Hooola mis chicas hermosas!
Lamento el retraso, pero me ha sido imposible actualizar antes, ni poder contestar los reviews; lo siento, pero a veces no te da tiempo para nada.
Bueno... al lío. Vamos a ver como se toma Amy la relación de Bella y su padre; puede que os choque un poco al principio, pero ya veréis como al final todo va bien.
Espero que disfrutéis el capi; nos leemos abajo ;)
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.
Canción del capítulo: "I´ll sleep when I´m dead" de Bon Jovi
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Capítulo 21: Situaciones embarazosas
Infundiéndose valor así mismo, Edward Cullen paró el motor del coche, justo enfrente del colegio al que acudía su hija. Dado que hoy no había grabaciones, el cantante decidió recogerla en persona, y pasar la tarde con ella para poder hablar con tranquilidad.
Hacía apenas media hora que se había despedido de Bella, dejándola en la puerta de su casa y prometiendo que la llamaría a la noche; hacía mucho que los chicos no disfrutaban de una tarde libre, así que a Edward no se le ocurrió ocasión mejor para abordar el tema sin que nadie les molestara. No sabía como iba a reaccionar Amy, pero esperaba que todo fuera bien.
Ajustándose la gorra y subiendo la capucha de la sudadera, esperó dentro del coche hasta que vio como poco a poco el patio y la puerta principal se llenaban de niños. Vio a María, que esperaba a los hijos de Alice y Jasper, por lo que se unió a ella. A los cinco minutos, Akane y Amy se acercaron a ellos.
-¡Papá!- exclamó Amy, feliz -¿qué haces aquí?- interrogó extrañada mientras le abrazaba.
-¿No puedo venir a buscarte?- le preguntó el cantante, ante la risa disimulada de María.
-Nunca vienes, tío Edward- rodó los ojos Akane, a a vez que se cruzaba de brazos. Kyo y Hachiko, que también se habían reunido con ellos, esperaban pacientemente, tomados de las manos de María.
-Bueno, pues hoy he venido- contestó Edward, un poco contrariado -¿nos vamos?- cogió la mochila lila de Hello Kitty, que su novia había elegido en Tokio -hasta mañana María, chicos- se despidió de los pequeños Withlock. Su hija también se despidió, contenta por la sorpresa, y ambos se encaminaron hacia el coche.
-¿Tienes muchos deberes?- le preguntó su padre, una vez que arrancó el motor.
-No hemos tenido clase de gimnasia, así que los he terminado casi todos- contestó la niña, mirando por la ventanilla.
-Eso está bien- contestó de vuelta este, mirando a su pequeña por el espejo retrovisor; cuando fue a abrir la boca, la niña se adelantó.
-Solo tengo que hacer los ejercicios de música; no entiendo eso de las corcheas y semi corcheas- se cruzó de brazos; Edward rió.
-No es tan complicado, cariño- por suerte, el tráfico estaba bastante despejado, y pronto llegarían a casa.
-Para ti, seguro que no- seguía refunfuñando su hija; el cantante negó con la cabeza; desde luego, su pequeña no tenía interés alguno por los estudios musicales.
-¿Quieres ir a dar un paseo por la playa?- le ofreció su padre -podemos sacar a Baxter.
-¿Tomaremos un helado?- le pidió, con una sonrisa inocente. En una de las calas privadas había un pequeño puesto de helados italianos, al cual solían acudir muchas veces -te prometo que antes meriendo, y luego me tomaré toda la cena.
-Eres una pequeña chantajista- reía divertido Edward -está bien, pero una tarrina de las pequeñas.
Por fin, el cantante aparcó en el garaje de su casa; Amy corrió a saludar a Carmen, a la vez que su padre aprovechaba para ir a cambiarse de ropa; al bajar a la cocina Baxter corrió a su encuentro, agitando alegremente su cola.
-Hola colega- le palmeó suavemente el lomo, ante la sonrisa de su ama de llaves -hola Carmen.
-¿Qué tal todo?- su suave acento hispano todavía se podía notar, a pesar de llevar más de treinta años en Los Ángeles.
-Bien- se encogió de hombros -¿han venido a arreglar el filtro de la piscina?
-Eleazar ha llamado esta mañana; no pueden venir hasta dentro de dos días -le explicó la mujer.
-Esta bien- suspiró, mientras esperaba a su hija, que merienda en mano, había volado escaleras arriba para quitarse el uniforme del colegio.
-Te he visto en la televisión- inquirió la mujer; Edward giró la cabeza, frunciendo el ceño.
-Pensaba que estabas acostumbrada a verme en esa caja tonta- rió divertido, cruzándose de brazos y apoyándose en el mostrador, mientras Carmen terminaba de preparar la cena de esa noche.
-A ti, sí- le aclaró ella, con una mueca de obviedad -esa chica... ¿de verdad es tu novia?
