Hola Chicas!
Soy Sara, una de las hermanas de Ali; por temas de salud, ella no ha podido dejaros antes el capítulo, así que me lo ha dejado para que al menos, os lo suba esta semana, y no tengáis que esperar unos días más.
Siente mucho no haber podido responder a los reviews esta semana, os pide disculpas por ello, pero la semana que viene ella misma estará por aquí de nuevo, y contestará a todo lo que le preguntéis. Los ha leído todos, eso os lo puedo asegurar.
Así que aquí os dejo a este par de cabezotas; espero que os guste el capítulo.
Mil besos de parte de Ali, y de la mía.
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.
Primera canción del capítulo: "This ain´t a love song" de Bon Jovi
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Segunda canción del capítulo: "It must have been love" de Roxette
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Capítulo 18: Cosas que no se pueden negar
-¿Qué te pasa, papá?- Edward volvió su cabeza, para enfocar a su hija, que lo miraba fijamente, y con una expresión seria en su rostro.
-Nada, cariño- sacudió la cabeza, saliendo de su ensimismamiento -¿has acabado los deberes?- le preguntó, sonriendo levemente.
-Solo me queda contestar a las preguntas de la clase de la señorita Brield- contestó la niña, cruzándose de brazos, cosa que hizo fruncir el ceño a su padre.
-¿Necesitas que te ayude?- le preguntó, viendo su cara de descontento.
-Odio la clase de ciencias de la señorita Brield- protestó.
-Ya lo sé- intentó disimular una sonrisa -pero eso no quita para que debas hacerlo bien, y aprobar.
-Ojalá todas las clases fueran como las clases de mates- Edward dejó lo que estaba haciendo en la cocina, para acompañarla al salón, dónde los libros de su hija estaban desparramados en la mesita baja.
-Pero no todo pueden ser números, Amy- le dijo él -estás sacando muy buenas notas en esa asignatura- observó, orgulloso.
-Bella nos lo explica mejor que nuestra profesora- se encogió de hombros -desde que Akane y yo hacemos los deberes de mates con ella, entendemos más.
Y de nuevo, la mención de ese nombre hizo que su estómago se encogiera. Bella, Bella, Bella... la echaba tanto de menos.; apenas habían hablado desde que grabó "Lie to me", ya que con Aro merodeando por el estudio, no le apetecía que su jefe metiera las narices donde no debía, y ella con Alice enferma, tenía el doble de trabajo a sus espaldas.
Un ladrido quejumbroso de Baxter le sacó de nuevo de su burbuja particular; el animal meneaba lentamente su cola, mirándole fijamente y con la lengua fuera.
-Baxter tiene hambre- habló su hija, acomodada en un cojín en el suelo y mordiendo su lápiz.
-Ya veo- suspiró -¿y tú, qué quieres cenar?; Carmen ha dejado hecho puré de patatas y guisantes salteados- le ofreció -puedo hacer filetes de pollo.
-Vale- accedió su pequeña, con una sonrisa; era tan buena, y apenas ponía pegas para nada.
La dejó que terminara su tarea, y regresó a la cocina; el perro le siguió encantado, pero después de unos minutos, Baxter decidió salir a tumbarse al jardín, ya que el cantante negó con la cabeza, diciéndole que no le iba dar un bocado extra, y que tenía su pienso donde siempre. Mientras preparaba la cena, se acordó de como su calabacita se hizo la dueña de la cocina, ese fin de semana que pasaron en su casa.
Bella jugando con Baxter; Bella preparando todo para cenar; ellos dos besándose; ellos dos envueltos en una de sus particulares charlas... mirara donde mirara, fuera en su casa o en el estudio, donde encima la veía todos los días, todo le recordaba a ella.
Sus ojos marrones detrás de esas graciosas gafas, su sonrisa, su sentido del humor... las miradas de cariño que le dedicaba a Amy... los recuerdos eran dolorosos, y todo debido a los miedos y la desconfianza. Con el paso de los días, se había dado cuenta de que su actitud no fue precisamente la correcta; pero era su carácter, y no pudo evitar sentirse como una mierda.
Su Bella no había confiado en él, y eso le había afectado mucho más de lo que había imaginado; pero él había cometido un error imperdonable. Por una parte, entendía los miedos de Bella, y de que estuviera inquieta cada vez que él saliera, o discutiera con sus padres, y terminara haciendo otra vez lo que había hecho. Jamás pudo imaginar que todo lo que había ocurrido con Riley estuviera relacionado con el tema de las drogas.
Dios... ¿qué estarían pensando los padres de Bella, después de que ella les contara acerca de su relación?; no le había preguntado si les había contado que se habían separado, pero podía imaginar al padre de la que era su novia furioso, decepcionado y triste, al igual que a Renée, a la que sí había tenido el placer de conocer, al menos vía telefónica.
