Hooola mis chicas!
Espero que la semana haya ido bien; de nuevo muchas gracias por vuestros ánimos, sois unos soles.
Bien, vamos al lío. Sé que muchas vais a tiraros de los pelos con este capi; pero tranquilidad. Ya sabíais que las cosas no iban a ser un camino de rosas... pero os prometo que no durará mucho, y que todo valdrá la pena.
Espero que os guste... nos leemos abajo ;)
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.
Canción del capítulo: "Never say goodbye" de Bon Jovi
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Capítulo 15: Acción de Gracias
Parpadeando de manera aturdida, los ojos de Isabella Swan se abrieron, intentando enfocar su vista, todavía confusos debido al letargo del sueño. Frunció el ceño, mirando lentamente a su alrededor, percatándose de que estaba hecha un ovillo en un gélido suelo de baldosas grises.
Extrañada, parpadeó varias veces; lo último que recordaba era acurrucarse junto al cuerpo de Edward, en el dormitorio que la pareja compartía en el rancho del matrimonio Withlock en Dallas. Lentamente se puso de pie, mirando de un lado para otro, y con un escalofrío recorriendo su espina dorsal.
Las paredes de la habitación estaban llenas de las inconfundibles cámaras frigoríficas que servían para almacenar cadáveres. Reconocería esa habitación con los ojos cerrados, ella ya había estado allí antes... hace unos dos años.
Sus pies tomaron vida de forma involuntaria, y cual robot automático, la llevaron hasta la pequeña puerta de acero con el número 12; tragando saliva la abrió, pero se encontró esa especie de frigorífico, o como quiera que se llamara ese aparato, vacío.
-Riley...- susurró nerviosa, mirando hacia todos los lados; podía recrear ese día como si hubiera sido ayer; sin duda alguna, el día más duro y doloroso de su vida... el día que fue al depósito de Seattle, a reconocer y confirmar que era el cuerpo de su hermano. El número 12 se le clavó a fuego en su memoria según iba caminando hacia la puertecilla, siguiendo al forense y al oficial de policía -Riley...
-Tenía que ser así, calabacita- su corazón colapsó al escuchar esa voz, que tan bien conocía y que tanto añoraba. Giró su cabeza, encontrándose cara a cara con su hermano, cómodamente sentado en una mesa de autopsias, con sus característicos vaqueros desgastados, zapatillas de deporte negras y su camiseta con el anagrama de Slave Heart. Su aspecto era como antes de producirse el accidente, sin esas magulladuras ni el rostro deformado y pálido... esa última imagen que siempre estaba en su retina.
-Riley- le volvió a llamar, con las lágrimas surcando sus mejillas.
-Estaba condenado, Bella- habló él, mirándola con todo ese cariño que siempre tenía para ella -desde que me metí la primera raya de cocaína, supe que tarde o temprano, terminaría así.
-¿Por qué no nos dejaste ayudarte?- musitó ella, entre lágrimas, acercándose a él.
-Yo elegí meterme en toda esa mierda, hermanita- negó él con la cabeza -pero no todos somos una causa perdida- sonrió.
-¿Qué quieres decir?- le reclamó.
-No puedes salvar a todo el mundo, Bella... no puedes hacerlo. Pero debes dejar de culparte, yo solito me metí en esta mierda... no eres culpable.
-A veces siento que podía haber hecho algo más- contestó ella, con sus ojos completamente anegados en lágrimas.
-Ya haces todo lo que puedes, ayudando a mamá y a papá- la consoló él -has superado tantas cosas; prométeme que no te rendirás a la primera, que seguirás luchando.
-A veces las fuerzas me fallan- suspiró ella -me siento tan cansada, tantos problemas... - suspiró.
-Pero quiero que luches por ti, calabacita; no dejes que nada ni nadie te prive de ser feliz- Riley esbozó una mueca divertida -por una vez, te echas un novio que me cae genial- le guiñó un ojo, de manera cómplice -¿crees que algún día, podrías incluirle en tu sueño, y que tu hermano salude a uno de sus ídolos?- Bella sonrió divertida, secándose las lágrimas.
La imagen casi etérea de su hermano se levantó de donde estaba sentado, quedando tan solo a unos centímetros frente a la castaña. Con mucha cautela, ella estiró su mano, y un viento gélido traspasó cada célula de su piel, pero era su hermano, y podía sentir su tacto de nuevo.
-No dejes que los problemas seguen de nuevo tu vida, Bella; yo no tenía salvación... pero a veces, las cosas sí que tienen solución- Bella parpadeó, confusa -tengo que irme.
-¡No!- exclamó ella -quédate conmigo, por favor -¿de qué problemas estás hablando?
-Adiós, calabacita- se despidió él, mirándola con una sonrisa, a la vez que se alejaba, andando hacia atrás, sin que sus ojos la perdieran de vista.
-¡No me dejes!- gritó ella, horrorizada por no volver a verlo; sintió un suave y cálido agarre en sus antebrazos -¡por favor, no te vayas...!
-¡Bella!- la zarandeaba Edward con suavidad, asustado por el llanto angustioso de su novia -¡Bella, cariño!- la llamó con más fuerza, haciendo que esta abriera sus ojos, ahogando un grito.
-¡No te vayas!- seguía pidiendo ella, sin darse cuenta de que ya estaba despierta, y que miraba a Edward con ojos suplicantes, a la vez que intentaba tomar aire.
-Estoy aquí, cariño- la intentó tranquilizar, atrayéndola a su cuerpo; la habitación estaba a oscuras, pero pudo sentir como Bella llevaba un rato moviéndose inquieta en la cama; esta sintió una calidez familiar, y un olor inconfundible se coló de lleno por sus fosas nasales; había sido un sueño, y estaba con su novio.
-¿Estás aquí?- murmuró ella, con voz temblorosa -no te vayas, por favor... no me dejes tú también.
-No me voy a ningún lado, calabacita- la meció con suavidad, besando el tope de su cabeza -no me voy, Bella, no me voy...- la intentaba consolar -era una pesadilla, solo eso- estaban incorporados en la cama, así que Edward se volvió a tumbar, llevándose el cuerpo de Bella con él; parecía una niña asustada, acurrucada en su pecho y agarrando la parte superior de su pijama con sus puños, con miedo y desesperación, como si fuera a levantarse y a dejarla allí sola.
Poco a poco, y gracias a los círculos que Edward trazó con suavidad en su espalda, su llanto pasó a unos silenciosos hipidos; permanecieron un buen rato en silencio, pero la mente del joven trabajaba de manera frenética... ¿qué le pasaba a su chica?
