Hoola mis chicas!

Lo primero de todo, muchas gracias por vuestra preocupación, y por desearme una pronta recuperación. Todavía sigo de reposo en casa... pero eso no me impide subiros el capi ejjejejeje... un capi que, muchas esperáis. Espero haber acertado con eso que queréis.

Es un poco largo, pero si cortaba la última parte, muchas me matáis. Según lo vayáis leyendo, lo entenderéis.

Espero que os guste; nos leemos abajo ;)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción del capítulo: "I´ll be there for you" de Bon Jovi

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Capítulo 19: Para ti

-Al menos los desayunos son normales- musitó Sam, tomando un bollo de crema entre sus manos y dándole un bocado. Emmett y Sam rieron divertidos al ver la cara de frustrada de Alice.

-Siempre con la misma cantinela- musitó, un poco molesta.

-Hey- protestó Jake -no nos quejamos del país- le aclaró -la gente es muy hospitalaria y amable.

-Y los fans muy cariñosos- añadió Edward, revolviendo en café con la cucharilla y con un ojo puesto en la puerta del comedor privado; ellos habían llegado ayer a las diez de la noche, hora local, pero Bella lo había hecho en la madrugada, cuando todos estaban dormidos. La castaña tuvo que hacer trasbordo en Nueva York, pero una vez allí, el avión directo a Tokio sufrió un retraso de casi tres horas.

-¿Qué tenemos en la agenda para hoy?- preguntó Jake, mirando a Alice.

-Veamos- dejó su té en la mesa, sacando su Ipad – a las diez en punto rueda de prensa aquí, en el hotel; a las once y media firmas y acto de recogida del disco de platino, por el millón de copias vendidas en Asia -los chicos sonrieron complacidos -a la una y media la delegación de nuestra discográfica nos invita a un almuerzo en un conocido restaurante- Jake y Emmett disimularon el mohín que dibujaron sus caras -a la tarde ensayo, y el concierto- terminó de enumerar.

-¿Y mañana?- siguió interrogando Sam.

-Mañana día libre, hasta el concierto- les informó -podemos ir a hacer un poco de turismo, y de compras- exclamó alborozada, ante la ancha sonrisa de su marido -la misma mañana del concierto en Yokohama tenemos la grabación del programa de televisión, pero nos da tiempo a trasladarnos allí; eso es todo- terminó de decir.

-Agenda ocupada- el grupo se giró ante la voz de la castaña, que había permanecido en la puerta mientras su jefa recitaba la agenda entera. Los ojos de Edward se iluminaron en cuanto ella le miró, sonriendo con timidez.

-¡Chica rock!- Emmett se levantó raudo de su asiento, para darle un abrazo.

-Feliz año, Em- le devolvió ella el saludo -¿qué tal por tierras thailandesas?

-De vicio- respondió, con una sonrisa.

Todos se levantaron para darle la bienvenida, y cuando le tocó el turno a Edward, su corazón latió presuroso cuando este le dio un cariñoso abrazo, gesto que hizo que la banda disimulara las sonrisas.

-Hola- susurró ella, mirándole tímida.

-Bienvenida- respondió el cantante -¿cómo fue el viaje?- le preguntó, a la vez que todos tomaban de nuevo asiento alrededor de la mesa.

-El vuelo desde Seattle a Nueva York bien; pero esperar allí más de tres horas...- rodó los ojos -estoy muerta- exclamó, dando un repaso a la mesa y eligiendo una humeante tostada. Sentada al lado de Alice, los ojos verdes de Edward no la perdían de vista.

-¿Qué tal las navidades?- interrogó Jake.

-Bien- se encogió de hombros -el especial de navidad de la MTV fue todo un éxito, felicidades- alabó.

-¿Lo viste?- fue la pregunta de Edward.

-Claro que sí, Ang y yo nos hicimos dueñas del sofá esa noche- rió divertida. Aunque intentaba estar tranquila, por dentro los nervios la reconcomían. No sabía cuando podría hablar a solas con él.

Justo en ese momento, un camaremo entró, empujando un carrito, dejando más bollos y café caliente, y retirando los platos vacíos. Alice le dió las gracias en un perfecto japonés, cosa que agradeció el nipón inclinando su cabeza dos veces. Emmett también inclinó su cabeza, a la vez que el camarero seguía hablando en su idioma. El hotel estaba ubicado en pleno centro de la ciudad, y habían alquilado el último piso, en el cual un espacioso salón comedor unía varias suites, y con mayordomo privado incluido.

-Todavía no entiendo por que tenemos que contratar un traductor, si os tenemos a vosotros- Sam señaló al matrimonio Withlock.

-Nosotros sabemos algunas palabras sueltas- le recordó Jasper, mirándole con una ceja alzada -no tenemos ese nivel en el idioma.

-¿Tanto ver "Bola de dragón" para nada?- se quejó Emmett, provocando que el resto ahogara las carcajadas.

-Muy gracioso- se quejó Alice, para después volverse al resto -Jasper y yo tenemos una noticia- todos prestaron repentina atención; Edward vio como su calabacita sonreía, cómplice.

-Disparad- instó Jake.

-Estoy embarazada- anunció la morena, sonriendo ampliamente.

-¡Alice!- Bella la abrazó exultante -lo sabía- sonrió con malicia, ante la cara de póquer de Edward y Jake.

-¡Sí!- levantó los brazos Emmett -tío, me debes cien de los grandes- se volvió a Sam, que tenía una mueca indescifrable en el rostro.

-Si Rose no te llega a contar sus sospechas, tú tampoco sabrías nada- apuntó este, sacando su cartera y sacando varios billetes.

-¿Habéis apostado?- la cara de Jasper no tenía precio.

-Por supuesto- le explicó el batería, contando el dinero -Bella ha dicho que se lo olía; y Rose me comentó que también lo sospechaba... era un oportunidad para hacer negocio- Bella soltó la carcajada que llevaba minutos reteniendo.

-¿Otro pequeño samurái en el horno?- preguntó Jake, saliendo de su estupor.

-No lo esperábamos- contó ahora el orgulloso padre -pero estamos muy contentos.

-Como debe ser- aprobó Edward -¿y qué nombre le vais a poner?- era la pregunta del millón.

-Espero que no le llaméis Ranma, o algo así- suspiró Sam.

-Me encantaban esos dibujos- exclamó Bella -sobre todo cuando el padre se convertía en oso panda... y ya tenemos a Akane- el resto rió.

-Muy graciosos- seguía quejándose Alice.

