Hooola mis chicas hermosas!
Después de estar peleándome con mi conexión desde el viernes, por fin puedo dejaros el capi. Me alegra que disfrutarais esa primera salida en familia.
Vamos a ver que pasa con Jacob y la pelirroja... espero que os guste el capi; y mis chicas de México, espero que los lugares estén bien plasmados.
Espero lo disfrutéis... nos leemos abajo ;)
DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales
Canción del capítulo: "Someday I´ll be saturday nigth" de Bon Jovi
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Capítulo 23: Rancheras y tequilas
-Vaya con Nessie...- musitó Emmett, apoyado en la barandilla de la discoteca junto a Edward y un embobado Jacob.
-Hay que admitir que no baila nada mal- cuchicheó Edward con su compañero. Rosalie y Bella habían bajado a la pista para saludarla e invitarla a que subiera con ellas -¿crees que sobrevivirá a esta noche?- señaló a Jake con los ojos, haciendo que Emmett sonriera pícaro.
-Creo que es hora de resolver esa apuesta que teníamos entre manos- se frotó las manos el batería -no puedo esperar a ver a este bailando.
-Muy gracioso- siseó el guitarrista entre dientes.
-Pensábamos que estabas distraído y no nos escuchabas- le picó Edward.
El cantante vio como Reneesme se bajaba de la plataforma donde estaba bailando, saludando a las chicas y dirigiéndose hacia las escaleras. Al cabo de poco más de un minuto ya estaban las tres reunidas con ellos en la zona VIP.
-Hola chicos- saludó a Edward y Emmett -tú por aquí morenito... me sorprendes- se dirigió a Jake, a modo de saludo.
-¿Por qué?- se encogió este de hombros -¿no puedo salir con mis amigos, a tomar una copa?- se cruzó de brazos, mirándola interrogante.
-Te hacía en modo abuelo, encerrado en casa- respondió esta, haciendo que Edward carraspeara, conteniendo la risa.
-No esperábamos verte aquí un domingo- se metió Bella en la conversación, apoyada en el pecho de su novio.
-Trabajé aquí hace un tiempo- les explicó -para pagarme parte de la beca universitaria.
-¿En serio?- preguntó Rosalie -no lo sabíamos; no venimos con frecuencia, pero no recuerdo verte entre las camareras.
-No era camarera- corrigió la pelirroja -era bailarina- soltó tan tranquila.
-¿Quieres decir... que trabajabas de gogó, por así decirlo?- preguntó ahora Edward.
-Sí- admitió -pagaban muy bien, y me gusta bailar.
-Vaya...- fue la inteligente respuesta de Jake, que seguía mirándola con incredulidad.
-¿Sabes que te van a entrar moscas, si sigues con la boca abierta?- observó Reneesme, mirándole burlona. Jacob se puso rojo como la grana, pero decidió morderse la lengua.
Las chicas se acomodaron en los sillones, quedándose ellos apoyados en la barandilla, bebidas en mano. Los ojos de Jake no dejaban de recorrer las estilizadas piernas de la pelirroja, agudizadas con esas botas negras.
-Así que bailarina- Edward negó divertido con la cabeza -esta chica es una caja de sorpresas.
-Y tanto- afirmó Emmett, después de dar un pequeño sorbo a su cerveza. El guitarrista iba a abrir la boca, pero una voz masculina los interrumpió.
-Vaya, vaya...- Edward se giró, extrañado por la interrupción -pero si son los mismísimos Slave Heart, o parte de ellos.
-Hola Garrett- saludó el cobrizo -¿por qué cada vez que vengo te encuentro aquí?
-Ya me conoces- se encogió de hombros el aludido, mientras saludaba a Emmett y Jake con un apretón de manos -¿de celebración?
-Simplemente unas copas entre amigos- contestó el batería -tenemos ahí a las chicas- señaló con la cabeza hacia el sofá, donde las tres charlaban y reían.
-Tu chica tan escultural como siempre- admiró a Rosalie -¿quiénes son las otras dos?
-Trabajan con nosotros- le contó Edward -la castaña es mi novia.
-La famosa Isabella de la que todo el mundo habla- murmuró este, asintiendo con la cabeza.
-La pelirroja es Reneesme, otra de nuestras publicistas.
-¿Qué ha pasado con Alice?- interrogó, con el ceño fruncido -no puedo creer que hayáis dejado el reinado de Withlock y no me hayáis ofrecido el puesto- exclamó, haciéndose el ofendido.
-Es ayudante de Alice- le corrigió Edward -ella y Jasper esperan otro hijo, y no puede viajar tanto como antes.
-¿Otro?- abrió los ojos, sorprendido -no paran- rió su propia broma.
-Sabes muy bien que no te ofreceríamos el puesto por nada del mundo- sonrió malicioso Edward.
-Tampoco tengo tan mala fama... son simples habladurías- se excusó.
-Seguro- rodó los ojos Jake de manera cómica, haciéndo reír a Emmett.
