Hooola mis chicas!
Espero que la semana haya ido bien. Aquí estoy de nuevo, con otro capi del divo y la calabacita.
Sé que las cosas se han complicado un poco... y como bien decían en un review... entre lo cabezota que es ella, y lo orgulloso que es él... combinación explosiva. A ver que opináis vosotras de los acontecimientos... y hay una realidad, y es que las parejas necesitan hablar, o las cosas se pueden torcer mucho.
Pero como os dije, prometo recompensaros; no van a ser muchos capis malos... puede que hasta les venga bien, para coger confianza.
Poco más que añadir; espero lo disfrutéis, nos leemos abajo ;)
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.
Canción: "You give love a bad name" de Bon Jovi
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Capítulo 16: El corazón se derrumba
Estirándose de manera lenta y despreocupada, Isabella Swan abrió lentamente sus ojos, apartando con las piernas el descolorido edredón púrpura que adornaba su cama desde que tenía trece años. Poco a poco fue sintiéndose más despierta, y todavía recostada en el colchón, echó un vistazo rápido a su vieja habitación.
Su dormitorio seguía teniendo el mismo aspecto que en sus años de instituto; la misma decoración, los mismo libros adornando las estanterías, el pequeño rasguño en la puerta del armario, su anticuado ordenador... todo seguía igual que cuando dejó su casa para ir a estudiar a la universidad de Seattle durante cinco años. Aunque después de su ruptura con Mike volvió unos meses a Forks, al poco tiempo le salió la entrevista para Twiligth Records.
Una sonrisa cruzó su cara al pensar en Los Ángeles, su nuevo hogar. Aunque estaba habituada al frío y húmedo clima de la Península Olimpyc, no llevaba ni un día allí y ya extrañaba el sol y el calor... y por supuesto, a Edward. Nunca en su vida se había sentido así, tan querida y ciudada por alguien que no fuera de su familia; era encantador con ella, y él seguía sin darse cuenta de eso. Podían hablar de cualquier cosa, la hacía reír... y cuando estaba con él, conseguía que se sintiese la chica más espectacular y guapa del mundo, y eso era algo que Mike dejó de lograr con el paso del tiempo.
Al principio de su relación, en los años de instituto, su aspecto nunca fue un problema para su ex novio; pero según fue pasando el tiempo, ella misma notó épocas en las cuales Mike no quería ni tocarla, sobre todo en las épocas en las cuales se descontrolaba un poco y ganaba algún kilo de más. Sabía que no era una modelo... pero se sentía humillada cuando su propio novio apagaba la luz cuando hacían el amor, era como si no quisiera verla.
Ahora, con el paso del tiempo, le costaba creer como esa relación podía haber durado tantos años. La edad va haciendo que tus prioridades cambien, y que incluso, las personas cambien. Bien es cierto que Edward y ella no habían hablado de futuro, era muy pronto... pero si las cosas seguían el camino que estaban llevando, la cosa pintaba muy bien para ambos. Demasiada paciencia tenía él con ella, sobre todo en el tema de las relaciones íntimas; pero poco a poco, lo conseguiría.
Pensó también en la charla que tuvo con su madre; parecía que había aceptado de buen grado su relación con Edward, cosa que la llamó poderosamente la atención. Pero la conversación giró acerca de la niña; meditó la pregunta que le hizo su madre, haciéndole ver que si las cosas con Edward seguían por buen camino, ella se convertiría en alguien muy importante en la vida de Amy.
En eso tenía que dar la razón a Renée; la pequeña tenía una madre, y era algo que tenía muy claro, y no quería interferir en su relación, pero ella haría todo lo posible por ser su amiga, y que también confiara en ella. La niña era un encanto, y esperaba que cuando Edward y ella decidieran hablar con ella y hacerle saber de su relación, pudiera seguir llevándose bien.
Aparte de eso, la cena transcurrió de manera tranquila... y triste, como solía suceder en las celebraciones de los Swan desde que faltaba su hermano, pero al menos este año, sus padres intentaron hacer un esfuerzo por ella, y pasaron una velada agradable; se preguntaba como le habría ido a su novio con sus padres, dada la tensión que había entre ellos.
Unos golpes en la puerta la sacaron de sus cavilaciones; levantándose se dirigió a abrir, para encontrarse con su madre, perfectamente vestida y tendiéndole una taza de café.
-Buenos días, Bella- la saludó con una pequeña sonrisa -Ángela y Ben llegarán dentro de una hora- le recordó. Mientras este actualizaba y ponía a punto su antiguo ordenador para que sus padres y ella estuvieran más fácilmente en contacto, ella y Ángela charlarían y se pondrían al día.
-Buenos días mamá, y gracias- contestó mientras tomaba la taza; dio un pequeño sorbo, agradecida de que el líquido caliente templara su cuerpo -¿papá?- le preguntó.
-Se ha levantado hace dos horas- le relató ella -está en el cobertizo; ha decidido que hoy haría limpieza entre sus trastos para pescar- Bella rió, negando con la cabeza.
-Es feliz entre sus cachivaches- se encogió la castaña de hombros.
-Voy a dejaros preparado más café, y unas tostadas- le dijo su madre, mirando el reloj -en cuarenta y cinco minutos empiezo el turno en el supermercado.
-Gracias- respondió su hija, dirigiéndose al cuarto de baño, con la taza de café.
Después de una ducha y de vestirse, fue a su habitación a coger el móvil; arrugó el ceño al ver que tenía una llamada perdida de Rosalie, pero al devolvérsela vio que no contestaba. Todavía era temprano, y supuso que quizá se había vuelto a dormir. También tenía que llamar a Edward, para ver como había ido la cena, pero esperaría hasta el mediodía.
Al poner un pie en la cocina, solo le dio tiempo a despedirse de su madre, que justo se estaba poniendo la chaqueta encima de su uniforme de trabajo; vertió café en otra taza, para después salir en busca de su padre. El cobertizo era algo así como una especie de santuario para el jefe Swan; sintió un nudo en la garganta al recordar todas las tardes que un adolescente Riley y él habían pasado allí, preparando los aparejos para un fin de semana de pesca.
-¿Papá?- dio un pequeño golpe en la puerta; sintió que a su nariz llegaba el ya inconfundible para ella olor a cigarrillo, y rió negando con la cabeza.
