Alma Dividida.
Lo escuchaste, su voz cuando rezaba siempre era un arrullo que te ayudaba sentirte tranquilo y protegido. Tu hogar nunca estaba en silencio cuando él se encontraba presente, incluso pareciera que pintara las escalas de grises a tu alrededor con su cálida luz que casi consideraste divina. Pero lo mejor de todo es que no te ignoraba como a veces hacía tu madre y sabías que cuando se encontraran de frente él te recibiría con gusto. Seguiste su voz hasta esa habitación separada de su departamento, la cual desde que llegaron habían reservado como zona de oración, donde estaban pulcramente acomodadas las imágenes y cruces bendecidas por el sacerdote. Con una sonrisa te arrodillaste a su lado frente al altar improvisado con una mesa pequeña de madera y una manta blanca brillante. Estaba rezando un Padre Nuestro cuando llegaste pero lo interrumpió al notar tus intenciones de acompañarlo, así que inició de nuevo.
— ¿Por qué vuelves a empezar? —preguntaste con genuina curiosidad. Tu padre sonrió.
—Siempre es mejor comenzar el rezo otra vez para que su poder no disminuya cuando lo recites junto a otra persona.
— ¿En serio?
Con un asentimiento, tu padre guío la oración y tú lo acompañaste con entusiasmo aunque en algún punto te distrajiste con su figura. Su larga melena negra ondulada le daba un aspecto pálido a su piel y sus marcadas ojeras lo hacían lucir cansado pero sólo cuando sus verdes ojos yacían ocultos tras sus párpados, que a su vez estaban adornados por largas y gruesas pestañas; él contó una vez que en su juventud era comparado con un vampiro de las generaciones contemporáneas y ciertamente no ayudaba que su vestimenta fuera negra la mayoría de las veces.
—Papá.
— ¿Hum?
— ¿Por qué tengo que quedarme con los Graves de nuevo?
—Creí que te gustaba pasar el tiempo con tus primos.
—Me gusta estar con Ashley —afirmaste—. Pero no entiendo por qué no puedo ir contigo.
—…Hay algo importante que tengo que hacer —creíste ver a sus facciones oscurecerse—, lejos, muy lejos… y probablemente en condiciones no muy adecuadas, así que me sería imposible llevarte como invitado.
—Pero irá mamá, ¿no? —espetaste enojado, aunque retrocediste en tu actitud cuando él te miró de reojo—. Seré bueno, ni siquiera notarán que estoy ahí. Y además podría ayudarte a cuidar de ella cuando se ponga mal. No quiero quedarme atrás otra vez.
—Ay, hijo. —La mano de tu padre te acarició la cabeza con suavidad—. Sabes que no puedes venir.
—…Pero me gustaría poder.
—También yo —admitió con pesar en su semblante—. No te preocupes, Archie. Te juro en nombre de Dios que volveré por ti.
Y con ese juramento, él se inclinó hacia ti para besarte la frente después de que con sus largos dedos apartara tu cabello castaño oscuro del camino. Sus labios eran fríos pero te inyectaron un sentimiento de quietud que sólo su presencia lograba trasmitirte, por eso no hiciste el intento de pedir más detalles sobre su viaje. Unos momentos más tarde volviste a la sala, dispuesto a revisar a tu mamá, a quien encontraste sobre el sillón más pequeño con la mirada perdida en la nada. En tu interior no pudiste evitar reprocharle que durante el día siempre estuviera tan inactiva mientras en la noche era tan ruidosa en compañía de sus amigos especiales.
—Mamá, ¿necesitas algo?
— ¿De ti? Nada.
—…Si eso dices —aceptaste, resignado. Al menos esta ocasión había tenido la decencia de responderte sin haberle insistido.
—Eres igual a él. —Te detuviste, sorprendido por sus palabras y te giraste sobre tus talones para mirarla, y experimentaste un escalofrío cuando notaste que sus ojos naranjas estaban fijos en ti.
— ¿Perdón?
—Si fueras niña serías mi viva imagen físicamente, pero en los genes… los genes de su familia sin duda te afectaron. No sé en qué estaba pensando cuando me metí con él.
— ¿Qué estás diciendo? N-No tomaste pastillas mágicas de nuevo, ¿verdad? —inquiriste nervioso.
—Yo era libre, yo era una mujer feliz. Nunca debí casarme con él.
Viste a tu madre doblarse hacia adelante mientras sollozaba, tomándose el rostro con las manos, así que entraste en pánico, pues ella acostumbraba enterrarse las uñas en la cara con tanta fuerza que lograba arrancarse trozos de piel. Y no tenías la intención de permitir que sucediera.
