es de mi autoría.
WARNING: Esta historia en cada one-shot contiene descripciones y menciones de actos de violencia sexual, física y psicológica, así como de temas delicados o detonantes para la salud mental a los que de ninguna manera se pretende faltar el respeto y son utilizados solo con fines creativos. Por favor, tomarlo en cuenta antes de leer.
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11
EL MENÚ DEL DEPREDADOR
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Con los años Sakura había llegado a darse cuenta de que Sasuke era un cliché andante, de principio a fin.
Empezando por su apariencia, su cabello negro, ojos afilados y oscuros, gran altura y porte elegante eran el estereotipo del hombre perfecto con el que la mayoría de chicas soñaba. Luego estaba su forma de ser: fría, misteriosa e imposible de descifrar. Tal y como los libros y películas románticas solían dictar que eran los amantes más apasionados. Y por si eso fuera poco además era rico y venia de una familia cuyo prestigio y éxito era el ideal a alcanzar para cualquiera con grandes metas.
Sin duda Sasuke Uchiha era como un personaje diseñado únicamente para cumplir con los clichés.
Lamentablemente, en la vida de Sakura se presentó como uno de los peores: el cliché del hermanastro que te odia y hace tu vida imposible.
Cuando tenía doce años la pequeña pelirrosa conoció a quienes serían sus hermanastros tras la boda entre su madre y el señor Uchiha y, aunque para otras niñas compartir hogar con un atractivo chico de su misma edad podía ser una fantasía hecha realidad, en cuanto notó la forma en que la miraba, Sakura no sintió otra cosa por él más que temor.
Al principio pensó que tal vez su hostilidad podría ser momentánea debido a que aún no aceptaba el nuevo matrimonio de sus padres y necesitaba tiempo para procesar que ahora eran familia, pero estuvo equivocada.
Sin importar cuánto tiempo hubiera pasado desde la boda y la mudanza, el chico nunca disimuló que la odiaba con toda su alma y deseaba que desapareciera junto con su madre, aunque ésta última, en su intento por no ganarse más la animadversión de su hijastro, decidió hacer ojos ciegos ante la evidente inseguridad que su nuevo hermano provocaba en la pelirrosa y oídos sordos a sus suplicas por salir de ese lugar.
Sakura sabía que iba sufrir muchísimo si vivía en esa casa y, para su mala suerte, en eso no equivocó.
Desde el día en que se conocieron, Sasuke la atemorizo y se esforzó por hacerla miserable. Ya fuera encerrándola en habitaciones al azar, golpeándola en lugares donde nadie podría notarlo, poniendo insectos o animales muertos entre sus cosas, haciendo maldades de las que terminaba echándole la culpa e insultándola con toda la crueldad posible cuando estaban a solas.
Para él, su misión de vida siempre fue ser el demonio que no podía ser extraído de su bolsillo.
El laberinto lleno de paredes con las que siempre se toparía y del que jamás podría salir.
Un perpetuo calvario del que no podría deshacerse de otra forma que no fuera huyendo de casa.
Esto último, de hecho, lo intentó cuando tenía trece años, pero que no consiguió lograrlo gracias Itachi, su hermanastro mayor. De todas las personas, la niña no se había esperado ser descubierta por él, ya que, al ser universitario, no solía visitarlos con frecuencia y, quizá, no hubiera sido un tropiezo muy relevante de no ser porque intentó indagar en sus razones para querer escapar.
Como pudo, Sakura lo había convencido de no cuestionarla y le rogó desesperadamente que lo olvidara pues Sasuke siempre tuvo unas cuantas reglas bien establecidas y desafiarlas podría significar perder su lengua:
Número 1. La obediencia podía significar un castigo menos duro y funcionaba también de manera inversa.
Número 2. Nadie debía enterarse de las cosas que pasaban entre ellos y si alguien estaba por descubrirlo, ella debía negar todo.
