INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA TRAMA SÍ.

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Un error agridulce

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Capítulo 4

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DEDICADO A AIDÉ, nuestro Ángel Oscuro

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Inuyasha regresó a su oficina con una sonrisa imborrable en su cara.

Se le ocurrió decir aquellas frases de mal gusto sobre su asistente ya que cuando entró notó una especie de tensión entre ella y el insufrible socio director. Fuera cierto o no, él no perdía nada haciendo enfadar a Bankotsu a costa de la reputación de una insignificante asistente.

El nombramiento bajo su mando de aquella chica fue un pedido que él hizo a Kagura a último momento y ella se lo firmó porque no era importante.

El reloj marcó las cinco de la tarde. Cogió su móvil y la chaqueta que colgaba en una esquina para largarse de allí.

Esa Kagome se iba a encargar de terminar los reportes. Él no pensaba quedarse bajo el mismo techo donde Bankotsu era su jefe más del tiempo necesario. Simplemente se largó.

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La firma tenía un horario de salida a las cinco. Muchos se retiraban, pero lo que aspiraban permanecer y ascender algún día, se quedaban hasta pasada las diez resolviendo casos y más cuando querían agradar al nuevo socio director.

No era el caso de Jakotsu, quien desde que era encargado de informática y redes de la firma podía trabajar hasta veinticuatro horas al día. Él mismo decía que lo suyo era más importante que el trabajo de un cirujano ya que de él dependía que las redes y el software de la firma funcionase sin errores.

Si se cometía un solo desliz, la firma podía perder millones en facturaciones.

Así que Jakotsu apenas sonaba las cinco, salía abajo a buscar rosquillas con queso crema. Disfrutar comiendo sólo en los bancos cercanos al edificio en completa paz durante media hora antes del volver al bunker de informática ubicado en el piso 40.

Sacó el bagel relleno de crema de la bolsa para saborearlo previamente con la mirada.

—Hola hermoso, al fin estamos solos.

Pero cuando iba a engullir aquella delicia, su móvil comenzó a sonar. En otras circunstancias ni hubiera respondido.

Las llamadas de urgencia solían ser cuando alguien se desesperaba porque el computador no funcionaba y resultaba que no apretaba el botón de Power o su favorita era cuando algún socio dinosaurio se quejaba que la maquina se apagase en la mitad de la redacción de una demanda y era solo porque al muy inepto tropezó con los cables de alimentación y lo desconectó de la electricidad.

Pero no era ninguna de esas llamadas.

Banky

Él muy bribón que ahora fungía de socio director.

Contestó.

—Espero que la vida de alguien esté en peligro, Banky…

—¿Sabes que soy el socio director ahora? —la voz aterciopelada de Bankotsu al otro lado

—¿Sabes que es mi hora de bagels?

—Quiero que verifiques en tu sistema si una persona fue nombrada por la anterior socia directora.

Jakotsu pestañeó cansado.

—¿Desde cuándo eso le importa al gran Bankotsu Donovan…? Ni siquiera te atreves a entrar al sistema de recursos humanos por considerarlo bajo para ti ¿verdad?

—Revísalo ¿o tengo que pedírselo a un subordinado tuyo?

—Como si uno de esos tontos sea capaz de hacer mi trabajo —Jakotsu sacó una sofisticada IPAD y le pasó los dedos rápidamente para verificar los últimos decretos firmados por Kagura Donovan—. ¿Buscamos a alguien especial?

—Una asistente para Inuyasha Miller.

Jakotsu enarcó una ceja.

—Ahora todo tiene sentido —Jakotsu abrió unos archivos y los leyó—. Sí, una tal Kagome Taylor es confirmada como asistente de Inuyasha "el payaso" Miller.

Silencio del otro lado de la línea.

—¿Acaso está mal que ese gilipolla de Inuyasha tenga una asistente…? —mirándose las uñas pintadas en lacra rosa.

—Ese estúpido tiene sus días contados…le haré la vida imposible, eso puedo prometerlo.

—Mientras no me pongan a mí en el medio en esta guerra suya de quien la tiene más grande. Acéptalo, Banky…ya le ganaste, eres su jefe ahora.

Bankotsu le colgó luego de eso.

Jakotsu se quedó pensando que el jefe en verdad estaba loco.

Seguiría disfrutando su bagel y nadie, siquiera Bankotsu volvería a arruinarle eso.

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Bankotsu, sentado en su despacho seguía atando cabos.

Todo le llevaba a aquella noche que pasó con aquella joven, que si no recordaba mal era virgen incluso. Rememoraba que fue ese descubrimiento lo que hizo que huyera en mitad de la madrugada, tremendamente avergonzado de sus acciones.

Se portó de forma arrebatada e irresponsable.

Y esa mujer trabajando ahora en la firma quizá no era casualidad.

La naturaleza desconfiada de Bankotsu fue más allá.