—Mamá, ¡no!
Sin embargo, cuando corriste en su auxilio algo más ocurrió. Sin razón alguna ella había tomado tus brazos y te había mordido uno de ellos con tanta furia que te enterró los dientes. Como estabas en shock no registraste el dolor pero miraste su expresión enloquecida con tanto detalle que dejaste de verla como un ser humano. Esta mujer ya no era tu madre, ya no era la elegante dama nocturna, era un no-muerto. El trauma más arraigado que consumía tu mente.
.
Saltaste con un grito ahogado pero terminaste en los brazos de Ashley, quien rápidamente te consoló con caricias experimentadas; una vez más demostrándote lo acostumbrada que estaba a lidiar con personas torturadas por su propia mente. Entonces comprendiste que acababas de despertar de un recuerdo transformado en pesadilla. Muy bien, esto es vergonzoso. Aunque estabas agradecido de que no te aturdiera con preguntas al respecto. Correspondiste al abrazo pero sorpresivamente no te soltaste a llorar como hubieses hecho antes, en su lugar te sentiste aliviado de estar en el presente, a pesar de lo peligroso que sugería el mismo por las intenciones no concluyentes habladas por tus primos esa misma noche.
—Lo siento.
—No tienes nada de qué disculparte, Archie. —Percibiste la sonrisa de tu prima en su voz—. De hecho has sido muy oportuno, estuve a punto de despertarte.
— ¿Ya es hora de irnos? —Preguntaste confundido, pues para ti todavía estaba muy oscuro.
—Es hora de ir a despertar a Andrew para poner en marcha el ritual.
—Entonces, ¿no hay otra opción?
—Es lo mejor que tenemos al alcance ahora mismo —confirmó sin titubear, por lo que te tomaste sólo un segundo para asentir con determinación.
— ¿…Qué quieres que yo haga?
—Por lo pronto sólo espera aquí y busca objetos que puedan sernos de utilidad en nuestra aventura. Voy a necesitar velas, algo con que amarrar a nuestros rehenes y posiblemente algunas herramientas para golpear.
— ¿Golpear? ¿A quiénes exactamente? —No pudiste evitar ponerte nervioso.
—Tranquilo, sólo serán por si acaso, no son indispensables.
—Bueno —te resignaste.
—Cuento contigo, Archie.
Ella te dedicó una seña con el pulgar y se puso en marcha para ascender las escaleras. Una vez la perdiste de vista, te moviste por el lugar en busca de las utilidades ya mencionadas, muchas de las cuales encontraste en las cajas que había acomodadas a un lado de la cama; las tomaste y llevaste a la cama para que estuvieran visibles. Suspiraste sintiendo a la adrenalina subir por tu abdomen. Lo que sea que fuese a pasar estaba próximo a suceder, por eso te consolaste. Y el recuerdo de tu padre siempre presente en tu memoria te juzgó. Sabes bien que estaría decepcionado de que participaras en algo así, incluso de forma tan indirecta.
—Perdóname, señor. He pecado —susurraste al silencio—. Y volveré a pecar para proteger mi nuevo hogar. ¿De verdad de los niños es el reino del Cielo?
Nunca dudaste de las enseñanzas de tu padre biológico, pero poniendo en una balanza su abandono y el hecho de que tus primos te hubiesen cuidado por medio de los mandamientos rotos de Dios, te considerabas libre de cuestionarlo por primera vez. Endureciste tu confianza y miraste hacia las escaleras cuando escuchaste pasos. Tu tía, amenazada con el arma cargada de Ashley, descendieron hasta el que fuere tu lugar de reposo.
— ¿Estás en esto también, Archie? —cuestionó tu tía al verte, su expresión demostraba pura decepción pero ciertamente no tenías nada de que arrepentirte, ella también te había abandonado.
—Guarda silencio —le ordenó Ashley, aunque la Sra. Graves no te apartó la vista.
No pasó mucho tiempo para que escucharas la voz de tu tío, sólo hasta entonces entraste en pánico. Aquí viene el no-muerto. Inhalaste y exhalaste, dos, tres veces más. Tú puedes, Archie.
— ¿Andrew? ¿No se supone que te estabas masturbando?
¿Eh? ¿Qué ha dicho? Bueno, después de esto ya no te puede dar tanto miedo. Andrew sostenía el filo del cuchillo a la altura de su garganta.
—Sólo baja, lento y constante.
