Hooola mis niñas!

Espero que la semana esté yendo bien; aquí estoy de nuevo, para daros la murga con otro capi.

Bueno... parece que la cita ha ido bien; vamos a ver como avanzan las cosas; pero advierto que aun queda un largo camino por recorrer ;)

Espero lo disfrutéis, nos leemos abajo ;)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción: "In these arms" de Bon Jovi

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Capítulo 12: Ella

-¿Cómo fue la cita?- esas fueron las palabras con las que Jake y Emmett saludaron a Edward nada más este puso un pie en el aeropuerto. Solo estaban ellos dos en la usual sala privada que la discográfica ponía a su disposición.

-Buenos días- rodó los ojos Edward -¿qué tal vuestro fin de semana?- interrogó mordaz.

-No eludas el tema- se quejó Emmett, con una graciosa mueca.

-¿Rose no te ha contado nada?- sonrió triunfante el cobrizo.

-Según ella, Bella le ha dicho que se lo pasó muy bien, nada más- repuso con fastidio; Edward sonrió para sus adentros.

-Pues eso mismo respondo yo- contestó, satisfecho. No podía evitar sentirse eufórico; la cita había ido mucho mejor de lo que él esperaba. Aunque sabía que le había robado ese beso, el que ella misma le dio cuando la dejó en la puerta de su casa fue... perfecto.

-Hola familia- saludó Sam cuando puso un pie en la sala de espera -¿preparados para otra ronda de ciudades?

-Que remedio- resopló su primo -¿Emily?- le preguntó.

-Bien- se encogió de hombros, aunque la cara que tenía no era muy animada. Edward y Emmett arquearon una ceja, pero prefirieron dejar el tema -¿y el resto?

-Todavía no han llegado; es temprano- Emmett consultó su reloj -pero dado que la prensa está acampada a la entrada del aeropuerto, la cosa no va mal; y para ser las ocho y cuarto de la mañana ya hemos facturado el equipaje; vamos bien- repuso, satisfecho.

-Ni que esto llevara horario estilo militar- musitó Jake, mirándole hastiado.

-Dímelo a a mi- rodó los ojos Edward -me han interrogado acerca de que me parece el nuevo proyecto cinematográfico de Tanya- siseó fastidiado -¿no tienen otras cosas que hacer?

-Su trabajo es perseguirnos- habló Jake, también un poco molesto -tienen que estar sorprendidos; últimamente, estás demasiado formal.

-Soy formal- les recordó.

-Dejadle tranquilo; tiene que hacer méritos con su chica- le palmeó el hombro Sam -¿cómo fue?

-Muy bien- respondió.

-¿Estáis saliendo, de manera oficial?- la pregunta de Emmett le dejó un poco descolocado; no habían hablado nada de eso, pero desde luego ahora que las cosas habían avanzado para bien, no estaba dispuesto a fastidiarlo todo.

-Bueno...- meditó unos segundos -está claro que no pienso salir con nadie más- Jake, Sam y Emmett sonrieron.

Jake iba a preguntar algo más, pero justo en ese momento entraron Jasper, Alice y Bella por la puerta. Edward se fijó como sus ojos todavía reflejaban sueño y cansancio, pero su cara velada por el sueño seguía siendo hermosa. La hubiese ido a buscar a su casa, pero ella le dijo que no quería alimentar los cuchicheos de la prensa si los veían llegar juntos.

Sabía que a Bella ese era un tema que le preocupaba mucho; pero si las cosas iban bien entre ellos, no iba a esconderla del resto de mundo. Tendría que tratarlo seriamente con ella, pero poco a poco.

-Hola chicos- saludó Jasper, acercándose a ellos.

-¿Qué tal el fin de semana?- Alice y Bella también se acercaron; Edward la observó por el rabillo del ojo a la vez que se ponía a su lado.

-Hola- saludó, de manera general, pero mirándole con una nerviosa sonrisa; no acababa de comprender por que era tímida con él, si en otros aspectos no lo era en absoluto.

-Buenos días- respondió Edward, mirándola fijamente.

-¿Así saludas a tu chico?- la picó Emmett -me decepcionas, chica rock- se lamentó, de manera cómica.

-Em- le advirtió este, fulminándolo con la mirada.

-He saludado de manera general, a todos- señaló Bella con su mano, antes de volverse y encarar a Edward -hola- susurró en voz baja, antes de ponerse de puntillas y dejar un pequeño beso en su mejilla, cosa que sorprendió a este. Rodeó la cintura de Bella con su brazo, a la vez que esta se volvía al resto -¿contento todo el mundo?

-No está mal- contestó Alice, con una pequeña sonrisa -¿un café?; todavía tenemos media hora- ofreció al grupo; Bella solo le había dicho que la cita había ido muy bien, pero quería desviar la atención del grupo de la pareja.

Todos asintieron, pero cuando Bella iba a echarse a andar, Edward no la dejó avanzar, reteniéndola con el brazo que estaba cómodamente posado en su cintura. Vio que una vez se quedaron solos, le miraba mordiéndose el labio inferior.

-¿Qué pasa?- preguntó, con preocupación en su rostro.

-¿Te ha molestado?- inquirió, con cautela y miedo; después de esa noche, que no hizo otra cosa que plantarle una sonrisa tonta en la cara todo el domingo, había hablado con Ang, y se había hecho el firme propósito de ser un poco más espontánea. Edward le gustaba mucho, y aunque no habían hablado de lo que eran, las señales que le dio este el sábado no dejaban lugar a dudas -el beso, quiero decir... bue... bueno...-tartamudeó, un poco incómoda -ellos saben que hemos salido, y...- Edward la interrumpió.

-¿Tú querías dármelo?- interrogó, con una pequeña sonrisa. La joven asintió, bajando la vista -yo querría darte muchos, ¿sabes?- murmuró, acercándola a él, casi pegándola a su cuerpo -no quiero que estés incómoda, Bella; a mi no me importa que me lo des delante de ellos.

-¿Seguro?- Edward rió bajito, negando con la cabeza. Bella no despegaba la vista de su brazo, admirando los trazos de la serpiente que tenía tatuada.

