Hola hola mis chicas guapas!

Ya estoy aquí de nuevo, con el divo y la calabacita jejejejejee... lamento la larga espera, pero a veces es imposible actualizar antes.

Bien, vamos al lío... Esme es un poco metiche, sí, hay que admitirlo; pero a veces, las relaciones entre padres e hijos no son idílicas. Se irá viendo como avanza la cosa; para ese viaje a Forks quedan unos pocos capis de por medio... pero todo llegará :)

Antes de que se olvide: Carolina, no aparecía tu mail en el review, así que no te he podido contestar; FF no deja mandar direcciones de correo ni enlaces si se escribe junto; prueba a mandarlo con espacios :)

Capi dedicado a dos chicas estupendas: una porque sé que la canción que viene es su favorita... y la otra porque bastante me ayuda y me soporta jejejejeje... y ambas son un sol. Rosa, Eri... todo vuestro ;)

Espero que lo disfrutéis; nos leemos abajo ;)


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de la estimada señora Meyer, yo solo juego con ellos. Personajes que no pertenecen a la saga, cosecha propia. Expecto Forks, lugares y localizaciones reales.

Canción del capítulo: "Bed of roses" de Bon Jovi

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Capítulo 26: Sin tapujos

El sol se filtraba por las finas cortinas, haciendo que la habitación cobrara vida. El cantante bostezó audiblemente, y todavía con los ojos cerrados, movió su brazo para abrazar la cintura de su novia y volver a dormir.

Pero el hueco vacío a su lado terminó por despertarle del todo; frotándose los ojos, echó un vistazo a la puerta del baño, pero la puerta entreabierta y la luz apagada le corfirmaron que Bella no estaba allí. Extrañado, ya que su chica solía despertarse después que él, consiguió encontrar sus boxers, y de esa guisa bajó las escaleras.

No le costó mucho dar con ella; su calabacita estaba en la terraza del salón, vestida con la camiseta que llevaba anoche y apoyada en la barandilla, taza de café en mano, y contemplando la calma que el Océano Pacífico ofrecía; sabía que era un rincón de la casa que a Bella le gustaba particularmente, sobre todo para tomarse el primer café de la mañana.

Sus desnudos pies caminaron en silencio, hasta que estuvo detrás de ella; rodeándola por la cintura, hundió su cara en la curva de su blanco cuello, besándolo y acariciándolo, haciendo que su novia suspirara y se apoyara contra su cuerpo.

-¿Tomándote el café sin mi?- cuestionó, cosa que hizo sonreír a Bella.

-Estabas tan dormido que no quería despertarte- le aclaró, ya que después del concierto de Metallica se acostaron de madrugada.

-Tenemos toda la semana para dormir y descansar- contradijo Edward -no puedo creer que no tengamos que coger un avión.

-Yo tampoco, es un buen cambio- suspiró ella.

-¿Te quedarás aquí esta semana?- cuestionó su chico, con tono casual e inocente.

-Edward...- negó ella con la cabeza -sabes que es mejor que no- le recordó. El cobrizo rodó los ojos, girándola y encarándola.

-¿Por qué no?- insistió -ya has visto que por Amy no tienes que preocuparte... si fuera por ella, estarías ya instalada aquí.

-Lo sé, pero...- Edward estudiaba la reacción de su calabacita; a veces era demasiado testaruda -si no sale bien, todos saldremos heridos- musitó.

-¿Y por qué tiene que salir mal?- siguió Edward con el interrogatorio -cuando estamos de gira, prácticamente, vivimos juntos- era un punto en el que Bella no había pensado, y bien mirado, su novio llevaba un poco de razón en eso.

-Edward...- negó ella con la cabeza -yo solo digo que cada cosa lleva su tiempo- su chico suspiró derrotado, pero prefirió dejar el tema.

-Está bien- accedió -pero no pienso rendirme- objetó, con una graciosa mueca, cosa que hizo reír a su chica -te convenceré... tengo mis métodos- susurró, moviendo ambas cejas de modo sugerente.

-¿Y qué métodos son esos?- le retó la castaña, inclinando la cabeza y esbozando una mueca de lo más inocente, para después apoyar la taza en la pequeña mesita.

-No quieres saberlos- negó su novio con la cabeza; pero Bella sintió como una de sus manos se colaba por el interior de su camiseta, rozando muy suavemente el costado de sus pechos; su estómago se estremeció, al igual que su piel -¿o sí...?

-Puede que esté interesada- musitó, cerrando los ojos y rodeándole el cuello; un agradable cosquilleo recorrió su estómago, disfrutando de las caricias.

Lentamente, los labios de ambos se encontraron, dejando escapar un suspiro satisfecho. Tímido y dulce al principio, como un pequeño y simple beso de buenos días, pronto la castaña hundió sus dedos en los cortos cabellos cobrizos de la nuca, instando a su novio a que profundizara el beso. Sintió que mordía con gentileza su labio inferior, y como su lengua exploraba con avidez su boca.

No supo cuanto tiempo duró ese beso, hasta que notó como Edward, lentamente, fue deshaciéndolo, dejando pequeños y castos besos en su boca para después, terminar por apoyar su frente en la de ella. Sin decir una sola palabra, la tomó de la mano, conduciéndola hacia las escaleras, rumbo al dormitorio.

Besándola de nuevo, esta vez con un poco más de fuerza, la tumbó en la cama con delicadeza, pero su chica tenía otros planes, ya que enseguida se apartó, mirándole con fuego en los ojos.

-Túmbate- susurró con la voz ronca; el cantante obedeció, y una vez estuvo acomodado encima de las almohadas, ahogó un jadeo al ver como Bella se quitaba lentamente su camiseta, quedando completamente desnuda ante él.

-Chica mala- sonrió de forma sugerente, a la vez que su calabacita se subía a la cama, y gateaba hasta quedar entre sus piernas -¿no me vas a dejar mostrarte mis métodos?

-Pueden que los míos sean mejores- exclamó ella, con la voz completamente ronca de deseo. Suavemente pasó las yemas de sus dedos por el ombligo de Edward, cosa que también hizo por todos y cada uno de los músculos de esa zona, haciendo que su chico siseara y sus caderas se elevaran, buscando toda la fricción que fuese posible. Por fin, sus pequeños dedos engancharon la cinturilla elástica de sus bóxers, y no sin antes acariciar su duro miembro por encima de la tela, poco a poco fue bajándolos.

La erección de su novio saltó libre, erguida en todo su esplendor. Edward la miraba intensamente, pensando que ella le pondría el preservativo y se colocaría encima de él... le encantaba cuando lo hacían en esa postura; pero Bella tenía otros planes, y sus ojos verdes se abrieron de manera desorbitada cuando sin previo aviso la lengua de esta toco con delicadeza la punta de su pene.