Hablaron unos minutos más, hasta que Garrett fue llamado por un grupo de gente; se despidió de los chicos, no sin antes saludar a Rosalie con un pequeño gesto. Reneesme se excusó para ir un momento al lavabo, acción que la rubia imitó. Bella se levantó, acercándose a su novio.
-¿Quién era?- preguntó con curiosidad.
-Garrett- le explicó; la castaña se tensó a la mención de ese nombre, pero dejó hablar a su novio -siempre está revoloteando por aquí.
-Siempre queriendo saber de todo- negó con la cabeza Jake -no sé como le aguanta su paciente mujer.
-Yo cada vez que vengo aquí, me lo encuentro con una distinta- habló ahora Emmett. La castaña asistía en silencio a la conversación, hasta que los ojos verdes de su novio se posaron en ella.
-Tranquila- rodeó su cintura con un brazo, y atrayéndola hacia él -no ha pasado lo de la otra vez... y sabes que no probaría eso de nuevo- sondeó, con precaución.
-Lo sé- afirmó ella; había sido testigo de la inocente conversación -confío en ti- susurró.
-Eso me gusta- sonrió el cobrizo, besando su frente. Ella se acurrucó junto a su cuerpo, ante la mirada de Jacob y Emmett.
-¿Por qué no sacas a bailar a Reneesme?- habló de repente el batería, mirando a su amigo.
-Estoy seguro de que la dejaría en ridículo- habló Jacob, muy pagado de si mismo -seguir este ritmo no puede ser tan difícil- Edward le miró incrédulo.
-Pero si tú no sabes bailar- le picó de nuevo Emmett.
-Te aseguro que no será tan complicado.
-¿Ah, no?- el moreno giró la cabeza como un resorte al oír la voz de la pelirroja -¿estás seguro de eso?- le retó.
-Cl... claro- carraspeó.
-Bien... vamos a comprobarlo- sin previo aviso, esta le tomó de la mano, conduciéndole hacia las escaleras para bajar a la pista; Jake se giró, dirigiendo una mirada de socorro a sus amigos, que no hacían otra cosa que partirse de risa.
Al ritmo de una conocida canción de Jennifer López, la pelirroja empezó a mover sus caderas de manera sinuosa, pero el ritmo enseguida cambió a otro más movido. Desde la barandilla superior, los cuatro eran testigos de los torpes y divertidísimos movimientos de Jacob, que apenas podía seguir el ritmo que marcaba Reneesme.
-Creo que alguien ha ganado trecientos pavos- canturreó Emmett como quien no quiere la cosa, frotándose las manos.
-Eso no es bailar- protestó Edward -parece el baile de Jim en la película "American Pie"- Rosalie y Bella se carcajeaban mientras veían la cara de circunstancias del pobre Jake, perdido en la pista de baile.
-El caso es que está bailando- se cruzó de brazos el batería -he ganado.
-Mañana te pago cuando lleguemos al estudio- rodó los ojos Edward -tan solo por no aguantar tus quejas...- dejó la frase inconclusa.
-Es imposible apostar contra ti- habló ahora Bella.
-Nunca lo hagas, chica rock.
-Siempre igual- musitó hastiada Rosalie.
Una vez terminó la canción, Jake y Reneesme volvieron al piso de arriba, donde fueron recibidos entre risas y aplausos por parte de los cuatro.
-¿Así que no era tan difícil, eh morenito?- le picó esta.
-Al menos lo he intentando- protestó -esta música no tiene acordes, ni...-
-Hey- le interrumpió Edward entre risas -no estás componiendo, así que relájate.
-Debes seguir practicando, morenito- habló ahora la pelirroja.
-Ni lo sueñes, Nessie- la fulminó con la mirada -no pienso volver a bailar esto.
-Eso está por ver- Edward sonrió ante el comentario de su chica, que de nuevo, arrancó risas y bromas entre el animado grupo.
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Después de una divertida velada, Edward y Bella decidieron retirarse, dejando a los otros cuatro todavía en el Víper Room, ya que mañana no tenían que pisar el estudio hasta después de comer.
-Nunca te había visto conducir tan rápido- le dijo Bella entre risas, mientras accedían a la casa por la puerta que conectaba el garaje con la cocina.
-Tenía ganas de estar contigo a solas- susurró, besando suavemente el lóbulo de su oreja, y mandando un delicioso escalofrío por todo su cuerpo.
-¿Ah, sí?- murmuró ella -¿eso de que me dejara los zapatos iba en serio?
-Ajam... suspiró contra su cuello su novio, a la vez que dejaba pequeños besos en él -aunque pensándolo bien... hace calor- la miró con fuego en los ojos, para después señalar al jardín, iluminado por la luz de luna.
Modiéndose el labio, Bella se despegó de él, quitàndose los tacones mientras se dirigía derecha a la piscina; a pesar de que se encontraban a principios de febrero, la noche era tan cálida como en los meses de verano.
Edward observó en silencio como el vestido se deslizó de su cuerpo, acariciando esa piel pálida y tersa que siempre conseguía sorprenderle por su suavidad. Con pasos pequeños, pero a la vez decididos seguía su camino hacia la piscina. Los ojos hambrientos de Edward recorrieron la silueta de su chica; sus caderas se contoneaban de manera deliciosa, acentuando su forma... una cosa que él adoraba de su cuerpo; poco a poco iba deshinibiéndose frente a él, y eso le encantaba.