-¿Después de los adelantos que me diste el sábado?- suavemente, tomó su barbilla, haciendo que le mirara -muero por darte un beso en condiciones- la joven enrojeció de la cabeza a los pies -pero mi calabacita manda.

-¿Tú calabacita?- arqueó una ceja, mirándole curiosa; no se esperaba para nada ese mi posesivo, pero admitió que le hizo mucha ilusión.

-Ajam...- fue lo único que le dijo, agachando su cabeza y pegando su frente a la de ella -¿ahora te lo puedo dar yo?- los ojos de la joven se fueron directamente a los labios de Edward, que de forma firme pero suave presionó un pequeño beso en su boca, haciendo que esta cerrara los ojos y se relajara contra su cuerpo -buenos días- susurró contra sus labios, al separarse de ella.

-Hola- volvió a saludarle con una pequeña sonrisa.

-¿Qué hiciste ayer?- inquirió, muy interesado.

-Sentarme en el sofá y descansar, y leer- le explicó, a la vez que se apoyaba en él -¿y tú?

-Pasé el día con Amy y mis padres- le contó, rodeando su cintura con ambos brazos.

-¿Viendo Dora la Exploradora?- interrogó, con una pequeña sonrisa.

-Eso solo lo hago en presencia de mi hija, señorita- le explicó, con una pequeña mueca -¿quieres un café?

-Por favor- casi suplicó ella -necesito tomarme la pastilla.

-Vamos entonces- Edward aflojó su agarre y la tomó de la mano, pero vio que ella se puso un poco tensa.

-Tranquila- la reconfortó, con un pequeño apretón en sus dedos -aquí no puede entrar la prensa, la zona está vigilada.

Ese pequeño gesto hizo que se relajara, y que envueltos en una cómplice charla, ambos se dirigieran al encuentro del resto.

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Las tres primeras paradas de esa etapa de la gira pasaron como si fueran un huracán. Denver fue una experiencia maravillosa para Bella, que pudo cumplir el sueño de su padre de visitar el Gran Cañón del Colorado; Ohama, en el estado de Nebraska, no le llamó mucho la atención. En Wichita, capital del estado de Kansas, Edward y ella tuvieron un poco de tiempo para ellos, pero fue ínfimo.

Diez días después de despegar desde Los Ángeles, la siguiente parada era San Francisco; de nuevo vuelta a California, aunque solo fueran tres días. Allí daban dos conciertos, y tal y como le prometió Edward, saldrían ellos dos solos a perderse por la ciudad.

Una vez abandonaron el Intrust Bank Arena, el estadio donde se celebró el concierto en Wichita, se dirigieron directamente hacia el aeropuerto. Tenían por delante casi cuatro horas de vuelo; Bella se acomodó en el asiento, sacando sus gafas y su última adquisición literaria, mientras esperaba a que Edward se duchara y se cambiara de ropa.

Pero apenas pudo leer un par de líneas, ya que no estaba lo suficientemente concentrada para la lectura. En esta casi semana y media Edward y ella habían seguido con sus confidencias, conociéndose un poco más. Después de la vergüenza de Bella en el aeropuerto, sus besos y gestos íntimos ya no extrañaban al grupo, aunque fueran discretos. Alice y ella habían hablado, y la morena había alabado positivamente la forma en la que el cantante estaba llevando las cosas.

Cada día iba descubriendo cosas de él, cosas pequeñas y sin importancia... pero que a ella le encantaba saber, y no dejaba de sorprenderse de lo encantador que era con ella. Podía estar hablando con la gente con su tono seco de divo, pero era dirigirse a ella y cambiaba por completo, hablándole con cariño y una sonrisa en la cara. Eso significaba mucho para ella... incluso cuando le tomaba el pelo, se notaba que no lo hacía con mala intención.

Alice estaba en la parte delantera del avión, indicándole a la auxiliar de vuelo lo que cenarían. Poco a poco, los chicos fueron apareciendo, perfectamente duchados y cambiados de ropa; justo estaban sirviendo la cena en las dos mesas que había en el avión, cuando Edward se dejó caer en el asiento que estaba a su lado, suspirando cansado.

-Estoy hambriento- dijo, para después enfocar su vista en Bella.

-No me extraña, haces demasiado ejercicio mientras cantas- observó ella, conteniendo una pequeña risa, a la vez que su memoria recreaba los movimientos que Edward solía hacer, a lo largo y ancho de todo el escenario.

-Se emociona demasiado- Sam se sentó frente a ellos, gesto que imitó su primo Jake. Justo enfrente, Alice, Jasper y Emmett hacían lo mismo, aunque todos estuvieran prácticamente girados, para poder verse las caras -odio venir a Kansas- refunfuñó, a la vez que cogía un pedazo de su hamburguesa.

-¿Y eso...?- enarcó una ceja Bella, mientras revolvía su ensalada, y el resto empezaba atacar sus respectivos platos.

-Toda la comida gira en torno a ese plato de pescado empanado llamado Bagre- se explicó, antes de dar un bocado a su hamburguesa -Bagre con verduras a la plancha, Bagre con judías salteadas...- enumeró después de tragar.

-Hamburguesa de Bagre- añadió Jake, con una mueca.

-Bagre con mazorcas de maíz, Bagre con panecillos de girasol... ¿por qué a Dorothy le gustaba tanto Kansas?- se preguntó Bella, haciendo reir al resto.

-El pescado es muy sano- habló ahora Alice.

-Al menos, el Bagre ese está cocinado- añadió ahora Emmett, mirando al matrimonio Withlock con una mueca -dios nos ampare en enero, cuando desembarquemos en Japón- refunfuñó.

-La comida japonesa es sanísima- se defendió la morena, ante las caras de asco del resto -nunca os quejáis cuando cenáis en casa.

-Sana sí... pero a veces el pobre pez parece estar vivo- respondió Jake. Jasper no hacía otra cosa que reír, ante la cara de su mujer.

-Podrías dejar que Bella cocine algún día- propuso Emmett, con la boca llena.