Las palabras de Inuyasha calaron en él y cualquier manto de inocencia sobre la joven desapareció. Con sus antecedentes quizá era una buscavidas y hace tres años, el supuesto encuentro fortuito en el bar cerca de Harvard fue planeado por ella fingiendo no reconocerlo, pero era claro que sabía que era socio de una firma importante en Manhattan y él estúpidamente cayó.

Su rápida huida le salvó de algo más, pero la mujer siguió haciendo de las suyas, acostándose con cualquiera hasta toparse con Inuyasha para lograr ser nombrada como su asistente.

Bankotsu apretó la lapicera que llevaba en la mano.

Odiaba a ese tipo de mujeres aprovechadas y gorronas.

Lo que sea no quería una mujer así en su firma.

Eran un problema a cualquier plazo y podía sacar sus garras en cualquier momento.

No negaba que al verla le dio un ápice de dulzura por el lejano recuerdo, pero todo aquello fue pisoteado por el razonamiento de saberla una vividora. Hasta incluso puede que el propio Inuyasha no fuera una víctima, sino su cómplice.

El único motivo por el cual no ordenaba a Recursos Humanos que la despidiera en ese mismo instante era que su nombramiento fue coincidentemente el último decreto firmado por Kagura y quedaría espantosamente mal que su próxima orden sea deshacer aquella disposición ejecutiva.

La rabia pudo más y le dio un empujón a la taza de café que seguía sobre su escritorio.

Se hizo añicos al tocar el suelo.

Añicos como cualquier confianza que pudiera tenerle a esa mujercita.

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Por primera vez desde la semana que llevaba trabajando en la firma, Kagome llegó temprano a casa y no porque quisiera. Sino que lo hizo más para escapar de la revelación de la verdad que acababa de explotarle en la cara.

¿Bankotsu Donovan era el hombre de hace tres años?

Tuvo que disimular al llegar al piso porque Sango preparaba unas lentejas que se veían muy bien y Kagome tendría tiempo de atender a los niños como bañarlos y cambiarlos, cosas que difícilmente podía hacer con sus horarios.

Se alivió de encontrar tanto quehacer porque eso tendría su mente ocupada y no pensaría en lo que ocurrió en la oficina.

Mientras cenaban y Sango contaba su día, ella tuvo el primer impulso de revelarle a su amiga lo sucedido, pero no quería agobiar a quien ya le debía la vida.

Recogió los platos y ayudó a lavarlos.

Sango se quedó viendo televisión y ella fue a acostar a los niños.

Los pequeños balbuceaban luego de la deliciosa papilla de calabaza que tuvieron de cena. Ambos aun compartían una cuna grande porque no podía permitirse una a cada niño.

Los arropó con su manta favorita y se quedó mirándolos dormir.

Los vio cerrar sus ojitos azules y dejar sus boquitas entreabiertas.

Jason era un poco más grande que Scott, pero fuera de esos centímetros imperceptibles para todos menos para una madre, ambos gemelos eran idénticos.

Peor aún, Kagome no podía evitar detallar sus rostros y compararlas con la cara que había visto hoy.

Eran un calco en miniatura de Bankotsu Donovan.

¿Qué debería hacer?

¿Renunciar y huir?

Habia leído unas novelas románticas que trataban ampliamente el tema, esas cosas nunca resultaban bien y ella no imaginaba a un hombre como él siguiéndola para formar una familia con ella.

Eran extraños, desconocidos. Peor aún, eran jefe y subordinada.

Quizá lo mejor era actuar correctamente y decirle la verdad.

Buscar el momento y hacerle la revelación.

Ella no quería ser como esas damiselas de esas novelas. Quizá él lo tome muy mal, pero merecía saber la verdad. Merecía saber que era padre.

Aunque eso signifique que ella renunciara a ese trabajo.

Jason fue el primero en dormir y Scott lo siguió al cabo de unos minutos.

Kagome acarició sus rostros antes de salir de la habitación y volverse al salón donde Sango bebía una cerveza fría mientras miraba la televisión.

Fue a sentarse junto a ella.

—Supongo que aún no lo has visto —comentó Sango decaída.

—¿Qué?

La maestra parvularia le pasó un papel que encontró bajo la puerta y que llevaba el membrete de la administración del edificio.

Era un aviso de subida de alquiler. Aducían motivos de cualquier tipo y se escudaban en un inciso del contrato de locación para realizar este cambio de tarifa, que a Kagome le parecía ilegal siendo que llevaban semanas de haberse mudado.

Pero leyó dos veces.

El contrato lo firmó Sango y Kagome no lo leyó en su momento, pero en efecto estaban repletas de cláusulas leoninas como esa que permitían el alza del costo.

—Estos malditos no pierden la oportunidad de estafar…

—Y si abandono, pierdo el deposito que hizo mi padre —refirió Sango

Kagome arrugó el papel y lo arrojó al tacho.

No podían perder ese dinero ahora que lo necesitaban.