-Sí- sonrió, acordándose de su calabacita -se llama Isabella; ya la conocerás.
-No puedo creer que hayas sentado la cabeza- se burló ella, en bromas.
-A veces, yo tampoco- rió con suavidad este -voy a contárselo a Amy- suspiró.
-Vaya- murmuró la mujer, sorprendida -así que va muy en serio.
-En realidad, Amy la conoce- Carmen lo miró, extrañada -trabaja con Alice, y nos acompaña en la gira.
-Isabella... -meditó ella, hasta que unió las piezas en su cabeza -¿es la famosa Bella, que ayuda a Amy con los deberes?- este asintió con la cabeza -la niña no deja de hablar de ella, así que no creo que tengas que preocuparte mucho.
-Eso espero yo también.
-Los niños son más listos de lo que pensamos- seguía hablando ella -puede que ella ya intuya algo.
-Según Tanya, no le ha preguntado nada; y sabes lo curiosa que es; si hubiera oído o visto algo habría preguntado.
-También es verdad- le dio la razón, a la vez que guardaba una bandeja tapada en el horno -solo tienes que calentar la lasaña para la cena- le recordó, volviéndose -¿necesitas algo más?
-No, tranquila- contestó, con una pequeña sonrisa.
-Entonces me voy a casa- exclamó ella.
-¿Cómo están los chicos?- le preguntó este.
-Adolescentes- musitó esta, rodando los ojos -están en la época de salir, y ya conoces a su padre- Edward sonrió -para algunas cosas son mayores, pero para otras no.
-Hace mucho que no les veo- suspiró Edward.
-Daniel ya tiene dieceséis años, y Henry catorce; no puedo creer que mis niños ya sean tan mayores- dijo Carmen, con melancolía.
-Dímelo a mi- contestó el cantante -parece que fue ayer cuando Amy nació.
-El tiempo pasa rápido- le dio la razón la mujer -en un abrir y cerrar de ojos, estarás lidiando con una Amy adolescente; y siempre dicen que los padres son menos permisivos con las hijas adolescentes.
-Eso me dijo Bella, hace un tiempo- recordó.
-Estoy deseando conocerla- habló esta, contenta.
-Ella también tiene mucha curiosidad por conocerte- Edward oyó los pasos presurosos de su hija, que se acercaba a la cocina, hablando con el perro.
-Buena suerte- sonrió Carmen, a la vez que pasaba a su lado y le palmeaba el hombro.
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Después de despedirse de Carmen, Edward y su hija bajaron hacia la playa; una vez allí, soltaron a Baxter, y ellos dos se sentaron en el pequeño muro que delimitaba el paseo. Por suerte para el cantante, y al ser entre semana, no había muchos vecinos paseando.
-Hija- la llamó el cobrizo; la pequeña levantó la vista del helado de chocolate, para mirar a su padre con una sonrisa -¿tú quieres mucho a Bella, verdad?- su hija asintió con la cabeza, de forma enérgica.
-Es muy simpática- empezó a hablar Amy -me ayuda con los deberes, y juega con Akane y conmigo- le contó. Edward sonrió, y le dio una calada al cigarrillo antes de seguir hablando, pero como siempre, su hija se adelantó -¿a ti no te parece simpática?; el tío Jake dice que lo es.
-Sí que lo es- sonrió de medio lado -verás hija...- se calló unos segundos, pensando las palabras -resulta que yo también la quiero mucho- estudió con cuidado la reacción de Amy.
-Eso está bien- se encogió la niña de hombros; su padre frunció el ceño, mirándola extrañado -los amigos se quieren; yo quiero a Akane, a Sally...- enumeró.
-Eso es cierto- le dio la razón -pero cariño; no me refiero a eso- ahora la que le miró sin entender fue su hija -verás Amy... resulta que yo también la quiero, y la quiero mucho; pero no como una amiga- se quedó callada, procesando lo que su padre le decía.
-¿La quieres como los chicos quieren a las chicas?- preguntó; su pequeña no tenía un pelo de tonta.
-Sí- admitió el cantante, esperando la próxima reacción de Amy.
-Entonces... ella es tu novia- parecía que hablaba sola; no sonreía, pero tampoco parecía enfadada o molesta.
-Sí cariño, Bella es mi novia- su padre hizo que le mirara -ella y yo queríamos que lo supieras antes de que...
-Está bien- dijo ella, de manera simple, y cortando a su padre. Edward no las tenía todas consigo; no sabía que esperar de esa conversación, pero el silencio no era una de esas cosas -¿puedo ir a jugar con Baxter?- le preguntó.
Edward asintió con la cabeza, y antes de que pudiera preguntarle nada, Amy se levantó, para acercarse al perro, que había correteado a su alrededor durante la escueta conversación. Extrañado por la actitud de su hija, sacó su teléfono y llamó a su chica, que respondió al tercer tono.
