Hooola mis chicas!

Espero que todas hayáis pasado una feliz navidad, en compañía de vuestros seres queridos.

Bien, aquí vuelven el divo y la calabacita jejejejeje... la cosa parece ir bien, veremos a ver como van evolucionando su relación )

Capítulo dedicado especialmente a Anamart05, una de mis paisanicas de FF... feliz cumpleaños corazón, aunque me haya adelantado un par de días jejejeje ;)

Espero que os guste; nos leemos abajo :)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción del capítulo: "We weren´t born to follow" de Bon Jovi

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Capítulo 13: Mamas and the Papas

Después del concierto de San Francisco, la recién estrenada relación entre Bella y Edward avanzaba lenta, pero segura. Abandonaron la ciudad del Golden Gate para hacer otras tres paradas en Fargo, Kansas City y Detroit, regresando después a casa durante diez días para seguir con la grabación.

Una vez de vuelta en Los Ángeles, los papeleos volvieron a ocupar la mayor atención tanto de Bella como de Alice. Faltaban apenas tres semanas para la celebración de Acción de Gracias, y el principal problema al que tenían que enfrentarse era el dichoso especial de Navidad para la MTV. La tercera mañana después de su regreso, Alice se fue a los estudios de la cadena, para una reunión personal con el productor del programa; por el último mensaje que había recibido Bella, comería con varios productores y directivos, así que no volvería hasta la tarde, y de paso recogería a los niños del colegio.

Aprovechando la soledad del despacho, tomó una profunda inspiración de aire antes de coger su teléfono móvil y llamar a su casa de Forks. Aparte de que tenía ganas de hablar con sus padres, iba a contarles acerca de su relación con Edward; durante ese tiempo habían tenido suerte, si se le podía llamar así, y todavía la noticia de su relación no había llegado a oídos de la prensa, pero la castaña sabía que era cuestión de tiempo que los pillaran en uno de sus habituales paseos, o en las salidas que el grupo entero solía hacer... y tal como ella dijo, prefería ser ella quien diera la noticia a sus padres.

Marcó el número de su casa; pero después de unos tonos, colgó extrañada, ya que nadie atendía la llamada. Extrañada miró su reloj; eran apenas las tres y media de la tarde. Su madre ya estaría trabajando, pero era raro que su padre no contestara. Volvió a insistir, y justo cuando sonaba el quinto tono y ya se iba a dar por vencida, la voz adormilada de su padre traspasó la línea.

-¿Residencia Swan?

-No quería despertarte, papá- se disculpó ella, con una pequeña sonrisa.

-¡Calabacita!- rodó los ojos, pero decidió morderse la lengua -no te preocupes, estaba medio dormido en el sofá.

-Y con la televisión encendida en el canal de deportes- respondió ella, sonriendo.

-Me conoces demasiado, hija- resopló su padre, ahora totalmente despierto -¿cómo va todo?

-Bien, hace dos días que regresamos de Detroit- le contó -ahora estoy en la oficina.

-¿Mucho trabajo?- se interesó.

-Papeleos, contratos...- enumeró, encogiendose de hombros, a la vez que se ponía de pie y se acercaba a los inmensos ventanales, para admirar el jardín.

-Quien diría que el mundo musical conlleva tanta burocracia- bromeó su padre.

-No lo sabes tú bien- rió -¿cómo estás, papá?- su tono adquirió un tinte serio y preocupado.

-Estoy bien, hija; te preocupas demasiado por mi- le regañó con cariño Charlie Swan.

-Te noto animado- exclamó ella, suspirando aliviada para sus adentros.

-El padre de Ángela me ha pedido ayuda para arreglar su jardín, así que llevo un par de días ejerciendo de jardinero.

-Eso está bien, papá; así te distraes- le animó ella.

-Ángela y Ben estarán aquí por Acción de Gracias- le contó -¿tú vas a venir, verdad?

-Llegaré a Seattle el mismo jueves por la mañana, pero el domingo debo regresar a Los Ángeles.

-Muy pocos días- dijo su padre, apenado -pero entiendo que tienes que trabajar; no te preocupes- Bella sonrió. Aunque le iba a costar separarse de los chicos y sobre todo de Edward, acostumbrada como estaba a verle las veinticuatro horas del día, esos días Amy estaría con él, y quería que aprovechara al máximo ese tiempo con la pequeña.

-Hum... verás papá- empezó a decir, sin saber bien como continuar- verás... he... he conocido a alguien- le contó, con prudencia.

-¿A qué te refieres?- le reclamó su padre, de seguro frunciendo el bigote.

-Yo... esto... salgo con alguien- le soltó de golpe.

-¡Eso es una buena noticia, calabacita!- exclamó el jefe Swan, contento -tienes veintiséis años, no quince. No necesitas pedirme permiso para salir con un chico- le recordó.

-Verás papa; eh...- rodó los ojos, intentando encontrar las palabras adecuadas -es un miembro del grupo para el que trabajo- dijo precavidamente.

-¿Es famoso?- inquirió Charlie.

-Eh... digamos que sí- asintió ella -se llama Edward, y es el que canta- le explicó, aunque su padre no entendía nada de música.

-Ya...- fue la respuesta de su padre; Bella esperó pacientemente la próxima palabra que iba a pronunciar este -¿me estás diciendo que tu novio suele salir en ese canal de cotilleos que tu madre tiene puesto a todas horas?

-Más o menos- respondió ella -verás papá; prefiero que lo sepáis por mi, antes de que la prensa... bueno... ya sabes como es eso- le explicó; ni cuando confesaba una travesura de pequeña se había sentido tan nerviosa, por así decirlo; en ese momento unos fuertes brazos la rodearon, y sintió el roce frío del metal en su pómulo, y un suave beso en su cuello -te juro que es un buen chico, papá- Edward separó los labios de su piel, dándose cuenta de con quien hablaba Bella.

-Eso no lo pongo en duda, calabacita- el cobrizo sonrió al escuchar el mote, y el pequeño resoplido que salió de los labios de su novia -si te has fijado en él, por algo será; lo que me preocupa es todo ese asunto de los periodistas.