-¡Bella!- practicamente gritó; pero su chica hizo caso omiso, y muy pronto su pequeña boca se entretuvo en hacer que se volviera loco. Sentía sus suaves labios deslizarse a lo largo de toda su longitud, sus dientes raspar con cuidado la delicada piel... su juguetona lengua arremolinarse una y otra vez en la punta, para después bajar lentamente... -ohhh... Bella...- suspiraba una y otra vez, enredando sus dedos en su melena castaña -se siente tan bien...

-Pues disfruta- susurró ella, deteniendo por unos segundos su tarea y sustituyendo su boca por su mano. Besó de nuevo la punta, antes de que su cálida boca envolviera de nuevo su miembro. Los jadeos roncos y guturales de Edward, mezclados con su nombre, envolvían la habitación; pero en un momento dado lo sintió tensarse y la apartó con delicadeza. Extrañada por esa interrupción, observó como su novio se movió rápido, sacando un preservativo del cajón de la mesilla.

-No quiero correrme todavía... no sin ti- le explicó, jadeante y con la respiración entrecortada. Bella sonrió antes de quitarle el profiláctico de las manos y extendiéndolo ella misma a lo largo de su pene; gateó hasta que estuvo a milímetros de su cara, y después de besarle profundamente, se hundió en él, dejando escapar un suspiro de satisfacción.

Pero Edward quería más, y en un fluido y rápido movimiento quedó sentado; su novia sonrió mientras acomodaba de nuevo sus piernas, rodeando sus caderas, y lentamente empezó la pequeña tortura, ya que se mecía muy despacio, disfrutando del roce de sus pieles.

Pronto la joven sintió las manos de Edward recorrer su espalda, a la vez que sus bocas volvían a buscarse de forma apremiante; los jadeos y gemidos de la pareja quedaban opacados por los besos, ya que ninguno era capaz de poder cortarlos en ningún momento, siempre querían más...

El movimiento de caderas de su chica estaba enloqueciendo al cantante por momentos; a veces sentían sus pequeñas uñas arañar la piel de sus hombros, y otras sus puños agarrar su cabello; hubo un momento en el que Bella echó ligeramente su cabeza hacia atrás, y no perdió la oportunidad de morder el sitio exacto de su cuello donde estaba su pulso.

-Edward...- murmuraba ella una y otra vez, sin molestarse en abrir los ojos un segundo.

-Más rápido cariño...- le rogó este, dejando su cuello y besando el nacimiento de sus pechos -muévete para mi, vamos...- la lengua del cantante jugueteando con su pezón izquierdo fue todo lo que necesitó la castaña para que ese dulce vaivén se convirtiera en desenfrenados saltos; pero no era suficiente, y tomando su cintura, la empezó a elevar, saliendo al encuentro de sus caderas y haciendo que chocaran a mitad de camino.

-Ohhh...- su pequeña boca se abrió, buscando aire de manera desesperada; sentir las fuertes manos de Edward por todo su cuerpo hacía que su piel se estremeciera; su lengua acariciaba sus pechos y sus pezones... le gustaba tanto que la tocaran ahí, justo en ese punto. Pronto su intimidad cosquilleaba, señal de que estaba a punto de terminar; escondiendo la cara en el cuello de su chico, saltó sobre él de manera frenética, hasta que esa deliciosa combinación de placer y locura arrasó sus venas.

Sus gemidos y su respiración errática quedaron ahogados en el cuello de Edward, al que también el orgasmo le golpeó de manera deliciosa; cayó completamente agotado y jadeante en las almohadas, llevándose a su novia con él, todavía unidos.

-Buenos días- oyó que Bella murmuraba contra su cuello una vez recuperó el aire, cosa que le hizo reír.

-¿Estás segura de que no quieres un despertar así todas las mañanas?- cuestionó, acariciando su espalda; la sintió reír, y por fin sus ojos marrones se abrieron.

-Hum... admito que no está anda mal- musitó ella, como si tal cosa -Edward giró su cabeza, para mirarla, ya que había dejado el escondite de su cuello y se había acomodado en su hombro -no sabía que eras de los que les gusta tanto el sexo matutino.

-Me encanta el sexo matutino- exclamó su chico con energía, haciendo que ella ahogara una pequeña carcajada.

-Eres un pervertido- le reprendió la castaña en bromas, golpeando muy suavemente su pecho -deberíamos movernos; tenemos que ir a buscar a Amy.

-Cierto- aprobó el cantante, pero sin moverse y sin soltarla en ningún momento -¿qué te parece si vamos a la playa?- le propuso -podríamos almorzar allí, una especie de picnic.

-Me encantaría- aceptó con una pequeña sonrisa -pero tendría que pasar por mi casa, para coger el bañador, la crema y esas cosas...- enumeró -si te descuidas, puedo quemarme sin ponerme directamente al sol- bromeó -¿a qué playa iríamos?

-Santa Mónica está a reventar de gente, lo mismo que Venice- meditó Edward en voz alta, enrrollando con delizadeza un mechón de su larga melena con un dedo -podríamos ir a Zuma Beach; es mucho más tranquila y está cerca de tu casa.

-Trato hecho; entonces en marcha- exclamó contenta -¿compartes una ducha conmigo?- le ofreció, juguando con uno de sus pendientes.

-¿Ya quieres otra ronda?- cuestionó, arqueado una ceja -te estás convirtiendo en una pequeña pervertida, calabacita... tsk, tsk, tsk...- negó con la cabeza.

-Puede... pero te encanta- se encogió inocentemente de hombros, cosa que arrancó una sonara carcajada a su novio, que la besó sonoramente en los labios, antes de levantarse y encaminarse hacia el cuarto de baño.

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Después de pasar un domingo tranquilo en la playa, donde almorzaron y se bañaron, incluido Baxter, más que feliz por salir de casa, el lunes se presentaba como un día ajetreado... aunque no de trabajo, sino de cuestiones personales.

Después de que Edward dejara a su hija en el colegio, Bella y él se dirigieron al centro médico, a que le colocaran a su chica el anticonceptivo. Ella se sorprendió, ya que no esperaba que fuera a acompañarla, pero su novio esperó pacientemente durante más de media hora en la sala de espera; en cuanto la puerta de la consulta se abrió, una enfermera le indicó que podía pasar.

Raudo se apresuró a seguirla, ignorando las miradas curiosas del resto de la sala de estar; aunque iba con la gorra prácticamente cubriendo sus ojos y parte de su cara, y las gafas de sol, no estaba seguro de si alguien le había reconocido, pero no le importaba en absoluto. Al entrar en la consulta lo recibió la doctora Lewis, una amable mujer de unos cincuenta años, que le hizo tomar asiento frente a ella.

-¿Cómo ha ido?- inquirió, quitándose las gafas y la gorra.

-Hemos puesto el anticonceptivo- le confimó la mujer -pero debido a la anestesia local, Isabella se ha mareado un poco- el cantante se alarmó al escuchar esas palabras -no se preocupe señor Cullen; pasa con mucha frecuencia.

