Capítulo 4: El superior Gryffindor
El amplio vestíbulo de entrada de extendía ante los ojos de todos los estudiantes de primer año. Era enorme. Toda la estancia era de piedra y estaba iluminada por antorchas en las que llameaba un cálido fuego, pero era tan enorme que el techo se perdía en una densa oscuridad. Una escalera de mármol se erigía frente a la entrada. Era un verdadero castillo antiguo. Albus no hacía más que quedarse mirando con la boca abierta, y ni siquiera intentó taparla. Hogwarts estaba resultando tan impresionante como sus padres y familiares les habían contado en sus anécdotas. Era impresionante.
Un hombre les abrió la puerta. Vestía un traje gris, al cuello un pañuelo de seda anudado y en su espalda se desplegaba hasta el suelo una capa negra a juego con el pañuelo. Su rostro reflejaba amenidad, pero disciplina.
—Aquí están los de primero, profesor. Los dejo con usted —le dijo Hagrid.
—Por supuesto, Hagrid. Gracias.
El semigigante cabeceó y se fue. El profesor extendió sus brazos.
—Bienvenidos a Hogwarts. Soy el profesor Manius Campbell, jefe de la casa Ravenclaw. Todos síganme" el profesor se dio la vuelta y empezó a caminar por el vestíbulo. Todos los chicos se apresuraron a seguirlo por el camino de piedra y Al solo dejó que sus pies lo guiaran. Podía escuchar las voces de los demás estudiantes mayores que debían estar en el comedor principal y, súbitamente, la fascinación por hogwarts se corrió para dar paso nuevamente al terror por la ceremonia de selección. El momento se acercaba y Al no quería sentarse en el banquillo, no quería sentir la presión de sus primos y hermano mirándolo, expectantes de si iba a Gryffindor. Mientras caminaba por el suelo de piedra como por inercia, Albus sitió que toda la tensión y presión, el peso, caían sobre sus hombros y empezó a sentir fuertes nudos tensionales en los músculos de los hombros. Se estaba jugando mucho. No podía permitirse dar un paso en falso, tenía que ir a Gryffindor. A la casa a donde todos sus familiares habían ido.
¿Qué pasaba si acababa en Slytherin?
Albus intentó concentrarse en las palabras de su padre en el andén 9 y ¾.
"... entonces la Casa Slytherin habrá ganado un excelente estudiante, ¿verdad? A nosotros no nos importa, Al. Pero si a ti te importa tanto, podrás elegir Gryffindor en vez de Slytherin. El Sombrero Seleccionador toma en cuenta tu elección."
Al esperaba que así fuera. Pero, a pesar de las palabras de su padre sentía la presión de su familia por que fuera a Gryffindor. Lo había visto con sus tíos, con el tío Ron. A ellos si les importaba. Incluso a sus primos. Sentía que estarían atentos a si él iba a Gryffindor, y lo tensionaba demasiado el hecho de que se acercara el momento en que debería sentarse en el banquillo y ponerse el Sombrero Seleccionador.
Al respiró hondo. Se acercaba el momento. A su lado Rose se veía igual de nerviosa que él, se mordía el labio inferior y Al pudo saber que la presión de la familia también caía sobre ella. Ella también debía ir a Gryffindor.
Ni hablar. Confiaba en su padre, le diría a su padre que quería ir a Gryffindor. Y listo.
—El banquete de bienvenida empezará dentro de nada prácticamente, pero antes ustedes, que son los de primer año, deben ser seleccionados para alguna de las casas de Hogwarts… —empezó el profesor Campbell.
Oh no. Oh no.
—Cuando sean seleccionados y a partir de este día hasta que cursen el último día de su séptimo año en esta casa de estudios, los integrantes de la casa en donde hayan quedado serán como sus familias. Convivirán en todos sus años de estudio" prosiguió Campbell "dormirán en los dormitorios con los de sus casas, pasarán el tiempo libre en la sala común de sus casas y seguirán con ellos hasta que se reciban.
A continuación, Campbell prosiguió a contar sobre las cuatro casas, sus virtudes, el puntaje a obtener y demás cuestiones que Albus casi no escuchó por los nervios que sentía. El hecho de escuchar las virtudes de casa hacía que fuera aún más consciente de Gryffindor y de Slytherin, y eso le ponía los pelos de punta. De repente, escucho a su tío Ron de manera involuntaria.
"Si no entras en Gryffindor, te desheredaremos"
Oh no, era lo último que necesitaba.
—Ahora, será la ceremonia de selección frente a los demás estudiantes. Prepárense.
Sí, Albus necesitaba prepararse. Prepararse mentalmente para la batalla.