Bella se giró, quedando cara a cara con Edward y arqueando una ceja al verle; había ido a cortarse el pelo, y aunque el revoltijo de mechones color cobre seguía sobre su cabeza, por detrás lo llevaba bastante más corto. Pasó una mano por su nuca, sintiendo las cosquillas que los cortos pelitos le provocaban.

-Por eso no tienes de que preocuparte, papá- le intentó animar, a la vez que se apoyaba en Edward, que seguía sin liberarla de su abrazo -lo tenemos controlado, más o menos.

-Solo quiero que no te hagan daño, hija- fue la respuesta de su padre.

-Y él tampoco quiere eso, te lo aseguro- fue la contestación de Bella, mirando como Edward sonreía, comprendiendo la conversación -¿crees que mamá se lo tomará bien?

-Por tu madre no te preocupes, dejámela a mi- Bella rió -te llamará en cuanto se lo cuente, nada más- le relató Charlie -¿podré al menos, conocerle?

-Con el tiempo sí, por supuesto- contestó ella -si quieres verle, puedes subir a la habitación de...- se calló, aunque su padre comprendió por donde iba los tiros -aunque ahora está distinto a como sale en esa foto- se apresuró a decir.

-Increíble- musitó su padre, hastiado -voy a conocer al novio de mi hija por medio de un póster para adolescentes pegado a la pared- la cara de Edward era un poema -¿cúal de todos es?

-Es el póster que está justo encima de su escritorio- le explicó ella; su padre no había permitido que se tocara nada del dormitorio de su hermano, por lo que sabía que el póster seguía en su sitio; oyó como su padre se movía, debía estar subiendo las escaleras.

-¿Crees que es buena idea que me vea así?- musitó ahora el cantante, en voz baja, mirando inquieto a su chica.

-No le tienes que tener tanto miedo- respondió ella, para después ponerse de puntillas y darle un beso en los labios -te queda bien- señaló su pelo con la mano que tenía libre -¿te lo has cortado por la conversación que tuvimos en San Francisco?- inquirió, curiosa.

-Lo tenía muy largo- se encogió de hombros este -¿no te gusto así?- la picó, con una sonrisa maliciosa.

-Por aquí lo llevas casi igual- le dijo Bella, tocando uno de los mechones que caían por su frente -no sé si tan corto por detrás le gustará a tus fans.

-Te tiene que gustar a ti, para eso eres mi novia- le recordó él, con una mueca de obviedad.

-Mientras no te lo tiñas de azul, o te hagas una cresta... creo que podré con ello- se burló ella, picándole de vuelta.

-Muy graciosa- contestó Edward, pero no pudo resisitirse a besarla de nuevo, pero la voz de su padre a través de la línea hizo que el beso se quedara en un simple toque de labios.

-¿Cuál de ellos es?- le preguntó Charlie -hay uno enorme que parece un portero de discoteca, con los brazos cruzados- Bella sonrió a la mención de Emmett -otro rubio con el pelo por debajo de los hombros; dos morenos que parecen hermanos... y uno con el brazo tatuado, y cara de mala pulgas- enumeró.

-Ese- le aclaró Bella -el del tatuaje de la serpiente.

-¿Ese es Edward?- volvió a preguntar su padre; Bella se lo podía imaginar estudiando el póster, en la habitación de su hermano.

-¿Qué poster es el que está colgado?- susurró Edward, en voz baja.

-Uno que salió después de vuestro primer disco- le aclaró esta, en voz baja -sí papá, ese es- esperó la reacción de este.

-Curiosos pendientes- fue la respuesta de Charlie, ante la cara de circunstancias de Edward y la sonrisa de Bella.

-Pero ya no lleva el pelo por los hombros- le explicó esta; el póster era muy antiguo.

-Ya veo...- musitó su padre -bien; simplemente espero que cuide de mi hija.

-Lo hace, papá; te lo puedo asegurar- contestó, mirando al aludido con una sonrisa -confía en mi.

-Siempre lo hago, calabacita- exclamó Charlie -y por tu madre no te preocupes, dejámela a mi.

-Está bien- suspiró ella, sintiendo un escalofrío al sentir el dedo de Edward recorrer las líneas de su tatuaje -te llamaré en otro momento, papá; tengo que volver al trabajo.

-Cuídate hija- se despidió su padre -y... hum... dale mis saludos a Edward.

-Se los daré; adiós papá- una vez que colgó el teléfono, fijó la vista en su novio -¿ves cómo no era para tanto... y qué te han dicho tus padres?

Edward la arrastró hasta el pequeño sofá, sentándola en su regazo y rodeando su cintura; después de que Emily le cortara el pelo había pasado por la tienda de sus padres, para hablarles acerca de su relación.

-Cariño- suspiró él -te recuerdo que mi padre, a diferencia del tuyo, no tiene una licencia de armas- dijo con una pequeña mueca -se lo han tomado bien... aunque cuando les expliqué quien eras, mi madre puso una sonrisa misteriosa- Bella sabía a que se refería; hace escasos meses prácticamente le había dicho que su hijo era insoportable, pero decidió morderser la lengua.

-Me sorprende que mi padre haya ido a la habitación de Riley, no suele entrar ahí y...- este la cortó, acercándola a su cuerpo.

-¿Así que tu hermano se llamaba Riley?- sondeó con precaución, jugando con sus dedos; la castaña se quedó unos minutos en silencio; era la primera vez, desde su muerte, que pronunciaba ese nombre en voz alta.

-Es la primera vez que consigo decir su nombre desde...- se le hizo un nudo en la garganta, pero intentó coger aire.

-Me alegra que lo hayas hecho- susurró él, besando su frente -¿cómo era?

-Era alegre, divertido, muy sarcástico...- enumeró ella, con una pequeña sonrisa -siempre me cuidaba mucho, me ayudaba a hacer los deberes- recordaba -cosas típicas de hermanos- Edward asintió -cada vez que Mike me llamaba a casa y cogía el teléfono, solía hacerle advertencias de que tratara bien a su hermanita pequeña; nunca se soportaron mucho- le contó.

-Hacía bien- intentó hacerla sonreír su novio, cosa que consiguió -cuidaba de mi calabacita.

