Capítulo 4

La pareja del Pop bajó del escenario tomados de la mano.

Frente a la base de la escalera los esperaba el Rey Peppy posando ambas manos sobre su bastón de caoba y con una grata sonrisa en su rostro. Estaba orgulloso por las acciones que realizaron ambos Trolls arriba en el escenario.

–Poppy. – Miró a su hija, seguido del azabache. – Branch. – El viejo troll hizo una leve reverencia de cabeza hacia a él, haciéndole entender que quería hablar con su hija, por lo que obedeció y les dio algo de privacidad. Acto seguido, el exrey tomó a la reina por la espalda y la encaminó hacia el bosque, alejándose de la multitud que ahora se dispersaba.

–Tu decreto fue fantástico, ahora ya no tendrán más problemas con el resto de los Trolls machos. –

–Gracias, papá. Estoy feliz de que se lo hayan tomado bien. – Declaró la pelirrosa aliviada.

–Y cuéntame hija, al declararle a todo el Reino Troll de que Branch es el indicado para reinar a tu lado. ¿Eso significa que están comprometidos? – Cuestionó con emoción en su voz.

–Fue más como una promesa de que algún día Branch y yo nos casaremos para reinar juntos la tribu. Aún no hablamos seriamente de matrimonio, no quiero que él se sienta presionado. Le daré su tiempo hasta que esté preparado para pedírmelo. – Confesó preocupada ante el peso emocional que su novio tendría que cargar si cedía a casarse sin sentirse listo. Reinar no era una tarea fácil y se necesitaba una formación previa para ello. Necesitaba comenzar a introducirlo al mundo de la realeza para que empezara a desenvolverse como futuro monarca.

– Creo que deberán hablar del tema cuanto antes, mira cómo se encuentra el pobre troll. – Señaló el Rey Peppy con la mirada sobre el hombro de la ojirrosa.

La reina siguió la mirada de su padre y encontró al troll azul grisáceo sentado arriba de un pequeño hongo cerca del escenario, cabizbajo y mirando hacia la nada.

–Branch…– Dijo angustiada en un susurro. A Poppy no le gustaba verlo de esa manera, era claro que algo le estaba preocupando, necesitaba hablar con él sobre su futuro y aclararle que se lo podía tomar con calma.

La pelirrosa estaba a punto de caminar hacia él, pero sintió la mano de su padre en su hombro en señal de que se detuviera.

–Déjame hablar con él, Poppy. – La troll rosada dudó un poco antes de acceder. No quería dejar a su novio de esa manera, pero estaba segura de que su padre podría tranquilizarlo mejor que ella.

–Solo dile que iré a buscarlo más tarde a su búnker para hablar con él. – El troll asintió y se encaminó hacia Branch.

El azabache aún se encontraba absorto en su pensamientos, no sabría cómo podría lidiar con la responsabilidad de liderar a otros Trolls. Su novia lo hacía parecer tan fácil, pero el detalle era que ella había sido criada y entrenada para reinar. En cambio, Branch solo era un súbdito más, que no estaba calificado para ser un monarca. No se encontraba preparado para hacerlo y sentía que no podría cumplir con las expectativas de la tribu.

–Branch, hijo. – La voz del exrey hizo que regresara a su realidad. –¿Te encuentras bien? Te ves pálido. –

–Rey Peppy…– Fijó su mirada en el viejo troll. – Creo que pasé por muchas emociones en el escenario. Siento el estómago revuelto y todo me está empezando a dar vueltas. – Confesó. No podía mentirle al exrey, ya que, por alguna razón, él detectaba cuando un troll ocultaba la verdad.

–¿Te sientes abrumado? – Cuestionó con preocupación.

–¿Abrumado? ¿Por qué lo pregunta? – Ni siquiera él sabía cómo se sentía. No podía canalizar sus emociones en una sola.

