Sumario: Levi y Hanji son abogados penalistas y están a cargo del divorcio de Mikasa y Eren. Tienen experiencia en ello, después de todo, así comenzó el final de su propia historia.

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Portada: Esme Rosas


Capítulo 11: Culpable


Levi releyó la copia del documento que tenía, a pesar de haber estampado su firma hace días atrás.

No le gustaba esa sensación de que todo estaba saliendo demasiado, demasiado bien.

—Brindar toda las facilidades en las investigaciones...— repitió en un murmullo, buscando alguna palabra mal puesta, una coma, una frase que pueda ser ambigua, pero no. Todo estaba perfecto y firmado por los Kusavā.

Hanji se despertó y fue directo a la cocina, notando a Levi arrimado contra el mesón, aún concentrado en el documento de acuerdo que Armin logró que tanto Tom como Zeke firmaran sin protesta alguna.

Frunciendo el entrecejo, por unos instantes Hanji se sintió ofendida que Levi creyera que ella iba a dejar el caso legal en cualquier abogado. Luego abrió la alacena, descubriendo que Levi había comprado más panecillos relleno de chocolate y nueces, por lo cual abrió un paquete y lo devoró en un instante, amando cómo se derretía el chocolate en su interior y cómo sonaba la nuez contra sus dientes.

Era el paraíso de sabores.

Y pensando en sus sabores favoritos.

Hanji fue donde Levi, quitándole la carpeta con los documentos y lanzándolo hacia la sala.

—¿No confías en Armin?— preguntó ella, con tono que aparentaba ser de reproche, pero todo fue ver los asombrados ojos azul gris de Levi para que cualquier pelea sea desechada de su mente.

Me siento inquieto...— admitió Levi, notando que Hanji apenas había recogido su cabello en una rápida coleta y no había abotonado la camisa blanca que él mismo se había sacado aceleradamente la noche anterior y ahora ella portaba.—... ante tanta... perfeccción.— apenas pudo completar al ver que ella deslizaba unos dedos en medio de su escote, como si jugara con mostrarle o no sus pechos, a pesar de haberla visto desnuda incontables veces.

Ante los ojos de Hanji Levi estaba bastante atractivo con su cabello oscuro, en la cocina de su casa, descamisado, su piel pálida, pero tensa y dura por los ejercicios que practica... Aquello la hizo sentirse más inquieta y caliente. Nerviosa, se pasó las manos por encima de la ropa, mordiendo su labio inferior antes de confesar.

—Quiero que me tomes en el mesón.— susurró, con el corazón latiendo intensamente. Levi pudo apreciar que, aparte de su camisa y sus pequeñas bragas, Hanji no llevaba nada más de ropa.

Él no necesitó que Hanji lo volviera a pedir, la recibió en sus brazos, deslizando las piernas de ella alrededor de su cintura mientras daba unos pocos pasos y la sentaba en el mármol, haciéndola estremecerse por el frío.

¡Qué demonios! Ella misma lo pidió, y sabe de su fetiche de ponerla contra la primera base cercana. Saboreó en sus labios el chocolate y las nueces, no sabía si había algún afrodisiaco adicional pero Levi no estaba dispuesto a cambiar de proveedor e iba a llenar toda la jodida cocina con esos panes.

No necesitó mucha preparación, ella estaba húmeda y ardiente, él erecto y dispuesto. Ni siquiera se dio tiempo de quitarle las bragas, solo las hizo a un lado, sosteniéndolas con una mano mientras con la otra liberaba su ansioso pene para deslizarse dentro de ella. Acarició la curva de su estómago y aprovechó la posición para sostener los bordes de las bragas contra las piernas, cuidando de no lastimarla ni herirse entre cada embestida. Al aumentar la intensidad Levi procedió a desgarrarlas para que no le estorbaran y Hanji ni se molestó en protestar, su verdadera molestia sería si no termina de llevarla a ese clímax anhelado. Sintió las manos de Levi en las caderas mientras la boca le dejaba marcas en la piel al alcance.

Hanji apenas pudo pensar que iba a tener que tomar una ducha antes de ir al trabajo y solo pensar que Levi la acompañara en la misma hizo que se excitara más, aprisionando más su vulva alrededor de él, haciéndolo soltar una maldición al haberlo hecho correrse antes de tiempo.

Y tal como ella lo había sospechado, Levi se la llevó a la ducha para volver a tomarla en la misma, cuidando que sus manos estuvieran contra la pared y que no se resbalara en ningún momento, mientras ella le daba la espalda, dejando que él acariciara aquellas alas que tenía en su piel.

Solo en esos momentos la ducha de Levi se extendía.

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Kenny en ocasiones solía jugar bastante sucio, incluso si ello implicaba mover hilos emocionales y colocar las piezas a su antojo.