-¿Puedo verla?- le pidió.

-Claro; le hemos ordenado que se quede tumbada en la camilla unos minutos; por aquí- le indicó, a la vez que ambos se levantaban y traspasaban la puerta que daba a la sala de exploración; Bella estaba tumbada, con los ojos cerrados y con el brazo izquierdo doblado sobre su abdomen.

-Cariño- la llamó suavemente Edward; pronto sus ojos marrones se abrieron, y la castaña sonrió -¿estás mejor?; la doctora Lewis me ha dicho que te has mareado.

-Estoy bien- musitó -todavía tengo el brazo un poco dormido- el cobrizo sonrió, dándose cuenta del pequeño apósito un poco más abajo de su hombro, que tapaba la pequeña incisión que le habían realizado para introducirle la pequeña varilla -¿puedes ayudarme?- Edward la sujetó por la espalda, a la vez que ella se incorporaba con su brazo sano.

-Bien Isabella- habló la doctora, una vez ella quedó sentada en la camilla -el adormecimiento del brazo irá pasando a lo largo de la mañana; puede que tengas molestias un par de días en la zona de la incisión. Si es el caso, puedes tomar algún analgésico suave- la joven asintió con la cabeza -tus análisis están bien, y también tus niveles de tiroxina- esta suspiró aliviada.

-¿Van a cambiarle la medicación para el tiroides?- preguntó su chico.

-Con el anticonceptivo es lo mejor- contestó la mujer, con las manos metidas en los bolsillos de su bata blanca -los niveles de tiroxina lllevan estabilizados bastante tiempo, por lo que no debería haber ningún problema; es un tipo de píldora con una dosis ligeramente menor, indicada para mujeres que desean usar un anticonceptivo hormonal; simplemente que siga vigilando su dieta, y si nota mareos, picores en la piel, o si su periodo sufre alteraciones, debe venir lo antes posible.

Después de unos minutos más de explicaciones, y de que Edward diera las gracias a la doctora Lewis su discreción, la pareja salió por la puerta del centro médico. Bella agradeció el ligero viento frío que se había levantado esa mañana en la costa californiana, ytomó aire de manera profunda.

-¿Mejor?- interrogó su novio, abrazándola por los hombros después de ponerse de nuevo su gorra y las gafas de sol.

-Mucho mejor- asintió, con una pequeña sonrisa; era demasiado adorable cuando se ponía en modo protector.

-¿Te habías mareado antes?- le preguntó -quiero decir, estás acostumbrada a las agujas y todo eso...- le dijo, pesando en la próxima cita que tenían esa misma mañana.

-Nunca me había pasado- le contestó, encogiéndose de hombros -yo creo que ha sido la anestesia, que me ha dejado atontada de más- Edward se carcajeó, para después besar el tope de su cabeza.

-Vamos a desayunar; tienes que reponer fuerzas- entre risas, la pareja se encaminó al Starburcks más cercano, para pedir el café y poder bebérselo de camino al coche. Una vez montaron y Edward arrancó, Bella iba bebiéndose tranquilamente su bebida caliente.

-¿A dónde vamos ahora?- le preguntó, al ver que cogía el desvío para encaminarse hacia el centro.

-Vas a conocer a un buen amigo mío- le explicó su novio, mirando por el espejo retrovisor -se llama Marcus- la castaña hizo memoria, y una vez recordó cierta conversación en México, se sorprendió.

-¿Vas a hacerte el tatuaje?- interrogó, con una pequeña sonrisa.

-Para un día que no tenemos que pisar el estudio... es bueno aprovecharlo- le aclaró el cobrizo -el viernes por la mañana hablé con él, y le encargué que hiciera el boceto; tengo ganas de verlo.

-Yo también- admitió su chica -¿estás seguro de que lo quieres justo en esa zona?- señaló la parte superior de su pecho, casi a la altura de sus clavículas -Riley tenía uno que le cubría el pectoral derecho y parte del brazo... y sé que lo pasó mal mientras se lo estaban haciendo- Edward sonrió a la mención del que hubiese sido su cuñado; le gustaba que pudiera hablar de Riley sin tapujos, y aunque ese halo de tristeza siempre estaría en sus ojos marrones cada vez que lo mencionara, estaba contento de que pudiera hablar de él sin tanto sufrimiento y dolor.

-Eso de parte del brazo es lo que el mundo del tatuaje se conoce como media manga, cariño- le explicó, sin quitar la vista del asfalto -y esto es una manga entera- extendió su brazo, dejando a la vista su brazo totalmente invadido por la serpiente naranja.

-Entiendes mucho de tatuajes- musitó ella, sorprendida por tantas explicaciones técnicas, pero su chico negó con la cabeza, sonriendo divertido.

-El realmente entendido en el asunto es Emmett- corrigió -creo que si no fuera músico, probablemente, hubiese sido tatuador.

-Le pega- fue la respuesta de su chica.

Envueltos en un divetido debate acerca de los mil y un tipos de tatuajes, llegaron a la zona en la cual se suponía estaba el estudio; era una calle perpendicular a Hollywood Boulevar, llena de tiendas. Nada más bajarse del coche, enseguida avistaron el estudio.

-Pasadena Ink- señaló el local su chico, con un gesto de la mano -el mejor estudio de tatuajes de Los Ángeles.

-¿Por qué Pasadena?- interrogó, con verdadera curiosidad.

-Es el lugar donde Marcus nació y se crió, al igual que su socios, Peter y Charlotte- le explicó. Al adentrarse, Bella abrió la boca, sorprendida por el tamaño del local; era inmenso, seis veces más grande que el estudio en el que ella se hizo el suyo, en Seattle. Nada más poner un pie en el interior, la chica que estaba detrás del mostrador, llena de tatuajes y piercings y pelo muy corto, esbozó una amplia sonrisa.

-¡Edward!- el cantante sonrió, antes de corresponder al suave abrazo que le dio -benditos sean los ojos... hacía meses que no pasabas por aquí.

-La gira no nos deja tiempo para respirar- le explicó; a su lado, Bella asistía en silencio a la conversación -creo que Marcus tiene algo para mi.

-Un bonito tatuaje con un nombre... que creo te pertenece- la chica enfocó a la castaña, sonriendo con amabilidad -es un placer conocerte, Isabella.

-Bella, por favor- le pidió la aludida, antes de saludarla con dos besos -el placer es mío, y la tienda es alucinante- exclamó; el suelo era negro, y las paredes estaban pintadas con un llamativo color rojo sangre. De las paredes colgaban miles de bocetos de tatuajes, junto con las fotografías de celebridades que la castaña dedujo que conformaban la clientela del establecimiento... y eran muchísimas.

-Muchas gracias- agradeció Charlotte -hacemos lo que podemos; mi marido Peter y Marcus fueron los de la elección de colores, no se lo tengas en cuenta- bromeó, haciendo reír a la pareja.