–Prácticamente allá arriba Poppy prometió que reinaría la tribu Pop junto a ti. Recayendo una gran responsabilidad sobre tus hombros. –

–Lo sé. – Suspiró desganado al pensar en ese futuro. –Rey Peppy, usted sabe que mi relación con su hija es seria. Y entre mis planes a futuro está el hecho de casarme con ella. – Sonrió levemente al pensar en este suceso. Una de las cosas que más deseaba en el mundo era contraer matrimonio con la troll que amaba y hacerla feliz por el resto de sus días.

–Pero…– Continuó el exrey para que confesara su principal mortificación.

–No sé si esté listo para reinar, solo soy un troll común que no ha tenido nada de preparación al respecto. – Confesó el ojizarco ocultando sus rostro entre sus manos, haciendo que se sintiera insignificante.

– No creo que seas un troll común. – Posó su mano sobre el hombro del joven troll, logrando que este descubriera su cara. –Ayudaste a Poppy a traer la paz entre los Bertenos y los Trolls, a pesar de los peligros que enfrentaron. También, se aventuraron a lo desconocido y trajeron armonía entre todas las tribus del reino. Y lo más importante…–Levantó un dedo para recalcar este último punto. – Conquistaste el corazón de la reina del Pop. Un troll común no realiza tales hazañas, hijo. –

Al parecer estar locamente enamorado de la reina había brindado un aspecto positivo a su vida. Haría lo que fuera por ella, incluso podría renunciar a su libertad individual para reinar a su lado, pero tendría que prepararse para ello.

–Agradezco sus palabras Rey Peppy, aun así, considero que necesito de una formación para poder reinar. –

–Tengo algunos libros de recortes que podrían serte de utilidad. Los hice hace tiempo para Creek…– El troll anaranjado se dio cuenta de su error e instintivamente carraspeó su garganta para corregirse. – Digo, para el futuro pretendiente de Poppy.

El azabache al escuchar ese nombre frunció el ceño y se cruzó de brazos.

–Lo siento, Branch. Pero parecía que esa relación se encaminaba a algo serio. – En realidad, ellos nunca salieron, pero toda la tribu Pop consideraba que Creek era el troll ideal para convertirse en uno de los concubinos de la futura reina y probablemente, el mejor candidato para que se comprometiera. Inclusive Branch podía apostar que solo era cuestión de tiempo para que formalizaran una relación, ya que Poppy pasaba la mayor parte de su tiempo con él y se mostraba más cariñosa con el troll morado que con el resto de sus amigos machos. Afortunadamente, ocurrió el acontecimiento con los Bertenos y Creek fue desterrado de VillaPop por traidor.

–Entiendo. – Respondió relajando su rostro y soltando un leve suspiro. Ahora que el troll morado no estaba, no tendría por qué enojarse por ese asunto. – ¿Me los podría prestar? –

–Son tuyos, hijo. – Expresó el viejo troll mientras lo tomaba del hombro. –Aunque hay algo que debes de saber. Tal vez puedas saber toda la teoría, pero es en la práctica en donde realmente aprenderás. –

–Comprendo. – Haber hablado con el exrey lo había tranquilizado, pero la angustia aún prevalecía en su interior. – Muchas gracias.

–Ven, vamos a mi capullo para poder darte esos libros. – Lo invitó a que se levantara de su asiento y lo acompañara. –Después de verlos, estoy seguro de que te sentirás más seguro. –

Ambos Trolls se encaminaron hacia el centro de la villa rumbo al hogar del Rey Peppy.

–Por cierto, debes de mejorar tus abrazos. Deben de ser más firmes y cálidos. –Confesó el viejo troll, excusando el hecho de haber calificado al troll con un malvavisco en la primera ronda del duelo. – Un rey debe saber cómo abrazar correctamente. –

–Prometo mejorar. – Dijo esbozando una ligera sonrisa. Estar con el padre de su novia le transmitía la misma paz interna que sentía al estar con ella.