-Me acuerdo muchas veces que mi padre le pedía que bajara la música a gritos- negó ella con la cabeza, con los ojos acuosos -ponía Metallica a todo volumen, vuestros primeros discos... mi padre siempre murmuraba... este chico no hace otra cosa que escuchar ruido- explicó de forma graciosa, imitando la voz de su padre, cosa que hizo reír al joven -pero ambos se llevaban muy bien- recordó esos tiempos con melancolía, antes de que las drogas minaran por completo la relación entre padre e hijo.

-¿Qué crees que pensaría de que yo fuera tu novio?- le preguntó Edward, con verdadera curiosidad; había algo en la expresión de Bella que le preocupaba. No sabía por que, pero tenía la impresión de que estaba omitiendo muchas cosas acerca de Riley... pero que le hablara de él ya era un paso, así que poco a poco.

-¿Recuerdas el momento fan de Ben?- este asintió -pues un poco peor- sonrió con pena -serías su cuñado ideal- era una pregunta que ella misma se había hecho muchas veces -le echo mucho de menos- suspiró, sintiendo una lágrima bajar por su mejilla.

Edward no dijo nada, simplemente la abrazó a modo de apoyo; ella no hizo otra cosa que esconder la cara en su cuello. Pudo sentir sus lágrimas mojándole la piel, y como intentaba tomar aire, en un intento de tranquilizarse.

-Lo siento- sollozó ella, aferrándose a su cuello con ambas manos.

-No tienes que sentirlo, Bella- contestó él, haciendo que le mirara directamente; su corazón sufrió una sacudida al verla tan frágil, y con sus bonitos ojos marrones anegados de lágrimas y tristeza -¿sabes que conmigo puedes hablar de cualquier cosa, verdad?- le recordó -o simplemente desahogarte- ella asintió en silencio, y un amago de sonrisa apareció en su cara -¿pasarás el sábado y el domingo conmigo?- le ofreció, en un intento de distraerla.

-¿Y Amy?- frunció el ceño Bella -pensé que estaba contigo hasta que nos fuéramos el próximo jueves.

-Y lo está- le aclaró -pero el sábado se casa una prima de Tanya, de modo que mañana la dejaré de nuevo con su madre, y la recogeré el domingo a la noche.

-Me gusta el plan- aceptó ella, ahora más tranquila.

-Y aunque estuviera Amy, también podrías estar, ¿sabes?- siguió hablando Edward -mi hija te adora.

-No sé que pensaría acerca de que yo fuera tu novia- meditó ella, preocupada -no quiero irrumpir en su vida como un elefante en una cacharrería- este escuchaba con atención -si las cosas no salen bien entre nosotros, yo...- meneó la cabeza.

-Te comprendo muy bien- la intentó calmar -pero me gustaría que estuvieras en la vida de mi hija, algún día- la joven sonrió, agradecida por esas palabras -ella es lo más importante de mi vida, y ahora tú también eres alguien importante- sus palabras dejaron fuera de combate a la castaña -sino fuera así, no permitiría que entrases en la vida de Amy.

-Gracias- musitó, un poco avergonzada por esas palabras.

-No me las tienes que dar, calabacita- contradijo él -ya te lo expliqué en San Francisco; no voy a tenerte escondida... y eso no solo implica a la prensa, sino también a mi hija y mi familia... ¿entendido?- con suavidad tomó su barbilla, haciendo que le mirara; Bella afirmó con la cabeza, relajándose de nuevo en su brazos -¿qué quieres hacer el sábado?- sondeó.

-Podría invitarte a comer a casa- meditó ella -después podríamos salir.

-Me parece bien- aprobó este, jugando con uno de los tirabuzones de su melena -hum... a mi madre le gustaría saludarte- Bella levantó la vista, mirándole curiosa -si a ti te parece bien; podríamos pasarnos por la tienda- le ofreció, con precaución.

-De acuerdo- accedió -tengo curiosidad por ver la tienda.

-Tienen varias- le contó, contento por que no se había negado -pero ellos normalmente están en la principal, en Hollywood Boulevard.

-¿Esa es la zona del Teatro Kodak y el Paseo de la Fama?- le preguntó ella.

-Sí, es la zona- le confirmó este -¿nunca has estado?- inquirió, con el ceño fruncido.

-Apenas he tenido tiempo- se encogió de hombros.

-Bien, haremos un poco de turismo- aprobó, con una sonrisa satisfecha -¿puedo quedarme a dormir en tu casa?- le pidió, con cautela.

-Parece que le estás pidiendo permiso a tu madre, para dormir en casa de un amigo- rió ella, mirándole divertida y jugando con uno de sus pendientes.

-Prometo portarme bien- exclamó, intentando poner cara de niño bueno, a la vez que uno de sus dedos pasaba por el costado de la joven, haciendo que se le pusiera la piel de gallina. Ella se apartó un poco, nerviosa por el toque y haciendo que Edward suspirara frustrado -Bella...- la llamó para que le mirara -sabes que no haríamos nada que no quisieras.

Ella se levantó de su regazo; se volvía loca cada vez que la tocaba, pero no estaba muy segura de la reacción de Edward cuando la viera en ropa interior. Él estaba acostumbrado a cuerpos esculturales, sin un gramo de grasa de más... y aunque sus michelines no eran enormes flotadores, ahí estaban.

-No es eso, Edward, me fío de ti- murmuró ella, nerviosa y retorciendo sus dedos -es solo que...- no podía creer que le estuviera pasando esto; nunca habïa tenido inseguridades a causa de su aspecto.

-Calabacita- la llamó él, para que volviera a sentarse en su regazo, pero ella no se movió, de modo que tuvo que levantarse; con cuidado volvió a rodear su cintura con sus brazos -no sé que estará maquinando esa cabecita tuya, pero no tienes nada por que preocuparte.

-Edward- ella negó con la cabeza -no soy escultural, ni alta ni...- este la cortó, cansado y molesto.

-¿Crees que tu aspecto me importa?- escupió -pensaba que te había quedado claro que te quiero tal como eres- Bella jadeó al escuchar esas palabras, era la primera vez que le decía directamente que la quería -no sé que tengo que hacer para demostrártelo- sus palabras dejaban entrever la molestia y un pequeño deje de decepción -no sé que tengo que hacer para que me creas.

-No es eso, Edward... per...- se intentó explicar, pero el joven se alejó.

