Hoola mis chicas!

Os echaba de menos jejejjejee... lamento el retraso, pero como os dije en los rr, circunstancias familiares muy tristes me han impedido actualizar la semana pasada. Pero ya las actus vuelven a retomar su ritmo normal, una vez a la semana ;)

Gracias a todas por vuestro apoyo y ánimos, sois unos soles :)

Bueno... sé que muchas todavía queréis asesinarme por cortarles el rollo a los pobres de esa manera jejejjeje... pero paciencia, todo llegará ;)

Vamos a ver como va esa pequeña charla... y como sigue la gira.

Espero que os guste, nos leemos abajo ;)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción: "Dry county" de Bon jovi

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Capítulo 14: Entre naipes y ruletas

Después de una ducha con agua helada, y de que sus nervios estuvieran bajo control, Edward se encaminó hacia la cocina, donde había dejado a Bella y a sus padres. Todavía le costaba digerir los vergonzosos sucesos de hace apenas unos minutos... ¿qué diantres hacían aquí sus padres, un viernes a las diez de la noche?

Al llegar allí, vio que la luz del porche del jardín estaba encendida, y que Bella y sus padres habían tomado asiento alrededor de la mesa baja, disfrutando de la cálida noche californiana; la pequeña sonrisa de su novia lo recibió mientras tomaba asiento a su lado.

-¿Mejor?- le susurró Bella, ofreciéndole la taza con la bebida.

-Más o menos- contestó de vuelta, a la vez que con su brazo libre rodeaba sus hombros -voy a cambiar el código de seguridad- Bella rió, negando con la cabeza, a la vez que acariciaba a Baxter, que se había subido al sofá y estaba cómodamente tumbado al lado de esta -¿cómo es que os dado por venir?- se dirigió ahora a sus padres -íbamos a pasar mañana por la tienda.

-Nos ha surgido un cliente inesperado, por lo que nos vamos fuera de la ciudad mañana a primera hora- empezó a explicarle su padre. Tanto él como Bella prestaban atención, interesados.

-Pero queríamos veros antes de irnos, así que hemos probado suerte, y estabais en casa- siguió hablando Esme, perfectamente acomodada en una de las otomanas, frente a la pareja, y revolviendo el café con la cucharilla.

-Podíais haber avisado- siseó su hijo entre dientes.

-Siempre refunfuñando- rodó los ojos Esme, para después dirigirse a Bella -cuéntanos algo de ti, querida; ¿de dónde eres?

-Nací en Forks- empezó a relatar, a la vez que se relajaba y se apoyaba contra el costado de Edward -en el estado de Washington, hace veintiséis años.

-Me gusta la zona, aunque solo conozco Seattle- añadió Carlisle -¿has vivido allí toda la vida?

-Hasta que encontré trabajo en Twiligth Records, sí- les aclaró -estudié en la universidad estatal de Seattle, Administración empresarial- Edward permanecía en silencio, pero estaba tranquilo al notar a Bella relajada.

-Fantástico- aprobó Esme -chica con educación y estudios.

-Mamá- la cortó su hijo, taladrándola con la mirada -déjalo.

-Vamos, Edward; no te pongas así- Bella los miraba, un poco divertida por la incomodidad de su chico.

-¿Cómo llevas el viajar tanto?- preguntó ahora Carlisle -puede resultar agotador.

-Ciertamente lo es- admitió la castaña -pero también es una experiencia única, poder conocer tantas culturas; hasta ahora no he tenido la oportunidad de viajar mucho. No puedo esperar a ir a Europa y Asia- el joven sonrió, apretando cariñosamente su hombro.

-¿Y tu familia, que opina del trabajo?- interrogó Carlisle.

-Están contentos por mi- Edward notó como su tono de voz adquiría un tinte tenso, pero la dejó seguir hablando -al principio les costó hacerse a la idea de que tenía que mudarme a otro estado... supongo que para todos los padres es difícil que los hijos se marchen, y hagan su vida.

-Para algunos menos que otros- murmuró Edward, ante la mirada reprobatoria de Esme; Bella apretó su rodilla, en un intento porque se tranquilizara.

-Lo siento- se disculpó ella, en voz baja, ya que el matrimonio Cullen se puso a hablar entre ellos unos segundos -no quería incomodarte.

-Tranquila- le quitó importancia este, sonriéndole.

-¿A qué se dedican tus padres?- la voz de Esme sacó a la pareja de su burbuja.

-Mi padre es policía, aunque ya está jubilado... y mi madre trabaja en un supermercado- contestó, con una pequeña sonrisa.