Branch había pasado una tarde de "padre e hijo" con el Rey Peppy en su capullo. Fue un momento gratificante que le gustaría volver a repetir nuevamente, le gustaba pasar tiempo con el exrey, ya que veía reflejado en él la figura paterna que nunca tuvo. Desde que salía con Poppy, lo había acogido como su propio hijo y compartían tiempo de calidad juntos, en donde el viejo troll le enseñaba lecciones de vida. El azabache le tenía un gran aprecio y respeto al exrey y esperaba cumplir con sus expectativas como futuro líder de la tribu del Pop, en verdad quería que el Rey Peppy estuviera orgulloso de él.

«Esto no me ayudará», pensó frustrado. Desde que llegó a su hogar se había dedicado a leer la colección de doce volúmenes que el viejo troll le había obsequiado. Sin embargo, los temas que abarcaban no le aportaban nuevos conocimientos.

Los libros mencionaban temas como: "Autocontrol", "Comunicación efectiva", "Toma de decisiones", "Empatía". Pero él consideraba que ya tenía gran parte de estos aspectos cubiertos en su persona, había trabajado en ellos desde que comenzó su amistad con Poppy años atrás y con la práctica identificaba cuando recurrir a estos.

Branch miró el libro de recortes que leyó con desilusión. En verdad, apreciaba el esfuerzo que había dedicado el exrey al elaborar toda una colección, pero esa información no le era de utilidad.

El troll cerró el último volumen con un suspiro y lo guardó en su librero. Ahora consideraba seriamente en buscar en otras fuentes de referencia para aprender más al respecto. Tal vez debería hacer un viaje a las otras tribus para ver si podría encontrar escritos relevantes.

Algo frustrado se sentó en su lugar de trabajo para continuar con la investigación, creyó que eso le ayudaría un poco a distraerse de los problemas que le estaban agobiando en su realidad.

No pasaron ni diez minutos cuando escuchó que alguien tocaba desde la escotilla. Se encaminó hacia su elevador y accionó la palanca para subir hacia la superficie. Esperaba la visita de Poppy, el viejo troll le había mencionado que iría verlo más tarde ese día para hablar sobre los acontecimientos ocurridos en el escenario.

Conforme subía detectaba paulatinamente la esencia de su novia. Sin duda, era ella. Su aroma era inconfundible y provocaba que el azabache sintiera la necesidad de poseerla.

Al abrir la escotilla para dejar pasar a Poppy, una bomba de feromonas inundó la nariz de Branch. Un deseo carnal se encendió en su interior, pero lo reprimió. No era el momento indicado para ello, debía actuar con sobriedad.

–¿Te encuentras bien, Branch? –Preguntó. Su rostro reflejaba preocupación ante la idea de que el ojizarco se encontrara en un estado crítico. –No quería dejarte después del duelo. Pero mi papá insistió en que quería hablar contigo. –

–Estoy bien. Me ayudó a tranquilizarme un poco, incluso me regaló algunos libros de recortes para que los viera. – Contestó mientras cerraba la escotilla y accionaba la palanca para bajar en el elevador.

–¿Libros de recortes sobre qué? – Cuestionó extrañada. Su padre no era de los que regalaba sus libros a la ligera. En realidad, él era el tipo de troll que le gustaba conservarlos para consultarlos cuando los necesitara o al menos para apreciarlos cuando estaba aburrido.

–Sobre cómo ser rey. – Respondió seriamente al pensar que ese sería su futuro y que con la información que acababa de recibir lo había dejado en el mismo lugar sin siquiera empezar su preparación.

–¡Ya recuerdo! Esos libros los hizo hace tiempo para…– Se detuvo en seco al percatarse de que diría el nombre de su ex mejor amigo.

–Creek. – Completó la oración de la reina rígidamente y con un rostro inexpresivo.

El elevador se detuvo y ambos bajaron de la plataforma. Dejando una atmósfera silenciosa e incómoda entre ellos. Esta vez Branch no haría una escena de celos, solo quería saber lo que la reina diría al respecto.