-Calabacita- la llamó, instándole a que se acercara; ella lo hizo, y descubrió a su padre comprobando el sedal de una de las cañas, y fumando.
-Si te pilla mamá, te echará la bronca- le advirtió, tendiéndole la taza de café y señalando al cigarro.
-Lo sé; y por eso nunca lo hago dentro de casa- le guiñó un ojo, de manera divertida. Ella suspiró feliz, por fin veía a su padre animado.
-¿Vas a ir a pescar?- le preguntó, curiosa.
-Mañana sábado, con el padre de Ángela- le contó -pero regresaremos a la hora de comer- la joven vio con ilusión como llevaba puesta una de las camisas de cuadros, que ella y Edward le compraron en Dallas -¿a Edward le gusta pescar?
-No tengo ni idea; nunca me ha comentado nada- respondió la castaña
-Oh- musitó su padre -si le gusta, podríamos ir los dos... cuando vengáis de visita- susurró, con una pequeña sonrisa.
-Seguro que le gusta- le animó ella; a Riley le gustaba mucho pescar, y entendía que se entristeciera por los recuerdos.
-¿Has hablado con él, cómo ha pasado Acción de Gracias?- cambió de tema el jefe Swan, dando una pequeña calada al cigarrillo.
-Todavía no le he llamado; es temprano, y puede que esté durmiendo.
-Viajar tanto debe ser agotador- inquirió Charlie -pero admito que debe ser fascinante, poder conocer tantas costumbres y parajes recónditos.
-Ya lo creo- exclamó su hija, ilusionada y sacando su móvil; su padre se acercó a ella, interesado. Abrió la carpeta de fotografías, y le mostró muchas de las fotos que guardaba la memoria. Luego, con la ayuda de Ángela, las descargaría a su portátil. Su padre admiró asombrado las imágenes de Ciudad del Cabo, de Sydney y Melbourne, una foto de la pareja, sonriente con el puente Golden Gate detrás de ellos, y otra, también de Edward y Bella, en el Gran Cañón del Colorado, entre otras muchas.
-Que maravilla- musitó su padre, observando la piedra rojiza e inconfundible de ese paisaje; Bella se prometió mentalmente, cuando la gira terminara, sacar a sus padres de Forks para unas buenas vacaciones -Edward está muy distinto a como sale en el póster- dijo, en voz baja.
-Ya te dije que ese póster era de los tiempos en los que comenzaron- le recordó ella, mirando a su novio con una sonrisa.
-¿Qué edad tiene?- inquirió, interesado.
-Treinta y uno- contestó, mirándole inquieta -su cumpleaños es en junio.
-Como tu hermano- exclamó, con melancolía en su voz -¿eres feliz con él?
-Sí, papá- respondió sin dudarlo -es un buen chico, y me cuida.
-¿Y cómo llevas el tema de la prensa y todo eso?
-Más o menos- contestó su hija -admito que desde fuera parece agobiante; pero si sabes manejarlos, no suelen surgir problemas- hizo una pequeña pausa -comprendo que estéis preocupados, pero junto con Alice, tenemos el tema más o menos controlado.
-Solo quiero que no te hagan daño, hija- suspiró su padre -y todo ese mundo de famoseo y esas cosas... quiero decir...- carraspeó -¿no hay mucha droga de por medio?
-Los chicos no consumen- le relató ella -yo nunca les he visto; cuando eran más jóvenes si eran mucho más alocados- admitió -no niego que lo hayan hecho alguna vez, papá- sabía que el tema de los vicios aparecería, tarde o temprano, y no podía culpar a su padre de tener esas sospechas.
-Sólo quiero que no vuelvas a sufrir ese infierno, hija- negó con la cabeza, apenado -bastante pasaste ya.
-Lo sé, papá- intentó reconfortarle -¿vais bien de dinero?- cambió de tema, preocupada.
-Con el sueldo de tu madre pagamos los dos préstamos pequeños- le dijo -y con mi pensión, nos da para las facturas del día a día, y para la comida. No necesitamos mucho más.
-Si alguna vez os veis apurados... algún contratiempo que surja...- Charlie negó con la cabeza.
-Bastante haces ya, calabacita- desechó la propuesta su padre -te ocupas de la hipoteca de la casa, y no debería ser así- musitó, enfadado consigo mismo -deberías disfrutar de ese dinero, que bien te lo estás ganando.
-No pasa nada por eso, papá- contradijo ella -no es algo que me tengáis que devolver, ni nada por el estilo- le aclaró -vendrán tiempos mejores, papá- le intentó consolar ella.
-Esperemos que sea así- la respuesta de Charlie se vio interrumpida por el timbre de la puerta principal.
-Serán Ángela y Ben- exclamó la castaña, corriendo a abrir.
Una vez que todos estuvieron en la cocina, después de los saludos, Ben y el jefe Swan se fueron a buscar el ordenador al dormitorio de Bella. Su amigo se encargaría de actualizarlo y repararlo, para que el matrimonio Swan pudiera hablar vía Skype con su hija cuando estuvieran de gira. El pequeño Kyle dormía plácidamente en su sillita, y las dos amigas se sentaron en la mesa de la cocina, disfrutando de un buen desayuno, con el canal E! de cotilleos de fondo.
-No me hago a la idea de que ahora sales ahí- exclamó la morena, con una risa.
-Si Ben y tú queréis ocupar el lugar de Edward y mío- rodó los ojos esta -estaríamos encantados.
-Hum...- meditó Ángela, de forma divertida -dudo mucho que a mi marido le queden los pendientes tan bien como a tu chico -alzó una ceja, de manera sugestiva.
-¿Tienes alguna especie de fetiche con los tíos con pendientes?- fue la contestación de Bella.
-Belly- suspiró -tienes que admitir que le da un cierto aire peligroso y caliente.
-Lo sé- respondió, con una mueca misteriosa y maquiavélica a la vez.
-¿Cómo os va?- inquirió, muy interesada.
-Es un encanto, Ang- respondió esta, con una sonrisa soñadora -es divertido, romántico a su manera, me cuida...- enumeró, con un brillo especial en los ojos.
-Estás total y completamente enamorada de él- replicó esta, cruzándose de brazos -por el amor de dios, Belly... con Mike no tenías esa chispa en los ojos.
-Lo sé- admitió ella -nunca me había sentido así.
