Bueno bienvenidos a la celebración de años de mi canal en fanfiction, que esta atrasada, pero x.

Puse una lista de temáticas, pero las parejas fueron sorpresa, así que espero lo disfruten.

La canción de Aquiles No me pertenece.

Rencarnación

Su cabello era dorado, lo podía detectar incluso a la distancia, sus ojos eran borrosos como el resto de su rostro, pero cuando intento acercarse a este con la mano extendida a él.

No pudo tomarla.

Como si algo les impidiera incluso en el más allá poder tocarse, así que cuando grita y cae al vacío, siente que otra vez le han impedido llegar a lo más importante de su vida.

Una voz le dice que no es tiempo, que tendrá una segunda oportunidad y luego todo es oscuridad.

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La primera vez que Patroclo mira a Aquiles es cuando entra a la universidad, luego de que Macaón su tutor legal (su padre lo había abandonado al nacer y su madre murió en un accidente de trafico) decidiera que ya ocupaba un poco de estudios en lugar de trabajar en la pequeña clínica rural con él en medio de la nada. Estudiar en la gran ciudad no era el problema, bueno, lo fue ya que es bastante torpe socialmente y no esta acostumbrado a hablar con personas fuera de su circulo social; el cual ya era reducido. Con ayuda de Macaón obtiene una beca, ayuda para mantenerse en la universidad y poder pagar un pequeño departamento de segunda en una zona cercana.

Patroclo siempre quiso ser medico desde niño, no sabe si es por ser criado por Macaón o simplemente por algo dentro de él.

Pero al igual que siempre supo que le gustaba la medicina, sabe que hay algo raro con Aquiles.

Es el niño dorado.

Briseida, la hermosa chica que vive en el mismo departamento que Patroclo (no hay tanto dinero y un compañero de habitación es lo mejor para no sobrevivir a punta de ramen instantáneo por meses) es quien habla del chico dorado.

Un estudiante de Estudios Clásicos, pero que también era uno de los mejores corredores en el sentido atlético y deportivo de la universidad. El chico de cabellos rubios, según palabras de Briseida, era demasiado popular para su propio bien y su padre era el director de la universidad.

Algunos simplemente nacen con suerte.

Patroclo no lo hace.

Usualmente no envidia a las personas con mejor posición socioeconómica, la vida es justa con algunos, injusta con otros, Patroclo tiene el pensamiento de que él tiene una vida promedio. Pero hay algo dentro de él al ver a Aquiles de lejos, hablando con su grupo de amigos y pareciendo brillar, que hace que ladee la cabeza confundido.

Especialmente cuando luego de sentarse en una mesa al exterior, comienza en lo que parece bromear haciendo una especie de malabares con unos melocotones que tenían en la mesa.

Todo el mundo lo ve.

No es raro que Patroclo también lo vea.

—¿Sucede algo Patroclo? —pregunta Briseida a su lado al notar que se ha detenido, sigue su mirada dándole una vaga mirada a Aquiles, pero Patroclo no dice nada.

Solo ve al chico sonreír.

Siente esa extraña necesidad de acercarse para hablar, que refrena sorprendido así mismo sobre el sentimiento.

—No sucede nada—susurra antes de seguir a su compañera de cuarto, que esta estudiando para ser enfermera.

Sin saber que hay unos ojos al otro lado del lugar, que no dejan de verlo de manera brillante, como si hubiera encontrado algo que buscaba.

Hacen bromas los primeros días al respecto, que cuando ambos terminen de estudiar trabajar en el mismo centro de salud. Patroclo lo hace sin saber como decirle, que en lugar de quedarse en la gran ciudad, su sueños siempre fue volver con Macaón en medio de la nada y ser un medico alejado de todo en medio de la nada.

Pero ahora hay unos ojos en su mente, que parecen burlarse de su sueño.

Patroclo puede jurar que ha visto a Aquiles antes.

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Patroclo pasa la mayor parte del tiempo en clases, su habitación estudiando, la biblioteca estudiando, durmiendo cuando puede y generalmente estudiando. Ha aprendido mucho de Macaón, pero no todo lo necesario para no estudiar y por eso su vida es prácticamente rodeada de libros de medicina, o computadoras con cosas de medicinas o Briseida arrastrándolo para que coma algo. Curiosamente los médicos son los peores pacientes que pueden encontrar y Briseida es una fiel creyente de que Patroclo merece un descanso de vez en cuando.

