Sushi no era una comida que cocinara todos los días. Era para ocasiones especiales, aunque Misa tardó en definir por qué comerían esto una vez más. Buscaba, en cierto modo, una conexión con su única hija. Ella no hablaba más que del colegio y en vacaciones se la pasaba con un libro en una mano y la espalda contra el sillón, la cama o una silla… cada pocas semanas limpiando su habitación a su orden y poco más. Había intentado que hiciera actividades recreativas y físicas, incluso sugiriendo un club de lectura; sin embargo Hoshi solo le había dedicado una mirada casi sufrimiento, como si esperara que adivinara algo de ella, y había dicho que no a todas las sugerencias.

Quizás era muy insistente.

Aun con las vacaciones en otros lugares de Japón, Misa ya estaba ideando otras maneras de que Hoshi tuviera más de un interés.

Iba a continuar con esa línea de pensamiento cuando oyó unos pasos. No parecían los de Hoshi, pero aun así Misa habló para atraer la atención.

—La comida está lista —Con un murmullo (la cabeza inclinada en dirección al suelo, una simple exhalación, una mano apartando un mechón suelto de su cara), se estaba dando la vuelta, sin dejar de agarrar un cuchillo que estaba usando para comprobar la cocción del sushi. Hacía quince años que vivía sola; no iba a perder la calma ahora, no iba a hacer de Hoshi una idea más interesante para quien fuera.

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Panorama completo… Lo que ella tenía era evidencias diarias de su perspectiva; ignorancias pequeñas de quienes no se ilustraban; desentendidos debido al nulo conocimiento; correcciones ocasionales hacia el resto pero nunca de ellos… No, no.

No le interesaba hallar lo contrario, había que admitir. Tenía una lista de cuestiones que no podía responder y cabía aquella irresoluble.

Hoshi guardó sus cosas y se cambió de ropa solo para irse a acostar inmediatamente. No quería ir a decirle a su madre que no tenía apetito y estaba lo bastante cansada del colegio para justificarse que podía acostarse un rato.

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Ai me encontró no mucho después. Parecería que yo hubiera corrido muy lejos, pero realmente había querido buscar la lejanía permanente a todo esto. Debía haber habido alguna manera de esconderme o incluso hallar el final.

De todas maneras, no me molestó del todo su presencia, aun yo estando con las rodillas contra mi pecho y la espalda contra la pared del baño. No estaba completamente sentada ni con los ojos contra el espejo.

—Hey, nos diste un buen susto recién, je je —Se había agachado. Una de sus manos apoyada en mi pie y una incómoda sonrisa bien dirigida.

—Raro es que vengas a buscar a una chica al azar que solo se tropezó —murmuré, con rapidez intentando despistarla. No era como si pudiera explicarle algo que realmente no sé.

—Una chica de secundaria que juro que vi aparecer… no caminar o correr hacia nosotras.

—Solo estaba… curiosa por la universidad. Tengo que estarlo. Y estaba nerviosa por eso, nada más.

—Eso no explica que hayas caído del aire. Tampoco era muy alto pero igual… Algo vimos mi hermana y yo.

Mi tía sí que era insistente. No esperaría que alguien mantuviera una conversación con un desconocido y ella se había atrevido a hacerlo sin vergüenza ni dudas. ¿Tanta sospecha debía tener? ¿Tanto así y tenía que actuar al respecto?

Me incorporé con torpeza. «Estoy en todo mi derecho de marcharme si me sentía incómoda, no te sientas culpable.»

Hice una mueca.

—De-debo irme para… —Empecé a caminar hacia la salida— para mi casa, Ai. No fue nada lo que pasó… solo…

—¿Qué dij…?

—Chau, ahora con permiso…

—No, espera, ¿nos conocemos de algo?

—Em, no, no lo creo —Medio la rodeé, medio la empujé. Tampoco intentó retenerme, afortunadamente. Aunque eso sería ya… aterrador.

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Los pasillos se desdibujaban a mi alrededor. Volví a estar en presencia de mi mamá. Vislumbré a mi padre acercarse desde otro pasillo, compartiendo un tentativo saludo con ella.

—¿De nuevo buscando a tu hermana?

—¡Light-kun! —Casi lo gritó con una gran sonrisa en el rostro—. Sí, no sé por qué tanto se demora. Igual, me entretienen las… —Miró a su alrededor— ¿decoraciones?

—Anuncios, datos curiosos, indicaciones… Hay por todo el edificio.

En un silencioso acuerdo, ambos se apoyaron en una de las paredes —lado a lado— que enfrentaba un gran ventanal, el cual dejaba ver los coloridos árboles de afuera y percibir los gruesos rayos de sol en la cara. Tenían vuelta las cabezas ligeramente en la dirección del otro.

—¿Por qué es que estás estudiando… emm… leyes…?

—También criminología y otras cosas… —le recordó—. Quiero seguir un poco lo que hace mi papá, que es policía. Aunque no sé si eso sería todo.

—Creo que es algo que dice muy bien de vos.

—Si lo decís… —Medio rodó los ojos, aunque mi madre no parecía estar admirando aquello—. Y entonces estabas en… Modelaje.

—Sí, es algo que mis padres me animaban a hacer. De chiquita me metían en concursos de belleza y por ahí danza y algo de piano. Pero la verdad busco meterme más en la actuación —«Siempre me gustó ser alguien diferente.»

¿Era esa… su voz? No lo soltó… También sonaba un poco distinto, un poco mejor, como dirían todos.

Toda esta experiencia era simplemente extraña y tampoco sabía cómo había llegado a parar a acá, conociendo a personas muertas y siendo testigo de encuentros entre mis padres sin espacio de horas reales, la notable molestia de mi padre por mi madre que enmascaraba una profunda mirada y la notable distracción de mi madre por mi padre que enmascarada un desinterés.

Además, era el lenguaje corporal de mi madre, su vestimenta juvenil, su peinado, su voz… Curioso…

Aunque estas formas eran superficiales. Ya distinguía apenas un brillo genuino de interés que demostraba más.

«La comida está lista.»