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A veces, cuando los wedding planner visitaban lugares lindos en sus momentos de relajación, surgían nuevas ideas para próximos proyectos. En ocasiones, la inspiración nacía de las formas más extrañas.

Por los ventanales de la cafetería observaba a la gente pasar; por fin estaba más tranquila, aunque la ausencia de marea normalmente era un mal augurio, no podía evitar sentirse bien. Todo con su actual pareja se había resuelto de la mejor manera posible y aunque dijo que no era necesario, a la final terminó ordenando a un par de guardias para que se quedaran en el templo protegiendo a su familia de Yura si es que volvía a aparecer, que de seguro lo haría. Antes de tomar una decisión por la vía legal, ella tenía que estar segura de que había un ataque, reunir pruebas y proceder. Eso era lo que Sango le había recomendado. Y aunque aquel pequeño venía de las peores personas del mundo, él era todo amor y a ella le empezaba a hacer cosquillas el corazón cuando lo veía.

Alzó la mirada cuando la abogada llegó hasta ella con una enorme sonrisa.

—Siento la demora, el tráfico es horrible —le dijo un poco agitada, poniendo su bolsa al lado. Los asientos eran de esos redondos en los que entraban como cinco personas, pero eran cómodos, espaciosos y permitían una vista increíble.

—No te preocupes —sonrió, conciliadora—, llegaste a tiempo, vamos a pedir algo de comer.

Ambas tenían mucho que conversar sobre la situación de Yura y lo serio que podría ponerse para ella mientras más pasara el tiempo sin inscribir al niño, era como si se lo hubiera robado del hospital; no tenía nombre, solo constaba en los registros médicos. Probablemente, Sango trataría de dar con el centro de maternidad en el que Yura había dado a luz si es que había asistido a uno, todo para que, en un futuro, si las cosas seguían mal, pudieran quitarle al bebé.

Ambas mujeres dejaron su charla cuando ante ellas apareció la figura de un hombre con capucha que no reconocieron al instante, pero que se sentó en su mesa sigilosamente.

—Si son inteligentes, no harán un escándalo en este lugar.

Cuando reconocieron la voz masculina y el rostro se descubrió, Kagome y Sango juraron que nunca habían sentido tanto pánico. Los ojos de ambas se abrieron enormes y la respiración comenzó a aumentar su intensidad, se desordenó.

—Bankotsu…

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Bankotsu era lo que comúnmente se conocía como «caza fortunas».

Siempre fue un idiota parásito que nunca supo cómo hacer dinero, perdió todo lo que sus padres le heredaron al morir por sus vicios al juego y desde ese momento solo pensó en ir estafando mujeres para quitarles todo. Kagome había sido su fachada perfecta para su doble vida: era una novia modelo, lo amaba y hacía todo por él, lo consentía y confiaba ciegamente, le dejaba las llaves de todo, le prestaba dinero, le compraba ropa, relojes, perfumes…, por eso había sido tan fácil engañar a mil mujeres y fingir que tenía un trabajo y un departamento para envolatarlas y vivir a costa de ellas, de mujeres tontas que se derretían con su sonrisa.

Había conocido a Sango en un restaurante muy lujoso al que había asistido con sus padres, era una mujer bella, de las pocas que le habían llamado la atención más allá del dinero. La familia Tanaca era prestigiosa, normalmente eran médicos, abogados o arquitectos, tenían una muy buena posición social y la muchachita tendría la edad de Kagome, era inocente, parecía la primera vez que se enamoraba. Bastaron unos cinco meses, un anillo falso de diamantes y la tenía lista para casarse; era la primera estafada a la que se lo había pedido, sabía que de ella podría drenar por mucho tiempo si todo salía bien, pero la idiota de Yura, celosa como ella sola, lo había arruinado todo.

Yura sabía perfectamente lo que él hacía, de hecho, era quien le solapaba todas las infidelidades y lo cubría con Kagome, era el único motivo por el que había nacido algo genuino entre ellos, aunque era obvio que quien más se había enamorado era ella. Hizo a Kagome tomar esa boda solo para exponerlo ante la azabache, le tendió una trampa y como él jamás se metió en la planeación de esa boda, no tenía ni idea, además de que usaba un nombre obviamente falso. Todo se había ido a la mierda ese día y después del fiasco y sin boda, no halló más opción que huir, y Yura lo había seguido. Casi seis años lejos de Shibuya, perdieron a dos hijos, pasaron hambre mil veces y era soportable, pero cuando perdió esa carga y empezaron a buscarlo, no vio más remedio que regresar, nadie sabía que él era de allá o por lo menos no lo sabrían durante mucho tiempo.

