Hooola mis chicas!

Ainssss... después de un casi un mes sin ordenador, y de visitas inesperadas estas vacaciones de Semana Santa, por fin puedo dejaros el capítulo. Lamento mucho la tardanza, pero a partir de la semana que viene las actus retomarán su ritmo normal.

"Tal como eres" será actualizado los viernes, y "Aprendiendo a vivir", mi nueva historia, los lunes. Intentaré ser puntual, ahora que mi portátil ha resucitado de entre los muertos ¬¬

Bien; al lío. Creo que todas queréis leer como va esa primera salida en familia; vamos a ver que pasa...

Espero que os guste; nos leemos abajo ;)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción del capítulo: "Stay" de Bon Jovi

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Capítulo 22: Familia

Después del triunfal debut del grupo en tierras árabes, y del macro concierto que ofrecieron en Qatar, llegó el momento de regresar a casa. Habían sido cinco días frenéticos, y por problemas de agenda con la grabación, apenas pudieron disfrutar de más tiempo para conocer esos fascinantes países y sus costumbres.

Bella llamó a la puerta de la casa del matrimonio Withlock a media mañana; se había tomado las primeras horas de la mañana libres para poder acudir a su cita con el médico, que había estado aplazando casi dos semanas. Edward finalmente no pudo acompañarla, ya que los directivos del estudio exigieron dejar al menos un tema grabado antes de que partieran rumbo a México, la siguiente parada de la gira.

-Hola Bella- saludó María, que fue quien abrió la puerta.

-Hola- respondió esta, dedicándole una pequeña sonrisa.

-El estudio es un hervidero de gente- le relató, a la vez que ambas se encaminaban hacia la cocina -solo faltabas tú- bromeó.

-Me lo puedo imaginar- rió suavemente la castaña.

-Pero antes, desayuna algo- la medió regañó María -Alice me ha dicho que ibas a hacerte unos análisis, y que no te dejara pisar el estudio hasta que comas algo.

-He tomado un café al salir de la consulta- contestó -pero no haré enfadar a la jefa- nada más poner un pie en la cocina, el olor inconfundible de las tostadas y el capuccino humeante se colaron por su nariz, mandando un sonoro gruñido directo a su estómago.

-¿Todo bien?- le interrogó María -espero que no sea nada grave.

-Analítica de rutina- le aclaró la castaña, con una pequeña sonrisa; justo en ese momento entró la dueña de la casa.

-Hola Bella- se sentó con ella, mientras María le entregaba una taza de té.

-¿Cómo va la grabación?- interrogó, muy interesada.

-Han tenido que repetir la canción unas tres veces- le relató su jefa -te puedes imaginar como está tu chico- soltó una pequeña risa.

-Me lo puedo imaginar- admitió Bella -¿qué tal la canción nueva?

-Se titula "Stay", y es muy bonita- alabó Alice -pero por lo que les oído cuchichear, no es la tuya- negó divertida con la cabeza.

-Empieza a hartarme tanto misterio- musitó, fastidiada.

-Solo quiere sorprenderte- le recordó, tomando un pequeño sorbo -¿todo bien en el médico?- la castaña afirmó con la cabeza.

-No me acostumbro a eso de que me saquen sangre- le confesó, con una mueca de dolor.

-Yo tampoco- respondió Alice -y mañana me toca revisión a mi.

-¿Cómo está el pequeño o pequeña?

-Estupendo, mientras a su madre se le revuelva el estómago, es señal que de todo marcha bien para él- Bella rió, divertida por la cara de resignación de Alice.

-¿Tenéis alguna preferencia?

-A Jasper y a mi nos da igual- le contó -Akane y Hachiko quieren niña, y Kyo chico.

-Por supuesto- le dio la razón Bella -no podía ser de otra manera; a este paso, podéis abrir una guardería.

-Te aseguro que será el último- siguió relatando Alice -creo que con cuatro hijos, Jasper y yo ya hemos contribuido al crecimiento demográfico del país.

-Y tanto- le dio la razón Bella.

-Ya te tocará- musitó la morena, divertida -a Edward le encantan los niños.

-Lo sé- suspiró ella -¿sabes que Amy ya ha pedido un hermanito por navidades?- la morena sonrió.

-Pronto empieza- le dijo -¿y tú, qué opinas del tema?- la castaña la miró sin entender -¿te ves así con Edward, en un futuro?

-A mi también me gustan los niños, salta a la vista- eligió con cuidado sus palabras -si todo va bien, cuando llegue el momento, nos lo plantearemos.

Siguieron con la conversación mientras ambas terminaban sus respectivos desayunos, hasta que llegaron al despacho. Después de sacar su portátil y el Ipad, la charla pasó a temas más profesionales.

-¿Dónde está Renesmee?- interrogó Bella, extrañada de no verla por allí.

-Hoy iba a la redacción de "Rock-Sound"- le recordó la morena -tenemos que cerrar la entrevista con ellos antes de que partáis a México.

-Cierto- aprobó Bella -¿y la renovación del contrato con la discográfica?

-De eso me encargaré yo, mientras vosotros estáis de viaje- meditó Alice.

-¿Crees que Aro cederá a negociar las claúsulas que los chicos quieren retocar?

-Esperemos que sí- suspiró Alice -según vaya reuniéndome con él y los directivos, te iré pasando las cantidades, para ver que opinas.