-¿De nuevo protestando por la decoración, cariño?- un hombre se acercó a ellos, también cubierto de tatuajes y varios piercings, aunque no tantos como Charlotte -¡Edward, amigo!

-Hola Peter- saludó este, chocando sus manos.

-Y tú debes ser la famosa Isabella- le tendió la mano, que Bella estrechó -por fin te veo persona; pensé que a este paso, solo iba a verte en las revistas junto a él.

-Soy de carne y hueso- rió la castaña -Edward me ha hablado mucho del estudio.

-Los chicos son buenos amigos nuestros, y clientes VIP- siguió relatando Peter -aunque ninguno se pasa al otro lado- señaló a su esposa.

-No hay manera de que ninguno me deje perforarlos- bromeó Charlotte -es un simple agujerito en la piel.

-Ni hablar- contestó el cobrizo, de manera rotunda -sabes de sobra que estaba muy borracho cuando me agujereé las orejas- su novia se carcajeó -de modo que no me enteré... y así seguirá siendo.

-Miedica- le picó Bella, haciendo reír a Peter y su esposa.

-¿Te gustan los tautajes, Bella?- le preguntó Charlotte; por suerte para ellos, el estudio estaba muy tranquilo esa mañana.

-Llevo uno- con la ayuda de Edward apartó su melena, y se giró, dejando descubierto el tatuaje, que el matrimonio estudió con detenimiento.

-Es un buen trabajo- alabó Peter -¿asi que élfico, ehhh?

-¿También tú conoces eso?- inquirió Edward.

-Te soprendería saber los miles de tatuajes que hacemos al año acerca de la temática de "El señor de los anillos".

-A mi me encanta- añadió Charlotte – cada vez que puedo veo las pelis, o me leo los libros una y otra vez.

-Bienvenida a mi club- sonrió la castaña.

-Si alguna vez necesitas retocarlo, o quieres hacerte algo... ya sabes- ofreció Peter.

-Lo tendré en cuenta- respondió Bella; justo en ese momento, apareció Marcus por una de las puertas.

Al igual que Peter y Charlotte, estaba cubierto de tatuajes, incluso en la frente y ambos lados de la cara, y aunque era amable, era mucho más parco en palabras. Una vez empezaron a llegar varios clientes, les indicó a la pareja que pasaran a la habitación, donde ya tenía todo cuidadosamente preparado. Edward se quitó la camiseta y se tumbó en la camilla, y Bella se acomodó al lado en una silla que Marcus le había acercado.

-Este es el boceto- les enseñó la plantilla; el corazón de Bella se contrajo al leer su nombre, escrito en una preciosa caligrafía, y con una forma ligeramente ovalada, de modo que partia de las clavículas de su chico y caía como si de un pequeña cadena se tratara, sin invadir del todo la zona pectoral -vamos a ver si necesito ajustar el tamaño- colocó la plantilla, y una vez lo centró, presionó con un líquido especial, para que se copiara en la piel del cantante. Este se levantó un momento para verlo en el espejo.

-¿Qué te parece?- se giró hacia su novia.

-Es muy bonito- alabó; la "a" final de Isabella hacía un precioso patrón ondulado por debajo del nombre, como si se tratara de una rúbrica. Era muy similar al que su chico tenía en la espalda, con el nombre de su hija.

-¿Quieres que modifique algo?- le ofreció Marcus, ya con los guantes puestos -todavía estás a tiempo.

-Así está bien- desechó el ofrecimiento, mientras se volvía a acomodar en la camilla.

Pasaron allí un buen rato, ya que la zona a tatuar era un poco dolorosa, y Marcus paraba para darle un poco de tregua al cantante. Los tres conversaron de manera animada, pero Bella se dio cuenta de como, en ocasiones, su novio esbozaba muecas de molestia y dolor.

Casi era mediodía cuando Edward se miró en el espejo, y aunque la zona estaba roja de hinchada, y tendría que cubrir el tatuaje varios días con un apósito, era perfectamente visible los finos trazos del nombre de su calabacita.

-Buen trabajo, amigo- le palmeó el hombro.

-Un placer; manda mi saludos a los chicos- respondió -y encantado de conocerte, Bella- se despidió de ellos, ya que le habían avisado que tenía a otro cliente esperando.

Una vez Edward pagó y abandonaron el estudio, se dirigieron al coche, para ir a comer a casa y después ir a buscar a la pequeña al colegio.

-Estás muy callada- observó el cantante, con el ceño fruncido -¿no te gusta?

-Claro que sí- contestó ella rápidamente -es precioso, pero...

-¿Pero...?- este le hizo un gesto con la mano, instándole a que continuara.

-Espero que no te arrepientas de haberlo hecho- susurró ella -si alguna vez nos separamos...

-¿Ya estás otra vez con eso?- cuestionó su chico, un poco dolido -¿qué te hace pensar que te vas a librar tan fácilmente de mi?

-Sé que no tiene por que pasar nada- se apresuró a aclararle -pero es un posibilidad que está ahí, y...

-La única que puede hacer que te libres de mi, eres tú misma- musitó él, mirándola con intensidad -¿por qué piensas eso?; pensé que estábamos bien.

-Y lo estamos- respondió esta -Edward, solamente digo que las cosas llevan su tiempo.

-¿Lo dices por que quiero que vengas a vivir conmigo y con Amy?- le preguntó, de manera directa -no te voy a engañar, Bella...- hizo una pequeña pausa -mi hija y tú sois mi vida- esta sonrió -y me gustaría tener a mis chicas bajo el mismo techo, sin tener que echarte de menos; pero sé que necesitas tiempo; le diré a Amy que deje de pedírtelo, si eso te molesta mucho.

-No me molesta, y no quiero que la regañes por mi culpa- le pidió.

-Pero si vivieras comingo, no tendrías que preocuparte por el alquiler de tu apartamento- objetó -apenas estamos en casa, y con ese dinero podrías...- su chica le cortó.

-Esa no es la cuestión- exclamó, molesta -con el dinero que le doy al banco es suficiente para ir pagando la hipoteca de casa de mis padres- Edward suspiró, intentando mantener la calma.

-Ya lo sé; me refiero a que tendrías más para tus propios gastos- le aclaró.

-Si viviera contigo, también pagaría algo... no me gusta ser una mantenida.

-Por el amor de dios- siseó, frotándose los ojos -no serías una mantenida; cuidaría de ti... eso es lo que hace una pareja que se quiere, Bella.

La castaña permaneció en silencio, y Edward, viendo que no arrancaría una palabra de sus labios, puso en marcha el vehículo, sin saber que más hacer o decir acerca del tema, por lo que sacó otro a la palestra.

-¿Pasado mañana... vendrás a los premios, no?- le preguntó, con una pequeña sonrisa -Alice ya tiene los pases preparados. Bella tragó en seco, ya que el miércoles por la noche era la ceremonia de los Grammy, y el grupo optaba a varios galardones en diferentes categorías.