Llegó con Yura y el niño, los tuvo por ahí como más pudo mientras él salía a investigar sobre la vida de Kagome y también a robar algo para darles de comer. Sabía que ella era la única solución, siempre había sido una tonta con el corazón de pollo, seguro que al ver al niño cedería. Estuvo semanas rondándola y encontró que ella y Sango se habían hecho mejores amigas, ambas estaban al parecer en relaciones románticas con unos empresarios millonarios de Asahi y ese había su momento… eran un cofre lleno de oro. Ordenó a Yura aparecer en el templo para pedir trabajo como una distracción mientas pudieran acercarse lo suficiente para conseguir algo de dinero como fuera, mientras tanto él seguiría entre las sombras, pero las cosas no salieron como él esperaba. Resultó que la perra de Kagome ahora era diferente, más astuta y básicamente le había robado a su hijo y golpeado a su mujer.

Luego de enterarse de que incluso estaban resguardados por guardias, no tuvo más opción que salir de su escondite y hacer las cosas a su manera.

—Voy a llamar a seguridad —Sango estuvo a punto de levantarse, pero Kagome la detuvo sin quitar la vista del ojiazul—. Kagome…

—Así que Yura y tú andan juntos, ya lo veía venir —le dijo con un tono de voz perspicaz y sonrió, no le tenía miedo. Hablar con InuYasha la había hecho más fuerte que nunca respecto a ese maldito y respecto a todo.

—Estás más astuta que nunca, Kagome, casi te da un sex-appeal —le sonrió con morbo y ella hizo una mueca de asco. Dirigió la mirada a ambas—. Y veo que ustedes, señoritas, han tenido el valor de retener a mi hijo, así que hay dos cosas que vengo a pedir, sin rodeos.

—Habla —le incitó la castaña, estaba tan incómoda que no podía ni estar sentada. Había puesto su celular a grabar discretamente junto a ella sobre el asiento.

—Quiero a mi hijo y quiero dinero, una cantidad considerable —necesitaba pagar las deudas para poder vivir y también algo de dinero para poder vivir, era simple. Kagome lo miró con la expresión confundida—. O, en su defecto, quiero el doble de dinero y pueden quedarse con el mocoso.

—Sabía que el niño no te interesaba —saltó la azabache, indignada. Para ninguna de las dos era novedad, pero no dejaba de sorprender la miserablés humana—. Eres una rata de coladera.

—Eres repugnante y asqueroso —fue el turno de Sango. Le lanzaría todo su café hirviendo en la cara si pudiera.

—Ay, cállate tú, que bien gritabas como una putita cuando te lo hacía.

Sango estuvo a punto de irse sobre él para sacarle los ojos, pero Kagome volvió a detenerla, aunque la entendía. Tenían que guardar la compostura, podría ser peligroso.

—Lárgate, Bankotsu, o juro que perderé todos mis modales y aunque que me mates, usaré este tenedor —lo tomó disimuladamente con los dedos— para sacarte los ojos y dártelos de comer.

—Uyuyuy, qué salvaje —se burló—. ¿Eso es lo que les enseñan sus noviecitos de alcurnia dueños de Asahi?

—¿Qué diablos sabes de ellos? —Ambas se pusieron pálidas, pero la abogada fue quien habló primero. No, no, ¿las había estado siguiendo todo ese tiempo?

—Yo sé todo de ustedes, sé dónde viven, sé con quién salen, sé sus horarios, podría vender su información a extorsionadores y hacerme rico, pero no, aún les tengo compasión y vengo directamente a pedir a ustedes lo que necesito y no lo valoran —terminó de decir con un fingido tono ofendido. Obviamente no podría vender nada porque su identidad podría llegar a oídos de sus perseguidores, pero ellas no lo sabían y por lo tanto, su amenaza tenía peso.

Kagome se quedó en silencio. La cosa parecía ser más peligrosa de lo que pensó y no podía arriesgarse así. Sango de seguro que sabría qué hacer, pero no iban a discutirlo ahí.