-No te enfades- la intentó aplacar Emmett -es una noticia estupenda, y sabéis que estamos muy contentos- Bella vio como una sombra de melancolía se instalaba en sus ojos; ojalá él y Rose les dieran buenas noticias pronto.

-¿Y qué va a ocurrir a partir de ahora?- preguntó Jake; Alice le instó con la mirada a que hablase -me refiero a la gira; ¿podrás viajar en tu estado?

-De eso quería hablaros- empezó a relatar -obviamente, veis que estoy bien- todos asintieron -pero Jasper y yo hemos hablado con Aro durante las vacaciones.

-No va a a venir a todos los viajes- siguió relatando su marido -pasará más tiempo en casa; aunque el médico ha dicho que todo va muy bien, no queremos correr riesgos.

-Es lógico- le dio la razón Edward.

-Bella puede ocuparse perfectamente de todo lo referente a los contratos y a la agenda- la castaña sonrió, agradecida -así que la discográfica ha contratado a una publicista, para que junto con Bella, se encargue de que las ruedas de prensa y los otros compromisos marchen según lo estipulado; habrá ocasiones en las que viajemos las tres, y otras ellas dos- acabó de contarles.

-¿Cuándo la conoceremos?- preguntó Bella.

-Nada más regresar a casa, dentro de quince días- les contó -además, es experta en redes sociales, lo que nos vendrá bien para renovar la página web del grupo, y el Facebook y Twitter oficiales.

Mientras los chicos acababan el desayuno, Alice y Bella se retiraron a disfrutar del sol en la terraza y discutir la agenda del día de hoy; ambas esperaban que los horarios pudieran cumplirse según lo previsto, y que pudieran llegar a tiempo al estadio a ensayar.

-Me alegro mucho, Alice- le volvió a decir Bella, una vez acabaron de revisar todo.

-No lo esperábamos- se encogió la morena de hombros-pero estamos muy felices.

-¿Cómo se lo han tomado los pequeños?

-Akane está muy contenta- le relató, con una gran sonrisa -Hachiko y Kyo no prestan mucha atención.

-Se empezarán a dar cuenta según te vaya creciendo la tripita- sonrió la castaña, con comprensión.

-¿Y tú, cómo has estado?- interrogó ahora Alice, referiéndose a Edward.

-Bien- suspiró -pensando mucho, sopesando las cosas...- enumeró -hemos hablado mucho durante las navidades.

-Eso es bueno- sonrió la morena -estos últimos días ha pasado muchas horas en el estudio, componiendo con Jasper y Jake.

-Y en su casa- añadió Bella -me lo contó en una de nuestras charlas.

-Te extraña mucho, Bella- dijo suavemente, y con cautela; Bella bajó su vista; todas las conversaciones que había mantenido durante el periodo navideño volvieron a su mente.

-Lo sé- habló ella; Alice iba a hablar de nuevo, pero en ese teléfono sonó su móvil.

-Debe ser de la delegación de la discográfica; regreso ahora mismo- se levantó, dejando a la castaña sola en la inmensa terraza.

Con paso lento, decidió asomarse por la barandilla de piedra; estaban en la planta treinta y dos, y la vista de los rascacielos de Tokio era increíble; por lo que había leido, era una ciudad en la cual se mezclaban mordenidad y tradición, y no podía esperar a mañana para recorrer alguno de los lugares míticos de la ciudad.

-Bells- giró su cuerpo para encarar a Jake y Edward, que se acercaban a ella; vio como Edward le sonreía, y se ponía a su lado.

-¿Qué tal, chicos?- saludó, sonriendo un poco nerviosa.

-Preparados para el día que nos espera- suspiró Jake -aunque yo me hubiera quedado dos horas más en la cama- Bella rió con comprensión. Edward estaba apoyado en la barandilla, fumando mientras era testigo mudo de la conversación.

-Ya somos dos- rió ella azorada, cuando se percató de la mirada del cobrizo sobre ella. Esperaba que después de la comida, tuvieran un pequeño momento, y poder charlar con él, y decirle todo lo que había ensayado en las innumerables horas de vuelo.

-¿Puedo usar tu ordenador, para buscar una cosa?- le pidió Jake, señalando al portátil, que estaba encima de la mesa.

-Claro- mientras el moreno se acomodaba frente a la pequeña pantalla, la pareja se quedó sumida en un silencio lleno de incertidumbre.

Edward se pasó la mano por el pelo; nadie más que él sabía el esfuerzo sobre humano que tuvo que hacer antes para no besarla mientras le daba la bienvenida; estos últimos días parecía que ella se había abierto a él, y poco a poco construían esa confianza de nuevo. Despacio, fue viendo como esa tristeza, que se había adueñado de sus bonitos ojos marrones, iba diluyéndose. Miró de reojo a su amigo, y dado que estaba muy interesado en lo que fuera que estuviera viendo, aprovechó para pensar algo, pero Bella se adelantó.

-¿Cómo está Amy?- su calabacita al fin habló; le hacía mucha ilusión que preguntara por su pequeña.

-Bien- asintió, con una pequeña sonrisa -con pocas ganas de regresar al colegio- Bella sonrió.

-Es lógico y normal; yo de pequeña, me quejaba de que no tenía suficiente tiempo para jugar con mis regalos- Edward rió.

-¿Qué te han regalado?- inquirió, con verdadera curiosidad.

-Un libro- respondió.

-¿Solo eso?- arqueó una ceja el cobrizo.

-Sí- musitó ella -no había mucho presupuesto- hablaba tan tranquila, pero el corazón del cantante se comprimió, debido a la comprensión y la pena. Ella no había tocado todavía ese tema, pero al menos, no lo escondía como antes -hum...- suspiró, insegura, retorciéndose los dedos con nerviosismo -¿crees que podríamos hablar, cuando lleguemos al lugar del concierto?

-Claro- accedió este, tomando sus manos -vas a romperte los dedos- le dijo, sosteniéndolos con los suyos -¿por qué estás nerviosa?

-No lo estoy- minitó; de repente, todo lo que había ensayado estos últimos días se fue de su cabeza, quedándose completamente en blanco. Se sentía idiota, y con los nervios de una adolescente de instituto.

-¿Quieres que hablemos ahora?- le ofreció este, con el ceño fruncido -no tienes que estar nerviosa, calabacita... soy yo- le recordó -hemos hablado durante todas las navidades... ¿o es que tienes amnesia?- la picó, con una sonrisa maliciosa; la sonrisa que ella amaba ver en su cara... dios, estaba tan guapo...