Le había dicho a Mikasa que esa mañana podía ir a visitar a Kuchel, que trajera esas cosas para tejer y que aprendiera a hacer ropa para su mocoso, así pasarían unas entretenidas horas. Mientras, según sus planes, Eren estaba en la oficina en su absorbente trabajo y Levi y Hanji también andaban en sus asuntos laborales.

Todo estaba cubierto, así que podría moverse a escondidas, una sola vez, una más, para recorrer sus pasos e ir por el maldito de Sannes, asegurarse de hacerlo picadillo y realmente estar ahí presente cuando las ratas lo devorasen.

No solo es por su hermana, no solo por familia perdida y la que le queda, no solo por su sobrina politica, no solo por ella... Es la suma de todos.

Mikasa llegó puntual a las nueve de la mañana y con cuidado hizo las presentaciones, sondeando el estado emocional de su hermana. Se alegró de verlas emocionarse y llorar de felicidad, Kuchel diciendo que Mikasa había heredado la belleza de su madre.

Esperó cerca de cuarenta y cinco para hacer la primera jugada, dejándolas solas mientras iba a comprar bocaditos a una tienda cercana.

No existieron problemas en ese pequeño lapso de tiempo, así que, más confiado, Kenny le pidió a Mikasa cuidar unas horas a su hermana mientras iba a hacer unos trámites.

Mikasa asintió, concentrada en hacer la puntada que Kuchel estaba guiándole en esos instantes.

Alrededor de media hora después la puerta volvió a abrirse, las dos mujeres miraron unos instantes notando que eran Levi y Hanji, tratando de no hacer mayor ruido, mientras ella rebuscaba en una de las bolsas.

—Huele tan bien.— suspiró Hanji mientras contemplaba un racimo de uvas verdes. Levi sonrió, abriendo el empaque y dándole en la boca. Hanji abrió por incercia y mordisqueó un poco el sabor de la fruta. —¡Espera! ¡Es para..! Uh... ¡Sí, está muy dulce!

—Podemos comprar más para madre.— dijo Levi no pudiendo evitar acariciar la mejilla de Hanji, aún con algunas uvas en la boca. Ella pareció ceder y las mordió completamente. —Igual, no iba a darle a mi madre esa fruta que estuvo en tu boca.

Hanji lo tomó del rostro y le plantó un intenso beso.

—Seguro que las querías para ti y me usaste de pretexto para comerte las uvas de Kuchel.— acusó ella, aún sosteniendo el rostro de Levi entre sus manos.

Mikasa inevitablemente terminó de soltar el telar que resonó en su caída en el piso, haciendo que la pareja se separara, como si no se conocieran.

—Madre.— saludó Levi, haciendo una leve reverencia hacia su progenitora. Luego reparó en la presencia de su embarazada prima. —¿Mikasa... qué pasó?

La joven tenía las mejillas sonrojadas. Nunca, en toda su vida, había visto a Levi ser tan... afectivo. Incluso en lo que ella recordaba de la etapa de él cuando estuvo casado, siempre se mantuvo tan íntegro y cerrado a mostrar afecto en público, con esa educación estricta y a la antigua por parte de los Smith.

—Todo... bien...— dijo ella, desviando la mirada para buscar su telar. Kuchel se lo pasó para que no se moviera. Instintivamente Mikasa se pasó la mano por el vientre crecido y no pudo evitar una sonrisa de felicidad porque su familia esté finalmente pudiendo ser feliz. —Sí, todo está muy bien. Eren me dejó aquí porque tío Kenny me dijo para visitar a tía Kuchel.

Hanji ignoró su propio sonrojo y se acercó hacia la pareja.

—Trajimos frutas... pero no sabía que estabas aquí, Mikasa. ¿Te siguen gustando las almendras?

Ella asintió mientras señalaba la bolsa que Kenny le había conseguido.

—¡Qué bien!— murmuró Levi mientras observaba su reloj y dejaba unas bolsas al alcance de su madre. —Lamento el poco tiempo, pero tengo una audiencia, así que Hanji...

—Debo también adelantar otro caso.— agregó ella con una sonrisa de disculpa y juntando sus manos a manera de pedir perdón.

—Pensé que tenías libre el día de hoy...— indicó Levi, frunciendo el entrecejo.

—Hubiera creído que también tenías libre...— replicó Hanji tomando su celular verificando el calendario. —Voy a tener que organizar mis vacaciones. ¡Vayamos junto a Kuchel de viaje!— La aludida miró a Hanji con una amplia sonrisa y asintió, completamente emocionada como una niña pequeña. —¡Perfecto! Mientras más pronto me mueva con el trabajo de hoy más pronto podemos disfrutar de nuestro tiempo juntos.

—Te acerco a tu oficina.— ofreció Levi y Hanji asintió mientras tomaba otro racimo de uvas verdes y se lo llevaba a la boca.