-No me van mucho esas cosas, Edward- le dijo, con cautela -además, yo ahí no pinto nada, y...

-Claro que pintas, y mucho- le corrigió -eres una de nuestras representantes... y mi novia- le recordó -sabes que a mi tampoco me van mucho ese tipo de eventos... pero esta vez, es diferente.

-Casi que prefiero verlo desde casa- se volvió a excusar ella.

-¿No vas a venir conmigo?- la expresión de su chico, un poco triste, le removió el corazón, pero lo prefería así.

-Es mejor que no, Edward- susurró, con un nudo en la garganta; le daba demasiada vergüenza asistir a ese tipo de celebraciones; y por supuesto, no podía permitirse un modelito que estuviese a la altura de la ocasión.

-Bella... si es por dinero para ropa, puedo...- la mirada fulminante que le dio hizo que su chico se quedara con la palabra en la boca; pero demonios, la conocía demasiado.

-Te repito que no soy una mantenida, Edward Cullen- pronunció su nombre lentamente, y muy molesta -aparte de eso- siseó sarcástica -no pertenezco a ese mundillo, y yo ahí no pinto nada.

-¡Maldita sea!- pegó un ligero golpe al volante -¡no quiero que vayas por el mundillo... quiero que vayas por mi!- le corrigió -te dije desde el primer momento que no te iba a tener escondida... ¿o crees que me avergonzaría de ti una mísera vez?- el tono de voz, seco y enfadado, hizo que el nudo que se había instalado en su garganta se apretara cada vez más.

-Llévame a casa, por favor- le pidió, controlando a duras penas sus patéticas lágrimas.

-Cariño...- la llamó su chico, dándose cuenta de que su explosivo carácter, de nuevo, le había pasado factura, y la había gritado -perdona, yo no...

-Está bien- negó ella con la cabeza, y esbozando una sonrisa que no le llegó a la cara -por favor, no quiero discutir.

-¿Quieres ir a casa?- suspiró, tomándola de la mano.

-A mi casa- puntualizó -te veré mañana en el estudio.

-Bella...- le pidió -te prometo que no te presionaré más; sino quieres venir a los premios no lo hagas... pero por favor, no me hagas dejarte sola en tu apartamento.

Pero su chica no contestó, y el corazón del cantante sufrió un tremendo vuelco... ¿por qué de nuevo esas inseguridades?, ¿acaso no creía en sus sentimientos?; no había manera de que fuera a pederla de nuevo, así que contra su voluntad, hizo lo que ella le pidió, poniendo rumbo a su pequeño piso.

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Después de una noche en la que apenas pegó ojo, Bella se levantó completamente agotada ese martes. La discusión con Edward la había dejado tocada, muy tocada... una parte de ella quería irse a vivir con él, y despertar todas las mañanas entre sus brazos...

Pero no podía dejar de pensar en si algo podría ir mal; todos saldrían mal parados, incluso la pequeña Amy, y era algo que no podía soportar, al igual que lo que supondría perderle a él. Después de que su chico la dejara en casa, habían hablado por mensajes, y parecía que la cosa estaba un poco más calmada, pero sabía que tenía que enfrentar el tema con él, cara a cara. Y la posterior conversación que mantuvo con Ángela por teléfono no hizo otra cosa que sacar a la palestra sus inseguridades... de nuevo; como bien le dijo su amiga, todo el mundo tenía siempre un cierto temor al arriesgarse a compartir plenamente su vida con la persona que amas. Pero de nuevo le repitió las palabras que le dedicó en el concierto de Seattle... quien no arriesga, es cobarde.

La convivencia era complicada para todas las parejas, y ellos no iban a ser la excepción; pero Edward tenía razón en una cosa, y es que estaba tirando el dinero en el alquiler de su apartamento; tendría que empezar a plantearse esa posibilidad, pero ahora lo que más le preocupaba era el asunto de los premios. Muy pocas veces lo había visto así de triste y dolido; él caminaba de la mano con ella por la calle, la abrazaba, la besaba sin importarle nada que los fotógrafos captaran el momento... y como bien le dijo su amiga, para bien o para mal, eso era el trabajo de su chico, y su deber como su pareja era apoyarle y compartir el éxito del grupo que, en pocos meses, se había convertido en su segunda familia.

Después de seguir dándole vueltas al tema mientras se duchaba y se vestia, por fin, puso rumbo al estudio; hoy los chicos debían estar a las ocho en punto de la mañana, hora en la que el equipo de la discográfica llegaba para concluir las grabaciones del recopilatorio; su canción... precisamente hoy Edward le dijo que grababan la famosa canción que le había compuesto, y con tan mala suerte que estaban peleados.

Nada más aparecer por el despacho, a eso de las nueve media de la mañana, el jaleo que allí había era inmenso, como cada vez que grababan. Además, había cámaras de video, ya que a Jasper se le ocurrió sugerir que el videoclip de la canción podría ser grabado simultáneamente, en el estudio, sin más artificios de por medio.

-Buenos días- saludó a Nessie, que se estaba quitando el jersey que llevaba puesto.

-Buenos días- devolvió la pelirroja el saludo -no lo parece- señaló su rostro -¿has dormido mal?

-He tenido despertares mejores- suspiró ella -¿Alice?

-Con los de la discográfica; los chicos ya están encerrados a cal y canto en la cueva- le explicó, usando el apelativo con el que se refería al cubículo de grabación -¿quieres hablar de ello?- le ofreció, con una pequeña sonrisa; habían cogido mucha confianza durante los viajes, de modo que a grandes rasgos, le acabó contando lo bien que había empezado la mañana de ayer y lo mal que acabó. Reneesme la escuchaba atenta, sin perderse un solo detalle, junto con la jefa, que se había unido a ellas.

-No sé que decirte, Bella- habló la pelirroja -por un lado te entiendo a ti; y por el otro, Edward lleva su parte de razón.

-La convivencia no es fácil para nadie- ahora la que habló fue Alice, que repitió las palabras exactas de Ángela -la vida puede dar muchas vueltas, Bella... pero si vivimos pensando en lo que podría pasar, jamás daríamos pasos hacia delante.

-Yo me fui a vivir con mi novio en cuanto me lo pidió- tomó la palabra la pelirroja -después pasó lo que pasó; pero no me arrepiento ni un segundo de mi decisión, ni del tiempo que estuvimos juntos.

-Lo sé- suspiró Bella -y no es que no quiera vivir con él y con la niña... simplemente quiero hacer las cosas bien.

-Entonces hazlas; si a ti te parece que eso es lo correcto- la animó Nessie.

-Me da pena que no vengas a los premios- musitó Alice, con un puchero de pena.

-Es lógico que Edward te quiera allí- añadió la pelirroja -pero es tu decisión.