Bella se relajó, cómodamente instalada entre los brazos de su novio; no encontraba explicación para ese sueño tan raro... pero a la vez parecía tal real; su mente no sabía como procesar todo aquello, pero podía sentir que esa pequeña conversación que había tenido con Riley en verdad había sucedido.
-Lo sient... lo siento- sollozó en voz baja, en el pecho de Edward -no sé lo que me ha pasado- este la despegó un poco de su cuerpo, para dar la luz de la mesilla y poder mirarla a la ojos; parecía un cachorro asustado, mordiéndose el labio y observándole avergonzada.
-No tienes nada que sentir cariño- le aclaró él, besando su frente con suavidad -ha sido una pesadilla; al principio murmurabas palabras incoherentes. Pero de repente te has puesto muy nerviosa, y te has echado a llorar, y me he asustado- le explicó -¿quieres hablar de ello?
-Soñaba con mi hermano- le contó ella, con pena en su voz. Este entendió por donde iban los tiros, y prefirió dejarlo así. Aunque su confianza de pareja había dado unos pasos increíbles, esa cuestión todavía estaba en pausa... y por encima de todo, lo que menos quería era agobiarla o presionarla.
-¿Quieres que te traiga un vaso de agua, o una infusión?- le ofreció.
-Un vaso de leche caliente estaría bien- agradeció ella, con una sonrisa -lamento ser tan patética- se culpó a si misma, agachando la cabeza.
-No quiero volver a escuchar eso- la regañó Edward muy serio, tomando su barbilla con sus dedos -a mi no tienes que esconderme nada, porque tengas pesadillas no voy a dejar de quererte menos- la atrajo de nuevo hacia sus brazos -no sé que estabas soñando, calabacita... pero yo no voy a marcharme a ningún sitio, de no ser que vengas conmigo- la castaña sonrió -voy a calentar la leche; enseguida vuelvo.
La besó antes de salir de la habitación y con cuidado de no hacer ruido, bajó las escaleras, rumbo a la cocina; no se sorprendió al encontrar la luz encendida, ni de toparse con Jake y Sam, que esa noche parecían estar desvelados.
-¿Qué pasa, tíos?- los saludó el cobrizo, dirigiéndose como una flecha hacia la nevera.
-Demasiada caféina antes del concierto- refunfuñó Sam -no hay manera de dormir.
-¿Y tú?- preguntó Jake.
-Bella ha tenido una pesadilla -el ceño de su amigo se frunció -se ha despertado muy alterada, y llorando- les contó, a la vez que vertía el líquido blanco en un vaso.
-¿Está bien?- preguntó Sam.
-Le ha costado mucho calmarse- les contó -murmuraba una y otra vez el nombre de su hermano- les explicó mientras metía el vaso en el microondas y lo ponía en marcha.
-Pobre- meneó Sam la cabeza, negando -si dos años después sigue teniendo pesadillas...- dejó la frase inconclusa.
-Puede que se acerque la fecha de su muerte- habló ahora Jake, cruzándose de brazos.
-Es posible; nunca le había pasado; al menos, no en mi presencia- musitó Edward, ahogando un bostezo.
-A mi padre le ocurría- habló ahora Jake -cuando se acercaba el aniversario de mi madre, lo pasaba realmente mal; sobre todo los primeros años.
-Cierto- aprobó Sam -¿te ha contado cuándo ocurrió el accidente?
-No- suspiró Edward -le cuesta mucho hablar de ello, y no quiero agobiarla, pero...- Jake le hizo un gesto con la mano, instándole a continuar -me gustaría que fuera capaz hablar de ello; sé que no podría hacer mucho, pero quizá la ayudaría, aunque simplemente fuera escuchándola; ¿tú no sabes si es que se acerca la fecha, o algo así...?
-Ni idea- se encogió de hombros Jake; hizo recuento mental, pero Bella no mencionó nada de eso en la conversación que mantuvieron.
-Puede que los sucesos del día también le hayan pasado factura, y se sienta nerviosa y agobiada- el cobrizo arqueó una ceja ante las palabras de Sam -me refiero al asunto de la prensa.
-Es muy probable- le dio la razón Jake -ha sido su bautismo de fuego en el tema.
-Tarde o temprano iban a descubrirlo; y prefirero que la hayan abordado conmigo que sola; al menos, mientras se va acostumbrando.
-Alice ha dicho que mañana echaría un ojo a la prensa digital- siguió explicándose Sam.
-Estaremos en todas las portadas de toda esa panda de buitres carroñeros- siseó Edward, sacando el vaso del microondas -sé que esto es así, pero a veces lo odio.
-Ya somos dos- suspiró Jake.
-Voy a subirle esto, antes de que se enfríe- les dijo, sosteniendo en alto el vaso humeante -mañana nos vemos; y vosotros deberíais descansar un poco- les aconsejó.
-Sí, mamá- respondieron los primos a la vez, antes de que el cobrizo cerrara la puerta de la cocina.
Al abrir la puerta de su dormitorio, vio que su novia estaba más tranquila, apoyada en el cabecero y retorciendo la sábana entre sus dedos, y con la cabeza girada en dirección a la ventana, con la mirada perdida. Su cara denotaba confusión y pena, mucha pena... algo que le partió el alma.
-Cariño- la llamó, a la vez que cerraba la puerta con sigilo -te traigo la leche -sus ojos marrones se encontraron con los suyos, y ella esbozó un intento de sonrisa.
-Muchas gracias- agradeció, a la vez que este se acercaba y lo tomaba entre sus heladas manos. Edward rodeó la cama, para meterse bajo las sábanas y sentarse a su lado.
-¿Mejor?- inquirió con una sonrisa, intentando infudirle tranquilidad.
-Sí- suspiró ella, apoyando su cabeza en su hombro -lamento haberte preocupado- se volvió a disculpar, agarrando el vaso con ambas manos y tomando otro sorbo.
-Bella- la llamó él -te preocupas demasiado por todo el mundo, así que deja que otros nos preocupemos por ti- esperó a que ella dejara el vaso en la cómoda, para volver a atraerla hacia su cuerpo.
-No puedo evitarlo- contradijo ella, acomodándose dentro de su abrazo; Mike no fue así con ella, argumentando que no quería saber nada de la situación familiar de la joven., por si le salpicaba. Su único paño de lágrimas, por así decirlo, era Ángela, y omitía muchas cosas, por no preocuparla en exceso.
-¿Siempre tienes estas pesadillas?- le preguntó él.
-No siempre- le contó, trazando círculos imaginarios en su pecho.