Y número 3, la más importante de todas: Si Itachi se daba cuenta de sus juegos, Sakura tendría un horrible y "accidental" final.
Para Sasuke, su hermano mayor era su persona favorita, su ser más querido y el hombre al que más respetaba en el mundo, así que era un asunto de vida o muerte el que nunca supiera lo capaz que era su hermanito de infringirle dolor físico, emocional y psicológico a alguien. Por eso Sakura siempre calló todo lo que estaba sufriendo, por más insoportable que se estuviera volviendo conforme los años pasaban.
Incluso guardó silencio y enterró dentro suyo todo su dolor cuando su hermanastro pasó a abusarla también de manera sexual.
"Recién me di cuenta que hay otras maneras de divertirnos, lamento haberte hecho esperar" fueron sus retorcidas palabras la primera vez que ocurrió.
Cada noche desde los quince años, la pelirrosa lloró en silencio por todo lo que Sasuke le hacía y la obligaba a hacer. La humillación de desnudarse frente a él y ser insultada por su menudo cuerpo, el ardor provocado por sus manos y su boca al marcarla con excesiva hambre, la indescriptible sensación de derrota cada que era penetrada en contra de su voluntad, el paralizante miedo que se apoderaba de ella cuando la obligaba a ducharse con él, y la gigantesca culpa que sentía por cómo su cuerpo reaccionaba. Todo era demasiado humillante y doloroso de siquiera pensar, así que jamás se atrevió a decirle nada a nadie.
El mero pensamiento de tener que contar cosas como lo que Sasuke la obligaba a hacerle con la boca era suficiente para hacerla querer enterrarse un cuchillo en las entrañas. Preferiría morir que confesar el horrible secreto que compartían.
Mas aun porque él siempre le advirtió que nadie le creería y que, si lo intentaba, buscaría la manera de atormentarla por el resto de sus días con total libertad, aun si tenía que hacer algo tan descabellado como convertirla en su esposa para lograrlo.
Cuando el abuso sexual comenzó, para su familia y su instituto fue aún más obvio que algo le pasaba. Siempre fue una chica tímida y callada, pero pasó a ser casi muda debido al miedo constante que tenía de dejar salir algo accidentalmente y tener que ser castigada.
Aunque nadie más que Sasuke sabia la verdad detrás de su comportamiento.
Así pues, las personas a su alrededor comenzaron a preocuparse en serio por ella y, un día como cualquier otro, finalmente le fue concedido un rayo de sol después de tantos años sumida en la oscuridad.
Su madre estuvo muy renuente al principio, pero hizo caso de la sorpresiva sugerencia de su esposo y aceptar a la pelirrosa a un colegio para señoritas al otro lado del país. Un sitio que a pesar de ser inhóspito y lúgubre fue donde Sakura pasó sus años más felices.
No importaba si tenía que estudiar todo el día, si las profesoras eran muy estrictas, que no pudiera salir de ahí ni siquiera en vacaciones o que sus visitas fueran casi inexistentes. Ella amaba ese lugar.
Incluso si estar ahí la hacía sentir como un ave que había cambiado una jaula por otra mejor.
Los tres años y medio que vivió alejada de su familia fueron, sin lugar a dudas, un paraíso que siempre deseó fuera interminable y que, de haber tenido más valor, se hubiera animado a abandonarlo solo en un ataúd.
—¿Estas emocionada? Todos en casa están ansiosos porque vuelvas — Itachi le dijo cuando fueron a recogerla el día en que su estadía en ese colegio debía terminar.
A su lado, Sasuke, a quien no había visto en años, estaba tan seco e indescifrable como siempre. No había pronunciado ni un saludo desde que llegaron y si de por si Sakura estaba temblando por su simple presencia, su actitud solo la hacía sentir peor.