-Qué poco voy a disfrutar de México- se quejó la castaña -tus mails parecen testamentos- la picó. Alice le sacó la lengua de manera graciosa mientras tomaba asiento. La castaña oyó voces en el cuarto de grabación, así que decidió encaminarse hacia allí.

Se quedó en el umbral de la puerta, esuchando la canción; los chicos estaban fuera, sentados con los técnicos y escuchando con atención la melodía y la voz de Edward, que de pie y con los brazos en jarras, fruncía el ceño; se notaba que no estaba muy contento con el resultado. Con paso cauteloso se acercó a él; este volvió la cabeza, sonriéndola a la vez que pasaba un brazo por su cintura, acercándola a su cuerpo.

La canción era preciosa, y Bella no pudo evitar que un nudo se instalara en su garganta mientras prestaba atención a la letra...

"Todo cantante siempre canta

sobre alguien más.

Otro corazón sangrando,

otro nuevo comienzo.

Pero esta vez estoy cantando

acerca de mí...

hice que fuera así de solitario

que incluso mi piano quería llorar..."

Los acompañamientos del piano eran increíbles, pero los técinos de la discográfica meneaban la cabeza, cuchicheando entre ellos y haciendo que Edward cada vez resoplara de manera más audible.

"Pero yo estoy aquí

pidiéndote que te quedes

sólo un poco más...

siempre has sido la más fuerte,

no puedo dejarte ir.

Rogándote...

quédate..."

-Es justo ahí- uno de los técnicos de sonido habló, parando la canción de manera abrupta; Edward y Jake achicaron los ojos -ese acorde, cuando dices quédate...

-¿Y?- enarcó una ceja el cantante, sin saber a que se refereían.

-Tenéis que bajar el tono de la guitarra- habló otro de ellos, manipulando los botones de sonido.

-Si hacemos eso, tendremos que bajar el bajo también- negó Jasper con la cabeza.

-Entonces, tendrá que cantar medio tono más alto- ahora el que habló fue Sam, señalando a Edward.

-La canción ya tiene tonos muy altos- negó el aludido, con la cabeza -no llegaría con holgura para la siguiente estrofa.

-¿Por qué no podemos dejarla tal y cómo está?- propuso Emmett -no suena mal.

-Cuando hagamos los arreglos finales, se notaría- negó de nuevo uno de los técnicos.

-Es imperceptible- rodó los ojos Jake, levantándose -propongo que nos tomemos un descanso, y lo pensemos.

-Está bien- aprobó Jasper.

-Panda de sabelotodos- siseó edward, entre dientes; sintió como Bella le apretaba la mano, pidiéndole que se calmara. Cuando sus ojos verdes enfocaron a su novia, su semblante se suavizó.

-Tranquilo- murmuró ella.

-Perdona cariño- resopló cansado -pero cuando se ponen tan pesados, me sacan de quicio.

-Lo sé- respondió la joven de vuelta; sabía lo poco que le gustaba a Edward y a los chicos que cuestionaran las canciones, y que tuvieran que retocarlas mucho después de componerlas y acoplar la música. Este sonrió, antes de agacharse y darle un suave beso.

-¿Qué te ha dicho el médico?- le preguntó, a la vez que salían al jardín, para poder tener un poco de intimidad.

-El reconocimiento ha ido bien, y mis niveles hormonales son normales- Edward sonrió, mientras se encendía un cigarrillo -en cuanto a los anticonceptivos, me ha dicho que bajando la dosis de tiroxina, puedo tomar cualquiera de ellos.

-¿Eso significa que tendrías que bajar la dosis de la pastilla que tomas todas las mañanas?- interrogó Edward, con el ceño fruncido; Bella sonrió, era demasiado tierno ver cómo se preocupaba por ella y su salud.

-Me recetarían un medicamento más suave, pero igual de efectivo- le contó ella -lo único, es que los anticonceptivos podrían hacer que aumente de peso, así que tendré que controlarme un poco más.

-¿Y qué opciones te han dado?

-He pensado en el implante hormonal; es una pequeña varilla, del tamaño de una cerilla, que se introduce bajo la piel, con anestesia local. Eso libera las hormonas gradualmente, y podría combinarlo con mi medicación.

-¿Y cuánto dura eso?- seguía preguntando su novio.

-Tienen efecto durante tres años; y se puede retirar cuando quieras; tendría mi periodo normal.. .- enumeró -y dado el ajetreo que llevamos, no tendría que preocuparme por tomar más pastillas, o tener que estar pendiente de ello; creo que es una buena solución.

-Si tú estás cómoda con ello- le dijo este -¿cuándo te lo pondrían?

-Con mi siguiente ciclo menstrual; una semana después de volver de Sudamérica, y coincide que estamos aquí- le recordó -podría ir a que me lo colocaran.

-Prometo que esta vez, te acompañaré- Bella sonrió divertida, a la vez que se ponía de puntillas y le besaba en la mejilla; pero su novio tenía otros planes, ya que giró su cuello en un rápido movimiento, capturando sus labios con los suyos. Bella le abrazó por la cintura, a la vez que los dientes de este mordisqueaban de manera delicada su labio inferior.

-Odio dormir sin ti- protestó Edward, como si fuera un niño pequeño, una vez liberó su boca y bajó a su cuello, dejando pequeños besos en esa zona.