-¿Jubilado?- inquirió Carlisle, extrañado.

-Fue una jubilación por enfermedad- aclaró la castaña, con una pequeña mueca de tristeza.

-Oh, cuanto lo siento- exclamó Esme, compungida -espero que no sea nada grave.

-No es nada físico- les aclaró, posando su vista en la taza que sujetaba sus manos, y debatiendo si debía o no continuar hablando.

-¿Depresiones?- la ayudó Esme, infundiéndole confianza con una pequeña sonrisa.

-Sí; desde la muerte de mi hermano mayor, en un accidente de tráfico- musitó, con la cabeza gacha. Edward la atrajo hacia su cuerpo, besando su sien y murmurando palabras tranquilizadoras.

-Es terrible- habló ahora Carlisle, visiblemente consternado -no sabes cuanto lo sentimos.

-Gracias- consiguió contestar esta, respirando profundamente antes de esbozar una mueca parecida a una sonrisa.

Esme miraba a su hijo y a castaña atentamente, a la vez que su marido charlaba con ellos. Sus ojos no daban crédito a lo que tenía delante. La forma en la que Edward abrazaba a esa chica, la consolaba por la pérdida de su hermano y la tranquilizaba era tan tierna. Su hijo tenía un carácter muy difícil, y no era dado a mostrar afecto en público, exceptuando a Amy; él mismo no se podía ver a un espejo, pero sus ojos color jade brillaban cada vez que enfocaban la imagen de Bella; incluso la manera en la que su hijo se contuvo de decirles algo desagradable, con el simple toque de ella en su rodilla, le sorprendió.

Era tan distinta a Tanya y a todas las chicas con las que su hijo había salido; Heidi se pegaba a él como una lapa, sobre todo si había fotógrafos a su alrededor; su ex nuera mejor ni mencionarla, aunque sabía de sobra que Edward también tuvo su parte de culpa en ese matrimonio, del que solamente salió una cosa buena... esa niña tan adorable.

Por fin su Edward rebelde se había enamorado, y no podía estar más feliz por ellos dos. Bella era un encanto, y se veía a simple vista que sabía llevar su carácter.

La conversación tomó otros derroteros menos tristes, el ambiente se relajó, y los cuatro disfrutaron de una agradable velada hasta bien pasada la medianoche.

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El sol se filtraba a través de las cortinas marrones, creando un ambiente íntimo y acogedor. Edward abrió lentamente los ojos, desperezándose lentamente y pasando una mano por su rostro. Al mirar el reloj despertador, se dio cuenta de que apenas eran las nueve de la mañana, así que cerró de nuevo los ojos, dispuesto a descansar un rato más... pero un suave suspiro, seguido de un cuerpo presionándose contra él le impidió volver a dormir.

Bella continuaba sumida en un tranquilo descanso, con sus largas pestañas revoloteando con suavidad pero sin llegar a abrir los ojos. Su cabeza descansaba en su pecho, junto con su puño agarrando su camiseta. Con sumo cuidado su brazo rodeó su cintura, y uno de sus dedos recorrió la piel expuesta de su cintura; la castaña esbozó una pequeña mueca que le hizo sonreír, pero continuó dormida.

Estudió con atención sus rasgos; su cara en forma de corazón, su pequeña y respingona nariz, con algunas imperceptibles y graciosas pecas distribuidas de manera estratégica, la pequeña y redondeada mandíbula... con un pequeño suspiro recordó los hechos del día anterior, antes de que sus queridos padres llegaran. Tal y como había imaginado tantas veces, su piel podía asemejarse a la seda, y era cálida, exceptuando sus manos, siempre frías... era un contraste tan raro, pero se sentía bien.

Y sus labios lo llevaron al mismísimo cielo; había fantaseado tantas veces con tenerla así, y besarla sin restricción alguna; no sabía hasta donde hubieran llegado si no hubiera existido esa interrupción; pero después del intercambio de opiniones que tuvieron hace dos días, lo último que quería era presionarla demasiado, y que ella volviera a agobiarse.

Mientras la miraba dormir, recordó la conversación que tuvo con Sam, justo después de su discusión. Su amigo le conocía demasiado y entendía perfectamente su frustración, pero también tenía que admitir que el pasado se vuelve en tu contra cuando intentas hacer bien las cosas, y no podía culpar a Bella de tener todavía ciertas dudas.

También le hizo ver que no podía agobiarla con el tema, aunque se muriese por tenerla en sus brazos y hacerle el amor una y otra vez... y por primera vez, la palabra enamorado salió de la boca de su fiel amigo, dirigiéndose directamente a él.

