AVISOS:

Fiesta, alcohol y droga...


Alguien estaba golpeando con fuerza la puerta.

Poco a poco, Ikkaku fue abriendo los ojos. Sentía como si hubiera chocado el Polar Tang contra un monstruo marino. No se terminaba de acostumbrar a la luz del lugar, que era mucho más suave que los halógenos blancos del submarino. El suelo, sin embargo, estaba frío y con un tacto seco y polvoriento, casi como si estuviera sobre una cobertura de harina. Sintió que más gente se estaba moviendo a su lado. Su cuerpo entero tiraba, y había un extraño escozor en el pecho persistente. Intentó tocarse esa zona, pero le costaba horrores. ¿qué se había hecho?

Era la peor resaca de su vida y no se acordaba de nada.

Cuando por fin abrió los ojos, se fijó que estaba en la cocina de los Mugiwara, en el Sunny. En efecto, estaba en el suelo, al lado de sus dos nuevas amigas y hermanas Nami y Robin, quienes también estaban intentando despertarse con aquellas grandes secuelas de la noche de chicas. Estaban sobre una capa de fina de polvo blanco, debía ser harina, ya que estaban en el suelo del pasillo entre la isla y los fogones. Aunque se le hacía raro de que tuvieran una cocina tan descuidada. Si bien no era lo más raro, podía ver las botas de Bepo y se escuchaban ruidos extraños a parte de los golpes en la puerta.

Poco a poco, se acordó un trocito de lo que había pasado el día anterior: las dos tripulaciones se habían encontrado en aquella isla tranquila y, al aburrirse por el clásico ambiente de gran cena entre todos, al estar solo las tres, decidieron salir de fiesta, una noche de chicas. Claro, nadie se opuso a su noche de chicas quienes se veían bastante aburridas de tener que repetir los mismos planes con los mismos chicos. Ikkaku no se esperaba que desde la tarde ya estuviera sola con ellas, bañándose con tanta espuma y arreglándose con ropa tan femenina, maquillaje y cotilleos que no se esperaba que existieran dentro de los sombrero de paja. Motivada por ellas, se atrevió a soltarse el cabello y que la señorita Robin lo estilizara con sus múltiples manos. Se dejó pintar la cara con aquellos productos que no volvería a utilizar. ¡Hasta uso pintalabios rojo! Le insistieron para dejar ahí su adorado uniforme de los Heart y usar alguna de las prendas de ellas, creando su primer look en mucho tiempo.

Supuestamente, "iban de tranquis" y ese caos en el que se despertaban revelaban lo contrario.

"Es la última vez que pruebo una mezcla de las tuyas, Navigator-san" oyó balbucear a Robin mientras se intentaba poner de pie.

"¿Qué es esto?" pudo preguntar Nami con mucho esfuerzo, mientras intentaba ponerse de pie.

De pronto empezaron a escuchar más portazos. Debía ser Sanji, queriendo entrar en su cocina. Las tres terminaron de despertarse y vieron como estaban cubiertas en ese polvo blanco, tenían algunas marcas de pelea y protegidos con film unos nuevos tatuajes que ni se acordaban de que eran. La isla estaba llena de extraños paquetes de esa mismo polvo. Las tres rodearon la isla y vieron a un inconsciente Bepo con la cabeza vendada y algo blanco el hocico. Asustadas, se agacharon para ver que podía ser y ahí, se fijaron en la pequeña sombra que no dejaba de hacer los extraños ruidos. Usando las habilidades de su akuma no mi, Robin pudo capturar aquella extraña sombra. Era Chopper, corriendo de un lado a otro con una agilidad impresionante, la nariz blanca y con la mirada perdida. Las tres se miraron asustadas por no comprender el extraño comportamiento del médico. Nami se atrevió a probar aquel polvo. Su mirada lo dijo todo.

Eso no era harina. Eso era cocaína.

Intercambiaron miradas, asustadas. Era claro que ninguna se acordaba de lo que había ocurrido en la noche, como es que había tanta droga en la cocina de los Mugiwara, tenían a un reno drogado corriendo por la cocina y un oso polar herido e inconsciente en el suelo. Y, pensando en el mink herido, sabían que iba a llegar un problema aun mayor: ¿cómo evitarían ser los nuevos sujetos de experimento del capitán de los Heart?