-Y a eso, súmale que él está loco por ti- seguía relatando ella, gesticulando con los brazos de manera -dios... ¿sabes has conseguido que el sueño inalcanzable, ese en el que el ídolo se enamora de su fan, se haga realidad?- exclamó, de manera graciosa.
-A veces lo pienso- contestó con sinceridad -todavía me sigo preguntando que habrá visto en mi.
-Siempre dándole vueltas a la cabeza- se burló su amiga, con cariño -estoy segura de que él te lo dice muchas veces; ¿cómo va el tema íntimo?- bajó la voz, para que Ben y el jefe Swan no se enteraran mucho del tema.
-Poco a poco- se explicó la castaña, sonrojándose levemente -no hemos llegado muy lejos... pero vamos por buen camino.
-Dios...- negó ella con la cabeza -¿cuántos tíos hacen eso por una chica?- se auto preguntó la morena, negando con la cabeza -y más alguien que puede tener a cien chicas a sus pies con tan solo chasquear los dedos.
-Todo eso lo sé, Ang- respondió Bella, cruzándose de brazos -simplemente temo un poco reacción... cuando me vea... ya sabes...- dejó la frase inconclusa.
-No debes tener miedo- le dijo su amiga -simplemente por no agobiarte con el tema, se puede ver lo que le importas; y que quiera confirmar la relación- hizo una pequeña pausa -nunca ha hecho eso con sus anteriores ligues.
-Es cierto- dijo esta, con una pequeña sonrisa; iba a añadir algo más, pero de la televisión salió el nombre de su novio. Bella y Ángela se giraron hacia el aparato.
-"Parece que el día de Acción de Gracias fue movido para algunos de nuestros famosos; ayer mismo, Edward Cullen fue visto saliendo del Viper Room, la conocida discoteca de Los Ángeles, a altas horas de la madrugada. El cantante no parecía estar de buen humor mientras se dirigía a buscar su coche... ¿será que su reciente romance con esa castaña misteriosa no pasa por su mejor momento...?; seguiremos informando"- la voz de la rubia que presentaba el programa dio paso a otra noticia, pero las imágenes seguían pasando una y otra vez.
Las dos chicas miraba fijamente a la televisión; la morena con cautela, y la castaña extrañada por esa salida de Edward; no le importaba en absoluto que saliera con sus amigos, era normal y ella no era nadie para impedírselo, pero le parecía raro que no se lo hubiese comentado. Iba con la cabeza gacha, y mirando hacia el suelo... pero cuando levantó la vista, y vio su cara seria y enfadada mientras apartaba unos de los tantos objetivos que le seguían, su corazón sufrió un vuelco. Las pupilas de sus ojos verdes estaban dilatadas, y constantemente iba sobándose la nariz con la mano.
-¿Qué le ocurre?- le interrogó Ángela, extrañada -parece muy enfadado.
-Ha consumido...- susurró ella, horrorizada, y con el corazón encogido -sus ojos no mienten- decía en voz muy baja, al borde de las lágrimas.
-¿Cómo ha podido hacerte esto, después de lo de tu hermano?- murmuró Ángela, incrédula por lo que estaba viendo.
-¿Por qué lo ha hecho?- las lágrimas surcaban el rostro de Bella; no sabía que había pasado, quizá hubiera discutido con sus padres, no le extrañaría en absoluto... ¿por qué no la había llamado?; ella lo hubiera escuchado... pero no llegar a eso.
-Tranquila, Belly- intentaba consolarla su amiga -debe de haber alguna explicación- se decía -no lo entiendo; no conozco mucho a Edward, pero dudo que haría algo que pudiera herirte de esa manera y...- se calló de repente, enfocando su vista en la castaña -Bella... ¿se lo has contado, verdad?- preguntó, con mucha precaución. Pero la tardanza de esta en contestar no presagiaba nada bueno.
-¿Y de qué hubiera servido que se lo hubiese contado?- siseó rabiosa, a la vez que se secaba las lágrimas -si cada vez que tenga un problema o una discusión va a hacer eso...- negó con la cabeza -no puedo volver a pasar por ese infierno.
-No has respondido a mi pregunta- el tono de voz de Ángela era serio, muy serio -¿no lo sabe, verdad?
-No- musitó ella, sollozando.
-¡Bella!- exclamó, sorprendida y cabreada -¿no les has hablado de Riley?- interrogó, alucinada.
-Ahora ya no importa- se secó las lágrimas; se prometió hace mucho tiempo que nadie la volvería a ver llorando.
-Sí que importa, Bella- contradijo esta -y prométeme que antes de hacer algo de lo que te puedas arrepentir, hablarás primero con él- esta simplemente asintió, pero un sollozo salió de su garganta, y se abrazó a Ángela, llorando de manera desconsolada. Su corazón se había derrumbado por completo; se sentía traicionada, estaba hundida... por mucho que lo amara, no podía volver a pasar por ese infierno -tranquila, Belly- intentaba reconfortarla Ángela.
En ese momento, sonó su móvil; dejó que sonara, y cuando se calmó, comprobó que era Edward. Por unos segundos, le dieron ganas de no devolverle la llamada, pero por la mirada que su amiga le dirigió, sabía que tenía que debía, al menos, escucharle. Otra cosa es que ella creyera en sus excusas. Ahora entendía la llamada de Rosalie, seguro que lo sabían allí.
Se disculpó unos segundos, y con una mirada y sonrisa de ánimo por parte de la morena, subió a encerrarse en su habitación. Por suerte para ella, Ben y su padre seguían sumidos en la reparación y puesta a punto del ordenador en el salón, así que no se enteraron de nada. Tragó saliva antes de marcar el número; casi sería mejor que no respondiera... pero no tuvo esa suerte, ya que su novio contestó al tercer tono.
-Bella- la voz de Edward denotaba alivio.
-¿Qué ha pasado, Edward?- ese fue el saludo que le dirigió.
-Compruebo que has visto la televisión- suspiró él, con tono frustrado -malditos periodistas- siseó, cabreado.
-Cuéntame lo que sucedió- le apremió, con tono serio, pero intentando mantener la calma.
-Durante la cena, mis padres y yo volvimos a discutir- le relató; su voz denotaba cansancio, pero no era de resaca o pastosa, como Riley la solía tener después de que se le pasara el subidón de las drogas -cuando dejé a Amy dormida, cogí el coche y salí a despejarme. Entré al Viper Room, a tomarme una cerveza, y allí me encontré con un antiguo amigo.