No lo tiene.

En su lugar duplica sus horas en la biblioteca y puede que en ocasiones termine dormido entre sus libros, pero en esos momentos es Briseida que lo encuentra.

Así que cuando alguien que no es ella lo despierta, solamente se sobresalta, porque hay un chico lindo frente a él luciendo algo divertido. No puede culparlo, Patroclo siente baba seda en su mejilla, que ahora tiene pegado una de las hojas que iba a ser su tarea; que probablemente necesite pasar. Todo a su alrededor son libros y su laptop (regalo de Macaón) esta apagada porque debe estar descargada por su sueño.

Parpadea confundido hacía el chico rubio, Aquiles, piensa un poco dormido todavía.

¿Por qué esta aquí Aquiles?

—Lo siento amigo, acaban de llamar porque cierra la biblioteca, pero parece ser que no despertaste—dice este con una sonrisa de comercial que parece ser su señal característica.

Patroclo parpadea, antes de bostezar y apenas ocultarlo detrás de su mano.

No dice nada.

No debería decir nada.

Aquiles es el chico de oro de la universidad y Patroclo es solamente otro estudiante de medicina con falta de sueño, pero con experiencia en recoger sus cosas a nivel récord a su alrededor. Sabe que en la universidad hay menos distinciones de las que suelen haber en años inferiores con adolescentes que les gusta marcar su grupo social, pero es suficientemente notorio la diferencia entre ambos como para que Patroclo solamente quiera agradecer por la ayuda y marcharse.

Hay algo en su cabeza, como una pequeña chispa de electricidad que lo hace sentir incomodo.

No deberían estar hablando.

Solo no deberían.

Pero quiere hablar.

Patroclo ha tenido amantes antes, hombres y mujeres, que han hecho un gran despertar bisexual desde que tiene memoria. Siempre se sintió cómodo con ambos géneros, aunque Macaón suele reprenderlo para que tenga cuidado de sus parejas, Patroclo en realidad no tiene muchas experiencias anteriormente. Nunca ha logrado intimar emocionalmente, así que luego de la novedad de la parte física, Patroclo suele quedarse solo.

Está bien.

Nunca le molesto.

Así que es consciente que Aquiles es atractivo, pero tiene ese atractivo peligroso y hay una extraña sensación de cuidado que tiene en su mente que le hace querer alejarse.

Aquiles parece no haber recibido el memo cuando espera a que Patroclo termine de guardar las cosas y caminar con él fuera de la biblioteca. No dice nada, porque ambos deben salir, pero cuando caminan un poco más por los pasillos abandonados y en lugar de separarse o que apure el paso, este sigue a su lado silbando una extraña melodía en sus labios.

Es familiar.

No identifica donde.

Patroclo lo odia porque se siente incómodo.

—Gracias por la ayuda—dice Patroclo incomodo, porque quiere que todo termine, Aquiles parece divertido y ligeramente emocionado de que le hable.

No entiende el por qué.

—Fue un placer—admite Aquiles y cuando parece que va a decir algo más, Patroclo voltea rápidamente y se apresura a caminar lo más lejos que puede.

Cuando voltea sobre su hombro luego de varios pasillos, suspira aliviado de que nadie lo sigue y luego se reprende.

Por supuesto que nadie lo seguiría.

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Aquiles esta asistiendo a la misma clase de Quirón que Patroclo, lo cual es un poco incomodo, es un profesor bastante versátil que tiene una de las optativas que podrían darle suficientes puntos a Patroclo para su semestre y es bastante agradable saber sobre historia del pasado. Cuando entra a la clase Aquiles lo saluda amablemente, pero aparte de una sonrisa tensa, Patroclo busca sentarse en la parte más alejada de todos. Una chica Helena, bastante bonita toma asiento a su lado, pero ambos se ignoran y solo por eso Patroclo piensa que es una buena persona para tener a su lado.

Hay un momento donde debe trabajar con ella, la chica es inteligente, así que Patroclo solamente asiente cuando hacen su trabajo.