Claro que la quería, ya no podía negarlo; solo esperaba que ella creyera en él, y que todo ese esfuerzo por mostrarse tal y como realmente era sirviera para que Bella creyera en sus sentimientos. Ella no iba tras su fama y su dinero, ella no era como las otras relaciones que había mantenido. No era un ligue casual, o alguien con quien pasar una loche loca de sexo... la quería en su vida, y en la de su hija.

Sonriendo mientras la observaba dormir, dejó un pequeño beso en su frente, antes de posarla con cuidado en la almohada y levantarse. Bajó hacia la cocina, donde Baxter ya le esperaba ansioso, meneando su cola contento; abrió la puerta, para que saliera al jardín y se preparó una humeante taza de café.

Una vez armado con la imprescindible cafeína de primera hora de la mañana, fue a acomodarse a la terraza del salón; le encantaba desayunar allí, con el murmullo del Pacífico como única compañía; apoyado en la barandilla, permaneció unos minutos en silencio, hasta que sintió los brazos de su chica rodearle por la espalda.

-¿Tomándote el café sin mi?- bromeó Bella, dejando un pequeño beso en mitad de su espalda.

-No quería despertarte- se disculpó este, volviéndose y enfocando la cara somnolienta de Bella.

-Buenos días- susurró ella, elevando su cara; Edward se inclinó en su dirección, encontrando sus labios a mitad de camino y dejando un suave beso en ellos.

-Buenos días, calabacita- murmuró contra su boca -¿has dormido bien?

-Muy bien- aprobó ella, refugiándose en sus brazos y cerrando los ojos -me encanta el olor del mar.

-Casi siempre me tomo aquí el primer café- le reveló el joven, abrazándola y besando el tope de su cabeza.

-Me vas a mal acostumbrar- objetó ella, con una sonrisa divertida -no es lo mismo desayunar aquí que en mi cocina tamaño liliputiense.

-Puedes desayunar aquí siempre que quieras- rió él también.

-Tomaré eso en cuenta- siguió bromeando ella; hacía mucho que no dormía tan bien. Después de que se marchara la improvisada visita de anoche, ambos decidieron irse a la cama; la llama que se había encendido en el salón se apagó, pero Edward se dedicó a besarla hasta dejarla sin aliento, para después acomodarla en sus brazos y dormir.

-¿Quieres dar un paseo por la playa?- le ofreció su novio -Baxter necesita hacer un poco de ejercicio... y más si le vas a seguir mimando, dándole alitas de pollo para cenar todas las noches.

-Es que me miraba con pena- se excusó Bella, poniendo ella también un puchero; Edward sonrió divertido -es adorable.

-Con el festín de anoche te lo has ganado, créeme- rodó los ojos, ante las carcajadas de su chica -¿te preparo un café mientras te vistes?; tienes que tomarte la pastilla- le advirtió.

-A sus órdenes, sargento Cullen- Bella le dio un pequeño beso en la mejilla, para después desaparecer escaleras arriba.

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Enfundada en unos pantalones vaqueros piratas, una camiseta de tirantes color violeta y unas chanclas del mismo color, esperó pacientemente a que Edward le pusiera la correa a Baxter y cerrara la puerta de la casa. La camiseta blanca de tirantes que llevaba dejaba a la vista su tatuada serpiente color fuego en su totalidad, y marcaba sus pectorales de manera increíble; llevaba también unas bermudas de tela vaquera, y chanclas negras.

Tal y como le contó mientras desayunaba, la urbanización tenía varias calas privadas, por lo q ue por una vez su novio prescindió de las gorras y de las capuchas de las sudaderas, y tan solo iba con sus gafas de sol, al igual que ella.

-¿Quieres llevarlo?- le ofreció la correa, que esta tomó; Baxter meneaba su cola, más que feliz por salir a la calle y andando unos pasos por delante de ellos de manera graciosa.

-¿Estás más tranquilo?- le interrogó ella, a la vez que andaban de forma pausada por las calles del vecindario, todavía desiertas a esas horas al ser sábado -me refiero por la visita de tus padres.

-Más o menos- contestó este, pasando un brazo por sus hombros, gesto que fue correspondido por Bella, rodeando con su mano libre la cintura de este -pero no puedo evitarlo... a veces me sacan de quicio- musitó molesto, a la vez que daba una calada al cigarrillo que llevaba entre sus dedos -se comportan como si no hubiera pasado nada- Bella sabía que la relación con sus padres, a veces, era un poco tormentosa todavía... y no podía culparlo por ello.