-Ya he terminado, papá- Amy entró en la cocina, dando saltitos... siempre tan risueña.
-Esto estará en un minuto- le dijo, dando la vuelta a uno de los filetes antes de que se quemara -¿quieres ir poniendo la mesa?- le ofreció.
-Vale- se dirigió al aparador, donde estaban los platos; poco tiempo después la mesa estaba puesta y la comida servida, y ambos se sentaron a cenar.
-¿Por qué estás triste, papá?- Edward enfocó los ojos azules de su hija; los niños se daban cuenta de muchas cosas, más de las que los mayores se imaginaban.
-Cosas de trabajo, cariño- mintió, esforzándose por sonreír.
-Bella también está triste- le contó su hija, tomando un trozo de pan.
-¿Y tú... cómo sabes eso?- inquirió su padre -¿te lo ha dicho ella?
-Papá- rodó los ojos, en un gracioso gesto, cosa que hizo a Edward arquear una ceja -se le nota; apenas sonríe, y cuando hacemos juntas los deberes de mates, a veces suspira, mirando a la pared.
-Ya- fue la inteligente respuesta del cobrizo.
-Seguro que es por algún chico- seguía relatando Amy; Edward por poco se atraganta con el agua que estaba bebiendo -A Sally le gusta Tom, pero él no le hace caso- Sally era una de las compañeras de Akane y Amy -se pasa toda la clase suspirando, y muchas veces está triste.
-Amy, sois muy pequeñas para todo ese tema de los chicos- Edward se revolvió incómodo en su asiento; nunca pensó que tendría que lidiar con este tema hasta que su hija tuviera, al menos, veinte años.
-Tranquilo papá, yo paso de ellos... todos son iguales- se encogió de hombros.
-¿Quién te ha dicho eso?- interrogó.
-La tía Rose- contestó, masticando los guisantes -dice que pase de ellos.
-Tía Rose tiene mucha razón- rió divertido, haciendo una nota mental para darle las gracias por aconsejar tan bien a su pequeña -se va a enfriar- le señaló el plato.
Después de que Amy le relatara mil cosas, entre ellas la obra de teatro que representarían en la función de Navidad del colegio, teminaron de cenar. Entre los dos recogieron la mesa y pusieron el lavavajillas, y una vez que Edward acostó a Amy, ya que al día siguiente había colegio, se sirvió una taza de café bien cargado y se acomodó en la terraza, mirando la inmensidad del mar.
El negro cielo de la noche se fundía con el agua, haciendo que todo se viera como un manto oscuro; así se sentía su casa sin Bella, vacía y oscura. Ahora porque su hija estaba con él, pero el panorana que se avecinaba en navidades no era, para nada, halagüeño. Amy las pasaría integramente con su ex mujer, y a él solo le quedaban sus padres... y después del episodio de Acción de Gracias, sabía que sería un encuentro tenso y forzado.
Tenía pensado, ya que su hija iba a pasar esas fechas con su madre, pedirle a Bella que le dejara acompañarla a Forks, y poder conocer al matrimonio Swan; pero ahora, todos esos planes se habían ido directamente al garete; se había imaginado muchas veces en su casa, o en cualquier lugar, con Amy y Bella, siendo una verdadera familia, saliendo a pasear con sus chicas... tener a alguien en quien apoyarse, que soportara su complicado carácter; alguien a quien aferrarse y querer... eso era lo que la joven castaña había conseguido, que volviera a ilusionarse, y a enamorarse.
Bella, Bella, Bella... todo le recordaba a ella; sus labios picaban inquietos y demandantes, deseosos de volver a sentir el tacto cálido y suave de esa boca rosada y pequeñita; cada vez que la tenía en frente, sus dedos se asemajaban a imanes, ya que lo único que querían era acariciar una y otra vez esa piél casi translúcida que le llamaba a gritos; quería sentir sus pequeños, juguetones y helados dedos en su nuca, jugando con su pelo y sus pendientes. La quería a ella, y tumbarla lentamente en una cama, demostrarle cuanto le importaba y la quería, y estar lo más cerca de ella que sus cuerpos les permitieran...
Apagando la luz de la terraza y del salón, subió con paso lento a su estudio; ella ya no estaba a su lado, pero seguía siendo su inspiración para componer. Dejando la puerta entreabierta, por si su hija le llamaba, tomó uno de los arrugados papeles que había desechado hace unos días, y sin que el mismo se lo propusiera, empezó a escribir como un loco; todas las chicas del grupo, como los miembros de la banda llamaban a sus parejas, tenían una canción compuesta expresamente para ellas. Si su ex mujer la tenía, la chica que más quería también tendría una.
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Los días ajetrados y alegres de diciembre, precedentes de esas fechas tan señaladas, se tradujeron en un cúmulo de tareas a realizar por parte de Isabella Swan. Mientras la banda seguía sumida en las grabaciones a contrareloj del recopilatorio, decenas de contratos y apariciones estelares del grupo eran negociadas, firmadas y cerradas.