»Entonces, qué opción toman: ¿niño y dinero o dinero y dinero? —Las puso a pensar, no tenía demasiado qué decir.

—Dinero y dinero —la azabache tomó una decisión y habló. Tenía que decir algo para ganar tiempo, de todos modos no tenían mucha opción. Si Bankotsu hacía algo peor, podrían meter en problemas a los chicos y era lo que menos quería. Lo vio sonreír.

—Kagome —Sango la miró con espanto. ¿Qué estaba haciendo?

—Excelente decisión, puedes enfrentarte con Yura sobre eso, pero, de todos modos, hasta podrías matarla, mira el golpe que le diste en el asilo —le señaló con tono burlista.

Ese fue un golpe bajo para Kagome, prácticamente se había comportado igual que ellos. Tanaca solo negó, no sabía ni por qué estaba dejando que eso pasara, supuso que de alguna manera dejó que Kagome lo manejara porque era la más afectada entre las dos y quien estaba más pendiente del niño desde la primera vez que lo vio.

—Como sea, fijemos monto y fecha —lo dijo fría, solo quería deshacerse de él.

Bankotsu soltó una risa y negó.

—¿Crees que soy idiota, Kagome? —Se inclinó más en la mesa para verle bien la cara de perra que tenía—. Yo seré quien dicte las reglas en este juego, yo soy quien las llamará cuando vea —miró a la castaña también, ambas tenían la misma expresión de ira contenida— que no han hecho ninguna estupidez y que es seguro para mí.

Con eso también dejaba claro que Yura le importaba menos que nada, pero advertía que estaría vigilándolas y eso lo ponía en cierta desventaja, porque estaban sobre aviso. Desde su lugar, Higurashi solo lo miró con una expresión medio sonreída por las ganas que tenía llevar a cabo su siguiente movimiento. Tomó disimuladamente lo que quedaba de su café y en el momento menos pensado, antes de que el maldito quisiera levantarse, se lo tiró a la cara.

—¡Ahg, maldición! —Todavía estaba caliente.

—¡Lo siento, lo siento tanto! —Con eso había llamado la atención de todos alrededor. Sango quiso reír, pero tuvo que guardar la compostura y fingir que no había amado esa sutil respuesta de su mejor amiga.

—¡Estoy bien, estoy bien! —No dejó que nadie se acerque, tomó unas servilletas de la mesa para limpiarse y cuando todos volvieron a lo suyo, se inclinó a Kagome que ni siquiera se había movido de su lugar—. Eres una perra asquerosa, Kagome; estupideces como estas me recuerdan por qué preferí a tu prima antes que a ti.

Sango cerró los ojos, por Dios que estaba a punto de reventarlo y ella sí que lo haría sangrar.

La aludida volvió a sonreír.

—¿Crees que me afecta a estas alturas? Sabes que estoy con un hombre de verdad, un caballero —lo miró con desprecio de arriba abajo—, no con un gusano miserable como tú.

—Ya lárgate, por favor —Tanaca también lo echó, su sola presencia hacía que se le revolviera el estómago.

—Las van a pagar, ya pueden ir agregando dos ceros a la cifra que se imaginaron que iba a pedir.

Cuando por fin se quedaron solas, Kagome empezó a temblar. Sango trató de calmarla, pero estaba terriblemente nerviosa. Eso de ser una badbitch estaba bien en el momento, pero luego su cerebro le recordaba que no era precisamente su naturaleza y le pasaba factura.

—Tranquila…

—Hay que llamarlos —miró para su amiga—, diles que necesitamos reunirnos ya.

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InuYasha daba vueltas por la sala con las manos entre la boca y la nariz, rezando por calmarse. Miroku, sentado en el mueble, trataba de procesar todo lo que habían escuchado, aunque quien más llamaba la atención era Taishō por no dejar de moverse. Es que ni siquiera habían podido responder algo.

—Calma, InuYasha, al final no nos pasó nada —Kagome fue la primera en hablar; Sango miraba al piso con expresión perdida.

—Pero pudo haberles pasado, Kagome —y Miroku fue quien le respondió, con un tono más bien severo, InuYasha hizo un gesto en el que le daba la razón con creces—, especialmente después de tirarle el café, fue muy arriesgado.