-¿Nunca has intentando hablar del tema?- este la miró fijamente -me refiero a hablar seriamente con ellos.

-Algunas veces, sí- admitió -pero ellos, muchas veces, han cuestionado que paso muchos días sin ver a Amy, pero es mi trabajo; así que no llegamos a ningún punto de acuerdo.

-Ya lo sé, en eso no tienes que excusarte- le tranquilizó la castaña -eres un padre estupendo, te desvives por ella; y pasas con ella todo el tiempo que puedes.

-No es fácil ser padre, y educar a un hijo- le dijo, con un pequeño suspiro -intento hacerlo lo mejor que puedo- tomó aire -pero cuando ellos me dejaron con mi abuela, no fue por trabajo; preferían protestar por cualquier cosa, vivir libremente, antes que estar conmigo.

-Los hijos siempre tenemos diferencias con los padres- habló ahora ella.

-Eso es cierto- afirmó Edward -puede que mi postura con ellos a veces sea rígida y tensa, pero hay temporadas que nos comportamos de manera civilizada.

-Lo he comprobado- sonrió ella -ayer, después de un rato, acabaste por relajarte.

-¿Qué clase de novio sería, si me pusiera a discutir con mis padres frente a mi chica?- bromeó, ganándose un pequeño golpe por parte de ella.

-Me gustará verte dentro de unos años, peleándote con una adolescente Amy Blue Harper Cullen- se burló ella en broma.

-No te creas; ya discuto a veces- siseó él, hastiado.

-¿Qué harás, si ella te dice que quiere dedicarse al mundo de la música, o la interpretación?- le interrogó, con verdadera curiosidad.

-Si es lo que ella quiere, apoyarla- afirmó sin dudarlo -mis padres lo habrán hecho mejor o peor, pero fueron los primeros que me apoyaron cuando les dije que quería dedicarme a la música.

-Eso es un punto a su favor- observó.

-Lo es- le dio la razón -y con respecto a Amy... si por mi fuera, me gustaría que fuera a la universidad, que estudiase una carrera- hizo una pequeña pausa, dando una calada a su cigarrillo -nunca me ha dicho nada de la interpretación, pero el mundo musical creo que está fuera de su mente, no ha heredado mi voz- rió, negando con la cabeza; Bella sonrió también.

-Entonces puede unirse a mi club; canto fatal- rezongó, ante la divertida mirada de su novio.

-¿Ah sí?- inquirió, medio burlón -cuando te saque al escenario en mitad de algún concierto, lo comprobaré- la picó, esperando su reacción.

-No te atreverás- le previno Bella, seria.

-Todo puede pasar- seguía riendo ante la vergüenza de esta.

Siguió bromeando con el tema hasta que llegaron a la cala de la urbanización; Edward se agachó, soltando a Baxter, que inmediatamente correteó hacia la orilla. Bella miraba a su alrededor, la minúscula playa privada estaba desierta, y el paisaje era increíble; se sentía relajada, y feliz. Ángela tenía razón; después de dos fatídicos años, se lo merecía.

-¿Te gusta?- interrogó Edward, acercándose a ella y abrazándola; nunca se había comportado así, pero le encantaba sostenerla contra él.

-Me quedaría a vivir aquí- susurró ella, apoyando su mejilla en su pecho y mirando al mar -en Forks hay una playa, La Push- le relató -pero es distinto; allí hace siempre frío, y apenas te puedes bañar más que los meses de verano- el joven sonreía mientras la escuchaba -además, está al lado de la Reserva, y siempre hay muchos turistas merodeando.

-También a mi me gusta la tranquilidad- aprobó este, bajando su cabeza y recorriendo con sus labios la mejilla de Bella.

La castaña se estremeció al sentir uno de sus pendientes rozando su pómulo, y lentamente giró su cara, para encontrarse con su boca y besarle. Sintió una de la manos de Edward recorrer su espalda, hasta posarse de manera delicada en su cuello, acercándola a él. Las suyas acariciaban con cuidado su nuca, sintiendo como su corto pelo hacía cosquillas contra sus dedos.

Su sabor, una combinación de tabaco y menta, inundó por completo sus sentidos, haciendo que se olvidara de todo y respondiera al beso de manera entusiasta.

Como sucedía cada vez que la besaba, perdió la noción del tiempo, concentrada como estaba en los labios de Edward y en los escalofríos que esos besos mandaban a su columna vertebral... hasta que los ladridos alegres de Baxter les sacaron de su particular burbuja.