Entre los asuntos que resolvió esos días, estaba la aparición en un conocido Late Nigth en la televisión japonesa que había surgido a última hora; en tierras niponas el grupo tocaba dos noches en Tokio y una en Yokohama, la segunda ciudad más grande del país. También se había acordado la participación del grupo en el especial de San Valentín que el canal musical de televisión VH1 estaba preparando; entrevistas, una actuación estelar en la siguiente edición de "American Idol", cuya nueva temporada se estrenaba en febrero... todo ese papeleo ya estaba en manos de Lupe, después de que Alice le diera carta blanca para negociar las cantidades que percibirían los miembros de la banda.
Estaba halagada por esa confianza que tanto Alice como Aro habían depositado en ella; eso le daba fuerzas para intentar estar animada; pero ver a Edward todos los días, que apenas pudieran hablar, solo hacía que cada día, sus fuerzas minaran un poco más. Finalmente, hace tan solo un par de días, les había tenido que decir a sus padres que Edward y ella no pasaban por su mejor momento.
Renée no dijo nada; Bella sabía que su madre estaba al tanto de los cotilleos, y de algo se habría enterado, eso lo daba por descontado, ya que las revistas se preguntaban donde estaba la castaña misteriosa. Pero Renée Swan, siendo como era, estaría esperando que llegara a casa, al igual que Ángela; su amiga se merecía un momumento, ya que iban a charla por Skype al día, soportando sus lágrimas y lamentaciones.
-Hey, chica rock- Bella levantó la cabeza, topándose con Emmett y Sam.
-Hola chicos- saludó ella, con una pequeña sonrisa -¿ya es hora de ir a Staples Center?- les preguntó, mirando el reloj; el especial de Navidad de la MTV se grababa en el mítico estadio, por lo que era algo parecido a un macro concierto. Su mente esbozó una sonrisa triste, recordando el día que conoció a Edward, en ese mismo lugar.
-Todavía tenemos dos horas hora- le dijo Sam, sentándose a su lado -¿cómo estás?- le preguntó, con verdadera preocupación en su rostro.
-Bien- sonrió ella, sin apenas ánimo -tengo ganas de ir a casa, y descansar.
-Es lógico- tomó ahora la palabra Emmett.
-¿Y vosotros, dónde pasaréis las navidades?
-Yo en casa, con Emily, Jake, el tío Bill...- enumeró -en familia, tranquilos.
-Rose y yo reunimos a nuestros respectivos padres y a Demetri en nuestra casa para cenar en Nochebuena.
-¿Quién es Demetri?- interrogó, frunciendo el ceño.
-Mi cuñado- sonrió el batería -el hermano de Rosie; es personal shopper, o como quiera que se llame eso.
-Esa familia ha nacido con el gen de la moda en su cuerpo- rió divertido Sam.
-Y para fin de año, nos vamos de viaje a Thailandia; recibiremos el nuevo año en Ko Samui- esbozó una sonrisa.
-Que envidia- suspiró Bella -recibir el fin de año, perdidos en una playa thailandesa...- no se dio cuenta de que Edward había entrado en la oficina, y permanecía apoyado en el marco de la puerta.
-Buenos días, tío- saludó Sam, poniéndose de pie.
-Hola- respondió al saludo, mirando a sus compañeros -hola, Bella- también se dirigió a ella, ofreciéndole una sonrisa, que esta correspondió, pero con los ojos tristes.
-Nosotros vamos a buscar a Jasper y Jake; seguro que mi primo tiene la nariz metida en el frigorífico- exclamó Sam, haciéndole un gesto al batería, para poder dejar a la pareja un poco de intimidad.
El silencio se adueñó del ambiente; Edward miraba a su calabacita, que incómoda y azorada, intentaba sacar algún tema de conversación.
-Ayer fue la función, en el colegio de Amy- habló de repente Edward.
-Es verdad- exclamó ella -¿qué tal fue?- interrogó, con una pequeña sonrisa -nos hemos pasado días ensayando el papel- le dijo, con una risilla.
-Hey- exclamó, con falsa molestia -yo también tuve mi parte de ración de ensayos en casa- se sentó en el sofá, y se sorprendió gratamente cuando ella se levantó de su silla, tomando asiento a su lado.
-Déjame adivinar- Bella esbozó una graciosa mueca pensativa -tú hiciste la parte de Ebenezer Scrooge- se burló, dándole un codazo; la obra era una adaptación para niños del famoso "Cuento de Navidad" de Charles Dickens -el papel de gruñón te va que ni pintado- bromeó, arrancando, después de muchos días, esa sonrisa torcida que tanto había extrañado.