-Cariño- la volvió a llamar -¿se acerca alguna fecha especial, que tenga que ver con Riley?- le preguntó, estudiando su reacción con cuidado. Bella se quedó en silencio, hasta que notó como asentía lentamente con la cabeza -¿quieres contármelo?
-El 30 de noviembre sería su cumpleaños- le contó ella -como casi siempre pillaba cerca de Acción de Gracias, solíamos celebrarlo en esa fecha. Edward asintió en silencio; entonces esa sería la causa de la pesadilla.
-¿Cómo eran esas celebraciones?- necesitaba que ella hablara, y se desahogara un poco.
-Mamá tiene una peculiar receta- sonrió para sus adentros -en vez de rellenar el pavo con jamón, bacon, trufas y pasas, lo hace relleno de verduras- rió suavemente -eran celebraciones normales, los cuatro reunidos en familia.
-Curioso- aprobó su novio, también sonriendo -algún día tendré que probarlo; tu madre parece muy simpática- se acordó de la conversación que mantuvieron con Renée.
-Francamente, pensé que se tomaría nuestra relación de manera distinta- musitó ella, aunque sabía de sobra que cuando volviera a casa le esperaba una larga charla.
-Si te soy sincero, me sorprende que tus padres hayan reaccionado tan bien- Bella elevó los ojos, para mirarle directamente -dado mi historial- añadió, con una pequeña mueca.
-Pero ya no eres así- suspiró ella, contenta; desde que empezaron a coquetear y acercarse, casi al principio de la gira, Edward había cambiado mucho. Y tenía que dar la razón a Jake; no consumía ningún tipo de sustancias con asiduidad, o al menos, desde que estaba con ella; incluso antes de que estuvieran juntos, a excepción del primer concierto en Los Ángeles, cuando empezó a trabajar, jamás vio señal alguna que sugiriera eso. Ella reconocía con los ojos cerrados todos y cada uno de los signos que delataban que alguien había consumido... y ese no era el caso de Edward.
-Mi chica me mantiene centrado, y formal- bromeó, haciéndole cosquillas en el costado. Ella se carcajeó suavemente, intentando apartarse. Edward vio que sus ojos ya no estaban tan tristes, y que el color regresaba poco a poco a su cara.
-Muchas gracias- susurró ella, tragando el nudo que todavía estaba en su garganta.
-No me las tienes que dar, calabacita- contradijo el cobrizo, para después besarla suavemente -intenta descansar; mañana nos espera una mañana ajetreada- le recordó, a la vez que se volvían a tumbar en la cama y Edward apagaba la luz.
-Cierto- suspiró ella -con la compañía de la prensa- añadió -después de lo de esta tarde, estarán al acecho.
-Sé que es complicado, pero tienes que tratar de no parecer asustada por su presencia- le decía él, acariciando distraídamente su brazo -estarás conmigo, y con Alice y Jasper.
-Lo sé- se apretó contra él, en un intento de abrazo.
-Duérmete, calabacita- volvió a besarla, a la vez que su voz tarareaba muy muy bajito una bonita melodía.
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A la mañana siguiente, las dos parejas eran las únicas que estaban desayunando en la espaciosa cocina, a eso de las diez y media de la mañana. Emmett, Jake y Sam seguían sumidos en el reino de Morfeo, y desde antes del concierto del día anterior, dejaron claro que no iban a madrugar. Bella y Alice llevaban una lista de compras que le habían dado los tres, en las que las camisas de cuadros texanas eran lo primordial, junto con las tallas de todos apuntadas
Jasper y Edward comentaban los sitios a los que irían esa mañana, mientras que ambas jóvenes, Ipad cada una en mano, estudiaban con detenimiento las portadas de las revistas, en las cuales las imágenes del cantante y de la misteriosa castaña, como la habían bautizado los medios, copaban las portadas.
-"People" afirma que los conocimos en una fiesta, el invierno pasado- leía Bella incrédula, llamando la atención de su novio. Edward miró por encima de su hombro, leyendo la pequeña reseña con el ceño fruncido.
-Es bastante curioso, dado que te conocimos en junio- recalcó Jasper, negando divertido con la cabeza -¿seguro que no tienes un clon merodeando por ahí?- bromeó.
-"In touch" se acerca más o menos a la realidad- habló ahora Alice -lo único que dice es que formas parte del equipo que acompaña a los Slave Heart- resumió -pero que empezaste a trabajar hace apenas dos meses.
-Ni caso- rodó los ojos Edward, rodeando los hombros de su novia con uno de sus brazos -ya se cansarán de vernos juntos, y dejarán de seguirnos.
-¿Queréis hacer algún tipo de declaración?- les preguntó Alice.
-Por ahora, no- negó Edward con la cabeza -no voy a dejar que esto se convierta en un circo.
-Yo quisiera estar al margen todo lo que pueda- habló la castaña -sé que no puedo eludir a los fotógrafos o cámaras de televisión... pero si alguien tiene que hablar, prefiero que sea él- dijo mientras miraba a su chico -si lo tengo que hacer alguna vez, espero que sea porque es estrictamente necesario.
-Me parece bien- aprobó Jasper -hay que marcarles los límites, sobre todo en lo referente a la vida privada.
-Es vuestra decisión- levantó las manos Alice -personalmente, como publicista, creo que una nota o comunicado sería bueno- Edward y Bella la escuchaban -al menos, dando tu nombre y confirmando la relación; evitaría especulaciones.
-¿Qué tipo de especulaciones?- interrogó la castaña.
-Montajes; comentarios acerca de si esto es una relación pasajera; si alguien quiere negar la relación o quitarle credibilidad, ese comunicado le pondría en su sitio... no es cien por cien efectivo, pero sería una ayuda- enumeró la morena -con Gianna y compañía- hizo una pequeña mueca -nunca te pronunciaste; el comunicado serviría para hacerles saber que esto es serio.
-No eran relaciones serias, y lo sabes- siseó el cobrizo, que sintió la mano de Bella en su brazo, tratando de calmarle -¿lo sabes, verdad?- miró nervioso a su novia.
-Tranquilo- sonrió ella -lo sé.
-¿Estás de acuerdo con el comunicado?- le interrogó él, mirándola preocupado.
-Yo apenas entiendo de este mundo- le recordó -si vosotros opináis que es lo mejor, por mi está bien.
-Yo hablaré con Tanya, antes de que lo mandes- suspiró Edward, mirando a la morena.
-Si quieres hablar con ella en persona, podemos esperar a regresar a casa, y que pase todo el jaleo de Acción de Gracias- sugirió Alice.