-Parece que todo el mundo nos interrumpe- murmuró ella, arrancando una pequeña carcajada a su chico, que dejó otro beso en su boca, antes de volverse hacia el animal, instándole a jugar y a correr por la orilla.

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Después de un fin de semana increíble, Bella regresó a su casa en domingo por la noche, ya que Amy volvía con Edward hasta el miércoles. Después de su paseo por la playa, volvieron a casa para comer y dejar a Baxter y salir a hacer un poco de turismo por Hollywood Boulevard, tal y como le prometió su novio.

Visitaron el exterior del Teatro Kodak, el Paseo de la Fama, y algunas zonas míticas de la ciudad de Los Ángeles. Esta vez, a pesar de la gorra, la capucha y las gafas, si que hubo fans que reconocieron a Edward, parándoles para que su novio firmara autógrafos o sacarse fotos con él. A pesar de que no habían avistado a la prensa, sabían que podían estar camuflados en cualquier sitio; y aunque todavía le ponía nerviosa ese asunto, su novio intentaba que permaneciera tranquila, y que no pensara constantemente en ello. Cuando su relación saliera a la luz, ya lidiarían con ello.

Los días pasaron rápido, y para cuando se quiso dar cuenta, llegó el jueves y se encontraron subidos de nuevo en el avión; esta vez el viaje duraría veinte días, volviendo a Los Ángeles el día anterior a Acción de Gracias; al siguiente día, Bella tomaba otro avión, esta vez con destino a su casa. Llevaba casi seis meses sin ver a sus padres, y no podía esperar más ansiosa ese momento... aunque eso significara separarse de Edward. Esperaba que en un futuro no muy lejano, su novio pudiera acompañarla a visitarlos.

La primera parada fue la ciudad de Philadelphia, donde el grupo ofreció dos conciertos; le siguió Uncasville, en el estado de Connecticut y Sant Paul, capital de Minnesota. En ello se les fue prácticamente una semana hasta que, por fin, desembarcaron en Texas, la tierra de Jasper.

A diferencia con las otras ciudades, durante su periplo texano se alojaron en el rancho que el matrimonio Withlock poseía a las afueras de Dallas, ciudad natal de Jasper, desplazándose por carretera a Houston y San Antonio., las dos primeras paradas del grupo en tierras texanas. Jasper estaba relajado y feliz; siempre le contaba a Bella anécdotas y costumbres del viejo oeste... se podía entrever que echaba de menos su lugar de nacimiento

El primer día en Dallas fue una auténtica revolución; Bella jamás había visto tantos fans agolpados a las puertas del hotel en el que ofrecerían la rueda de prensa, y todos los allí presentes coreaban el nombre de su compatriota a pleno pulmón. Una vez que cumplieron con los medios hablados y escritos, decidieron comer allí mismo, para después dirigirse al American Airlines Center, el escenario de esos dos días.

Nada más llegar allí, los coches que los trasladaban tuvieron que parar en las inmediaciones de las puertas traseras, ya que la arquitectura del recinto no permitía que los vehículos accedieran al interior. A través de la ventanilla Bella pudo ver las miles de persona que ya hacían cola... y los que se percataron de la llegada de los coches, aparte de los fotógrafos, que enseguida tomaron posiciones junto a las puertas, rodeándoles.

-Mierda- siseó Edward, mirando también a través de la luna tintada.

-Están por todas partes- dijo Jake, que también iba con ellos en el coche; miró a la joven, que estaba realmente asustada.

-¿Cómo vamos a salir?- inquirió temerosa, mirando a su novio y rebuscando en su bolso las gafas de sol.

-Jake saldrá primero, después tú y yo te seguiré- le explicó -te tendré agarrada en todo momento, así que tranquila- la intentó reconfortar, acariciando su mano.

-No te pasará nada, Bella- añadió Jake -sé que puede parecer un agobio, pero intenta mantener la cabeza alta, y sonríe con educación.

-Gracias por el cursillo avanzado- intentó bromear la joven, en un intento por relajarse... sabía que tarde o temprano el día llegaría, pero puede que al ir entre Jake y Edward, dada la altura de ambos, apenas se percataran de ella.

El motor paró, y sin pérdida de tiempo, uno de los miembros de seguridad abrió la puerta. Los gritos tronaron en los oídos de la joven, a la vez que los fotógrafos empezaban a disparar los objetivos. Vio como Jake saludaba con la mano. Nada más salir ella, Edward la siguió con rapidez, y en un segundo se vio engullida por el cuerpo de su novio, ya que entre la gente gritando, y los periodistas intentado conseguir una foto de ellos, era realmente complicado andar. De no ser por la ayuda del equipo de seguridad, no podrían avanzar apenas unos pasos.