Tan ensimismado estaba disfrutando de esa vista que no se dio cuenta de que Bella había parado en el borde de la piscina, mirándole por encima del hombros, invitándole con solo una mirada a que se uniera a ella. Lo más deprisa que pudo se quitó la ropa y se zambulló en el agua, buceando unos segundos hasta que se topó con el cuerpo de su novia, que ya se había metido en el agua, completamente desnuda.
Bella sonrió mientras se daba la vuelta y veía cómo Edward salía a la superficie, echándose el pelo rebelde de la frente hacia atrás y sonriéndola con cariño. Su chica rodeó su cuello con sus brazos, mirando como las gotas de agua recorrían su cincelada mandíbula, resbalando por su barbilla y se perdían por su garganta.
-¿Estás cómoda?- inquirió él, pasando las manos por su espalda, acariciándola con cuidado.
-Ajam...- afirmó ella, apoyándose contra él. Sus dedos jugueteaban con uno de su pendientes de manera cuidadosa, y Edward pudo sentir su suspiro satisfecho -me dan mucha pena Sam y Emily- musitó ella, al cabo de unos minutos en silencio.
-Lo sé cariño- contestó él, besando su cabeza -mañana intentaré hablar con él, pero la situación que tienen...- dejó la frase inconclusa.
-Podría proponerle a Emily que lo acompañe en la gira- propuso ella -sé que ella tiene trabajo, pero...
-Eso ya se lo sugerí yo a Sam hace un tiempo; ella tiene gente de sobra para llevar los salones una temporada.
-¿Por qué crees que no quiere?- interrogó ella, de vuelta.
-Creo que aunque le perdonó, la confianza no la ha recuperado- meditó en voz alta, mojándole con cuidado los brazos.
-¿Crees que sería mejor que se separaran?
-No lo sé, cariño- respondió -cada pareja es un mundo... pero si yo me pusiera en su lugar, puede que tomara esa decisión- Bella le dedicó una sonrisa comprensiva -para estar así, como están ellos...- dejó la frase sin terminar, quedando ambos en un recorfortante e íntimo silencio.
La luz de la luna hacían que las gotas que resbalaban por el cuerpo de su chica parecieran de color plata; recogió con su dedo una de ellas, haciéndole unas imperceptibles pero suaves cosquillas, que Bella agradeció besando sus labios.
-Te echo de menos por las noches- musitó él, contra su cuello.
-Yo también- admitió ella, cerrando los ojos y disfrutando de las caricias. Sus bocas se fundieron en una, buscándose con avidez. Por instinto, las piernas de la castaña se anclaron comodamente en sus caderas, acercándose más a su cuerpo.
Sin romper el beso en ningún momento, Edward la condujo a través del agua hasta apoyarla en la pared exterior de la piscina, que parecía fundirse con el paisaje de Malibú. Atrapada entre los fríos azulejos y el cuerpo de Edward, Bella cerró los ojos, disfrutando de las caricias que las manos de cantante prodigaban por sus pechos, amasándolos con cuidado.
-Hum... Edward- murmuraba ella, mordiéndose el labio inferior para contener los pequeños gritos de placer.
-No te contegas, cariño- la animó este -me encanta oírte gemir, y oírte pronunciar mi nombre- murmuró contra sus pechos, con la voz ronca y sugerente. Poco a poco, su mano bajó con delicadeza, y sintió unos de sus dedos dibujar el contorno redondeado de su ombligo, hasta que llegó al triángulo de sus suaves rizos.
-Sí, ahí...- gimió ella, perdida en el cosquilleo que recorría todo su centro.
-¿Justo aquí?- susurró Edward roncamente contra sus labios. Sus dedos abrieron con cuidado los pliegues de su intimidad, acaricándola con cuidado.
-Sí- jadeó ella, echando su cabeza hacia atrás, permitiendo que su cuello quedara a merced de las lamidas y mordiscos de este. Suavemente al principio, sus largos dedos entraban y salían de ella, y cuando su pulgar encontró ese nudo de terminaciones nerviosas, sus paredes se empezaron a contraerse, y Edward incrementó la velocidad.
-Córrete para mi... vamos Bella- eso fue todo lo que necesitó la castaña para que un delicioso orgasmo recorriera su cuerpo; Edward la admiró mientras su pequeña boca, abierta en una perfecta o, dejaba salir unos ruidos y grititos guturales que le volvían loco.
Una vez ella se relajó, apoyando la cabeza en su hombro, la dejó reponerse unos minutos; sinitó como ella intentaba captar un poco de aire que llevarse a los pulmones. Su piel todavía se estremecía, debido al intenso orgasmo y al ligero viento que se había levantado.
-Tenemos que salir, calabacita- susurró contra su cabello mojado -nos vamos a arrugar como pasas- Bella rió, y la pareja nadó hasta las escaleras para salir de la piscina. Edward cogió las toallas que descansaban en una de las tumbonas, para pasarla por los hombros de su novia.