-Los chicos me esperan en el estudio- se disculpó él, y por primera vez, la castaña vio dolor en sus ojos verdes -cuando proceses todo eso, y te des cuenta de que tu aspecto no me importa en absoluto, me llamas- exclamó enfadado, dándose la vuelta y dejándola allí.

Bella se quedó sin saber que hacer o decir, pero algo se rompió en su interior al ver la expresión de Edward. No es que no quisiera hacer el amor con él, claro que quería... pero unas inseguridades que nunca la habían asaltado ahora la reconcomían de forma alarmante. Él se había portado tan bien desde que estaban juntos, y la trataba con tanto cariño... ¿le habría dado la impresión equivocada?

Decidió que una vez terminaran con la grabación, hablaría con él y le pediría disculpas. Era jueves, y mañana dejaría a la niña con Tanya... y le apetecía mucho pasar el fin de semana con él. Pero justo en ese momento sintió como unos diminutos bracitos aprisionaban una de sus piernas; al mirar hacia abajo, se encontró con la sonrisa desdentada de Kyo.

-¡Hola Bellaaaaa!- la saludó alborozado, con la camisa por fuera de los pantalones grises del uniforme.

-Hola colega- se agachó para cogerle en brazos -¿qué tal el cole?- interrogó. En ese instante vio como entraban Akane y Amy, todavía con las mochilas a su espalda, y Alice con Hachiko en brazos.

-Bien- contestó el niño, abrazándose a su cuello.

-¡Hola Bella!- la saludaron Akane y Amy a la vez, acercándose a ella.

-Hola pequeñas- posó al pequeño en el suelo, para poder saludarlas.

-La señorita Ross nos ha felicitado por resolver bien los problemas de matemáticas- le relató Amy, cogiéndola de la mano.

-¿Veis como las divisiones no eran tan difíciles?- les dijo a ambas; ayer por la tarde pasaron un buen rato con las dichosas divisiones.

-Pero tú las explicas mejor que la señorita Ross- contradijo Akane, al lado de Amy, cosa que hizo sonreír a Bella.

-Debería pagarte por darle a Akane clases particulares- murmuró Alice, con una sonrisa divertida.

-Me pagas con esa estupenda máquina de café, que hace unos capuccinos impresionantes- contestó Bella, en broma -sabes que no me importa ayudarlas.

-Tienes demasiada paciencia- rodó los ojos Alice, a la vez que posaba a Hachiko en el suelo -id a decirle hola a papá- los pequeños corrieron hacia el estudio de grabación; los técnicos de la productora todavía no habían llegado, así que podían entrar allí.

Alice y Bella los siguieron; Bella sonrió al ver a Edward coger a su hija en brazos, a la vez que Amy le daba un beso en la mejilla. No sabía que le estaba contando la pequeña, pero Edward se giró para mirarla; todavía estaba serio y enfadado, lo notaba en sus ojos.

-¿Pasa algo?- susurró Alice a Bella en voz baja.

-Nada- suspiró ella -un pequeño intercambio de opiniones- le explicó, ante la mirada comprensiva de la morena -cosas de pareja.

-Bienvenida la club- la intentó animar Alice, dándole un pequeño codazo amistoso. Los niños salieron del estudio, para ir en busca de María y merendar.

-¿Qué tal la reunión?- le preguntó Bella, mientras entraban de nuevo en el despacho.

-No ha ido mal- le relató -han accedido a que los chicos graben la actuación el día 21- suspiró cansada -en la comida también estaba Aro.

-¿Cómo está el gran jefe?- interrogó, con verdadera curiosidad Bella, poniéndose de nuevo las gafas.

-Bien; nos manda recuerdos- repuso la morena, con una risa.

-¿Sigue liado con esa aspirante a actriz?

-Parece ser que sí- respondió; justo en ese momento la música se adueñó del ambiente; era un canción movida y con ritmo.

-Vamos a cotillear- Alice se levantó, tomándola de la mano.

Ambas se quedaron en la puerta del estudio; todavía no estaban grabando, así que Bella supuso que era un ensayo previo. La letra le llamó ponderosamente la atención... pero por primera vez en mucho tiempo, Edward no la miraba mientras cantaba, y en ese momento supo que la discusión que habían tenido le había dolido, y mucho.

La letra era curiosa, pero iba bastante acorde con la vida misma...

"No nacimos para seguir...

vamos, levántate de sus rodillas

cuando la vida es una píldora amarga de tragar

tienes que aguantar y aferrarte a lo que crees..."

Escuchaba el estribillo con atención... ¿sería posible que Edward mirara a través de sus ojos, para hacerse una idea de todo lo ella había tragado en esta vida, o que hablara de esa infancia que tanto le costaba a él superar?; a su memoria vino una conversación que mantuvieron en Detroit, donde él le había soltado sin tapujos que ella le inspiraba para componer.

Siguió escuchando la canción atentamente; cuando finalizaron Alice y ella entraron en el estudio, pero vio como Edward y Sam salían dirección al jardín y sacaban el paquete de tabaco.

-¿Os pasa algo?- se giró para encarar a Jake.

-Nada- suspiró ella -yo y mis quebraderos de cabeza a veces metemos la pata- susurró ella, con pena -¿está muy enfadado?

-No te preocupes- le consoló este, a la vez que dejaba la guitarra en su soporte -a veces pierde los estribos con demasiada facilidad... pero se le pasa enseguida.

-¿Tanto se ha notado que hemos discutido?- inquirió ella, frunciendo el ceño.

-Le conozco demasiado- rodó los ojos el moreno -cuando ha entrado aquí y le he preguntado por ti, ha gruñido algo parecido a una respuesta.

-Ya...- suspiró ella -no te preocupes, lo arreglaremos.

-Todas las parejas discuten, Bells- le dijo, encogiéndose de hombros -¿me invitas a un café, antes de que aparezcan por aquí los de la productora?

-La máquina es mía, así que yo invito- se unió a ellos Jasper, consiguiendo sacar una sonrisa a Bella.

-Me apunto- exclamó Emmett, girando una de las baquetas entre sus dedos, cual perfecto malabarista.