"¿Quién está dentro? ¿Luffy?" se escuchó la voz de Sanji por fuera

"¡Somos nosotras, Sanji-kun!" gritó Nami evitando que el nakama rompiera la puerta y descubriera el percal que tenían delante "Estábamos tomando algo… ahora te dejamos la cocina"

"¿Queréis que os prepare algo?" preguntó con ese tono de voz de enamorado que tenía.

"¡No hace falta! Descansa" le ordenó ella

"Cualquier cosa me dices, Nami-Swan" le dijo Sanji "Pronto haré el desayuno. ¡Tu favorito!"

Al dejar de escucharlo, las tres suspiraron e intentaron recordar cómo fue la noche. Si bien no pudieron, ya que el pequeño Chopper se había soltado y no dejaba de correr mientras hacía esos extraños sonidos de reno poseído. Robin intentó calmarlo con un poco de algodón de azúcar, pero no dejaba de ignorarla para poder hacerse con un poco del polvo del suelo. Nami salió corriendo y cogió la gran panera que tenían para poder encerrarlo con la ayuda de los pequeños sobornos de la arqueóloga. Sabían que no era lo mejor para pararlo, pero la jaula de castigo para Luffy era demasiado grande y las bolsas para las patatas no eran lo suficientemente buenas para retener al dopado reno.

"Tenemos que arreglar esto antes de que vuelva Sanji-kun" casi ordenó Nami mientras dejaba la jaula improvisada sobre la isla, al lado de los misteriosos kilos de cocaína.

"¿Y Bepo?" preguntó preocupada Ikkaku "parece que está bien, pero…" se quedó sin palabra.

"Lo escondemos todo en la habitación de las chicas" fue la única solución que se le ocurrió a Robin antes de ir a por las escobas y el recogedor.

Revisaron que todos los paquetes estuvieran bien cerrados y cogieron varias bolsa para meter aquellos que tenían claras fugas y todo el polvo del suelo. Nico hizo una red de brazos y flores con el que poder llevar toda esa carga de una forma más cómoda, junto con el atrapado reno. Ikkaku y Nami arrastraron a Bepo de los brazos ni entendían con qué fuerza podían moverlo debido a la resaca que arrastraban y lo tanto que pesaba un oso inconsciente. Revisaron que no hubiera ningún nakama cerca a cada paso que daban, algo con lo que tuvieron mucha suerte.

Durante ese esfuerzo, no se acordaron de absolutamente nada de lo que había ocurrido. Solo al dejarlo todo en la habitación, se miraron por un momento: el maquillaje corrido, ese blanco de la droga que había salido de la nada, los tatuajes que ni siquiera sabían de que era por lo cubiertos que estaban, las magulladuras y heridas por todo el cuerpo… ni hablar de lo mal que estaba la ropa. Fueron sin los bolsos, por lo que se quitaron las prendas a ver si tenían alguna pista guardada entre la ropa.

"Vale, tengo algo" dijo Nami sacando una tarjeta de visita del sostén "Es un fotógrafo"

"Mejor si vamos al baño y nos quitamos esto de encima, vamos a buscar a ese tipo y a ver que nos ayude a entender esto…" dijo la arqueóloga mientras sacaba cambios del armario "quizás para entonces Bepo esté despierto y tenga una respuesta antes de que aparezca tu capitán"

Se habían olvidado completamente del mink. Ikkaku se agachó a quitarle el polvo blanco que tuviera, con ayuda de Nami. ¿estaría así también por la droga? En el fondo, Chopper seguía atrapado, por lo que era un problema menos. Agarraron ropa de recambio y fueron a los baños a arreglarse rápido. Si bien se dieron una revisada rápida, no encontraron ninguna sorpresa más. Se curaron los tatuajes, descubriendo por fin que tontería se habían puesto en un lugar diferente cada una. Les sorprendió que las tres tuvieran la simple silueta de un pequeño triangulo.

Cada vez entendían menos.

Una vez aseadas y vestidas como personas correctas, regresaron a la habitación con la pequeña esperanza de que Bepo estuviera consciente. Evidentemente, no fue el caso. Seguía durmiendo a pesar de los desagradables ruidos de Chopper. Agarraron sus carteras, la panera-cárcel de Chopper para que nadie lo descubriera y se marcharon con el mayor de los sigilos de vuelta al pueblo.