–Sobre eso…– Dijo la pelirrosa rompiendo el silencio. – Mi padre creía que el él y yo terminaríamos juntos y nos comprometeríamos. Bueno, realmente todos apostaban de que así sería. Al fin y al cabo, él era mi mejor amigo más cercano y me apoyaba en todo. Me gustaba el hecho de que no perdía los estribos con facilidad y que siempre sabía cómo tranquilizar a los demás. Sin olvidar que era uno de los más atractivos de la villa. –

El azabache alzó una ceja al escuchar esa última parte. Poppy se dio cuenta de su declaración innecesaria y aclaró su garganta para darle vuelta al asunto.

–A lo que voy es que nunca me interesó ni como progenitor ni como pareja. Solo ha habido un troll que ha logrado llamar completamente mi atención y ese has sido tú, Branch. En verdad pienso que eres perfecto para mí y quiero que siempre estés a mi lado. – Tomó a su novio de las manos y lo miró con dulzura, dejando al troll aliviado por sus palabras.

–Poppy, con respecto a lo de hoy…– Quería comenzar a hablar sobre su futuro juntos.

–Se que tal vez, te encuentras agobiado por lo que dije en el escenario. – Frunció el entrecejo tratando de ordenar sus ideas para abordar el tema.

–Si, lo estoy. – Confesó el ojizarco mostrando angustia en su rostro.

–Estoy consciente de que hemos hablado de procrear. Pero creo que nunca hemos mencionado el matrimonio como tal. Tú sabes que en el Reino Troll no es necesario estar casado para formar una familia, pero para ayudar a un monarca a gobernar, si lo es. –

–Poppy, no me siento preparado para reinar. – Declaró con inquietud.

–Lo sé, Branch. – Rozó su mejilla con su pulgar como gesto tranquilizador. – Pero no nos casaremos mañana. Quiero que tomes tu tiempo en prepararte y mentalizarte para que puedas tomar la responsabilidad. Yo esperaré lo que sea necesario por ti. No quiero que te sientas abrumado. – Sus palabras cesaron la presión que el troll había sentido desde su decreto ese mismo día.

–Gracias. – Dijo e intuitivamente abrazó a su novia, lo que le había dicho significaba mucho para él. Sin embargo, en su interior aún le angustiaba el hecho de que necesitaba capacitarse para el puesto real. Si quería una vida junto a Poppy, obligatoriamente tendría que pasar por esa transición en su vida. – Pero, ¿Tienes en mente cómo podría prepararme? –

–Antes de venir, hablé con mi padre y creemos que podríamos otorgarte un título real para que puedas ir adaptándote a los deberes reales. – Dijo la reina tras romper su abrazo.

– ¿Un título real? – Cuestionó curioso ante la idea de que ahora podría pertenecer a la realeza. – ¿Cómo cuál? –

–He estado pensando en tus mejores cualidades y creo que eres excelente dando sugerencias y consejos, por lo que considero que serías un fabuloso Consejero Real. – Declaró con emoción.

–¿Un Consejero Real? – Frunció el ceño al escuchar su posible título. Nunca había escuchado que algún troll fuera acreedor de dicha labor. –¿Y cuáles serían mis obligaciones? –

–Principalmente, sería aconsejarme para tomar decisiones que beneficien a la tribu. Pero también podrías acompañarme a todos los eventos oficiales, ayudarme con algunos trabajos de papeleo y organizar fiestas masivas para el disfrute de todos. – Muchas de esas actividades ya las desempeñaba, aunque no lo hacía a tiempo completo. Algunas veces lo hacía solo para pasar un momento con su novia y otras porque Poppy se lo pedía. No eran labores del todo complicadas, pero requería invertir su tiempo para efectuarlas. Y el tiempo era un factor que a Branch le faltaba para cumplir con todas sus obligaciones.