La pareja partió y Kuchel, más feliz aún, retomó sus puntadas, diciendo a Mikasa que tenían que hacer una hermosa sábana para cubrir al bebé en las noches frías. Y gorritos. Y no podían faltar guantes... y medias... Tenía tanto que enseñarle.

Mikasa aceptó, dispuesta a aprender todas las indicaciones de su tía Kuchel.

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Dentro del auto, Levi quedó frente al volante, aún sin encender el mismo. Se sentía dolido y traicionado. Hanji deslizó una mano hasta tomar la de él y lo aprisonó con fuerza.

—Debería dejarte en la oficina...—ofreció él con voz tensa.

—...pero sabes que no me quedaré quieta.— reflexionó ella.

Aquello hizo que Levi soltara un chasquido mientras asentía. Efectivamente, ella no se iba a quedar en la oficina y Levi no sabía si amarla u odiarla por eso.

Se mantuvo otro instante en silencio, sin saber qué hacer.

—Ahora... no sé dónde demonios pudo haberse metido.— soltó Levi.

—Quizá tiene pistas...

—Kirschtein... pero desde el hecho de los videos el bastardo no me contesta...

Hanji sonrió ante la idea que se le ocurrió.

—Pásame su número.

Una vez que lo obtuvo, Hanji lo llamó desde su propio celular, dejando en altavoz la llamada.

—¿Qué?— soltó a secas al otro lado de la línea.

—¿Kirschtein...Jean?— preguntó Hanji, tratando de dar un tono inocente a su voz.

Ante la obviedad de una voz de mujer, el otro moduló su forma de hablar.

—Podría ser...— dijo con una risita nerviosa. —Depende con quién esté hablando...

—Es que... una persona muy cercana a mí me facilitó su número, porque me dijo que Kirschtein era de los mejores para brindarme... información.

No supo por qué, pero Hanji sintió la necesidad de besar la comisura del labio de Levi. Quizá ella creyó que estaba siendo demasiado coqueta con Jean y necesitaba reafirmarle a Levi que solo él es el hombre que quiere.

—Puedo... averiguar, claro está.

—Estoy dispuesta a pagar muy bien por la información...— Hanji continuó diciendo. —Pero me urge, para ayer incluso es muy tarde.

Se escuchó una risita del otro lado de la línea.

—Si tienes tiempo...— Jean hizo una pausa a propósito. —Podríamos vernos en algún lugar que nos quede a ambos cerca...

—Me parece más que perfecto. Te envío la ubicación y me confirmas tu asistencia.

Hanji buscó un café-bar discreto y le remitió la dirección. Unos segundos después Jean le indicó que le quedaba al alcance y se verían aproximadamente en media hora. Ella le mostró el mensaje a Levi, obviamente muy orgullosa de su hazaña.

Levi soltó un chasquido entre dientes, encendiendo el carro y manejando hacia el lugar señalado por Hanji.

—No entiendo cómo mierda puede conseguir información de calidad sin ser descubierto si se deja engatusar por una voz sensual... Esto hasta puede ser una trampa para atraparlo.

—Quizá sí tome sus precauciones, no por nada se ha librado bien de todo.— Hanji buscó en la guantera unos pañuelos desechables mientras secaba el sudor de su frente ante la sensación de calor que la invadió. A pesar que en pocos minutos iban a llegar al sitio Levi encendió el aire acondicionado para el corto trayecto.

Lograron conseguir un sitio muy apartado y discreto en el café, ubicándose Hanji de manera estratégica para ver por un espejo de la pared la entrada mientras Levi se sentaba en otro sitio para que Jean no lo viera.

Alrededo de quince minutos después Jean buscó con la mirada, notando unas hermosas piernas envueltas en medias y una ajustada falda. Se acercó, con su mejor sonrisa seductora, seguro bajo su disfraz de pelirrojo temporal y una supuesta cicatriz en la mejilla izquierda.

—Kirschtein... a las órdenes.— replicó él con una voz baja y roncosa, sus ojos falsamente de color verde yendo desde las piernas hermosas, hasta los pechos seductores. La sonrisa quedándose congelada al ver unos castaños ojos detrás de las gafas transparentes.

—Ackerman Hanji.— se presentó ella. —Un gusto.

No tuvo tiempo de escapar porque sintió la mortífera presencia de Levi a sus espaldas, así que, con las mejillas bien rojas de vergüenza, Jean no tuvo más que mantener la mirada baja.

—Te pedí una bebida fuerte.— dijo Levi, invitando al otro a sentarse. —De ahí podrás pedir lo que gustes. Yo pago todo.— Jean, sintiendo el sudor recorriendo su piel, tampoco se atrevía a ver a Levi. Maldito sea Sannes por ponerlo en aquella horrible situación. —Ahora, dime todo lo que le has dicho a Kenny, lo que no le has dicho y resume puntos importantes.

Jean no se atrevía a mirarlo, incluso con los lentes de contacto se sentia fácilmente desnudo ante ellos. No, mierda. No fue la palabra adecuada para la situación.

