DESTINADOS: BESO APASIONADO


Los personajes de INUYASHA pertenecen a Rumiko Takahashi


Era Sengoku, 1467

Se sentía nostálgica.

Rin sentía nostalgia mientras observaba las tonalidades anaranjadas, rosadas y azules fundirse en el firmamento siendo testigos de los últimos vestigios de ese precioso atardecer, todo tenía un comienzo, pero también un fin, quizás su final aún no había llegado, pero conocía perfectamente lo efímera que podía ser la vida humana en cualquier situación y a eso era lo que la chica le temía, su final definitivo.

Aunque había sido rescatada de las garras de la muerte en dos ocasiones, eso solo había dado inicio a una silenciosa persecución entre la dama de negro y ella, sin embargo, a veces solo trataba de no darle vueltas a todo ese asunto para vivir siempre cada día, hacer valer la pena y memorable cada momento, su plan era llevarse la mayor cantidad de memorias para que en sus próximas vidas nunca olvidarse de el suave tacto de las garras de su señor o sus refulgentes orbes dorados como el sol.

Ahora que el cielo era solo una espesa oscuridad con algunas estrellas asomándose fuera de las nubes grisáceas, la joven se levantó de suelo para acercarse a donde se encontraba Ah-Uh, su eterno compañero de viajes, acarició las escamas del dragón cuando estuvo lo más cerca posible y luego de dejar un suave beso en cada trompa continuó echando ojo por todo el improvisado campamento pero ni el vistazo de la estela esponjosa o el brillo del cabello plateado estaba en su campo de visión, solo se encontraba el demonio sapo asando unos pescados en una fogata con una llama tan viva como el latente corazón de la humana.

—Señor Jaken, ¿a dónde se ha ido el señor Sesshomaru? —preguntó ella, levantándose en puntillas incluso para intentar observar entre las copas de los árboles.

—¿No ves que estoy ocupado, mocosa tonta? —chilló él, haciendo un alboroto mientras terminaba de empalar los salmones

Rin refunfuñó y se sentó frente a un tronco para observar a Jaken cocinar lo que sería su cena por unos cuantos días mientras llegaban al palacio del Oeste.

—Ni con todos los años del mundo se le quita lo amargado, señor Jaken, si sigue así morirá pronto…

—¡MOCOSA DE LOS MIL DEMONIOS!

Hastiada de escuchar el griterío del demonio sapo, empezó a andar hacia las aguas termales que había descubierto apenas llegaron al lugar pero como la tarde había sido muy calurosa un baño con agua caliente no era una buena opción, decidió esperar a que la noche cayera sobre ellos para echarse un baño relajante y delicioso antes de dormir para seguir con su trayecto.

Mientras caminaba, Rin se despojaba de sus ropas, el kimono se hizo un charco de tela frente a las piedras húmedas y vaporosas que estaban frente a ella, con delicadeza empezó a meterse en el agua tibia, cerró los ojos ante la sensación de calidez embriagar su cuerpo y se recostó suavemente, escuchando de fondo los sonidos de algunos grillos y chicharras del bosque, las luciérnagas empezaron a salir también dando pequeños toques de luz en la oscuridad de la noche, pero a pesar de todo no sentía ningún miedo, sabía que era custodiada por el demonio más temible de todos y que si algún humano o demonio idiota quería perder su vida, solo debía toparse en el camino de su señor.

—Sesshomaru… —susurró ella suavemente bajo la tenue luz de la luna.

—Rin.

Ella abrió los ojos de golpe al escuchar la voz gruesa de su señor, el demonio la miraba fijamente, con el cabello plateado húmedo y pegado a sus hombros y pectorales musculosos, estaba tan distraída pensando que no se dio cuenta que Sesshomaru estaba frente a ella.

El calor se acumuló en sus mejillas y en un acto reflejo, cerró sus brazos menudos alrededor de sus pechos, para que evitar que él pudiera ver de más acerca de su cuerpo, sin embargo, no emitió ninguna palabra, la impresión de ver la tersa piel pálida, el cuerpo musculoso y trabajado del demonio junto a ese par de orbes brillantes le dejaron completamente muda.

—Señor… yo… yo…

—Quédate, Rin.

A paso lento, el demonio blanco se acercó a ella, había visto desde la oscuridad que le otorgaba la noche como la humana empezaba a desvestirse sin tomarse la atribución de echar un vistazo al lugar, sin embargo, pudo ser el único espectador de tan inesperado espectáculo. El cuerpo de Rin había cambiado en creces, no solamente en altura, su cuerpo era agraciado con suaves curvas, pechos y caderas redondeadas, su cabello caía como una cascada azabache en su espalda, lo que le otorgaba una apariencia majestuosa, digna de una diosa, pero lo mejor de todo era su olor.

Esa deliciosa fragancia floral estaba grabada en su ser a fuego, latente y que nunca, incluso con el pasar lento de su vida inmortal no podía olvidarla, aunque quisiera.