Trató de no cruzar miradas con él e ignoró lo más posible el hecho de que sus vacíos ojos negros estaban clavados sobre ella, recorriendo sin vergüenza su cuerpo. No tenía puesto el recatado uniforme del colegio, pero las telas sueltas y largas que usaba la cubrían por completo. Algo que no evitó que la asaltara un miedo irracional a que de alguna manera pudiera ver a través de ellas.
—¿Pasa algo...? hermana? — de repente, Sasuke la cuestionó y escuchar su grave voz después de tanto tiempo tiro a la basura los grandes avances que Sakura había hecho al olvidarse de ella.
—Y-yo...
El sonido del teléfono de Itachi la interrumpió antes de que pudiera encontrar algo que decir y su hermanastro mayor se excusó para retirarse un momento y responder.
Dentro de lo que había sido su habitación desde que ingresó a ese instituto, solo quedaron la pelirrosa y el protagonista de todas y cada una de sus pesadillas.
—Es muy poco equipaje el que llevas — el chico manifestó mirando con suspicacia la pequeña valija de Sakura.
—Me voy con lo poco con lo que llegue — ella murmuró e intentó tomar sus cosas para salir al encuentro de Itachi, solo que Sasuke se interpuso en su camino rápidamente. Sus sentidos se alarmaron de inmediato y el conocido temblor de miedo que la recorría cuando estaba en su presencia, apareció —. Hermano, p-por favor... Déjame irme.
—Eso es exactamente a lo que vine ¿recuerdas? A ayudarte a marcharte de aquí. Aunque creo que tú más bien quieres quedarte — él se acercó amenazante como una serpiente al acecho y la arrinconó contra la pared.
Sus ojos recorrieron las hermosas facciones de su hermanastra y bebió de su imagen tan inocente y asustadiza como la recordaba. Sin importar los años y la lejanía, seguía siendo como una pequeña conejita a su merced.
No pensó que se sentiría tan cautivado por volverla a tener en frente luego de tanto tiempo separados, pero la fragilidad y fácil rendición que la chica siempre había demostrado eran como un afrodisíaco para él.
En la infancia, canalizar su enojo y resentimiento por la llegada de dos invasoras a su hogar había sido natural de descargar en Sakura para él. Cada que la veía triste, desesperada o asustada lo embargaba una absoluta sensación de justicia. Era como si cada lágrima derramada por su hermanastra fuera un pequeño abono a la deuda que sentía que tenían con él. Podía apostar a que si las hubiera recolectado desde que empezó a torturarla tendría un cuarto lleno de frascos con ellas.
Y aun así nunca tendría suficiente de hacerla miserable y mucho menos de hacerla suya.
El recuerdo de su dulce piel pálida, la delicadeza de sus curvas y el majestuoso agarre que cada uno de sus huecos ejercía sobre su pene aún persistía en su memoria. Nunca había podido olvidarse del delicioso aroma del sexo mezclado con la sangre y su miedo. Necesitaba volver a sentirlo lo antes posible, siendo más exactos, en ese instante.
—¿Por qué tiemblas? ¿Estas tan excitada como yo? — susurró en su oído y una sonrisa se abrió paso en sus labios cuando la escuchó sollozar débilmente. Casi se echa a reír de dicha cuando se dio cuenta de la forma en que tenía los ojos apretados y temblaba sobre manera. Justo como en los viejos tiempos —. Parece que me extrañaste.
—N-no, Sasuke... Aléjate por favor... — Sakura pidió con un hilo de voz y sus manos se colocaron en posición defensiva frente a su pecho.
Uno a uno los recuerdos de todo el suplicio sexual al que la había hecho someterse se agolparon en su mente y sentía que iba a colapsar en cualquier momento. Para su mala suerte, su miedo siempre había alimentado la lujuria de su hermanastro, así que, al verla tan desesperada, éste se apoderó de sus labios en un rápido movimiento.
Sus besos aún sabían a brutalidad y odio y su ímpetu al asaltarla solo aumentó cuando comenzaron a saborear las lágrimas de la chica en sus lenguas.
