¡Hola!

¡Parkour! A partir de este domingo daremos un salto temporal y regresaremos al capítulo 12, esta vez de la ruta B. La ruta hacia el "buen final" consta de 4 capítulos y, como en la ocasión pasada, el número del capítulo irá seguido de la letra B para llevar un mejor orden.

Empecemos.

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 12.B: Lo que realmente siento

Dejó escapar un largo suspiro por enésima vez esa noche, permitiéndole a sus hombros caer, cansada de pensar. A esas alturas de la madrugada lo que definitivamente necesitaba su cuerpo era un buen descanso, un sueño reparador que le ayudara a funcionar correctamente durante el día y sacara a relucir su eficiencia, pero llevaba varios días sin dormir, sin saber qué hacer, y sin saber qué decir.

El té que reposaba en la taza frente a ella se había enfriado desde hace mucho, pero Nanoha ni se inmutó. Absorta en sus pensamientos, de manera inconsciente se llevó un par de dedos a los labios, tocándolos levemente con la punta de sus dedos. Ya habían pasado unos días, pero si cerraba sus ojos todavía podía recordar como se sentían los labios de Fate sobre los suyos, como si recién acabara de besarla.

No entendía cómo, después de tanto tiempo, Fate había podido encender esa chispa en ella que pensaba que ya había perdido. Ni siquiera Yuuno, su actual prometido, había logrado hacerle sentir esa explosión en sus adentros alguna vez.

Llevaba días intentando ignorar ese sentimiento que latía en su interior. Se esforzaba por mantener su fiable actitud profesional en el trabajo, e incluso en su cena con Yuuno el día anterior estaba segura de que logró no levantar sospechas gracias a las dotes de actriz que ni siquiera sabía que tenía. Pero, por las noches, en ese moderno apartamento que habitaba, ese sentimiento trepaba por su ser envolviéndola tan fuerte que cada vez se le hacía más difícil escaparse de él.

Después de ese beso, se sentía extrañamente viva.

Sabía que tenía todo el derecho de estar molesta con Fate. A esas alturas ni siquiera sabía lo que había pretendido la investigadora al robarle ese beso, y por qué había esperado tanto tiempo para hacerlo. La mujer podía incluso estar jugando con ella, pero eso no quitaba el hecho de que todo eso que se había guardado en el pecho luego de que se alejaran de la peor manera posible hubiese decidido revivir en ese instante.

Bueno, si era honesta con ella misma, había revivido desde hace mucho. La verdad, nunca se había muerto.

Años atrás, cuando decidió dejar de esperar por la indecisa rubia que juraba que no quería tener nada serio con ella, pero que la veía como si quisiera fundirse con ella cada vez que la miraba, estaba tan enojada que se prometió a sí misma que sepultaría ese amor de cualquier manera posible. Eso la llevó, tiempo después, a aceptar la propuesta de Yuuno para empezar a salir.

El hombre era algunos años mayor que ella, de buena familia y bastante agradable. No era necesariamente un galán de revista pero era fácil conversar con él, y solía ocuparse tanto en su trabajo que muchas veces pasaban días sin hablar, lo que le daba a Nanoha cierta libertad para enfocarse también en sus propios asuntos. Lo quería lo suficiente como para salir con él. Era un amigo maravilloso.

Cuando decidieron llevar una relación más formal pensó que con quererlo le bastaba.

Cuando empezó a trabajar en la TSAB y supo que Fate también trabajaba allí, tuvo sus dudas.

Pero la mujer, las poquísimas veces que se veían, solo le daba un escueto saludo y seguía con su camino. Cada intento casual de conversación con Fate era en vano. Parecía que la evitaba como la peste.

Así que había decidido ignorar nuevamente el cosquilleo de alegría que podía llegar a sentir al verla, y volver a centrar su atención en Yuuno.

Cuando el hombre le pidió matrimonio, nuevamente pensó que con quererlo le bastaba. Aceptó sin titubear. Algunas personas decían que lo mejor era casarse con alguien que querías, en vez de con alguien a quién amabas con locura, porque a veces el amor te llevaba a cometer errores. Era un método más tranquilo, más confiable. Como un experimento controlado.

Pero Fate, extrañamente, se convirtió en la variable desconocida. Cuando anteriormente la evitaba, por primera vez en mucho tiempo le estaba permitiendo acercarse. Ya no solo eran escuetos saludos, ahora eran frases, gestos y risas dedicadas solo a ella, como si la mujer de pronto hubiese decidido mostrarle otra parte de sí misma.