-¿Cansada?- cuestionó, después de que él mismo rodeara su cintura con el suave material blanco.
-¿No creerás que hemos terminado?- cuestionó ella, acercándose a él y pasando un dedo por su pecho, trazando un sinuoso camino hasta su bajo vientre, por donde pasó con cuidado sus uñas.
-Bella...- cerró los ojos este, conteniendo la respiración -sabes que es muy peligroso hacer eso que estás haciendo...
-¿El qué... esto?- repitió ella el movimiento de sus manos, con tono de voz inocente. Con cuidado dejó caer la toalla de su cuerpo, quedando de nuevo desnuda frente a su novio, que la devoraba con la mirada. Con un brusco gesto la acercó de nuevo a él, besándola como si no hubiese un mañana. Sin romper el beso la condujo hasta una hamaca, tamaño cama de matrimonio, que estaba colocada en un discreto rincón del jardín, tumbándola sobre esta.
De nuevo sus labios y su boca dejaron caricias por sus labios, sus hombros, clavículas, pechos... sabía que su chica disfrutaba cuando la besaban y la acariciaban así, y él estaba más que encantado de, por fin, ver que ella cada vez se avergonzaba menos de mostrarse desnuda frente a él.
Dejando un beso en su boca, que la dejó sin respiración, se levantó para ir en busca de sus pantalones, rebuscar en su billetera de uno de los bolsillos y sacar el consabido preservativo. Bella le miró mientras se acercababa de nuevo a ella, con los codos apoyados encima del mullido colchón color crema, rodeada de cojines. De nuevo se deleitó con la visión de ese cuerpo esculpido y bien proporcionado, y esa marcada uve de su bajo vientre.
Volvió a tumbarse sobre ella, y una vez con el preservativo perfectamente colocado, lentamente se adentró en ese interior cálido y siempre dispuesto para él. La castaña cerró los ojos, sintiendo esa dulce invasión acariciar sus paredes interiores.
-Tan preparada para mi...- susurró su novio con un ronco gemido, moviéndose lentamente, queriendo prolongar el placer.
-Siempre- respondió ella, abriendo los ojos unos segundos, y observando detenidamente su expresión; su pelo disparado hacia todas las direcciones, con pequeñas gotas de agua que resbalaban por los mechones rebeldes, por sus pendientes... su mandíbula apretada y esos ojos color esmeralda cerrados. Sus manos se cerraron, perdiéndose en esas hebras cobrizas, acercándolo a ella y mordisqueando su labio inferior.
Las embestidas pasaron de suaves a fuertes y rápidas; Edward sentía las manos de Bella arañar su espalda, pasando por el tatuaje que rezaba el nombre de su hija hasta la parte baja de su espalda, zona que siempre le provocaba un intenso escalofrío cada vez que ella le tocaba ahí.
-Bella...- gemía su nombre una y otra vez, y cuando sintió los talones de su chica clavarse en sus glúteos, supo que ella estaba camino de su segundo orgasmo. Con una mano elevó ligeramente su pierna derecha.
-Sí... ahí... ¡Edward!- la nueva posición dio de lleno en el punto más sensible de la castaña, que no pudo contener el grito que salió de sus labios cuando de nuevo el placer invadió su cuerpo. El cantante de deleitó con su expresión unos segundos, amaba ver su cara cuando llegaba... hasta que el mismo se tensó, antes de liberarse y caer desplomado encima de ella. Se quedaron en silencio, ella con los ojos cerrados y pasando un dedo por su oreja, jugueteando con el aro doraro que pendía de ella.
-Ha sido increíble- musitó ella al cabo de unos minutos, sonriendo satisfecha -¿crees que los vecinos nos han oído?- añadió, sintiendo un poco de vergüenza. Edward rió contra su piel, apoyando los codos a cada lado de su cabeza, y mirándola divertido.
-Me importa una mierda... y si lo han oído, peor para ellos- se encogió de hombros, para después acompañar a su chica en las risas -la próxima vez, en el agua- le guiñó un ojo de manera provocatica, haciéndola negar con la cabeza.
-Eres un pervertido- le regañó ella, en bromas.
-No puedo resistirme a tu cuerpo- se encogió de hombros de manera inocente, para despúes besarla castamente en los labios y salir de su interior,tumbándose y atrayéndola a su lado.
Con sus cuerpos entrelazados, y después de que Bella interara tapar a ambos con una de las toallas, la pareja permaneció en silencio, observando el cielo estrellado de Los Ángeles, hasta que el viento frío les hizo entrar de nuevo en la casa.
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-No puedo creerlo- musitaba una estupefacta Alice, a la vez que su marido se partía de la risa, golpeando la encimera de la cocina con el puño -¿Jake bailando eso?
-Ver para creer- seguía relatando Edward, a la vez que tomaba un sorbo de su café.