-Que rapidez- fue le saludó que le dedicó esta -no esperaba tu llamada hasta después de la cena- Edward rió -¿cómo ha ido?- inquirió, seria y nerviosa.
-Bueno...- el cantante se pasó la mano por su pelo -ha dicho que está bien.
-¿Sólo eso?- preguntó extrañada; a Bella también le parecía raro que con lo habladora que era, no hubiera acribillado a su padre a preguntas.
-Simple y llanamente- contestó -francamente, no sabía que esperar... pero eso no.
-Eso es que no lo ha tomado bien- murmuró ella, con voz triste.
-No digas eso, calabacita- la intentó consolar -puede que lo esté procesando- dijo, tentativamente -no ha puesto mala cara, ni nada de eso.
-No sé- murmuró Bella -¿y si hablamos los dos con ella?- nunca había escuchado a su novia tan preocupada y triste.
-Eso lo podemos hacer mañana, cuando llegue del colegio- le dio la razón este -pero cariño; quiero que estés tranquila. Estoy seguro de que una vez se haga a la idea, estará encantada.
-Eso espero yo también- contestó ella.
Después de unos minutos de charla, Edward se despidió de su novia; vio a su hija correteando por la orilla, seguida de Baxter, que agotado, ya sacaba la lengua. Amy no parecía disgustada, pero le parecía muy raro ese silencio por parte de su pequeña.
De vuelta a casa, no dejó de darle vueltas a la cabeza; esperaba que la conversación de mañana fuera un poco mejor.
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-¿Así que todo ese asunto del comunicado iba en serio?- Bella resopló, escuchando la pregunta de su madre; Alice lo había mandado esa misma mañana, y la noticia ya era de dominio público.
-Sí, mamá; mi jefa pensó que era lo mejor, y Edward también.
-Pensaba que simplemente se os vería juntos; ayer mismo os pillaron paseando- la castaña sonrió, acordándose del paseo que dieron después de la pizzería italiana -incluso Edward contestó a la prensa.
-No suele hacerlo, en eso te doy la razón- contestó -¿qué dicen por Forks?
-Tus antiguas compañeras de instituto me preguntan si es cierto- rió Renée -yo simplemente les he dicho que eso decía el comunicado.
-Ya veo- murmuró, hastiada -lo que menos queremos Edward y yo, es que los periodistas os molesten, y estén acechando a la puerta de casa -sus padres eran personas anónimas, y no quería que los agobiaran.
-Pero eso es algo que no podréis evitar, cariño. Dile a Edward que agradezco su preocupación, pero no puede tener todo bajo control, y más en ese mundo.
-¿Y papá, qué dice?- inquirió ella, curiosa.
-Sabes que tu padre está contento por ti; él aprobó la relación desde el principio.
-Me refiero a si la gente le preguntará cosas- le aclaró, con una pequeña mueca.
-Ya conoces a tu padre- rió cómplice Renée -es muy discreto para esos asuntos- hizo una pausa -no tenéis que preocuparos por nosotros, hija. Te aseguro que estaremos bien.
Después de hablar durante unos minutos más, colgó el teléfono, resoplando cansada. Los medios ya se habían hecho eco del escueto comunicado, que simplemente confirmaba la relación sentimental de Edward Cullen con Isabella Swan, y que pedía tranquilidad y respeto para la pareja. Al volver a su mesa, Reneesme y Alice sonrieron.
-¿Estás bien?- le preguntó la pelirroja -no tienes buena cara.
-Mi madre- negó con la cabeza -creo que va a seguir nuestras apariciones en la prensa con mucha atención; por supuesto, ya había visto no se cual programa de cotilleos, y se ha enterado del comunicado.
-Es lo que tiene ser una celebridad- se medio burló Reneesme, de broma.
-Yo no soy la famosa, es él- le aclaró la castaña, con una mueca de obviedad.
-Tranquila- intentó reconfortarla Alice -los mantendremos a raya.
-De momento, las reacciones son buenas- tomó la palabra la otra publicista -reviso con frecuencia Facebook y Twitter, y varios foros de prensa rosa, no hay mucha crítica.
-Y sabes que a palabras necias, oídos sordos- la previno su jefa -en este mundillo les encanta hablar, criticar e inventar chismes y rumores sin fundamento... pero sólo tú y Edward sabéis la verdad.
-Eso es verdad- intentó animarse así misma; no sabía si esa misma noche tendría a los periodistas acampando a la puerta de su apartamento; sacudió la cabeza, intentando alejar esa situación.
-Por cierto- Alice desvió la conversación -¿cómo va la actualización de la página oficial?
-Creo que es mejor empezar de cero- dijo la pelirroja, con una pequeña mueca -además, tengo algunas ideas que me gustaría comentarte, acerca de la venta de Merchandising online.
-Podemos abordarlo; sé de grupos que tienen esa opción, y las ventas van muy bien- meditó la morena, en voz alta.