En un momento Quirón habla con Aquiles sobre algo, pero el chico solamente dice cosas graciosas que hacen a todos sonreír.

Quirón suspira.

Durante un segundo Patroclo puede jurar sentir la mirada de Aquiles sobre él, algo en su interior late emocionado, pero se obliga a ver a otro lado y no volver a verlo el resto de la clase. Se despide de Helena amablemente y sale casi corriendo del lugar, por mucho que levante la mirada no ve a nadie.

Casi puede sentir que lo miraban antes.

Patroclo tiene la extraña sensación de que debe mantenerse alejado de Aquiles.

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—Hola chico dormilón—la voz juguetona hace que Patroclo se sobresalte de su asiento, había estado apreciando el día en su habitación y decidió estudiar un poco al aire libre.

Estaba leyendo el enorme libro de anatomía intentando memorizar todos los músculos y huesos para su siguiente examen, tenía otros tres libros a su lado que esperaba leer antes que terminaran los rayos de sol.

Aquiles estaba ahí, con ropa deportiva y por el sudor en su frente parecía haber estado haciendo ejercicio o algo similar, ya que el día no era tan caluroso para comenzar a sudar sin hacer ejercicio extra.

Saluda con la mano esperando que así se vaya pronto, antes de regresar a su lectura o al menos fingir que estaba leyendo. Duda que pueda hacer algo funcional con el chico atractivo que está viéndolo intensamente, pero sus esperanzas que este se marche quedan por el suelo cuando toma asiento a su lado. Patroclo quiere gemir cuando ve como Aquiles toma uno de los libros y los lee, como si tuviera alguna especie de potestad divina para no pedirle permiso.

¿Quién se cree que es?

—Estudiante de medicina, tuve que haberlo imaginado—hay una especie de sonrisa al hablarlo, pero Patroclo solamente sonríe de manera tensa.

No quiere hablar.

Quiere que se largue, no quiere tener este martilleo constante en su pecho, solamente quiere vivir sus años estudiantiles normales.

Estar cerca de Aquiles es una gran forma de no tener días normales.

Vuelve a su libro, el bufido de Aquiles hace que levante la mirada algo fastidiado y aunque la sonrisa del chico es encantadora, Patroclo comienza a sentirse bastante frustrado.

—No hablas mucho—hay algo en la forma en que habla, que Patroclo solamente se encoge de hombros.

Aquiles va a decir algo, pero algo los distrae.

—¡Patroclo! —es la voz de Briseida quien camina hacía él, hay algo curioso que pasa cuando la chica llega a su lado, deteniéndose de su sonrisa para fulminar con la mirada a Aquiles.

De reojo nota que la sonrisa de Aquiles parece algo tensa, así que decide que es un buen momento para irse. Se coloca sobre sus pies, toma los cuadernos para colocarlos en su mochila porque es hora de, almorzar probablemente; aunque si es sincero Patroclo no recuerda si había comido algo desde el día anterior…probablemente.

Toma el libro de las manos de Aquiles y si sus dedos se tocan ligeramente, haciéndolo estremecer, bueno, es algo solo para él.

Briseida lo sujeta por el brazo con fuerza contra ella, fulminando con la mirada a Aquiles antes de comenzar a caminar rápidamente con él.

—Pareces molesta—señala Patroclo sorprendido, fue ella quien le hablo primero de Aquiles.

Aunque si lo piensa bien, las charlas sobre Aquiles siempre eran de Briseida intentando mantenerlo lo más lejos de este; es curioso notarlo hasta ahora.

—Me tope con alguien molesto de nuevo, ya le había dicho que se mantuviera alejado—gruñe ella de forma cansada a lo cual Patroclo solo le ve confundido.

Pero ella lo ignora para hablar sobre la chica linda que se topo la semana pasada en un café, parece encantada con su nueva enamorada y Patroclo se alegra al respecto. Briseida había intentado algo con él al inicio, coqueteo sutil, pero Patroclo solamente quería que fueran amigos; Briseida ni había parecido sorprendida al respecto y sonreído a su lado.

Eran buenos amigos, se sintió bien al respecto.

Aunque parecía que algo ocultaba.