-De momento, es lo que hay- le intentó consolar Bella -¿ayudaste a Amy con el trabajo?- ayer la niña y ella estuvieron toda la tarde con su proyecto de ciencias, y como no consiguieron acabar, Edward tuvo que seguir ayudando a Amy, una vez ya en su casa.

-Me pasé dos horas coloreando y recortando dibujos de los distintos tipos de frutas y verduras- le aclaró -espero que al menos, le pongan buena nota por ello.

-No te veo con pinturas en la mano- rió ella, divertida.

-Te dije que tenía muchas facetas- susurró con voz ronca, cosa que no hizo otra cosa que su chica riera más fuerte -¿preparada para la excursión?- mañana era sábado, y por fin, Bella pasaría el día con su novio y Amy.

-Sí- suspiró ella -y eso me recuerda que quiero dejar unas cosas terminadas, ya que tenemos el fin de semana bastante ajetreado.

-La cena, casi lo había olvidado- musitó el cobrizo en voz alta; el domingo era el cumpleaños de Sam, y todo el grupo y sus parejas se reunían en casa del matrimonio Ulley para cenar -dejaré a Amy con mis padres esa noche, y que ellos la lleven al colegio el lunes.

-Será lo mejor- aprobó Bellla -¿hoy no viene después de clase, verdad?

-Alice la recogerá, y la llevará al cumpleaños de Sally; la recogeré cuando salga del estudio.

-¿Conoces a sus padres?- Amy siempre hablaba de Sally, una de sus mejores amigas, junto a Akane.

-Sí, aunque no los vea mucho; su padre es cámara de televisión, y su madre enfermera- iba a seguir hablando, pero se dio cuenta de que Jake le hacía un gesto con la mano, llamando su atención.

-Tengo que entrar- resopló.

-Y yo papeleo que terminar- musitó ella.

De la mano, la pareja se adentró de nuevo en el estudio, dispuestos a seguir cada uno con sus respectivas tareas.

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El sonido de su teléfono móvil hizo que Bella interrumpiera su desayuno del sábado. Ya estaba vestida, ya que Edward y Amy pasarían a recogerla en media hora; sonrió al ver en la pantalla el nombre de su amiga de la infancia.

-Qué madrugadora- saludó nada más descolgar.

-Vengo de mi sesión de footing, y Kyle todavía está durmiendo- respondió Ángela -es la mejor hora para llamar sin interrupciones- bromeó.

-¿Cómo está mi chico?- preguntó Bella, con una pequeña sonrisa.

-Cada día más grande, y más revoltoso- suspiró la morena.

-Es un niño encantador- rodó los ojos la castaña.

-Para ti, que lo ves de cuando de cuando- fue la contestación de su amiga -si lo tuvieras las veinticuatro horas, no dirías eso; pero no te he llamado para hablar de mi hijo.

-¿Qué quieres saber?- Bella dio un sorbo a su café.

-¿Cómo van las cosas con Edward?- preguntó, muy interesada.

-Muy bien- sonrió esta.

-Por cierto, en "In touch" salís muy guapos en las fotos- musitó la morena, pícara. Bella hizo memoria, y recordó las fotos en las que salían Edward y ella paseando por los alrededores del hotel, en Qatar.

-También me lo dijo mi madre- siseó, con una pequeña mueca -francamente, no me acostumbro.

-Renée debe estar muy atareada; siempre ha seguido los cotilleos al pie de la letra... y ahora con más motivo.

-Eso dice mi padre- rió la castaña.

-Tendré que pedirte un autógrafo la próxima vez que nos veamos- bromeó Ángela.

-Muy graciosa.

-¿Sabes que estuvimos en Forks el fin de semana pasado, y me topé con Jessica?

-Pensaba que seguía en Nueva York- murmuró Bella, un poco sorprendida; Jessica Stanley fue a la escuela primaria y al instituto con ellas, pero nunca se llevaron del todo bien.

-Ha vuelto a Forks; por lo visto, su contrato laboral terminó y no se lo renovaron, por lo que ha regresado. Trabaja en la cafetería de sus padres.

-Vaya...- seguía murmurando -¿y qué te dijo?

-Me preguntó por ti, y si tu romance con Edward era cierto- rió divertida Ángela -cuando le dije que eras su novia, su cara era todo un poema.

-Me lo imagino- siseó, hastiada.

-Estoy esperando a que vengáis los dos a Forks, su cara será para recordar.

-No sé si podremos ir pronto, Ang- le aclaró.

-Sé que estáis de un lado para otro con la gira, pero algún día tendrá que conocer a tus padres.

-Él tiene muchas ganas de ir; veremos a ver cuando podemos.

-¿Y qué vas a hacer hoy?- cambió de tema.

-Vamos a pasar el día los tres juntos- le contó, contenta -pero poco más te puedo decir.

-¿Ves cómo la niña se lo tomaría bien?; te preocupas demasiado; Bella le había relatado hace unos días la primera reacción de la niña, pero su amiga le restó importancia, y más cuando le contó la conversación que mantuvieron con posterioridad Edward y ella con la pequeña. Justo en ese momento, sonó el timbre de la puerta.

-Ya han llegado- le dijo -te llamaré antes de que nos vayamos a México.

-Pásalo bien- le deseó su amiga.

Una vez cortó la llamada, se dirigió hacia la puerta, sonriendo al escuchar los pequeños ladridos de Baxter. Al abrir, el perro entró como una bala en la casa, correteando y husmeando a su alrededor.