-Todavía me lo estoy replanteando- contradijo -si encuentro algo decente que ponerme, me lo pensaré- intentó parecer que fuera una broma, y lo debió conseguir, ya que las dos sonrieron -¿todo preparado ahí dentro?

-Es una locura- suspiró Alice -hacía muchos años que no grababan el videoclip directamente en el estudio- les explicó -está lleno de velas- musitó pícara, mirando a la castaña.

-¿Velas?- alzó una ceja Reneesme.

-Cuando lo veáis, sabréis de que hablo.

Pero la conversación se vio interrumpida por Sam y Jasper, que les indicaron que estaban por empezar; con el corazón en un puño, Bella y las chicas se dirigieron a la zona de control, desde donde ellas seguirían la grabación. Tal y como le había dicho Alice, pequeñas velas estaban estratégicamente repartidas por todas las mesas y superficies disponibles del cubículo; vio a Edward, ya preparado para cantar. Los ojos de ambos se encontraron, y la joven le dedicó una pequeña sonrisa de ánimo, gesto que fue recibido por parte de él con alivio.

La guiñó un ojo, antes de volverse y de atender a las explicaciones que uno de los cámaras estaba dando. Jake la saludó con la mano, al igual que Emmett, ya sentado frente a sus tambores y platillos.

-¡Silencio!- oyó que pedía uno de los técnicos de sonido, sentado justo delante de ellas -¡grabando!- las cámaras se pusieron en marcha, y las manos de Jasper se posaron en el piano de cola, entonando la melodía. La castaña escuchaba atentamente, hasta que la voz de Edward llenó la habitación...

"Estoy aquí, cansado, sentado

y herido frente a este viejo piano,

intentando atrapar el momento que

esta mañana no logró entender.

Porque una botella de vodka aún sigue

aquí, en mi cabeza, y una rubia me sigue

dando pesadillas... creo que todavía está en mi cama".

La canción era bonita, y el ritmo lento y suave... pero había algo que la castaña no entendía en toda esta letra; había fantaseado internamente con que fuera una canción de amor, del estilo a la de Rose; pero siguió escuchando...

"Mientras sueño que con películas

que no harán sobre mi cuando muera.

Con una resaca terrible me levanto,

y le doy un beso a la mañana...

mientras una banda callejera sigue

con su propio ritmo en mi cabeza

mientras hablamos..."

Los ojos verdes del cantante se posaron un segundo en su chica, sonriendo con disimulo... dios... estaba tan guapo con esos vaqueros y esa camiseta negra de manga corta, y con su pelo mucho más revuelto que de costumbre; ella captó el gesto, pero Edward enseguida desvió los ojos...

"...sobre todas las cosas en las

que deseo creer sobre el amor y la verdad...

lo que tú significas para mi..."

Los coros de Jake se acoplaban perfectamente a la voz del cantante; y al escuchar esas líneas el corazón de Bella latió desaforado; pero en ningún momento estaba preparada para lo que veía a continuación...

"...y la verdad es... cariño, eres

todo lo que necesito.

Quiero tumbarte en una cama de rosas,

ya que esta noche duermo en una cama de clavos.

Quiero estar tan cerca de ti como

lo está el Espíritu Santo... y tumbarte en una cama de rosas..."

Dios mío... ¿había escrito en eso?, ¿pensando en ella...?; estaba tan anodadada que ni siquiera se dio cuenta del imperceptible codazo que le dio Alice; cuando miró a su jefa, oyó que vocalizaba en silencio un "wao". A su otro lado, Nessie estaba con los brazos cruzados, disfrutando de la melodía... tendría que hacerle muchas preguntas después, pero la parte instrumental finalizó, y de nuevo la voz de su chico se coló por sus oídos.

"Estoy tan lejos, que cada paso que

doy es para volver a casa..."

Y tal y como ocurría durante la gira, sus ojos la miraban de manera directa, sin tapujos y sin importar nada toda la gente que los rodeaba...

"Una recompensa de rey daría cada noche,

solo por ver a través de esta cabina telefónica.

Aún así, me quedo sin tiempo... o es que

es difícil la conexión; hasta que el pájaro en el cable

me lleve de nuevo hacia a ti.

Tan sólo cierro mis ojos y susurro...

cariño, el amor ciego es verdadero.

Quiero tumbarte en una cama de rosas..."

Bella hacía un esfuerzo sobrehumano por contener las lágrimas mientras escuchaba el estribillo; y ella quejándose antes, para sus adentros, de que no era muy romántica... ja, que estúpida era. Solo había escuchado el estribillo un par de veces, ni siquiera había finalizado la canción, y ya se emocionaba solo con hacerlo.

El solo de piano que introducía el final de la canción, perfectamente interpretado por Jasper, hacía que Alice sonriera; Nessie todavía permanecía de brazos cruzados, escuchando todo al detalle; Edward la vio por el cristal... y sonrió para sus adentros... su chica estaba con las lágrimas a punto de bajar por sus mejillas, así que no lo había hecho tan mal...

"Mientras cierres los ojos

quiero que sepas que estaré pensando en ti.

Mientras mi amante me llama

para que vuelva a su lado otra vez.

Esta noche no estaré solo, pero tú

sabes que eso no significa que no

me sienta solo.

No tengo nada que probar, ya que es

por ti por quien moriría por defender.

Quiero tumbarte en una cama de rosas..."

La canción terminó, las luces que indicaban silencio en el estudio se apagaron, y las cámaras de video dejaron de filmar. Los técnicos de la discográfica estaban muy satisfechos con el trabajo realizado; Reneesme y Alice estaban boquiabiertas y Bella... la castaña no podía procesar nada en su mente; jamás pensó que la canción la dejaría tan shockeada.

-Bella- Nessie la llamó, completamente seria -tierra llamando a Bellaaaa...- canturreó, hasta que captó la atención de su amiga -con respecto a lo que me has contado antes... cásate con él... ya.

-¿Cóm... cómo?- preguntó, confundida.

-Si a mi un tío me canta eso, uufff...- dejó la frase sin acabar, ante la sonrisa de Alice; pero Bella seguía sin procesar una respuesta coherente en su cabeza, que repetía una y otra vez frases sueltas de la canción.

No se dio cuenta de que Edward se había acercado a ella, y cuando sus ojos marrones le enfocaron, llenos de agua salada, se preocupó. Sin decir una sola palabra la tomó de la mano, arrastrándola hacia el jardín.

-¿Qué te pasa?- le preguntó preocupado, una vez estuvieron solos -¿no te gusta?; puede que no sea como la de Rose o Emily, pero te juro que...- sin decir una sola palabra su calabacita se abrazó a él con fuerza, escondiendo su cara en su pecho.

-Edward... es... es preciosa- suspiró aliviado, y sonrió mientras la rodeaba con sus brazos -¿cóm... cómo has escrito eso?