El Sr. Graves hizo precisamente eso hasta unirse a tu tía junto al pilastrón que adornaba el espacio, sus caras reflejaban absoluto desconcierto por lo que harían sus propios hijos con ellos. De alguna manera los compadeciste pero no sentiste ni la menor necesidad de ayudarles a salir de ese aprieto.
—No se muevan y no griten o dispararé —amenazó tu prima-hermana con decisión.
— ¿Por qué están haciendo esto?
—No hablen tampoco, sólo cállense y esperen. —Ella se dirigió a ti cuando Andrew se acercó al Sr. Graves para atarlo con una cuerda que traía consigo, luego él señaló que no tenía más para tu tía—. Archie, ¿conseguiste algo útil?
—Sólo esto —le mostraste una serie de luces navideñas.
—Oh, bueno, supongo que servirá. —Le entregaste las luces a Andrew, quien para nada convencido con la idea se encaminó a su madre para hacer exactamente lo mismo que antes.
—Perfecto —Ashley lucía satisfecha con la vista cuando se dirigió a su hermano—. Ahora, ¿recuerdas cómo se hacía el-?
—Espera. Mamá, ¿cuál es el pin de tu tarjeta de crédito?
— ¿…Es de lo que se trata esto? ¿Dinero fácil? ¿Llegaron tan lejos sólo por unos cuantos dólares?
Oh, tía, no tienes ni idea. Sonreíste. Detente.
— ¿Cuál es el pin y dónde está tu tarjeta? —Andrew repitió, lucía aburrido.
—…Está en mi cartera.
Después de que tu tía le dijo a Andrew el pin y que este último lo apuntara en una hoja, él mencionó que iría a vaciarla. Ashley pareció oponer resistencia a la indicación de Andrew sobre no dispararles hasta que volviera, pero al final llegaron a un acuerdo y se separaron. Tu prima-hermana se veía un tanto inquieta, así que te indicó quedarte por ahí un rato en lo que iba a conversar un poco con Andrew. Lo hiciste, porque estabas seguro que sería muy mala idea dejar a tus tíos atados solos demasiado tiempo, era lo más conveniente que te quedaras a vigilarlos por si intentaban algo sospechoso. La verdad es que no soportabas la mirada que te daba tu tía, más te esforzaste en reprimir tu incomodidad. Cuando Ashley volvió tenía preparado un cuchillo.
—Muy bien, esto es lo que va a pasar. Voy a cortar a uno de ustedes y utilizaré su sangre para dibujar y si gritan haré explotar sus sesos. ¿Cómo suena eso?
—Sólo tomen el dinero y váyanse —espetó tu tía agobiada—. ¿Para qué necesitas nuestra sangre?
—Oh, ¿ahora te preocupa lo que necesito?
—No actúes como si no lo hubiera intentado contigo, Ashley. Fuiste tú quien me dejó fuera, pero aún desde entonces me he estado jugando el cuello por ti, cuidando te ti.
— ¿Como esa vez que me dejaste morir de hambre por tres meses? ¿Eso era cuidar de mi? Aw, gracias, mamá.
—Sabes muy bien de lo que estoy hablando. Nunca le dije a nadie sobre lo que ustedes, pequeños psicópatas, le hicieron a esa niña.
— ¿De qué estás hablando? Toma tus medicamentos.
—Sé que tú y Andrew le hicieron algo a esa compañera suya que fue desaparecida. Lo supe en el momento que ella fue encontrada cerca del almacén en el que solían jugar.
Te sorprendió. ¿De verdad lo sabía? Siendo así, ¿por qué no los había entregado? Era una locura dejar sueltos a un par de niños capaces de cometer un asesinato a tan corta edad. Es decir, tú ya no eres nadie para criticarla por guardar el secreto, ¿no crees? Mírate ahora. No, tú caso era diferente, ¿cierto? No hay comparación, no eres adulto, estás solo, no hay nadie más que tus primos que puedan ver por tu bienestar. Los necesitabas. Tu tía siempre pudo valerse por sí misma, ella no tendría ningún problema con delatarlos. Si, sigue convenciéndote, jaja.
—Como sea.
—Si no te amara pude haberme librado de ti en ese mismo momento. Cuando se refiere a ser una madre soy una maldita santa, Ashley. Una santa.
Que discurso tan conmovedor, ¿no te recuerda a alguien, Archie?
—Oh, sí. El santo patrono que cuida de su propio culo.
— ¿Tienes la mínima idea de lo que ellos les hubiesen hecho si los descubrían?
—De acuerdo, modelos de la virtud. Veamos de quién será la sangre que usaré.