-¡Bella!- Amy la abrazó por la cintura, y la castaña se agachó, para darle un beso.

-Hola cielo- la saludó -¿lo pasaste bien en el cumpleaños de Sally?

-Muy bien- afirmó contenta.

-¿Y el trabajo de ciencias?- siguió preguntándole.

-Me pusieron un notable- parloteó, orgullosa.

-Nos lo pusieron a todos- Bella sonrió al oír la frase de Edward, que seguía apoyado en el marco de la puerta, con las gafas de sol y la correa del perro en una mano. Amy entró en la casa, seguida de su padre.

-Dime que tienes café hecho- susurró Edward, mientras se agachaba y dejaba un sonoro beso en los labios de su chica.

-¿Mala noche?- sondeó la joven, mientras la niña se acomodaba en el sofá y ellos dos se dirigían a la cocina.

-Amy se ha levantado a las ocho de la mañana- le aclaró este, ahogando un bostezo -y yo me quedé a ver una película hasta las tantas.

-¿Quieres comer algo?- le preguntó Bella, mientras le servía la bebida caliente; nada más pronunciar la palabra comer, el perro se plantó a su lado, apoyando las patas delanteras en sus rodillas y mirándola fijamente.

-Yo no, pero Baxter sí- musitó hastiado el cantante. La castaña cogió un trozo de tostada, dándoselo al animal. Este volvió al salón, contento con el resultado.

-¿Quieres algo, Amy?- levantó la voz, para que la niña la escuchara.

-No- contestó la niña; vio que había puesto la televisión, y que estaba viendo una serie de dibujos animados. Se volvió a Edward, que pausadamente tomaba el café.

-¿A dónde vas a llevarnos?- interrogó, muy interesada. Su novio sonrió, dejando la taza de café encima del mostrador y rodeándola con sus brazos.

-Podemos ir a dar un paseo por el centro, o a los puestos ambulantes de Santa Mónica; hay un mercadillo muy popular por allí.

-Me parece bien- aprobó la castaña, acurrucándose contra él -¿comemos en tu casa, no?

-Ese es el plan, a la noche podemos ir a hacerle una visita a Bob- sugirió -desde que estuve contigo, no he vuelto.

-Hum... me parece bien- susurro.

-Por la tarde podemos sacar a Baxter a pasear por la playa- le seguía contando.

-Llevaré ropa para cambiarme, entonces.

-Podrías quedarte a dormir conmigo- sugirió el cobrizo, de manera inocente, contra su cuello.

-Sabes que a mi me gustaría también- respondió ella -pero es muy pronto.

Edward resopló de manera cómica, pero cuando levantó la cara de su cuello, no pudo resistir las ganas de besarla. Sintió como Bella agarraba con su puño los cortos pelos de la parte posterior de su nuca, acercándole más hacia ella; disfrutando de las sensaciones, ninguno se dio cuenta de la presencia de Amy, hasta que la niña tiró de la camiseta de su padre.

-¿Nos vamos ya?- les preguntó, con una sonrisa. Bella, muerta de la vergüenza, se puso roja como un tomate, pero su novio le quitó hierro al asunto, diciéndole con la mirada que no pasaba nada.

-Voy a preparar ropa- se disculpó, soltándose del agarre del cantante, pero la niña fue detrás suyo, sentándose encima de la cama. Mientras Bella le entregaba la ropa, ella la iba metiendo en la mochila.

-¿Te da vergüenza besar a papá?- le preguntó, de manera inocente. Bella se quedó congelada... a la niña no le daba reparo alguno preguntar cualquier cosa.

-Claro que no- respondió, una vez salió de su estupor.

-Es que te has puesto roja- sonrió Amy.

-Eso me suele pasar con bastante frecuencia- musitó ella; era la primera vez que los pillaba, pero no parecía molesta, todo lo contrario.

-Papá te quiere mucho- se explicó, siempre sonriendo -Sally tiene novio, pero ellos no se besan como vosotros.

-Sally tiene diez años, cielo- le explicó ella, divertida -la gente mayor se besa de esta manera.

-Mamá casi nunca le da un beso así a James- la castaña arqueó una ceja, pero decició quitarle hierro al asunto.

-Pueden que lo hagan cuando tú no los ves- apuntó. La niña se encogió de hombros, pero siguió interrogando a Bella con el tema de los besos y de los novios. La curiosidad de Amy era inmensa... hasta que fueron interrumpidas por Edward, que apareció por la habitación.

-¿Estáis listas?- les preguntó.

-Ya está- la castaña cogió su bolso, y su novio la mochila con el cambio de ropa. La pequeña salió primero, y mientras se aseguraban de que estaba todo apagado, el cobrizo no pudo reprimir su curiosidad.

-¿De qué hablábais?- preguntó, a la vez que Bella cerraba la puerta. La niña y Baxter ya bajaban las escaleras, rumbo al coche.

-Me ha preguntado si me da vergüenza besarte- dijo, con una pequeña risa; este contuvo la carcajada con una pequeña mueca -y me ha preguntado porque Sally su novio no se besan como nosotros.

La cara de Edward cambió a una mueca indescifrable, a la vez que se ponía serio. Se quedó tan pasmado, que su novia no pudo contener la risa.

-Deberías verte la cara; te has puesto verde del mareo- seguía carcajeándose la castaña.