El agobio iba creciendo por momentos, y los empujones, provocados más por los fans que por la prensa, hicieron que la castaña fuera empujada de un lado para otro; pero los brazos de Edward rodearon su cintura, impidiendo que su cara se estrellara contra la espalda de Jake, que más o menos les iba abriendo camino.

-¡Edward, Edward!- gritaba la gente -¡Jake, Jake!

-¡¿Quién es ella, es tu novia... cómo se llama?!- ahí estaba, la pregunta del millón; tomó aire, e intentó esbozar una pequeña sonrisa, tal y como le dijo Jake. Aunque fuera molesto y un poco agobiante, concordaba al cien por cien con Alice, y era mucho mejor tener a la prensa a favor que en contra.

-Tranquila cariño; no pasa nada- oyó la voz de su novio, a la vez que sus fuertes brazos la rodeaban, impidiendo que trastabillase de nuevo.

Los flashes de las cámaras disparaban a toda velocidad, captando de seguro ese momento de la pareja, y se dio cuenta de que había también objetivos de televisión; pero contrariamente a lo que pensó en un principio, no fue para tanto; se sentía protegida, ya que Bill y varios de sus chicos entraron en acción, y a veces de manera brusca apartaban a la gente y a las cámaras y micrófonos.

Después de que lo que le pareció a ella una eternidad, consiguieron acceder al interior del edificio, y Bella respiró aliviada cuando la avalancha de personas quedó atrás; justo detrás de ellos entraron los otros miembros del grupo, y las puertas por fin se cerraron.

-Misión cumplida- exclamó Alice contenta, acercándose a la castaña -¿estás bien?

-Sí- suspiró ella.

-Demasiado han tardado en pillaros- habló ahora Emmett, rodeando sus hombros con el brazo -podéis daros satisfechos.

-Eso es cierto- añadió Sam -normalmente son mucho más rápidos- justo en ese momento, sonó el teléfono de la castaña, y soltó una especie de maldición al ver el número de su casa de Forks.

-No puede ser- suspiró a la vez que descolgaba -hola mamá- mucho se estaba temiendo que su madre estaba pegada a la caja cuadrado.

-Hola hija... ¿no tienes nada que contarme?- fue el saludo que le dedicó Renée Swan.

-Estabas viendo la televisión, ¿verdad?- preguntó, con una pequeña mueca. Se apartó del resto, pero Edward la siguió, poniéndose a su lado.

-Tenía puesto el canal E! mientras trasteaba por la cocina- le dijo -y antes de que me digas nada, ya me lo había dicho tu padre.

-¿Y has tardado más de diez días en llamarme?- inquirió, extrañada.

-Estaba esperando a que me lo contarás tú misma- le explicó -parece que me tienes miedo- bromeó.

-No es eso- le aclaró -pero tienes que admitir que...- Bella no sabía ni como explicarse.

-Admito que es muy distinto a Mike; pero cariño, es el chico que te pega- rió su madre -ya era hora de que empezaras a ser feliz.

-Eso mismo me dijo Ang- rió de vuelta su hija. Edward oía perfectamente la conversación, y sonreía satisfecho.

-Pero tu padre está preocupado por el tema de la prensa y todo eso; y francamente, yo también- siguió relatando Renée.

-Pon el manos libres- susurró Edward en voz muy baja; Bella frunció el ceño, pero hizo lo que su novio le decía -hola, señora Swan- la saludó.

-¿Eres Edward?- inquirió esta, con voz alegre.

-Sí- rió el chico -es un placer conocerla.

-Igualmente- contestó -¿habéis salido vivos del agobio?- bromeó. La castaña negó con la cabeza; su madre estaba tan ancha, hablando con él.

-Hemos sobrevivido, sí- pasó una de sus manos por la espalda de Bella -sé que desde fuera este mundo puede parecer un acoso y derribo, pero le aseguro que lo tenemos controlado.

-Me halaga que te preocupes tanto por nuestra hija, Edward; pero tienes que entender nuestra inquietud.

-Me hago cargo, señora Swan- contestó -no puedo asegurarle que será fácil, pero haré lo que sea para que ella no se agobie, y esté protegida.

-Gracias, Edward- agradeció ella -¿cómo está tu pequeña?- le preguntó, cambiando de tema -a diferencia de mi marido, yo te he visto muchas veces en la tele y en las revistas- le confesó, con una pequeña risa -te conozco un poquito más.