-No sé hacer mucho- respondió la castaña -pero me defiendo.

-Seguro que sabes más que yo- le dijo Edward, inclinando la cabeza hacia su lado.

-La verdad es que no te veo cocinando- le picó esta de vuelta -¿cómo te las apañas cuando Amy está contigo?

-Carmen es un sol, y le deja la nevera llena- contestó Sam por él; Bella asintió, recordando cuando le habló de Carmen y Eleazar, el matrimonio que trabajaba en su casa.

-Y cuida de la bola de pelos que vive con él- dijo Jake, con una mueca desagradable, lo que le hizo ganarse una patada de Edward por debajo de la mesa -¡auch!

-Eso por meterte con Baxter- le reprendió, con el resto riéndose -y da gracias que no te ha oído Amy- la castaña reía; en su cita le contó que la niña adoraba al animal -es un buen perro.

-Más bonito que el de Tanya- aprobó Emmett -odio a esas pequeñas ratas- Bella miró a Edward, sin entender.

-Tanya tiene un chihuahua- le explicó -lo lleva con ella a todas partes.

-¿En uno de esos bolsos enormes?- preguntó, con una pequeña mueca, a lo que Edward asintió.

-Muy del estilo de Paris Hilton- admitió, pensativa.

-Cada vez que voy a dejar a la niña, se pone a ladrar y a brincar como si le dieran cuerda- siseó.

-Eso es porque no te puede ni ver, seguro- contestó Bella, con una risa.

-No me había dado cuenta de eso, señorita- la picó de vuelta -mientras esa rata se aleje a cien metros de mi, todo bien- refutó satisfecho.

La cena prosiguió, y la conversación en torno a los animales de compañía siguió; una vez que retiraron las bandejas con los platos, Alice y Jasper se quedaron medio dormidos, al igual que Jake y Emmett. Solo Sam se quedó hablando con Bella y Edward.

-¿Habéis encontrado fecha para grabar el especial de navidad?- interrogó Sam a la joven, que estaba cómodamente acurrucada en el pecho de Edward, y con un brazo de este sobre sus hombros.

-Todavía no hay fecha definitiva- resopló cansada -la MTV quiere tenerlo grabado antes del 21- les contó.

-Pero a partir del 10, tenemos todo ocupado por las grabaciones- intervino ahora Edward, enrollando un mechón castaño en uno de sus dedos.

-Los días que mejor vendrían son el 22 o el 23- contestó Bella -hablaremos con la cadena; Alice espera que al estar de gira y con el asunto de las grabaciones, cedan un poco.

-Esperemos que se avengan a negociar- meditó Sam.

-Dada la cantidad que os pagan, es obvio que os quieren allí a toda costa.

-Cuando tienes un disco que acaba de salir al mercado, o algunos de los singles está en los primeros puestos de las listas, suele aumentar el caché- le contó ahora Edward.

-¿Puedo haceros una pregunta?

-Claro que sí- respondió el cantante.

-Si hace apenas cuatro meses que habéis sacado el nuevo disco... ¿por qué el recopilatorio tan seguido?

-Eso mismo me preguntó yo- murmuró Edward, con visible molestia.

-El año que viene hará cinco que renovamos el contrato con la discográfica- empezó a relatar Sam -cuando lo firmamos, en principio iba a ser solo el recopilatorio.

-Pero a Aro se le ocurrió que deberíamos incluir varios temas inéditos, así que añadió una clausula adicional- siguió Edward -si nos negábamos a grabar el recopilatorio, la suma que habríamos tenido que pagar a Twiligth Records habría sido astronómica.

-Siempre pensé que los artistas podían tomarse periodos de descanso, cuando ellos quisieran- murmuró ella.

-Y podemos... cuando la discográfica quiere- contestó Sam, con un suspiro.

-¿Y qué pasará después de la gira?

-Tenemos descanso, eso está claro- siguió hablando Sam -pero en un año y medio tenemos que componer y sacar al mercado otro álbum de estudio.

-Wow..- murmuró, alucinada -estáis un poco explotados.

-Siempre dije que el recopilatorio tan seguido del nuevo disco no era bueno- refunfuñó Edward -pero Aro no nos da muchas opciones para negociar.

-Que mal- fue la respuesta de Bella, sin poder contener un pequeño bostezo, a la vez que los ojos se le cerraban.

Edward y Sam siguieron hablando, bajando considerablemente el tono de voz. A los pocos minutos, este sintió la respiración tranquila y pausada de la joven; se acordó de como durmió apoyada en él en Sydney, aunque ella no fuera consciente de ello. Bajo la atenta mirada de Sam le quitó con cuidado las gafas, posándolas en la mesa, y por debajo de su manga buscó sus dedos; siempre tenía las manos heladas, y se las cubría con las mangas de la chaqueta o sudadera que llevara puesta encima.

-Como siempre- susurró en voz muy baja, una vez que tocó sus dedos -pásame una manta- le pidió a Sam, cosa que este hizo en pocos segundos. Con mucho cuidado de no despertarla la tapó, y sonrió al sentir el suspiro satisfecho de la joven contra su pecho.

-Veo que las cosas van muy bien- observó Sam, mirando a su amigo.

-Sí- admitió; aunque se llevaba muy bien con todos, era con él y Jake con los que tenía más confianza -ella es...- Edward se quedó sin palabras, a la vez que bajaba su vista, mirándola dormir -nunca me había sentido así- le dijo a su amigo -¿soy muy sentimental, o pegajoso... o cómo quieras llamarlo?- Sam rió para sus adentros.

-Eso tiene un nombre- le dijo su amigo -parece mentira, con lo mal que os llevabais hace tan solo un tiempo... - dejó la frase inconclusa.

-Te aseguro que soy el primer sorprendido- respondió Edward, pasando con cuidado los dedos por su melena.

-Con Tanya no eras así, ni con ninguna de las chicas que has salido- objetó su amigo, pensativo.

-Lo sé- suspiró.