Ya no podía pensar en renunciar como si fuera un asunto tan fácil.

No, cuando los problemas estaban a la orden del día.

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Algo que Bankotsu apreciaba de sus mañanas, era la tranquilidad absoluta de su piso. Un limpio silencio que se cortaba levemente por el sonido de la cafetera.

Beber su café mientras leía los diarios en forma digital desde su IPad, aunque ahora intercambiaba esa lectura con reportes e informes que recibía a diario por ser el socio director.

Le gustaba llegar informado a la oficina para ir tras el primer trasero incompetente que notaba.

Encontró el informe sobre el caso Spicy, mismo que ordenó ayer a Inuyasha que diera y que casualmente le trajera esa mujercita de la que pensaba deshacerse.

Lo pensó durante la noche y decidió que, aunque deshiciese la última orden de su madre, él la iba a despedir. No quería una mujer así en su firma.

Comenzó leyendo el mentado informe. Tenía sólo treinta páginas.

Conforme fue pasando, Bankotsu quedó sorprendido por la sobriedad y concisión. Bankotsu pestañeó confuso.

De hecho, no parecía algo que fuese hecho por Inuyasha, quien siempre algo desordenado para los reportes.

Volvió a leerlo.

La persona que lo hizo estaba informada del caso y dedicó sendos esquemas comparativos lo que denotaba un buen conocimiento de precedentes.

Bankotsu tenía buen ojo para reconocer eso.

Frunció la boca de disgusto y llamó a Jakotsu.

Luego de cuatro intentos, finalmente atendió.

—¿Por qué tardas en responder? ¿y qué demonios es ese ruido…?

—¡Banky! ¿acaso crees que mi vida es sencilla? Estoy en la peluquería y mi precioso cabello tenía una cita a las seis de la mañana ¿Cómo crees que mantengo este permanente? Te enviaré foto.

Bankotsu arrugó la cara.

—Olvida eso porque necesito que me confirmes algo…

—¡Que pésimos modales! —replicó Jakotsu—. Dime antes de que prefiera renunciar e irme de vacaciones a Hawái.

—Ambos sabemos que no lo harás —sonrió Bankotsu—. Quiero que verifiques el nombre del usuario de computador que elaboró un documento.

—¡Eso es ilegal!

—No si yo te ordeno que lo hagas.

—¿No te demandaran por violación de intimidad o una cosa así? Tú eres el abogado…

—¿Crees que le tengo miedo a alguien? Revisa lo que te pedí ¿o debo pedírselo a otro de tu departamento? —Bankotsu sabía que Jakotsu poseía un ego más grande que Brasil y eso siempre servía.

Lo escuchó quitar su IPAD y pasarle los dedos.

—¿De qué puto informe hablamos?

—De Spicy y que me entregaron ayer…

Jakotsu parecía leer unos nombres hasta que al fin se topó el que buscaba.

—Lo tengo…veamos, el reporte Spicy fue redactado desde el computador asignado a una tal Kagome Taylor y las impresiones se hicieron también con su usuario —informó—. ¿Quién diablos es ésta chica? Van dos veces que me salta su nombre en tus consultas de violador de intimidad laboral.

—Justamente no es nadie.

—Una asistente haciendo el trabajo de un socio principal como Inuyasha no debería ser nadie —comentó Jakotsu—. ¡Espera! Creo que me suena el nombre, quizá ya me topé con ella.

—Ya sabes cómo va esto, ni una sola palabra a nadie ¿quedó claro? —Bankotsu cortó la llamada antes de que Jakotsu siguiera con lo suyo y escarbara poniéndolo en evidencia.

Entonces fue esa mujer quien hizo el informe.

No sería sencillo despedir a alguien que demostrase tanta aparente eficiencia. Peor aún se exponía que lo demandasen al echar a una mujer que hacía su trabajo.

Malditas leyes que siempre protegían a las féminas.

Siguió bebiendo su café, pero ya con disgusto de saber que no le sería sencillo deshacerse de ella.

Cuando tomó el ultimo sorbo le vino una idea arriesgada a la cabeza.

No podía despedirla…pero sí transferirla bajo su propio mando.

Sonrió maquiavélicamente al pensarlo.

Exprimirla y enterrarla bajo tanto trabajo hasta que cometiera un error, el más mínimo que le sirviera de excusa para echarla.

Claro, luego de despedirla se aseguraría de que no volviera a trabajar en Manhattan para que ningún socio de cualquier otra firma cayese bajo las redes de una manipuladora y mentirosa como ella.

Que volviera a donde pertenece.

Lejos de él.

CONTINUARÁ


Gracias hermanitas por sus lindos comentarios.

AIDECITA, BENANI0125, LINLULOLI, SAONE TAKAHASHI, CONEJITA, LUCYP0411 Y MI QUERIDA IMAG04.

Nos leemos prontito que el 5 sale esta semana. Y haré lo posible que el 6 también.

PAOLA.