-Novio...- repitió la palabra -¿desde cuándo las niñas de diez años tienen novios?

-¿Nunca has tenido la típica novia de guardería, o de la escuela primaria?- le preguntó esta, secándose las lágrimas.

-No es lo mismo- refunfuñó, molesto.

-¿Sabes que para ese tema, eres el típico padre autoritario?- le preguntó ella.

-No es eso...- le respondió, abriendo el coche -cuando acabe la universidad, abordaremos el tema- susurró para si mismo, con una mueca de digusto.

-Seguro- rodó los ojos Bella, antes de acomodarse todos en el coche, y partir rumbo a la costa.

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Ese sábado, el Paseo de la famosa playa californiana estaba bastante concurrido; tardaron casi media hora en poder aparcar, y eso que apenas eran las diez y media de la mañana. Amy y Bella, de la mano, se acercaron a los puestos ambulantes, seguidas por Edward y Baxter, que estaba más que feliz de corretear alrededor de la gente.

-Mira Bella- llamó su atención la pequeña, tirando de su mano -me gustan las pulseras- eran pulseras rígidas, muy finas y de diversos colores.

-¿Quieres unas?- le preguntó la castaña, dirigiendo sus ojos hacia su novio, pidiendo su permiso, cosa que le hizo sonreír.

-¡Sí!- exclamó la niña, alborozada; ambas pasaron unos minutos, eligiendo cuidadosamente el tamaño y colores.

-Mira papá- Amy le mostró las compras a su padre, girando su muñeca, haciendo que las pulsieran tintinearan.

-Muy bonitas- aprobó este, tomando la mano de Bella. La niña cogió la correa del perro, paseando por delante de ellos.

-¿No te ha molestado, verdad?- preguntó la joven, con cautela.

-Claro que no, tonta- la besó en la mejilla -no tienes que pedirme permiso para comprarle algo a Amy, o hacer algo con ella.

El paseo prosiguió, y pasaron la mayoría de la mañana admirando los puestos de artesanía; Bella y Amy paraban en casi todos los puestos de bisutería, probándose pulseras, pendientes, anillos... en el último puesto la castaña se quedó prendada de un anillo de plata, con una bonita piedra en tonos rosados en el centro.

-¿Qué tipo de piedra es?- le preguntó Bella a la mujer que atendía el puesto.

-Es ópalo rosa- le explicó.

-¿Te gusta?- se inclinó, para que la niña lo viera; la cara de Amy era muy graciosa, mirando con detenimiento el anillo.

-Es muy bonito, te queda muy bien- alabó.

-¿Lo quieres?- le preguntó Edward, que estaba a su lado.

-¿Cuánto cuesta?- la joven se volvió hacia la vendedora.

-Ciento veinticinco dólares- los ojos de Bella por poco se salen de las órbitas -es plata auténtica, y la piedra es cara, no lo niego.

-Nos lo quedamos- habló Edward, adelantándose a su novia -¿tú quieres uno, Amy?

-¡Sí!- exclamó; durante los próximos quince minutos, ella y la niña miraron con detenimiento los anillos de talla pequeña, hasta que esta se decidió. Una vez que Edward pagó, decidieron adentrarse en el Paseo, ya que Baxter estaba muy inquieto, y necesitaba andar sin parar cada dos por tres.

Edward rodeó los hombros de Bella, mientras que Amy se adelantaba con el animal; el cobrizo miró de reojo a su chica, que sonreía levemente, mirando el anillo que ya estaba cómodamente instalado en su dedo.

-Muchas gracias- le dijo ella -pero no tenías que comprarme nada- se quejó levemente.

-¿No puedo hacerle un regalo a mi calabacita?- susurró en voz baja -no era muy caro... ¿debo temer el momento en el que te entregue el de verdad?- la castaña se quedó parada ante esa pregunta, ante la sonrisa contenida de su novio.

-¿Ha... hablas en serio?- consiguió decir, a duras penas.

-Con el tiempo, por supuesto- habló con tal firmeza que seguía sorprendida y muda -no sé que piensas con respecto al tema... pero me gustaría que fueras Isabella Cullen- hizo una pausa -¿te sorprende?- le preguntó, arqueando una ceja.

-Bue... bueno sí; es decir...- la castaña pensó con cuidado sus palabras -tú ya has estado casado una vez, y pensé que no querrías repetir la experiencia, aunque tuviéramos una relación estable.

-No me lo planteé, hasta que te conocí- admitió él, besando con suavidad su mejilla -tengo mi punto tradicional- bromeó, arrancando las risas de ella.

-Veremos como te portas estos meses- le picó ella, dándole un pequeño codazo -si te comportas bien, me lo pensaré.

-¿Ah, sí?- susurró el cantante de vuelta, acercándose a ella y tomando su labio inferior entre los suyos; iban a profundizar el beso, cuando un flash hizo que se separaran.

Dos periodistas estaban disparando las cámaras; Bella buscó con la mirada a la niña, que por suerte estaba asomada a la barandilla que delimitaba el Paseo marítimo de la playa, con Baxter tumbado a su lado. Bella vio como el ceño de su novio se fruncía, por lo que se separó un poco de él.

-Amy- la llamó con suavidad; la pequeña dejó su puesto, para volver al lado de la joven, que la tomó de la mano, a la vez que Edward se dirigía a ellas.

-Vámonos- susurró este, tomando él la correa del perro.