-No soy gruñón- contradijo -¿quieres ver fotos?- le ofreció; Bella asintió enérgicamente con la cabeza, a la vez que Edward sacaba su móvil, y buscaba las de la representación. Se lo tendió a Bella, que admiró lo guapas que estaban Amy y Akane. La hija de Edward representaba al espíritu de las navidades pasadas, e iba vestida con una túnica blanca y una corona de flores sobre su cabeza. Akane interpretaba a la esposa de Bob Cratchit, el empleado de Ebenezer Scrooge.
Poco a poco, fue tomándose su tiempo para admirar las distintas instantáneas; pero se le formó un nudo en la garganta cuando las fotografías de la funciòn se acabaron, y dieron paso a imágenes de la pareja. San Francisco, Detroit, Memphis...sonriendo, felices y enamorados; hizo un soberano esfuerzo por contener la lágrimas, mientras le devolvía el teléfono a Edward.
-No las has borrado- susurró, con nostalgia y pena en su voz.
-No podría hacerlo- su respuesta la dejó noqueada; él mismo se puso a mirarlas, como tantas veces hacía cuando estaba solo.
-Todavía no te he dado gracias por la canción- el cobrizo levantó su vista, mirándola -"Lie to me" es preciosa- sonrió agradecido, pensando en la que acababa de terminar de escribir. Toda una declaración de amor.
-Parece que solo nos entendemos cuando canto- sonrió, negando con la cabeza.
-¿Sigues enfadado conmigo?- preguntó, temerosa.
-¿Y tú?- le devolvió la pregunta, mirándola intensamente.
-Jamás dejaré de arrepentirme, por haberte echado de esa forma de mi casa- susurró ella, tragando saliva de manera pesada.
-Y yo lamento haber actuado como un orgulloso de mierda- pasó la mano por su pelo, despeinándolo más, si era posible.
-Los dos hemos cometido errores- admitió ella.
-Muchos- le dio la razón -tenemos muchas cosas de las que hablar- apuntó.
-Aprender a confiar el uno en el otro- admitió ella -podemos hacerlo poco a poco- le ofreció, mordiéndose el labio -es decir, hablar, y reflexionar un tiempo.
Edward meditó la proposición en silencio; quería estar con ella, a su lado, y pasar todo este problema como una pareja; pero por otro lado, entendía su punto, y si quería que ella volviera a su lado, sabía que la mejor manera para Bella era esa.
-Bien, calabacita- con esfuerzo, esbozó una sonrisa -¿puedo empezar?
-Dispara- ella se acomodó en su asiento; esperaba que el tema de Riley saliera a la palestra.
-No me malinterpretes- previno, cauteloso -¿Mike te hizo algo, y eso te afecta a la hora de mantener relaciones íntimas?- Bella arqueó una ceja, no se esperaba esa pregunta.
-Los hombre y su tema estrella- meneó la cabeza de manera cómica; pero admitía que era uno de los puntos en los que él era muy paciente con ella.
-¿Sabes las veces que he tenido que contenerme?- habló ahora Edward, acercándose preligrosamente a ella; los ojos de la castaña fueron directamente a sus labios; deseaba colgarse de su cuello y besarle, pero se apartó a regañadientes.
-Siempre he sido así- empezó a relatarle ella, señalándose a si misma -al principio eso nunca le importó- rememoró -pero cuando estábamos en la universidad, empezó a cambiar- hizo una pequeña pausa -desde que estoy en Los Ángeles no me ha pasado, pero hay temporadas en las que gano un poco más de peso- Edward asintió con la cabeza -en esas épocas, había veces que no quería ni tocarme- musitó, un poco sonrojada.
-¿Hacía comentarios, acerca de tu aspecto?- le interrogó, serio; él mismo había cometido ese error, y jamás se lo perdonaría.
-No eran comentarios- le aclaró -recuerdo que muchas veces, cuando... ya sabes...- se revolvió incómoda -a veces me decía que no me quitara la parte de arriba; muchas veces, en los últimos años siempre apagaba la luz, para no fijarse en mi cuerpo- Edward negaba con la cabeza, enfadado; aguantar esos comentarios de tu pareja le parecía humillante -me acuerdo de una noche en concreto- musitó ella -era nuestro último año; habíamos acabado los exámenes del primer cuatrimestre, y no nos habíamos visto en varios días- Edward asintió, cruzándose de brazos y mirándola fijamente- rápidamente me llevó al dormitorio, y apagó la luz; intenté razonar con él, pararle los pies...- hizo una pausa, recordado.
-Bella...- la llamó Edward, para que le encarara -no te forzó, ¿verdad?- sí lo había hecho, no tenía duda de que, el día que lo tuviera cara a cara, tendría un intercambio de opiniones con él.
-No me forzó- le aclaró ella -simplemente me dijo que me dejara de palabrerías, y que me abriera de piernas- dios, se sentía patética -llegó un día que dejó de acariciarme, de hacer todas esas cosas... y todo por mi aspecto.