-Se nota que ella te importa- le dijo Sam -a mi no me pareces pegajoso, ni nada de eso- se encogió de hombros; sabía que Edward se estaba enamorando de ella, sino lo estaba ya, pero prefirió dejar esa palabra fuera de la conversación -vamos a dormir un poco, todavía tenemos dos horas de vuelo- Edward asintió, a la vez que se frotaba los ojos.

Sam reclinó su asiento, después de apagar la tenue luz que tenían sobre sus cabezas. Edward cerró los ojos, sintiendo el cuerpo de Bella contra el suyo; en ese tiempo que llevaban de viaje, la confianza renovada de la joven, sobre todo en lo que se refiere al contacto físico, le habían dado la oportunidad de estar mucho más cerca de ella.

-Edward...- el pequeño murmullo de Bella amortiguado contra su pecho hizo que abriera sus ojos; iba a preguntarle que pasaba, pero se dio cuenta de que estaba profundamente dormida. Sonriendo, dejó un pequeño beso en el tope de su cabeza, aspirando a la vez la esencia de mora que desprendía su cabello.

-Estoy aquí- la oyó balbucear en su sueño, pero apenas la entendió. Apoyando su mejilla en su cabeza, también se quedó dormido, sosteniéndola contra él.

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Después de aterrizar de madrugada en el Aeropuerto Internacional de San Francisco, las caras de todos ellos al despertar denotaban cansancio y sueño que recuperar. Pero ese día tenían una entrevista con el corresponsal del Marin Indepedent Journal, uno de los periódicos locales de la ciudad con más tirada, así que a las ocho de la mañana ya estaban todos en pie, intentando despertarse.

La entevista les llevó casi toda la mañana, en parte porque el periodista llamó para informar que estaba metido en un monumental atasco de tráfico, así que para cuando terminaron ya pasaba del mediodía. Comieron a toda velocidad para dirigirse al estadio de béisbol de los Niners, que esos dos días acogía los conciertos. Con el césped debidamente protegido, sólo les quedaba rezar para que no lloviera, ya que la previsión para esos dos días no era otra que lluvia.

Pero el primer concierto pasó sin mayores complicaciones, y a la mañana siguiente Edward, aunque todavía cansado, se levantó con una sonrisa en la cara. Le prometió a Bella que hoy saldrían a recorrer la ciudad, y comerían ellos dos solos, para después dirigirse directamente al estadio.

Una vez perfectamente duchado y vestido, se encaminó hacia el comedor, y sonrió cuando vio que Bella ya estaba allí, en compañía de Jake. Dado el ajetreo de ayer, el grupo había decidido tener el día libre, hasta que llegara la hora del concierto.

-Buenos días- palmeó el hombro de su amigo, para después agacharse y besar suavemente la mejilla de la joven -¿el resto?- inquirió, a la vez que tomaba asiento al lado de Bella.

-Alice y Jasper ya han desayunado- le relató Jake -han salido a hacer unas compras; Sam y Emmett estarán durmiendo todavía.

-Espero que el tiempo aguante hoy- suspiró la joven, señalando hacia la ventana; el día estaba frío y nublado.

-Veremos- le dio la razón Jake -no sería la primera vez que tenemos que cancelar un concierto y posponerlo.

-Sería un fastidio- contestó Bella; cuadrar fechas de por sí, ya era complicado, así que no podía imaginar lo que supondría volver a revisar el calendario de arriba abajo; la mayoría de las entradas llevaban meses vendidas.

-¿Recuerdas lo que pasó en la anterior gira, hace dos años?- tomó la palabra Edward, a la vez que se tomaba un bollo relleno de crema.

-Todavía no se me ha curado el resfriado que pillé- habló con sarcarmo.

-¿Qué pasó?- inquirió Bella, muy interesada.

-Estábamos en Oslo, dando un concierto; y a la media hora de empezar a tocar, se puso a llover- le contó este.

-Nunca he visto llover de esa manera- negó el moreno con la cabeza, recordando -aparte del frío que hacía.

-¿Y se canceló la actuación?

-El escenario está cubierto, pero donde yo estoy apenas llegael techo- dijo Edward -además, estábamos en medio de la actuación, así que no paramos; me calé hasta los huesos.

-Me acuerdo de ver a todo el público cubierto con chubasqueros, incluso paraguas- rememoraba Jake -Emmett y Jasper no se mojaron; pero nosotros dos y Sam estábamos como si hubiéramos salido de la ducha- Bella rió, imaginándose el panorama.

-Pobres- les dijo, con un falso puchero de pena -no te imagino con la cabeza chorreando- le picó a Edward -tu pelo es más famoso que tú.

-¿Quién dice eso?- reclamó, frunciendo el ceño, ante la mirada divertida de su compañero.

-La última encuesta de la revista People- le explicó -hablé ayer con Ang, y me lo contó.

-No tienen otra cosa que publicar- tomó la palabra Jake -últimamente, estás demasiado formal- le volvió a recordar.

-Soy un niño bueno- sonrió con inocencia -¿qué pasaría si me lo corto?- se pasó la mano por sus rebeldes mechones.

-Luto nacional- se burló Bella, ante las carcajadas del guitarrista.

Los tres siguieron desayunando, Bella y Jake entre risas por la cara de fastidio de Edward; una vez acabaron, el moreno se despidió, deseándoles que pasaran un buen día. Bella se volvió a Edward, que apuraba los restos de su taza de café.

-¿Contento de no tener mil entrevistas hoy?- indagó.

-Contento de tenerte para mí una buena parte del día- corrigió este, tomándola de la mano y empujándola a su regazo, para que se sentara ahí. Con precaución, Bella lo hizo.

-Peso mucho- se disculpó, haciendo un amago por levantarse, pero no la dejó.

-No pesas- contradijo, con un tono serio; era una cosa que no olvidaba fácilmente; jamás se sintió tan culpable como en esos momentos, si hubiera cerrado la boca...

-¿Decías en serio lo de cortártelo?- el cambio de tema lo sacó de sus golpeos mentales de cabeza.

-¿No te gustaría?