—La última vez...que di información... salí casi muerto...— replicó como un niño rebelde. Los ojos de Levi brillaron de rabia, será mejor que Jean no recuerde ESE tema, por lo que carraspeó y dio su única petición. —Necesito... garantías que saldré vivo.

—Ni Levi ni yo te agrediremos...— aseguró Hanji. —...siempre que nos digas todo lo que necesitamos saber. Caso contrario, lo único que puedo prometerte es que me adapto a todo lo que mi esposo necesite para cumplir sus metas.

Jean soltó aire entre los dientes apretados. Estaba creyendo que era cierto lo que Kenny lo había acusado y sí era un maldito cerdo pervertido. Intentó concentrarse para poder decir todo cuanto antes y lograr escapar de la incómoda situación en la que se sentía. Y es que... ¡Demonios! Nadie podía culparlo. ¿Por qué él tuvo la maldita suerte de tener acceso a esos videos viendo el espectacular cuerpo de... ¡Maldita sea! ¡Debía concentrarse! Esperaba que Levi y Hanji ignoraran su enrojecido rostro, voz temblorosa y que definitivamente no pueda mantenerles la mirada.

Hanji hacía anotaciones en su tablet de datos relevantes, la ruta que había conseguido averiguar Jean de la última ocasión donde Sannes fue visto. Algunos creían haberlo visto con un extraño tipo alto pero no era anormal ver a Sannes con sujetos de extrañas apariencias que buscaban ocultar su identidad.

Jean finalizó su informe revelando dónde Kenny habría llevado a Sannes, esto dicho por el mismo Ackerman, debido a que parte de la investigación que Kirschtein realizaba implicaba los alrededores del sitio de la tortura. Para finalizar Jean puso un celular de media gama en la mesa junto a una llave magnética.

—Aquí están respaldados dos principales puntos: La dirección del último sitio donde Sannes se estuvo alojando, es el punto azul.— replicó Jean, abriendo el mapa en el celular, buscando de inmediato que Levi y Hanji se concentraran en el otro punto, en el rojo. —Y aquí, donde Kenny llevó a Sannes. Kyodai-ju no Mori. Las leyendas dicen que sus árboles son gigantes porque albergaban a mitológicos titanes que eran incapaces de hacer algo más que matar a los humanos. El sitio es un laberinto de inmensos árboles y animales salvajes.— Levi tomó el celular y la llave magnética. Obviamente ya tenían dos puntos por los cuales buscar. —Si me permiten una recomendación... iría primero por el Bosque de los Árboles Gigantes. Y para el segundo lugar, me aseguraría que absolutamente N-A-D-I-E entre conmigo. Recuerden que la última vez habían videos que no todos debían ver.

Levi asintió, creyendo entender hacia dónde iban las recomendaciones de Kirschtein.

—Te remito tu pago.— dijo, guardando la llave en el bolsillo interno de su chaqueta y verificando que el celular no tuviera clave. —Incluiré este dispositivo.

—Gracias por tu información, Jean.— agregó Hanji, guardando su tablet con sus propias anotaciones.

Por unos instantes él pareció que iba a decir algo más, sin embargo no agregó una palabra, mientras le daba un largo trago a su bebida. Se concentró en el mensaje de alerta que le notificaba el valor de la transferencia de Levi y agradeció, nuevamente sin mirarlos a los ojos.

La pareja se marchó, esperando estar lo más apartado de la mirada de curiosos antes de hacer sus propios comentarios.

—No se atrevía a mirarnos...— observó Hanji su única inquietud. —¿Es capaz de mentirnos?

Levi chasqueó, creyendo saber el por qué Jean se comportó así.

—Quizá se esperaba ligar a la seductora mujer que lo había llamado. Y al darse cuenta que eras tú, su cerebro funcionó a la perfección y no se atrevió a mirarte más allá de lo debido.— replicó Levi, su voz bajando más por sus siguientes palabras. —Tal vez en sus pensamientos de mierda debió haber creído que eras una conquista fácil.

Hanji asintió y no le dedicó un segundo pensamiento, colocando en el auto el celular que técnicamente le habían comprado a Jean y activaba el gps para dirigirse al bosque.

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Desde una perspectiva muy generalizada aquel día podía haberse considerado el día en que se jugaba a los policías y ladrones. Kenny tenía todas las virtudes para jugar al papel de ladrón... y aún así no hubiera deseado enfrentar a aquel policía.

Porque tan real que años atrás se consideraban hermanos, actualmente solo se guardaban un mutuo odio profundo.

Los ojos violáceos de Uri revisaban la matrícula del vehículo, la documentación que certificaba su alquiler, la licencia de conducir.

—Sin ánimo de indicar cómo debe hacer su trabajo, Señor Reiss.— indicó Kenny, con voz tensa y claramente cargada de ironía. —Las gestiones de agente de tránsito no se encuentran entre sus funciones.