-¿La discográfica también obtendría los mismos beneficios que por el Merchandising del comercio físico?- preguntó ahora Bella.
-De momento es lo que reza el contrato, sin especificiar de donde vienen las ventas- les contó Alice -dentro de unos meses toca renovación, entonces lo veremos.
Siguieron hablando acerca del tema, hasta que oyeron voces y grititos infantiles, y pequeños pasos acercarse al inmenso despacho; los chicos llevaban casi todo el día encerrados en el estudio insonorizado, así que podía decirse que prácticamente estaban solas.
-¡Mamiiii!- Hachiko corrió a los brazos de Alice, que la cogió con cuidado.
-¿Qué tal el cole?- le preguntó esta, quitándole el pelo de los ojos, ya que había perdido las horquillas.
-Bien- le contó, casi susurrando.
-¡Bellaaaaaaaaaaaa!- Kyo se abalanzó sobre la castaña, que lo atrapó antes de que tropezara.
-Hijo, ten cuidado- le reprendió, ante las risas de Reneesme y Bella, pero el niño hizo caso omiso a su madre. Akane y Amy entraron justo unos segundos después. La castaña miró a la hija de su novio, nerviosa.
-Hola chicas- las saludó a las dos.
-Hola Bella- la que correspondió al saludo fue la hija de Alice y Jasper; Amy la miraba, en completo silencio -hoy no tenemos deberes de matemáticas.
-Qué suerte- exclamó esta, de manera graciosa; Akane rió, pero Amy seguía en completo silencio. Kyo seguía encaramado a su cuello, mirando la situación -¿los problemas que hicimos el otro día estaban bien?- miró directamente a la hija de su novio, pero de nuevo Akane se adelantó.
-Sí- exclamó, con una pequeña sonrisa -la semana que viene tenemos otro control- le relató, mientras se quitaba la mochila.
-Entonces habrá que repasar- dijo Bella; dejó a Kyo en el suelo, ya que Alice y Reneesme se los llevaron a la cocina, a merendar.
Akane siguió a su madre y hermanos, pero Amy se dio la vuelta, andando en dirección contraria, camino del estudio. Bella la siguió, extrañada por el comportamiento de la niña; según Edward, no se había tomado la noticia mal... pero algo no marchaba.
-Amy- la llamó -cariño, no puedes entrar- le dijo.
-Déjame en paz- soltó, relamente enfadada. Bella tragó saliva, ante la cara de enfado de la niña; todos sus temores se habían hecho realidad.
-¿Qué te ocurre?- le preguntó, agachándose y quedando a su altura.
-Eres la novia de papá- le dijo, con tono acusatorio -pensaba que eras mi amiga- susurró, en voz baja.
-Y lo soy, cariño- Bella intentó tomarla de la mano, pero Amy la apartó con un gesto muy brusco.
-¡No lo eres!- le gritó -¡déjame en paz!
-Amy...- la castaña intentó tranquilizarla, pero no lo consiguió; no entendía que le pasaba.
-¡Déjame!- la niña gritó con tanta fuerza que Bella se quedó blanca, sin saber que hacer o decir -¡las novias de papá no me dicen lo que tengo que hacer!
-¡Amy!- ambas se volvieron al escuchar la voz de Edward; estaba de brazos cruzados, y miraba a su hija muy enfadado... ¿qué diantres le pasaba a su pequeña? -estás castigada, señorita.
-Edward, no te enfades con ella- le suplicó su novia, levantándose y acercándose a él.
-No, Bella; sabe perfectamente que no puede gritar y faltarle el respeto a un adulto- se volvió a su pequeña, que seguía con los brazos cruzados y la mirada enfadada -¿por qué le has gritado así a Bella?
-Ella es tu novia- murmuró su hija -ya no va a ser mi amiga- Bella vio como los ojos azules de la pequeña se cristalizaban, y enseguida comprendió lo que le pasaba.
Edward y ella se miraron, y decidieron salir al jardín, para hablar con ella sin que nadie les interrumpiera. Se sentaron los tres en un banco, con la niña en medio de los dos.
-Cariño- Edward se frotó los ojos -¿por qué dices eso?
-Gianna no era mi amiga- se encogió Amy de hombros, mirando la suelo -nunca quería hacer nada conmigo.
-Pero eso no va a pasar con Bella- le explicó su padre, que dio una pequeña sonrisa de ánimo a la castaña, para que ella hablara también.
-Yo seguiré siendo tu amiga, y ayudándote a hacer los deberes...- enumeró, con una sonrisa nerviosa.
-Podremos salir los tres a pasear, a hacer cosas...- continuó Edward, que entendía como se sentía su hija, y no la culpaba.
-¿En serio?- los ojos de la pequeña se iluminaron.