Cuando concluyó el desayuno, Bella fue a buscar su bolso, y de paso, a revisar su móvil; sonrió al leer el mensaje de Ángela, diciéndole que estuviera tranquila, y que según las imágenes, se podía constatar la buena pareja que hacían. Por suerte para ella, con sus padres ya habían hablado, así que guardó el móvil, y se encaminó hacia el hall, dispuesta a pasar otra prueba de fuego.
Cuando el coche les dejó en pleno centro de Dallas, un séquito de periodistas avanzó hacia las dos parejas. Bella tragó saliva, pero enseguida su mano fue tomada por Edward, atrayéndola a su lado.
-Vamos, cariño; intenta imaginar que no están ahí- la instó a andar; Bella tomó aire, pero enseguida Alice se puso a su lado, y tanto ella como Jasper consiguieron que olvidara los objetivos a ratos, contándole cosas de la ciudad y parando a ver algunos escaparates.
Los fotógrafos los siguieron durante todo su periplo por el centro, pero al ir acompañados por cuatro de los guardaespaldas de Bill, mantenían una considerable distancia. Por suerte para ella, cuando entraban en las tiendas ellos no podían acceder al interior. De modo que la pareja se dedicó a inspeccionar uno de los enormes comercios con calma. La tienda estaba completamente dedicada al rodeo, y se podìan comprar desde cabezas de búfalos disecadas hasta botas y sombreros de vaquero.
-Me gusta esta- la castaña sostenía en alto una camisa de cuadros en distintos tonos de grises.
-¿Para tu padre?- interrogó Edward con una sonrisa; la llevaba permanentemente agarrada, intentando que permaneciera tranquila, ya que en ese momento sentía su mano en la parte baja de su espalda.
-Sí- le dijo ella con una sonrisa -le compraré dos- musitó -para ir a pescar es lo único que se pone- rió divertida.
-¿Tú no quieres nada?- le ofreció el cobrizo, con varias camisas y camisetas en su mano.
-Si veo algo que me guste, me lo compraré- se encogió ella de hombros -¿y para Amy?- cambió de tema.
-Le gusta mucho disfrazarse- le relató este -podría comprarle un disfraz de pequeña vaquera del oeste.
-¡Mira!- Bella se dirigió como una flecha hacia un gracioso y pequeño sombrero de vaquero, de color rosa -¿crees que le gustaría?
-Ya lo creo- Edward se lo intentó poner, pero apenas le cabía en la cabeza, cosa que hizo reír a su novia.
-No te veo de rosa- se burló.
-Muy graciosa, calabacita- sin pensarlo, ella se puso de puntillas y le besó en los labios; Edward se sorprendió, ya que sabía de sobra que a través del cristal, la imagen quedaría captada... pero a su vez estaba feliz; cuando iban por la calle ella apretaba su mano con fuerza, señal de que estaba inquieta e incluso, un poco miedosa; pero parecía que ahora estaba relajada, y que se había olvidado de la presencia de los periodistas.
La pesadilla que tuvo la noche anterior le dejó muy preocupado, y no sabía si esos nervios le pasarían factura a lo largo del día de hoy; pero parecía calmada, y lo estaba llevando bastante mejor de lo que él mismo esperaba.
La mañana de compras pasó sin mayores complicaciones, y después de tomar un refrigerio en una pequeña cafetería, volvieron al rancho de los Withlock cargados de bolsas, y con todos los encargos realizados y regalos comprados; era hora de almorzar y de que los chicos descansaran, antes del segundo concierto en Dallas, la última parada de la gira en Texas.
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Después de que abandonaran la tierra del petróleo, la bada afrontó los últimos conciertos antes del parón por Acción de Gracias; después de esa fecha, sólo había gira los diez primeros días de diciembre. Ese mes estaría dedicado a las grabaciones del recopilatorio y al especial de Navidad de la MTV. Hasta enero no volverían a subirse a un avión.
Bella nunca se imaginó que, algún día, podría recorrer Estados Unidos como lo estaba haciendo... era una experiencia que jamás olvidaría... y en enero, salían del continente. Asia, Europa, América del Sur, la última etapa de la gira, de nuevo en Norteamérica... no podía esperar.
Dallas quedó atrás, dejando paso a la ciudad de Tulsa, en Oklahoma; siguió Nashville, en el estado de Tenessee, parada en la que aprovecharon para desplazarse en coche hasta Memphis y hacer la obligada visita a Graceland, la casa donde vivió Elvis Presley, y su tumba. Aunque Edward ya conocía todos esos lugares, disfrutó de ver las caras de asombro de su novia... y sobre todo, su felicidad.
Charlotte, en Carolina del Norte, fue la siguiente parada antes de desembarcar en la legendaria Atlanta, en el estado de Georgia. La gira era un éxito, y los estadios y recintos en los que la banda actuaba estaban completamente llenos, algo por lo que Aro, via telefónica, expresó su alegría y satisfacción.
Durante todo el periplo por las ciudades, los objetivos , micrófonos y cámaras de televisión se habían convertido en unos singulares acompañantes. Bella pudo comprobar en primera persona lo que era ser seguida a todas horas, pero se sintió protegida tanto por Edward como por el resto. Si algún periodista le hacía una pregunta, ella se dedicaba a negar con la cabeza y sonreír con educación, dejando que fuera su novio quien hablara; básicamente, el cantante contestaba brevemente, y con sonrisas educadas, aunque a veces, un poco tensas.
Dada la nueva situación de su relación, por así decirlo, su teléfono empezó a echar humo. Hablaban prácticamente a diario con los Swan y con los padres de Edward, para al menos, hacerles saber de primera mano que la cosa iba bien. Con Ángela había hablado un par de veces también, al igual que con Rosalie, a la que no vería hasta que pasara Acción de Gracias; ambas la animaban y la escuchaban, recordándole siempre que permaneciera tranquila... pero ignoró completamente la llamada de Mike; no habían hablado desde que ella abandonó Seattle y regresó con sus padres, unos meses antes de la entrevista en Twilight Records, y francamente, esa llamada no le daba buena espina, así que después de comentarlo con Edward, prefirió ignorarla.
Por lo que le contaron Ángela y sus padres, la gente de Forks tomó la noticia con asombro; en este mundo siempre habría comentarios positivos y negativos, y tendría que hacer oídos sordos a muchas cosas; pero la ventaja era que su padre era muy querido en Forks, así que de momento, las aguas estaban en su correcto cauce, ya que los vecinos no se habían pronunciado, y los periodistas no habían acampado frente a la casa de sus padres... de momento.