—¡Gracias! —InuYasha por fin se detuvo—. Entiendo que ambas tienen una valentía insospechada, pero esta vez fueron muy lejos.

—Estábamos en un lugar público, por Dios —Sango alzó un poco el tono, sentía que estaban exagerando como si ella no pudieran partirle la cara a cualquiera.

—¡Entiendan que tenemos miedo de que les pase algo! —Fue un coro de InuYasha y Miroku, ellas se quedaron calladas, no lo esperaron, aquello había sido… ¿tierno?

Pfff —Taishō volvió a sentarse y suspiró después de restregarse la cara. Los locos del pasado de las chicas habían vuelto y parecían ser peligrosos, ¿qué más había que hacer que tener cuidado? Las vio tratar de bajar lo ánimos. Kagome se había sentado sobre el reposabrazos del mueble de Sango y ésta en medio del mismo, con las piernas cruzadas.

—Tenemos un plan —Kagome intervino, parecía que había pasado un tiempo prudencial para hablar—. Hay que hacerlo con la policía, claramente, pero debemos actuar como si nada, ya que nos estará vigilando, esperar a que nos llame y proceder.

—¿Eso no es peligroso? —preguntó InuYasha con la cara arrugada.

—Es legal —le respondió Sango de inmediato.

Miroku había guardado silencio, esperando pacientemente a que expusieran sus pensamientos. Para él, lo más lógico era esperar, se podrían meter en un lío y había un menor en medio; ya sabían cómo era la justicia del país, podría ser peligroso. Y, por otro lado, ese loco suelto que sabía todo de ellos… pff, había que pensar bien antes de moverse.

Poco después de quedar en que no se moverían sin informarle al otro, InuYasha y Kagome se despidieron de la pareja de amigos. Mientras bajaban el ascensor en silencio, Taishō meditaba seriamente en la decisión que estaba tomando. La miró y en ella solo pudo ver a la persona que tenía que proteger como fuera.

—¿Me he dejado algo de ropa en tu casa? —Soltó de repente, su novia regresó rápido a verlo y asintió—. Bien, esta noche me quedo.

No lo preguntó, él normalmente lo hacía y eso hizo ruido en Kagome.

—InuYasha…

—De hecho, mejor ve preparando la habitación de huéspedes o el sofá cama, si deseas, porque me estaré quedando mucho tiempo —eso lo dijo apenas se abrió el ascensor—, o si deseas, te mudas conmigo a casa de mis padres, donde te sientas más cómoda.

—¿Disculpa?

La azabache detuvo el andar, las puertas del ascensor se cerraron, estaba incrédula. InuYasha también dejó de caminar y giró hacia ella. ¿De dónde salía esa imposición tan tajante?

—Tu ex psicópata te está acosando y yo voy a quedarme muy tranquilo durmiendo en mi casa mientras mi novia corre peligro, sí —espetó, su tono era una mezcla de enojo y preocupación—. Suena al peor chiste jamás contado en la historia de la humanidad.

—InuYasha, estoy bien, no va a pasarme nada —estaba seria, pero sonrió, nerviosa; él estaba nervioso.

Ambos estaban nerviosos.

—No, sí puede pasarte algo y lo quieras o no, Kagome, por lo menos mientras ese maldito esté por ahí, quiero que estemos juntos y créeme que esto no se trata de un tema romántico, lo digo en serio —sentenció. La vio quedarse estática procesando sus palabras, tal vez hasta asustada por cómo le estaba hablando, pero no podía, se sentía horrible, inútil y sabía que podía ser excesivamente sobreprotector e intenso si no estaba seguro de que quien le importaba estaba cerca de él, se conocía y no quería despertar ese ser ansioso que podría ser desagradable.

No la dejaría en paz, sabía que estaría obsesionado por saber en dónde estaba, si estaba bien; no, no quería descubrir ese lado oscuro que había dentro cuando su instinto de peligro se activaba. Se conocía muy bien.

—Vamos a calmarnos, ¿sí? Entiendo que estés asustado —le hizo señales con las manos para que bajara los ánimos. Ella se asustaba más con el paso enorme que le estaba proponiendo de repente que con el mismo Bankotsu, aunque sabía que lo hacía más bien por su seguridad.