Tu prima-hermana no parecía convencida por los intentos de amedrentarla que había usado su madre. No la culpabas, aunque no podías estar del todo cómodo con la facilidad con la que desechaba cualquier explicación, sin duda alguna odiaba a la Sra. Graves con el alma, si es que de verdad tenía alguna. De un movimiento descuidado e insensible cortó a tu tía del brazo, te tomó desprevenido así que gemiste y te sobresaltaste del mismo modo en que lo hizo el Sr. Graves que aclamó por su esposa. Ashley se giró hacia ti pareciendo recordar algo.
—Ups, lo siento. Olvidé que estabas asustado por estas cosas.
—N-No te preocupes, no es como antes. —No mentías, ciertamente la sensación de la actualidad no era tan intensa después de haber asimilado la realidad que tenías por delante.
— ¿Qué más te has atrevido hacer frente a Archie? —reclamó tu tía más molesta que adolorida, pero Ashley la silenció sólo con mostrarle el cañón a pocos centímetros de sus ojos.
— ¿Quieres ayudarme hacer esto, Archie? —Su repentina invitación te impresionó—. Ya sabes, ¿dibujar un círculo con sangre?
¿Deberías? A la mierda, ¿por qué no? Asentiste y te acercaste con timidez a tu hermana, nervioso no por el hecho de que la actividad fuese retorcida o preocupante, sino porque lo comparaste a la invitación de un juego que nunca habías jugado y por lo tanto temías no hacerlo bien o decepcionar a tus compañeros de juego, en este caso Ashley. Ella tomó tu mano y guío tu dedo hacia la herida sangrante de tu tía. Tarareando tu hermana adoptiva se apresuró comenzar a pintar, así que hiciste lo mismo del lado contrario. Intentaron coordinarse como equipo, incluso juguetearon cada que alguno de ustedes se desviaba o pintaba con demasiada irregularidad. Casi se sentía como un día de campo en familia, si no tomabas en cuenta el contexto. Fue… entretenido.
—Muy bien, está hecho —canturreó Ashley con alegría—. Ahora, ¿dónde pusiste esas velas? —Fuiste a la cama y las tomaste, entregándole un par a ella para que tú mismo colocaras las otras dos donde ella te indicó—. Terminado, supongo que esto está bien.
Siquiera Ashley dijo eso cuando Andrew se presentó en el sótano. Se le veía agitado y un poco molesto. Te preguntaste si habría ocurrido algo en su tarea.
— ¡Andrew! ¡Bienvenido! —le saludó Ashley con dulzura, no perdiendo el tiempo en correr hasta él—. ¡Andrew, danos un abrazo!
Su voz melosa fue ignorada por Andrew quien inmediatamente después le reclamó a su madre sobre un límite de tarjeta. Dijo algo sobre que después de sacar cierta cantidad de dinero se había bloqueado. Sin saber cómo funcionaba eso simplemente lo borraste de tu mente, aunque sí que prestaste atención a la respuesta insufrible de tu tía. Sin duda había algo en la familia muy característico. Esto de pronto ya no parecía un drama serio sobre robo. Si alguien lo viera desde fuera no podría tomárselo tan en serio; tú mismo apenas lo hacías. Luego de que Andrew se mostrara impaciente porque hicieran una llamada en el teléfono de arriba, Ashley se acercó a él antes de cumplir con el mandato.
—Me debes un abrazo.
— ¿Qué pasa contigo esta noche? —susurró Andrew luciendo nervioso, al parecer estaba ocurriendo algo importante entre tus primos-hermanos ya que no dejaba de alternar su mirada entre sus padres y tú mientras conversaba con Ashley, como si no quisiera que nadie los descubriera hablando de eso. Lastima—. Pensaba que habías superado esta mierda sensible.
—…Simplemente están ocurriendo muchas cosas.
—Quiero decir, si quieres uno está bien, sólo… es un poco… ya sabes… con la audiencia. —Tu hermana se echó a reír rompiendo lo que parecía el momento más tenso en la vida de tu primo, aunque esa reacción pareció ofenderlo—. ¡Olvídalo! ¡Claramente estás bien!
Esa exclamación llamó la atención de tus tíos, cuando inspeccionaste sus caras te diste cuenta una vez más del gesto asqueado de la Sra. Graves. Ella lo sabe, tú lo sabes. Después de eso, Ashley se llevó a tu tía arriba, por lo que Andrew y tú esperaron ahí hasta que pudieran quitar el límite de retiro en efectivo de la tarjeta. Entre tú y Andrew no solía haber mucho de qué hablar a menos que la situación lo ameritara, siempre fluía mejor la charla cuando estaba agregada Ashley pero esta vez todo fue un poco diferente.