Por desgracia, en Atlanta apenas tuvieron tiempo más que para recorrer un poco el centro y los alrededores del hotel después de las ya habituales ruedas de prensa que precedían a los conciertos; los cinco integrantes y Alice y Bella disfrutaron de un tranquilo paseo, a pesar de los miles de fans que les pararon para pedirles autógrafos y sacarse fotos.
Después de un almuerzo ligero y de descansar, llegó al hora de dirigirse al Philips Arena, lugar del concierto esa noche. Nada más poner un pie en la puerta principal del hotel, los gritos de los fans resonaron, y Alice y Bella esperaron con paciencia a que ellos los antendieran. Firmaban en fotos, portadas de discos y de Cd´s, en brazos, en chaquetas de cuero; la castaña no pudo esconder la sonrisa al ver la emoción de un chico de unos quince años mientras Jake y Sam firmaban en su guitarra eléctrica.
Giró la cabeza, para ver a una marea femenina que rodeaba a su novio; le gritaban que era muy guapo, y que muchas de ellas estaban solteras; era muy cómico observar a Edward, realmente incómodo, mantener el tipo ante insinuaciones subidas de tono, y sus ojos se abrieron cuando una chica rubia le ofreció ropa interior, para que la firmara.
Una vez pasado el bochorno, los chicos se subieron a los coches, que muy despacio dejaron atrás el Four Seasons y la Fourteenth Avenue; los ojos del cantante se achicaron, debido a la sonrisa maliciosa de su novia.
-No es gracioso- se cruzó este de brazos -¿quién me dice a mi que esa ropa interior no ha pasado por la lavadora?
-Lo siento- se carcajeaba ahora Bella -es que era todo un poema verte contener la mueca de asco, sujetando el rotulador casi por el extremo.
-Gajes del oficio- musitó él, rodando los ojos, a la vez que encedía un cigarro y abría un poco la ventanilla -¿no te ha molestado, verdad?- preguntó, con una mueca de disculpa.
-Claro que no- se acurrucó a su lado -te he visto hacerlo unas cuantas veces... y no es como si te quedaras con todas esas bragas y sostenes- rió ella.
-¿Sabes que hace un tiempo, Emmett los coleccionaba?- le contó este, un poco más tranquilo, y con una risa.
-¿En serio?- alzó ella una ceja -tengo que averiguar que opina Rosalie al respeto- Edward rió.
-No creo que siga conservando la singular colección- contradijo este -¿tienes ganas de ir a casa?
-Tengo ganas de ver a mis padres, no puedo negarlo- suspiró -pero se me va a hacer muy raro no verte en esos cuatro días.
-Pasado mañana te llevaré al aeropuerto- refutó él -y te iré a recoger el domingo- si por él fuera, se iría con ella; pero estaba Amy.
-De acuerdo- aceptó ella, pasando su dedo por la muñeca del joven, trazando con la yema los trazos del tatuaje que estaban a la vista.
La pareja se relajó, manteniendo una tranquila conversación hasta que llegaron hasta el Philips Arena; los ensayos transcurrieron sin novedad alguna, y la visita de los invitados VIP también; entre otras personalidades, Bella tuvo que el honor de conocer al alcalde de la ciudad, varios concejales y gente influyente y con alto poder adquisitivo. Desde Dallas, la prensa apenas entraba ya a esas visitas, y si lo hacían, eran revistas enfocadas al tema musical, y diarios locales serios.
Por fin, las puertas se abrieron, y el murmullo y jaleo de gente iban subiendo de decibelios; los momentos previos de los conciertos siempre sorprendían a la castaña. El equipo técnico, capitaneado por Seth, daba los últimos retoques encima del escenario. Era muy gracioso, ya que cada vez que salía un operario el público empezaba a gritar, pero al segundo de comprobar que no era ningún miembro de la banda se callaban de forma automática.
-¿Todo bien?- interrogó Bella a Seth, que se acercó a saludarla y a hablar con ella un minuto.
-Preparados para otra noche de gloria- contestó de manera graciosa, quitándose un momento los cascos que llevaba puestos -¿cómo lo llevas?- se refirió al asunto de la prensa; todos los técnicos sabían acerca de la relación desde hace unas semanas, así que no les sorprendió ver las portadas de las revistas.
-A ratos- le contó -intento permanecer tranquila, como si no pasara nada... pero a veces, es inevitable que me ponga nerviosa.
-Es lógico- habló el chico -si te digo la verdad... yo no sé si podría acostumbrarme a todo eso; y eso que estoy acostumbrado a ver a la prensa casi todos los días; debes de quererle mucho, para hacer ese pequeño sacrificio- Bella iba a responderle, con una sonrisa... pero la voz de Leah se metió de lleno en la conversación.
-Demasiado estáis durando- su voz desagradable, y con tono borde, hizo que tanto la castaña como Seth fruncieran el ceño -¿no creerás que Edward Cullen tiene relaciones serias?- se carcajeó con maldad.
-¿Por qué no va a tenerlas?- Paul, otro de los miembros del equipo, se acercó a los tres -a la vista está que son novios.
-Y yo me lo creo- siguió hablando esta, ignorando la mirada de advertencia de su hermano Seth -se terminará cansando de ti, al igual que se cansó de Jane, de Heidi, de Gianna... los famosos son todos iguales- enumeró, ante la cara de cabreo de Bella.
-Eso no lo sabes, y no es de tu incumbencia- siseó, entre dientes.
-Leah, déjalo- le advirtió Seth.
-¿Pues sabes una cosa?- tomó la palabra Paul -creo que tienes envidia- Leah achicó los ojos -tú no puedes mantener una relación con Sam, aunque lo estés deseando- salió en defensa de Bella.
-Eso es cierto- la sonrisa diabólica de la castaña apareció en su rostro -al menos, no está casado- recalcó la última palabra.
-¿Quién te crees que eres, foca?- la insultó, llena de rabia -¿acaso eres alguien importante para...
-¿Has insultado a mi novia?- la voz fría y cortante de Edward, preparado para salir al escenario, hizo que los cuatro giraran la cabeza. Los ojos verdes del joven brillaban furiosos, mirando a Leah.
-Era un intercambio de opiniones, nada más- contestó Bella, seria y enfadada. El cantante se acercó a ella, tomando su mano y girándose hacia la chica morena que lo acababa de sacar de sus casillas; con un gesto de su cabeza, Seth y Paul se alejaron.
-Si vuelvo a escuchar una sola palabra, atacando a Bella- le advirtió, con un tono de voz que hizo que su novia se encogiera ligeramente -si me entero de que hablas con la prensa, te juro que hundo tu carrera, y no volverás a encontrar trabajo en tu puta vida.