—Eres alguien muy enamoradizo, solo porque es un culo lindo no debes perder el foco—lo señala Briseida y Patroclo se sonroja avergonzado.

Idiota.

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Patroclo no disfruta ir de fiesta, usualmente tiene mucho que estudiar y cuando Briseida lo arrastra a un bar cuando termina el semestre, Patroclo preferiría estar en su cama donde pensaba caer inconsciente por las próximas 48 horas. Lo peor es que Briseida lo deja solo, literalmente se encuentra con la chica con quien iba a ligar y lo deja en la barra del bar, donde el estudiante de medicina decide tomar un poco antes de irse a la cama para poder dormir. Hay un chico lindo al otro lado de la barra que lo hace dudar un poco sobre pasar un rato a solas con él, probablemente en el baño y luego irse después de algún buen orgasmo para dormir.

Odia acercarse a alguien para ligar, es malo en eso, usualmente funciona mejor cuando alguien se acerca a él.

—Hola chico dormilón—maldice su mala suerte cuando Aquiles toma asiento a su lado, bloqueando de forma involuntaria al chico con quien había estado meditando sobre tirar un polvo.

Ve de reojo en busca de Briseida, pero no está, probablemente este tirando un polvo como Patroclo había querido hacer.

Joder.

—Hola—es bastante torpe al hablar y prefiere no decir nada más, pero Aquiles solo tararea antes de pedir una bebida.

Con suerte se vaya.

—No te he visto en la biblioteca últimamente—

No tiene suerte, no sabe porque espero algo diferente por una vez en su vida.

—Estaba estudiando para finales, era mejor estudiar en mi departamento donde podría caer inconsciente sin que nadie me sacara por aprovechar unos minutos de descanso para poder descansar al fin—dice con algo de amargura, a lo cual Aquiles se ríe.

Lo detesta.

La risa del chico hace que todo su cuerpo se estremezca y debe recordarse que no, no debe sentir nada por Aquiles. Es un chico de oro y Patroclo no merece un chico de oro, la vida le ha dejado muy claro que no debe querer esta clase de cosas; cosas que no puede obtener.

Mira a su bebida decidido a no hablar más, porque es un idiota y hablar de más siempre es un problema.

—Me gusta la biblioteca, suele ser divertido tentar al bibliotecario al delicioso borde de querer matarte sin poder sacarte de la biblioteca—habla Aquiles juguetón.

Todo en él parece ser la encarnación del pecado, al menos para Patroclo. No solamente es rubio, lo cual habían tenido todos sus anteriores amantes, si no que es brillante y es tan opuesto a Patroclo, que tiene todo eso que siempre le ha parecido fascinante en las personas y que sería tan fácil ser tentado de mil maneras.

—Eso es malévolo—señala porque no sabe que debería decir.

Aquiles se encoge de hombros.

—Hay belleza en molestar a otros—

—¿Eso es lo que haces aquí ahora mismo? —pregunta pensando que todo esto debe ser un gran juego para Aquiles, porque debió haber quedado claro por las anteriores veces, que Patroclo no quiere fomentar alguna charla con él.

Entonces se detiene, Aquiles sonríe algo incomodo antes de verlo de manera bastante profunda, que provoca que sienta que pierde un poco el aire.

Escapa.

Algo susurra en su oreja como si fuera la voz de una mujer y Patroclo ignora lo perturbador que es eso, colocándose sobre sus pies queriendo irse. Una mano lo detiene, traga saliva sintiendo el calor donde la mano de Aquiles sujeta su muñeca, esta tentado a alejarla de un manotazo, pero no lo hace, porque el rostro de Aquiles es un poco triste ahora.

—No, solo, quería hablar un poco contigo, me recuerdas mucho a alguien…yo…pensé que sería más fácil ser amigos—susurra esto ultimo con molestia, pero Patroclo se suelta un poco grosero, antes de comenzar a caminar rápidamente hacía el exterior.

Casi puede jurar que hay una mujer familia en alguna parte del bar, viéndolo con grandes ojos y largo cabellera, que parece seguirlo con la mirada.

No hay nadie.

Solo son sus imaginaciones.

Esa noche sueña por primera vez, con lo que parece una cueva, llena de muchos instrumentos y armas medievales, un lugar donde Patroclo por algún motivo siente que es hogar; pero no hay nada en sus memorias cuando despierta al día siguiente.