—Mientras ese psicópata ande suelto, tu vida peligra, así que vas a mudarte conmigo y por primera vez en la vida —la miró directamente a los ojos. No sólo era el inminente peligro, las secuelas que le había dejado la muerte repentina de Kagura solo habían alterado su miedo a perder a quien amaba todavía más de lo normal—, Kagome Higurashi: es una orden.

Ella asintió, se rindió, lo entendía. Caminó hacia él y con suavidad lo estrechó, muy poco después fue correspondida con uno de esos hermosos abrazos que sólo él le sabía dar. En InuYasha era obvio el miedo, en su mente, Bankotsu era un posible criminal que sabía todo de su pareja y podía hacerle daño en el momento menos pensado, especialmente porque ahora tenían bajo su poder al pequeño. Ese bebé no merecía la lacra de padres que tenía y mientras él pudiera, protegería a todos, especialmente a ella.

—Gracias por siempre estar conmigo… —le susurró contra el pecho.

—Kagome, si a ti te pasa algo… —le acarició el cabello como siempre solía hacerlo. Solo imaginarlo le ponía los pelos de punta—. No podría con eso.

—Tranquilo… todo va a estar bien.

»

Este capítulo fue un poco más extenuante que los demás, supongo que incluso para leer, pero era necesario, necesitábamos saber más de este Bankotsu y así ir cerrando también su arco para darle paz a Kagome.

Admito que lo siguiente que pasa en este fic tiene aires de mí, mi sello personal, siempre metiendo a la policía, soy una pendeja de primera, pero bueno. Lo dicho: mi fic, mis reglas.


28 de enero del 2024.

Hola, niñas preciosas.

Esta es mi primera actualización de este año, por lo que, en mi defensa, todavía puedo decir: ¡Felices fiestas, feliz año nuevo, y espero que tengan un año lleno de alegrías!

Por otra parte, quiero disculparme porque sé que vengo súper tarde, ya se va a acabar el primer mes del año, y yo todavía no había dado señales de vida (aunque en mi página sí, para quienes me siguen allá). Debo decir que este capítulo fue muy difícil de escribir en su momento, como ya lo dije en las notas de autor con negritas, pero también, al momento de corregirlo, me gustó mucho lo que vi, en especial la última escena, en donde pude sacar a flote el instinto protector de InuYasha, que, personalmente, es algo que adoro de él.

Quiero agradecer demasiado por todo el apoyo que tiene este fanfic, a pesar de que me demoro mucho en actualizarlo, de que es corto y bastante ligerito, siento que ha tenido un apoyo muy grande y eso de verdad lo agradezco. Espero no se hayan olvidado de mí las personas que normalmente me leen, así que les mando un enorme abrazo.

Yo me divertí mucho con sus comentarios anteriores, me alegro de que no les haya parecido muy exagerada la reacción de Kagome referente a Yura. Supongo que todos ustedes la están odiando y tienen toda la razón porque es una persona mala, con sentimientos dañados, llena de rencores, de envidia y de malas intenciones. No puedo decir que es solo porque perdió a sus padres, ya que siempre fue una chica mimada y con ese perfil de mala persona, pero podemos decir que la pérdida de sus papás sí que ayudó un poco más a su desarrollo malvado, específicamente en contra de Kagome, por haberse sentido rechazada de alguna forma por la madre de los chicos. Obviamente, esto era más percepción de ella que la realidad, ya que Naomi siempre trató de ser lo más imparcial posible referente a ella y sus hijos. Además, sé que les impactó lo de Sango y Bankotsu, supongo que es algo diferente, pero sí, eso pasó en este fic.

Solo debo decir que espero que disfruten este capítulo porque pronto se acaba el fanfic, le faltan aproximadamente cuatro capítulos y nos despedimos de él con un final un poco diferente a lo que suelo hacer, pero me gusta mucho porque está lleno de amor y es muy bonito.

Les dejo un abrazo enorme a:

Rosa Taisho

Benani0125

Karii Taisho

Kcar

Marlenis Samudio

Annie Perez

Carli89

Rocio K. Echeverria

MegoKa

Susanisa

Fuentes Rodriguez

Ladyahomehigurashi

Sus comentarios me llenan de alegría, ojalá fiera una ficker mas constante para ustedes.