Capítulo 6: Primer año: Grandes compañeros


Al día siguiente Albus se despertó mal.

Abrió un ojo cuando todavía nadie en el cuarto de Slytherin se había despertado. No esperaba despertarse con un sol radiante ya que sabía que estaban bajo el Lago Negro, pero realmente despertarse en una oscuridad levemente verdosa, lúgubre, no era lo mejor que podía pasarle al comienzo de una mañana.

Y estaría siete años en ese cuarto oscuro.

Viendo lo que se le venía por delante, Al se propuso empezar el día con calma. Le dolían la espalda y los hombros por el tirante de madera que le faltaba a su cama y le dolía entre las cejas, en ese molesto punto de tensión.

Se sentó en la cama y miró con pesar el escudo de Gryffindor en su pijama, de un profundo color bordó. Se levantó y se vistió, no con el uniforme de Hogwarts sino con ropa suya estilo muggle ya que era sábado. Se sentó en su cama apoyándose en el baúl para escribir, y se dispuso a escribirle una carta a su padre y su madre contándoles cómo estaba siendo su primer día en Hogwarts. Sentía que hablar con ellos se asemejaba en gran medida a su normalidad en casa. Tomó su pluma de águila blanca y un pergamino nuevo, y trazó con cuidado sus palabras.

Queridos papá y mamá,

¿Cómo están? Espero que muy bien. Yo estoy sorprendido de cómo es Hogwarts ¡Es enorme! Jamás me imaginé que fuera un castillo tan impresionante. Es alucinante, cuando bajamos de los botes y vi el castillo y lo enorme que es, casi me da algo.

¿Adivinen qué? Creo que hice una amiga… o eso creo. Se llama Diana Summerby y hable mucho con ella ayer porque… ella quedó seleccionada en Slytherin como yo.

Papá… lo siento. No pude hacer nada para quedar en Gryffindor. El sombrero parecía estar completamente convencido de ponerme en Slytherin. Le dije que quería ir a Gryffindor, pero no me escuchó. Supongo que lo que me dijiste de que el sombrero toma en cuenta tu elección, puede fallar.

Está bien, no me importa demasiado, pero… ¿sigue en pie lo que dijimos? De que no importaba en qué casa quedara, que a ustedes no les importaba. Espero que si…

También me di cuenta de lo famoso que eres, papá. Eres una celebridad como jefe de Aurores, tiene que ser por eso que todos me piden autógrafos y hasta los fantasmas estaban sorprendidos de que yo era tu hijo. Como sea, me divirtió mucho.

Además, quería contarles que la sala común de Slytherin es de lo más llamativa. Queda debajo del Lago Negro y todo tiene como una temática Halloween en tonos verdosos. Es muy gracioso. Incluso la estrada esta llena de arañas peludas que cuelgan del techo, aunque más que gracioso eso es asqueroso. Tendrían que verlas ¡son casi del tamaño de mi cabeza! Y el prefecto dice que tienen buen humor. Eso quiero verlo, no parecen de buen humor.

En fin, me prepararé para lo que espero que sea un buen día. Aunque debería prepararme para soportar a algunos de los chicos de Slytherin y para lo que me tenga preparado James. Me reuniré con Rose en el gran comedor, como habíamos acordado antes de llegar. Ella está bien ¡quedó en Gryffindor!

Los quiero mucho,

Albus.

Al cerró el pergamino y lo dobló.

—Vamos Pher, entreguemos esta carta.

La lechuza aleteó y le picoteó una mano.

—¡Está bien! tu eres quien la entrega… qué carácter resultas tener…

Así, con una lechuza orgullosa y con su carta, Albus subió desde la sala común hasta el gran comedor, donde dejó que Pheiner se fuera volando con la carta. Caminó entre las mesas cuando se dio cuenta de que estaba demasiado temprano. Y claro, pensó Albus, era un sábado y la mayoría aprovecharía para dormir hasta tarde. Salvo él.

Y salvo sus compañeros indeseables.