En ese momento una chica al lado suyo levanto la mano y Al la miró, fuera de su ansiedad por un momento. ¡Era la chica del tren! La chica rubia del gato blanco que él piso y lo hizo caer.
—Sí? —preguntó Campbell.
—Es posible cambiarse de casa de Hogwarts si no nos gusta en la que quedamos?
—No —fue la simple respuesta hombre.
Oh no. Ahora era peor.
Todo debía salir bien si o si para Albus.
—Espérenme aquí calmados —Campbell se dio la vuelta y se fue.
Calmado no era exactamente como estaba Albus.
—Psss —era Rose al lado suyo—. Será solo un minuto, no te preocupes —le dijo a él.
—Estás segura —Rose afirmó con la cabeza—. ¿Y cómo sabes? James me dijo que es un proceso muy largo y tortuoso. Y que todos estarán mirando.
—Al.
—…y que los alumnos empiezan a abuchear a quien se tarda mucho con el sombrero…
—¡Al! Nada de eso va a pasar. James siempre está metiendo miedo. Será rápido, mi mamá me contó cómo es.
—Ojalá que así sea.
—Y me dijo que nada de lo que James dice, pasa.
A su lado, la niña rubia del gato estaba alisándose de manera frenética el pelo con las manos. En un momento en que dejó de hacerlo, lo miró de reojo, como si se debatiera internamente si hablarle o no. Parecía que no se animaba. Hasta que se animó.
—Tú eres Albus Potter, ¿no?
—Si, soy yo.
—¡Hola! Soy Diana Summerby. Quería disculparme por lo que pasó en el expreso de Hogwarts. Con mi gato, digo.
—Ah si…no pasa nada.
—Normalmente Lady no es revoltosa. Ella es tranquila, pero en el tren se asustó porque se comió un sapo de menta y, ya sabes, le empezó a saltar en el estómago. Ella nunca había comido uno…
—Si… no pasa nada. Esta todo bien —le respondió Albus, no muy interesado en la conversación. Lo que más quería él era concentrarse en qué rayos le iba a decir al sombrero seleccionador. Y afrontar esta bendita ceremonia de una vez.
La chica siguió intentando entablar conversación.
—¿En qué casa crees que vas a ir?"
—A Gryffindor.
—Yo a Hufflepuff. Se que a nadie le gusta ir a esa casa, pero mi familia fue allí y yo también quiero —Hizo una pausa y, al ver que Albus no respondía, siguió—. Tu familia es de Gryffindor, ¿no?
—Si, toda mi familia.
En ese momento, el profesor Campbell regresó.
—La ceremonia ya comienza. Vengan.
Albus respiró hondo por enésima vez en la noche. Ahora sí.
—Pónganse en fila.
Al obedeció por inercia como si fuera de camino al cadalso. Salieron de la habitación y cruzaron unas enormes puertas dobles de madera.
El gran comedor se extendía por muchísimos metros, repleto de estudiantes que los miraban desde sus asientos en las mesas de las cuatro casas. Los miles de velas flotaban sobre ellos y el cielo nocturno con brillantes estrellas y nebulosas de colores se desplegaba en el techo. Los profesores los miraban desde la una mesa en la tarima central del comedor, en el centro de la misma una bruja de túnica verde esmeralda los miraba con expresión severa. Cuando Al comenzó a caminar junto a los demás chicos hacia el taburete de madera en el que esperaba el dichoso Sombrero Seleccionador, unas figuras vaporosas color perla y semitransparentes se aparecieron de la nada para sentarse en los últimos lugares de cada mesa. Al entendía que eran los fantasmas de Hogwarts. Cerca de él, oyó decir al que sabía que era Nick casi decapitado al estudiante que tenía más próximo
—…Qué? Quiero presenciar la selección del hijo de Harry Potter…
Cuando lo miro, Nick le hizo una reverencia con la cabeza mientras la despegaba parcialmente de su cuello.
Pero… ¡¿Qué rayos pasaba con su padre?! Ni bien su cabeza se puso a pensar nuevamente en esa incógnita, miró para adelante. Allí estaba el sombrero, sobre el taburete. Sucio y feo, pero tan importante que decidiría su vida por siete años. Vaya.
Mientras la rasgadura en forma de boca del sombrero empezó a cantar, Albus solo miraba el vacío. Nada más, ni siquiera supo qué decía el sombrero. Y cuando terminó, lo hizo saltar el estallido de aplausos de los estudiantes y maestros. La voz del profesor Campbell le llegó de repente, quien leía un pergamino color sepia y empezaba a llamar uno por uno a los estudiantes de primer año.