—Archie, ¿tienes algo en tus bolsillos que pueda usar para pintar?
— ¿Sangre? —Fue lo único que se te ocurrió decir, eso lo hizo reír. Se sintió bien.
— ¿Llevas sangre en tus bolsillos a menudo, Archie?
—B-Bueno… fue lo que Ashley y yo usamos para pintar hace poco…
—Pues no, todavía no estoy interesado en usar eso, quiero dibujar algunos bosquejos primero. La sangre… esa puede usarse después. —Hurgaste en tus bolsillos mientras disfrutabas de esa sonrisa; Andrew simplemente siempre era tan serio que te costó mucho adaptarte a él, pero después de todas estas vivencias podrías esforzarte en obtener esos gestos que sólo tu prima era capaz de sacarle—. ¿Y bien?
— ¡Aquí! —celebraste mostrándole un trozo de gis que habías encontrado un día mientras jugabas con otros niños en el parque cerca del motel.
Esa ocasión lo metiste en tus bolsillos con la intención de usarlo más tarde pero te olvidaste completamente de este. Era un alivio (y una suerte enorme) que hubiese sobrevivido ahí tras ciclos de lavados intensivos. Se lo entregaste y él te agradeció apartándose para garabatear trazos en el suelo por tres puntos alrededor del intento-de-circulo por el que Ashley y tú estaban orgullosos. Ella volvió y después de haber atado nuevamente a la Sra. Graves con las luces navideñas, tus primos-hermanos entablaron un ligero debate sobre quién debía ir a recoger el resto del dinero de la trajeta, aunque al final Ashley logró convencer a su hermano mayor de ir ella. A este punto todo hubiera avanzado con normalidad hasta que él volvió hablarte.
—Archie, ¿por qué no la acompañas?
— ¿Eh?
—Lo sabía, me preocupa que alguien pueda lastimarla.
—Pero…
Entraste en un dilema. Sabías que a Ashley no le agradaría que dejaras solo a Andrew después de que ambos quedaran de acuerdo. ¿No la enojaría eso? Podría considerarlo un acto de traición por parte de su hermano, una excusa para quedarse a solas con tus tíos. No estabas seguro de cuánto confiaban el uno del otro para estar tranquilo en elegir lo que tú querías hacer y elegir mal daría paso a una discusión, ¿cierto? Ah, elegir opciones es jodido en este tipo de circunstancias.
—Date prisa o se alejará tanto que no tendrás idea a dónde fue.
—…Bien. —Te levantaste de tu asiento y le diste un último vistazo a tus tíos antes de mirar de nuevo a Andrew a los ojos—. Volveremos enseguida.
Con eso corriste escaleras arriba. No había nada de malo en salir a caminar un rato en medio de la madrugada, ¿verdad? Esa idea fue tu impulso para tomar esta decisión, aunque tu ambición fuera llanamente ridícula, no la querías desperdiciar. Cuando cruzaste la puerta de entrada y miraste a la distancia, descubriste la silueta de Ashley todavía a la vista, por lo que no paraste de correr e incluso la llamaste para que te esperara. Ella se giró hacia ti sorprendida y te recibió en sus brazos cuando no lograste frenar a tiempo.
— ¿Por qué me seguiste? —preguntó en tono alarmado, te preocupó, ¿hiciste mal?
—Yo… quería caminar por calles desoladas en la madrugada, ¿debo volver?
—…No —decidió Ashley luego de un rato de reflexión silenciosa—. Está bien, supongo que no puedo negarte ese gusto, así que vamos juntos.
— ¡Hurra!
Al principio a Ashley se le veía renuente e inquieta pero notaste que lentamente se relajó y volvió a juguetear contigo durante todo el camino de ida y vuelta. El cajero en el que Ashley realizó el retiro escupió dólares por montón, te impresionó la cantidad de dólares que habías sostenido nunca en tus pubertas manos. Por fortuna no tuviste que verlos mucho, ya que los metieron en una mochila que posteriormente cargaste en tu espalda ya que estabas empecinado en servir hasta en estos pequeños detalles. A tu hermana no pareció importarle mucho, así que te lo permitió. No hubo incidentes en el trayecto de regreso pero si fue un camino un tanto silencioso. Rompiste el hielo delante de la puerta sólo hasta que te diste cuenta que no querías seguir cargando esa mochila.
—Entonces, ¿dónde dejo todo esto?