Sus manos, enfundadas en garras y marcas violáceas, se acercaron suavemente al rostro pálido por la impresión y con la punta de sus afiladas uñas, surcó toda la mejilla lechosa y suave de la joven, provocando en ella un sonrojo mayor.

—Señor… yo estoy…estoy

Su voz no era audible completamente, era un hilo de voz, pudo encontrar nervios y olfateó un poco de ¿excitación?

¿Desde cuando la pequeña Rin olía así?

¿En qué momento ocurrió eso?

La vida de los humanos es efímera.

Su protegida temblaba como una hoja y se aferraba a su propio brazo tratando de cubrir su evidente desnudez como una barrera protectora, su garra pasó de su rostro al contorno de su cuello, clavícula y parte del pecho, encontró emocionante la forma en que ella respondía a sus delicadas caricias.

Podía escuchar el corazón de Rin bombeando sangre rápidamente a todo su minúsculo cuerpo y ver el repiqueteo de sus arterias latiendo en un delicioso vaivén, se acercó a ella, aún sabiendo el efecto desestabilizante que efectuaba en la mujer.

El aroma intoxicante de la castaña se filtraba en su ser como un veneno ponzoñoso, arrasando a su paso y dejado como consecuencia un estado de excitación indetenible, si la mujer se acercaba un poco más a él, podría sentirlo.

El producto de su deseo.

El efecto que esa pequeña mujer producia en él sin siquiera proponerselo.

El ambiente entre ellos era electrizante, mientras Sesshomaru seguia mirandola fijamente, Rin trataba de no convulsionar de ardiente lujuria.

—Señor Sesshomaru… yo… qu-quiero…

—Di lo que quieres, Rin.

Su voz sonaba como seda liquida, gracias al agua no podia sentir su propia humedad, pero su sexo latia por un extraño deseo, uno donde el demonio peliplata frente a ella estaba involucrado de pies a cabeza.

—Habla, Rin.

—Beseme.

Y asi como una fiera se abalanza a su presa, Sesshomaru se apoderó de los virginales labios de Rin, ella posó los brazos en su cuello para acortar aún más la cercania entre ellos, sintiendo como la masculinidad de él se hacia notar con cada beso.

Su lengua recorria la cavidad bucal dejandole saber a quién pertenecia ella, apretandola más hacia él con cada choque de labios.

Rin fue la primera en separarse para tomar un poco de aire y recuperarse de aquel asalto, pero Sesshomaru se negó a apartarla más de lo debido, empezó a regar besos por todo el cuello femenino e inlcuso dejo algunos rastros de su propio aroma.

Ella reaccionaba deliciosamente a él, tan entregada, tan abnegada a complacer cada uno de sus caprichos, podia escuchar los pequeños gemidos que trataba de contener cuando sus labios se acercaban al valle de sus senos.

Él tomo un puñado de su cabello desde la nuca de ella y volvió a fundirlos en un beso, lleno de pasión y lujuria, las manos inexpertas de Rin acariciaban los brazos musculosos de Sesshomaru apretando las piernas a esa deliciosa dureza que podia sentir bajo ella, esa era su pequeña ventaja.

—Rin.

—¿Si, amo?

—Rin…

—¡RIIIIIIN!

La chillona voz de Jaken hizo que ella se despertara más agitada de lo que estaba ya, sus orejas latian como un segundo corazón y su cara llena de sudor además de roja como amapola.

Estaba aturdida y sus ojos no podian enfocar bien a su alrededor, todo le daba vueltas, la voz del pequeño demonio verde no ayudaba en absolutamente nada, pero un destello blanco le hizo levantarse de golpe.

—¡SEÑOR SESSHOMARU!

El demonio le miraba un poco retirado del grupo, pero con sus ojos dorados liquidos fijos en ella en todo momento.

Habia sido un sueño, el baño en el lago, su desnudez en el agua tibia, el encontrarse con su señor, los besos que compartieron.

Nada mas el minimo pensamiento de aquello le subió los colores a la cara y bajó la mirada avergonzada de lo pecaminosos de sus pensamientos.

—Andando. —dijo Sesshomaru dandole la espalda para empezar su camino otra vez en las profundidades de un bosque

Jaken volvió a regañarla mientras subia a Ah-Un pero ella no podia escucharlo, estaba demasiado ocupada imaginando y recreando su sueño.

Un delicioso y pasional sueño donde su amo le besaba como si fuera la última mujer del universo y tocó sus labios con la yema de sus dedos mientras seguía perdida en sus emociones tórridas y eróticas.

Entonces Rin supo que si pudiera morir en ese momento, moriría de placer y con una sonrisa en la cara por solo pensar en Sesshomaru.


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Han pasado años desde la última vez que estuve por estos lados y aunque no crean me ha costado un mundo escribir este shot.

Me falta engrasar los engranajes otra vez, tenganme paciente T-T

Un beso, gracias por apoyar mis historias

KIM SAM