-¿Y pensabas que yo reaccionaría igual?- no estaba enfadado, al contario; ese tal Mike era un auténtico imbécil, y seguro que nunca sabría el daño que le hizo a Bella.
-Siempre has salido con chicas muy guapas, y despampanantes- se encogió ella de hombros -quería darte un poco de tiempo, para que te fueras acostumbrado a mi cuerpo.
-Tú también eres guapa, y despampanante- repitió sus palabras exactas -al menos para mi lo eres- ese sonrojo tan adorable apareció en las mejillas de su calabacita -si Mike te trató así, es que no te quería lo suficiente; es normal que te sientas insegura, después de todo eso.
-Después de ese episodio, le eché de mi dormitorio- seguía recordando ella -y aunque al día siguiente me pidió disculpas, ya nada fue igual. Creo que ese fue el comienzo del fin.
-Hiciste bien; yo le habría dado una patada en los huevos- siseó.
-Estuve tentada, créeme- exclamó ella, con una mueca divertida -a partir de ahí, él empezó a poner excusas, para no quedar conmigo; Mike aludía a que estaba muy ocupado con trabajos y eso- se encogió de hombros -¿recuerdas lo que te conté, en nuestra primera cita?- el cantante asintió en silencio -empezamos a ir cada uno por nuestro camino... y me di cuenta de que siempre fuimos muy distintos, y de que no compartíamos los mismos gustos, las mismas ilusiones...
-¿Mike sale con alguien?- le interrogó, con verdadera curiosidad.
-Se casó hace unos meses con Lauren, una chica de Forks que fue al instituto con nosotros- le relató ella -en el fondo, creo que era de esperar; ella tiene un cuerpo espectacular, viste más acorde al gusto de él... creo que son más afines en gustos y esas cosas- rió suavemente -a Mike le daban escalofríos cada vez que me veía embutida en sudaderas, zapatillas deportivas...
-¿Así que Mike es de esos que lleva el jersey en los hombros, atando las mangas entre sí?- sonrió divertido -siento decírtelo calabacita, pero no te veo con alguien tan pijo.
-¿Acaso tú no tienes trajes, aunque sea para ocasiones especiales?- le picó ella de vuelta.
-Tengo alguno, pero evito ponérmelos a toda costa- admitió él. Ambos rieron cómplices, hasta que ella suspiró, mirando hacia el ventanal.
-Nunca me apoyó con todo lo que pasó con Riley- musitó ella, con pena -la familia de Mike es muy influyente en Forks, y no quería verse salpicado- Edward abrió los ojos, debido a la sorpresa -cuando murió, ya no estábamos juntos, pero ni siquiera tuvo la decencia de venir a su funeral; ahí me di cuenta de que en esos sietes años, no le importé nada.
-Estúpido niñato- siseó entre dientes; no le extrañaba que Bella tuviera tantos reparos en el tema de las relaciones ínitmas... y por desgracia, sus propios antecedentes amorosos no jugaban mucho a su favor. Heidi, Gianna, Jane... ahora que lo pensaba, no entendía que había visto en ellas.
-Bella- la llamó con suavidad -yo no soy Mike- le dijo, recordando todos los esfuerzos que había hecho, para mostrarle al verdadero Edward.
-Lo sé- sonrió ella; y por una vez en muchos días, su sonrisa llegó a sus bonitos ojos marrones.
Con precaución, pasó su brazo por los hombros de ella, instándola a que se acurrucara junto a él. Dios... quería besarla, y como le cantó un día, tenerla entre sus brazos, a ser posible, para siempre. Pero después de tantos días separados, ese pequeño contacto era un paso importante para los dos. Ella suspiró satisfecha, cerrando los ojos y amoldándose a su cuerpo.
Necesitaban sentirse el uno al otro, y ellos lo sabían. Todavía quedaban muchas cosas en el tintero... pero poco a poco...
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-La cena estuvo deliciosa, mamá- Reneé estaba trasteando por la cocina recogiendo, y Bella se ofreció a echarle una mano, mientras su padre se acomodaba en el sillón, dispuesto a adueñarse de la televisión.
-Me alegra que te haya gustado; mi compañera Tricia me dio la receta- contestó, con una pequeña sonrisa -siento que este año el árbol haya estado tan vacío- dijo, con una pequeña mueca.
-Eso no tiene importancia, mamá- respondió, guardando las sobras en la nevera. Los únicos regalos que habían recibido era los que Bella había comprado en Los Ángeles; un bolso para su madre, una caña de pescar para su padre y un libro para ella. El mes de diciembre había sido duro en lo concierniente a las facturas, y no pudieron permitirse nada más.