Aún con la semilla de la duda germinando en su interior enfocó nuevamente su atención en Yuuno. Se enfocó de nuevo en esa boda que estaba tan cerca. Tal vez solo estaba confundiendo la incipiente amistad que estaba desarrollando por Fate con una cosa distinta. No estaban en la misma sintonía.

Y después Fate la había besado, y aunque la apartó y quiso estar molesta esa bofetada le había dolido más a ella que a la mujer que la había mirado con esos tristísimos ojos borgoña.

Su voluntad férrea titubeaba. Ya no estaba tan segura de que con solo querer era suficiente. Después de que había recordado cómo se sentía amar, dudaba que querer le bastara.

Se sentía entre la espada y la pared. Su ágil mente había reducido sus opciones solo a dos.

Esta vez podía ignorar a Fate y alejarse completamente de ella, para seguir con la mente puesta en su futura boda. Así, se casaría con un buen partido que estaba segura le daría un hogar estable, cumpliría con las expectativas que los demás tenían sobre ella y, a la larga, tendría una vida pacífica. El querer le alcanzaría para eso seguramente.

O, por el contrario, podía enfrentar a Fate. Pedirle una explicación. Hablarlo. ¿Acaso realmente sentían lo mismo?. Si Fate le decía que sentía algo por ella ¿Sería capaz de dejarlo todo por amor?. Si le decía que no la quería seguramente la dejaría nuevamente con un vacío en su interior, como se había sentido años atrás.

Con Yuuno tendría una vida pacífica, pero con Fate… Si Fate realmente sentía algo por ella sería verdaderamente feliz.

¿Cuál sentía realmente que era la decisión correcta?

Lo peor de todo es que cualquier decisión que tomara lastimaría a alguien. Incluso podía terminar lastimándose a sí misma.

El tomar esa decisión le estaba costando tanto que, sin querer, la pilló la luz del alba colándose por el balcón de su hogar, y la alarma activándose en su teléfono celular le recordó que independientemente de cómo se sintiera ya venía siendo hora de que se empezara a alistar para irse al trabajo.

Luego de una larga ducha y todo el maquillaje que consideró necesario para mejorar su semblante creyó que estaba lo suficientemente preparada como para enfrentar un nuevo día laboral.

Horas después, al subir unos reportes a la oficina de la directora de la TSAB, Hayate se encargó de demostrarle que estaba equivocada.

- Nanoha, perdóname que te lo diga pero te ves fatal.

Pensaba que el trámite de entregarle esos reportes a Hayate sería corto, como usualmente lo era. A pesar de que llevaban años siendo muy buenas amigas solían evitar tocar temas triviales en el trabajo. Para conversar acerca de sus vidas solían preferir reunirse fuera del trabajo, preferentemente con una copa entremedio, así que sus visitas al despacho de su amiga solían ser bastante cortas.

Pero esta vez, al verla, Hayate le había pedido que se quedara unos minutos más, con la excusa de probar un té exquisito que había comprado días atrás. Ahora, con la taza llena del caliente líquido frente a ella y la mirada preocupada de su amiga acechándola, sabía que su petición había sido solo una excusa para interrogarla.

- ¿Qué te tiene tan mortificada? - preguntó Hayate, con genuino interés.

En esos momentos podía negarlo. Fingir que todo estaba bien con ella.

Pero estaba cansada de fingir. Así que tomó la decisión de ser honesta consigo misma, y no negarlo más.

- Es complicado - respondió.

- ¿Es acerca de la boda? - tanteó la castaña.

- Así es - afirmó Nanoha, aún intentando definir cómo explicar lo que sucedía.

- Es normal sentir nervios Nanoha - le indicó Hayate, con una sonrisa - Sé que los preparativos pueden ser un poco estresantes, pero es algo que…

- No sé si quiero casarme con Yuuno - la interrumpió

La información que le soltó Nanoha hizo que Hayate se quedara en silencio por unos segundos, intentando procesar esas palabras. Aún sorprendida, le dio algunos sorbos al contenido de su taza antes de preguntar.

- ¿Yuuno te hizo algo?

- No, no es culpa de Yuuno. La del problema soy yo.