-Y yo perdiéndome ese hecho histórico- seguía diciendo Jasper, secándose las lágrimas de los ojos. Bella y el cantante habían comido en casa de este último, y habían decidido tomarse el café ya en el estudio; por suerte para la garganta de este, hoy no había grabaciones, y sólo debían discutir, junto con Reneesme y Alice, la gran rueda de prensa que ofrecerían dentro de dos días en el Sheraton María Isabel, el céntrico hotel mexicano donde se alojarían.
-Te aseguro que Rose y yo alucinábamos- habló ahora la castaña.
-Y que lo digas...- seguía murmurando una patidifusa Alice.
-Tiene que hacer méritos; como siga así, no se la liga en la vida- rodó los ojos Edward -se le cae la baba.
-De eso ya nos habíamos percatado- contestó la morena; justo en ese momento, oyeron un coche aparcar en la entrada de la casa; menos de un minuto después, un serio y cabizbajo Sam entraba en la cocina, dirigiendo un imperceptible hola a los allí reunidos. Alice y Jasper, que también se habían enterado del desafortunado incidente, le saludaron con una pequeña sonrisa comprensiva.
-¿Cómo estás?- le palmeó el hombro Edward, una vez tomó asiento a su lado.
-No es que haya descansado mucho- le explicó -he dormido en casa de Jake- les relató.
-¿No has vuelto a hablar con ella?- interrogó ahora Bella, con cuidado.
-Cuando os marchastéis vosotros, intenté razonar con ella... pero está cerrada en banda- meneó la cabeza.
-Esa zorra- siseó Alice -deberíamos despedirla.
-¿Para que luego demande a la discográfica por despido improcedente?- objetó Edward -¿qué motivos podemos argumentar?
-Eso es cierto- le dio la razón Jasper -no depende directamente de nosotros.
-Si fuera así, llevaría meses en la calle- añadió su esposa.
-Lo sé- sonrió Sam, sin ganas -y tal y como dice Edward... no tenemos un motivo para echarla; no quiero ni pensar en como se pondría Aro si su imperio se ve afectado por una demanda de ese tipo.
Bella y Alice dejaron hablar a los chicos a solas, mientras esperaban a Emmett y Jacob. Sabían que Sam no quería hablar mucho en presencia de ellas. Las chicas se dirigieron al despacho, continuando los chicos la conversación en la cocina.
-Todo esto es culpa mía- negó pesaroso Sam, agarrándose el puente de la nariz -¿por qué tuve que acostarme con ella?
-Eso ya pasó, y no se puede dar marcha atrás- habló Jasper.
-No podéis seguir así, Sam- el moreno levantó la vista a oír las palabras del cobrizo.
-Lo he intentado todo, pero ella no me cree- respondió -estoy haciendo todo lo posible por salvar mi matrimonio... pero ya no tengo fuerzas para luchar.
-No te des por vencido- le intentó animar Jasper -si tú crees que todavía merece la pena, no puedes tirar la toalla.
-Yo la quiero... y desde esa vez, sabéis que no ha vuelto a pasar.
-Lo sabemos- respondió Edward, que recordó al conversación de ayer con su calabacita -¿por qué no le propones que se venga a la parte latina de la gira?
-Qué buena idea- aprobó Jasper -aunque Bella y Reneesme estén trabajando, Rosalie también va, de modo que no estaría sola.
-Se lo he propuesto miles de veces, y sabéis que nunca ha querido venir- objetó.
-Intenta convencerla; dile que lo pasará bien con las chicas... y de paso, pasáis tiempo juntos; creo que lo necesitáis- opinó el cobrizo, encendiendo un cigarro y pasándole uno a Sam.
-Leah está allí- les recordó este -no quiero que lleguen a las manos.
-Eso le hará ver a la zorra esa quién es tu mujer- siseó Edward; desde que insultó a su calabacita, llamándola foca, esa chica había pasado a su lista de personas non gratas.
-Hablaré con ella esta noche, y se lo pronpondré, ojalá aceptara...
-Si lo hace, llámanos inmediatamente, para que arreglemos los visados y billetes- le palmeó el hombro Jasper, en señal de ánimo -necesitáis un tiempo juntos... creo que os vendrá bien.
-Eso espero yo también- fue la respuesta de Sam, antes de apurar los cafés y encaminarse hacia el despacho de las chicas.
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Dos días después, el jet privado del grupo aterrizaba en el aeropuerto internacional Ciudad de México, generando una gran expectación entre los medios audiovisuales del país. Hacía muchos años que el grupo no tocaba en Latinoamérica, y el recibimiento por parte de los fans fue muy apasionado. Las chicas, junto con Emily, que al final se había animado, fueron testigos del cariño de los fans hacia el grupo, que tardaron un buen rato en llegar a los vehículos, ya que paraban para firmar autógrafos y sacarse fotos con sus seguidores... incluso Rosalie fue parada, sobre todo por el personal masculino.
Llegaron al hotel a eso de las cuatro de la tarde, hora local, y por una vez en su vida, tenían la tarde y la noche libre, ya que el concierto, que se celebraría en el Foro Sol, lugar donde se celebraban los grandes conciertos en la ciudad, no era hasta la noche siguiente. Dado que se celebraban dos conciertos, era una de las pocas ocasiones en las que podían salir de turismo los dos días; después las ciudades de Buenos Aires, Bogotá y Río de Janeiro completaban el periplo por América del sur.