—Estoy haciendo revisiones de rutinas ante sospechosos... acontecimientos.— replicó Uri entre dientes, buscando en el sistema de alertas la clasificación en la que se encontraba Kenny.

—¿Y qué hay de sospechoso que un ex-convicto quiera dar un paseo por las calles de Japón?— refutó Kenny con acidez. —Lo que sea que la corrupta justicia quiso hacerme pagar, ya lo cumplí. No le debo ni un aliento más de mi vida a la hipócrita sociedad.

Y he ahí el meollo del asunto.

Uri creía ciegamente en la justicia, aunque en casos como los de Kenny, deseaba que hubiera sido más rígida. No comprendía cómo un desalmado como él podía ya estar libre luego de haber matado a su familia y haber hecho que su mejor agente penitenciaria fuera encarcelada, todo por culpa de las malditas drogas.

Cegado de la rabia, Uri agarró de la gabardina a Kenny y lo arrastró casi fuera de la ventanilla del auto.

—No deberías... estar respirando... maldito... bastardo...— habló entrecortadamente, con la voz rota de la rabia.

Kenny soltó una sarcástica risa, tomando las muñecas de Uri, aprisionándolas con más fuerza de la necesaria, obligándolo a que lo soltara.

—Abuso de poder policial... Mi sobrino estaría interesado en esto.— Kenny ni siquiera se arregló el desorden de su gabardina, pareciendo más preocupado por limpiarse las manos con las que se vio obligado tocar a su ex-amigo.

—Levi buscaría que te ejecutaran si supiera todo lo que has hecho.— escupió con odio Uri, sabiendo perfectamente que, contrario a su tío, Levi se forjó un camino por la justicia.

Kenny admitió para sí mismo que efectivamente Levi querría matarlo si se entera de lo que está haciendo.

—También tengo una sobrina política... Es bastante tenaz como abogada penalista. Y no creo que le guste que un policía con mierda en la cabeza esté atropellando los derechos de su indefenso tío.

Esto último desconcentró a Uri. De lo poco que sabía de la vida de Levi, ignoraba que se había casado.

—Indefenso un carajo.— soltó Uri, lanzándole los documentos a Kenny. Al parecer estaba más enojado por no encontrar una sola causa para detenerlo.

—No negaste tener mierda en la cabeza.— soltó Kenny, encendiendo el auto y continuando su marcha hacia un rumbo que Uri desconocía.

La mirada violácea de Reiss no se despejó del auto.

—Disculpe... ¿hay alguna redada o puedo continuar mi camino?— dijo un hombre en una moto, con una gran mochila en su espalda. Se levantó el visor del casco para que el policía pudiera observarlo sin problemas. Ojos grises se cruzaron con ojos violetas. Uri sacudió la cabeza y le dio paso al hombre quien volvió a bajar el visor y continuó su trayecto por el mismo camino que tomó Kenny.

Uri observó su reloj, soltando un chasquido entre dientes porque aún faltaba un par de horas para terminar su guardia. Luego, siguió revisando en otro dispositivo, notando un punto azul deslizarse a través de las calles de Japón, tomando rutas que buscaban alejarse de la ciudad.

¿Qué es lo que Ackerman Kenny pretendía?

Uri cerró los ojos unos instantes, recordando a los Ackerman y su felicidad perfecta hasta que Kenny decidió estúpidamente terminar con todo. Incluso mató a Kuchel.

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Levi estacionó en una sección donde dos árboles estaban entrecruzados, lo cual daba una buena sombra ante el ardiente sol que estaba en lo alto del despejado cielo. Al bajar del auto, y en claro contraste, notó un aire helado inundar el sitio, por lo cual cubrió un poco su cuello.

Hanji bajó del otro lado y se estaba colocando unos guantes mientras soltaba un poco de aire, botando un poco de humo helado. Sintió que Levi había tomado su carvat y se la colocó alrededor del cuello, a modo de bufanda.

—Hace bastante frío y es asqueroso pensar que tenga que verte moqueando.— se justificó él.

Hanji no protestó mientras dificultosamente trataba de manejar el celular, buscar el punto donde Jean había señalado. Según el mapa estaban a pocos metros, aunque sabían que no era una ubicación exacta. De ahí planeaban buscar en los alrededores algo que llamara fuertemente la atención, como alguna cabaña o pozos.

Los pasos de ambos eran sigilosos, tratando que sus pisadas no llamaran la atención de algún animal peligroso. Levi tomó del camino un palo puntiagudo, por si acaso necesitaran defenderse.

Hanji tampoco descuidaba su alrededor, los árboles eran tan grandes que la hacían sentirse diminuta y nerviosa, con una sensación de náuseas pero se contenía porque sabía que Levi era capaz de regresarla al auto, y esperar para ella sería peor, no podía estar tranquila sentada como una indefensa doncella mientras él arriesgaba su vida.