-Yo quiero mucho a tu padre- el cantante sonrió -y eso te incluye a ti también; yo no quiero quitarte a papá, sino que podamos estar juntos los tres.
-Entonces...- la pequeña puso cara pensativa -¿vamos a ir de compras, y a la playa?- Edward rió suavemente.
-Haremos lo que tú quieras- le prometió este, ante el alivio de la castaña.
-¿Vais a casaros?- soltó la niña tan tranquila, mirándolos muy interesada -los novios se casan- se explicó, con inocencia.
-Es muy pronto para eso, cielo- habló Bella, un poco roja por la vergüenza; el cantante contenía una mueca divertida.
-¿Y vas a vivir con nosotros?- siguió preguntando.
-De momento, no- Bella le acarició el pelo.
-Pero va a pasar mucho tiempo en casa, con nosotros- siguió hablando Edward -aunque Bella tenga todavía su casa.
-¿Te parece bien?- interrogó la castaña, aliviada porque la situación ya se había arreglado. Amy asintió y se puso de pie, quedando frente a los dos.
-Siento haberte gritado- se disculpó la niña, agachando la cabeza.
-No pasa nada- Bella abrió los brazos, y Amy se acurrucó en ellos, dándole un pequeño abrazo.
-¿Sigo castigada?- preguntó esta con un pequeño mohín, mirando a su padre, todavía abrazada a la castaña.
-Me lo pensaré- exclamó Edward, mirando a su chica con complicidad.
-Me he disculpado- protestó la niña; Bella y ella pusieron un lamentable puchero de pena, y el cantante no pudo disimular la sonrisa.
-Eso no vale- protestó el cobrizo, cruzándose de brazos.
-Vamos, Edward- le pidió su novia -estoy segura de que no lo volverá a hacer- miró a Amy, que asintió enérgicamente con la cabeza.
-Está bien- se dio por vencido -no puedo contra las dos- refunfuñó, en bromas.
-Acostúmbrate- sonrió su chica inocentemente, gesto que imitó Amy de manera graciosa.
-¿Puedo ir a merendar?
-Claro- asintió Edward, antes de darle un beso en la mejilla. La pareja vio como la niña corría hacia el interior de la casa.
-¡Ah!- la pequeña se dio la vuelta, llamando de nuevo la atención de los dos -¡quiero un hermanito como regalo de navidades!- medio gritó, ya que estaba un poco alejada.
-Eso no es un juguete que puedas pedir, cariño- Bella contenía la sonrisa, ante la torpe explicación de su chico.
-¿No hacen eso los novios?- se encogió la niña de hombros, antes de salir pitando hacia la cocina. El cantante se quedó estático, con una ceja alzada.
Bella se quedó blanca, tragando saliva y mirando de reojo a su novio, que tenía una mueca de incredulidad en su rostro.
-Quiero un hermanito como regalo de navidades...- repitió el cobrizo, todavía sin salir de su estupor -¿desde cuándo una niña de nueve años sabe eso?- cuestionó, con estupor.
-Hum... puede que lo haya estudiado en la clase de ciencias- fue la inteligente respuesta de su chica, y asomando en su boca un atisbo de sonrisa.
-Muy graciosa- protestó este, rodeando su hormbro con un brazo y acercándola a él -ahora comprendo su silencio de ayer- meditó en voz alta.
-Si lo vemos desde su punto de vista, tiene su lógica- le dio la razón Bella -¿recuerdas cuando Tanya la llevó a casa de Jake, antes de empezar la gira?- este asintió.
-Fue un comentario desafortunado por parte de Gianna- rememoró el cobrizo, con una mueca de fastidio -siempre me acuerdo como te la llevaste del jaleo, queriendo evitar que la niña se sintiera incómoda.
-No era justo para ella ver eso, ni bueno- respondió -¿crees que irá todo bien, a partir de ahora?
-Ya no tendré que contener las ganas de darte un beso, aunque esté ella- dijo Edward, acercándose a ella y besando suavemente sus labios -en serio cariño, ahora que hemos aclarado ese punto con Amy, estará encantada.
-Lástima que no podamos salir este fin de semana- exclamó la castaña, con una mueca de fastidio; pasado mañana, viernes, cogían de nuevo un avión, rumbo a Dubai, para seguir con la gira.
-Tendremos tiempo, tranquila por eso- la consoló su novio, besando suavemente su frente -¿has hablado con tu madre, por lo del comunicado?
-Sí- confirmó -le ha sorprendido que te pronuncies acerca del asunto -expresó, con una mueca que hizo sonreír a Edward -¿y tú con los tuyos?
-Con mi padre- se encogió de hombros -se alegra mucho por nosotros; esa ha sido su respuesta- Bella decició no hacer comentarios al respecto.
-¿Y cómo va mi canción?- cambió de tema, haciéndose un poco la desinteresada.
-Ya te dije que no te voy a decir nada, calabacita- respondió, conteniendo la risa -es sorpresa.