-La escribí al día siguiente de la pelea que nos mantuvo separados- le contó él -la botella de vodka todavía estaba en mi cabeza- recitó uno de los versos -tenía una resaca horrible... pero básicamente lo que quiere decir es...- hizo una pausa, encontrando las palabras justas -que si un día terminanos separados... por los motivos que sean, dios no quiera... antes o después... jamás dejaré de pensar en ti.

-Mientras mi amante me llama... sabes que eso no significa que me sienta solo...- tarareó ella, entre sollozos.

-Eso es lo que me provocas, Bella- musitó él, haciendo que le mirara; aunque sus ojos estaban hinchados y rojos, estaban felices -es la forma que tengo para decirte que te quiero, por encima de todo.

-Yo también lo hago, créeme- suspiró ella, mientras Edward limpiaba con sus dedos sus mejillas -ayer me puse muy cabezota... y lo lamento.

-Soy yo el que lo lamenta, cariño- la interrumpió -lo que menos quiero es agobiarte.

-Te prometo que hablaremos del tema, poco a poco... puedo pasar los fines de semana en tu casa, con vosotros, algún día suelto...- Edward asintió.

-Te echaré de menos en los premios-; pero entiendo que esas cosas no te van mucho- musitó, un poco cabizbajo -¿me dejarás que te dedique unas palabras?

-Después de lo que he escuchado...- ella meneó la cabeza -puedes dedicarme lo que quieras- su chico rió suavemente, y por fin Bella acercó sus labios a su boca, besándole. No supo el tiempo que duró ese beso, pero ella no tenía otra forma de darle las gracias por todo lo que había escuchado esa mañana., y de pedirle perdón por la pelea que mantuvieron ayer.

-Te quiero- musitó ella muy bajito, una vez de nuevo acurrucada en sus brazos; sintió que besaba el tope de su cabeza... y sabía lo que tenía que hacer ahora; y eso pasaba por llamar a Rosalie, y planear su sorpresa; Edward se lo merecía.

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Mirando el reloj una y otra vez, Bella esperaba sentada en una de las cafeterías del centro de Los Ángeles, esperando a que su rubia amiga apareciese. Hacía un buen rato que se había acabado su café; necesitaba estar lo suficiente lúcida para hacer lo que iba a hacer; y esperaba poder resolverlo, porque le había dado mil excusas a Edward para escaquearse esa mañana.

-¡Bella!- la llamó la rubia; se sentía mal, ya que su amiga había aterrizado la noche pasada, procedente de Chicago, y esa misma tarde tomaba un avión rumbo a Miami, para una sesión de fotos, por lo que no podía acudir a los premios.

-Gracias por hacer esto, Rose- la abrazó.

-Cuando una amiga te manda un mensaje, poniendo simplemente la palabra "socorro" es señal de que es importante- bromeó ella -pero soy toda tuya hasta pasado el mediodía, y traigo refuerzos- se apartó un poco, y un chico altísimo, rubio, vestido con unos vaqueros, una camiseta y una chaqueta de traje negra se adelantó a saludarla, quitándose las gafas de sol y dejando al descubierto los mismos ojos azules de Rosalie -Bella; te presento a mi hermano, Demetri.

-Eres tal y como sales en la tele- exclamó la castaña, correspondiendo al abrazo que el chico le ofrecía -encantada de conocerte.

-Soy yo el que está encantado de conocer a una de mis ídolas- habló el chico, con su voz grave y su tono divertido.

-¿Ídola?- se carcajeó Bella -creo que te equivocas.

-Cariño... eres la novia de ese macizo, por supuesto que eres mi heroína- contradijo este, tomando asiento a su lado -¿sabes cuántos gays desesperados como yo matarían por tener a Edward?

-No empieces, Demetri- le reprendió su hermana, rodando los ojos.

-Cierto, cierto- alzó sus manos su hermano -asuntos de trabajo...- musitó, con una sonrisa misteriosa; era tan divertido como en sus apariciones en la tele -cuéntame, querida Bella- después de que ambos hermanos ordenaran al camarero el pedido, la castaña se empezó a explicar.

-Necesito ayuda para los premios Grammy- soltó sin ceremonias; Demetri asintió, serio como siempre se ponía en su trabajo -no dispongo de mucho presupuesto, ni tampoco quiero nada llamativo y exagerado.

-Soy tu hombre, Bella- respondió, con una sonrisa -en este mundillo, con el paso de los años, he aprendido que hay ciertas reglas básicas que hay que seguir- Rose se acomodó para escuchar por milésiva vez el decálogo de moda de su hermano -primero, los Grammy no son los Oscar o los Globos de Oro, por lo que se permite un estilo mucho más informal... aunque haya alguna famosa que no se haya enterado de eso- suspiró de manera cómica, haciendo reír a las chicas -este año el grupo está de gira, pero te tocará asistir alguna que otra vez- Bella miró a Rose, que le hizo un gesto afirmativo con la cabeza... ¿ella en los Oscar...? jamás se lo había planteado; pero este era el trabajo, por así llamarlo, de su novio, y ella debía apoyarle.

-Comprendo- contestó.

-Ya nos ocuparemos de eso cuando llegue el momento- siguió Demetri, después de darle un sorbo a su té -ahora, vamos a lo que nos importa... ¿cómo te ves esta noche?

-Eso me gustaría saber a mi- hizo un mohín -no tengo tipo para lucir ciertas cosas, y...- el rubio la cortó.

-Eso no tiene nada que ver, cariño- contradijo, serio -todo está en saber que tipo de ropa te sienta bien y te favorece; y lo más importante, usar la talla correcta; es el error que cometen muchas mujeres, ponerse una talla o dos de menos, y parecer una salchicha embutida- Rose y Bella rieron, pero tenía su punto de razón -aclarado este punto, me gustaría darte un look acorde a tu acompañante, y tengo la solución perfecta para ello- replicó, satisfecho.

-¿Y el presupuesto?- era lo que más le preocupaba.

-Conozco las mejores tiendas outlet de la ciudad- le dijo -te sorprendería saber cuantas celebridades son clientes de ellas- Bella escuchaba con atención -ahora, vamos al lío- se frotó las manos.

Despues de pagar la cuenta abandonaron la cafetería, para dirigirse al descapotable rojo de Rosalie; empezaba la diversión...

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Varias horas después, Bella no hacía más que mirarse en el espejo de su dormitorio, preguntándose si la chica del reflejo era ella. Demetri tenía toda la razón, sólo debía saber que tipo de prendas evitar. Después de recorrer unas tres tiendas, el joven cumplió a la perfección con su trabajo, y con un buen precio.

Una vez con la ropa escogida, la peluquería y el maquillaje fue el último paso, antes de que los hermanos Hale la dejaran en casa a primera hora de la tarde, prometiendo la rubia guardar el secreto ante Emmett, para darle a su chico la sorpresa que se merecía, y más después de lo acontecido el día anterior.

