INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ.
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Un error agridulce
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Capítulo 3
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Desde que era niño siempre supo que sería abogado corporativo como su madre.
Nunca conoció a su padre y jamás lo necesitó. No cuando siempre vivió bajo la férula de una madre cuya ferocidad rivalizaba con cualquier ballena de Manhattan.
Ahora con treinta años cumplidos, estaba a punto de acceder a su más caro deseo y que era la de tomar la batuta de la firma que fundó la gran Kagura Donovan.
Bankotsu no la tuvo fácil, él no heredaba el puesto. Si bien su madre le pagó la carrera en Harvard, Bankotsu tuvo que trabajar en la firma desde que saliera del instituto como mensajero hasta llegar donde estaba ahora. La propia Kagura nunca le hubiera permitido ser socio de no cumplir aquel requisito. Consiguió los votos y ganó la directiva porque su trabajo era una marca para la firma ya que era el mejor estratega corporativo de Manhattan. Las compañías formaban fila para firmar con él.
Pero como el propio Bankotsu lo tenía claro, su respeto no se exigía. Se ganaba.
Así que él mismo seleccionaba quienes formarían parte de su inmensa cartera de clientes.
Vivía sólo en un piso enorme en Park Avenue muy cerca de donde se encontraba el edificio de Donovan Lawyers. Fácilmente podría ir caminando, pero él se rehusaba en sudar sus impecables trajes de diseñador.
Esa mañana escogió un traje oscuro de Versace, uno de sus relojes de colección y acomodó su impecable corbata.
Sonrió de lado cuando notó que le llegaba el mensaje donde el chofer le avisaba que ya estaba abajo.
Se miró una última vez en el espejo, muy satisfecho de sí mismo.
Un nuevo sonido de mensaje en el móvil.
Bankotsu se fijó e hizo una mueca de disgusto.
Era Kikyo Skadden.
El nuevo socio director de Donovan Lawyers era un soltero empedernido que no creía en la monogamia y sí se acostaba con Kikyo además de saciar sus instintos porque aquella mujer era bellísima, tenía una finalidad oculta perfectamente estudiada.
Skadden era el nombre de una firma mediana de Manhattan, actualmente liderado por Naraku Skadden quienes se especializaban en asesoramiento a compañías farmacéuticas. Recientemente con la pandemia las facturaciones se hicieron millonarias y eso no escapó del radar de Bankotsu.
Así que ideó el plan de seducir a la prima de Naraku, quien finalmente se decantó trabajar en Donovan antes de hacerlo en la firma que llevaba el apellido de su familia.
Kagura quizá no aprobaba la idea de fusionarse-o mejor dicho absorber a otras firmas legales-pero Bankotsu sí.
Deseaba el negocio farmacéutico y estaba seguro de poder absorber a Skadden cuando llegase el momento. Mientras tener a la prima cerca sería una buena señal a mostrar a los directorios de las compañías farmacéuticas.
Lo único inesperado es que Kikyo se había enamorado de él y aunque a Bankotsu no le parecía raro ya que se consideraba un hombre demasiado encantador, lo cierto es que no le gustaba lidiar con las consecuencias ya que jamás podría darle a Kikyo lo que buscaba.
A ella ni a ninguna otra mujer.
Cogió su móvil y lo guardó en el bolsillo.
Quería llegar temprano a la oficina para recibir las salutaciones y felicitaciones de todos.
Habia dejado orden que la oficina que fuera de Kagura ya estuviese lista para él, con el traslado de sus cosas. Y que cuando él llegase, la conserjería se encargase de colocar su nombre en el vidrio templado de las paredes de su oficina.
Bankotsu Donovan. Socio Director.
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Era el primer día de Bankotsu como socio director y eso había puesto a Inuyasha de peor humor que de costumbre.
Para un hombre de sus ambiciones, lo peor era olvidarse de cuestiones administrativas como los reportes de casos. Pero desde que aquella insignificante asistente comenzó a trabajar para él, su vida se vio bastante fácil.
Ella preparaba todos los reportes, planillas y hasta informes que debiera redactar él.
Ella los traía impresos y él los firmaba.
Igual el tiempo libre que tenía ahora le servía para atornillarse en la envidia y la rabia.
Su madrina Kagura le había pagado los estudios y le dio su primer trabajo en la firma como asociado así que entendía la estúpida analogía que hizo el otro día en el ascensor, se refería a que tanto ella como su hijo comenzaron desde cero en la firma a diferencia de él.
Apretó la lapicera de furia.
En eso suena el intercomunicador de la secretaria para avisarle que tenía una llamada del socio director como si no fuera suficiente el estar regodeándose en sus ideas.
—¿En qué puedo ayudarte, Bankotsu?
—Me agradas más ahora, Inuyasha —podía sentir hasta el tono de burla del otro del teléfono—. Ahora que finalmente sabes tú lugar.