-Tú y tus sorpresas- rodó los ojos ella.
-Te gustará; fíate un poco de mi- le pidió.
Bella torció la boca, en un claro gesto de desacuerdo, pero terminó por darle un pequeño beso, antes de sonreír y de que ambos se levantaran, para seguir cada uno con su trabajo.
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-Esto es impresionante- decía Reneesme una y otra vez, con la boca abierta y mirando hacia todos los lados; acababan de llegar al lujoso hotel en el que se alojarían en Dubai, el Burj al Arab, que estaba considerado el hotel más lujoso del mundo. Con forma de vela de barco, y en medio de una pequeña isla, rodeado de kilómetros de playas, era uno de los iconos de la ciudad.
-Es increíble el dinero que puede haber invertido aquí- decía también Sam.
-Ya sabes, deja la música y haz negocio con el petróleo- expresó Emmett, alucinado como estaba. Era la primera vez que el grupo tocaba en ese país, y todos estaban impresionados por lo que estaban viendo.
-Yo solo quiero que nos den ya las habitaciones, y poder echarme a dormir- bostezaba Jasper, con cara de cansancio. Con el cambio de horario, habían llegado a media mañana, hora local, y el concierto era esa misma noche. Debido a la apretada agenda, la rueda de prensa tendría lugar en el Dubai Sports City, lugar del concierto.
-Ya está- anunció Bella, repartiendo las llaves de las habitaciones -estamos en la planta treinta y cinco- les informó, a la vez que repartía las llaves. Normalmente era Alice ya que se encargaba de eso, pero se había quedado en Los Ángeles -nuestro equipaje ya está arriba.
Por suerte para el grupo, las medidas de seguridad eran inmensas, por lo que apenas hubo avistamientos de prensa ni en el aeródromo privado en el que habían aterrizado, ni en la entrada del hotel. Dos botones les acompañaron hasta su piso, dejándoles en un amplio recibidor, que conectaba las suites de cada uno.
-Vaya...- murmuró Jake -los muebles parecen de oro- toda la decoración de las suites estaba conformado por lujosas telas de seda en tonos azules, y muebles lacados en dorado.
-Seguro que ese cojín vale más que tu casa entera- se burló Edward, cargando con su maleta y la de Bella, rumbo a su habitación.
-¿Se notará mucho si me llevo algunos, y los vendo?- bromeó el moreno, arrancando las risas del resto.
-Por si acaso, no pruebes- le recomendó Bella, rodando los ojos.
-Puede que no te dejen salir del país, así que no sería mala idea- añadió la pelirroja, con una sonrisita de suficiencia; Emmett contuvo la risa. Desde esa primera presentación de ambos, los piques eran la tónica habitual.
-Que pena- Jake se llevó las manos al pecho -estoy seguro de que eso te causaría un gran disgusto, Nessie- soltó tan tranquilo, pero los ojos de la aludida se ensancharon, incrédulos y cabreados.
-¿Cómo me has llamado, morenito?- puso los brazos en jarras, taladrándole con la mirada.
-Vamos- protestó este -no hay quién pronuncie bien ese nombre.
-Ya estamos- siseó Edward entre dientes, a la vez que su chica era muda espectadora de la situación.
-¿Me has puesto de apodo... el nombre de un monstruo?- le reclamó la pelirroja, cruzándose de brazos.
-Es cariñoso- se defendió el guitarrista, alzando las manos -es como si fuera una abreviatura de tu nombre.
-Lo tendré en cuenta a la hora de buscarte uno, morenito- fue la escueta respuesta de esta, antes de tomar su maleta y dirigirse a su habitación,
El resto de los chicos y Bella estallaron en carcajadas al ver la cara de póquer del pobre Jake, que refunfuñaba para sí mismo; era muy cómico verlos discutir.
-Dios, tío... ¿cómo se te ocurre llamarla así?- le preguntó Emmett, limpiándose las lágrimas.
-Era sin mala intención- se defendió este, cruzándose de brazos.
-Así no te la vas a ganar- meneó la cabeza Jasper, divertido.
-Tampoco es que ella ponga de su parte- seguía protestando el guitarrista -¿y quién ha dicho que quiero ligármela?
-Vamos, tío- ahora el que habló fue Edward -el día que empezó a trabajar se te caía la baba- le recordó.
-Eso es cierto- Jake miró incrédulo a Bella, que por una vez, estaba de acuerdo con el resto.
-¿Tú también?
-Tienes que tener un poco de paciencia- le dijo ella -si sabes que no es muy dada a bromear, no la piques.
-Cosas más complicadas se han conseguido -habló ahora su primo, palmeándole el hombro -mira a estos dos- señaló a Edward y Bella.
-Claro, muy bonito- se burló Jake -a Bells le pones una canción de Megadeth y ya está- Edward rió, mirando a su calabacita.