-Estoy acostumbrada a verte así... aunque lo llevas un poco largo- le dio la razón, apartando uno de los mechones de su frente -pero yo no quien para opinar acerca se eso; si te es más cómodo cortártelo- se encogió de hombros, para después tocar uno de los pendientes -¿nunca te los quitas?- todos los de la banda tenían las orejas agujereadas, pero llevaban aros discretos y plateados; los de Edward eran dorados y un poco más grandes.

-Son como una extensión de mi- Bella rió divertida -hubo una temporada que me los tuve que quitar, cuando Amy era pequeña. Ya me rasgó el lóbulo derecho una vez, tirando de ellos.

-Ang tiene razón- Edward la miró sin entender -te quedan bien.

-¿Ah, sí?- murmuró, con una sonrisa pícara, acercando sus labios a su mejilla y dejando pequeños besos -¿y tú, que opinas del tema?- esos pequeños toques hicieron que Bella se estremeciera, mucho más cuando sintió los labios de Edward en su cuello.

La piel de esa zona era blanca y suave, y el cantante no se pudo resistir a besar esa curva tentadora y delicada que llevaba tantos días admirando. Sintió los dedos fríos de Bella jugar con el nacimiento del pelo en su nuca, y se sentía bien, muy bien...

-Te quedan bien- suspiró ella, cerrando los ojos y disfrutando de las caricias -podrías prestármelos alguna vez- bromeó; Edward rió contra su piel, separando sus labios y volviendo a enfocar sus ojos en la cara de Bella.

-Lo tendré en cuenta- refutó, con una sonrisa satisfecha -¿y mi beso de buenos días?- le pidió, con cara angelical.

-Te estás mal acostumbrado- negó ella con la cabeza -beso de buena suerte, beso de buenos días... tsk, tsk, tsk...

-El de buena suerte está claro que no doy con él- compinchado con la banda, llevaban cambiando una canción del repertorio oficial en cada uno de los conciertos, y seguían sin dar con la favorita -podrías darme alguna pista- le pidió.

-Ni hablar- contestó ella -esto es demasiado divertido- sonrió maliciosa, ante la cara de fastidio de Edward.

-Está bien- se dio por vencido -¿y el de buenos días?- probó de nuevo. Bella suspiró divertida, pero giró su cabeza, dándole un beso en los labios.

A pesar de que el joven esperaba que se apartara enseguida, sintió las manos de Bella afianzarse en su cuello,y sin poder contenerse más, su lengua delineó con precaución su labio inferior; el suspiro de Bella murió en su boca, y la acercó más a su cuerpo, con la intención de profundizar el beso... llevaba mucho tiempo deseándolo, y su cuerpo empezaba a jugarle malas e incómodas pasadas cuando estaba cerca de ella...

-¡Buenos días, Romeo y Julieta!- Bella se apartó como un resorte, pegando un pequeño bote por el susto; la cara de Edward era un poema, y la de la joven estaba roja -tenéis la habitación a veinte metros, chicos... -les reprendió Emmett, ante las risas contenidas de Sam. Bella sintió que moría al escuchar esas palabras, y no hizo otra cosa que esconder su rostro en el cuello del cantante.

-Siempre tan oportunos- siseó Edward entre dientes -podríais haberos quedado media hora más en la cama.

-¿Y perdernos tan romántica imagen?- habló ahora Sam. Bella sintió el resoplido que salió de los labios de Edward.

-Panda de cotillas- musitó, hastiado -¿nos vamos?- le preguntó a esta suavemente, pasando una mano por su espalda.

-Sí- suspiró ella, levantando por fin la vista -voy a por el bolso y la chaqueta- le dijo, para después levantarse y abandonar el comedor.

-Alguien está de buen humor- habló Emmett, a la vez que llenaba su plato con unos huevos revueltos.

-¿Por qué no iba a estarlo?- inquirió Edward.

-No hablo de ti, hablo del pequeño Eddie- este apartó la vista, incómodo; pero sí lo había notado -¿caso de bolas azules?

-Emmett, por favor- pidió, molesto -deja el tema- la mirada que le dedicó fue suficiente para que el batería levantara las manos, en claro gesto de rendición -eso está mejor- aprobó -¿qué vais a hacer?- inquirió, mientras esperaba a que Bella regresara.

-Gimnasio- contestaron a la vez, ocasionando que Edward riera -¿ya has pensado la canción de esta noche?- indagó.

-La que se os ocurra a vosotros- se encogió de hombros, sin venirle ninguna a la mente en esos momentos.

-Déjalo de mi cuenta- ahora fue Sam el que habló.

-No sé si fiarme mucho- rezongó, a la vez que sacaba el paquete de tabaco de su bolsillo y encendía un cigarro.

-Nosotros nos encargaremos del asunto- le hizo un gesto con la mano Emmett -por cierto, recuerdos de parte de Rosie.

-¿Dónde está ahora?- interrogó Edward, mirando por la ventana, escudriñando a ver si había periodistas.

-En Nueva York- les contó -ya no tiene más compromisos hasta el desfile de Victoria´s Secret.

-¿Otra vez con alitas?- se medio burló Sam.

-No te metas con mi ángel, esas alas acompañadas de lencería son calientes- le recordó, con una sonrisa satisfecha.

-Pervertido- se carcajeó Sam -¿muchos acosadores en la puerta?- se volvió a Edward, que seguía fumando mientras miraba por la ventana.

-Parece despejado, pero no me fío- musitó pensativo -saldremos por la puerta trasera.

-¿Qué hay de malo en que os vean juntos?- interrogó Emmett.

-Nada- contestó, serio -pero es un tema que a ella le preocupaba mucho- les dijo.

-No es fácil- le dio la razón Sam -Emily tardó mucho tiempo en acostumbrarse.

-Lo sé- respondió, a la vez que sacaba el humo por la nariz -y quiero que esté tranquila con respecto a eso.

Por suerte para el joven, Bella apareció en el marco de la puerta, con el bolso cruzado y la chaqueta puesta. Se despidieron de Sam y Emmett, dispuestos a disfrutar de la ciudad.