Bella se disculpó un minuto, esperando poder hablar con Edward... pero vio que sacaba su móvil y se ponía a hablar con alguien. No quería que estuviera enfadado con ella, pero tampoco quería alterarle antes de la grabación, así que con el firme propósito de hablar con él después, acompañó al resto para tomar el acostumbrado café de la tarde.

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Pero la mala suerte parecía cebarse con la joven castaña; la grabación les llevó mucho más tiempo del que suponían, y para cuando terminaron, Edward se marchó directamente a su casa, ya que la niña estaba completamente dormida.

Al día siguiente, Alice y ella tuvieron que dejar la oficina, para dedicarse a ir de un lado a otro, resolviendo mil y un papeleos; comieron por el centro, y para cuando terminaron, ya eran casi las cinco de la tarde, de modo que Alice le dijo que podía irse a casa. Había llamado a Edward un par de veces, pero no respondía al teléfono... sí que debía estar enfadado con ella.

Al entrar en su minúsculo apartamento, la quietud y el silencio la recibieron; se sentía sola, y con un nudo en su pecho desde que discutieron, y no pensaba que le iba a doler tanto como lo hacía. Desesperada por hablar con alguien, le mandó un mensaje a Ang, preguntándole si podía conectarse a Skype. Después de esperar los diez minutos que le pidió su amiga, su rostro alegre apareció en la pantalla.

-¿Problemas en el paraíso?- fue el saludo que le dedicó su amiga, arqueando una ceja -¿qué pasa, Belly?

-Ocurre que soy idiota- suspiró frustada ella -¿no te habré interrumpido, verdad?

-Kyle está durmiendo, y sabes que los viernes tengo horario intensivo y no trabajo por la tarde- le recordó ella -no tienes buena cara- observó.

-Ayer discutí con Edward.

-¿Qué pasó?- le preguntó Ang, muy interesada. Después de relatarle los sucesos de ayer, vio como Ángela estallaba en carcajadas.

-No creo que sea gracioso- respondió entre dientes.

-¡Bella!- exclamó, limpiándose las lágrimas -no puedo creer que le dijeras a tu padre que subiera a la habitación de tu hermano, para que viera el póster y conociera a Edward.

-Fue un poco subrealista, lo admito- musitó pensativa -pero sabes que no se manejan con el ordenador, así que no pueden googlear a Edward o al grupo.

-Deberías pedirle a Ben que les instale uno en condiciones- le aconsejó -después de navidades salís del continente para la parte asiática y europea de la gira; Ben podría enseñarles a manejar Skype, y así les verías mientras hablas con ellos- le sugirió.

-Hablaré con tu marido en Acción de Gracias, no es mala idea- aprobó la castaña.

-Y en cuanto a lo otro... Bella...- empezó a decir su amiga -nunca te ha importado lo que pensaran de tu aspecto... ¿por qué te preocupa tanto la reacción de Edward?; ¿has hablado con Rose o Alice al respecto?

-No lo sé... - negó ella, secándose una lágrima que bajaba con su mejilla -¿inferioridad, miedo a palabras tales como novia...?- se encogió de hombros -y no; Rose está en Nueva York, preparando el desfile de Victoria´s Secret... y con Alice sabes que no tengo la suficiente confianza para tratar estos temas.

-No tienes que sentirte inferior a él, Bella- la consoló ella -tal y como dijo él mismo, te quiere tal como eres... dios, Belly... que le des tantas vueltas a las cosas no es bueno; y está más que claro que eres su novia.

-Ya lo sé; pero no puedo evitarlo, soy así- protestó.

-Te recuerdo que Edward está loco por ti... y solo por ti- recalcó -Belly, por una vez en tu vida, no pienses tanto y déjate llevar por lo que sientes -Bella la escuchaba en completo silencio -desde la muerte de Riley, por fin te pasa algo bueno; te has pasado dos años cuidando de tus padres, preocupándote de todo en tu casa, superaste muy bien tu ruptura con Mike...- enumeró.

-Eso iba a pasar tarde o temprano...- siseó.

-Ya sabes lo que quiero decir- la cortó Ángela -por fin estás empezando a ser feliz, no tires todo eso por la borda- le pidió -aunque me lo nieges, sabes de sobra que te estás enamorando de él, y puedo entender que tengas miedo a decepcionar a la persona que quieres- la castaña desvió la vista de la pantalla -deja que sea Edward el que decida si le gusta o no lo que esconden esas ropas- hizo una pequeña pausa -así que mueve el culo de ese sofá, vístete y dale una sorpresa.

-¿Y qué hago, Ang?- replicó, con la mandíbula apretada -¿me planto en su casa, le digo que lo siento y me pongo en paños menores frente a él?

-Por el amor de dios, Bella- contestó ella, perdiendo la paciencia -por lo que me has contado, lo único que sé es que íbais a pasar el fin de semana juntos; sino estás segura todavía, no llegues a ese extremo; Edward respetará lo que tú quieras. Tienes a uno de los tíos más calientes del país rendido a tus pies, y que encima, no es para nada el divo prepotente y altivo que pensabas que era.

-Ya lo sé- suspiró -de un grano de arena hago una montaña, ¿verdad?- sonrió con desgana, y con los ojos todavía llorosos.

-Esa eres tú, Bella- la intentó animar Ángela, con una pequeña sonrisa -disfruta de tu fin de semana- la guiñó un ojo, a modo de despedida.

-Dales un beso a Ben y al peque- se despidió también.

Una vez apagó el portátil, se quedó un tiempo en silencio, sentada en la misma posición y mirando hacia la televisión apagada... y lo más importante de todo, masticando las palabras de su amiga. Parecía una patética adolescente de instituto, histérica y sin saber que hacer ante su primera cita.

-Por todos los santos- susurró en voz alta -tengo veinteséis años...- seguía cabilando ella sola -no puedo ser más patética.

A su mente vinieron las imágenes del día de ayer; el enfado de Edward, el dolor en sus ojos, como si no creyera en sus palabras. Ni él mismo se daba cuenta de lo encantador que era con ella, y del cuidado y del cariño con el que la trataba... y era increíble lo vulnerable que era, mostrándole esa otra cara más allá de la fama y de la prensa del corazón. Tenía que empezar a creerse que la quería a ella, a la Isabella Swan que siempre hablaba antes de tiempo, y que no tenía una talla de supermodelo, pero que tampoco era obesa, a la que compartía con él sus aficciones para nada lujosas y extravagantes, la que disfrutaba escuchando Metallica o cualquier grupo de buen rock...