-Una cerveza y algo más- no pudo evitar murmurar ella.
-¿Qué quieres decir?- le reclamó su novio.
-Edward...- suspiró ella -¿has consumido droga, verdad?- se hizo el silencio en la línea -he visto las imágenes, y...- no pudo seguir hablando, y las lágrimas estaban de nuevo en sus ojos.
-Garrett me la ofreció- admitió él, con voz queda -lo siento mucho, cariño. Solo fue una raya... la discusión con mis padres me dejó muy tocado... y en ese momento no lo pensé- la castaña negaba con la cabeza.
-¿Por qué no me llamaste?- murmuró ella, con la voz rota.
-No quería molestarte; ves muy poco a tus padres, calabacita- su corazón se encogió al escuchar el apodo -no es una cosa que haga normalmente; hacía meses que no tomaba esa mierda, y...
-Se puede decir no, Edward- le dijo, muy seria.
-Bella; comprendo que estés enfadada... pero...- esta lo cortó.
-Hablaremos cuando llegue allí- le dijo ella, seria; no quería que su discusión le amargara los días que le quedaban con Amy. Y era una cosa que no podían discutir por teléfono.
-Por favor, Bella- le rogó él -sé que tienes todo el derecho de estar enfadada- se calló unos segundos -pero no saques conclusiones precipitadas- le rogó.
-Lo hablaremos, Edward- fue lo único que acertó a decir.
Después de unos minutos más, en el que al menos, accedió a mandarle mensajes para hacerle saber que estaba bien, cortó la comunicación. El teléfono tembló en sus manos antes de cayera encima de la cama... no podía creer que la pesadilla que había sido su vida en los últimos años volviera a perseguirla.
Pero ahora tenía que hacer un esfuerzo por sus padres, y aparentar que no había pasado nada; no quería preocuparles... iban a ser tres días muy largos.
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Después de pasar el resto de las vacaciones por Acción de Gracias poniendo buena fachada cara al exterior, y con su corazón desquebrajándose por momentos, Bella giró lentamente la llave y abrió la puerta de su pequeño apartamento liliputiense. No había hablado con Edward más que para decirle que no fuera a buscarla al aeropuerto, alegando que no quería revolucionar a la prensa, pero sí que se habían mantenido en contacto por escuetos mensajes.
Sin molestarse en dejar la maleta en su dormitorio, se dejó caer encima del sofá, tapándose la cara con las manos y por fin, dando rienda suelta a sus lágrimas. Aunque sus padres habían visto las imágenes en la televisión, con la ayuda de Ángela consiguió tranquilizarles, quitándole importancia al hecho. Por suerte para ella, no estudiaron las instantáneas de manera concienzuda, por lo que no se percataron de sus ojos dilatados.
Ben y su amiga la llevaron al aeropuerto, y aunque le había prometido a su amiga que no tomaría decisiones precipitadas, no tenía fuerzas y ánimo para enfrentarse a él. Estaba hundida, era como si a su corazón, lleno de cicatrices de por vida, le hubieran clavado una flecha ardiendo. Había tenido la oportunidad de hablar con Rosalie mientras estaba en Forks, ya que apenas tuvo ánimo para moverse de casa de sus padres, y le repitió lo mismo que Ángela: que hablara con él.
Pero la suerte debía estar en su contra, porque el timbre de la puerta principal sonó tres veces; al principio no se movió, pero la voz de Edward, desde fuera, hizo que tuviera que abrirle; lo último que necesitaba es que los vecinos se quejaran, o que la prensa se presentara allí, alertando de la presencia del cantante.
Al abrir se encontró cara a cara con su novio, ataviado con una sudadera marrón, una camiseta blanca y sus inseparables vaqueros y converse negras. No llevaba puestas las gafas de sol, y Bella se fijo en las ojeras que rodeaban sus ojos, y su cara cansada... al igual que ella, que llevaba tres noches sin apenas pegar ojo.
-Hola- fue el cescueto saludo que le dedicó este -¿puedo pasar?- ella se hizo a un lado, y rápidamente cerró la puerta.
-Acabo de llegar- musitó ella, mordiéndose el labio, a la vez que se quitaba la chaqueta y se sentaba en el sofá.
-Lo sé- Bella arqueó una ceja -llevo media hora esperándote, en mi coche- tomó asiento a su lado -¿sigues enfadada?- no fue una pregunta, pero ella respondió igual, con un leve asentimiento de cabeza.
-No entiendo porque no me llamaste- negó ella, con la cabeza -podría haberte escuchado, y haber evitado que llegaras a eso- los recuerdos golpeaban su mente una y otra vez, reviviendo en su cabeza todas las veces que le había pedido a su hermano que se dejara ayudar, que ella le escucharía.
-No quería amargarte; ves muy poco a tus padres- le repitió las palabras del otro día, cabizbajo.
-¿Consumes a menudo?- la pregunta fue directa, e hizo que el cobrizo abriese los ojos, sorprendido y dolido.
-¡No!- exclamó -tienes que creerme, calabacita- le suplicó -no consumo con frecuencia; hacía muchos meses que no lo hacía.
-¿Por qué lo hiciste?- las lágrimas corrían por sus mejillas, ya sin control alguno.
-En ese momento no lo pensé- negó este con la cabeza, y su voz triste -la discusión con mis padres me sacó de mis casillas...- suspiró frustrado -comprendo tu enfado y tu decepción, cariño- la tomó de la mano, acariciándola con suavidad -no pensé que esto te afectaría tanto- se dio de golpes para sus adentros; su chica no merecía llorar por él, y más por una cosa que podía haber evitado perfectamente.
-No puedo con ello- susurró ella, apartando su mano, ya que su toque hacía que no pensara con claridad.
-Bella- suplicó, angustiado -te juro que no volverá a ocurrir.
-¿Quién dice que cada vez que tengas un problema, no caerás de nuevo?- le reclamó ella; Edward tragó en seco al ver sus ojos marrones relampaguear de pura furia.
-Tienes que creerme- contestó él -jamás te haría daño, Bella...- se pasó una mano por el pelo, a la vez que se levantaba -todos cometemos errores, y sé que no tengo excusa... pero te prometo que no volverá a repetirse.