-Está muy bien; me imagino que a estas horas, saliendo del colegio- le relató, con una sonrisa.

-Hola mamá; te recuerdo que sigo aquí- exclamó, ante la mirada divertida de su novio.

-No seas muermo, Bella- protestó Renée -para una vez que puedo hablar con alguien famoso- su chico aguantó la carcajada -¿cómo la soportas, con las perlas que a veces suelta por la boca?

-Con paciencia- bromeó su novio, ganándose un pequeño golpe por parte de una ofendida Bella.

-Hola... a los dos- siseó malhumorada -os sigo recordando que sigo aquí, y escucho perfectamente.

-No te enfades; es una broma- se disculpó su madre.

-¿Cómo está papá?- cambió de tema.

-Ha ido a la comisaría, a ver a los chicos- le relató -estas últimas semanas está más animado.

-Me alegra oír eso- suspiró aliviada, sonriendo a Edward, que le devolvió el gesto. A lo lejos vio que Jake les hacía una seña -mamá, tenemos que colgar; nos llaman.

-Claro cielo, no te preocupes. Un placer haber podido hablar con los dos- se despidió.

-Lo mismo digo- se despidió de vuelta Edward -les llamaremos pronto.

-Cuidaros.

-Vosotros también, mamá- Bella presionó el botón para colgar, respirando aliviada.

-¿Seguro que estás bien?- le preguntó Edward, con verdadera preocupación en sus ojos.

-De verdad- le aseguró ella, elevando su mano y acariciando su mejilla -me tenías muy bien agarrada- le agradeció.

-Es lo menos que podía hacer- le dijo, girando su cabeza y besando su palma -hora de ensayar- suspiró.

-Vamos a ello- la pareja se encaminó hacia los camerinos, con el sonido de la batería de Emmett de fondo.

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El ensayó transcurrió sin altercado alguno; habían llegado a primera hora de la tarde al recinto, y el concierto no era hasta las nueve y media de la noche, por lo que incluso, los chicos tuvieron tiempo de relajarse, y junto con varios miembros del equipo técnico, organizaron una pequeña timba de póquer. La apuesta máxima eran treinta dólares, y Bella y Alice, sentadas en el amplio sofá, no dejaban de reír cada vez que Edward o Jasper perdían una mano que según ellos, tenían prácticamente ganada.

-Verás cuando visitemos Las Vegas- le dijo la morena, dándole un codazo.

-¿Apuestan mucho dinero?- interrogó, con verdadera curiosidad; se olía que el grupo solía frecuentar los casinos cada vez que visitaban la ciudad.

-Los peores son Sam y Jake- le relató -Edward y Emmett no son muy dado a las máquinas ni a los juegos... pero sí les gusta el póquer.

-Ya veo- musitó ella, mirándole con una sonrisa; se picaba mucho jugando a las cartas, y era de risa ver como refunfuñaba cada dos por tres.

-Mañana Jasper y yo saldremos de compras- le recordó -¿vais a venir Edward y tú?

-Sí quería comprar algo para mis padres, y Edward algo para Amy- le dijo -quiero varias camisas de cuadros... y puede que a mi padre le compre un sombrero de vaquero- rió -para cuando vaya a pescar.

-Nos espera una mañana divertida- aprobó ella -Jasper tiene ganas de ejercer de anfitrión.

-¿Echa de menos todo eso?

-Mucho; es un vaquero nato- sonrió Alice, enfocando a su marido -sus padres también, pero prefieren vivir en Los Ángeles, cerca de su único hijo, y de sus nietos.

-Es comprensible- contestó la castaña -¿y tus padres?- aunque Alice también era texana, Jasper y ella se conocieron en Los Ángeles, en el segundo año de universidad.

-Mi madre viaja de vez en cuando a visitarnos- le contó -mi padre murió cuando yo tenía tres años.

-No lo sabía- exclamó Bella -lo siento.

-Era muy pequeña, y apenas tengo recuerdos de él- la tranquilizó -a mi madre no le gusta mucho Los Ángeles, ni viajar.

-Por eso no ha venido- dijo Bella.

-Sí- suspiró -aparte de eso, mi madre tiene sesenta y nueve años; nací cuando ellos ya eran muy mayores, y habían perdido las esperanzas de ser padres.

-Así que fuiste una alegría inesperada.