—Supongo que… podrías dejarlo en el dormitorio de nuestros padres en lo que continuamos con nuestro viaje.
—Okay.
—Mientras estás en eso, volveré al sótano.
—Ahí los veo —dijiste alegre apresurándote al lugar acordado.
Cuando estuviste ahí dejaste caer la mochila sin mucha precaución, cómodo con todo lo sucedido hasta entonces. Comenzabas a pensar que no había sido tan terrible como pudiste alguna vez pensar sobre darles una rápida visita a tus tíos. Oh, alguien se siente astuto hoy, ¿eh? Sólo cállate. Con una sonrisa retornaste tus pasos al sótano. Lo que viste al bajar te dejó confundido. Andrew se había quitado a Ashley de encima de una manera muy graciosa a pesar de la agresividad con la que lo había hecho, pero aunque eso hubiera molestado a Ashley duramente al grado de provocar una guerra campal, parecía más divertida de lo normal. Eso significaba que ocurría algo más.
— ¿Qué ha pasado aquí? —susurraste. No me preguntes a mí, he estado contigo todo este tiempo.
— ¡Agh! ¡Como sea! ¡Invoca al demonio de una maldita vez! —En serio, ¿por qué Andrew estaba tan alterado? ¿Qué te perdiste del episodio esta vez? Y todo por deshacerte de la mochila.
—Uy, que impaciente. Vamos a ver si se muestra… ya que no hay música.
—Esperen, ¿de qué están hablando?
—Silencio, no olvides que sigo armada. Andrew enciende las velas. —Eso fue lo que hizo mientras tú te sentabas a la mitad de las escaleras observando todo el asunto con curiosidad. Andrew continuaba conmocionado con lo que sea que hubiese pasado, pero el ambiente no tardó en volverse relativamente serio otra vez cuando Ashley se aclaró la garganta—. Hola, hola, Sr. o Sra. Demonio. Lamento no tener música tocando pero tengo una petición que pedirte.
Unos instantes de silencio fueron suficientes para demostrar que algo al final si era necesario. Ese tiempo para ti fue la más absoluta tensión donde deseaste que no funcionara el ritual después de todo. No olvidabas el que habías visto en aquel edificio, definitivamente aterrador.
— ¿…Tal vez si canto algo?
—Por favor, no —suplicó Andrew.
Al siguiente instante todo el lugar fue hundido en una espesa oscuridad, gritaste sin poder contenerlo y te cubriste la cabeza por mero reflejo pero volviste a quedar mudo ante la presencia de aquella cosa pequeña y redonda que levitaba bastante espacio sobre el suelo. Era definitivamente más pequeño que el último pero sus tres ojos rojo brillante seguían siendo inquietantes. Tus tíos no tardaron en entrar en pánico mientras la criatura se dirigía a Ashley con tal naturalidad que fue preocupante. No te gustaba nada ese detalle.
—ALmA dE AlqUitRaN.
—Ofrezco a estos dos —dijo sin más.
Los gritos del Sr. y la Sra. Graves se apagaron en un instante mientras sus cuerpos caían inertes frente a la extracción de sus almas. Fue todo un espectáculo, uno sumamente sobrecogedor, pues el ser no había hecho más que mirarles para que una energía blanquecina se quemara como si fueran auras y posteriormente humeara por encima de sus siluetas hasta finalmente desaparecer. Dios, esto era peligroso, también emocionante. Esa alma robada pudo ser la tuya.
—Me pregunto si debería sentir algo —comentó Ashley imperturbable—. Así que la música no era necesaria después de todo, ¿por qué debía estar funcionando la última vez?
—EL CíRcuLo eS DiFíCiL dE EnCOnTrAR, eL sONidO eS fÁCiL dE sEGUir, pERo TiENes Mi tALisMán AhOra, tE haCE FáCiL dE enCOntRAr.
—Hablando de eso —Ashley le mostró al demonio una reliquia que tú claramente no habías visto ni sentido curiosidad por preguntar desde que lo mencionaron a pesar de todo. No podías mirarlo bien desde tu posición pero considerabas haber visto lo suficiente para saciar tu curiosidad—. Un trato es un trato, cárgalo por favor. —El demonio aparentemente lo hizo, ya que esa cosa emitió una luz tenue que pudo funcionar de linterna en una zona oscura, distinta de ese espacio escarlata que pintaba el ambiente—. Gracias.
El demonio se desplazó por el viento para detenerse delante de Andrew, el cual con obvio nerviosismo apenas acertó a saludarlo con cierta cordialidad. Si fueras tú ya estarías llorando.
—EsTE eS El hErMAnO.