Tal como imaginaron, en el punto señalado por Jean no había nada en especial. Solo árboles inmensos, algunas aves revoloteando, ardillas escarbando, flores silvestres. Y a unos metros más a la derecha, la alta presencia de un hombre que cargaba en sus hombros un infierno personal.

Hanji sostuvo a Levi de los hombros, evitando que su esposo se abalanzara contra él. Lo mantuvo unos instantes contra sí, haciendo que él sintiera el acelerado latir de su corazón. Aquello, curiosamente, pareció tranquilizar a Levi. Cuando notó que él no iba a actuar de manera impulsiva, lo soltó suavemente y le hizo señas para que se acercaran de manera silenciosa.

Levi soltó el palo y guio sus pasos sigilosamente hacia el hombre que parecía concentrado en buscar algo entre los árboles.

Kenny sintió que su instinto le indicaba que no estaba solo, por lo cual, aparentando aún buscar algo, metió una mano en su gabardina y sacó su revólver, dando un rápido giro para apuntar ante el intruso. No sabía si hubiera deseado que fuera Sannes para tener el pretexto de acabarlo, pero sí sabía que a quien no quería en ese sitio era a Levi.

—¿Qué hablamos de acercarte sin avisar?— soltó Kenny bajando el arma.

—¿Qué hablamos de hacer movimientos sin que me avises?— retrucó Levi con evidente enojo.

Hanji sentía un retorcijón en la boca del estómago. No le gustaba ese ambiente entre los Ackerman.

—¿Y qué les parece más bien si hablamos sin reserva y ponemos esto en orden de una vez por todas?— replicó ella.

Kenny irónicamente se sintió como si su madre lo hubiera regañado ante una travesura descubierta. Y siendo el culpable de aquella travesura, extendió los brazos mientras mostraba el panorama.

—Aquí estamos...— dijo Kenny, señalando tres árboles grandes cuyos troncos estaban enredados. —Exactamente fue ahí. Le corté el cuello y lo dejé desangrándose.

Parecía una historia que se cuenta en noches de acampar, con cero pruebas de haber sucedido. La zona estaba perfectamente impecable, exceptuando por la naturaleza que había sembrado maleza y albergado animales en la zona en donde supuestamente debía estar un desgraciado muerto.

—¿Y si huyó en algún vehículo?— Preguntó Hanji, asqueada ante la imagen mental de aquel hombre que, para ella no tenía rostro, tendría una gran cicatriz en su cuello.

—Solo yo tenía un auto de alquiler.— replicó Kenny. —Y lo dejé parqueado bastante alejado de aquí. Completamente sano y sin heridas, me costó llegar a esta zona. Él no pudo haber dado siquiera un solo paso sin jadear.

Ella asintió, sabiendo ya por la reciente experiencia lo firme que debía caminar en aquel bosque o podía resbalar accidentalmente. Un herido definitivamente tendría bastante complicaciones.

—¿Y estás completamente seguro que nadie te siguió?— preguntó Levi revisando la zona. No encontraba rastros de sangre o signos que los árboles hayan sido maltratados.

—Claro que nadie me siguió.— soltó Kenny, irritado por siquiera la duda. Quizá por lo que Kuchel después le contó, probablemente por sus propios motivos o tal vez el haber visto a Uri recordando una amistad más que muerta, pero Kenny se encontraba más fastidiado e intolerante que de costumbre. —Fue el crimen perfecto.

—Tan perfecto que desapareciste el cuerpo sin dejar rastro alguno.— Levi se mofó.

—Ten cuidado con tus palabras, mocoso. Te falta vivir mil vidas antes de tratar de hablarme de esa manera.

Hanji se pasó la mano por el rostro. Para ella era claro que Levi iba a provocar a su tío porque tenía unas ganas de darle una paliza. Empezó a buscar en el celular que habían comprado a Jean y en el reflejo de la pantalla notó que alguien se movió a sus espaldas, escondiéndose entre los árboles.

Un sudor helado recorrió la espalda de Hanji.

Ese bosque era totalmente peligroso porque cada metro fácilmente podía camuflar a personas. Nuevamente sintió náuseas e hizo hasta lo imposible para contenerse mientras buscaba su propio celular, que tenía una mejor resolución y activaba la cámara. Grabó de manera disimulada unos instantes y luego revisó, debiendo bajar totalmente el volumen porque Levi y Kenny seguían discutiendo. Hanji notó que la persona solo estaba vigilante y no parecía tener intención alguna de acercarse.

—¿¡Por qué mierda no pudiste esperar un poco más!?— se hartó Levi. —O mejor aún ¿Por qué carajos no me llamaste para terminar bien con ese bastardo de mierda?

—¿Y qué putas tú ibas a saber cómo deshacerte de ratas inmundas?— reclamó Kenny, las venas de su cuello brotándose ante sus palabras duras y crueles. —¡Apenas estás aprendiendo a golpear pero una niñita consentida patea mejor que tú!