-Francamente, tío... te veo aprendiendo a bailar música electrónica- se carcajeó Jasper.
-Pagaría por ver algó así- reía también Emmett.
-Ni en tus mejores sueños- siseó, antes de tomar su maleta y dirigirse a su habitación. Jasper y Sam reían, a la vez que Emmett se volvió a Edward.
-Te apuesto doscientos pavos a que en menos de un mes, tenemos al mismísimo Jacob Black bailando a pleno ritmo en las discotecas- le retó el batería a su amigo.
-Imposible- rodó los ojos el cantante -trescientos a que no cae- le picó de vuelta.
-Hecho- ambos chocaron las manos, ante la cara resiganda de Bella.
-¿Siempre buscas la forma de hacer negocio?- le preguntó a Emmett.
-No hay que perder la ocasión de ganar unos cuantos dólares- se excusó este.
Cada uno se retiró a sus respectivas habitaciones, y Bella no pudo evitar dejarse caer en la enorme y mullida cama. Apenas habían podido dormir en el avión, y no estaba segura de los litros de cafeína que necesitarían los chicos y ella misma para aguantar hasta el final del concierto.
Cerró un momento los ojos, y sonrió al sentir como su novio se tumbaba con suavidad encima de ella, sin hacerle daño.
-He echado de menos tenerte así- susurró Edward contra sus labios, para después besarla. Su lengua delineó con cuidado el labio inferior de su chica, gesto que ella correspondió abriendo la boca y permitiendo que ambos músculos se mezclaran, suave pero a la vez de manera juguetona.
-Yo también- admitió ella, pasando sus manos por su rebelde pelo y alborotándolo más. Sus pequeñas y heladas manos descendieron de manera sinuosa, perdiéndose por el interior de su camiseta y acariciando su pecho.
-Cariño...- jadeó el cantante; cuando él iba a imitar la acciòn de su chica, unos golpes en la puerta hicieron que la diversión parara.
-¡Chicos, ha llegado el almuerzo!- oyeron a Reneesme -¡lamento interrumpiros la diversión!- se disculpó, conteniendo la risa.
-Siempre igual- siseó frustado Edward, meneando la cabeza -¿tienes hambre?- pasó la mano por la mejilla de su novia.
-Podría comer algo- admitió esta, todavía con la respiración agitada, debido a los besos y a las caricias.
-¿La hora de la siesta?- preguntó Edward, con voz ronca y sugerente, alzando las dos cejas de forma sugestiva.
-Pervertido- le dio un juguetón golpe en el pecho, antes de que el cantante se levantara, ayudándola a ella también, para salir a reunirse con el resto.
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-Esto es una locura- se quejó la publicista, sentándose en el sofa del camerino. Después de un almuerzo ligero y de apenas una hora de descanso, la banda y las chicas llegaron puntuales al estadio, donde una alucinada Reneesme fue testigo de como se montaba el inmenso escenario.
-Menos mal que ya se han ido todos- Bella se sentó a su lado; la primera rueda de prensa del grupo en tierras árabes fue perfectamente coordinada por la recién llegada. Era la primera que los periodistas eran todos hombres.
-No sabía que estos chicos montaba todo este jaleo por un concierto- la castaña rió.
-¿En serio que no conocías al grupo?- todavía le parecía muy raro.
-Es verdad- se encogió de hombros -cuando Aro y Alice me entrevistaron, creí que se trataría de un grupo pequeño, y otro estilo de música; cuando ella mencionó Slave Heart, me quedé con cara tonta- Bella sonrió, al escuchar la explicación -nunca me ha gustado ni el rock, ni el heavy ni nada de eso...
-Te acostumbrarás- le dijo ella -en un rato, los verás en su salsa.
-¿Cómo es ser la novia de un famoso?- ahora la ronda de preguntas se volvió contra la castaña.
-Es raro, pero ante todo, Edward es una persona normal y corriente- le contó, con una pequeña sonrisa -ya los has visto estos días en el estudio; no hacen nada más que trabajar. Todos ellos tienen los pies en la tierra.
-En eso llevas razón- admitió Reneesme -yo pensaba que todos los días eran juergas locas.
-Eso pregunté yo también- rió esta, recordando.
-También pensé que eran muchos más altivos y arrogantes- siguió relatando la pelirroja -quiero decir, los grupos así famosos, con montañas de dólares y fans... ya me entiendes- se encogió de hombros.
-Edward, a veces, es un poco divo- le confesó -quiero decir, su carácter hace que, a veces, parece que esté hablando de forma borde y grosera... pero no es así en absoluto.
-Si lo admites tú, que eres su novia... debe ser verdad.
-¿Sabes que al principio nos parecíamos un poco a Jake y a ti?- siguió relatando -no llevábamos muuuy mal- negó con la cabeza -quien me iba a decir hace unos meses que terminaríamos juntos.