-Después- volvió a decir ella, soltado su mano de la de él a regañadientes, y consultando su reloj -en veinte minutos estará aquí la prensa- le djo -y tengo que ir a recepción, en busca del traductor.

-Está bien- ella iba a alejarse, pero Edward retuvo su mano un poco más; sintió como la piel de su palma se erizó al sentir su pulgar trazando círculos en ella -¿pasa algo malo?- al percatarse del nerviosismo de Bella, empezaba a preocuparse de verdad.

Ella negó con la cabeza, antes de depedirse, tomar el portátil y salir en dirección a la recepción; Edward vio como se alejaba hasta que el carraspeo de su amigo le sacó de sus pensamientos.

-¿Calabacita?- arqueó Jake una ceja, sonriendo con malicia -¿tú también tienes mote íntimo?- la mandíbula del cobrizo se apretó; no se había dado cuenta de que Jake estaba presente -¿repollito, manzanita...?- sondeó con una carcajada, ganándose un golpe en el hombro.

-Ni se te ocurra decirlo en voz alta- le advirtió.

-Claro, claro- seguía riendo -no te preocupes, os guardaré el secreto, repollito- Edward le fulminó con la mirada, a la vez que abandonaban la terraza e iban camino del salón -por cierto, he encontrado una cosa interesante- cambió de tema.

-¿Ibas a buscar algo... o ibas a cotillear directamente?- le reclamó el cantante.

-Hum...- eligió con cuidado sus palabras -yo no lo llamaría cotillear- el cobrizo rodó los ojos -más bien, ha sido una labor de investigación.

-Una labor de investigación- repitió este sus palabras, medio patidifuso y molesto -¿se puede saber que demonios buscabas?

-Alguna pista, acerca de su canción favorita- le explicó.

-Jake...- se agarró el puente de la nariz, negando con la cabeza.

-No sé si será la favorita, pero tiene descargado el video clip de esa canción..

-No me parece tan raro- se encogió Edward de hombros -¿cúal es; es del último álbum?; ¿o del disco anterior?

-No- le dijo -te vas a sorprender- le dio un codazo, a la vez que entraban en la salita, donde ya estaba el resto del grupo, las chicas y el que debía ser el traductor, enfundado en un austero traje negro.

-Al menos, no me dejes con la intriga- murmuró entre dientes; Jake rodó los ojos, pero se lo reveló en voz baja; Edward frunció el ceño; era una de las canciones de sus primeros discos, y francamente, no tuvo mucha repercusión en su momento.

-Tiene que ser esa- seguía cuchicheando el guitarrista -admito que no se me habría ocurrido en la vida.

-A mi tampoco- le dio la razón este -¿y?- le instó a seguir, con un gesto de la mano.

-¿No se la vas a cantar?- el moreno estaba perplejo -¿no quieres a tu chica de vuelta?

-Claro que sí, y lo sabes- rodó los ojos Edward; durante las pasadas fiestas, Jake había escuchado pacientemente como su amigo extrañaba a Bella, y se resignaba a esa decisión de ella de tomarse un tiempo de reflexión, aunque la espera le matara.

-Por probar, no perdemos nada- siguió relatando el moreno -hablaré luego con los chicos.

-Está bien- suspiró este, pasándose una mano por el pelo.

Se dio cuenta de que Bella lo miraba con una ceja alzada, ya que se había dado cuenta de los cuchicheos de ambos; iba a acercarse a él, pero en ese instante, entraron varios de los medios acreditados, de modo que soltó un suspiro resignado, ante la sonrisa misteriosa de Edward, e indicándole que después hablarían.

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La rueda de prensa se alargó más de lo que inicialmente habían previsto Alice y Bella, por lo que el acto de la entrega del disco de platino y las firmas se retrasaron también; era una especie de reacción en cadena.

Los chicos, ayudados por el eficiente y serio traductor, respondieron pacientemente a las preguntas de los periodistas nipones; era curioso lo distinto que era el periodismo en Japón al de América; mucho más serio y perfectamente ordenado, y no hacía alusión a temas personales, no sabía si por mandato expreso de Alice o por que no les interesaba el tema en absoluto.

Con más de media hora de retraso, aparecieron en la tienda de discos que Twilight Records tenía ubicada en pleno centro de Tokio, llena de luces de neón y pantallas gigantes en la fachada. Los chicos agradecieron el premio por ese millón de copias vendidas, y Bella sonrió mientras posaban para las fotos, con Edward sosteniendo el galardón.

Después de eso firmaron autógrafos y se sacaron fotos con los miles de admiradores que habían acudido; Bella solo podía ver cabezas con pelo negro posara donde posara la vista. Por suerte para el grupo, dos horas después, estaban perfectamente acomodados en un reservado, rodeado de biombos, en uno de los restaurantes más famosos y tradicionales de la ciudad.

Jake intentaba enderezar su espalda, ya que la posición de rodillas y estar sentado en el suelo era incomodísima; Emmett y Sam permanecían con una ceja alzada a la vez que varias camareras, vestidas con el tradicional kimono, iban llenando la mesa con manjares típicos del país. En el cabecero de la mesa, Alice charlaba con varios de los directivos locales de la discográfica.

-¿Qué es eso verde?- preguntó Jake; Bella, sentada entre él y Edward, contuvo la risa que quería salir de su garganta.

-Es viscoso- arrugó el ceño Emmett, tomando esa especie de pasta verde con los palillos -y sólido.

-Puré de algas marinadas- le informó Jasper; Bella decidió morderse la lengua, mirando la comida con una mueca indescifrable.

-Muy saludable- contestó ella, con una sonrisa apretada, lo que provocó que Edward riera también.

-Hey- Emmett llamó la atención del traductor -¿podrías preguntarles si nos sevirán arroz tres delicias, rollitos de primavera o algo así?- el japonés achicó aun más, si era posible, sus rasgados ojos, mirando al batería como si le hubiera salido una segunda cabeza.

-Eso es comida china, Em- susurró Edward, rodando los ojos; Bella sonreía divertida -parece mentira que no lo sepas.

-China, japonesa...- se encogió este de hombros -todo queda en el mismo continente.

-¿Qué es eso?- la castaña señaló una especie de buñuelos que había en una cesta de mimbre.

-Son buñuelos Gyoza- le explicó el traductor, a la vez que este cogía uno con los palillos -son una especie... ¿cómo lo llaman ustedes?- se quedó pensativo unos segundos.

-¿Empanadillas?- probó suerte Edward.

-Eso... empanadillas- aprobó el joven -normalmente están rellenos de verduras, y carne de cerdo; aunque también se pueden hacer de ternera o de pollo- Bella tomó uno, mojándolo previamente en la salsa y dando un pequeño mordisco.