—No esperarás que bese tu anillo ¿no? —replicó Inuyasha
—No necesito eso de ti, pero si quiero otra cosa de forma urgente porque creo que se te olvidó.
—¿De qué hablas?
—Hoy es la reunión con el conglomerado Spicy y no veo un informe de ellos sobre mi mesa. Son clientes de tu despacho…y no quisiera comenzar mal mi primer día de gestión por culpa de una mala racha de uno de los socios principales ¿no te parece?
Demonios.
Bankotsu colgó la llamada con una enorme satisfacción.
Inuyasha había caído en su trampa. Era claro que Bankotsu adelantó la reunión con Spicy para ponerlo en aprietos. No tenía nada de informes para ellos.
Irritado golpeó su escritorio, pero enseguida recordó que en el piso 50, él contaba con una eficiente arma secreta. Una llamada y una orden bastaba para que la muchacha, esa tal Kagome salida de algún agujero de Boston trabajase a toda máquina en aquel estúpido informe.
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Asistir en forma exclusiva a un socio principal le granjeó que las otras asistentes la odiasen. Pero al menos con esta asignación estaba libre de las ordenes de Tsubaki, y a Kagome no se le escapó que la miraba con desprecio cada que pasaba junto a su cubículo.
Su jugada de hacerla despedir no le funcionó.
De todas maneras, Kagome sabía que debía cuidarse la espalda.
Trabajaba mucho bajo las ordenes de Inuyasha Miller. Como ahora que estaba enfrascada en la elaboración de un informe que debía presentar esa misma tarde.
En el horario de almuerzo aprovechó y llamó a Sango a preguntar por los niños. Aunque ella le decía que no se preocupara, Kagome no podía evitarlo.
Terminó la hora de la comida, en la cual se conformaba con lo que compraba de las tiendas de conveniencias que resultaba más barata, Kagome regresó a acabar de redactar el informe.
Siempre hacía respaldos por temor que alguien entrase a su usuario y se lo borre.
El teléfono de su escritorio sonó.
—¿Todavía no tiene el informe? —la voz de Inuyasha sonó dura
—Ya lo estoy imprimiendo —informó ella aliviada de no saber cuál hubiera sido la reacción de su jefe de saber que no estaba listo.
—Apresúrese y lléveselo a la oficina de Bankotsu Donovan en el 55.
Eso sí era llamativo.
—¿Al socio director…? —preguntó Kagome.
No conocía personalmente a aquel hombre que por su nombre sabía que era el jefe máximo de la firma. Le temblaban las piernas de sólo pensarlo.
Su cuarto día de trabajo y ya estaba por verlo personalmente.
—Enseguida, señor Miller —se apresuró en decir.
Habia escuchado que Bankotsu Donovan era muy estricto y en la firma todo el mundo le tenía pavor así que no estaba nada tranquila.
Con los dedos aun gelatinosos, quitó las treinta hojas del informe y los metió en una carpeta.
Miró su aspecto por el reflejo de la pantalla del computador.
No había mucho que remediar porque sus horas de sueño eran bastante escasos.
Cogió la carpeta, respiró profundo y fue hacia el ascensor.
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Bankotsu revisaba reportes al dedillo.
En su calidad de socio director, todos estaban bajo su supervisión y por supuesto él no iba a perder oportunidad de poner en aprietos a Inuyasha. Le tendió una trampa y estaba seguro que él no podría sortearlo.
Esperaba verlo llegar al final de la tarde, pidiendo más tiempo.
Ver a ese bribón aprovechado era una de sus cosas favoritas.
Kikyo había venido a su despacho y estaba hablándole de unas deposiciones, pero él no era estúpido, sabía que la mujer aprovechaba para quedarse cerca suyo.
—Necesitamos que esa fusión cierre operaciones ¿Por qué tardaste con estas deposiciones? —le preguntó mientras analizaba los documentos que ella había traído.
Estaba muy inmerso en eso que ni siquiera levantó la cabeza cuando oyó una vocecita.
—Buenos días… señor Donovan —escuchó que alguien tartamudeaba.
Kikyo la miró de arriba abajo en forma despreciativa y sin disimulo.
—¿Qué hace aquí? —le preguntó la mujer —. ¿Es tartamuda?
El comentario hizo que Bankotsu levantara la cabeza y sus ojos que hasta hace un momento estaban muy ocupados leyendo los papeles de Kikyo, se ensancharon.
Bankotsu quedó estático mirando a la recién llegada que se encontraba en idéntico estado al suyo.
Él no era imbécil ni tenía mala memoria y reconoció inmediatamente a la joven. Habían pasado casi tres años, pero él podía recordar su cara.
Cuando fue a festejar con unas copas en un bar cerca de Harvard, que acababa de ganar dos licitaciones millonarias. Al final, el majadero de Hiten lo plantó por ir tras una bailarina, pero Bankotsu se quedó bebiendo en el bar.