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Patroclo ve a Aquiles correr una tarde, había estado caminando a su siguiente clase de su 5 semestre, no había visto Aquiles en meses, pero su nuevo laboratorio es pasando la pista deportiva y puede ver al chico correr a la distancia. Patroclo sabe que necesitan distancia, pero cuando lo ve correr siempre para unos minutos admirando a lo lejos al hombre rubio atravesar a los demás con una velocidad que no parece humana. No se extraña que fuera un medallista que ha ganado oro para la universidad, sus piernas son rápidas y todo su cuerpo parece moverse al compás de sus extremidades.

Lo mira por lo que parecen horas, antes de irse.

Su cabeza duele cada que piensa en Aquiles, así que intenta no pensar en él, lo cual no funciona.

A veces tiene la sensación de verlo con una lira, pero no tiene sentido, porque nunca lo había visto así, pero su mente lo procesa de esa forma.

Curioso.

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Una vez es Aquiles quien lo ignora al pasar por los pasillos, Patroclo debería sentirse feliz por eso, pero todo lo que quisiera es regresarse para sujetarlo y exigirle que lo voltee a ver; sus propios sentimientos son bastante contradictorios.

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Quirón quien está dando otra clase de historia a la cual Patroclo es oyente porque están hablando sobre la historia y los avances médicos, hace una dinámica para trabajar en parejas, piensa que tendrá suerte si Helena es elegida como su compañera como suelen hacer en diferentes clases; no son amigos, pero saben que trabajan bien en equipo y se utilizan cada que pueden. Su mala suerte es legendaria cuando Aquiles, del otro lado del salón termina como su compañero de equipo.

Es tenso.

El silencio entre ambos y Patroclo comienza el trabajo antes que puedan hablar, puede notar el rostro molesto de Aquiles antes que comience aportar sus puntos de vista; inesperadamente buenos, con regularidad. Son un gran equipo, piensa Patroclo alarmado cuando unos veinte minutos antes que la clase termine, el trabajo está listo y cuando Quirón, un hombre de barba y mirada amable pasa a su lado, sonríe de forma divertida a Aquiles que lo fulmina con la mirada.

Dado que no piensa hablar con Aquiles, saca uno de sus cuadernos para adelantar un poco de una tarea pendiente.

—Deberías relajarte—suelta un momento su lápiz para ver a Aquiles, que ladea el rostro ligeramente sonrojado—mira sé que no te agrado, pero es un consejo perfectamente saludable, tomarse un poco de tiempo libre para descansar; tus ojeras dicen que no lo haces mucho—

Patroclo quiere ignorar la parte dentro de él emocionada por que alguien se preocupa por él, especialmente un chico lindo y luego suspira. Briseida ha dicho mucho eso y algunos profesores también, así que no es algo realmente sorprendente o trascendental que signifique algo diferente.

Aquiles había comentado meses atrás su interés en ser amigos, pero Patroclo lo alejo porque, simplemente no se sentía correcto.

Aun no se siente correcto.

Es como si Aquiles fuera una bandera roja que te hará sentir mal a futuro, probablemente porque es totalmente el tipo de Patroclo y enamorarse de este es un gran "no" en su cabeza.

—Estoy bien—

—Lo dudo—

Patroclo fulmina con la mirada a Aquiles, quien tiene el descaro de apartar la mirada hacía otro lado, Patroclo se encuentra deseando que Briseida tuviera esta clase con él como apoyo moral.

—Ocupo buenas notas para mantener una beca, así que perdón por no poder relajarme—dice un poco más tenso a lo cual Aquiles se encoge de hombros.

Idiota.

Decide que va a ignorarlo, que no le prestara atención y es hora de seguir su vida, un dolor de cabeza perfectamente insoportable hace que se sujete la frente unos momentos sintiéndose fastidiado; hace días que no tiene un dolor de cabeza tan fuerte y…

—¿Patroclo? —es la voz de Aquiles, pero Patroclo no lo escucha.

Es como si estuviera ido, como si viera una enorme playa a lo lejos, como si pudiera sentir unos labios sobre los suyos.

Todo fue negro.