OH NO.
—Los iré llamando uno a uno, y deben sentarse en el taburete y ponerse el sombrero" leyó un segundo el papel y luego empezó— ¡Adams, Michael!
Un chico de pelo tupido negro camino hacia el banco y se calzó el sombrero. Una breve pausa y…
"¡RAVENCLAW!" sonó la vos fuerte del sombrero.
La mesa de Ravenclaw aplaudió y el chico, sonriente, fue a unirse con los de su casa. Hasta los fantasmas aplaudieron, expectantes.
—Aberhoof, Simon —un chico de rizos rubios se puso el sombrero, que gritó.
"¡GRYFFINDOR!"
El chico se unió a la mesa de Gryffindor.
Y así siguieron los chicos yendo para las cuatro casas. Botcher, Anne fue a Slytherin. Cabbage, Anthony a Gryffindor. Edwardson, James a Ravenclaw. Fain, Julian a Slytherin. Gregman, Winston a Hufflepuff. Y así, hasta llegar a la M. Cuando llegó a la M pasó algo que llamó la atención a Albus. Un chico de pelo rubio peinado con gomina y de tez pálida subía hasta la plataforma en que estaba el taburete. Estaba elegantemente vestido. Se notaba que su túnica de Hogwarts era de muy buena calidad y nueva, pero no llevaba su túnica con orgullo ni altivez, sino que caminaba muy cabizbajo. No miró a nadie mientras se acercaba y se retorcía las manos. Albus lo reconoció; era el chico que habían visto en la estación de Kings Cross, el chico que su tío Ron dijo que era "El hijo de Malfoy": Scorpius Malfoy. Ese era el famoso Scorpius Malfoy, por el cual su tío instó a Rose a una enemistad temprana, para que lo pasara en todos los exámenes.
—Aj…Malfoy… —susurró con rencor Rose a su lado.
Albus no entendía el rencor con el que lo trataban. Era solo otro chico de su edad. Scorpius se sentó en el taburete mientras se mordía el labio inferior y se colocó el sombrero, que lo tapó hasta por sobre la nariz. Ni bien el sombrero lo tocó, éste se puso a fruncir la boca, como si se debatiera algo importante.
Albus pensó que no se tardaría tanto ya que con nadie el sombrero se había demorado más que uno o dos minutos. Pero con Malfoy se demoró.
Y se demoró.
Y se demoró.
Albus ya no sabía cuánto tiempo había estado esperando, porque el sombrero parecía que no se decidía en qué lugar meterlo. Ya le dolían los pies.
—No puede ser! —se quejó Rose a su lado—. ¿Cuánto más?
Hasta que el sombrero gritó:
¡GRYFFINDOR!
Inmediatamente después de que el sombrero gritó, una exclamación colectiva inundó la tribuna del alumnado, y un creciente murmullo se extendió por el gran comedor.
—¡¿Qué? ¿Cómo qué Malfoy va a Gryffindor?! —exclamó Rose a su lado, hacia él.
—No lo sé… —solo dijo Al, que no entendía qué tenía de raro.
Nadie aplaudió a Scorpius.
Cuando se bajó del taburete y se quitó el sombrero, tenía una cara de espanto pintada en el rostro, como si sus más horribles pesadillas se hubieron vuelto realidad. Se bajó de la silla y bajó de la tarima caminando desgarbadamente mientras los murmullos en el gran comedor amainaban, contrastando el silenció con los aplausos que nadie quería darle. Bajo y caminó con paso inseguro y lento hacia la mesa de Gryffindor mientras los que ya estaban sentados en la mesa lo miraban mal y con recelo y los profesores lo miraban con asombro. Cada vez que Scorpius se detenía en algún hueco libre en la mesa para poder sentarse, en algún lugar libre, los que estaban sentados se corrían para ocuparle el lugar y que no pudiera sentarse. El chico se frenaba sin entender y luego seguía buscando un lugar en la mesa.
Le hicieron lo mismo como unas tres veces. Le negaban el lugar en la mesa y Albus vio que algunos de Gryffindor le hablaban al pasar con la nariz arrugada, a lo cual el chico hacia caso omiso. Finalmente, Scorpius terminó sentado a lo último de la mesa, más alejado incluso que los que estaban últimos sentados, allí a donde la mesa ya quedaba vacía, y nadie a su alrededor lo saludó. ¿Le estaban haciendo el vacío?
A Albus le entró pavor. ¿Y si a él los de su casa le hacían eso? Al sumó una nueva preocupación a la lista de preocupaciones.
«Perfecto, tengo algo más de lo que preocuparme» pensaba Al.