Estaba contenta, pero también muy nerviosa; había ganado un personal shopper y un amigo, y se lo estaba pasando de lo lindo, ya que Edward la llamaba y ya apenas sabía que excusa darle para que creyera que no la vería hasta el día siguiente.

Y allí estaba ella, preparada y mirándose al espejo; el conjunto le quedaba de maravilla, y pegaba de miedo con el peinado y el maquillaje. Miró de nuevo al reloj de su mesilla; eran apenas las ocho, y sabía por Alice y Nessie, compinchadas también con ella, que a esta hora el grupo estaba en la fiesta que precedía a la ceremonia, organizada por Twiligth Records, en un céntrico hotel de la ciudad. Ya había llamado al taxi, por lo que tomó su pequeño bolso y esperó, hasta que oyó el claxon. Tomó aire, antes de montarse... esperaba que a Edward le hiciera ilusión verla allí; él se merecía eso y mucho más.

Con el pase para los premios y su identificación como trabadora de la discográfica, no tuvo problema alguno para acceder a la fiesta en el lujoso hotel de Beverly Hills. Estaba lleno a reventar, y no veía a ninguno de los chicos ni a Alice y Reneesme... pero como si de un radar se tratase, enseguida encontró la espalda de su chico, enfundado en un traje negro y con los relucientes pendientes delatándole; sonrió y se encaminó hacia él... pero paró en seco al ver con quien estaba.

Gianna, ataviada con un imposible mini vestido blanco, parloteaba con él, a la vez que se acercaba a Edward; los ojos de Bella relampaguearon con furia, y más al observar a Edward girarse un poco y apartarse del toque de la modelo. Ella confiaba en él, y sabía que se estaba enfandando. Con paso firme se acercó a ellos, pasando un brazo por la cintura de Edward, que se sobresaltó y abrió la boca al encontrarse allí a su chica.

-Lamento el retraso, cariño; el tráfico que hay es terrible- se disculpó ella, con voz angelical, a la vez que se ponía de puntillas y besaba suavemente su mejilla... y se percataba de que a pesar del traje y la camisa blanca, no llevaba corbata, sino los primeros botones desabrochados. Estaba muy guapo, y no pudo reprimir mirarle de reojo.

-Hola calabacita- susurró él con una amplia sonrisa, una vez se recuperó de la sorpresa.

-¿Sabes que es de mala educación interrumpir una conversación en la cual tú no estabas incluida?- siseó Gianna, cruzándose de brazos.

-Yo solo saludaba a mi novio- se encogió de hombros ella.

-Y no has interrumpido nada, mi amor- fue la respuesta de su chico, para después arquear una ceja y mirar a la modelo con la que había salido.

-Pero Edward...- se quejó esta, con voz melosa, pero el cantante y Bella, todavía unidos, se alejaron un paso hacia atrás.

-Gianna- ese tono seco y cabreado de divo que Bella tan bien conocía resurgió en todo su esplendor -te he dicho que no me interesa nada de lo que quieras contarme- la castaña permanecía en completo silencio -tú y yo terminamos hace mucho... y si lo hubiera sabido, te hubiera mandado a la mierda antes- la modelo lo escuchaba con una mueca de frustración -ahora si nos disculpas, tenemos que irnos.

-¿Qué se siente al llevar ropa pasada de temporada, Bella?- la picó Gianna, con una sonrisa cruel; los ojos verdes del cantante lanzaban puras llamas de furia; nadie se metía con su novia, que por cierto, estaba preciosa.

-Me siento muy bien- contestó ella, con total tranquilidad -llevo algo que me gusta, y que parece que me queda bien... fíjate- miró un momento a sus pies, y los ojos de la modelo se abrieron, debido a la sorpresa -sí, son los peep toes plateados de Jimmy Choo- le sacó de dudas -y aunque son de hacen dos temporadas, creo que es muy difícil encontrar un par de estos; además, creo que ese vestiod ha encogido en la lavadora... ¿O has engordado?- recordó la lección magistral de Demetri y las tallas. Edward no pudo evitar que una sonrisa asomara en sus labios... su Bella en estado puro, sin pelos en la lengua.

Dejaron allí a la tediosa modelo; y aunque la castaña la había puesto en su sitio, por dentro estaba nerviosa, muy nerviosa; iba a preguntarle a Edward hacía donde la llevaba, y se dio cuenta de que la conducía a una de las terrazas, lejos de ojos indiscretos.

Una vez allí se mordió el labio, esperando reacción alguna de su chico; puede que se hubiera enfadado por el intercambio de opiniones con su ex, pero nadie se había dado cuenta, ni se había montado un follón; pero este permanecía en silencio, escaneando de arriba abajo el cuerpo de su chica.

La falda negra se ajustaba a la perfección desde un poco más abajo de sus pechos hasta justo encima de la rodilla, haciendo que se viera muy estilizada; el top gris sin mangas brillaba en su piel, y estaba perfectamente conjuntado con los altísimos zapatos y el bolso de mano que llevaba. Una chaqueta de cuero negra, entallada y femenina, le daba este look rockero que Demetri quería plasmar en ella.

Su pelo estaba peinado con una simple cola de caballo ladeada, que caía en suaves bucles por su hombro derecho; el maquillaje no era exagerado, y resaltaba como nunca sus ojos... estaba impresionante, y Edward no podía creer que estuviera aquí, con él.

-¿No... no te gusta?- carraspeó ella, un poco azorada por esa mirada verde -quizá debería haberme puesto un vestido largo, pero...- Edward seguía en silencio, y Bella empezó a plantearse por unos segundos que igual la sorpesa no había sido tan buena idea -después del día de ayer...- suspiró -jamás nadie me ha dicho cosas tan bonitas- susurró, en voz muy baja -y quería que supieras que te apoyo en todo, y quería estar aquí contigo... te lo mereces, y yo no...- sus palabras fueron interrumpidas por los labios de Edward, que la estrechó entre sus brazos y la besó con todo lo que tenía; su chica suspiró aliviada contra sus labios, relajándose y devolviéndole el gesto, hasta que la liberó.

-Bella... estás preciosa, endemoniadamente sexy y caliente...- volvió a mirar su cuerpo -y me hace muy feliz tenerte aquí- musitó, abrazándola -¿así que me has estado mintiendo toda la mañana, eh?- la picó; la castaña rió bajito.

-Tenía que ser una sorpresa- le refrescó la memoria.

-Pues lo has conseguido- contestó él -ahora todo este circo será un poco más llevadero- sonrió, tomándola de la mano.

-Los premios lo serán también- le recordó ella, pero él simplemente se dedicó a sonreír, antes de conducirla de nuevo hacia dentro, para ir en busca del resto del grupo; poco le importaba ya sino conseguía ningún galardón; ella estaba aquí, con él, y caminaría orgulloso a su lado... sin tapujos.


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