—¡Esa maldita costumbre que tienes de menospreciar la fuerza de una mujer! ¡Bastardo de mierda!

Hanji no hubiera esperado que la persona se delatara tan fácilmente ante una provocación que no iba dirigida a ella. Y definitivamente ni Kenny esperaba que ella estuviera presente, la expresión de sorpresa total lo delató y buscó alrededor de manera inmediata.

La mujer se acercó, sus pasos sonando en pisadas fuertes. Kenny sonrió, su anterior rabia desvaneciéndose de manera inmediata.

—Hola, Traute.

Ella soltó un bufido de rabia.

—Piensa en mejores palabras, imbécil.

Hanji no sabía si la voz de ella era siempre así, roncosa y tensa, pero aún así sentía un peligro en cada sílaba. Mientras más se acercaba, más fuertes sentía sus pisadas, hasta que se detuvo a una pequeña distancia cercana a Hanji quien al fin pudo verla de manera más directa.

Traute era delgada, su rostro parecía tener una mezca de emociones, resaltando tristeza y cansancio, cabello rubio y apenas lo suficientemente largo para amarrarlo en una cola de caballo, ojo claros, labios gruesos, piel pálida, parecía inmune ante el frío del sitio porque andaba con una camisa sencilla sin abrigo encima.

Hanji cerró los ojos brevemente por la punzaba de dolor de cabeza que la atacó. ¡Demonios! ¡Tenía que decírselo cuanto antes a Levi para que la ayude a solucionar todo lo más pronto posible! Buscó la mirada de su esposo pero él parecía indiferente a la presencia de Traute, estando aún irritado contra su tío.

—Podemos... ir a otro lado a platicar.— propuso Kenny, dando un paso hacia Traute pero ella retrocedió, pareciendo estar aún terriblemente enfadada con él.

—No me jodas.— fue la respuesta de Traute.

Kenny soltó el aire que estaba conteniendo, luego se pasó la mano por el cabello e hizo todo el esfuerzo para buscar las palabras adecuadas.

—No quise decir que las mujeres sean débiles...— admitió Kenny, buscando ser conciliador con ella. —Bueno, maldita sea... la mayoría suelen ser unas lloronas del infierno... Pero tú no estás esa categoría.

Traute soltó una risa de irritación. Sus ojos brillantes se notaron más cansados aún.

—Eres pendejo hablando, Kenny, ese es tu jodido problema.— soltó Traute cruzándose de brazos en señal defensiva. Kenny se encogió de hombros, no iba a negarlo. —Y por ello te ahogas en tus malditos problemas, dando vueltas como rata ahogada en un charco de culpa, pudiendo solucionar todo de una maldita vez si dijeras por una puta vez la verdad, pero quieres ser el estúpido héroe en esta mierda de historia.

Kenny frunció el entrecejo.

—¿A qué te refieres?— le preguntó extrañado. —Te he dicho todo...

—Te he escuchado, Kenny.— le interrumpió Traute. —Acabaste de decir que degollaste a Djel Sannes... Entonces... ¿Cómo carajos se te escapó? — ella soltó una risa sarcástica. —Más aun, ¿Por qué demonios lo hiciste solo?— Los ojos de ella se volvieron hacia Levi. —Tu amado sobrino pidió respuestas... Y se las niegas. Como todo en tu jodida existencia.

—Traute...— dijo Kenny, en señal de advertencia. El tono de voz de ella delataba saber más de lo que aparenta.

—Díselo, Kenny.— desafió Traute con la voz rota de dolor y rabia. —Cómo Sannes se mofó de ti y te culpó de todo...

—¡No hables más!— reclamó Kenny.

—Cuánto le gustaba hacerla llorar mientras abusaba de ella... Las putas lágrimas lo excitaban al maldito enfermo...

—¡Cállate!

—Y cómo se había hartado de Kuchel...

—¡Cierra la jodida boca!

—Y cuánto le excitaba pensar en las lágrimas de tu sobrina... ¿Cómo fue que dijo?— Levi se sintió irritado por pensar que Traute se refería a Mikasa y aquello fue suficiente para creerle, puesto que casi nadie sabía de Sannes vigilando a su prima. Un ruido a sus espaldas lo distrajo e iba a averiguar el origen del mismo pero las siguientes palabras de Traute lo detuvieron. —... Y cuánto lloraba por Levi hasta quedarse dormida...

—¿Qué demonios...?— soltó Levi extrañado.

—¡Traute ya detente!

—...veía cómo se duchaba luego de llegar al trabajo y le excitó descubrir que puede dormir completamente desnuda.

—¿De qué mierda hablas?— reclamó Levi.

—...y tenía dos grandes manchas en su cuerpo... Decía que parecían alas... ¿verdad?