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El día transcurrió tranquilo para la pareja, que disfrutó de una visita relativamente tranquila a la ciudad. Edward era la séptima u octava vez que viajaba a San Francisco, de modo que hizo de perfecto guía turístico para una asombrada Bella, que sacaba una y mil fotos con el móvil.

Para alivio de Edward, pudieron esquivar a la prensa la salida del hotel; Bella no dejaba de reírse, ya que pese a estar nublado, el cantante llevaba gorra y gafas de sol, y la capucha de la sudadera por encima. Pasearon por el parque Golden Gate; subieron al mirador, desde donde había una vista increíble del famoso puente, y después de comer terminaron por dar un paseo por el barrio de Haigth-Ashbury, cuna del movimiento hippie en América del Norte.

-Seguro que tus padres han paseado mucho por aquí- le dijo ella, mirándole mientras paseaban. Edward sonrió, tomándola de los hombros y acercándola a su cuerpo.

-Han estado un par de veces- admitió -algún día te enseñaré fotos de ellos, en esa época.

-Se me hace raro imaginar a tu padre con pantalones de campana, gafas de sol redondas, el pelo largo...- enumeró pensativa, a la vez que subía una mano y tomaba la del joven, que agarraba su hombro, jugueteando con sus dedos.

-A mi madre le pega más, lo admito- se encogió de hombros -pero sí, mi padre iba con esas pintas- le aclaró, ante la sonrisa de ella. Bella se dio cuenta de que no estaba cómodo hablando de sus padres, pero tomó aire, antes de preguntar.

-¿No les perdonas que te dejaran unos años con tu abuela?- formuló la pregunta, cuidadosamente; vio que el rostro de Edward se contraía en una pequeña mueca de pena -perdona...- susurró ella -no quer...

-Tranquila- habló por fin, dando un pequeño apretón a sus dedos -la cosa no va contigo- le recordó -hubo un tiempo que sí lo pensé- empezó a contarle -me acuerdo de ver a todos los padres en las funciones de navidad del colegio, pero ellos no estaban, solo mi abuela- Bella escuchaba con atención -era pequeño, y pensaban que no me daba cuenta de las cosas. Y aunque son buenos padres, me dolió su ausencia durante esos años.

-¿Y alguna vez has hablado con ellos acerca del tema?

-Lo he hecho- le aclaró -pero ellos aluden a que eran jóvenes, el embarazo les pilló desprevenidos...- se encogió de hombros -aunque una vez regresaron, lo intentaron enmendar.

-¿Y lo consiguieron?

-En parte- afirmó -durante mis años de adolescencia, les eché eso en cara muchas veces; volvieron sin previo aviso y me separaron de mi abuela, de mis amigos y me llevaron con ellos a Los Ángeles- le contó -pero poco a poco, la relación mejoró... aunque a veces choquemos.

-Entiendo- contestó ella, quedándose pensativa durante unos segundos.

-¿Lo estás pasando bien?- cambió de tema Edward, sonriéndole.

-Muy bien- le dijo ella -no se debe vivir mal aquí, me gusta la ciudad- aprobó, mirando a su alrededor.

-No está mal- contestó Edward -pero estoy demasiado acostumbrado a Los Ángeles- le explicó -¿tú te vas haciendo a vivir allí?

-Lo poco que he estado, me gusta mucho- asintió -hace sol, y calor- Edward rió con suavidad; iba a decirle algo, cuando dos chicas y un chico detuvieron el andar de la pareja.

-¿Eres Edward Cullen, verdad?- inquirió una de ellas, de no más de veinte años.

Suspiró dándose paciencia, pero se obligó a poner a si mismo buena cara; miró a Bella, que observaba la situación medio divertida, y en completo silencio.

-¿Puedes firmarnos un autógrafo?- pidió la otra, que recorría su cuerpo con la mirada, gesto que le hizo sentir incómodo.

-Claro- aceptó, poniendo buena cara -¿habéis ido al concierto?- les preguntó, a la vez que cogía el rotulador que el chico le tendía.

-Vamos al de esta noche- contestó una de ellas, sonriendo.

Bella vio como al final se relajó, hablando con sus fans unos minutos. Sabía que no le iban mucho esas cosas, pero en el tiempo que llevaba con ellos, nunca le había visto nega a nadie un autógrafo.

-Aquí tenéis- les devolvió el trozo de papel, y el rotulador.

-¿Puedes sacarte una foto con nosotros?- le preguntó el chico, justo cuando volvía al lado de Bella. La idea no le hacía mucha gracia, pero terminó accediendo.

-Yo la saco- se ofreció la castaña, cosa que agradecieron los chicos. Esperó a que todos se colocaran, y tuvo que repetir las foto tres veces, una por cada teléfono móvil.

-Gracias, tío- agradeció el muchacho.

-No hay de que- contestó, ahora si volviendo al lado de Bella.

-Sentimos haber interrumpido el paseo con tu novia- Bella abrió los ojos, ante la mención de esa palabra... pero más boquiabierta le dejó la respuesta de Edward.

-Tranquilos, no pasa nada; ella lo entiende- sonrió -disfrutad del concierto de esta noche.

-Lo haremos- contestó una de las chicas. Por fin se alejaron, dejándoles de nuevo solos, pero con muchas miradas curiosas puestas sobre ellos.

-Trabajo- se encogió de hombros Edward, sacando un cigarro y encendiéndolo.

-¿No te importa que haya dicho que sea tu novia?- casi se atraganta con el humo, mirándola con el ceño fruncido.

-¿Por qué iba a importarme?- le reclamó -¿crees acaso que dentro de unos días, voy a salir con la primera que se me ponga por delante?- su tono enfadado hizo que Bella tragara saliva -Bella...- suspiró cansado -¿crees que pienso eso?

-¡No!- le intentó tranquilizar ella -solo que no hemos hablado directamente del asunto, y...- se explicó de manera torpe.