-No eres mi jefe- respondió ella, altiva y cruzándose de brazos -tú no me pagas.
-Cierto- sonrió maquiavélico Edward -pero puedo presentar una queja a la discográfica; y te aseguro, que me harían más caso a mi que a ti.
-Solo expresaba mi opinión acerca de vuestra... relación.
-Pues te la guardas para ti- habló Bella -y métete en tus asuntos -le advirtió también... ¿quién se creía que era esta tipa, para hablarle sin educación alguna...?
-Os doy un par de meses más- negó ella con la cabeza y un gesto con la mano; se volvió, dejando a Edward con la palabra en la boca... pero se detuvo de manera abrupta al ver a Sam frente a ella, con los audífonos colgando de sus hormbros y mirándola cabreado.
-Ven aquí- la agarró del brazo -lo siento, chicos- se disculpó con su amigo y la castaña.
Observaron en silencio como se alejaban, y como Sam parecía estar reprendiéndole y advirtiéndole de manera muy seria. Bella respiró tranquila, y enfocó su vista en Edward, que seguía resoplando.
-Ella no es nadie para insultarte- habló este, rodeando su cintura con sus manos.
-Lo sé, y he intentado ponerla en su sitio- contestó ella.
-Te he oído- el cobrizo esbozó una sonrisa satisfecha -mi chica tiene agallas.
-¿Crees que me he pasado, con lo de casado y todo eso...?- no le gustaba pelear con la gente, pero su boca no pudo evitar soltarle la perla.
-Se lo merecía- aprobó Edward -sabe que no puede tener a Sam, y la envidia la reconcome- hizo una pausa -no soporto que nadie te insulte, y menos por tu aspecto- él mismo había cometido ese error en Nueva York; y aunque Bella le dijera muchas veces que estaba olvidado y enterrado, siempre se sentiría culpable... su chica era preciosa, tanto por dentro como por fuera.
-Tranquilo- intentó reconfortarle ella -no puedes salir nervioso al escenario- le recordó; ya habían apagado las luces, y sabía que les quedaban pocos minutos -siempre habrá críticas, y es algo a lo que estoy ecostumbrándome- Edward la miraba fijamente -pero me quieres, y me estás protegiendo todo lo que puedes; y eso es algo que muy poca gente ha hecho por mi.
-Eres demasiado buena con este divo insoportable- meneó la cabeza él, un poco desconcertado, pero con una sonrisa.
-Tu calabacita sabe apreciar las cosas- le guiñó ella un ojo, a la vez que se ponía de puntillas y juntaba sus labios con los suyos; los ojos verdes del joven se cerraron, perdiéndose en ese mundo al que ambos se transportaban cuando se besaban de esa manera; no la podía acercar más a su cuerpo, y sus suaves y graciosas curvas se amoldaban a él, haciendo que su corazón palpitara furioso. Por desgracia, esa burbuja se rompió cuando la voz de Jake empezó a corear las primeras palabras de "Livin´on a prayer", la canción que abría el espectáculo.
-Me toca- habló Edward, con la respiración un poco entrecortada.
-Ganátelo- susurró su chica, muy cerca de sus labios y sonriéndole con tanto amor que algo se removió en el interior del cantante.
Finalmente se alejó, rumbo al centro del escenario. Bella se reunió con Alice, que le dedicó una sonrisa de ánimo, señal de que el encontronazo había llegado a sus oídos. En un intervalo entre canción y canción, la morena le dijo que no se preocupara, que pasara de Leah y que no merecía la pena. Esta agradeció sus palabras con una pequeña sonrisa, y decidió olvidar el incidente y disfrutar de la voz de su novio.
Cuando las notas de "Never say goodbye", una preciosa balada de la época más rockera de grupo llegó a sus oídos, no puedo evitar recordar el sueño que tuvo en Dallas. A su hermano le gustaba esa canción de manera particular, y era una canción que tampoco tocaban en directo muy a menudo. La letra era muy melancólica... y cuando en el estribillo miró hacia posición de Edward, sus ojos verdes la miraban con una mezcla de sentimientos contenidos...
"Nunca digas adiós...
nunca digas adiós;
tú, y yo, y mis viejos amigos
deseamos que esto nunca termine...
Nunca digas adiós, seguiremos adelante,
debemos resistir, para nunca decir adiós..."
Bella escuchaba cada palabra con una pequeña sonrisa; eran muy pocas veces las que Jake y Edward cantaban juntos, exceptuando los coros; esa canción la había escuchado y visto mil veces, en los tiempos que en los integrantes del grupo lucían unas melenas mas largas que la suya.
Tenía que reconocer el esfuerzo de Edward, intentando averiguar su canción favorita. Todo el repertorio de los Slave Heart le gustaba, obviamente... pero le resultaba gracioso como sin quererlo, estaban repasando casi la totalidad de su discorgrafía.
La canción terminó, y Edward se volvió de espaldas al púbico, para dejar la guitarra en su soporte y beber un poco de agua; los ojos de la pareja se encontraron, y Bella le hizo un guiño, haciendo que por unos segundos, su novio creyera que había dado en el clavo... pero luego negó con la cabeza, ganándose una mirada incrédula de Edward, el cual también negó con la cabeza, sonriendo divertido y continuando el espectáculo.
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De vuelta en Los Ángeles, Edward aparcó frente a la puerta de la casa que había compartido durante su matrimonio con Tanya. Nunca le gustó esa casa, ubicada en la lujosa zona residencial de Bel-Air; parecía un palacete, que gritaba lujo y ostentación por los cuatro costados.
Hacía escasamente dos horas que se había despedido de Bella en el aeropuerto, ya que esa misma noche sería la celebración de Acción de Gracias; bien es cierto que al llegar, la prensa estaba al acecho; parecía que varios paparazzis habitaban en las inmediaciones de LAX de manera permanente. Pero al menos, pudieron acceder al interior sin provocar una avalancha de gente, y pudo despedirse de su novia, besándola hasta que anunciaron el vuelo a Seattle.
Salió del coche y caminó hasta la puerta principal, llamando al timbre; su plan era recoger a Amy e irse a casa; sacaría a Baxter y dejaría la maleta de su hija; después irían a la casa del matimonio Cullen, para pasar allí el día, y por supuesto, cenar.
Su propia ex mujer abrió la puerta, escaneándole con el ceño fruncido, como siempre que se encontraban cara a cara.
-Hola Tanya- saludó este, con educación -¿está Amy preparada?
-Antes de que la llames- le dijo, adelantándose un par de pasos y volviendo la puerta principal -¿es cierto que tienes una relación con esa chica... Bella?- le preguntó, con verdadera curiosidad; por una vez, no había reproche en su tono.