Pero el cerebro de la castaña se negó a procesar sus disculpas y promesas; Riley también había hecho ese juramento miles de veces... y de nada sirvió. Sí, le amaba, más de lo que había amado en su vida a alguien... pero había cosas que ni el amor podía arreglar; y una de ellas, era volver a vivir ese infierno. Ese caparazón de desesperanza y tristeza volvió a cernirse sobre ella.
-No puedo- negó ella, lentamente con la cabeza -no puedo estar contigo, y estar pensando constantemente en si lo has hecho o no de nuevo- los ojos verdes del cantante se abrieron, horrorizados.
-Por favor, Bella... no nos hagas esto- le suplicó, agachándose a su altura e intentado coger sus manos entre las suyas, pero cuando ella las apartó, fue una daga directa a su corazón -no soy un drogadicto, que necesita esa mierda para vivir.
-¡No puedo volver a soportar ese infierno!- gritó ella, muy nerviosa, cosa que hizo que el joven frunciera el ceño, ya que no entendía nada; pero el tono de voz alto y furioso le sacó de sus casillas.
-¡No puedes perdonar una mierda de error!- le devolvió los gritos, levantándose -¿de qué diablos estás hablando, de que no puedes volver a pasar por eso?
-Ahora ya no importa- negó ella con la cabeza; el dolor y la rabia de lo que había hecho Edward, junto con los recuerdos del pasado, la cegaron de tal manera, que no quería saber nada -márchate, por favor.
-¿Eso es lo que quieres?- inquirió él, muy serio; no podía creer lo que Bella le estaba pidiendo; al ver que no soltaba palabra alguna por sus labios, eso fue lo que hizo.
Pegó tal portazo que las paredes vibraron; Bella se quedó parada, todavía sentada en el sofá y con su cabeza entre sus manos... incapaz de hilar un pensamiento coherente, no se dio cuenta de la magnitud del error que acababa de cometer.
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El lunes que siguió a las celebraciones de Acción de Gracias, el estudio estaba sumido en una relativa y tensa calma. Alice y Rose llevaban una hora hablando con Bella en la cocina, a la vez que Jake, Sam y Jasper daban los últimos retoques a una de las nuevas canciones, que el grupo grabaría cuando regresaran del último tramo de la gira antes de navidades. Pero ninguno de los tres podía concentrarse.
-¿Qué habrá pasado?- meditó Sam en voz alta, confuso, a la vez que miraba el móvil, ya que su amigo le había dejado con la palabra en la boca, cortando la llamada y aludiendo que no aparecería por el estudio esos tres días, y que les vería el jueves a primera hora de la mañana en el aeropuerto. Su primo permanecía de brazos cruzados, y Jasper negaba con la cabeza; menos mal que durante esos días no había grabación.
-Parece que la salida de Eddie en Acción de Gracias no le ha sentado nada bien a Bella- habló el rubio. Todos se habían preocupado cuando vieron la cara pálida y triste de la castaña, y más cuando simplemente les dijo que Edward y ella habían discutido.
-Lo que no le sentaría bien es que viera lo puesto que estaba de coca- resopló Sam.
-Llevaba meses sin consumir- siguió relatando Jasper -¿qué coño habrá pasado?
-No iba tan puesto, sino no habría podido dar ni tres pasos seguidos- contradijo Jake, sin poder creer que su amigo pudiera haber hecho algo así. Bella no había querido hablar con ellos, pero cuando vio aparecer a Rosalie se echó en sus brazos, llorando desconsolada.
-Es igual que no fuera tan colocado- tomó ahora la palabra Sam -es lógico que Bella esté cabreada- la conversación se vio interrumpida cuando Alice hizo su aparición en el estudio, tomando asiento al lado de su marido.
-¿Cómo está?- le preguntó Jake; aunque les hubiera dejado el camino libre, Bella seguía siendo su amiga, y le preocupaba.
-Sabía que algo así pasaría- siseó Alice -Rose y yo hemos conseguido que no deje el trabajo y vuelva a su casa.
-Aly- llamó la atención su marido, recordándola la conversación de Vancouver.
-Dice que lleva todo el día intentando hablar con Edward, pero no quiere hablar con ella- les contó -anoche debieron discutir, y ambos perdieron los estribos.
-Por dios- se frotó el rostro Sam -él tozudo, y ella a veces, más.
-Rosalie se la ha llevado a casa, y se quedará para asegurarse de que cena algo y descansa un poco- siguió explicando la morena -es curioso, pero Rose parecía saber, sin apenas haber hablado con ella, lo que exactamente había ocurrido- la mente de Jake comenzó a atar cabos, pero permanecía en silencio -Bella decía algo así como que no podía soportar ese infierno de nuevo.
-¿No sabes a que se refería?- interrogó su marido.
-Me voy- Jake se puso de pie de un salto; tenía ligeras sospechas, pero iba a hacer que uno de los dos hablara.
-¿A dónde vas?... tú sabes algo- le reclamó su primo, mirándole con los brazos cruzados.
-Bella me lo contó hace un tiempo- les dijo, mientras se ponía su chaqueta de cuero y buscaba el casco de su moto y las gafas de sol.
-¿No nos vas a decir nada?- exclamó Alice, con una mueca. Jake suspiró, negando con la cabeza.
-Es algo que os debe contar ella- les dijo, sintiéndolo -solo voy a ver a ver a Edward- disimuló lo mejor que pudo, pero iba más que dispuesto a cantarle las cuarenta.
-Casi que mejor cerramos por hoy- suspiró Jasper, pasándose las manos por el pelo -los arreglos de las canciones van por buen camino, así que creo que podemos tomarnos unas horas de descanso.
-Será lo mejor- aprobó Sam -aprovecharé para ir a darle una sorpesa a Emily- les dijo, levantándose de su asiento.
Después de que todos se despidieran, Jake puso en marcha su moto, atravesando las calles de Los Ángeles a una velocidad poco recomendable; por suerte, no le paró ningún policía, y en poco menos de veinticinco minutos estaba llamando al timbre de la casa de su amigo. Por unos segundos se temió que hubiera cambiado el código de seguridad de la cancela principal, pero por suerte no fue así.
Al abrir se encontró con la cara preocupada de Carmen, que lo recibió soltando un suspiro de alivio... y la bola de pelos negra y blanca, que nada más verle, se puso a ladrar como un loco. Conteniendo las ganas de darle un puntapié, saludó a la buena mujer.
-Gracias a dios, Jake- respiró ella aliviada, dejándolo entrar.