Estar allí le recordaba un poco a sus años universitarios y se hubiera ido al acabar la botella de no ser porque las facciones de aquella muchacha risueña no le hubieran llamado tanto la atención.
Aquella estudiante de sonrisa fácil y que parecía experta en derecho civil que bebía con otras compañeras y por supuesto él no tardó en hablarle.
Fiel al estilo de Bankotsu Donovan, iba directo a la yugular. Si deseaba tener a aquella chica, la tendría.
Copas van y vienen. Un touch and go.
La misma sonrisa. La misma cara. Pero más cansada, ojerosa y algo marchita. Pero era ella.
—¿Tu?
—¿Tu…? —ella respondió del mismo modo con un gesto que lo divirtió.
—Yo pregunté primero —replicó Bankotsu, curioso de saber cómo aquella mujercita acabó en su firma.
—Acabo…de ser contratada como asistente —la voz de ella se sentía desfallecer.
—Entonces soy tu jefe —observó él estudiando cada ligero gesto en la muchacha
Kikyo los miraba sin entender, pero claramente no le gustaba como iba la conversación.
—Recuerde que está hablando con el socio director, no se atreva a tutearlo —advirtió Kikyo
La increíble tensión que se instaló entre él, la joven que tartamudeaba y la mujer que los miraba con gesto adusto se cortó cuando el mismísimo Inuyasha Miller entró a la oficina.
Pareció disgustado de ver a la joven allí.
—¿Por qué sigue aquí? Si ya entregó el informe, le ordeno que se retire a terminar los pendientes que aquí venimos a trabajar y no a pasear.
La mujercita pareció espabilar, se volteó y salió casi a las corridas.
Aun con Inuyasha y Kikyo presentes, Bankotsu no le perdió la vista mientras la joven se alejaba.
Cogió una lapicera y comenzó a firmar los papeles que aguardaba Kikyo.
—¿Qué rayos quieres, Inuyasha?
Su némesis sonreía y Bankotsu estuvo tentando en borrarlo de su cara.
—¿Qué no puedo visitar al nuevo socio director? Más cuando no es seguro si será capaz de llenar los zapatos de su madre.
Kikyo recogió los papeles que Bankotsu firmó y salió de la oficina, no sin antes dirigir una mirada de desprecio hacia Inuyasha.
Bankotsu podría seguir con los insultos dialécticos con el engreído de Inuyasha, pero estaba más interesado en saber otras cosas.
—La chica que se fue ¿trabaja para ti?
Inuyasha esbozó una de esas sonrisas que Bankotsu tanto odiaba y se sentó como si fuera un invitado.
—Es mi asistente…—Inuyasha hizo una pausa de unos segundos—. Pero ya sabes que permito que las mujeres trabajen conmigo sólo si acuestan conmigo.
—¿Qué…? —Bankotsu casi termina asqueado con la confesión.
—Lo que oíste…y su nombramiento fue uno de los últimos decretos que le hice firmar a tu madre y ella estuvo feliz de darme ese regalo ¿lo ves? Termina de hacerme unas copias y luego ya puede arrodillarse a terminar el resto del trabajo…—haciendo un grosero gesto hacia la parte baja de sus pantalones.
La burla de Inuyasha lo enfadó tanto que lo hubiera golpeado. Pero si todo eso era verdad no valía la pena que el socio director perdiera los papeles ante una provocación y por una mujercita cualquiera.
—Te advierto que, si complica las cosas en mi firma, no dudaré en despedirla ¿me oyes?
Inuyasha salió sonriente.
Bankotsu quedó malhumorado y con ganas de arrojar todo el contenido de su escritorio.
Pero esa no era la imagen que un socio director debía reflejar.
Su mente se encontraba con la joven que sólo estuvo unos minutos en su despacho.
Una que esperaba no volver a encontrar.
Por algo lo llaman ligue de una noche.
Que jodidamente pequeño era el mundo.
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Kagome tuvo que refugiarse en el baño. Su rostro perdió color y la garganta estaba seca.
Aun no acababa de creer que se reencontró con el misterioso hombre con el que pasó aquella noche…y que ahora resultaba ser su jefe. Peor el jefe de su jefe.
Se tapó la boca tratando de contener un grito pensando en las dos personas más importantes de su vida.
Ella quizá sólo fue un polvo cualquiera para él, pero para la joven él era el padre desconocido de sus hijos gemelos.
Sentía que su pecho se agrietaba y perdía fuerza en las piernas.
Su secreto y su pasado acababa de escupirle a la cara.
CONTINUARÁ
Hermanitas ya vino actu.
Gracias mi querida Aidé por tus consejitos que sabes que amo.
Saone Takahashi, Benani0125, Lucyp0411 gracias por siempre estar.
Se viene en poco el capítulo 4 donde veremos las consecuencias de este corto, pero terrible encuentro.
Muchas gracias