Después de que el grupo grabara el especial de navidad, el día 21, Bella se había despedido de todos ellos, deseándoles que pasaran unas felices fiestas, y recordándoles que se encontraría con ellos en Tokio. Edward no estaba muy de acuerdo con eso de que ella viajara sola, pero entendió su punto de querer estar con sus padres un día más. No le vio desde que abandonaron Staples Center, después de la grabación, ya que se iba a recoger a su hija a casa de sus padres.
La niña estuvo con él hasta el mismo día de Nochebuena, y luego la dejó con Tanya para que Amy pasara las navidades con su madre; Edward le había contado alguna vez que su ex mujer y él se turnaban cada año, en vez de tener a la niña esos días con la maleta de un lado para otro. Sabía que Edward lo pasaba mal, y que le gustaría pasar esos días con su pequeña.
Aunque llevaban días sin verse, permanecían en contacto a diario, bien fuera por medio de mensajes o llamadas; la Nochebuena en casa de la familia Swan transcurrió tranquila, y por lo que el propio Edward le contó, la de él también; después del encontronazo con Esme en Acción de Gracias, estaba muy preocupada acerca del tema.
Dado que hablaban todas las noches, Bella le preguntó en una ocasión por que no salía, dado que estos días no había grabaciones, y él estaría solo en su casa, aburrido. La respuesta del cantante la dejó boquiabierta, ya que según él, estaba demasiado metido en sus composiciones, y no le apetecía salir de casa.
Salió de sus cavilaciones, mirando el reloj de la pared; eran apenas las siete y media de la tarde del 29 de diciembre, día en el que se emitía el especial de la MTV; dado que su madre estaba de vacaciones, sus padres saldrían con los señores Weber a tomar algo y pasear; Ben se quedaba con Kyle y Ángela vendría a ver con ella el programa... y sabía que le esperaba una gran charla.
-¿Nerviosa por algo?- le preguntó su madre, con verdadera preocupación.
-No es nada- disimuló ella.
-Hija- Renée le hizo un gesto, instándola a sentarse en una de las sillas -nunca te había visto tan abatida.
-Estoy bien- como siempre, era una mentirosa horrible, pero esperó que colara.
-Bella- su madre hizo una pequeña pausa -tus ojos están tristes, sin brillo; apenas sonríes... y si lo haces, es una especie de mueca forzada.
-Eres demasiado observadora- susurró Bella, retorciendo el paño de cocina entre sus dedos.
-¿Todo esto tiene que ver con Edward... me equivoco?- sonrió con comprensión.
-Le echo mucho de menos- soltó por fin; es cierto que ella había querido que se tomaran ese pequeño respiro, para recuperar la confianza... pero el no verle le estaba pasando factura a su estado de ánimo.
-Es lógico, hija- respondió ella, meditando unos segundos lo que iba a decir a continuación -Bella, no puedes romper una relación cada vez que haya un problema.
-Eso lo sé, mamá- rodó los ojos.
-Si tu padre y yo rompiéramos cada vez que discutimos, te aseguro que nos hubiéramos divorciado una veintena de veces- rió, negando con la cabeza -el asunto vino por esas imágenes, de Acción de Gracias... ¿verdad?
-Sí- confirmó ella -Edward discutió con sus padres esa noche, y salió a despejarse; terminó en una discoteca, y bueno...- no sabía como decirle esto a su madre; justo en ese momento sonó el timbre, y oyó como su padre saludaba a su amiga, que entró en la cocina rauda.
-Hola Renée, Belly- saludó, mientras se quitaba el abrigo.
-Llegas justo a tiempo, Ang- habló la señora Swan -estamos en medio de una charla interesante y educativa- bromeó.
-Me lo imagino- suspiró la morena -continuad- se sentó tan tranquila en otra de las sillas, esperando a que su amiga hablara.
-Esa noche, Edward consumió- habló con cautela, esperando la reacción de su madre -y yo al ver las imágenes...- negó con la cabeza.
-Ya veo- contestó Renée, sabiendo perfectamente por donde iban los tiros -¿él no suele consumir con frecuencia, verdad?
-Desde que le conozco, solo ha sido esa vez- le aclaró su hija -pero yo reaccioné muy mal, y no le dejé explicarse, y...- Ángela la cortó.
-Edward tampoco sabía nada acerca de Riley- los ojos de la señora Swan se abrieron, estupefactos.
-No digáis nada más- meditó unos instantes- puedo imaginarme el resto- conocía muy bien a su hija.
-Los dos tenemos un carácter muy fuerte, y perdimos los estribos- musitó Bella, con voz ausente.
-Como te he dicho antes, si cada pareja que discute se separa para arreglar un problema, el juzgado no ganaría para sentencias de divorcio.
-Eso es cierto- exclamó Ángela, con una pequeña sonrisa.
-¿Cómo puedo confiar en que cada vez que me de la vuelta, no lo volverá a hacer?; Riley hacía esa promesa de manera constante, y mira como terminó todo...- dejó la frase inconclusa.