-Está bueno, y no pica- aprobó, dedicando a Jake y Sam una sonrisa de ánimo, para que los probaran. Edward también lo hizo, y la castaña tragó saliva al ver como pasaba su lengua por sus labios, saboreando la salsa de sésamo.

-¿Ves algo que te guste?- la sangre subió a sus mejillas al sentir el aliento del cantante rozarle el cuello; al girar la vista casi choca con la nariz de Edward, que se había inclinado hacia ella.

-Puede- musitó ella, guiñandole un ojo de manera provocativa.

-¿Y de qué quieres hablar luego conmigo?- el cobrizo sentía verdadera curiosidad, pero fueron interrumpidos cuando una de las camareras posó en la mesa una fuente enorme, llena de sushi.

-Ya estamos- rodó los ojos Jake -pescado crudo.

-Muy sano y nutrivivo- exclamó Alice, que señaló con los ojos a los directivos japonenes, que miraban al guitarrista con el ceño fruncido.

-Sano, sano- le indicó uno de ellos en inglés, señalando la fuente de pescado con los palillos, y provocando que Sam y Jasper por poco escupieran en arroz que estaban comiendo en esos instantes.

-Muy sano- Jake hizo una ridícula reverencia con la cabeza; Edward se sacudía, debido a la risa contenida; Bella le dio un pequeño golpe en el brazo, instándole a que se comportara, pero tenía que admitir que la situación era muy divertida.

Después de una comida animada, en la cual Bella tuvo que admitir que, a excepción del pescado crudo y las algas, los buñuelos, las distintas clases de arroz y las tempuras de verduras estaban buenas, los directivos se despidieron de los chicos, para luego verles en el concierto.

Una multitud de periodistas, gritando cosas que ninguno de ellos entendía, les rodeó nada más abandonar el céntrico restaurante. Por suerte, Bill y los demás chicos de seguridad hicieron su trabajo, y todos pudieron llegar sin problemas a la limusina. Era la primera vez que todos iban en un mismo coche.

-Por fin- suspiró Edward; nunca se terminaría de acostumbrar a esos agobios.

-Rumbo al Tokio Dome- exclamó Jasper, frotándose las manos -esperemos que...- fue interrumpido por Emmett.

-Antes de eso- les dijo; Bella observó con una ceja alzada como pulsaba un botón, y el cristal negro que separaba la parte delantera del vehículo bajaba. El traductor, sentado a lado del chófer, giró su cabeza, tomando el interfono para poder comunicarse.

-Hey, Jackie Chan- el traductor lo miró con el ceño fruncido -¿sabes si hay alguna hamburguesería de camino al estadio?

-Por... por supuesto- el pobre hombre no entendía nada -hay varios McDonald´s, y también pizzerias- le explicó.

-Perfecto- aprobó Jake, quitándole el interfono -pare en el primero que vea.

-¿Se puede saber qué mosca os ha picado?- siseó Alice, ante la cara de circunstancias del chico -acabamos de comer.

-Eso no era comida- rodó los ojos el guitarrista -estoy muerto de hambre.

-Yo quiero un Big Mac- se frotó las manos Sam -con patatas extra grandes y una coca cola.

-Lo mismo, pero con refresco de naranja- pidió Jake; Bella tomaba notas en su block, sonriendo divertida.

-Aros de cebolla y la caja grande de porciones de pollo- pidió Edward -y un helado con cobertura de chocolate.

-Patatas fritas con salsa barbacoa- Alice fulminó a su marido con la mirada -para merendar mientras ensayamos- se excusó, con voz inocente, eso no le impidió ganarse un manotazo en el hombro, cortesía de su esposa.

-Menú McRib- terminó Emmett el pedido -con coca cola y aros de cebolla extra grandes.

-No puedo creerlo- Alice meneaba la cabeza -habéis arrasado con toda la comida, en el restaurante.

-Esas porciones de pescado crudo son enanas, y no alimentan nada- seguía rebatiendo Jake.

-Se llama sushi- le aclaró, ante la sonrisa de Bella, que también añadió algo para ella en la lista.

Bella y el traductor bajaron cuando el vehículo paró en el primer McDonald´s que encontraron, situado en el céntrico distrito de Shinjuku; la gente paraba curiosa, estudiando la lujosa limusina aparcada en mitad de la calle. Por suerte, las lunas estaban tintadas, y nadie reconoció a los chicos.

Después de que Bella volviera cargada con varias bolsas, los chicos engulleron su comida como si no hubiera un mañana. Ya que el estadio estaba bastante alejado del centro, les dio tiempo de sobra para terminar con las existencias; incluso Alice aceptó con un mohín resigando el helado que le trajo Bella.

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-Increíble- resoplaba Bella, tomando asiento durante apenas un mísero minuto; habían llegado al Tokio Dome hace más de tres horas, y apenas había visto a Edward. Cuando se produjo el descanso del ensayo, se fue la luz en todo el recinto, provocando el pánico entre la banda y el équipo técnico.

Seth argumentaba que la potencia eléctrica del estadio era mucho más baja a la que normalmente había en otros lugares, por lo que les llevó más de una hora reparar la avería. Incluso esta noche tendrían que tocar con menos amplificadores, y eso preocupaba al grupo.

Cuando la luz regresó al recinto, los directivos de la discográfica aparecieron, trayendo a un montón de gente con ellos, los cuales no tenían pases VIP. Alice y ella tuvieron que hacer un tremendo esfuerzo, haciéndoles pasar por turnos para que pudieran saludar a los integrantes de la banda. El traductor se ganó el sueldo durante ese pequeño rato de caos, ya que era requerido de manera constante. Una vez terminaron las tediosas visitas, los invitados se dispersaron, tomando posesión de los palcos que habían reservado.

Las puertas del estadio se abrieron, permitiendo que las casi setenta mil personas tomaran posiciones; cuando los gritos de la muchedumbre ya eran más que notorios, los chicos realizaron el ritual que Bella ya se sabía de memoria. Jake se acercó a ella, unos minutos antes de empezar el espectáculo.

-¿No vas demasiado veraniego?- interrogó la castaña, con una ceja alzada, mirando la camiseta blanca de tirantes que llevaba puesta.

-Hace un calor de mil demonios- le recordó este, con una mueca de obviedad.

-¿Preparado?

-¿Y tú?- le reclamó, diciéndole algo con la mirada que ella no captó.

-Lo normal, pero yo no salgo ahí, frente a todas esas miles de personas.

-Algún día os sacaremos a cantar, a Alice y a ti- rió.