-¡Edward, Edward!- varios curiosos se giraron, alertados por la llamada de los periodistas -¿estáis de paseo familiar?

-Evidentemente- fue la tensa respuesta del cobrizo, que tomó a su novia de la mano, instándola a que andara más rápido.

-¿Cómo va la gira?- preguntó el otro, haciendo fotos.

-Va muy bien- respondió, serio. Bella tapó a la niña con su cuerpo, impidiendo que la fotografiaran; pero los paparazzis no captaban la indirecta, y seguían disparando las cámaras.

-¿Cómo va la relación, Bella?- ahora la pregunta fue directamente para ella. Simplemente sonrió con educación, pero no soltó palabra alguna por su boca.

-¿Tu hija se lleva bien con tu novia?- la castaña miró de reojo a su chico, que empezaba a enfadarse de verdad.

-No saquéis fotos de mi hija; sabéis las normas, chicos- fue la respuesta a la pregunta. Bella no veía la hora de llegar al aparcamiento, y soltó un suspiro de alivio al ver el todoterreno blanco.

-Subid- el joven desbloqueó el coche, y una vez la niña estuvo segura, ella misma se encargó de atar bien la correa de Baxter, mientras que Edward intercambiaba unas palabras con sus perseguidores. Por suerte, no pasó nada grave, y enseguida pudieron partir, rumbo a la casa del cantante.

Mientras la pequeña admiraba sus compras en el asiento trasero, los ojos de Bella se posaron en su novio, que con semblante serio, miraba al frente.

-¿Estás bien?- inquirió, preocupada. Este la tomó de la mano, entrelazando sus dedos.

-Sí- suspiró -lamento que nos hayan fastidiado la mañana.

-No pasa nada- le confortó ella, apretando su mano -¿no te has peleado con ellos, verdad?

-He respondido a sus preguntas- le contó -me han asegurado que no le han sacado fotos a la niña, y si sale accidentalmente en alguna, no la publicarán.

-¿Seguro?- Bella tampoco quería eso, y que la ex mujer de Edward armara un follón.

-Saben la politica que hay, con respecto a los menores- aseguró rotundo -si la editorial correspondiente no quiere una demanda... - dejó la frase inconclusa.

-Además, ya casi es la hora de comer- dijo la castaña.

-Cierto- aprobó -a la tarde podemos ir a la pasear por la playa, pero a la de la urbanización.

-Estaremos mucho más tranquilos- le dio la razón.

-¿Iremos a comer una hamburguesa a la noche?- ambos se giraron al escuchar la voz de la niña.

-Habrá que hacerle una visita a Bob- sonrió el cobrizo.

Bella se relajó en su asiento, agradeciendo que la pequeña intromisión de los periodistas no había pasado a mayores.

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Después de un pequeño almuerzo, la familia se acomodó en el amplio sofá, con Amy y Bella haciéndose las dueñas y señoras del mando a distancia. Edward, con los pies cruzados y apoyados en la mesita baja, tenía los ojos cerrados, así que cuando las chicas encontraron una película que les gustaba, la dejaron.

Dado que por la tarde se puso a llover, las chicas pasaron una tarde de películas y palomitas. La joven dejó dormir a Edward; sabía que lo necesitaba, ya que los viajes pasaban factura. Cuando el cantante se despertó, se encontró a su hija apoyada en Bella, mirando muy interesadas la televisión.

-¿Ya ha salido ese actor que tanto os gusta?- se burló con cariño, una vez regresó de la cocina, con una taza de café para él, y otra para Bella.

-"Piratas del Caribe" ha terminado hace casi dos horas- le explicó su pequeña -ahora estamos viendo otra.

-No te metas con Jhonny Deep- le advirtió su calabacita, sacándole la lengua, gesto que hizo reír a Amy.

-Me rindo- levantó la manos -voy a ver si sigue lloviendo, vamos colega- Baxter, cómodamente instalado en el sofá, le siguió, deseoso de poder salir al aire libre, aunque fuera al jardín.

-¿Tienes ganas de ir a ver a Bob?- le preguntó Bella a la pequeña, tomando un sorbo de café.

-Sí- le dijo, volviéndose a ella -a mamá no le gusta, y solo voy cuando estoy con papá- le contó.

-Vaya...- fue la inteligente respuesta de la castaña, pero dado lo que le contó Edward en la primera cita, no le extrañaba en absoluto.

-¿Tú le conoces?- le preguntó la pequeña, curiosa.

-Tu padre me llevó a cenar allí una vez- le contó -las hamburguesas están muy buenas- sonrió con complicidad.

-Y las patatas fritas- añadió la niña.

-Y las patatas fritas- repitió la castaña, dándole la razón.

Las dos volvieron su atención a la película, y Edward se reunió de nuevo con ellas, tomando asiento al lado de su novia, que se apoyó en él... pero su atención no estaba en la película, sino en la imagen de sus dos chicas, acurrucadas y comentando lo que veían en la televisión.

Parecían una familia de verdad, y esa instantánea hizo que sonriera satisfecho y feliz.

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Después de una deliciosa cena a base de hamburguesas, Edward y Amy dejaron a Bella a la puerta de su apartamento, quedando en pasar a buscarla a primera hora de la mañana.