–¿Y qué pasará con las actividades que yo realizo? – Le preocupaba el hecho de no tener el tiempo suficiente para concluir sus tareas diarias y sus aficiones.

–También podrías hacerlas. Solo hay que organizarnos bien para que tengas tiempo para todo. –La pelirrosa lo pensó un poco antes de continuar. –Mira, por lo general mis obligaciones reales las ejecuto por la mañana y termino a medio día. Después de eso serías libre de realizar cualquier actividad que desees. – Dijo brindándole una posible solución. –Además, viéndolo desde el lado positivo pasaríamos más tiempo juntos. – Declaró con una risa coqueta al pensar en esta última ventaja que tendrían como pareja tras obtener el título real.

El troll azul grisáceo recordó las sabias palabras del Rey Peppy, en donde le mencionaba que él podría conocer toda la teoría, pero solo aprendería cuando pusiera ese conocimiento en práctica.

–De acuerdo. – Declaró con firmeza. Estaba convencido de aceptar el título, ya que le permitiría estar a la altura para convertirse en un futuro monarca.

–¡Oh, Branchifer me has hecho la troll más feliz de todo el reino! ¡Mañana empezaré con los preparativos para tu ceremonia de nombramiento! – Lo abrazó emocionada ante la ilusión de que algún día se casarían y gobernarían juntos. E instantáneamente al romper su agarre le dio un beso fugaz en los labios. – Y, por cierto, mi padre dijo que deberás de ir a clases de control de la ira por intentar estrangular a Aspen. –

–¡¿Otra vez?! – Odiaba esas clases. Le robaba al menos dos horas de abrazar diarias durante una semana completa. Tiempo que podría invertir para concluir alguno de los proyectos personales que aún tenía pendientes. Aun así, los temas que le enseñaron en sus primeras clases le ayudaron en fortalecer su autocontrol, pero después las lecciones se volvieron repetitivas y todo siempre recaía en lo mismo: aprender a escuchar a los demás, controlar las emociones frente escenarios que le causaran estrés, aceptar las diferencias de opinión, recurrir a una red de apoyo, expresar sus emociones por medio de la escritura y no tomarse nada personal. Además, otro aspecto que le disgustaba era que la mayoría de los participantes eran Trolls del Rock, los cuales se enojaban e irritaban si alguien los contradecía, era algo que sucedía a menudo y solo ocasionaba percances que impedían que el instructor pudiera avanzar en la sesión. – No sé si tendré tiempo el resto de esta semana, aún tengo mucho que pulir para la plática. –

–No te preocupes. Sabía lo ocupado que te encontrabas, así que hablé con el instructor para decirle que comenzarás después del ritual de apareamiento. – El troll gruñó y rodó los ojos ante la idea de regresar a esas clases en menos de dos semanas.

–Supongo que tendré algo de tiempo para entonces. – Cedió. –Gracias, Poppy. –

–De nada, Branchifer. – Tomó su cara y frotó su nariz contra la de él. –¿Qué harás esta noche? –

–Avanzar con la investigación, he encontrado hechos interesantes que desconocía por completo. Ya quiero que todo el mundo lo vea para compartir mis hallazgos. – Sonrió orgulloso de sí mismo por el progreso que había hecho. Estaba seguro de que con la información recolectada la sesión informativa sería un éxito. –¿Por qué lo preguntas? –

– Estaba pensando en que podríamos hacer una pijamada. – Anteriormente habían hecho pijamadas como pareja en donde pasaban tiempo de calidad juntos. Hacían actividades como: armar rompecabezas, cocinar, hornear, realizar libros de recortes a pesar de que Branch seguía siendo malo en ello y platicar sobre su día. Aunque en esta última, Poppy siempre se desviaba del tema, contándole a su novio todas las cosas que le sucedían a sus súbditos; ella era meticulosa con los detalles por lo que podía tardar horas hablando al respecto. Pero lo que más disfrutaba la pareja era la hora de acostarse, ya que terminaban su día con algunas caricias, roces de narices y entrelazamiento de melenas.