Se veía tan tranquilo como antes de que empezara su fiesta. Aun se veían algunos borrachos tirados, pero no les prestaron atención. Se centraron en encontrar una pequeña casa cerca de la zona de bares. En la puerta había un cartel con el mismo nombre del fotógrafo de la tarjeta. Llamaron a la puerta varias veces, pero nadie contestaba. Harta, Nami abrió la puerta y vieron que la sala entera estaba de fotos de ellas tres. De todos los tamaños y planos existentes, casi como si fuera la casa de un fan de ellas. No sabían si era terror, sorpresa o intriga, pero pasaron a ver con mejor detenimiento cada una de las imágenes. Era en distintos bares, bailando y simplemente pasándola bien. No había nada raro. Hasta que se fijaron en como en una de ellas, Bepo estaba de fondo con un señor que era tapado por una de las poses más seductoras de Robin.

"¿Sería que nos siguió?" preguntó extrañada la ingeniera mientras tomaba la foto

"¡No toque nada, señorita!" se escuchó la orden de una voz masculina detrás. Ella lo dejó de inmediato

Era un señor que estaría en sus 50, con gafas de sol y una ropa demasiado ajustado a su mala forma física. Al verse reflejadas en aquellos grandes lentes opacos, un recuerdo se desbloqueó. Estaban de bar en bar, con copas gratis que los hombres desesperados pagaban sin mirar la cuenta por un poco de su preciada atención. Habían probado tantos alcoholes que el sabor de uno nuevo ya no se distinguía. Incluso bailaron en mitad de la pista, sacando unos pases prohibidos que no hacían más que colocarlas en el punto de mira. Ahí aparecería ese señor, con una idea de negocio rápido.

Y nada más. No se acordaban del negocio, pero viendo las fotos, ya se podían imaginar que había pasado.

"Os estaba buscando, mis modelos de oro" cambió su actitud de golpe el señor "aquí tenéis el primer pago y las copias en qué quedamos. En los próximos meses os llegaran el resto… ¡está siendo todo un éxito! ¡Sobre todo las photocards! Aunque no sé qué hablaríais después con el jefe porque está furioso…"

"¿jefe?" preguntó Robin

"Si, después de las fotos y los shots, hablasteis con el jefe del pueblo, el señor Dominic-o"

"¿Dominico?" preguntó extrañada Ikkaku

"No, Dominic-o." matizó el fotógrafo "Al último que lo llamó Dominico lo colgó del campanario de los bajos... fue grotesco"

"¿Y dónde lo podemos encontrar?" preguntó la ingeniera al ver que Nami estaba ocupada contando el primer pago

"En donde nos conocimos, La Comisaría" ambas lo miraron sin terminar de entender "el nombre del bar es La Comisaría. Como no tenemos ninguna…"

Con el dinero en mano y sin dejarle preguntar por los ruidos raros de la panera, salieron corriendo del lugar. Antes habían pasado por aquel lugar, por lo que sabía como llegar. A paso ligero, llegaron al lugar. Notaron todas las miradas sobre ellas, algunos de interés, otros pervertidos y, los que daba señales de que algo malo había ocurrido. Solo ahí, tuvieron otro flashback revelador.

En efecto, estaban de fiesta post sesión fotográfica y les seguían pagando las copas. Aun no entendían como era que seguían vivas, pero ahí estaban, con dinero, bebida gratis y un club de fans bailando al ritmo electrónico de La Comisaría. Ahí, conocerían al jefe del fotógrafo. Un fundido a negro que no podían recordar y una huida con tantos kilos de harina ilegal en una red de Nico Robin y la ayuda de Bepo.

¿Bepo?