-Hey- se quejó ella -con eso no se bromea.

-¿Con qué no se bromea?- Edward, perfectamente preparado, con los audífonos colocados en su sitio, se acercó a ellos.

-Nada- meneó ella la cabeza, quitándole importancia -buena suerte, Jake- ambos chocaron sus manos de manera graciosa, y el guitarrista se alejó, tomando posiciones.

-No hemos podido hablar- dijo Edward; Bella fijó la vista en los vaqueros de talle bajo que llevaba, y la simple pero sexy camiseta negra, y las botas.

-Lo sé- admitió ella, nerviosa.

-¿Y qué querías decirme?- la presionó él, tomando sus manos, como tantas veces había hecho en los anteriores conciertos. Ese gesto mandó un escalofrío al cuerpo de la castaña.

-Yo...- intentó buscar las palabras exactas; pero se vio interrumpida por el estruendoso aplauso de la gente, y las primeras notas resonaron.

-Joder- rodó los ojos Edward -¿me lo dirás luego?- inquirió, esperanzado. Bella estaba muy nerviosa, y se olía que el tema tenía que ver con ambos.

-Claro- afirmó ella -buena suerte- le guiñó un ojo. Edward tiró de sus manos, acercándola a él.

-¿Sabes que hoy... puede que me gane mi premio?- los ojos marrones que tanto amaba se fruncieron, extrañados por esa declaración.

Apretó tiernamente sus manos, antes de dejar a la castaña procesando lo que había dicho; cuando salió de su estupor, todavía podía verle, posicionado justo detrás de la batería de Emmett y agitando sus brazos, en un intento por aplacar sus nervios, hasta que se apresuró a la parte delantera del escenario, arrancando los gritos de los fans.

Con una pequeña sonrisa, fue en busca de Alice, y ambas siguieron el desarrollo del concierto, que transcurría sin novedad alguna. La morena, entre canción y canción, comentaba con Bella mil y un detalles. Los fans japonenes eran los más entregados que la joven había visto, y podía ver las sonrisas de Edward y el resto cada vez que la música paraba, dejando al público cantar.

Y esas miradas llenas de complicidad, y muchas cosas más, volvieron; el corazón de Bella repiqueteaba furioso cada vez que esos orbes esmeraldas la enfocaban. Era como si volviera a cantarle a ella. En su cabeza estaba ensayando una y otra vez todo lo que iba a decirle en el coche, camino del hotel.

En un pequeño intervalo del recital, se giró hacia su jefa para disculparse y coger un par de botellas de agua del camerino. Alice asintió, pero justo en ese momento Jake, el que más cerca estaba de su posición, negó rápidamente con la cabeza, haciéndole un pequeño gesto con la mano, para que no permitiera que Bella se moviera de allí.

-¡Belly!- la llamó; por suerte, al no haber ninguna canción en curso, esta pudo oírla, y tuvo que volver hacia donde estaba.

-¿No quieres agua?- interrogó frunciendo el ceño; su jefa, perfectamente compinchada con Jake, pensó una excusa rápida que ofrecerle... pero las notas de la guitarra lo hiciceron por ella.

La respiración de Bella se quedó atorada en su garganta; reconocería esa melodía ente miles, aunque solo fuera por unos pocos acordes de un instrumento. Sus ojos se aguaron cuando la voz de Edward empezó a entonar esa canción... su canción...

"Supongo que esta vez, relamente te vas...

he oído a tu maleta decir adiós..."

No podía salir de su estupor; su canción favorita de todo el repertorio de los Slave Heart resonaba en el Tokio Dome; ató cabos en unos segundos, acordándose de que Jake le había pedido prestado su portátil... porque no encontraba otra explicación para ello. El guitarrista le guiñó un ojo, y por la cara de la joven supo que había acertado de lleno.

"Dices que has llorado ríos de lágrimas,

y que ahora nadas hacia la orilla.

Me dejaste mientras me ahogaba en mis lágrimas

y no me salvarás nunca más.

Y ahora rezo a Dios para que

me des otra oportunidad, cariño..."

Sus ojos se aguaron mientras veía como Edward miraba al frente, cantando la canción con todo lo que tenía. Por un momento, avergonzada como estaba por llorar delante de todo el equipo, hizo el amago de dar la vuelta y abandonar el escenario. Pero Alice la retuvo, negando con la cabeza y sosteniéndola por un brazo, impidiendo que se moviera de allí.

-Bella- le pidió esta -es para ti- le recordó, con una pequeña sonrisa, mientras que los ojos cristalinos de la castaña volvían al escenario; Edward tenía agarrado el micrófono con una mano, y ahora si la miraba fijamente.

"Sé que sabes que hemos compartido buenos momentos;

ahora todos tienen un lugar para esconderse.

Puedo prometerte un mañana

pero no puedo volver de nuevo al ayer.

Y cariño... sabes que mis manos están sucias

pero quisiera ser tu Valentín.

Seré el agua cuando tengas sed, cariño...

cuando te emborraches, seré el vino..."

Edward no podía dejar de mirar hacia la posición de su calabacita; estaba apoyada en Alice, y la emoción era palpable en su cara; sonrió para sus adentros... por fin la había encontrado, y el único premio que quería ganar, era volver a tenerla a su lado, y no dejarla marchar nunca más. No podía aguantar un solo segundo más sin besarla, sin decirle que la quería, y que estaba dispuesto a cambiar lo que fuera que a ella no le gustara... porque era ella...

"Y no estuve allí cuando fuiste feliz,

tampoco estuve cuando estabas triste.

Nunca quise perderme tu cumpleaños, cariño;

me hubiera gustado ver como soplabas esas velas.

Estaré allí para ti,

estas cinco palabras te las juro.

Cuando respiras, me gustaría ser el aire para ti...

estaré allí para ti.

Viviría y moriría por ti,

robaría el sol del cielo por ti.

Las palabras no pueden expresar

lo que el amor puede hacer...

estaré allí para ti..."

Para la pena de Bella, la canción entonó sus notas finales; Alice a su lado, aplaudía entusiasmada, al igual que todos los técnicos y el público, que había cantado la canción de principio a fin. Seth y compañía estaban muy sorprendidos, ya que era una canción que llevaban años sin tocar en directo.

Edward, Jake y Sam correspondieron a los aplausos, para después volverse hacia la batería y tomar un sorbo de agua.

-Buen trabajo, tío- chilló Emmett al cantante, a la vez que Sam y Jake le palmearon ambos hombros. Era un canción que le costaba mucho interpretar en directo, debido a los bruscos cambios de tono, cosa que no era nada saludable para su garganta.