Hanji se sintió mareada y asqueada. Levi se lanzó contra Kenny, haciendo que cayeran al piso.

—¿Qué mierda es todo esto?— Levi reclamó a Kenny, agarrándolo por la gabardina justamente de la misma manera que horas atrás había hecho Uri. —¿Qué mierda está hablando Traute?

—Suele tener una lengua muy floja... voy a tener que castigarla por eso.— respondió Kenny soltando un chasquido. Levi alzó el primer puño contra su tío pero él lo detuvo con suma facilidad. Quizá por toda la mierda que le acaba de explotar, Kenny logró deshacerse del agarre de Levi, lanzándolo ahora contra el piso mientras inmovilizaba los brazos de él. Kenny dejó de ser el tío con cara de amargura y se volvió en un frío hombre rencoroso mientras con un arma apuntaba al oído de Levi. —Mi querido primo, el padre de Mikasa... Sannes le dio un disparo directo en su oído derecho. Fue mortal y no sufrió nada. — Agarró a Levi y lo alzó, como si fuera un muñeco de trapo. —Su esposa, mi prima política... Sannes dijo que ese sí fue un maldito accidente porque también hubiera querido llevársela. Al ver a su esposo muerto, cegada de rabia se lanzó contra Sannes y sin querer le fracturó el cuello al hacerla caer...— Luego, siguiendo esa tenebrosa explicación, agarró la pistola y se la colocó en la boca a Levi. —Tu padre, aquí recibió la maldita bala. También su muerte fue instantánea... Ahora piensa bien, estúpida rata enana... ¿Crees que le iba a dar una maldita oportunidad a ese bastardo? Sannes sabía todo tu jodido horario, que dormías tres malditas horas, que estabas separado de tu esposa. Conocía dónde ella estaba, cómo vivía, dónde trabajaba, qué casos llevaba... Y con tu estúpida actitud de rabia desmedida acabas de confirmarme que Hanji sí tiene esas manchas en su cuerpo. Y lo mejor que pude hacer fue degollarlo. Y lo volvería a hacer diez mil veces más, sin arrepentirme de ello.

Frío y despiadado, Kenny finalmente soltó a Levi, dejándolo adolorido y con el peso de la verdad encima de él. Guardó su pistola y notó que Hanji pasaba aceleradamente a su lado para ayudar a Levi a ponerse de pie. Un poco más calmado en sus emociones Kenny notó que se había pasado un poco y había lastimado a Levi, notando que se levantaba con un poco de dificultad.

Levi notó que en su puño tenía algo que, al parecer entre toda la pelea, le había quitado a Kenny, parpadeaba suavemente y tenía un aspecto tecnológico. Sintió las manos de Hanji levantarle el rostro y analizarlo, pareciendo sondear el estado de sus malestares físicos.

A su mente volvieron las palabras de Kenny.

Sannes sabía todo de Hanji.

Hasta de las manchas en forma de alas.

Levi pensó en el terrible peligro que la puso solo por el hecho de haberse casado con ella y sin estar una pizca de preparado para defenderla adecuadamente de aquel psicópata.

Hanji pareció leer su angustia y, muy contrario a sus costumbres delante de otras personas, lo besó en los labios, con suavidad y firmeza, recordándole que, sea como sea y a pesar de todo, estaban juntos y se habían prometido luchar por mantenerse así.

—Es hora de cerrar todo esto.— le murmuró Hanji acariciando el rostro de Levi, deseando quitarle aquella angustia.

—No quiero que estés en peligro...—admitió Levi, muy a su pesar Kenny le había dado una amarga muestra de lo estúpido e ingenuo que fue, creyéndose capaz de poder contra Sannes.

Hanji asintió también no deseando ponerse en peligro de una absurda manera.

—¿Confías en Kenny?— preguntó Hanji en voz lo suficientemente alta para que todos la escucharan.

Levi miró momentáneamente a su tío y asintió a la vez que su voz expresaba su sentir.

—Sí... a pesar de comportarse como un cretino.

Hanji no pudo evitar la sonrisa nerviosa mientras tomaba de la mano a Levi y la presionaba con ligera fuerza.

—Y tú... tío Kenny...— Hanji sintió que la garganta se le resecaba ante sus siguientes palabras, la ansiedad instalándose en la boca del estómago amenazando nuevamente revolver todo en su interior. — ¿Confías en Traute?

Aquello tomó por sorpresa al mayor.

—Completamente.— admitió Kenny notando cómo la mencionada parecía sorprenderse por aquello.

Hanji asintió mientras soltaba la mano de Levi.

—Entonces... Ustedes se quedan aquí...— Hanji se volvió hacia la mujer quien mantuvo su porte defensivo. —Traute, por favor... Llévame a donde enterraste a Djel Sannes.

Continuará...


Notas finales: Oficialmente este el penúltimo capítulo. El siguiente será el último. Gracias por tu tiempo para leer este proyecto 💜💚