Miró la hora en su móvil; apenas eran las seis y media de la tarde; intentó comunicarse de nuevo con él, pero no obtuvo respuesta. Sabía que sobre las siete y media dejaría a la niña en casa de su ex mujer, así que se puso manos a la obra, esperando de todo corazón que al menos, le permitiera escuchar sus disculpas.

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El reloj marcaba casi las ocho y cuarto de la tarde; Bella se felicitó mentalmente. Una ducha, cambio de vestuario, preparar una pequeña mochila con ropa y pasar por el Mercado De Mill Springs para comprar la cena en menos de dos horas tenía su mérito. Y ahora estaba plantada frente a la casa de Edward... o la que se suponía que era su casa. La cancela de metal y los altos setos no dejaban ver la fachada frontal. Era una urbanización privada, ubicada en el exclusivo barrio de Pacific Palisades. Por lo que había podido admirar a través de la ventanilla del taxi, todas las casas tenían como paisaje privilegiado la inmensidad del océano Pacífico y las montañas de Malibú.

Nerviosa llamó al timbre, rezando porque Edward o alguien le abriera la puerta, pero después de tocar otras dos veces, nadie contestó. El móvil de Edward ya ni siquiera daba línea, y empezó a preocuparse... quizá después de dejar a Amy con su madre le había surgido algún plan. Cansada, se sentó en la acera, cerca de la puerta y rodeada de bolsas; esperaría unos minutos, y sino siempre podía llamar a un taxi y volver a su patético y solitario apartamento.

Pero a los diez minutos de estar ahí sentada, una ráfaga de luz hizo que levantara la cabeza de su móvil; respiró aliviada al reconocer el BMW negro, y vio la cara de sorpresa de Edward, que rápidamente salió a su encuentro.

-¡Bella!- la ayudó a levantarse, dándole una mano -¿ha ocurrido algo, estás bien?- le preguntó, preocupado por encontrarla allí.

-Venía a disculparme por lo de ayer- musitó ella, agachando la cabeza -hoy no he podido pasar por la oficina, y te he llamado varias veces, y no cogías... y tampoco se me ha ocurrido llamar al estudio, y...- se explicó torpemente.

-Me he dejado el móvil en casa- se disculpó -acabo de dejar a Amy con su madre; iba a sacar a Baxter, y después ir a tu casa- le contó él -siento lo de ayer, no debí dejarte así.

-Tenías todo el derecho a enfadarte- habló ella, sonriendo con pena -soy muy insegura, y le doy mil vueltas a las cosas... y...- calló, intentando encontrar las palabras correctas.

-Tranquila- susurró Edward, abrazándola contra su pecho; respiró aliviado para sus adentros al verla allí con él; nunca una discusión de pareja le había dejado tan tocado -cuando te pregunté si podía quedarme a dormir en tu casa, no pretendía darte a entender que tenía que pasar algo- le explicó, meciéndola -es solo que no quiero separarme de ti, estemos o no estemos de gira- Bella levantó la vista, mirándole emocionada -esperaré todo el tiempo que necesites, hasta que te sientas cómoda. No me importa tu cuerpo, me importas tú- terminó de explicarle.

Bella tuvo que hacer un esfuerzo titánico por mantener sus lágrimas a raya... ¿cómo podía decir esas cosas, sin darse cuenta de lo encantador que era?

-¿Hacemos las paces?- le ofreció ella.

-Claro que sí- susurró él, antes de agachar su cabeza y besarla; las manos de Bella fueron directas a su cuello, y su boca se abrió, haciendo que la lengua de Edward jugueteara con la suya y la pegara más a su cuerpo, si eso era posible. Se perdió tanto en ese beso que no se dio cuenta de que empezaba a hiperventilar hasta que el propio Edward rompió el beso, mirándola con una sonrisa -lo mejor de las peleas son las reconciliaciones- musitó pícaro, ganándose un suave golpe en el pecho por parte de su novia.

-¿Me das asilo este fin de semana?- le preguntó ella con una tímida sonrisa, señalando la mochila que descansaba en el suelo.

-No tienes que preguntar eso, estás en tu casa- le aclaró él, besando su frente, y más que feliz por haberla encontrado allí -¿qué hay en el resto de las bolsas?

-Cena- le explicó, a la vez que Edward se agachaba y las cogía -espero que tengas hambre.

-Estoy hambriento- contestó -sube al coche -le indicó, mientras metía las bolsas en el asiento trasero y subía también él -te daré el código de seguridad, para que puedas entrar si alguna vez no estoy- le dijo, una vez dentro.

Accionó un pequeño mando, y las enormes puertas de metal se abrieron. La mandíbula de Bella se abrió, admirando la preciosa casa de piedra caliza y cristal de dos plantas. El acceso hasta la puerta principal estaba rodeado de césped y parterres de flores, pero Edward condujo hasta un lateral, donde supuso ella estaban los garajes; allí vio el todoterreno que condujo en su primera cita, y un impresionante deportivo gris.

-Wow...- murmuró, al verlo.

-Es un Maserati GrandSport Sypder- le aclaró él, ante su graciosa cara sorprendida y a la vez que quitaba las llaves del contacto; vio como ella se bajaba, acercándose al deportivo.

-¿Te gustan los coches?- le preguntó ella, admirando la tapicería de cuero negra del vehículo.

-Lo normal- contestó, acercándose a su lado, cargado con las bolsas y la mochila de Bella al hombro -entremos- le indicó una puerta, que la joven descubrió que daba acceso a la cocina; era una enorme estancia, con los fogones en una isleta central de mármol negro, al igual que los armarios. A un lado, un pequeño comedor de diario, sin espacios y pared que los dividiera.

-Que bonita- admiró, mirando hacia todos los lados, una vez que Edwarde encendió las luces.