Al darse cuenta de que no debían estar ahí, intentaron dar media vuelta, pero unos fortachones seguratas lo impidieron y señalaron la puerta. Las tres obedecieron y entraron al lugar. Estaban limpiando el desastre de la noche, con una lejía perfumada de pino que noqueaban los pocos sentidos que les quedaban con la resaca. Incluso Chopper en la panera se había relajado por le mareo que producía aquel olor. Guiadas por el rastro de pino y limpieza, llegaron a una zona VIP bastante sucia. Sería la luz que ya no podía disimular todo el desastre que era el lugar o que no estaban borrachas, pero se notaba que en aquella comisaría nadie invertía. Los sofás se veían roñosos, las mesas tenían roturas y ni hablar de la basura que aun no habían recogido. En todo ese desastre, estaba el jefe del pueblo, con unos pantalones más brillantes que su futuro que emitían reflejos plateados con cada estúpido movimiento. La camisa negra estaba entreabierta, mostrando una ingente cantidad de falsas cadenas de oro. Y para coronar el mal gusto, estaba aquel pelo engominado en forma tupé en el que, si se concentraban, sabían que se verían reflejadas.

Aquello debía ser una broma de mal gusto.

"No pensé que fuerais tan tontas de volver después de robarme la cocaína…"

Aquella gangosa voz hizo que recordaran por fin la totalidad de la noche:

Después de dejar a las tripulaciones tener su fiesta de hombres en la playa, habían ido a diferentes bares. Con las diferentes técnicas de la navegante lograban las copas gratis, un tatuaje en una esquina de la pista de baile. El significado que tenía era un poco azucarado, pues era la firma de una camaradería entre ellas a pesar de ser de tripulaciones distintas. Solo ahí apareció el fotógrafo y accedieron a la sesión de fotos por la jugosa cantidad de berryes. En esas, se percataron de la entrada de Bepo, quien inocentemente les estaba buscando con sus carteras porque pensó que se las dejaron por accidente. Sobre emocionadas por su gesto, hicieron que una ingente cantidad de hombres pagaran las grandes jarras para el mink, llamando la atención del jefe. No las había reconocido de los posters de se busca, algo bueno, pues les estaba ofreciendo trabajar para él ya que había visto (y pagado) por sus fotos. Evidentemente, se negaron y, a pesar de estar perjudicadas, sabía que no solo las quería para hacer que los hombres pagaran de más sus consumiciones. Tenía kilos y kilos de cocaína sobre la mesa. En un arranque, con ayuda de Bepo y el akuma no mi de Robin, se llevaron delante de él toda la harina que tenía sobre la mesa. Con el poder de las copas y una adrenalina inhumana, regresaron al Sunny, despistando en el bosque a los secuaces de aquel intento de traficante. Ahí se hicieron todas las heridas.

Tuvieron la mala suerte de que una de las bolsas se rompiera y mojara, por lo que los cuatro, en una idea poco lúcida, llevaron todo a la cocina y metieron el paquete en el horno pensando que se secaría antes. Mala opción, ya que al poco lo estaban estropeando y queriendo sacarlo del horno, Bepo de dio tremendo golpe con la puerta en la cabeza. Ese saco ya estaba perdido, con todo desparramado por la cocina. Lo vendaron, pero entre el alcohol, la harina y el golpe, ya se quedó KO en el suelo. Robin y Nami sacaron todo del horno y se tumbaron en el suelo, agotadas. Del ruido, Chopper se había acercado y ayudó a vendar al mink, con el error en el proceso de consumir una parte de la droga desparramada.

Y eso que solo querían cuatro copas entre amigas. No se imaginaban una fiesta si iban en serio.

Ahora con todo aclarado, quedaba saber si habían limpiado bien la cocina, como deshacerse de la cocaína, esperar que el efecto se le bajara a Chopper en la panificadora, que Bepo estuviera recuperado y deshacerse de ese idiota que tenían delante.

Pan comido.

"¿Qué llevas ahí?" preguntó el señor. No habían prestado atención a su charla, intento de amenaza. Se notaba que aun no sabía quienes eran ellas y que tan poco les importaba esa situación.

Las tres miraron la panera y se fijaron que estaba abierta y sin un médico dopado dentro. Asustadas, buscaron con la mirada al reno, pero solo podían escuchar los extraños ruidos que hacía del mono por más droga. Se llevaron las manos a la cabeza de la impresión al ver como surgía de la nada y atacaba al señor con una furia descontrolada. Siendo él en su forma normal. Con las pupilas dilatadas, el reno había sido capaz de dejar sin cuello al mafioso. Sin poder reaccionar a tiempo dada la impresión de que había dejado ver a Chopper atacar de esa forma, el reno se abalanzó sobre ellas. En un movimiento ágil con un dulce del bolsillo, Robin lo volvió a encerrar en la panera.