Unas horas despúes de llegar al hotel, descansar y refrescarse, todos ellos decidieron salir a explorar la ciudad. Las chicas y Reneesme abrían la comitiva, seguidas de los chicos y del equipo de seguridad al completo. Dado que el hotel estaba muy cerca del centro, la primera parada fue la emblemática Plaza de la Constitución, conocida muldialmente como el Zócalo. La Catedral Metropolitana se alzaba majestuosa, y Bella no pudo evitar pedirle a Jacob que les hiciera una foto a Edward y ella frente a ella; a su madre le encantaba ese país, y quería mandarle fotos de su estancia allí.
-Es mucho más increíble que en las fotos- susurró a su novio, admirando el Palacio Nacional y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, que eran otros de los edificos que rodeaban la plaza.
-Es enorme- le dio la razón Edward.
-Yo he venido a trabajar aquí miles de veces, y nunca he conseguido ver la ciudad entera- habló ahora Rosalie -es inmensa.
-¿Qué te parece, Em?- Sam rodeó los hombros de su mujer con cautela; sorprendentemente, Emily había aceptado viajar con ellos, y aunque todavía permanecía seria, parecía que vivir el ambiente mexicano, con grupos de mariachis cantando y disfrutando de los miles de puestos de comida callejeras hacía que sonriera más, y se mostrara relajada.
-Es muy bonito- contestó, con una pequeña sonrisa. Recorrieron los puestos de artesanía, pero decidieron dejar las compras para el día siguiente. La castaña, permanentemente agarrada por la mano de Edward, se quedó parada en uno de ellos, admirando las típicas calaveras mexicanas, o de los muertos, como los nativos las llamaban.
-Qué colorido- admiró, con los ojos abiertos -tengo que llevarle una a mi madre.
-Podemos llevarle un par- admitió Edward -puede que yo me lleve otra- su chica lo miró extrañada -puede que vaya siendo hora de redecorar un poco mi casa; casi nunca compro recuerdos de los países que visito.
-¿Por qué quieres redecorar tu casa?- preguntó, curiosa.
-Me gustaría que ahora que estás tú, no fuera tan impersonal- admitió, con precaución -si todo va bien, vas a pasar allí mucho tiempo, y...- Bella le cortó.
-¿Me está proponiendo vivir con usted, señor Cullen?
-No inmediatamente, por que sé que quieres ir con calma; pero espero que llegue pronto- la castaña sonrió, besándole en la mejilla.
-Pues yo estoy por sacarle una foto a esa- señaló Emmett una calavera blanca y negra -quedaría genial en un tatuaje.
-¿En un tatuaje?- interrogó cuiosa Reneesme.
-Las calaveras mexicanas son muy populares en los estudios de tatuaje; mucha gente se las tatúa.
-¿Otro tatuaje?- alzó una ceja su rubia novia -no creo que te quede mucho sitio.
-Marcus puede hacerle un hueco; hace maravillas.
-¿Quién es Marcus?- preguntó la castaña, muy interesada.
-Es el dueño de unos de los mejores estudios de tatuaje de Los Ángeles; somos unos de sus clientes habituales- le aclaró Jasper.
-Ya- afirmó con la cabeza. El paseo siguió su curso, hasta que Edward habló de nuevo.
-Yo voy a ir a hacerle una visita cuando regresemos a casa.
-¿Qué te vas a tatuar?- frunció el ceño.
-Tu nombre, por supuesto- Bella iba a abrir la boca, pero este la cortó -no iba a decirte nada, porque no me dejarías... pero ya que ha salido el tema- se encogió de hombros.
-¿Estás seguro?- no podía negar que le hacía especial ilusión -no quiero que te arrepientas, o que nos terminemos separando y...
-Eso no va a pasar- afirmó, muy seguro de sí mismo -nunca se me ocurrió tatuarme el nombre de mi ex mujer... pero el tuyo quedaría muy bien aquí- le señaló la parte superior de su pecho, de clavícula a clavícula.
-Ahí tiene que doler- le advirtió.
-Soy un chico fuerte- la picó, guiñandole un ojo -¿me dejarás que ponga calabacita?
-Ni lo sueñes- le señaló esta con el dedo -además, ese no es mi nombre, es mi apodo- declaró, con una mueca de obviedad.
Edward rió encantado, dejando un pequeño beso en el tope de su cabeza, y continuando con el paseo. Después de recorrer diversas zonas del centro, como la Colonia Roma y la Colonia Condesa, todos se sentaron en un típico restaurante, para disfrutar de la auténtica comida mexicana.
-Menos mal que pedimos muchas cosas sin picante- suspiró Emily, una vez les acomodaron en una discreta mesa e hicieron el pedido.
-Aún así picará, créeme- advirtió Rosalie.
-Eso se pasa después, con unos tequilas- bromeó Jake, frotándose las manos y haciendo reír al resto.
-No creo que mi estómago resista eso- habló ahora Bella, esbozando una divertida mueca.