La mirada penetrante de Hayate solo le indicaba que la mujer necesitaba más explicaciones, aunque le estaba dando un tiempo antes de preguntarle directamente.

Si ya se había atrevido a hablar, era muy tarde para echarse atrás.

- Estoy enamorada de otra persona - confesó Nanoha.

Por un momento Nanoha pensó que Hayate la juzgaría. Al contrario, unos pocos segundos después de haber escuchado su confesión la mujer que estaba frente a ella empezó a reírse con ganas.

- ¿No me vas a decir nada? - preguntó Nanoha, confundida.

- ¿Qué quieres que te diga? - replicó luego de unos segundos Hayate, recobrando su semblante - Uff lo que te puedo decir es que no me lo esperaba. Es decir, siempre has sido una persona tan responsable que se me hace difícil creer que eres capaz de echarte una cana al aire.

- ¡Hayate! - exclamó exasperada la cobriza - ¿Acaso eso no está mal?

- Ay por favor Nanoha, creo que ya estamos bastante grandecitas para ser tan puritanas. A veces las cosas pasan. Si estás dudando es por una razón ¿No? Sabiendo lo decidida que sueles ser no te creo capaz de dudar por las puras. Que pretendas engañarte a ti misma es otra cosa.

Aún tan avergonzada como se sentía, no podía negar que su amiga estaba usando una lógica bastante acertada en su planteamiento.

- Y bien - prosiguió Hayate - ¿Ya has hablado con esa otra persona del tema o no?

- No, aún no hemos hablado - admitió Nanoha, suspirando - Sucede que Fate es…

Al escucharse a sí misma pronunciar el nombre de Fate se sonrojó profundamente. Ella misma se había puesto en evidencia.

Rogó porque Hayate no la hubiese escuchado, pero al ver la expresión de su amiga, con la boca abierta en una alegre expresión de sorpresa, supo que estaba condenada

- Noooooo - empezó a decir Hayate.

- Hayate, por favor - pidió Nanoha, encogiéndose en su asiento.

- ¡No lo puedo creeeeeeer! - soltó Hayate, con un gritito - ¿Estamos hablando de la misma Fate? ¿Fate Testarossa, la compañera de Rein?

Con una mano intentando inútilmente tapar el enrojecimiento repentino de su cara, Nanoha asintió.

- Uff pero parece que te gustan los rubios, jajaja - comentó Hayate entre carcajadas.

- ¡Hayate! - la reprendió Nanoha - ¡Es un tema serio!

- Ya, perdón, se me salió - se excusó la mujer, acomodándose en su silla - Ahora, con seriedad, me pones en una encrucijada. Conozco el trabajo de Yuuno, y no te voy a negar que me cae bien. Es un buen tipo, algo blando para mi gusto, pero tiene su encanto. Ahora, a Fate la aprecio muchísimo. Es la mejor amiga de Rein, así que le tengo también un cariño especial. Ah, y, sobre todo, sé que Fate no es una persona que sea muy abierta con sus sentimientos.

- Eso es bastante cierto - murmuró Nanoha, pensativa.

- La tienes difícil.

Hayate hizo una pausa y, luego de darle algunos sorbos a su taza, continuó.

- No sé qué ha pasado entre ustedes dos pero, si quieres mi consejo, te sugeriría que intentes dejar los puntos claros con Fate antes de decidir qué harás. No es una decisión fácil - agregó - Y bueno, creo que a estas alturas sabes que alguien saldrá lastimado. Que eso no te impida tomar la decisión que te haga feliz.

- ¿Que me haga feliz? - preguntó confundida la cobriza.

- Claro Nanoha ¡Es tu vida! - exclamó Hayate, como si fuese la cosa más obvia del mundo - ¿O acaso pensabas tomar tu decisión en base a lo que los demás esperan de ti?

- No lo había visto de esa manera - contestó Nanoha, apenada.

- Se nota. Es más, si necesitas aclarar un poco más tus ideas ¿Puedes ir mañana a mi casa? - propuso la castaña - Estaré fuera todo el día haciendo algunas compras, pero Rein estará en casa. Creo que ella podría aclararte un poco más el enigma que Fate representa, para que tengas a la mano más información que te ayude a decidirte. Ah, y tómate el té, por favor - agregó - Está buenísimo.


Su mano temblaba ligeramente cuando presionó el timbre de la casa en donde vivían Hayate y Rein.