Este último era su actividad favorita, al ojizarco le encantaba sentir la suavidad del cabello de la pelirrosa, mientras que a ella le gustaba la sensación áspera del suyo. Esta sensación se debía a la porosidad de su cabello, la cual se había producido a lo largo de los años por el uso rudo al que lo sometía. El azabache había recurrido a varios tratamientos para recuperar la suavidad que todo troll poseía en su cabello, pero ninguna le había funcionado en su totalidad. Aunque esto no era algo que lo acomplejara, por lo que se permitía entrelazar su melena con la de su novia en cualquier momento intimo que tuvieran.

La acción de entrelazar melenas representaba un lazo sólido y estrecho con otro troll para marcar propiedad. De hecho, desde que la reina marcó territorio en aquella ocasión frente a toda la villa, nunca más volvió a entrelazar la cabellera con otro troll macho. Mostrando que el interés en el troll de sobrevivencia era realmente genuino.

–Eh…– Branch dudó. Había un gran inconveniente. Nunca habían hecho una pijamada mientras que Poppy estuviera en celo. Realmente le inquietaba que la esencia de la reina pudiera provocar que el troll cayera en sus instintos y quisiera aparearse con su novia.

–Me gustaría recuperar estos días que estuvimos separados. – Le lanzó unos ojos rogantes acompañado de un puchero. Su debilidad. Ella sabía que con esa táctica él no se negaría.

–De acuerdo, tú ganas. – Suspiró, al parecer todo el día de mañana se dedicaría a continuar con su investigación, debido a que ya no contaba con percances que absorbieran gran parte de su tiempo. –¿Y qué te gustaría hacer en nuestra pijamada? –

–Creo que solo quiero descansar. – Respondió tras pensarlo por algunos segundos. – Mañana iniciaré con los preparativos para tu ceremonia de nombramiento y pronto comenzaré la planificación para el ritual de apareamiento. Se que pasaré muchas noches en vela a partir de mañana, así que hoy simplemente descansaré y recargaré energía para todas las labores que tendré que realizar. –

–Tómatelo con calma. No querrás enfermarte por falta de sueño. – Expresó pensando en la posibilidad de que la reina pudiera sobrepasar sus límites y pudiera perjudicar su salud.

–Estaré bien. Les pediré a los chicos que me apoyen en la planificación de los dos eventos. – Respondió en tono relajado, ya que con la ayuda del Snack Pack todo estaría bajo control.

–Bien. –Ahora confiaba que la reina no enloquecería con la organización gracias al apoyo de sus amigos. – ¿Quieres que prepare algo de cenar? – Ya era hora de la cena y de seguro la reina tendría un gran apetito después de un largo día de trabajo en la villa.

–Creía que nunca lo preguntarías. –Exclamó risueña. –Desde hace días he querido volver a degustar tus deliciosos brownies de chocolate. –

–Una orden de brownies en camino. – Rio ante la petición de la reina y se encaminó a buscar los ingredientes necesarios para prepararlos.

Poppy contempló el interior del búnker, al parecer todo se encontraba ordenado a excepción del mural en donde se encontraba la plataforma hacia la superficie. Estaba repleto de papeles pegados en la pared y un hilo conectaba varios de estos, al parecer esa era la forma en la que su novio conectaba sus ideas.

Al acercarse al muro, la troll visualizó algunos dibujos algo peculiares que estaban complementados con unas cuantas notas bien detalladas. Esta sonrió al apreciar las ilustraciones con mayor detalle, consideraba que eran tan adorables que quería conservarlas. Pero era claro que Branch las necesitaría para su investigación, así que probablemente se las pediría después o mejor aún, le pediría que le hiciera un nuevo libro de recortes para guardarlo en su colección. A la pelirrosa le encantaba ver el progreso de su amado en el arte de los recortes, por lo que conservaba cada libro, recorte o dibujo que realizaba para evaluar su avance y posteriormente brindarle alguna retroalimentación para su mejora.