—Hey Greg, mira a quién me encontré —gritó por detrás un chico— Es nuestro amigo en decadencia.

Por un momento Albus contuvo la respiración pensando que le decían a él ya que reconoció a los chicos como los que lo habían molestado la noche anterior, los que le habían roto la cama, hasta que se dio cuenta de que nadie lo había visto a él. En cambio, vio que el grupo de los cuatro chicos malvados de Slyherin rodeaban a un chico rubio platinado pulcramente peinado, con ropa muy fina que estaba sentado solo, leyendo en la casi vacía mesa de Gryffindor.

Scorpius Malfoy se encogió un poco ante el grito y levantó un poco la cabeza del libro pesado que estaba leyendo. Al se escondió detrás de una de las pesadas puertas de madera del gran comedor y miró desde allí.

—Disculpa… ¿Me hablas a mí?

—¿A quién más, cara de estiércol con pelo rubio? —le dijo el tal Goyle— Yo sé quién eres y quién es tu padre. Mi papá me contó lo cobarde que es tu padre.

Los muchachos comenzaron a rodear a Scorpius.

—¿Qué es lo que tanto lees? —el de pelo rapado le arrebató el libro mientras Scorpius se levantaba y manoteaba al aire para poder alcanzarlo, pero los chicos empezaron a revolearse el libro entre ellos, lejos de las manos de Scorpius. "Propiedad de Scorpius Hyperion Malfoy" Oh le pone nombre…" leyeron en voz alta.

—¿Tienes miedo de que te lo roben?

—Pues estás en lo cierto. Tienes razón de tener miedo, pero nosotros no queremos nada tuyo, asqueroso cobarde traidor.

—¡Yo no soy ningún asqueroso traidor! —gritó ahora enojado Scorpius, con el rostro rojizo por correr entre un chico y otro intentando tomar su libro— ¡Cierra la boca!

—Yo no cierro nada —el chico llamado Flint se acercó y tomó a Scorpius por las solapas de su chaqueta— Yo sé quién eres, quién es tu familia. Fueron asquerosos cobardes que no pudieron estar a la altura de un movimiento que hubiera ganado de no ser por la debilidad de gente como tu familia. Tu familia fue solo una demostración del fracaso.

Al vio de lejos como el rostro de Scorpius se ponía aún más rojo y miraba con odio a Flint, quien lo soltó abruptamente y lo tiró al piso. Albus quería interceder, le parecía increíblemente injusto y violento lo que esos cuatro estaban haciendo, pero supo que no era la mejor movida. Si él entraba en la discusión solo la prolongaría y la empeoraría. En cambio, se dio cuenta de que lo mejor era esperar a que se fueran y ayudar a Scorpius.

Si, eso era lo que iba a hacer. Esperaría.

—¡Si! Tu familia da asco. Tu padre da asco, y mi padre me contó que tu abuelo daba aún más asco.

—Te equivocas, Ed —dijo el de pelo negro— No da tanto asco, lo que mas da es… pena.

Albus vio como Scorpius se quedaba muy quieto y pegaba con fuerza los brazos contra su cuerpo, con los puños fuertemente cerrados.

—Daban pena, dan pena hasta hoy en día y tu das aún más pena. Solo y marginado Scorpius Malfoy.

Los cuatro chicos estallaron en carcajadas y el que sostenía ahora el libro, Goyle, abrió el libro y arrancó unas cuantas páginas de un tirón. Para esta altura varios chicos miraban la escena, entre ellos su prima Rose en una esquina, que miraba sorprendida. Scorpius la vio en una esquina.

—¡No! —gritó Scorpius pero no se levantó del piso, se encogió y agachó la cabeza mientras le tiraban el libro roto a sus pies. Varias hojas volaron sobre su cabeza.

—Por cierto, Scorpius —le dijo el otro chico rubio, el tal Greg— Saluda a tu abuelo Lucius de mi parte. Ah cierto, que no puedes verlo, está en Azkaban.

Se alejaron dando risotadas mientras dejaban a Scorpius en el suelo, frente a la vista de todos.