El domingo, antes de que llegaran, la castaña fue a una famosa pastelería de la zona, para comprar el postre para la cena de esa noche. Por suerte, la ropa ya la había dejado en casa de Edward el día anterior, por lo que no tenía que llevar más trastos con ella. Edward y su hija la recogieron a eso de las diez, y después de dejar el inmenso pastel de chocolate en la nevera de su novio, el tiempo permitió que dieran el paseo por la playa que ayer la lluvia les impidió.

Después del paseo y del almuerzo, Bella y la niña retaron a Edward a una partida de monopoly. El cobrizo perdió la primera, y las retó a una segunda que también perdió, arrancando las risas de sus chicas.

-No puedo creer que te piques tanto- se burló la castaña mientras se ponía los zapatos, en la habitación de Edward. Tenían que dejar a Amy con Esme y Carlisle, antes de dirigirse a Westlake, el barrio residencial donde residía el matrimonio Ulley.

-Claro; vosotras nunca caíais en mis hoteles- le devolvió la respuesta, con ligero sarcasmo en su voz -así gana cualquiera.

-Eres un quejica- reía divertida su novia, negando con la cabeza. En ese momento, Edward emergió del cuarto de baño, y a Bella se le quedó la respiración atorada en la garganta. Vestía una camisa negra de manga larga, con los botones superiores desabrochados, y unos vaqueros también oscuros que se ajustaban como un guante a sus caderas; y por primera vez, le veía con zapatos de vestir -vaya...- alabó.

-¿Qué pasa?- le preguntó Edward, arqueando una ceja; su pelo estaba revuelto, y todavía húmedo de la ducha, y se había afeitado.

-Es la primera vez que te veo con zapatos de vestir- objetó ella, señalando sus pies. Edward rió divertido, tomándola de la mano y haciendo que girara.

-Y yo a ti con un vestido, y tacones- respondió este, mirando el vestido azul oscuro, y los tacones negros, con punta redondeada -luego podrías dejarte los tacones... cuando lleguemos a casa- susurró con voz ronca, acercándola a él y besando el lóbulo de su oreja. Un escalofrío recorrió su espinal dorsal, y un pequeño sonrojo inundó sus mejillas.

-Después- le guiñó un ojo su novia, tras de salir de su trance -voy a ayudar a Amy con la bolsa.

-Recuérdale que meta el uniforme y que coga la mochila para el colegio- le recordó Edward, metiéndose de nuevo al baño, para terminar de prepararse.

Una vez todos estuvieron listos, y con la tarta en el asiento trasero, llevaron a la niña a casa de Esme y Carlisle. Bella también bajó, para saludarles y hablar con ellos unos minutos; Amy se quedó más que feliz con sus abuelos, y por fin, pudieron salir rumbo a casa del matrimonio Ulley.

La residencia de estos, una preciosa casa de una planta y de estilo español, muy parecida a la Jake, estaba ubicada en la exclusiva zona residencial de Westlake, muy cerca de la casa de Rosalie y Emmett, que residían en Echo Park. Llevando con cuidado la inmensa tarta, Edward agarró a su novia por la cintura, vigilando que no tropezara con los tacones. Al llamar al timbre, abrió Jake... con verdadera cara de preocupación en su rostro.

-¿Qué pasa, tio?- preguntó el cantante, palmeando su brazo. A lo lejos, se oían gritos, y Bella frunció el ceño, extrañada.

-Pasad un momento al salón- los chillidos de Emily eran cada vez más audibles, y en el sala de estar se encontraron con Rosalie y Emmett, con cara de circunstancias.

-¿Qué ocurre?- interrogó Bella a su amiga, después de dejar la tarta en la mesa y saludarles.

-¿Están discutiendo?- interrogó Edward a Emmett.

-Leah le ha llamado- habló Jake, suspirando resignado y mirando de reojo hacia la cocina. El matrimonio Ulley mantenía una fuerte y acalorada discusión.

-¿Qué?- acertó a pronunciar Bella, alucinada -¿cómo se atreve?

-Eso mismo me pregunto yo- siseó la rubia, visiblemente molesta.

-Según Leah, sólo quería desearle feliz cumpleaños- resopló Emmett.

-Joder- siseó Edward, mirando hacia la cocina -esta tía es una...- dejó la frase inconclusa.

-Os podéis imaginar como se ha puesto Emily- habló ahora Jake. La situación era incomodísima, ya que los cinco estaban en el salón, oyendo los gritos que provenían de la cocina.

-¡¿Cómo se atreve esa zorra a llamarte aquí?!- oyeron chillar a Emily -¡parece que todavía seguís liados!

-¡No ha sido culpa mía!- respondió Sam -no estoy con ella, Em- resopló -los chicos están ahí fuera, te lo pueden decir.

-Los chicos, los chicos...- se burló Emily -siempre el grupo, los chicos...

-Por favor, baja la voz; te recuerdo que están ahí fuera.

-¡Me importa una mierda que estén ahí fuera!- Emily seguía gritando, pero Sam la dejó, para salir un momento al salón.

Su cara denotaba cansancio, frustración... y sobre todo, dolor. Apenas tuvo fuerzas para dedicar una sonrisa forzada a sus amigos.

-Lo siento, chicos...- se disculpó -no sé que decir...

-Tranquilo- le palmeó el hombro Edward.

-Lo mejor será que nos marchemos- habló Rosalie, y Bella estuvo de acuerdo con ella; la situación no estaba para celebraciones.

-Sí- le dio la razón su novio.