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Me bastaba un simple roce o el olor para identificarle; y si me quedara ciego, podría reconocerle por el modo en que respiraba o en que pisaba el suelo. Le reconocería en el fin del mundo, incluso en la muerte.

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Cuando abre los ojos hay una enfermera que esta a su lado, hay una explicación sobre el estudiar y no dormir que ha escuchado miles de veces, antes que le den unos minutos para recomponerse para que se pueda marchar de la enfermería de la universidad. Siente que algo ha cambiado dentro de él por algún motivo, es como si estuviera cerca de poder tocar algo dentro de su cabeza que le diera una explicación, pero todavía no está ahí. La silueta de Aquiles en el pasillo frente a la enfermería hace que su interior se queme un poco por dentro, como si no lo hubiera visto antes.

¿Siempre fue así de hermoso?

Niega con la cabeza, aun siente en su interior esa parte de él que grita que debería mantenerse alejado, que terminara sufriendo de nuevo.

¿Otra vez?

—Patroclo, que bueno que estas bien, hable con mi madre—gruñe Aquiles examinándolo de arriba abajo como si quisiera ver que estaba bien.

Se sonroja ante el acto, antes de entrecerrar los ojos confundidos.

—¿Tu madre? —hay algo ahí, que parece picar en la superficie, pero sin salir.

Aquiles le resta importancia con una mano.

—Ella dice que no fue su culpa, pero bueno, siempre es la culpable, aunque dice que ahora le agradas; no importa mucho—Patroclo sinceramente no entiende nada de lo que ha dicho Aquiles—parece ser que no te has estado cuidando bien, deberías dormir un poco, te llevare a tu departamento para que descanses; increíble, se supone que de los dos yo soy el idiota obstinado—farfulla con molestia y un fuego en sus ojos.

No lo entiende.

Absolutamente nada.

Pero Patroclo lo toma de la muñeca suavemente para comenzar a caminar, ni siquiera sabe como tiene conocimiento de la dirección de su departamento. Hay algo que parece haber estado en su sueño, algo que nada en alguna parte que le indica que debe significar algo y…

—¿Nos conocemos? —pregunta unos minutos después, Aquiles se detiene, pero no se voltea—es raro, me duele la cabeza, tal vez solo es el sueño…siento que te conozco—susurra para si mismo al final, pero cuando Aquiles voltea a verlo.

Es nuevamente como si alguien golpeara su rostro, porque hay una mirada un poco cariñosa y llena de esperanza en este, que solamente hace que se quede sin aire.

Hermoso.

Demasiado hermoso.

No debería quererlo, anhelarlo o desear algo que probablemente no fue hecho para él; aun así, lo hace.

—Tal vez—no dice nada más, no tiene sentido y al mismo tiempo lo hace—fue hace mucho tiempo, está bien Patroclo, sabía que no sería igual para ti o algunos otros, pero está bien…y tal vez, aunque no te agrade tanto ahora, podamos ser amigos como antes—añade luciendo más esperanzado que hace algunos días.

Patroclo no sabe que decir, porque no piensa que ser amigos sea malo, pero ahora tiene ideas un poco subidas de tono sobre mejores cosas que podrían ser que amigos.

En la cama.

Espanta sus pensamientos impuros, porque, aunque conoce al chico hace tiempo, en realidad nunca ha hablado con él antes y…se sorprende al pensar que aun así podría reconocerlo en cualquier lado.

—Amigos, está bien ser amigos, que raro, hace unas horas sentía que no debía acercarme a ti…raro—

—Si bueno, agradece algunos idiotas del olimpo por estar molestos conmigo—

—¿Disculpa? —

—Olvídalo, eso no importa ahora, madre ya lo soluciono, mi nombre es Aquiles por aquello, nunca nos presentamos correctamente—

—Patroclo—

Hay algo raro en decir su nombre, en la sonrisa de Aquiles y como todo es calor en su pecho, pero siente que de alguna forma, ha despertado de un extraño sueño.

Y puede sonreírle a Aquiles sinceramente.

Sin saber, que este es el inicio de una segunda vida.

Donde podrá tener un final feliz esta vez.

Fin

Espero les gustara.

Nota:

Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.

Sayonara sexys lectores.