El profesor Campbell siguió llamando gente para ser seleccionados y Albus empezó a envidiar realmente a Scorpius Malfoy. Todos sus deseos de ser seleccionado en Gryffindor por su familia se encarnaron en Scorpius y deseó ser él, ya en Gryffindor. Aunque, luego de pensarlo un poco más, Al decidió que no quería ser él. Scorpius se veía realmente triste sentado solo al final de la mesa de Gryffindor.
Los nombres siguieron avanzando y Al siguió esperando su turno. Siguieron nombrando estudiantes. Hasta que llegó a él.
—¡Potter, Albus!
A lo lejos, se escuchó un murmullo en el alumnado
—El hijo de Harry Potter.
—Es Albus Potter.
Albus se acobardó. Las miradas de los alumnos y de los profesores se centraron en él con expectación. Tanta atención de golpe mareó a Albus, que se sintió pequeño ante tantas miradas y no hizo ni un atisbo de caminar hacia el sombrero. Empezó a mover las piernas solo cuando Rose lo empujó hacia adelante para que empezara a caminar.
El momento había llegado. Albus respiró hondo y movió sus piernas, que parecían entumecidas. Como en cámara lenta llegó hasta el taburete.
Y se puso el sombrero ante la mirada de todos.
Inmediatamente una voz espectral empezó a hablar en su cabeza.
"Pero ¿qué tenemos aquí?... Si es el hijo del gran Harry Potter. Si parecería ayer que tuve a tu padre justo debajo de mis hilos"
—¿Qué pasa con mi padre? —se le escapó a Albus en voz baja.
"Ah no lo sabes… Pero ya lo sabrás. Tu padre fue y es único, un gran héroe, sin igual. Pero tú, joven Albus, no te quedarás atrás. Eres digno hijo de tus padres. ¿En dónde te pondré?...
—Por favor… No en Slytherin… No en Slytherin —le susurró Albus.
"No en Slytherin eh?... Si eres digno hijo de tu padre. Haces honor a tu padre, le harás honor, pero te diferencias a él como las hojas de un árbol no son todas iguales entre sí. Le haces honor, pero eres diferente."
Al no entendía ni una palabra de lo que el sombrero decía, pero estaba asustado. Y no entenderlo lo asustaba más.
"Veo en ti valentía y bravura, pero tu valentía y tu bravura están teñidas de una astucia sin igual. También veo mucha ambición. Ahora no sabes sobre tu padre pero cuando sepas sobre él, cuando tomes conciencia de lo que es ser su hijo, querrás diferenciarte de él y ser solo Albus Potter. Querrás poder enorgullecerte de tu propia gloria.
A Albus todo le parecía muy curioso. Mientras, el sombrero parecía debatirse su destino.
"Dices que no quieres ir a Slytherin, pero yo veo mucha originalidad, individualidad y ambición en ti. Muchísima astucia, porque tu inteligencia se mueve entre las sombras. Tú te mueves entre las sombras. ¿Alguna vez te preguntaste en dónde querrías estar tú sin pensar en qué es lo que quiere tu familia? Porque a veces la salvación y el sacrificio puede venir desde las sombras"
Entonces Albus cometió el pecado. Mordió la manzana.
¿Y si no es tan malo ir a Slytherin?... Se preguntó Albus a sí mismo en su fuero interno, ante el silencio del sombrero. "¿Qué pasa si voy a Slytherin? ¿Realmente me vuelve malvado?"
"Ya sabes la respuesta" murmuró el sombrero "Sé que sientes tu destino. No solo es un gran luchador quien pelea en el campo de batalla, también lo es quien piensa detrás del tablero. Responderé a tu pregunta: tu gloria está en…
¡SLYTHERIN!"
No puede ser.
Albus abrió los ojos y vio en el rostro de todos los alumnos del gran comedor su propio asombro.
Estaba en Slytherin. No podía ser.
Un murmullo se esparció en el gran comedor.
—¿El Hijo de Harry Potter en Slytherin?!
—¡No puede ser!
Mientras se quitaba el sombrero y bajaba del banco, Albus miró a su prima Rose. Ella estaba increíblemente asombrada y negaba lentamente con la cabeza.
"No…" decían sus labios.
Detrás de todos los fantasmas se tapaban la boca y se miraban entre sí, en completo asombro.
Al caminó a trompicones hacia la mesa de Slytherin y le pasó lo mismo que a Scorpius en la mesa de Gryffindor. Los chicos de Slytherin lo miraban con sorna, pero encontró lugar en la mesa y allí se quedó, cabizbajo.
Lo que había temido había sucedido.
Estaba en Slytherin.