La imponente casa estaba emplazada en un exclusivo condominio en las afueras de la ciudad, convenientemente cerca del enorme complejo de la TSAB. Amplias zonas boscosas se extendían entre las casas, regalando un poco de privacidad a cada una de las casas que conformaban ese complejo habitacional. Una casa en esa zona costaba prácticamente un ojo de la cara, pero con los privilegios que tenía su amiga debido a su posición era algo que podía permitirse.

Nanoha se había girado levemente para observar el bonito jardín cuando la puerta de entrada se abrió, y Rein, ataviada en un cómodo conjunto deportivo, se asomó por el umbral de la puerta, mirándola sorprendida.

- ¡Hola Nanoha! - saludó Rein - Hayate salió hace un rato, pero seguramente debe de regresar pronto, así que mejor la esperas en la sala - informó, haciéndose a un lado para dejarla pasar.

- Hola Rein - saludó Nanoha, entrando a la residencia - La verdad no venía a hablar con Hayate. Quería hablar contigo.

La expresión de sorpresa en la mujer de cabellos plateados fue aún mayor. Intrigada, invitó a Nanoha a sentarse mientras se dirigía hacia la cocina.

- ¿Puedo ofrecerte algo de tomar? - preguntó Rein, desde el amplio espacio.

- Agua estaría bien - contestó Nanoha.

- Bien, vuelvo enseguida. Ahora, perdona que no pueda controlar mi curiosidad pero, ¿De qué querías hablar?

- Venía a hablar de Fate.

La mención de su amiga provocó un ataque de tos en Rein. Definitivamente no se lo esperaba. Pidiéndole a Nanoha que esperara unos minutos, se aventuró a la cocina para salir luego con dos copas y una botella de vino recién descorchada.

- Disculpa la hora - dijo Rein, extendiéndole una de las copas - Pero si vamos a hablar de Fate, y con esa cara que traes, me parece que vamos a necesitar algo más fuerte que el agua.

Con movimientos ágiles la mujer llenó ambas copas, colocando la botella en la mesa de centro y, luego de alzar su copa ligeramente, le dio un sorbo antes de hablar.

- Entonces, ¿Qué quieres saber? - inquirió la mujer de cabellos plateados.

Nanoha, que aún luchaba con sus sentimientos, se había quedado sin saber qué decir. ¿Qué podía decirle? ¿Que quería saber si Fate sentía algo por ella para saber si valía la pena hacer ese salto de fe?

Todo parecía ser tan complicado.

- Tú y Fate ¿Se conocen desde hace tiempo, cierto? - soltó Nanoha, aún sin saber muy bien cómo abordar el tema.

- Así es - respondió Rein - Somos compañeras de laboratorio desde hace años.

- Entonces ¿Se podría decir que son cercanas?

- Sí, considero que somos cercanas. Es una amiga muy querida.

- Y, ¿Alguna vez te ha hablado, no sé, de su etapa en la universidad?

- Nanoha - dijo seriamente Rein - Ve al grano. ¿Qué quieres saber?

Tomando una gran bocanada de aire, Nanoha reunió el valor necesario y habló.

- ¿Fate te ha hablado sobre mí? - preguntó, con voz temblorosa.

Rein le dio un par de tragos más a su copa antes de pasar una de sus manos por sus largos cabellos, con expresión cansada.

- ¿Qué hizo esa pendeja? - pidió saber Rein.

- Hace algunos días nos encontramos en la terraza y ella… Me besó - respondió Nanoha, sonrojándose al recordar lo que había sucedido.

El escueto relato de Nanoha hizo que Rein empezara a reírse. Entre todas las situaciones posibles, luego de haberle pedido durante tanto tiempo que intentara aclarar sus sentimientos con la cobriza, Rein nunca hubiese podido imaginarse que su amiga utilizaría el método más impulsivo y repentino para demostrar sus sentimientos.

Y, sin embargo, eso también parecía ser tan propio de ella.

- Eso explica muchas cosas - comentó Rein, con una sonrisa.

- ¿A qué te refieres? - consultó Nanoha, extrañada.

- Supongo que no le correspondiste ¿O me equivoco?

- Sí. Bueno, no. La verdad me tomó desprevenida, y creo que reaccioné de manera brusca. Es… Algo complicado.