-Calabacita- la llamó, tomándola de una mano y acercándola a él -sé que te preocupa que yo sea una persona pública; y también sé que la prensa puede llegar a ser agobiante, y que no podemos pasear tranquilos por la calle- hizo una pausa -pero no puedo hacer nada al respecto; es normal que piensen que eres mi novia, dado la forma en la que íbamos abrazados- Bella sabía que tenía toda la razón -me gustas demasiado como para poder explicarlo con palabras- esa afirmación hizo que se sonrojara profusamente.

-¿Y qué va a decir la prensa?- inquirió, con cautela.

-Sales conmigo, no con los paparazzis- le recordó él -y con que me gustes a mi, es suficiente- replicó serio -te protegeré de ellos todo lo que pueda, te lo juro- soltó su mano, para llevarla a su mejilla -en la calle no puedo evitarlo, pero te prometo que no te harán daño- le volvió a decir.

-Sé que lo harías- susurró ella, bajando la vista -es solo que todo ese mundo asusta un poco, y más para la gente que no estamos acostumbrados.

-Lo sé, calabacita- le dijo, antes de dejar un pequeño beso en su frente -yo también tuve que acostumbrarme, y sé que no es fácil.

-Entonces...- meditó unos segundos sus palabras -¿si salen fotos nuestras, o si nos cazan paseando... no te importará?

-Bella- resopló -quería esperar un poco para tener esta conversación, pero creo que dado lo que ha pasado, es el momento oportuno- parecía que hablaba para sí mismo -¿pensabas que te iba a tener escondida siempre?; claro que me importa que me saquen fotos a todas horas, y que no pueda disfrutar con mi novia de un simple paseo, o yendo a hacer la compra- le explicó -pero no por eso voy a dejar de salir contigo a donde me plazca. Nunca me he planteado tenerte escondida; la gente puede decir lo que quiera, siempre y cuando no te hagan daño -Bella escuchó con atención, meditando su pequeño discurso. Con cuidado puso sus manos en su pecho, apoyándose en él; si quería estar con Edward, sabía que tarde o temprano esto pasaría, y mejor lidiar con ello desde el principio.

-Me va a costar acostumbrarme- reconoció; Edward sonrió aliviado -¿podré, al menos, advertir a mis padres?- le preguntó -ellos no dirán nada, jamás- se explicó -pero prefiero que lo sepan por mi antes de que se encuentren a su hija en las portadas, o en el programa de Ryan Seacrest- el joven rió, asintiendo.

-Claro que sí- la tranquilizó, pasando un brazo por su cintura y abrazándola -algún día tendré que conocerlos en persona- le recordó, cosa que hizo a Bella sonreír, a la vez que levantaba la vista y dejaba un pequeño beso en sus labios, gesto que Edward correspondió encantado, pero achicó los ojos al ver a su chica esbozar una sonrisa maliciosa -¿qué ocurre?

-No puedo esperar a ver que dice el jefe Swan acerca de esos pendientes- murmuró; el cantante palideció, tragando saliva -tranquilo- no pudo evitar la carcajada -deberías estar frente a un espejo, para poder ver tu rostro.

-Muy graciosa, calabacita- protestó, pero haciendo esfuerzos por no reír él también.

Con ánimos renovados, y una Bella mucho más tranquila, prosiguieron el paseo; la hora de partir hacia el estadio se aproximaba, y todavía tenían un buen rato para estar a solas.

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-¡Slave Heart... Slave Heart!

Los gritos de la muchedumbre ya resonaban en las gradas y en el césped del estadio de los Niners; tal y como pasó en Anaheim, para el segundo concierto también estaban las localidades agotadas; entre las dos noches, los chicos cantarían para más de setenta y cinco mil personas.

Bella y Edward llegaron a media tarde al estadio; el cantante fue a ensayar y a relajarse un poco, y Bella tuvo tiempo de charlar brevemente con Alice; la joven morena entendió su temor con respecto al tema de la prensa, y tal y como era su trabajo de publicista, le prometió estar atenta a todo lo que saliera de ellos, al igual que hacía con el resto de miembros de la banda.

Al ser el segundo concierto, la lista de invitados VIP era muy escasa esa noche, ya que la mayoría habían acudido al primero. Eso le dio a los chicos el tiempo suficiente para relajarse y prepararse sin prisas. Los técnicos de sonido iban de un lado para otro, ultimando los detalles, cuando se fijó en Sam y Leah; la chica estaba colocándole los audífonos pegados a las espalda, tal y como ella hizo con Edward... pero vio que el moreno, con el bajo perfectamente colgado de su hombro, se volvía y parecía estar advirtiéndola con seriedad.

No habían visto a Emily más que un par de veces desde que la gira comenzó; era dueña de una cadena de salones de belleza muy famosos en Los Ángeles, y siempre estaba liada con el trabajo; pero las pocas veces que habían hablado con ella, cuando Alice o Rose le preguntaban como iban las cosas con Sam, su rostro no dejaba lugar a dudas de que el tema era delicado, muy delicado.

-¿Qué tal?- salió de su ensimismamiento al oír a Jake, que se había acercado a su posición, ya con la guitarra colgada.

-Bien- se encogió de hombros.

-¿Y con Edward?- interrogó, con una sonrisa.

-Muy bien, también- le dio un golpe amistoso en el hombro.

-Me alegro por los dos- le dijo, con una sonrisa sincera, pero un poco resignada -te dije que era buen tío.

-¿Quién es buen tío?- Edward se acercó a ellos, y Bella estudió el atuendo que llevaba esa noche; el bajo de los pantalones vaqueros metidos en las botas de cordones negras, la camiseta con cuello de pico, de color verde oscuro...

-Hablábamos de ti, Cullen- rodó los ojos su amigo -de tus encantos- le insinuó en broma, arqueando las cejas.

-Lo sé, tengo muchos- contestó, con voz sugerente.

-Creído- le golpeó el brazo con el puño, riendo -¿preparado?

-Sí- afirmó, moviendo levemente la cabeza de un lado para otro, comprobando que los audífonos que ya llevaba puestos no se cayeran.

-Suerte- le deseó Bella a Jake, guiñándole un ojo.