-Ven- le tendió la mano, después de dejar las bolsas en el mostrador -te enseñaré la casa- con su mochila colgada al hombro, Edward la llevó primero a la terraza a la que se accedía desde otra de las paredes de la cocina; en un rincón un confortable sofá en colores claros, con una mesa baja y varias otomanas de similar tono; al otro lado del porche, una mesa de madera de teka y varias sillas, ideal para cenar al aire libre. Pero el jadeo vino cuando vio el jardín, y la gran piscina; era ese tipo de piscinas que por uno de los lados parece que no tiene borde, y parecía fundirse directamente con el paisaje rocoso de Malibú; no sabía el nombre técnico, pero ella misma se entendía.

-¿Te gusta?- Edward la miró con una pequeña sonrisa.

-Es precioso- admiró ella; el césped estaba perfectamente arreglado, y al igual que en la puerta principal, parterres con exóticas flores colocados de forma estratégica y aromoniosa; se podía imaginar en ese sofá, leyendo y relajándose... y nadando a la luz de la luna en la piscina.

La parte trasera de la casa era muy similar a la de Alice, con enormes ventanales a modo de pared; la primera planta de la casa sólo constaba de tres estancias; el comedor formal, para cuando había invitados, un pequeño cuarto de baño y un enorme y luminoso salón, con el recibidor integrado en él. Una pantalla plana inmensa presidía la única pared de piedra, y justo enfrente un sofá en forma de L de color negro, más la mesa baja. Algunas estanterías, colocadas de manera estratégica, sostenían los innumerables premios que había conseguido el grupo, y varios discos de oro y platino perfectamente enmarcados, conjuntados con otros abstractos en tonos neutros.

-Es enorme- decía una y otra vez, con la vista posada en la escalera de madera oscura, en sintonía con los muebles de la casa. Antes de que Edward la llevara a la otra gran terraza de la casa, se fijó en el piano de cola negro que descansaba en un rincón... pero lo que en verdad la dejó sin aliento fue la vista desde la terraza del salón.

El océano Pacífico se extendía cual manto azul-verdoso en el horizonte; miraras a donde miraras, no había otra cosa en el paisaje que agua... era relajante, y el olor a salitre penetró de lleno en sus fosas nasales.

-La casa está construída sobre un acantilado- le explicó -por eso el jardín tiene tantos desniveles, y se podía construír ese tipo de piscina -y esta es la otra parte de la casa- le señaló.

-Me encanta- susurró, mirándole con una inmensa sonrisa; Edward la atrajo a sus brazos, mirando el paisaje con ella -¿cuándo estabas casado con Tanya, vivías aquí?

-Esta casa la compré yo, después de divorciarnos- le explicó, tomando de nuevo su mano y conduciéndola hacia las escaleras -ella se quedó con la casa que compramos cuando nos casamos, en Bel-Air; nunca me gustó esa casa, parecía un mini palacio, toda blanca y dorada- frunció el ceño.

-Te pega más esto- meditó ella, con una sonrisa, a la vez que su novio abría una puerta -este es mi dormitorio- le explicó -esa puerta es el vestidor, y esa otra el baño. La decoración era muy sencilla y minimalista, pero el tamaño de la cama era enorme. Las vistas también daban al océano, al igual que la preciosa habitación de Amy, decorada en tonos lilas y unida a un enorme cuarto de juegos, con su propio baño. Había otras tres habitaciones para invitados, y dos baños más completamente equipados, aparte de su pequeño estudio para componer.

Después de dejar la mochila en la habitación de Edward, bajaron de nuevo las escaleras, para dirigirse a la cocina y calentar la cena. Nada más poner un pie en ella, un pequeño ladrido alertó a Bella. Baxter se dirigía directamente a ella, colisionando con su cuerpo y apoyando las patas delanteras en sus rodillas, a la vez que meneaba la cola, contento.

-Y este es Baxter- le presentó Edward, de manera graciosa. Bella se agachó, rascándole entre las puntiagudas orejas negras -le has caído bien- observó.

-Hola Baxter- saludó ella, sin dejar de acariciarle; el perro seguía moviendo la cola, alegre -¿vas a sacarle?- le interrogó.

-Unos minutos- le dijo -¿quieres venir, o prefieres quedarte?

-Mejor voy calentando la cena- dijo ella, dirigiéndose hacia las bolsas.

-Toda tuya- señaló la estancia con la mano -no tardo- le dijo -vamos Baxter- le llamó, para desaparecer por la puerta del garaje.

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Después de cenar, la pareja se acomodó en el amplio sofá del salón, encendiendo la tele y relajándose. Baxter descansaba a sus pies, después de que él también se apuntase a cenar alitas de pollo.

-Tu casa es preciosa- volvió a decir Bella; Edward sonrió, mirándola como se ajustaba las gafas, y enfundada en su pijama. Después del malentendido de ayer, ni por asomo se hubiera imaginado que la tendría cómodamente instalada en su casa... pero se sentía bien tenerla ahí con él.

-Me alegra que te guste- sonrió, atrayéndola a su cuerpo y haciendo que se acurrucara en su pecho -¿te la imaginabas así?

-No me la imaginaba de ninguna manera especial- le explicó, trazando círculos imaginarios con el dedo por su pecho -aunque es lujosa y enorme, no es la típica mansión de estrellas de Hollywood.

-Me gusta la tranquilidad del barrio, la intimidad y seguridad que ofrece para todo ese asunto de la prensa... las vistas- le explicó, jugando con sus helados dedos -pero cuando no está Amy, me siento un poco solo.

-Te comprendo- contestó ella -la soledad, a veces- recalcó -es buena... pero puede llegar a ser devastadora.

-Yo es una de las cosas a las que más temo- suspiró él, con el tono de voz un poco decaído.

-Pero tú no estás solo- le contradijo ella.

-Amigos verdaderos, hay muy pocos en esta vida- le contó -y más en este mundillo, donde el noventa por ciento de las amistades y relaciones, son por interés.

-Eso puede ser verdad- aprobó ella -no he conocido ese mundo, hasta que he empezado a trabajar con vosotros... pero ya no estás solo- Edward agachó la cabeza, mirándola fijamente -ahora tienes...- hizo una graciosa mueca pensativa -una novia con estupendos gustos musicales, que le da demasiadas vueltas a las cosas...- enumeró divertida.

-Y que es preciosa- susurró contra sus labios, para después besarla.