-Bella- la llamó su madre -por lo que estás diciendo, Edward no tiene nada que ver con Riley- sus ojos se cristalizaron, debido a los recuerdos -¿te has planteado que quizá, Edward esté siendo sincero en ese punto?
-En verdad lo creo- no entendía como su madre era tan permisiva con este tema, después de todo el infierno que se vivió en esa casa.
-Sé lo que piensas, y comprendo tus temores- se adelantó Renée -pero hija; tu hermano consumía a diario, necesitaba la droga para vivir- rememoró pesarosa -y Edward por lo que me dices, no.
-Solo ha sido esa vez, y le creo; he pasado muchos meses junto a él, antes de empezar a salir juntos, y sé que no ha consumido, exceptuando esa ocasión.
-Entonces eso me dice que deberías darle una pequeña oportunidad, y dejar que él te lo muestre- respondió, levantándose y dando a su pequeña un apretón en el hombro -le amas, hija... y estás sufriendo por estar separada de él. Piénsalo- le aconsejó -voy a levantar a tu padre del sofá, tus padres nos estarán esperando- habló ahora en dirección a Ángela.
Después de que el matrimonio Swan se despidiera de ellas, las dos tomaron posciones en el sofá, con una taza de té en la mano, hablando hasta que empezó el especial; la morena miraba de reojo a su amiga, que tenía los ojos empañados en lágrimas mientras seguía en silencio la actuación del grupo...
"Lloré y lloré; hubo noches en
las que creí morir por ti, nena.
Intenté e intenté negar una y otra vez
que tu amor me volvía loco, cariño.
Si el amor que tuve por ti se ha ido
si el río de lágrimas que lloré
no es tan largo, entonces
estoy equivocado, estoy equivocado...
Esta no es una canción de amor..."
-Todavía no puedo creer que yo estuviera escondida detrás del escenario- susurró a su amiga; que miraba curiosa hacia una parte de la pantalla, donde supuestamente Alice y ella siguieron la actuación.
-La canción es preciosa- alabó la morena, mirándola de reojo; pero Bella no la prestaba atención; justo en ese momento miraba a Edward, que tenía la vista fija puesta en el lateral del inmenso escenario, justo el momento en el que él le sonrió, como solía hacer en los conciertos de la gira.
-Bella- suspiró su amiga, una vez que la canción finalizó, y el espéctaculo dio paso a otro grupo -deberías hacer caso a tu madre, y darle una oportunidad.
-¿Qué quieres decir?- reclamó, con el ceño fruncido.
-Después de todo lo que me has contado- Ángela negó con la cabeza, dejando la taza encima de la mesa auxiliar -esta separación te esta matando, Belly. Los problemas se pueden afrontar sin llegar a estos extremos.
-Yo también le decepcioné, Ang- musitó, con pena.
-Eres tonta- se cruzó de brazos -ese chico canta para ti, está ahí para ti- Bella desvió la mirada -tú le has visto, Bella, sus ojos estaban tristes mientras actuaba.
-Sé que él lo ha pasado muy mal también- admitió, recordando todo lo que le dijeron los chicos antes de navidades, incluso cuando se despedían de sus particulares conversaciones telefónicas, se notaba que estaba muy desaminado.
-Si hubiéseis aclarado este malentendido desde el principio, puede que no tuviérais que haber llegado a estos extremos- objetó Ángela -una pareja es un frente unido a los problemas; hay que aprender a lidiar con los carácteres de cada uno, ceder en distintas ocasiones- la morena hizo una pausa -yo estoy segura de que si lo hubiera sabido, no lo hubiera hecho... así que creo que lo que debes hacer es hablarle de Riley a las claras, explicarle lo que vivistéis en casa, y darle la oportunidad de que te muestre que puedes confiar en él.
-¿Y si vuelve a salir mal?- susurró, con miedo. No podría soportar volver a perderle.
-Eso es un riesgo que tendrás que correr; nadie somos adivinos, no tenemos una bola del mundo para poder consultar como irán las cosas- hizo una pequeña pausa -eras tan feliz con él, Belly...
-Ángela...- iba a interrumpirla, pero su amiga siguió hablando.
-Dios Bella; hasta tu madre, que es la que podría haberte dicho que no confíes en él, por el tema de las drogas, y con toda la razón- apuntó -te está diciendo que le des una oportunidad; yo estoy segura de que podéis afrontar esto, pero siendo una pareja. Si estás destrozada, por mucho que hables con él, no te vas a recuperar.
Bella meditó el consejo de su amiga; todos tenían la razón, esa separación les estaba matando, y eso se traducía en que había muchos sentimientos entre ellos. Puede que fuera hora de que dejara de darle tantas vueltas a la cabeza...
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-¿Así que hoy has ejercido de canguro, con el pequeño de Ángela y Ben?- le interrogó Edward por teléfono. Estaba tumbada en la cama, eran casi las dos de la mañana... pero no podía dormir, de modo que le mandó un mensaje a Edward, por si estaba despierto.