-Mas o menos- sonrió; justo en ese momento Bill entró en el camerino, advirtiéndoles que ya llegaban los primeros invitados VIP. Básicamente, era gente influyente de la ciudad, algunos periodistas y presentadores de las televisores locales, junto con amigos de la infancia de Jasper y dos de sus primos y sus respectivas familias, los cuales tuvo la oportunidad de conocer.

-A trabajar- suspiró Bella, levantándose de su asiento, a la vez que Alice advertía a los jugadores que la partida quedaba pospuesta.

Dos horas después, con las puertas del recinto ya abiertas y el público ocupando sus lugares, los chicos empezaron a prepararse. El calor que hacía allí era monumental, por lo que todos ellos salían vestidos con diferentes camisetas y camisas de manga corta. Bella sostuvo pacientemente las baquetas de Emmett mientras se ajustaba las muñequeras. Los dos peces de estilo japonés que tenía tatuados en ambos brazos parecían imitar los movimientos que los reales hacían en el agua mientras practicaba sus estiramientos.

Jake y Sam afinaban y tensaban las cuerdas de sus respectivos instrumentos, con los símbolos de la tribu de la que eran descendientes impresos en sus brazos derechos. Jasper era el único que no llevaba tatuajes, al menos en áreas visibles del cuerpo. Sus pensamientos y observaciones se vieron interrumpidos por Edward, que ya preparado con sus audífonos, se acercó a ella.

-¿Preparado?- interrogó, con una sonrisa.

-Más o menos- contestó, tomándole de ambas manos y acercándola a él -si la canción de hoy es tu favorita... ¿qué me darás de premio?- susurró, prácticamente en sus labios.

-No sé- se hizo la desinteresada -todo depende en si aciertas o no- le recordó, sonriendo maliciosa.

-Tsk, tsk, tsk...- negó con la cabeza este -mi chica es muy mala.

-Es demasiado divertido verte indagando y cambiando la dichosa canción del repertorio en todos los conciertos- le picó ella.

-Lo dicho, eres muy mala- le volvió a decir, para después acortar la distancia y besarla firmemente, pero sin llegar a profundizar el beso.

Con sus manos unidas, vieron como las luces del escenario se apagaban, y la muchedumbre explotó en gritos y aplausos. Pero a diferencia de otros conciertos, Emmett estaba todavía a su lado, lo mismo que Jake y Sam; con el escenario completamente en silencio, los teclados empezaron a entonar una rítmica melodía; durante el largo minuto que duró, Edward le explicó a la castaña que era una canción típica de la ciudad de Dallas, algo así como un himno.

Cuando las luces se encendieron, perfectamente coordinadas con la última nota que resonó, la gente explotó en aplausos al ver al artífice de la melodía saludar emocionado. Jasper hizo un gesto con los brazos, queriendo abarcar en un inmenso abrazo a toda la gente allí congregada.

-Wow- murmuró Bella, uniéndose al aplauso de la gente.

-Está en su casa, y lo merece- le dijo Emmett, sonriendo mientras veía a su amigo del alma encima del escenario. Por una vez, el resto de la banda salió a la vez, aplaudiendo a su compañero, ante la emotiva mirada de Alice y la familia y amigos del rubio.

Todos tomaron posiciones, y el concierto empezó. Alice y Bella lo siguieron junto con los primos de su marido, entusiasmados por tenerle en Dallas de nuevo. La joven castaña ya se sabía el repertorio de memoria, y sabía de sobra la canción que hoy cambiarían. Era de sobra conocido que Jasper la escribió, recreando el árido paisaje de secano, y haciendo referencia a toda la gente que vino a Texas años atrás, a trabajar buscando oro o en las refinerías de petróleo

"Ahora el petróleo se acabo...

y el dinero se acabó;

todo el trabajo se acabó.

¡Aún estamos resistiendo

abajo, en el condado seco!

La voz de Edward resonaba en el recinto, cantando la canción del grupo que eran tan verenada en todo Texas. Una vez que las últimas notas se perdían, y este se giró para beber un poco de agua se giró para mirarla, interrogándole con la mirada si esa era la canción. Bella negó con la cabeza, y no pudo contener la carcajada al ver la mueca que puso su chico... pero terminó sonriendo, y lanzándole un pequeño beso, antes de seguir con el repertorio habitual.

Las más de dos horas de concierto pasaron de manera fugaz, y después de un par de canciones extra, el grupo entero se adelantó para saludar, justo en el borde del escenario. Edward, Jake, Emmett y Sam retrocedieron unos pasos, dejando a Jasper despedirse de su gente, ante los aplausos de todo el equipo y de una emocionada Alice.


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