-La diferencia es que el morenito y yo no terminaremos juntos, bajo ningún concepto- afirmó, de forma muy rotunda.
-Es un chico encantador- de dijo esta -si lo conocieras un poco más, te sorprenderías.
-No me apetece conocerlo en absoluto- la chica seguía en sus trece -Nessie... ¿qué clase de apodo es ese?- se preguntó así misma, ante la cara divertida de la castaña.
La conversación se vio interrumpida por Bill, que avisó a Bella que había un pequeño problema con los dichosos pases VIP; la castaña se levantó, yendo al encuentro de todos ellos, para hacerlos pasar al camerino. Entre los ilustres invitados había varios magnates del petróleo, acompañados por un sinfín de guardaespaldas y un séquito impresionante, que Bella no sabía si eran familia o simples conocidos.
Muchos de ellos, con túnicas y el tradicional turbante a la cabeza, conversaron con el grupo en un fluido inglés; había muy pocas mujeres, y todas ellas con ricas túnicas bordadas y la cabeza cubierta por pañuelos. No despegaban la mirada del suelo, y apenas hablaban o simplemente se dedicaban a asentir con la cabeza a cualquier frase que fuera dirigida a ellas. Reneesme y ella recibieron anteriormente instrucciones de que fueran discretamente vestidas, para evitar problemas.
Por fin, el ritual anterior a los conciertos dio comienzo. La pelirroja no hacía más que asomarse con discrección, impresionada por la marea de más de las sesenta mil personas allí congregadas, ya aplaudiendo y gritando entusiasmados cada vez que una figura humana aparecía en el escenario.
Jake, guitarra colgada al hombro, se acercó a Bella y Reneesme, que ya habían tomado el lugar acostumbrado para seguir el espectáculo.
-No me esperaba tanta gente- dijo este, meneando incrédulo la cabeza.
-Yo tampoco- admitió Bella -quiero decir, con las costumbres tan arcaícas y severas que tienen... no sé, es extraño- murmuró. Edward se acercó a ellos, y rodeó la cintura de Bella con sus brazos.
-¿Preparada para disfrutar de un poco de buena música?- interrogó Jake a la pelirroja, con una sonrisa maliciosa.
-Aprecio la buena música- se cruzó esta de brazos -debo reconocer que tenéis canciones... buenas... por así decirlo; esta semana en casa he escuchado algunas.
-Espera a vernos en acción- refutó Sam, que al igual que sus compañeros, ya estaba preparado para salir a la palestra.
-Te gustará el espectáculo, Nessie- la picó Jake.
-Si vuelves a llamarme eso, juro que te estampo la guitarra en la cabeza- le adivirtió, fulminándole con la mirada.
Edward rodó los ojos, y decidió dejar a la singular pareja y Sam a solas, llevándose a Bella a una esquina fuera de la vista de ojos indiscretos.
-¿Preparado?- sondeó ella, apartando cuidadosamente el cable de los audífonos, que se había enredado con uno de sus pendientes.
-Listo para ganarme el sueldo- bromeó él, acercándose a ella y besando suavemente su cuello -¿me ganaré mi premio?- sondeó, malicioso.
-Te recuerdo que te lo ganaste en Tokio, divo- le picó ella de vuelta; este rió, haciéndole cosquillas en su piel. El griterío ya era audible, señal de que el resto de la banda ya estaba en el escenario.
-A por ellos- a regañadientes de apartó de su chica, dejando un sonoro besos en sus labios y guiñándole un ojo, antes de girarse y encaminar sus pasos hacia el escenario.
Bella se reunió con una alucinada pelirroja, que boquiabierta miraba como el público coreaba las canciones a pleno pulmón.
-Es increíble- chilló Reneesme, para que Bella la oyera.
-Lo es- le dio la razón, a la vez que una de las canciones más rockeras y divertidas de la banda resonaba en el estadio; la costumbre de cambiar una canción del repertorio se había mantenido, ya que según los chicos, así era menos monótono.
-Se vuelven locos- seguía exclamando la publicista, a la vez que Bella observaba como Jake se acercaba al micrófono de Edward, y ambos coreaban el estribillo de la canción...
"Hasta que no esté enterrado a seis metros
de profundidad, no necesito una cama...
viviré mientras esté vivo,
dormiré cuando esté muerto.
Hasta que no me entierren y
pongan a descansar mis huesos,
viviré mientras estè vivo,
dormiré cuando esté muerto..."
Bella miraba a su novio con una sonrisa, era increíble lo feliz que estaba, se le notaba incluso mientras cantaba. Se estaba divirtiendo, y haciendo que el público también participara de forma activa en el recital.
-Wau... ¡Slave Heart!- chilló Nessie, que a su lado, saltaba y aplaudía emocionada; puede que, a pesar de todo, el grupo se hubiera ganado otra fan.
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