—Así es, mi orgullo y alegría. Y no, no puedes tomar su alma, es mía.
Algo debió retorcerse en el interior de Andrew, ya que de pronto –en lugar de estar incomodo por la presencia del demonio, como claramente tú lo estabas– parecía más interesado en mirar lejos de Ashley con timidez. Podrías estar delirando pero supones que el demonio percibe algo que lo hace interesarse aún más en tus hermanos porque se tarda un poco en volver hablar con su peculiar manera.
—…Te VEré OtrA vez, ALmA dE AlqUitRaN.
—Claro, realizaré otra ofrenda una vez mi baratija necesite ser cargada de nuevo.
—Yo tE inVoCAré, tRAe a eSte CoNtigo. —El demonio señaló a Andrew con sus ojos.
— ¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué?
—Okey-dokey. Bye bye.
Ashley se despidió del demonio con mucha naturalidad. Fue sólo hasta que él desapareció y que el entorno que los rodeaba volvió a la normalidad que respiraste. Habías sentido que te ahogabas, te preguntaste si habías sido el único en notar la diferencia entre un ambiente y otro. Quizás de nuevo estabas imaginando cosas o exagerando, posiblemente un poco de ambas cosas porque esa experiencia fue mortal.
— ¡Y con eso la baratija está cargada! —celebró Ashley con entusiasmo.
— ¿A qué se refería esa cosa con que iba a invocarte?
— ¿A quién le importa? ¿Qué haremos con los cuerpos?
—"¿A quién le importa?" dice ella. Me estás jodiendo. —Andrew se cubrió el rostro.
—Los cuerpos, Andy. Enfócate.
—Cierto, los cuerpos… —Andrew se recuperó momentáneamente de su crisis—. Bueno, por un lado nosotros no los matamos. Por otro lado, que ellos desaparezcan definitivamente será lo mejor para nosotros, tal vez ellos se perdieron en alguna parte, ¿quién sabe? —Andrew agregó lo siguiente mordiéndose un dedo—. Mientras tanto si hay una investigación de asesinato…
—Muy bien, entonces hagámoslos desaparecer.
—Si… podemos empezar cortándolos.
— ¿No podemos simplemente tirarlos al océano o algo?
—No, Ashley, los haremos desvanecerse, no que terminen en algún lugar en la costa.
Cuando los viste acercarse a los cuerpos de tus tíos miraste con morbo pero algo en tu pecho se sintió terriblemente asqueroso, tal vez se debía a los planes que tus primos tenían para ellos. Te aterraba la sola idea de observar esta vez pero… te sumergiste tanto en tus pensamientos que te perdiste la última conversación de tus primos y ahora ambos lucían conmocionados por lo que tenían delante; eran los cuerpos sin alma de tus tíos pero había otro detalle.
— ¿Papá está respirando?
— ¡Lo está! ¡Y mamá también!
— ¿Qué?
Echaste a correr hacia ellos para comprobarlo por ti mismo, después de todo se supone que el demonio les había robado sus almas; según lo que la lógica dictaba, en esos instantes deberían ser cascarones. Pero te llevaste una fuerte impresión al verificar lo ya dicho por tus primos: estaban respirando, a pesar de que el movimiento vital fuera muy leve. Intentaron de todo por varios minutos para tratar de despertarlos pero nada funcionó. Esto es un giro interesante de los acontecimientos, ¿no crees?
—Oh, Dios. ¿Qué es esto?
— ¿Tal vez perder tu alma sólo te convierte en un vegetal? —reflexionó Ashley.
—Eso no puede ser, el cultista murió y el guardia también.
—Bueno, quiero decir, ¿tú realmente lo comprobaste? —La idea sembró la repulsión en tu estómago. Esta vez definitivamente ibas a vomitar—. Porque estoy segura que no, Andrew. Simplemente empezaste a cortar
—No, no, no, no, no, por favor dime que no seguía con vida cuando lo comimos. —Ashley se rio de la situación, tú no lo conseguiste, caíste al suelo como un muñeco de trapo que se ha sostenido de milagro en una posición sentada. Sentiste a los jugos gástricos subir por tu garganta pero no fuiste capaz de vomitar. Habías aceptado que canibalizaste porque no lo viste directamente, más el pensamiento de canibalizar a alguien en vida fue más perturbador—. ¿¡Qué mierda es lo divertido de esto!?
—Vamos, estoy segura que él murió rápidamente por pérdida de sangre, y si no el que le arrancaras la cabeza hizo su truco. Va a ser lo mismo con estos dos. Empecemos a cortar.