-Has acertado de pleno- seguía cuchicheando Jake -mírala- le instó.

Este giró la cabeza, buscando a su calabacita, que con la mano en la boca, intentaba reprimir las lágrimas; le dedicó una pequeña sonrisa, antes de volverse hacia el público, para seguir con el espéctaculo.

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El concierto terminó una hora después, despidiéndose los chicos de un público verdaderamente entregado, y con Jasper dedicándoles unas escuetas palabras en japonés, agradeciendo su presencia y su apoyo. Con una sonrisa satisfecha surcando su cara, Edward buscó a Bella en cuanto sus pies pisaron el camerino, pero no la encontró por ningún sitio.

Frunciendo el ceño, se quitó los audífonos para entregárselos a Paul, y se secó el sudor con una toalla. Extrañado, decidió ir a buscarla, ignorando la limusina, que ya esperaba a sus ocupantes. El recinto ya estaba prácticamente desalojado, y dado que al día siguiente repetían, los técnicos terminaron enseguida, ya que solo debían proteger los instrumentos con lonas, y bajar las luces.

Al fin la encontró, sentada a los pies de la batería de Emmett. Se acercó a ella, que estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta de su presencia, hasta que estuvo apenas unos pasos frente a ella.

-Hola- saludó ella, mordiéndose el labio inferior.

-¿Dónde estabas?- inquirió con preocupación, a la vez que abrochaba la cremallera de su sudadera.

-Bill me avisó antes de que tocaráis la última canción; uno de los directivos quería diez entradas extras para el concierto de mañana, y he tenido que dárselas antes de que se fuera.

-Trabajadora ante todo- sonrió él -¿era esa, verdad?- Bella sabía perfectamente a lo que se refería.

-Te has ganado el premio, hay que reconocerlo- intentó bromear ella, pero enseguida recuperó la compostura, tomando aire para lo que iba a decir -Riley se enganchó a las drogas durante los primeros años de universidad- los ojos de Edward se abrieron; no se esperaba esa confesión, y más esa noche... pero raudo tomó asiento a su lado, tomándole de la mano e infunfiéndole confianza -su novia en aquel entonces, Victoria, estaba enganchada a la cocaína, y él cayó demasiado rápido.

-Lo siento mucho, calabacita- musitó él.

-Cuando mis padres se enteraron, fue como un jarro de agua fría- negó ella con la cabeza -intentaron ayudarle infinidad de veces, pero siempre recaía.

-¿Estuvo en rehabilitación?- sondeó con cuidado.

-Dos veces, pero no sirvió para nada. Cuando salió la segunda vez, nos hizo creer que estaba limpio, pero volvió a recaer. Mi padre se enteró, y se puso furioso...- negó con la cabeza -le echó de casa, y hubo un momento que ya solo llamaba para pedirnos dinero, para comprar su dosis.

-Bella...- Edward se puso de pie, quedando entre sus piernas y tomando sus manos.

-La noche del accidente fue a casa, a pedirnos dinero- las lágrimas, inagotables en ella, volvieron a hacer acto de presencia -estaba colocado, y mi padre le echó de allí de muy malas maneras; mi madre y yo tuvimos que separarles, antes de que llegaran a las manos.

Edward la escuchaba, profundamente consternado y horrorizado. Desde que a Jake se le espacara esa confesión en su casa, había pensado mucho, imaginando como habrían sido los verdaderos acontecimientos. La voz de Bella denotaba dolor, todo el que había aguantado ella y su familia a lo largo de los años.

-Cuando la policía de Seattle nos avisó que había ocurrido el accidente, y de que no había supervivientes...- Bella tragó el nudo de su garganta -mi padre le dijo hacía apenas unas horas que no volviera a pisar su casa- Edward comprendía perfectamente al jefe Swan; él era padre, y si le pasara algo a su pequeña Amy, y no volviera a verla... no, ni siquiera podía plantearse esa posibilidad.

-¿Qué pasó después?- la animó a hablar; apretando con cariño sus helados dedos.

-El juicio fue coser y cantar; el fiscal lo tuvo muy fácil- susurró ella -el coche que conducía Riley era robado, y no estaba asegurado. La autopsia reveló que mi hermano conducía bajo los efectos de las drogas; en el accidente murieron un matrimonio joven, y sus dos hijos pequeños- una lágrima de deslizó por la mejilla de Bella -mis padres hipotecaron de nuevo su casa, para pagar la millonaria imdenización, y las costas del juicio.

-Bella- susurró él, abrazándola -¿por qué no me dijiste nada?; yo podría haberte ayudado.

-Por una vez en mucho tiempo, era feliz- contestó ella, con la cara enterrada en su pecho -contigo me sentía una persona normal, me olvidaba de los problemas- se separó ligeramente, para mirarle directamente -no es algo de lo que hable con normalidad; pero ese día en Forks, al ver las imágenes, y ver que habías consumido...- ella negó con la cabeza -todo ese infierno que viví, volvió a salir a flote.

-Eso no me excusa; no debí haberlo hecho- negó él con la cabeza, rabioso -pero si yo hubiera sabido esto...- dejó la frase inconclusa.

-Pero tú no eres Riley, Edward- habló de nuevo ella -mi hermano necesitaba su dosis como el comer, todos los días- negó ella, con pena -tú solo consumiste esa vez, pero me obcequé, y no te dejé explicarte, y...

-Desde que empezaste a gustarme- ella sonrió -tenía una razón para no salir a los bares y consumir; era una cosa que no solía hacer... pero a veces, siempre caía alguna que otra raya- le relató él, avergonzado e inquieto -no entendía porque una calabacita borde me había llamado tanto la atención, y no hacía más que pensar en eso- intentó hacerla sonreír, cosa que logró -pero resulta que es la mujer más bonita e impredecible que jamás he conocido- Bella intentaba controlar los sollozos -cuando me echaste de tu apartamento, y no quisiste hablar conmigo, ni verme- hizo una pequeña pausa -tú me mantenías feliz, y centrado; disfrutando de todas esas cosas que tenemos en común, lidiando con mi carácter... me enamoré de ti como un loco- el corazón de la joven latió errático -por eso reaccioné, con ese orgullo... estaba muy herido como para admitirlo.

-El miedo y los recuerdos me cegaron- ella levantó la cabeza, mirando esos ojos que tanto amaba -ya he perdido a una de las personas que más quería- se mordió el labio -no podría soportar perderte a ti también- Edward cerró los ojos un momento, procesando todo lo que ella le decía -sé que te pedí tiempo, para reflexionar... pero sin ti, soy miserable- confesó, azorada.