-Es mi novia- le confirmó este -conociste a Bella en casa de Jake; la vez que fuiste a dejarme a la niña- le refrescó la memoria.
-Por eso te lo pregunto- contestó ella, esbozando una pequeña sonrisa -Amy me habla mucho de ella; por lo que sé, la ayuda a hacer los deberes cuando estáis en el estudio- Edward sonrió, recreando las imágenes en su mente.
-Bella quiere mucho a Amy, se llevan muy bien- le explicó este.
-Sí, me he dado cuenta- musitó su ex mujer -¿vas a dejar que entre en la vida de nuestra hija?
-Mi relación con ella va muy en serio- le dijo -pero Bella quiere esperar un tiempo para que se lo expliquemos- Tanya miraba al que fue su esposo sorprendida; le llamaba la atención esa relación. Bella no era del tipo de Gianna y todas esas furcias del tres al cuarto.
-Es evidente- rodó ella los ojos -no es tu prototipo de mujer- acotó.
-Todo el mundo con lo mismo- musitó, un poco harto -¿tan raro es que la quiera de verdad?
-Wow...- exclamó esta -de modo que la cosa va muy en serio- Edward asintió -creo que es un buen detalle por parte de ella, eso de querer esperar un poco, para explicárselo a Amy.
-Lo de Gianna no volverá a repetirse- le aclaró el joven, con una pequeña mueca -aunque no lo creas, a Bella le preocupa mucho la reacción de la niña; y lo que menos quiere, es hacerle daño.
-Y es algo que me demuestra que le importa- aprobó la rubia, cruzando los brazos -si te soy sincera, estoy sorprendida- le dijo; ante el ceño fruncido de su ex, siguió explicándose -he visto algunas fotos en las revistas; la forma en que la miras, es...- se quedó callada -de verdad me alegro, de que por fin hayas encontrado a alguien– había sinceridad en su tono de voz.
-Gracias- sonrió con educación -¿Amy ha visto algo en las revistas, o en la tele?
-Sabes que intento que no vea ese tipo de programas- le recordó -si ha visto algo, o le han comentado algo en el colegio, ella no ha dicho nada- le relató, encogiéndose de hombros.
-Está bien- asintió -me gustaría que me dejaras el asunto a mi.
-Si ella me pregunta, le diré que le pregunte a su padre- levantó las manos -pero te lo advierto, Edward- su tono adquirió un tinte serio -sé que no será muy probable, dado lo que he escuchado de esa chica, pero si se vuelve a repetir una escena como la de Gianna...- dejó la amenaza en el aire.
-No tendrás que preocuparte por eso- respondió serio -¿puedes llamarla?
Tanya afirmó con la cabeza, perdiéndose en el interior de la casa; unos ladridos estridentes le hicieron rodar los ojos, y rezar para que ese perro enano no apareciera por la puerta y le agujereara los pantalones. Oyó unos pequeños y presurosos pasos, y sonrió al ver como su pequeña se arrojaba en sus brazos; Edward se agachó, para quedar a su altura y poder abrazarla.
-¡Papá!- exclamó ella contenta, rodeando su cuello con sus pequeños y delgados brazos.
-Hola mi niña- la saludó, pasando una mano por su pelo -¿me has echado de menos?
-Mucho- afirmó enérgicamente con la cabeza, para después darle un pequeño beso en la mejilla -aprobé los dos exámenes de matemáticas que hice- le relató.
-Eso está muy bien- sonrió a su pequeña, incorporándose y tomando su mano -eso hace que te merezcas el regalo que te he traído- bromeó.
-Bella me explica muy bien los problemas- siguió relatando su hija, y la sonrisa de su padre no pudo ser más amplia -cuando tú me ayudas, nunca nos sale la solución exacta- su sonrisa cambió a una ceja alzada.
-Gracias, hija- musitó, hastiado.
-Es la verdad- se encogió inocentemente de hombros Amy.
-Despídete de mamá y de James- le dijo -antes de ir a casa de los abuelos, hay que sacar un poco a Baxter- le explicó.
Después de cargar la pequeña maleta en el coche, padre e hija se despidieron de Tanya y su marido, recordándoles que en una semana la volvería a traer. Tenía ganas de estar con su pequeña; aunque hablara todos los días con ella, no era lo mismo. Él estaría encantado de que la niña viviera con él, pero su trabajo y el de Tanya hacía que, de momento, la situación tuviera que ser así.
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Después de llegar a su casa, deshacer la maleta de la pequeña y de que ambos fueran a dar un paseo con Baxter, llegó la hora de dirigirse a la casa de los padres del cantante, donde cenarían y se quedarían a pasar la noche. El matrimonio Cullen vivía en un barrio residencial acomodado, a las afueras de Los Ángeles.
La tarde pasó tranquila, con Amy en la cocina con su abuela y él medio dormido en el sofá, con el canal de deportes de fondo y su padre sentado a su lado. Se disculpó un segundo para salir a jardín, y mientras se fumaba un cigarro aprovechó para llamar a Bella, que le confirmó que había llegado bien, y que no había periodistas en el aeropuerto de Seattle. Ben y Ángela estaban esperándola, para dirigirse todos juntos a Forks. Convesaron unos minutos, hasta que Edward oyó a Renée llamar a su chica, y ambos se despidieron hasta el día siguiente, ya que la hora de la cena se acercaba.
Una vez la mesa estuvo repleta de comida, y de que Carlisle agradeciera el que pudieran reunirse un año más, Amy copó la mayor parte de la conversación, contándoles a sus abuelos como le iba en el colegio y otras cosas. Edward la escuchaba en silencio, podría hablar hasta debajo del agua.
-Es tan inteligente- alabó Esme, mientras comían -tú odiabas las matemáticas, siempre suspendías esa asignatura- bromeó con su hijo, pero este la miró con una ceja alzada.
-No se me daban bien- se encogió de hombros -no creo que eso sea un pecado.
-Y lo no es- se apresuró a poner paz su padre.
-Papá me ha prometido que si apruebo todo en la siguiente evaluación, durante las vacaciones de primavera iremos de viaje- exclamó, contenta.
-Que bien- admiró Carlisle, mirando a su hijo.
-¿En esas fechas no tienes concciertos?- preguntó Esme.
-Esos diez días tenemos libre- les contó; esperaba que las cosas con Bella fueran bien, y porder irse los tres de viaje. Menos mal que les había advertido a sus padres de que la niña todavía no sabía nada acerca de Bella, para que no metieran la pata. Y su hija no le había preguntado nada del tema tampoco.