-Vamos a ello- tomó una profunda respiración, dejando a la pareja a solas, y reuniéndose con el resto de la banda.

-¿No tendrás frío?- le preguntó Bella a Edward, al verle en manga corta -la noche está un poco fresca.

-Enseguida entraré en calor; además, el escenario es un infierno- le recordó, tomándole de las manos.

-¿Nervioso?- inquirió, con una pequeña sonrisa.

-Lo acostumbrado- contestó, de manera despreocupada.

-Tengo curiosidad, ¿por ahí se oyen muchas voces?- señaló a los audífonos; Edward sonrió, quitándose uno con cuidado y poniéndolo en su oreja; aparte de unos pequeños ruidos y murmullos, también se dio cuenta de que aislaba la mayor parte del griterío de la gente.

-Aparte de mantenernos comunicados, tiene un dispositivo que aísla el ruido ambiente; podemos escuchar claramente la batería, los teclados, las guitarras...- le explicó -eso hace que podamos seguir el ritmo adecuado de la canción, o que yo no me adelante.

-¿Y no te chivan por ahí si se te olvida la letra?- bromeó, volviendo a colocar el auricular en su sitio, con cuidado de que no se le enredase entre los pendientes.

-No se me suelen olvidar, calabacita- le aclaró, acercándola a él; el griterío empezó a gritar y a aplaudir, y ya se escuchaban las primeras notas.

-Buena suerte- susurró ella, poniéndose de puntillas y dejando un pequeño beso en su mejilla -ganátelo- le recordó, antes de soltarle.

-Lo intentaré- se resignó, apretándole las manos un segundo, antes de soltarla y trotar hacia el escenario.

Después de reunirse con Alice, ambas siguieron el concierto desde su acostumbrado lugar, sin mayores contratiempos; su jefa había estado bromeado con ella, haciendo quinielas sobre la canción nueva de la noche. Cuando empezaron a resonar las notas de "In these arms" la boca de la castaña se abrió, debido a la sorpresa. Aunque no era una balada, era una canción que jamás les había visto escuchado tocar en directo.

La letra era toda una declaración de intenciones, y como ya era costumbre, los ojos de Edward la miraban, ya sin apenas disimulo alguno...

"Tú quieres un compromiso...

echa una mirada a estos ojos,

arden con pasión, solo por ti

hasta el final de los tiempos..."

Mientras cantaba, Edward no pudo evitar vigilar de reojo la reacción de Bella ante la canción; compuesta por Jake y Jasper, no era una de sus favoritas... pero esperaba que ella supiera que, desde hace mucho, cantaba solo para ella. Sacó el micrófono de su soporte, para acercarse hacia la parte derecha del escenario, y así poder verla durante el recorrido...

"Te abrazaría, te necesitaría...

me pondría de rodillas por ti,

y lo haría todo bien

si estuvieras en estos brazos..."

Pudo observar como se mordía el labio, y estaba sonrojada... puede ser que al final hubiera acertado con la canción; antes de volverse y de acercarse a Jake, que coreaba los coros a pleno pulmón, le guiñó de manera disimulada un ojo.

-Wow...- admiró Alice -la de esta noche es bonita- le dijo, dándole un codazo a Bella para llamar su atención, elevando el tono de voz.

-Sí...- admitió ella; puede que no fuera su favorita, pero esa canción también le encantaba, como la mayoría de las del grupo.

Siguió escuchando la canción, la letra era toda una declaración de intenciones; y todo eso, unido a lo que habían estado hablando esa tarde no le dejaban lugar a dudas. Se estaba enamorando de él, no podía ocultarlo. Cuando le conoció, jamás pudo pensar que ese divo insoportable pudiera ser un hombre tan sencillo, y vulnerable... y cariñoso con alguien que no fuera su hija.

Puede que fuera un poco pronto para palabras como amor, enamoramiento y todas esas cosas... pero todos esos sentimientos que se arremolinaban en el corazón de Bella estaban desembocando en eso.

Siguió sumida en su mente todo lo que restaba de concierto, aunque eso no le impidió disfrutar de la música. Por fin, la banda entera de acercó a la orilla del escenario, saludando y despidiéndose del público. Alice y ella abandonaron posiciones, para bajar del escenario y dirigirse a la parte trasera, donde ya esperaban estacionados los coches. Hablaron de lo que tenían que revisar mañana a primera hora, antes de montarse en el avión, rumbo a Fargo, Dakota del Norte, pero su jefa la dio un codazo, indicándole que los chicos ya se acercaban a ellas.

Se secaban el sudor con toallas, y ya cubiertos con gruesas chaquetas, para que no cogieran frío. Las dos les felicitaron por la actuación, para que despçues Edward la tomara de la mano y se fueran rumbo al coche.

-¿Y bien?- inquirió el joven, con la respiración todavía entrecortada, una vez que el vehículo arrancó.

-Buen trabajo- le felicitó, con una pequeña sonrisa -y aunque la canción me ha dejado sin palabras...- meneó la cabeza.

-¿No es esa?- arqueó una ceja Edward -joder...- la castaña rió por la cara que puso, pero no pudo evitar soltar la pregunta que llevaba rodándole mucho rato en la mente.

-¿Lo que has me has dicho era verdad?- este la miró sin entender -¿harías todo bien?- le sondeó, de manera tímida, acordándose de la letra de la canción.

-Calabacita- tiró de ella, pegándola a él tanto que sus narices se rozaban -yo...-

La frase murió de manera repentina, ya que Bella se acercó a él, juntando sus labios con los suyos; sus bocas se buscaban de manera apremiante, y por fin la lengua de Edward se adentró en ese santuario, prohibido hasta ahora para él. La de Bella, precavida al principió, poco a poco se fue soltando, arrancando un pequeño y sexy gemido de la garganta del cantante, que sintió los dedos de Bella en su nuca, dando pequeños y suaves tirones, que no hizo otra cosa que encenderle hasta extremos insospechados.

Como decía la canción, por fin estaba en estos brazos, en sus brazos... de los cuales Edward haría todo lo posible porque no nos abandonara nunca.


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