-Hola Carmen, ¿cómo está?- inquirió preocupado, mientras cerraba la puerta.
-Lleva todo el día encerrado en su estudio- le contó -en ocasiones he oído algunos gritos, pero hace un rato que está en silencio; no me ha dejado entrar.
-¿Y Amy?- frunció el ceño, a la vez que ambos echaron a andar hacia la cocina -pensé que estos días estaba con él.
-Ha hablado con la señora Tanya, y la niña ahora está con su madre- se encogió ella de hombros -ni siquiera ha salido del estudio para sacar al perro, ha tenido que hacerlo mi marido- le explicó, señalando al animal.
-Joder- se frotó la cara.
-Estaba a punto de llamarte a ti, o a Sam- le explicó esta, secándose las manos con un trapo -no quiero dejarle solo en esas condiciones... pero mi marido y mis hijos me esperan en casa.
-Vete tranquila, yo me quedo con él- la instó Jake, quitándose la chaqueta y dejando el casco encima de la mesa del comedor de diario, para después abrir la puerta de acceso al jardín y permitir que Baxter pudiera salir a corretear.
-He preparado lasaña- le dijo esta, señalando el frigorífico -también hay filetes, y todo lo necesario para preparar una ensalada.
-Te acompaño a la puerta- le ofreció el joven.
-Intenta que coma algo, Jake- suspiró ella, agarrando el asa de su bolso; Edward era como un hijo para Carmen, y no recordaba haberlo visto así en mucho tiempo.
-Haré lo que pueda- se despidió de ella con una pequeña sonrisa.
Con paso lento volvió a la cocina; Carmen también había dejado café hecho, y mucho se temía que Edward iba a necesitar unas cuantas tazas. Después de servirse una él mismo, mientras lo tomaba llamó a su casa, avisando a su padre de que, lo más seguro, no pasaría allí la noche, y que no se preocupara.
Una vez terminó la taza, con paso decidió se dirigió al pequeño estudio de Edward; subió las escaleras raudo, asegurándose primero de que no estaba en su dormitorio, pero la cama estaba hecha, y parecía que por esa habitación no había pasado nadie en horas. Avanzó por el pasillo, hasta que llegó a la puerta del estudio; estaba insonorizado, de modo que por mucho que pegara la oreja a la puerta, no iba escuchar nada. Con cautela se dispuso a abrir, pero se la encontró con el seguro puesto.
Jurando para sus adentros, no le quedó otro remedio que pegarle una tremenda patada; ya le pagaría la reparación a su amigo. Se lo encontró tumbado poca abajo en el sofá, rodeado de papeles, y ni con el estruendo de la puerta se había despertado; a los pies del sofá, dos botellas de vodka completamente vacías, y un cenicero repleto de colillas. El olor del tabaco y el alcohol se asemejaba al que podía haber en cualquier tugurio... así que lo primero que hizo fue subir la persiana y abrir la ventana de par en par.
Edward estaba completamente noqueado, porque no se molestó en ser silencioso; no sabía que es lo que había pasado, pero verle en ese estado le causó una tremenda impresión. Con mucho cuidado fue tomando los papeles, para apilarlos y dejarlos en una de las estanterías. La mayoría de ellos estaban llenos de tachones; les echó una ojeada, y vio que eran las composiciones de Edward... pero ahora esa no era la prioridad.
Cuando la mayoría de los papeles desaparecieron del suelo, se dio ánimo así mismo, y con precaución, pero de manera firme, zarandeó al cobrizo.
-Edward...- le llamó en voz alta, pero lo único que consiguió fue que este se revolviera, sin ni siquiera abrir los ojos -Edward- volvió a insistir. Al no obtener movimiento alguno esta vez, dio una pequeña patada a uno de los cojines del sofá -¡Edward!- chilló; su amigo se despertó sobresaltado, pegando un pequeño bote por el susto.
-¡Dije que quería estar solo!- bramó, con la voz pastosa y amortiguada por el cojín en el que estaba hundiendo su cara.
-Estás metido en un lío, tío- al oír la voz de Jake levantó la cabeza, y con mucha dificultad intentó incorporarse, pero el vodka todavía seguía haciendo de las suyas en su cerebro.
-¿Metido en un lío?- recitó con voz pastosa, a la vez que reía sin ganas -la gente merecemos que nos escuchen, y no que a la primera de cambio nos den una patada- Jake lo escuchaba en completo silencio, con los brazos cruzados; aunque se notaba a leguas que todavía estaba bebido, su voz estaba impregnada de dolor -¿qué estás haciendo aquí?- le reclamó, mirándole extrañado.
-He venido a ver como estabas- le aclaró su amigo, tomando asiento a su lado -pero no estás en condiciones de hablar.
-El vodka es lo que tiene- medió gruñó, pasándose una mano por el pelo, y luego por la cara.
-¿Por qué no vas a darte una ducha?- sugirió Jake -Carmen ha dejado café hecho.
Edward suspiró, antes de asentir y levantarse del sofá con la ayuda de Jake, y perderse por la puerta del dormitorio arrastrando sus pies. Tiró la ropa de cualquier manera en el suelo de su habitación, y una vez estuvo bajo la ducha, el agua fría consiguió despejarle, aunque el dolor de cabeza que tendría al día siguiente sería considerable.
Cuando cambió el agua fría por caliente, apoyó las dos manos en los azulejos de la pared, cerrando los ojos y dejando que el líquido golpeara en sus agarrotados músculos. No podía creer como en cuestión de horas, su relación con Bella había dado un giro inesperado. No llevaba unas horas separado de ella y le dolía como nunca antes lo había hecho.
Y por primera vez, sus ojos se aguaron, y sus lágrimas se mezclaron con el agua que bajaba por su cara; era irónico que él, acostumbrado como estaba a terminar relaciones prácticamente antes de que hubieran empezado, estuviera así por una mujer. Pero su calabacita había hecho algo en él, y eso era lo que más le dolía.
Por primera vez en años, había encontrado a una chica que compartía sus gustos, que adoraba las cosas sencillas aunque él pudiera darle todos los lujos y regalos extravagantes... que quería a su hija tanto como a él, y no le importaba compartirle con Amy. Ella le tranquilizaba, ella podía hacer que su carácter se calmara con un simple toque. Era divertida, irónica, verla sonreír era como un regalo para él...