Aunque al principio el beso era suave y tierno, poco a poco la temperatura de la habitación fue subiendo de grados; sin poder contener la danza que bailaban sus lenguas, Edward la posicionó poco a poco en su regazo, para sentarla a horcajadas encima suyo.

Bella se quitó las gafas en un acto reflejo, tirándolas en algún lugar del espacioso sillón. Sintió las manos de Edward en sus caderas, acercándola a su cuerpo, y las de Bella fueron directamente a su cuello y a su nuca, intentado agarrar con sus puños las hebras cobrizas que ya no estaban allí. Los labios de Edward dejaron su boca, para recorrer su mandíbula y bajar de manera tortuosa por la piel blanca y tersa de su cuello, mandado descargas a todas y cada una de las terminaciones nerviosas de la castaña, que respiraba entrecortadamente, con los ojos cerrados y atrayendo la cabeza de Edward a su cuerpo.

-Eres suave, y cálida- murmuró él contra su cuello, y con sus manos recorriendo su espalda, por debajo de su camiseta -y preciosa...

-Tú me haces sentir así- consiguió decir ella, con el corazón en la garganta y volviendo a estrellar sus labios contra los de él, en un apasionado beso, haciendo que de la garganta del joven brotara un sexy gruñido. Se entremeció al sentir los helados dedos de su novia bajar lentamente por su pecho, mandando una respuesta inmediata hacia sus parte íntimas.

Con mucha cautela, volvió a posar sus labios en su cuello, disfrutando ese aroma de mora y frambuesa, bajando despacio y dejando que ella, si se sentía incómoda, se apartara o le echara el freno. Pero ella se dejó llevar, y no podía estar más feliz; le daba igual si no era escultural, o si no usaba pantalones con una talla para adolescentes anoréxicas... era ella, su chica, y lo único que quería era demostrarle cuanto la quería.

Porque la quería, de eso no tenía duda alguna; puede que no supiera el momento exacto en el que se había enamorado de ella... pero la conversación con Sam ayer, después del ensayo y la discusión, no le dejó lugar a dudas, y tenía que convercela de ello, costara lo que costara.

-Calabacita...- su aliento hizo que la piel de Bella vibrabra contra sus labios; pero la joven estaba perdida en ese mar de sensaciones, y no quería salir de ahí.

-Bésame- fue lo único que atinó a decir, a la vez que buscaba de nuevo su boca y acarciaba su nuca -por favor...- perdido como estaba en los labios y el cuerpo de su novia, Edward creyó oír en la lejanía un sonido bastante familiar.

Pero ni por asomo iba a moverse de ese sofá, y Bella parecía no haberse dado cuenta, enfrascados como estaban en ese beso... pero de nuevo otra vez ese dichoso "ding dong" sonó, ahora de manera insistente.

-¿Qué demonios?- siseó Edward, seprándose a regañadientes de los labios de su chica; las manos de la castaña seguían apoyadas en su cuello.

-Es el timbre de la puerta- le indicó ella, intentando tomar aire.

-Que le jodan a quien sea, no pienso abrir- exclamó, para volver a buscar sus labios, pero el timbre seguía sonando, y Bella se apartó, preocupada. Baxter también se había despertado, y correteó ansioso hacia la puerta, ladrando.

-Puede que le pase algo a la niña- murmuró, preocupada y levantándose del regazo de su novio. Algo hizo click en el cerebro del cantante, ya que Bella tenía razón. Esperó a que ella se pusiera derecha su camiseta y sus gafas.

Extrañado se dirigió hacia la puerta principal, pensado seriamente en desconectar el dicho timbre que le taladraba los tímpanos... pero se quedó congelado en el sitio nada más abrir la puerta, al igual que Bella, que había llegado a su lado, al descrubrir ahí plantados a sus queridos padres, con una sonrisa.

-¿Qué estáis haciendo aquí, a estas horas?- les interrogó, estupefacto, y con Bella prácticamente blanca.

-Hola mamá, hola papá- siseó Esme, mordaz -que alegría veros -Bella estudió a la peculiar pareja; ella vestía un blusón hippie, con unos pantalones vaqueros acampanados y unas sandalias de esparto, con una considerable plataforma; Carlisle también llevaba vaqueros azules oscuros, unas chanclas de cuero y una camisa con un estampado de lunares que ningún ojo humano podría digerir.

-Sentimos la interrupción, pequeño Eddie- soltó tan pancho su padre, mirando el pantalón del pijama de su hijo, donde la erección era más que notoria; Bella ahogó a duras penas la carcajada.

-Por el amor de dios, papá- masculló, agarrándose el puente de la nariz con los dedos, y atrayendo a su novia por la cintura.

-Hola Bella- la saludó Esme, con una sonrisa -es un placer volver a verte- se adelantó para abrazarla de forma suave, gesto que imitó Carlisle.

-Puedes soltarla, hijo; no la vamos a secuestrar- exclamó su padre, divertido, ya que el brazo de Edward sujetaba con fuerza la cintura de Bella.

-Menos mal que no soportabas a cierto chico- sonrió Esme con malicia, mirando a la castaña, que en ese momento quiso que la tierra la tragara -pasábamos por el barrio, y hemos dicho... puede que nuestro querido hijo nos invite a un café- se explicó, antes de que entraran por propia voluntad y se dirigieran a la cocina.

Edward y Bella seguían parados en el recibidor, con caras de póquer, mirando como ellos y Baxter se adentraban en la casa. El joven posó sus ojos en su novia, que seguía anodadada.

-¿Así que no me soportabas, eh?- la miró con una ceja alzada, pero a la vez la atrajo más hacia su cuerpo, sonriendo de medio lado.

-Eso era antes, en tu época de divo insoportable- contestó ella, con una pequeña risa, que contagió a este.

-Siento que se hayan presentado así, cariño- se disculpó él.

-Tranquilo- susurró ella, poniéndose de puntillas y dejando un pequeño y dulce beso en sus labios -mejor voy encendiendo la cafetera- se disculpó ella, oyendo a la pareja trastear en la cocina.

-Y yo a ducharme con agua fría- rodó los ojos este, caminando hacia el interior de la casa, y con su novia partiéndose de risa.


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Un besazo enorme, y nos vemos la próxima semana... y que el 2013 sea igual o mejor que este que termina. Feliz Año Nuevo a todas!