Y nadie se acercó.

Hasta que se acercó Albus, que salió de detrás de la puerta de madera. Se acercó rápidamente a Scorpius y lo tomó de un brazo para ayudarlo a pararse. Scorpius alejó el brazo de un sacudón, pero Albus le habló tranquilizadoramente.

—Tranquilo, no voy a hacerte daño. Quiero ayudarte a ponerte de pie.

Solo entonces Scorpius se dejó ayudar.

Una chica rubia se acercó y levantó el libro. Albus vio que era Diana Summerby.

—Ten, Scorpius.

—Gracias… —dijo Scorpius con la mirada gacha y el rostro muy rojo. Albus pudo ver lágrimas no contenidas en sus ojos grises.

—Al… —Se acercó Rose, que se quedó a su lado mirándolo—. Ya llamaron al profesor Campbell.

—Fue horrible lo que te hicieron Scorpius… —le dijo Diana, quién lo ayudó un poco a acomodarse la ropa.

—Ya está… —la cortó él.

—No lo escuches, anoche esos cuatro me molestaron a mí también —Al intentó empatizar con él— Me rompieron una de las maderas de la cama. Dormí mal por ellos.

—Gracias…

De repente, llegó el profesor Campbell.

—¿Qué sucedió aquí? ¡Está bien, señor Malfoy?

—Oh sí, yo… Estoy bien.

—Profesor, cuatro alumnos de Slytherin molestaron a Scorpius… —comenzó atropelladamente Albus, pero Scorpius lo interrumpió.

—No… no me pasó nada. Todo fue un malentendido, profesor.

—¿Qué le pasó a tu libro? —le preguntó el profesor levantando una ceja. Al guio la mirada hacia el destartalado libro rojo en las manos de Scorpius cuyas tapas rezaban "Historia de la magia: especial de la Segunda Guerra Mundial Mágica"

—Se me rompió —Scorpius simplemente se dio la media vuelta y se marchó del gran comedor dejando a todos parados mirándolo sorprendidos, incluso al profesor Campbell.

—Bueno, sigan disfrutando del sábado. Si pasa algo avísenme, por favor—. Dijo el profesor y se fue siguiendo a Scorpius, Albus pensó para hablar con él.

—¿Qué pasó con Malfoy, Al? —preguntó Rose.

—Cuatro de Slytherin le rompieron su libro, incluso lo empujaron. No entiendo como no dijo nada.

—Vaya a saber uno qué pasa por la cabeza de Malfoy —dijo Rose.

—Por Merlin, Rosie… —la miró Al, rodeando los ojos a su prima.

—¿Qué? Es Malfoy…

—Pues yo pienso que todos deberían dejar un poco más en paz a Scorpius… —dijo Diana—. Por cierto, soy Diana Summerby, estoy en Slytherin con Albus. Tu eres Rose Weasley ¿no es cierto? —Diana le tendió la mano a Rose.

—Si, un gusto conocerte Diana —la saludo su prima—. Al, ¿vienes con nosotros a la mesa de Gryffindor? Ya sabes, hoy en día esta permitido que estudiantes de otras casas se sienten en donde quieran.

Albus la miró indeciso, sin saber qué decir. Lo cierto era que estar en la mesa de Gryffindor sin estar allí le generaba un poco de nostalgia y algo de dolor mezclado, pero no sabia qué decirle a Rosie porque quería sentarse con ella y habían planeado hacerlo durante bastante tiempo.

Diana, que ya se había sumado a la conversación y que, al parecer, vio la indecisión y la lucha interna de Al, sonrió extrovertidamente y los tomó a cada uno de un hombro.

—Ya se. Sentémonos en Hufflepuff. Territorio neutral. Total… ya no importa de qué casa somos ¡Son solo mesas! — los miró a cada uno— ¡Tú también, Rose!

—Pero… es Hufflepuff… —Se quejó, Rose, insegura.

—Vamos! ¡Son solo mesas! Y espero que no les importe que yo me suma. Siento que seremos grandes compañeros.