Comprendiendo que no podían seguir en aquel asqueroso lugar con un jefe muerto por un reno dopado delante de ellas, salieron del lugar a la carrera antes de que nadie se diera cuenta. Llegaron al Sunny, donde todos estaban desayunando sin ellas. Se acordaron de su estúpido movimiento de meter un fardo de droga en el horno para secarlo y miraron intrigadas a ver si sus nakamas presentaban los mismos síntomas que el reno. Pareciera que no, pero Sanji se veía agotado solo tomando un café más negro que el color de su traje. Al ver como las saludaba, supieron que se había dado cuenta de que no terminaron de limpiar bien la cocina y se había ocupado de todo él solo. Seguramente pensaría que habían malgastado la harina de verdad, ya que no se veía perdido.

"¿Habéis visto a Bepo?" preguntó Sachi de pronto "fue a llevaros algo, pero parece que no ha vuelto"

"Estaba descansando en nuestra habitación" intervino Robin con una envidiable calma y omitiendo lo más importante "ya que vino, le hicimos quedarse con nosotras"

"¿Es esa mi panera de bambú?" preguntó Sanji dándose cuenta de lo que cargaba Robin

"La íbamos a tirar, ya que se veía rota, pero si la quieres…" le mintió Nami con cara de inocente

"¡Tranquila, Nami-swan! ¡Haced lo que queráis con ella!" le interrumpió con ojos de corazón

Antes de que siguieran las preguntas, el trío de amigas salió corriendo a la habitación de chicas. Solo ahí, dejaron bien cerrada la puerta antes de fijarse en como seguía Bepo. El mink estaba profundamente dormido. Además, Chopper cada vez estaba más nervioso. Buscando una solución rápida, Ikkaku dejó libre al reno para ver si este era capaz de despertar a su nakama.

Nada más abrir la panera, Chopper estaba más tranquilo y se dejó caer al lado de Bepo. Estaba claramente fatigado por todo lo que había consumido, pero no hasta el punto de quedarse dormido. Ya hablaba como su buen amigo y Robin pudo mimarlo con algunos dulces para que no dijera nada de lo que había pasado. La ingeniera, cansada de ver como su navegante no dejaba de dormir, terminó por darle un gran golpe. Este se despertó asustado y se veía que no se acordaba absolutamente de nada. Nami, usando su labia natural para esas ocasiones, le comentó que era lo que había ocurrido muy por encima y como no debía decir nada, siendo su primer secreto. El oso se emocionó y salió a desayunar con el resto de la tripulación, algo que se lo tenía bien merecido.

Ya las tres solas, se tiraron sobre la cama, sin saber que hacer con toda la droga escondida. Tras poco meditarlo por la resaca y el cansancio, decidieron tirarlo todo cuando estuvieran mar adentro. Ya que fuera problema de los reyes marinos.

Aunque, si un poco de polvo a un reno le había hecho eso, no se querían imaginar a un monstruo marino.

Bueno, ese ya no sería su problema.

"La próxima de verdad, vamos de tranquis"


Meses después…

El Thousand Sunny navegaba tranquilo por el mar, cuando llegó un envió especial. Nico Robin lo recibió con una sonrisa y le dio una pequeña propina al pájaro antes de que se marchara. Revisó que era parte de los pagos de la sesión de fotos. Al ver la cantidad de dinero que era y el resumen de ventas de toda la mercancía que había sacado, además de otra cantidad de copias de las fotos que ya tenían, sabía de alguien que se pondría feliz por poder ir de compras a la próxima isla.

Y eso que todavía no habían tirado "aquello" por la borda.

En el Polar Tang, fue un milagro que el ave llegara. Le dio el paquete a Bepo, quien disfrutaba de su pequeño rato en la superficie. Al ver que tenía el nombre de su compañera, la llamó de inmediato y esta subió. En el proceso, el paquete se rompió, saliendo de ella varias fotos. Ikkaku salió corriendo a recibirla y, antes de que nadie se adelantara, agarró todo y se marchó de la cubierta. No se fijo que, en el proceso, se quedaron algunas fotos de ella con las sombrero de paja, divirtiéndose con una copa en la mano.

Quizás no era mala idea hacer una visita a los sombrero de paja para que tuviera otra noche de chicas.