-Me muero de ganas por probar los tacos al pastor- ahora la que habló fue Reneesme. Emmett y Jasper leyeron la carta, revisando los ingredientes.
-No suena mal- aprobó el batería.
-Vas a echar fuego por la boca, Nessie- la picó Jake.
-No me llames así, morenito- soltó tan tranquila, arrancando las risas del resto de comensales -¿todavía tienes agujetas, por el bailecito?
-Como para no tenerlas- musitó Edward, negando con la cabeza -te advertimos que no podrías bailar eso.
-Lo hice- exclamó, orgulloso de sí mismo.
-Eso no era bailar- le corrigió el cantante.
-Tampoco lo hacía tan mal... ¿verdad. Chicas?- miró a Rosalie y Bella, pero ambas jóvenes no hacían más que reír.
-Ahí tienes tu respuesta, morenito- repuso la pelirroja, recordando en su mente el divertido baile.
Después de cenar, el dueño del restaurante, alertado por varios de sus trabajadores de que los Slave Heart estaban en su local, les regaló una botella según él, del mejor tequila autóctono. Después de servirles también sal y limón, para beberlo en condiciones, Emily miró los grados de la bebida, abriendo desmesuradamente los ojos.
-Treinta y nueve grados... eso es fuego- rehusó a probarlo, ya que no era muy dada a beber alcohol.
-Un chupito no te hará daño- la animó Rosalie, ya con la sal en el dorso de la mano, pero no hubo manera de convencerla. Bella suspiró hondo, antes de chupar la sal y beber; la bebida transparente provocó que su garganta empezara a calentanse, y aunque nada más posar el vaso mordisqueó el limón, no pudo evitar toser.
-Wow...- meneó la cabeza -solo un vaso ya voy borracha- medio bromeó. El resto, a excepción de Emily, también apuraba los pequeños vasos con la ardiente bebida. Justo en ese momento, las luces del restaurante bajaron, y un grupo de mariachis entró en escena.
Después de cantar un par de canciones, los animados músicos instaron a los comensales a salir a la pequeña pista, para bailar una conocida ranchera. Sam quiso sacar a su mujer a bailar, pero esta de nuevo rechazó el ofreciemiento. Emmett y Rosalie sí que salieron, y sus compañeros los vieron dar vueltas al ritmo de la música.
-¿Te animas, morenito?- Jacob se giró ante el ofrecimiento de la pelirroja, mirándolo incrédulo.
-Ya hice el ridículo una vez, así que no- exclamó, con una ceja arqueada.
-Eres un miedica- se burló esta.
-No me busques, Nessie- le advirtió -ya tuve bastante con el cachondeo- miró a Edward, taladrándole con la mirada, cosa que hizo reír a este.
-Pues yo sí que me animo- Jasper se levantó, invitando a Reneesme con un gesto su mano.
-Así se hace, jefe- exclamó la publicista, llamándole por el apodo que utilizaba para dirigirse a él. Ambos se encaminaron hacia la pista, ante la mirada del resto, hasta que Edward instó a su novia a levantarse, ante las pequeñas protestas de esta.
-No es tan díficil- posó una mano en su cintura, y con paso cuidadoso, empezaron a seguir el ritmo de la animada canción. Para sorpresa de Edward, su chica no lo hacía nada mal -bailas muy bien- alabó, apretando sus dedos, en un gesto cariñoso.
-No te creas- le quitó importancia esta -nunca he bailado una ranchera... pensé que era más complicado.
-¿Entonces dejarás que te saque a bailar en un concierto, cuándo cante tu canción?- sondeó el cobrizo, dando vueltas con ella.
-Ni lo sueñes- respondió, negando con la cabeza.
-Lo veremos, calabacita- Bella iba a protestar, pero su novio la calló con un pequeño beso, para después continuar bailando varias canciones más.
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Al día siguiente, y después de casi dos horas de conferencia en el hotel, supervisados por una implacable Reneesme, que cortaba toda alusión a la vida privada de los chicos sin miramientos, todos descansaron antes de dirigirse al Foro Sol, donde el equipo ya tenía montado el inmenso escenario.
Los invitados VIP no llegaron hasta pasadas dos horas, de modo que los chicos se enfrascaron en las pruebas de sonido y los ensayos. Las chicas conversaron mientras seguían los ensayos en el lugar habitual, a un lateral del escenario... pero Emily estaba muy tensa. Aunque Bella intentaba distraerla, la sombra de Leah, revoloteando mientras hacía su trabajo, no ayudaba en nada a que permaneciera tranquila.
-No la hagas caso- intentó animarla la castaña -intenta pasarlo bien.
-Para ti es muy fácil decirlo- negó con la cabeza -Edward no te pierde de vista... mi marido, una vez hemos llegado aquí, me ha soltado como si fuera un perro en medio del parque.
-Eso no es cierto, Emily- negó la castaña con la cabeza -está todo el viaje pendiente de ti; comprende que deben ensañar.
-Llevo en esto muchos más años que tú- contradijo -Sam no es Edward, o Jasper o Emmett, pendientes de vosotras- Bella y Reneesme se miraron, ya que no conseguían entender a Emily.