-Bella- la llamó, rodeando la cintura con sus brazos -yo no soy él, y a mi no vas a perderme; te juro que no volveré a probar esa mierda- prometió, serio y solemne -si quieres que vaya a algún tipo de terapia, iré; si quieres que cambie, que deje de fumar lo haré, si quieres que...- ella elevó una de sus manos, tapando su boca para que callara.

-Yo te quiero tal como eres, Edward- sonrió, feliz como nunca lo había sido -no quiero que cambies- hizo una pequeña pausa -sé porque te tomaste esa raya- recordó la discusión con su madre -sé que puedes sobrevivir sin eso, todos estos meses pasados me lo demostraste- Edward asintió, todavía avergonzado por el tema -solo te pido que cuando tengas un problema, me lo cuentes, y te desahogues; no pude ayudar a Riley... pero sí puedo ayudarte a ti, y afrontar lo que venga, pero juntos- el cantante sonreía como nunca.

-Bella- suspiró, antes de abrazarla contra él con fuerza, respirando ese aroma de mora que desprendía su cabello-tú también debes confiar en mi- susurró él, para después besar el tope de su cabeza.

-Lo sé; créeme, he aprendido la lección- admitió ella, pasando las manos por su cuello, sintiendo ese calor y cercanía que tanto había echado de menos.

-Si tú quisieras- habló con cautela- yo podría liquidar las deudas y...- está se libró de su abrazo, negando con la cabeza.

-No- fue su firme respuesta -no puedo pedirte eso, Edward. Es algo que mis padres y yo debemos afrontar- este no estaba nada convencido, pero entendía el punto de su chica -nunca he ido detrás de la fama, ni de tu dinero.

-Eso lo sé, nunca he dudado acerca de eso- respondió.

-Si te lo pidiera, me sentiría mal conmigo misma- explicó ella. Este suspiró, ahuecando sus mejillas con las manos, acariciándolas con delicadeza.

-Está bien- aceptó -pero con una condición- esta le miraba fijamente, escuchando -si algún día te ves en problemas por eso, porque se que tú has asumido la hipoteca de la casa de tus padres... ¿acudirás a mi?- ella afirmó con la cabeza, haciendo que este respirara aliviado.

-Somos un equipo- Edward rió con suavidad, dándole la razón; observó en silencio como ella se mordía el labio; esa boca rosada y pequeñita, que tantas ganas tenía que besar.

-Así que... señorita Swan- ella alzó ambas cejas -¿quieres ser la novia de este divo insoportable?

-Hum...- hizo una graciosa mueca -admito que te has ganado el premio- musitó ella, de bromas -una estupenda calabacita- exclamó, señalándose así misma.

No le dio a tiempo a reaccionar, ya que la boca de Edward se posó en la suya, besándola. Ella suspiró contra sus labios, abriéndolos y permitiendo que sus lenguas juguetearan juntas. La mente del cantante no podía procesar nada más, la había echado tanto de menos que ahora que estaba de nuevo con él, no quería dejar de besarla. Las manos heladas de ella estaban ancladas en su nuca, jugueteando con su pelo; era una sensación que también había extrañado.

Bella sintió como el agujero que tenía en su pecho se cerró, y miles de nudos se anclaban en su estómago, como siempre pasaba cuando él la besaba de esa manera. No era Mike, no era Riley... era su Edward, y no permitiría que nada los volviera a separar.

Un carraspeo resonó en el ambiente, haciendo que la pareja deshiciera el beso a regañadientes; miraron hacia unos laterales, para encontrarse con Bill, que intentaba mirar hacia otro lado, rascándose la nuca, incómodo.

-¿El resto ya se ha ido?- preguntó el cobrizo, abrazándola contra él.

-Hace un buen rato- le informó el buen hombre -Alice me pidió que aguardara aquí; hay un coche esperándoos- les dijo.

-Gracias, Bill- contestó este, bajando su vista y sonriendo a la que, de nuevo, era su novia -¿nos vamos?

-Sí- suspiró ella, antes de ponerse de pie. Edward la tomó de la mano, y con una sonrisa adornando sus caras, partieron camino al hotel.

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-¿Mañana haremos turismo?- preguntó Bella a su chico; estaban parados en la puerta de su habitación, pero Edward estaba demasiado ocupado, besando suavemente su cuello.

-Sí- afirmó él, haciéndole cosquillas con su aliento -y de compras- añadió, antes de levantar su cabeza.

-Entonces debes descansar- le indicó ella -tienes que estar agotado.

-No me importa- se encogió de hombros, para después agachar su cabeza y volver a besarla. No le hacía demasiada gracia, pero estaba resignado a dejar a su calabacita irse a su habitación.

Pero cuando iba a romper el beso, ella pasó una mano por su cuello, a la vez que la otra recorrió lentamente su pecho, mandando escalofríos hacia una zona muy concreta de su anatomía. Su reacción automática fue rodear su cintura, y presionar su cuerpo contra la puerta. Bella gimió, extasiada, sintiendo todos y cada uno de los músculos de su cuerpo.

-Edward...- gimió ella, cuando sus bocas se separaron, y este trazaba un camino de besos a lo largo de todo su cuello, para culminar con una pequeña caricia en ese punto, justo debajo de su oreja.

-Pídeme que pare ahora, Bella- habló este, con la respiración agitada. Al abrir los ojos, se perdió en ese mar jade, que brillaba con miles de sentimientos arremolinados en su interior. La respuesta de ella lo dejó noqueado, ya que volvió a colgarse de su cuello y a besarle, acercando sus cuerpos todavía más, si era posible.

-No quiero que pares- susurró la castaña, liberando un segundo sus labios; un gemido brotó de su garganta al ver como su calabacita se mordía el labio. Demasiado había fantaseado con su cuerpo, con demostrarle cuanto la amaba...

A trompicones consiguió abrir la puerta de su habitación, y sin dejar de besarla, la tumbó encima de la cama. Una de las manos de Edward jugaba con su larga melena, y la otra trazaba sinuosas caricias a lo largo de su costado, pasando tentativamente por sus pechos, ligeros toques como si de una pluma suave se tratara.

-¿Estás segura?- le preguntó este, serio -sabes que esperaré todo lo que necesites, y...- ella le calló de nuevo, volviendo a juntar sus labios con los suyos. Olas de estremecimiento la recorrían al paso de las manos del cobrizo por su cuerpo... no quería esperar más.