-Lamento mucho haberos hecho venir para nada- Bella decidió dejar la tarta encima de la mesa, antes de acompañar al resto hacia la salida.

-No te preocupes- le tranquilizó la rubia.

-¿Quieres dormir en mi casa esta noche?- le ofreció Jake.

-Voy a intentar hablar con ella, pero puede que lo haga- suspiró -tengo una copia de las llaves, así que tranquilo por eso.

Los acompañó hasta los coches, y Edward vio como su amigo, cabizbajo, volvía a adentrarse en la casa, después de decirles adiós. Caras de compasión y enfado se mezclaban entre el pequeño grupo.

-No pueden seguir así- suspiró Rose, negando con la cabeza.

-Hablaremos con él mañana, en el estudio- dijo Jake -dejad que se calmen.

-Será lo mejor- aprobó Edward.

-¿Qué hacemos ahora?- interrogó Emmett en general, cruzándose de brazos.

-Podríamos ir a cenar nosotros- sugirió el cantante -total, ya estamos vestidos y hemos salido de casa.

-Secundo la moción- el batería se frotaba las manos -conozco un restaurante discreto y buenísimo en las inmediaciones del teatro Kodak.

-Me gusta el plan- aprobó Bella, pero de repente, cayó en dos personas que faltaban -por cierto, ¿dónde están Jazz y Alice?

-Akane y Hachiko se han puesto enfermas- le aclaró Jake -han llamado hace un rato, diciendo que se quedaban con ellas.

-Vaya por dios- se lamentó la castaña.

-¿Entonces rumbo a Maxi´s?- cambió de tema el batería -luego podemos ir al Viper Room, a tomar una copa- sugirió. El cobrizo fijó la vista en su chica, buscando aprobación.

-¿Quieres ir, cariño?- le pasó un brazo por los hombros.

-¿Por qué no?; no solemos salir mucho... y una copa no nos hará daño.

-Así se habla, chica rock- alabó Rose -podemos mover un poco el esqueleto también.

-Eso os lo dejamos a vosotras- se burló Jake.

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Maxi´s resultó ser un restaurante sofisticado, pero tal y como dijo Emmett, pequeño y discreto. Las dos parejas y Jake disfrutaron de una velada agradable, sin poder dejar de pensar en el pobre Sam. Hablaron de ello la mayor parte de la cena, ya que el guitarrista estaba muy preocupado por la situación de su primo y de su esposa... pero ellos nada podían hacer más que escucharle y apoyarle en lo que decidiera.

Cuando llegaron al Viper Room, un aparcacoches se ocupó de los tres vehículos, y los cinco accedieron por la entrada VIP, arrancando gritos y silbidos por parte de los fans que los reconocieron. Edward tomó de la mano a Bella, manteniéndola a su lado mientras algunos paparazzis sacaban fotos, apostados a ambos lados de la entrada.

Los condujeron a zona amplia, rodeada de sillones, en el primer piso. Después de pedir la primera ronda de copas, las chicas se levantaron, asomándose a la barandilla y disfrutando de la vista de la pista central, ubicada en la planta inferior.

-Para ser domingo, hay mucha gente- dijo Bella, mirando hacia todos los lados.

-En este sitio siempre hay gente, sea el día que sea- respondió Rose -es una lástima que la noche se haya arruinado, al menos los planes iniciales.

-Si te digo la verdad, yo no sé si hubiera reaccionado igual que Emily... dado los antecedentes que tiene la historia de su marido y Leah.

-Yo me pongo en su lugar, y le habría montado un gran follón- admitió Rosalie -quiero pensar que sólo se acostó esa vez con ella, o al menos eso afirma Emmett...

-Edward también dice eso; el problema es que Emily no confía en él- habló Bella, después de dar un pequeño sorbo a su bebida.

-Después de una infelidad, es muy complicado volver a construír la confianza- la rubia hizo una pausa -conozco a gente que no ha perdonado, a otros que lo han intentado de nuevo y les ha ido bien... y otros que por mucho que han trabajado en ello, no lo han superado.

-Eso es lo que le está ocurriendo a Sam y Emily- admitió la castaña -¿crees que se terminarán separando?

-No quisiera eso, los aprecio mucho a los dos- suspiró Rosalie, poniendo una pequeña mueca -pero quizá, sea la mejor solución... y más, si continuan así.

-Es posible que sea lo mejor- le dio la razón Bella.

Los chicos se acercaron a su posición, y Edward apoyó las manos en la barandilla, encerrando el cuerpo de su novia.

-¿Lo estás pasando bien, calabacita?- susurró, dejando un pequeño beso en su cuello.

-Muy bien- giró un poco la cara, para poder encararle, pero una risotada de Emmett les sacó de su pequeña burbuja.

-¿Esa no es Reneesme?- preguntó. Cuando la pareja y Jake miraron hacia donde señalaba el batería, se encontraron a la publicista, enfundada en unas botas altas, una minifalda vaquera y un top negro, bailando encima de un podium, siguiendo a la perfección el ritmo de la música que resonaba en el ambiente... por supuesto, música electrónica.

-Joder, como se mueve...- Jake dejó la frase inconclusa, mirando a la pelirroja con los ojos desorbitados, y la boca abierta.

Edward y Emmett intercambiaron una sonrisa cómplice, mientras que las chicas miraban al guitarrista conteniendo la risa.; de repente, la noche se había puesto de lo más interesante.


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