De repente, él se apartó y la tomó por las mejillas para que lo viera a los ojos y reconociera el deseo y la locura en ellos.
—Dios, no tienes una idea de lo mucho que he extrañado esto... Coger con putas no se compara a hacerlo contigo, hermanita.
Congelada por el miedo que la invadía cada que estaba por ser violada, Sakura no pudo hacer más que llorar cuando comenzó a sentir sus besos en su cuello y su rodilla colarse entre sus piernas.
Iba a suceder.
Sería su víctima una vez más.
Nunca podría escapar de ese monstruo por más que lo intentara.
Estaba condenada a sufrir ese calvario por el resto de su vida...
... ¿Verdad?
—Pensé que el tiempo podría hacerte cambiar, Sasuke — una voz interrumpió el acto y cuando el mencionado se dio la vuelta para encararla el alma se le cayó a los pies al ver a Itachi parado en la puerta, observándolo con el rostro sombrío y decepcionado —. Pero me equivoque al darte una oportunidad.
De inmediato se alejó de la pelirrosa, quien cayó al suelo, abrazándose si misma e incapaz de mantenerse en pie por el pánico. A grandes zancadas, su hermanastro mayor se acercó a ella y la levantó con suavidad para sentarla sobre la cama.
—Itachi... — ella murmuró azorada y sus hermosos ojos verdes lo vieron con suplica.
A través de esos orbes que había visto perder su brillo desde la tierna infancia, el hombre se dio cuenta de que se encontraba tan perdida y necesitada como antes.
Esta vez tenía que defenderla, como debió haberlo hecho desde un principio.
—Nii-san... — Sasuke lo llamó con voz insegura y al instante su hermano mayor se volteó en su dirección y lo tomó por el cabello detrás de las orejas en un agarre mortal, para acercarlo a centímetros de su rostro.
—Parece que mi idea de enviar aquí a Sakura no sirvió para que te olvidarás de ella y de tu perversa naturaleza — el Uchiha lo observó firmemente de una forma cien veces más aterradora de la que su hermano menor solía hacer con la pelirrosa y su efecto fue tan inmediato como notable.
Sasuke se congeló de la misma manera que su hermanastra hacía cuando se acercaba a ella.
Sasuke sintió el miedo apoderarse de cada centímetro de su ser cómo le pasaba a su víctima cada que la abusaba.
Sasuke deseó ser salvado por quien fuera igual que la chica siempre rogó mentalmente durante sus encuentros.
... Sasuke sintió que el infierno acababa de abrirse para él de la misma manera en que Sakura lo pensó el día que se conocieron.
—Lo lamento Sakura, otra vez te fallé como hermano mayor — Itachi cambió su mirada depredadora por una gentil y tranquilizadora para dedicársela a la joven que los observaba demasiado shockeada por finalmente haber sido rescatada —. Pero tranquila, está vez a quien me aseguraré de enviar a donde pertenece será a él. Tal y como debí haber hecho cuando descubrí el monstruo que era.
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NOTAS FINALES:
Amixes yo sé que algunos one-shots están más fuertes que otros, pero pues, otra vez, es repito que esa es la temática del Angstruary. Iría en contra del propósito de la serie si las cosas fueran más felices jajajaja.
Les prometo cosas más bonitas en otros fics. Recuerden que The Lord And The Lady Of The Building aún no está finalizado y que, contrario a esta compilación, allá es pura azúcar y felicidad. Espero volver a actualizar pronto, porfis les pido paciencia.
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Como sea, qué les pareció este one-shot? Lo sé, estuvo bastante duro y la verdad es que tengo otros ya escritos que lo son aún más jeje. Espero no se les esté haciendo demasiado difícil leer esta compilación y que a pesar de todo puedan seguirme acompañando hasta el final. En serio les agradezco a todos los que están comentando día con día y me han brindado su apoyo siempre. Los quiero muchísimo.
Nos leemos mañana! Bye!