-Rose me dijo que una de las reglas de salir con una estrella de la música- Edward arqueó una ceja, mirándola extrañado a la vez que posaba una de sus manos en el hueso de su cadera -era que nada de sexo después de los conciertos- le retó ella, mirándole con verdadera pasión en sus ojos.

-¿Ah, sí?- esbozó esa sonrisa torcida que tanto le gustaba -puedo demostrarte lo contrario- susurró en su oreja, de manera sugestiva, para después dejar un pequeño beso en ella.

Poco a poco, las pequeñas manos de Bella se deshicieron de la sudadera y camiseta de Edward, dejando su increíble torso al descubierto; la serpiente caracoleaba a lo largo de su brazo, debido a la contracción de sus músculos; se incorporó, dejando suaves y pequeños besos en su garganta, bajando poco a poco por su pecho. Edwward gimió, debido al escalofrío que le provocó el contacto, y aprovechó que ella estaba incorporada para quitarle su chaqueta y su camisa.

Piel suave y pálida fue revelándose ante sus ojos; sus dedos picaban por recorrerla con las yemas de sus dedos; dos pechos firmes estaban cubiertos por un sujetador de color rosa pálido, contrastando de maravillla con su tono de piel. Ella detuvo sus besos al sentir la mano de Edward directamente en su estómago.

-No pasa nada- susurró él, besando tiernamente sus labios; Bella tragó saliva al sentir como uno de los dedos de su novio pasaba por encima de su ombligo.

-Eres suave- le dijo él, con una pequeña sonrisa. Podía sentir la hendidura que se formaba en esa zona, a consecuencia de un pequeño michelín... pero apenas se notaba, y le gustaba.

-Sé que no soy perfecta, y entendería que...- Edward la volvió a callar, con un pequeño beso.

-Para mi lo eres- afirmó con seriedad, mirando sus ojos marrones -eres preciosa, cariño... y quiero verte, y besarte, y acariciarte- la castaña se estremeció; sus ojos verdes la miraban con tanta determinación, pero a la vez con tanto amor, que un escalofrío recorrió su espalda.

Bella cerró los ojos, disfrutando de las caricias y besos que su chico imprimía a lo largo de todo su cuerpo; cada trozo de piel que enfocaban esos ojos verdes era besada con cariño. Su espalda de arqueó, y de su garganta salió un gemido cuando la punta de su lengua tocó uno de sus pezones, todavía cubierto por el sujetador.

En uno de esos momentos, Edward aprovechó para pasar sus manos por detrás de la espalda de la joven, para desabrochar con pericia esa tediosa prenda, apartándola con cuidado. Abrió sus ojos marrones, estudiando con cautela la reacción de este.

Dos hermosos pechos, perfectamente llenos y coronados por esos pezones rosados hicieron que la boca de Edward salivara en anticipación; esbozó su característica sonrisa torcida antes de atrapar una de esas pequeñas cúspides con sus labios.

La castaña jadeó, cerrando los ojos y dejando que esa deliciosa sensación recorriera su cuerpo; sus puños agarraban el cabello cobrizo, impidiendo que apartara su cabeza; hacía mucho tiempo que nadie la acariciaba y la besaba así, y era una sensación indescriptible. Las caderas de ambos embestían al unísono, y aun con la ropa puesta, el placer los estaba torturando.

-Deliciosa- su aliento contra su pecho hizo que su piel se erizara; sin poder contenerse más, sus pequeñas manos buscaron los botones de esos pantalones vaqueros que tan bien le quedaban; un ronco y sexy jadeo salió de la boca de Edward al sentir sus fríos dedos acariciando su hinchado miembro por encima de sus boxers. Demasiado tiempo esperando por esto, y no podía más.

Él mismo le ayudó a empujar su ropa hacia abajo, y segundos después la castaña también estaba completamente desnuda, con Edward posicionado entre sus piernas y besándola profundamente. El roce de sus cuerpos era como fuego, extendiéndose a todos y cada uno de los poros de su piel. Edward separó sus labios un segundo, mirando a su chica con adoración; su boca, hinchada por sus besos, su pelo revuelto, sus ojos marrones, pidiéndole en silencio lo que él también deseaba.

Se separó lo justo de su cuerpo, para tomar un preservativo del cajón de la mesilla. Mientras se lo ponía, Bella recorrió con sus dedos la perfecta uve que moría en su bajo vientre, dibujando con sus dedos cada músculo perfecto, y mordiéndose el labio en anticipación mientras miraba al objeto de su deseo.

Sonriendo, e intentando infundirle tranquilidad, volvió a cernirse sobre ella; ya tendrían tiempo en otra ocasión de más preliminares, eso no le importaba. Había esperado mucho tiempo para tenerla así, con él, y esa espera mataba.

Con cuidado, se abrió paso en su interior; Bella cerró los ojos, disfrutando de esa dulce invasión; una sensación increíble empezaba a recorrer su cuerpo, haciendo que sus manos apretaran y acariciaran la espalda de Edward.

-Bella...- gimió él, besando su cuello -tan bien, cariño...

-Sí- jadeó ella, sintiendo como una de las manos de este recorría con cuidado unos de sus muslos, para terminar apoyando su pierna sobre su cadera -más, por favor...- le pidió.

-Bella...- seguía gimiendo Edward, entrelazando sus dedos con los de ella, apretándolos según el ritmo de las enbestidas iba aumentando.

Jadeos y murmullos incoherentes coparon el ambiente; la fricción de sus cuerpos, unido a los profundos empujes, hicieron que poco a poco, el placer fuera demasiado insoportable; las paredes interiores de la joven se contraían cada vez con más intensidad; Edward se dio cuenta de que estaba cerca, y aumentó el ritmo, llevándola a alcanzar el orgamo segundos antes de que el cuerpo de Edward se convulsionara violentamente.

La joven cerró los ojos y tomó aire de manera profunda, intentado recomponerse; su novio seguía desplomado encima suyo, también jadeante. Pensaba que Edward se apartaría y se tumbaría a su lado, pero su corazón se encogió cuando este levantó la cabeza, y la besó con tanta ternura que se estremeció de nuevo.

-Te quiero- murmuró contra su pequeña boca, haciendo que ella abriera los ojos.

-Yo también te quiero- contestó ella, sonriendo y pasando las manos por su pelo, mucho más revuelto que de costumbre.

Se tumbó sobre ella, dejando antes un pequeño beso justo encima de su corazón, y queriendo fundirse en su abrazo. Ella cerró los ojos satisfecha, a la vez que sus dedos jugaban con sus hebras color cobre y sus pendientes, antes de que el sueño se los llevara a ambos.


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