— ¡No! —Andrew detuvo la trayectoria de tu prima—. Eso… esto lo cambia todo, ¿no es cierto?
— ¿Quieres dejarlos así? Ellos no obtendrán su alma de vuelta, aunque si quieres dejarlos morir de hambre, estoy a favor. ¿No sería poético? Estoy segura que te gustaría eso.
—Yo… no lo sé… déjame pensar. —Andrew comenzó alejarse, por un breve momento quisiste hacer lo mismo. ¿Qué te detuvo? Estás sonriendo otra vez.
— ¡Oh, vamos! ¿A dónde vas? No, Andrew. Mira aquí un segundo.
Lo hizo y tú acompañaste su gesto de mirar hacia Ashley. Nunca creíste ver algo tan deshumanizador. Era la primera vez que mataba a alguien directamente y a pesar de ello en ningún momento titubeó o se arrepintió. Ella no sólo se compartimentalizaba, no, era algo más. Que agallas y facilidad para matar a sus propios padres. Que miedo. Tragaste saliva con dificultad, asustado por primera vez en tu vida de Ashley.
— ¿¡Qué estás haciendo!?
—Listo, están muertos. Y ahora atrévete a decirme como siempre te obligo hacer el trabajo sucio.
Andrew se retiró pero no sabes por cuánto tiempo, en cambio tú te quedaste ahí, inmovilizado por una fuerza desconocida mientras Ashley se ocupaba de arrastrar los cuerpos sin alma y sin vida del Sr. y Sra. Graves hacia la coladera instalada a la orilla. Enseguida de un par de maniobras Ashley estuvo de vuelta contigo, se acomodó a tu lado como si no hubiese pasado nada de nada y te sostuvo el rostro para sonreírte con dulzura.
—Archie, lo que vamos hacer a partir de ahora será más desagradable y asqueroso de lo normal. Si quieres puedes esperarnos en la planta de arriba para que aguantes la jornada. ¿Qué dices?
La opción de escabullirte fuera de escenarios más reales y palpables sobre desmembramiento humano aliviaron tu corazón infante. Tal vez Ashley (esta inhumana Ashley) estaba aprendiendo a emular un poco de empatía por los débiles de corazón como tú. Era tu oportunidad de levantarte, ascender las mismas escaleras que Andrew descendió hace poco con su crisis nerviosa superada. Tal vez deberías hacer lo mismo y esperar porque tus tan amados padres sustitutos vuelvan arriba contigo. Como si nada hubiese pasado, como si nada más que su pequeña y feliz familia de tres importara. Sin embargo…
No puedes irte así como así, ¿no? ¿De qué nos serviría estar aquí entonces? Todo ocurriría igual que si no estuvieras presente, no tiene ningún sentido, ¿sabes? Quédate y mira. No tengas miedo, Archie. Será como esas horribles caricaturas con rating descuidado trasmitido por TV que consumiste en la mañana. Quédate y míralos descuartizar a esos pobres seres, a esos personajes de caricatura ficticios que sólo sienten y muestran dolor cuando es necesario, cuando el espectador debe darse una idea de lo que puede sentirse al estar en una situación similar.
Es lo que querías, ¿no es cierto? Formar parte de Ashley y Andrew; de las Aventuras de Andy y Leyley. Ser el intruso del ataúd, alguien que no estaba destinado a formar parte de su historia pero que de todos modos fue colocado ahí a la fuerza.
Está bien, Archie. No te culpo por estar necesitado de cariño, ni al que pueda estar interesado por leer tu historia. Déjalos divertirse o sufrir por lo que estás viviendo. Ese es el objetivo de esto. ¿No lo crees también… lector?
Notas Finales: Este fue un buen viaje, ¿no? Jaja. Me divertí mucho con este capítulo.
Comentarios Adicionales: Para los que tengan dudas sobre lo que pasa, Archie está experimentando una división de su mente que llamaremos "Trastorno del Narrador", el cual uso también para referenciar el self-insert y para exponer una realidad más cruda que sufriría un OC de este estilo al ser colocado en una trama como la de este Visual Novel. Como todos sabemos, si los hermanos Graves coexistieran con el lector que los ama, no podría vivir a su alrededor sin sufrir las crueles consecuencias, es lo que trato de plasmar aquí. Básicamente una crítica al "I can fix him/her". Sólo no se lo tomen muy personal, jeje. No tengo nada en contra de dichos entretenimientos. Son libres de disfrutar de sus ficciones como más les plazca, yo sólo doy rienda suelta a mi creatividad.