-¿Otro viaje?- arrugó el ceño su madre -bastante poco paras en casa, como para añadir otro.
-Pero me apetece irme de vacaciones con mi hija- habló Edward, muy serio -cosa que yo no tuve en mi infancia- añadió, muy bajito.
-Y eso está muy bien, hijo- medió de nuevo Carlisle, regañando a su esposa con la mirada.
-No sé por que os habéis embarcado en esa gira interminable- siguió relatando ella -nunca estás en casa.
-¡Vosotros tampoco estuvistéis!- Edward dio un tremendo golpe en la mesa -te recuerdo que es mi trabajo, y que me gano así la vida.
-Esme, basta- Carlisle también había soltado su cubierto -esta noche no, por favor- le suplicó. Amy permanecía callada, con la cabeza gacha. Edward se dio cuenta, y la animó a seguir comiendo, ignorando a sus progenitores.
-Edward, hijo... yo no quería discutir- habló su madre, con voz suave, cuando su nieta se levantó para coger más pan de la cocina.
-¿Crees que me gusta estar alejado de mi hija?- respondió el cobrizo, con la mandíbula apretada -esa maldita gira que tanto detestas, paga muchas cosas; ese trabajo, que tanto criticas a veces, os ayudó mucho con vuestro negocio- la mecha estaba encendida, y no había forma de detenerla.
-Tú quisiste ayudarnos; no es justo que nos eches eso en cara.
-Y lo hice de manera desinteresada- siguió discutiendo -¿quieres oír las cosas tal y como son?- le preguntó, de manera mordaz -yo me ausento por trabajo, no por que tengo que ir a protestar para que el gobierno sea más duro con depende que leyes- escupió con rabia -os importaba más eso que vuestro hijo.
El matimonio Cullen permanecía en silencio, con la mirada baja; por más que habían intentado compensar todos esos años, siempre salía el tema, Edward nunca lo olvidaba; Carlisle sabía que tenía razón, pero le dolía mucho escuchar esas palabras; pero siempre se suele decir que las verdades duelen.
La niña regresó a la mesa, y envueltos en un intenso e incómodo ambiente, consiguieron terminar la cena, pero ninguno de ellos disfrutó de la tarta, ni del café. Una vez que la niña se quedó dormida en el sofá, y de que Edward le pusiera el pijama y la acostara, se disculpó con sus progenitores, diciéndoles que saldría un rato, y que no volvería tarde.
La rabia de la cena todavía seguía burbujeando en su cabeza, y condujo por las calles de Los Ángeles sin rumbo fijo; pensó en llamar a su chica, pero no quería amargarle a ella también la cena con sus padres, y lo único que haría sería preocuparla. Aparcó en las inmediaciones del Viper Room; hacía mucho que no acudía a la discoteca, y la última vez fue con Gianna. Decidió que quizá, una cerveza le calmaría los nervios, de modo que aparcó el coche y entró por la puerta VIP del recinto.
Nada más poner un pie allí, sintió que lo llamaban a voz en grito, haciendo que varias personas levantaran sus ojos, y le reconocieran. Miró a su alrededor, hasta toparse con Garrett Goldman, un representante de artistas, bastante conocido en el mundillo musical.
-¿Qué haces aquí?- inquiró el cobrizo, después de que ambos chocaran las manos, a modo de saludo.
-Mi mujer me ha echado de casa- se encogió de hombros -hemos tenido una pelea.
-Bienvenido al club- rodó los ojos, mientras que pedía una cerveza y se acomodaba en una pequeña butaca.
-¿Ya has discutido con esa chica?- por supuesto, Garrett estaba al tanto de los cotilleos -pronto empezáis.
-Ella está visitando a sus padres- negó este con la cabeza -yo he discutido con los míos- le aclaró.
-Vaya par- Garrett se acomodó en el sofá, alisando la chaqueta del caro traje de Armani que llevaba.
Hablaron de cosas sin importancia, básicamente de como iba la gira, y del tremendo éxito que seguía cosechando el último álbum de la banda. Edward era precavido, y evadió sabiamente las preguntas en torno a la gestión de Alice como representante.
-Sabes que el asunto de las comisiones por actuación no te lo puedo contar; Alice me cortaría los huevos- le recordó.
-Podría haceros una nueva oferta; te aseguro que triplicaría vuestros ingresos si me contratáis- contraatacó Garrett, apartando el flequillo negro que caía por su frente, con una sonrisa -la duende es muy respetada en la profesión, eso tengo que admitirlo- siguió contando. Edward llevaba ya tres cervezas, mientras que su interlocutor varias copas más de whisky.
-No insistas- rió el cantante -ni por asomo dejaría que metieras las narices en la banda- le dijo, con una ceja alzada -te conozco demasiado.
-Haces bien en no fiarte- le dijo este, palmeándole el hombro y estallando en carcajadas -¿quieres un poco?- Edward se pensaba que le iba a ofrecer un cigarro, pero su ceño se frunció al verle sacar de su bolsillo una papelina de coca.
-Hace tiempo que no tomo de eso- lo rechazó.
-Sí que estás cambiado- habló Garrett sorprendido -vamos, una esnifada no te hará daño, y te hará apartar los problemas de la cabeza
En verdad necesitaba despejar su mente; no quería molestar a los chicos, ya que todos ellos estarían felizmente con sus familias... y Bella también. Apenas habían pasado veinticuatro horas desde que la había dejado en el aeopuerto, y necesitaba hablar con ella, verla, desahogarse... pero no quería molestarla ni preocuparla.
Con un pequeño suspiro, y mandando todo a la mierda, diciéndose que mañana sería otro día, aceptó el ofrecimiento de su amigo, advirtiéndole que una y nada más. No supo que le impulsó a hacer eso, pero al cabo de unos minutos sintió su cuerpo y su mente relajarse; no pidió más alcohol, puesto que no quería cometer una locura al volante.
Dos horas después, dejó a Garrett con uno de sus coqueteos de turno, para regresar a casa de sus padres. Al salir, como siempre, la prensa estaba acampada en la inmediaciones de la puerta principal, ya que el local era uno de los más famosos de la ciudad, frecuentado por muchos famosos. Con la cabeza gacha y las manos metidas en los bolsillos de la sudadera, avanzó hacia su coche, pasando por alto las preguntas de los periodistas. Tuvo que apartar de un manotazo uno de los objetivos, ya que casi se lo come.
Por fin, pudo llegar a su coche, y pisando el acelerador, se alejó de la abarrotada calle, poniendo rumbo a casa del matrimonio Cullen.
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