-Más o menos- sonrió -mañana temprano me voy con ellos a Seattle, y me dejarán en el aeropuerto- relató, mirando sus maletas, perfectamente cerradas y apoyadas en la pared.
-Yo también he hecho las mías- le dijo Edward -Amy me ha ayudado- Bella rió.
-¿Has estado con ella?
-Le pedí a Tanya que me dejara pasar con ella el día de hoy, y poder despedirme- le contó -¿preparada para conocer la tierra venerada por Alice y Jasper?
-Miedo me da- rodó los ojos la castaña -¿vamos a pasarnos los cinco días enteros comiendo pescado crudo?- protestó, cosa que hizo que Edward riera.
-Tranquila por eso; buscaremos la forma de sobrevivir- refutó, satisfecho -como te dije en nuestra conversación por Skype, existen las hamburgueserías, pizzerías...
Bella recordó la celebración de Nochevieja; una vez que las campanadas anunciaron la entrada del nuevo año, Edward la llamó, preguntándole si tenía planes para salir. Así que la película que pensaba ver dio paso a otro estupendo plan, que no fue otro que una larga conversación por Skype. Edward había cenado con sus padres, y las cosas no fueron precisamente bien, así que se fue a su casa. Ambos se pasaron casi dos horas hablando y riendo a través del ordenador.
Para Bella fue de las mejores cosas que le pasaron en todas las navidades; por suerte, ni su madre ni Ángela mencionaron el asunto en presencia de su padre; y como siempre, necesitaba a alguien que le abriera los ojos. Le echaba de menos, necesitaba estar con él. No se había dado cuenta del hueco que Edward había dejado en su corazón, y dolía.
-¿Bella?- la voz de Edward hizo que regresara a la tierra -¿estás bien?
-Sí- meneó la cabeza -perdona.
-¿Qué estás pensando, que te distrae tanto?- le preguntó, de manera insinuante, pero bromeando.
-Puede que esté pensando en ti- siguió la broma ella.
-¿Sabes que yo también pienso en ti?- el corazón de Bella saltó, ya que ahora su tono no era de broma.
-¿Aunque sea una chica insegura, y mi cerebro siempre de mil vueltas a las cosas?- sondeó ella.
-A pesar de todo eso- rió él -es tarde, calabacita, ¿a qué hora te recogen Ben y Ángela?
-A las siete y media.
-Entonces a descansar- le dijo él -tienes casi veinte horas de vuelo- le recordó -nosotros depegamos a las nueve y media de la mañana.
-Nos vemos en Tokio- se despidió ella.
-Te espero- fue la despedida de Edward, antes de que la comunicación se cortara.
Después de poner el móvil a cargar, tomó su Ipod, poniéndose los auriculares en las orejas; a pesar de lo tarde que era, no podía dormir, estaba nerviosa por el viaje... y por volver a verle en unas pocas horas. La música siempre conseguía relajarla; con un pequeño suspiro, pasó de largo su canción favorita del grupo, esa que Edward nunca llegó a descubrir. Paró cuando una de sus baladas favoritas empezó a sonar; no era un tema de los Slave Heart, pero esa canción le ponía los pelos de punta...
"Pon un susurro sobre mi almohada,
deja el invierno en el suelo...
Despierto sola, hay un aire de silencio
en el dormitorio y en todo alrederor..."
Había sido una idiota y una cobarde, huyendo cuando las cosas no habían salido bien; todos merecíamos una segunda oportunidad, y ella se la negó desde el principio...
"Tócame ahora; cierro mis ojos
y me dejo llevar.
Debe haber sido amor,
pero ya terminó; debe haber
sido bueno, pero lo perdí de algún modo..."
A su memoria vino ese sueño tan raro que tuvo en Dallas, en el que ella juraba que había tenido una conversación con Riley... ¿por qué no le hizo caso?; su hermano admitió que él no tenía salvación, pero no todas las personas son iguales.
"Sé feliz, calabacita"... ese fue el consejo que le dio Riley; y sabía que esa felicidad pasaba por tener a Edward a su lado; ella quería estar ahí para él, ayudarle, escucharle. Renée se lo dijo hace apenas dos días; le amaba, con todo su corazón, y ella nunca se lo había dicho.
Siguió escuchando la canción en silencio, con las lágrimas bajando por su cara. No sabía lo que iba a pasar en Japón, y eso la ponía inquieta; pero iba decidida a contarle sus auténticos miedos, todo lo que vivió con Riley... y a decirle que le extrañaba, y si él quería, podían volver a afrontar sus problemas, pero juntos.
Gracias mis chicas, por acompañarme de nuevo en esta divertida aventura; a las que presionáis el botón de alertas y favoritos, a las lectoras silenciosas... a las que dejáis vuestras impresiones y opiniones:
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