-Em- habló ahora Rosalie -sé que no es de mi incumbencia...- hizo una pequeña pausa -pero creo que debes de poner un poco más de tu parte, si quieres arreglar las cosas con él.
-Lo intento- musitó ella, negando con pena -pero yo no puedo viajar con ellos tanto como vosotras; ¿cómo te sentirías tú?- le habló a Bella directamente -si Edward se hubiera acostado con Leah o con cualquier chica, y ella estuviera presente las veinticuatro horas de su agenda...
-Tiene su punto- admitió Nessie -a mi me engañó mi ex novio, después de tres años juntos- Leah la miró con interés -comprendo tus temores y preocupaciones. Pero yo no tuve oportunidad de querer arreglar las cosas, ya que rompimos y él se fue con ella; pero tienes que admitir que Sam está haciendo un esfuerzo.
-Pero eso no quita que cada vez que él está de viaje, yo me coma la cabeza, pensado que estará haciendo- las chicas entendían sus razones, y cuando Emily se disculpó para ir al servicio, Rose negó con la cabeza.
-No van a superarlo- suspiró.
-Tiene muy mala pinta- admitió Nessie -es una pena; hacen muy buena pareja.
Pero pronto el camerino se empezó a llenar con los invitados importantes, entre ellos varias personalidades del país, junto con muchos de sus hijos adolescentes, fans del grupo. El camerino se convirtió en un hervidero de gente, y Bella y Reneesme ejercieron a la perfección el papel de anfitrionas, pero no pudieron evitar suspirar aliviadas cuando el camerino de desalojó, y los chicos se prepararon para el show.
-Casi no te he visto en toda la tarde- musitó Edward contra el cuello de su novia, ya prepradado para salir al escenario.
-Ha sido un día de locos- suspiró Bella, cansada, y apoyada en él.
-¿Cómo va la cosa con Emily?, ¿está disfrutando del viaje?- preguntó el cantante, mientras que la cogía de la mano y se la llevaba a un rincón apartado de miradas indiscretas. Una vez le relató, a grandes rasgos, la pequeña conversación, el cantante esbozó una mueca de desacuerdo.
-He hablado antes con Sam, durante los esayos- le contó -tampoco está muy animado; nunca pensé que ellos se separarían. Siempre han sido, junto con Alice y Jazz, la pareja más estable... hasta que pasó lo que pasó.
Iban a seguir conversando, pero Seth se acercó a ellos, indicando a Edward que ya iban a empezar. El cantante rodó los ojos, pero nada podía hacer.
-A por ellos- le animó su novia, besándole sonoramente en los labios -buena suerte- Edward sonrió, besándola de nuevo, antes de soltarla. Emmett ya estaba detrás de su muralla de tambores, y se giró para encarar a su amigo.
-¿Besitos a escondidas?- rió malicioso -¿así que es aquí dónde os escondéis, eh picarón?
-Muy gracioso- Edward iba a protestar más, pero Jake ya estaba entonando los primeros acordes, y era el turno del batería de empezar a tocar.
Bella regresó al lateral derecho del escenario, donde ya estaban las chicas aplaudiendo y jaleando a los chicos, acompañando los gritos del público. El cantante apareció, y después de abrir el concierto con "Living on a prayer", Edward, con un precario español, habló a sus fans.
-Hola- saludó -¿cómo están?- la gente gritaba y apaludía, a la vez que respondían. Este sonreía, al igual que el resto de la banda. En la entrevista de la mañana les habían preguntado que le parecían los fans mexicanos, y todos estuvieron de acuerdo que eran de los mejores.
Bella observó como su chico se colgaba la guitarra al cuello, y sin más instrumento que ese, su voz empezó a entonar la siguiente canción...
"¡Oye, hombre...
estoy vivo!
Estoy tomando el día
y la noche al mismo tiempo.
Estoy abajo, pero sé
que me repondré.
Voy a vivir mi vida
como si no tuviera más
que estos dados de rol.
Me siento como un lunes...
!pero algún día seré sábado por la noche!"
Para delicia del público, el ritmo movido de la canción estalló en todo su esplendor, después de ese estribillo prácticamente a capella. Bella disfrutó de la canción, ya que era una de las que más le gustaba del amplio repertorio de los Slave Heart...
"Los martes solo sigo mi camino,
no puede ser peor que ayer.
Los jueves y viernes no son amables
pero de alguna manera sobreviviré.
¡Oye, hombre!
¡Estoy vivo...!"
Rosalie y Bella bailaban animadas, siguiendo la música... al igual que una encantada Reneesme, que poco a poco se iba aficionando a las canciones de los chicos. Desde la otra punta del escenario, Sam miró de reojo a su mujer, pero su Emily estaba sentada en uno de los amplificadores con las piernas cruzadas, como si el concierto no fuera con ella.
Una fez finalizó la canción, y mientras Edward dejaba la guitarra y Sam cambiaba el bajo, el cantante vio desilusión y trsiteza en los ojos de su amigo... el asunto estaba mal, muy mal.
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