- Entiendo. Lo que sucede es que Fate lleva días con una cara de tragedia que no se le quita con nada. - explicó Rein - Creo que ni siquiera ella se da cuenta de que pone esa cara. Hace algunos días tuvimos una pequeña pelea por diferencia de ideas. Aún tengo algo de orgullo así que estaba esperando a que se disculpara, pero cada vez que veía hacia su escritorio se veía tan agobiada que solo la dejaba ser. Por un momento pensé que se había tomado muy a pecho el asunto pero, con lo que me dices ahora, me da la impresión de que está así porque se le juntaron varias cosas a la vez.

- Yo, no sabía - murmuró apenada Nanoha - Esa no era mi intención.

- Nanoha, ¿Qué estás diciendo? - inquirió Rein - ¿No era tu intención?. Te recuerdo que vas a casarte.

Rein la miraba con interés, pero ella solo alcanzó a abrir la boca varias veces sin saber aún qué decir. Sí, eso era cierto, iba a casarse. Ese era el plan ¿O no?

Ya no estaba tan segura de querer hacerlo.

- Son tal para cuál - agregó Rein.

- ¿Cómo dices?

- Que ustedes dos son tal para cuál. - insistió - ¿Qué quieres saber? ¿Quieres saber si Fate sigue recordando lo que pasó entre ustedes dos? Porque si es eso creo que ya a estás alturas está más que confirmado que ella perdió la cabeza por ti. Y por lo que veo, tu todavía sientes algo por ella, si no no estuvieses tan confundida como estás ahora.

Ante la explosión de honestidad de Rein, Nanoha apuró el contenido de su copa y, dejándola a un lado, se pasó ambas manos por la cabeza, casi en señal de resignación.

- Mira, lamento haber sido tan brusca - se excusó Rein - Pero ustedes realmente tienen que aclarar su situación. Tú, sobre todo, tienes que decidir. Se supone que vas a casarte, y si realmente es lo que quieres hacer no puedes ir a alborotar los sentimientos de Fate, más aún cuando al fin se atrevió a demostrarte lo que sentía. Así que, considerando que la fecha de tu boda se acerca, más te vale decidir rápido.

Un suspiro de derrota se escapó de Nanoha. Ahora que Rein le estaba mostrando un pequeño camino de esperanza hacia Fate empezaba a sentirse aterrada.

¿Estaba realmente preparada para decidir?

Al ver su situación, Rein decidió ayudarla, poniéndole un plazo para que pudiera aclarar todo el torbellino que pasaba por su mente.

- Hagamos algo, Nanoha - sugirió Rein - Te daré el fin de semana para que pienses bien qué es lo que quieres hacer. El día lunes iré temprano al laboratorio pero, como tengo algunas cosas que revisar con Hayate, me ausentaré desde el mediodía. Fate a estas alturas no sale casi del laboratorio, así que si vas durante la tarde la encontrarás allí. Decide bien que harás y, si finalmente quieres hablar con ella, hazlo el lunes, no lo dejes para después. Eso sí - agregó - Si decides hablar con ella ya no habrá vuelta atrás, por lo que procura decidir qué es lo que quieres hacer antes de que sea demasiado tarde. Ahora ¿Te sirvo otra copa?

- Sí, por favor - pidió Nanoha, extendiendo su copa y aún más confundida que antes.


Nadaoriginal: Así es, creo que el final anterior dejó bastante implicito que esa Nanoha terminaría, de cierto modo, siguiendo los pasos de la misma Fate, muy probablemente terminando con el mismo resultado. Por eso decía que ese final bueno... ese final dolía bastante. Aún cuando lo pienso me duele, pero, lo importante es que ahora estamos en la ruta de la Nanoha que, probablemente, no le tema al éxito. Al menos, la confrontación con Fate parece inminente y, sobre todo, antes de que Fate cometa una locura. Espero que la aclaración de terminos entre esas dos el próximo domingo compense un poco el dolor jajaja. ¡Qué tengas una muy buena semana!

Gui: Irónicamente, en ese final Fate ya no participaba pero, a la vez, participaba tanto. Un ejemplo de como una persona, a pesar de estar ausente de manera física, puede seguir impactando, aún al pasar el tiempo, en esas personas con las que cruzó caminos. A veces, hasta en la tragedia se puede encontrar belleza (o quizá puede que sea bastante sentimental jajaja) Espero que esta ruta compense un poco el haberte roto el corazón! Qué tengas un excelente domingo.

¡Nos leemos pronto!