-¡Joder!- la rabia volvió a bullir por sus venas, y sin poder controlar el impulso, dio un fuerte puñetazo a la pared; sus nudillos ardían como si estuvieran en carne viva, pero no le importó; ese dolor era insignificante al que sentía en su interior. Cuando se dio cuenta de que su piel se estaba arrugando, salió de la ducha y se vistió; casi se había olvidado de que Jake estaba en la cocina esperándole, y allí encontró a su amigo, sentado en una banqueta, en la isleta central.
-¿Estás mejor?- interrogó Jake.
-No, pero que importa- se encogió de hombros; cuando tomó asiento en otra de las altas banquetas, este le puso una taza de café caliente y bien cargada -gracias- suspiró, buscando el paquete de tabaco en su bolsillo y buscando un cenicero con la mirada.
-¿Por qué lo hiciste, Edward?- meneó la cabeza el moreno, todavía sin encontrar ninguna explicación.
-Durante la cena de Acción de Gracias, tuve una fuerte discusión con mis padres- le empezó a relatar, con la cabeza gacha y tomando un sorbo de la caliente bebida -después me marché, y terminé en el Viper Room; allí me encontré con Garrett, y...- dejó la frase inconclusa, a la vez que aspiraba el cigarrillo.
-Garrett, por supuesto- rodó los ojos Jake; todos le conocían, y era un personaje nada recomendable -¿por qué aceptaste esa raya?
-No lo pensé- negó este, cabizbajo -tienes que creerme, llevaba mese sin tomar esa mierda.
-Todos cometemos errores- habló ahora Jake -todos nosotros hemos sucumbido alguna vez a la tentación- rememoró la época alocada del grupo.
-Pero para la señorita perfección- siseó el cobrizo -no está permitido cometer un error.
-Haré como que no he escuchado esa última frase- contestó el moreno; sabía que Edward lo estaba pasando muy mal -Edward- lo llamó para que lo encarase -tienes que comprender que, para Bella, ese tipo de errores son imperdonables- este lo miró sin entender -después de todo lo que pasó con su hermano, es lógico que no...- su verborrea se vio interrumpida.
-¿Con su hermano?- le preguntó, frunciendo el ceño -¿de qué mierda estás hablando?- los ojos negros de su amigo se abrieron, debido a la sorpresa.
-¿No te lo ha contado?- preguntó, incrédulo; era una pequeña posibilidad que barajaba, pero dado que la relación iba viento en popa, prácticamente había dado por hecho que Bella se lo había dicho.
-Contarme.. ¿qué?- le reclamó; Jake tomó aire, antes de hablar.
-Estaba enganchado a la cocaína- el rostro del cantante palideció, comprendiendo ese "no puedo volver a pasar por ese infierno" que salió de los labios de Bella -la noche que falleció, en ese accidente de tráfico, su hermano estaba drogado hasta las cejas- negó con la cabeza, suspirando triste -él provocó el accidente, y mató a una familia entera.
-¿Cómo dices?- los oídos de Edward no daban crédito a lo que le estaba contado su amigo; ahora estaba bien despierto, y para su desgracia, estaba entendiendo la actitud distante de su chica desde que vio las imágenes en televisión -mierda- susurró, llevando ambas manos a su pelo, tirando de las hebras cobrizas.
-¿No te ha contado nada?- Jake seguía sin creerse lo que estaba escuchando y viendo.
-A la vista está que no- siseó, rabioso -¿crees que si lo hubiera sabido, le hubiera hecho ese daño?- le espetó, levantándose del taburete y dando vueltas como un loco por la estancia.
-Le cuesta mucho hablar del tema- le dijo este.
-¿No me digas?- contestó, mordaz -llevo todo este puto tiempo animándola a que confíe en mi... ¡y ya veo que eso, conmigo, no puede ser!- gritó, cabreado.
-Tienes que entenderlo; es un capítulo muy doloroso de su vida- Jake decidió seguir contándole; se dijo a sí mismo que de perdidos, al río -su familia tiene problemas económicos serios; sus padres tuvieron que hipotecar su casa, para poder hacer frente a la indemnización,y ella paga un préstamo de una cantidad considerable.
-De ahí viene la depresión de su padre- empezó a decir Edward, atando cabos -por eso vive en ese agujero... por eso apenas se compra nada para ella- ahora entendía muchas cosas, y ella no había tenido la suficiente confianza para contárselo; comprendía el infierno que había vivido esa familia, pero él la podría haber ayudado; sabía que ella no iba tras él por su dinero, y si ella se lo hubiera pedido, habría liquidado todas esas deudas -¿por qué no me lo dijo?- seguía repitiendo, cual mantra doloroso.
-Creo que los dos necesitáis mantener una buena charla- suspiró Jake.
-Ella me lo dejó muy claro- recordó Edward, muy serio -ella me pidió que me marchara- susurró, dolido -sé que no tengo excusa para lo que hice... si yo hubiera sabido todo esto... yo no- dejó la frase inconclusa.
-Lo sé- le dio la razón su amigo -por eso me parecía raro- el cantante lo miró sin entender -la quieres demasiado... y sé que si lo hubieras sabido, no lo habrías hecho.
-Pero ahora ya no importa- murmuró él, apoyando ambas manos en la encimera de mármol negro -está más que claro que no confía en mi- siguió murmurando, dolido -nunca confió...
Jake se levantó, dándole una pequeña palmada en el hombro y saliendo al jardín unos minutos. Sabía que su amigo necesitaba estar solo, así que después de advertirle que estaría fuera, se acomodó en el amplio sofá, mirando el anochecer de Los Ángeles, y preguntándose como iba a abordar su amigo las recientes noticias; pero cuando escuchó lo que parecía ser una taza estrellarse contra el suelo, supo que la situación estaba demasiado complicada.
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Los días siguientes fueron un suplicio para la joven castaña; Edward no contestaba al teléfono, y si sabía algo de él, era a través de Jake o Sam. El estudio estaba sumido en el silencio, ya que los chicos no tenían grabaciones esos días, y en verdad necesitaban un respiro.
Sabía que el orgullo y el carácter de Edward le impedirían hablar con él en unos días; aunque estuviera dolida por lo que había pasado, como bien le dijo Rose, era consciente de que tenía que haberle hablado de Riley, y de lo que realmente pasó. Pero por una vez en su vida era feliz, sin tener que revivir esa pesadilla una y otra vez.
Ahora que pensaba las cosas en frío, se daba cuenta de su error. Puede que eso no justificara lo que había hecho Edward, pero tanto Rose como Ángela no cesaban de repetirle que si él lo hubiese sabido, no lo habría hecho.
El jueves, cuando le vio aparecer por el aeropuerto, apenas la miró, y por supuesto, no le dirigió la palabra; se preocupó cuando vio los nudillos de su mano izquierda cubiertos con una especie de apósito, pero cuando le quiso preguntar, este se apartó de su lado como si quemara. Ese gesto fue una cuchillada directa a su corazón... y jadeó cuando Alice le confirmó, ya en el avión, que le había pedido que no emitiera comunicado alguno con respecto a su relación.
Llegaron a Miami a la hora de la cena; el grupo se reunió para cenar, pero él se encerró en su habitación, aludiendo que recurriría al servicio de habitaciones. Jake y el resto intentaron animarla, y a la mañana siguiente, aprovechando la buena temperatura que hacía en la ciudad, fue con Alice y Jasper a dar un paseo por la famosa playa de South Beach, incluso pudieron descalzarse y dejar que las pequeñas olas mojaran sus pies.
Su corazón se encogió dolorosamente al recordar los paseos que compartía la pareja, ya fuera solos o en compañía de Baxter; el matrimonio Withlock le hablaba constantemente, en un intento de animarla, y a veces conseguían que contestara, pero la tristeza brillaba en sus ojos marrones.
A la hora de la comida, ya no le sorprendió no encontrar allí a Edward; la rueda de prensa previa al concierto había pasado sin novedad alguna, y después de eso se había vuelto a encerrar en su habitación. Salió a toda prisa del hotel, sorteando a la prensa y sin contestar una palabra a sus preguntas; montó en el coche con Sam, rumbo al Knithg Concert Hall, lugar del concierto.
Por suerte para la joven castaña, una vez allí, su jefa la mantuvo entretenida, yendo de un lado para otro, hasta que llegaron los invitados VIP. Se quedó de piedra cuando una castaña, presentadora de una de las televisiones locales, se acercó a Edward, y este prácticamente se la quitó de encima con un gruñido y dándose la vuelta, dejándola con la palabra en la boca y atendiendo a otros invitados. No estaba muy sociable, y la gente y el equipo lo miraban curiosos y extrañados.
Por fin , llegó la hora de que el concierto empezara. Jake se acercó a ella, guitarra colgada al hombro y dedicándole una sonrisa tranquilizadora.
-Hey- saludó ella, con un amago de sonrisa -¿preparado?
-Todo listo; la acústica de este lugar es inmejorable- replicó, con una sonrisa satisfecha, pero los ojos marrones de la joven no le estaban enfocando a él, sino a Edward, que con los audífonos preparados, esperaba su turno -tiene un carácter muy fuerte, chica rock- llamó su atención.
-Yo solo quiero arreglar las cosas- susurró ella, negando con pena y los ojos vidriosos; Jake la escuchaba con atención -puede que me pasara el otro día, pidiéndole que se marchara, pero jamás pensé que...- dejó la frase inconclusa, ya que vio como el cobrizo se acercaba a su posición.
-¿Interrumpo?- se medio burló, taladrando con la mirada a la joven.
-Os dejo a solas- Jake decidió retirarse; el silencio se interponía entre la pareja como si fuera una barrera infranqueable, hasta que el cantante lo rompió.
-¿Quieres asegurarte de que no salgo colocado al escenario?- le reclamó, mordaz; su aliento apestaba a cerveza, y Bella lo notó demasiado achispado.
-Edward, por favor...- le suplicó ella.
-¿Por favor, qué?- siguió reclamándole este.
-Sé que no te has metido nada- rodó los ojos -solo quiero que hablemos, y aclaremos este malentendido.
-No hay ningún malentendido que aclarar- fue la respuesta -tú misma lo dijiste... ¿quién me asegura a mi que cada vez que me de la vuelta, no volverás a hacerlo?- imitó su voz, cosa que le dolió -¿sigues sin confiar en mi, verdad?- la miró directamente a los ojos, y Bella ahogó un jadeo; nunca, ni en la época en la que se conocieron, la habían mirado con esa frialdad.
-Eso no es así...- la risa burlona de este hizo que callara.
-¿Ah, no?- por mucho que le doliera la poca confianza que tenía en su persona, no sería él quien mencionara a Riley. Le había prometido a su amigo que no lo haría... y por más que hubiera pasado entre ellos, la amaba demasiado como para infringirle tal dolor, y quería que saliera de ella... pero él también estaba dolido -que disfrutes del show- la dejó con la palabra en la boca, para encaminarse hacia la parte trasera de la batería de Emmett.
Las lagrimas volvieron a aparecer en los ojos de la joven; no sabía que hacer o decir para poder abordarle; Alice y Sam le aconsejaron que le diera un poco de espacio durante algunos días, y que poco a poco, fuera abordándolo. Tenía que decirle muchas cosas, entre ellas hablar con franqueza de lo que le había pasado a su hermano. Los nervios la traicionaron en su casa la noche del domingo, echándole de esa manera... pero estaba tan asustada y abrumada por los horribles recuerdos que su mente se cerró.
El repertorio siguió su línea original, y en esta ocasión, no cambiaron ninguna canción; ni siquiera se dignó a mirarla en la mayoría del recital, y eso le causó una pena enorme. No podía creer que echara de menos esos pequeños y puede que irrisorios detalles... pero así era.
Alice, a su lado, permanecía muy seria; se dio cuenta de que Emmett y Jake fruncían ligeramente el ceño cada vez que finalizaba un tema y Edward tomaba un sorbo de algo que no parecía ser agua. No estaba completamente borracho, pero se notaba que no estaba bien del todo... y un escalofrío recorrió la espalda de Bella cuando, en una de las canciones, sí que la miró fijamente, y con dolor y reproche en sus ojos...
"Disparo en el corazón
y tú eres la culpable...
das al amor un mal nombre..."
Los ojos verdes que tanto amaba no dejaban de recorrerla con la mirada, y solo por esa vez a lo largo de toda la noche, Edward si que estaba cantando para ella...
"Oh, no hay donde correr,
nadie puede salvarme...
el daño está hecho..."
-¿Qué es lo que he hecho?- musitó horrorizada, ahogando un jadeo y corriendo a refugiarse en la soledad del camerino.
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