Volteando a su derecha, Poppy encontró un espacio de trabajo repleto de diversas fuentes de información. Acercándose, la reina alcanzó a leer varios títulos relacionados a la reproducción troll y la crianza.

La curiosidad dominó el interior de la pelirrosa, haciéndola hojear el primer libro que cruzó su mirada. Al parecer el contenido era perteneciente a la tribu del Pop, ya que contaba con recortes llamativos y una interpretación sencilla.

«…Un troll nace del amor de sus padres dos semanas después de una gran fiesta en donde cantan, bailan y se abrazan…», la reina levantó la ceja, «¡Vaya! Esta información es demasiado general. Tal vez deberíamos hacer una actualización profundizando un poco más al respecto.», pensó.

La ojirrosa tomó otra fuente de información, siendo este un pergamino con letras doradas en su interior. «…El precepto se efectúa durante la segunda semana del celo, debido a la alta tasa de fecundidad…», por la forma de redacción y la elegante caligrafía pudo intuir que la información era proveniente de la tribu del Clásico. Dejó el pergamino en su lugar y antes de que pudiera tomar un nuevo libro para hojearlo, algo llamó su atención.

Era un frasco. Un frasco lleno de bayas colocado a un lado de la montaña de libros. El fruto era algo peculiar, su color era rojizo y su textura era puntiaguda. Estaba segura de que era procedente de alguna de las otras tribus, debido a que ninguna baya, similar a esa, crecía cerca de la zona.

La reina tomó una baya del frasco y la olfateó. Su olor no era del todo perceptible, pero podía notar un leve aroma cítrico. Y sin pensarlo dos veces, la probó. Desde la primera mordida, pudo sentir un balance de sabores entre dulce y picante en su boca. En general sabía bien, pero para el gusto de la pelirrosa, prefería los sabores más dulces.

Dejó el frasco de lado y agarró un nuevo libro para hojearlo. Era perteneciente a la tribu del Country y a diferencia de los libros del Pop, estos contaban con más información escrita que apoyo visual. «…La crianza del nuevo troll se basa en el trabajo duro, este deberá de rodearse de actividades relacionadas a la agricultura y la ganadería para que pueda fortalecer su cuerpo y mente…», una expresión desconcertante se reflejó en el rostro de Poppy, «¿Las crías del Country trabajan desde que rompen el cascaron?, ¿No es una forma de crianza algo cruel, excesiva y poco afectiva?», la reina tomó una baya del frasco inconscientemente y se la comió. Al parecer, el hecho de pensar que los Trolls del Country eran criados de esa forma le causaba ansiedad, despertándole más el apetito con el que ya contaba previamente.

Cerró el libro, no quería continuar leyendo. Vaya choque cultural había recibido. Nunca pensó que los Trolls del Country expusieran a sus crías ante tales prácticas de crianza. Lamentablemente, la reina no podía hacer nada contra la mentalidad y la forma de crianza en Lonesome Flats, pero al menos podía proclamar alguna nueva ley que pueda regularizar estas prácticas en la VillaPop. Aunque para ello, tendría que informarse sobre la crianza dentro de su propia tribu para lograr estructurar un nuevo decreto que respete la crianza tradicional de la tribu del Country, pero que pueda fusionarse con la forma de crianza de la tribu del Pop.

La ojirrosa tomó otro libro. Su estado era deplorable, la portada estaba quemada y desgastada, al igual que algunas cuantas de sus hojas. Era evidente que pertenecía a la tribu del Rock; sus libros eran escasos, así que no dudó en abrirlo para leer su contenido. «…Como ritual de iniciación, la cría debe de ser lanzada por sus padres al volcán y si logra sobrevivir …», la reina cerró el libro antes de que pudiera completar la oración. En definitiva, el edicto tendría que globalizar a todas las tribus, para evitar que las crías fueran sometidas a tales actividades. Sin embargo, ahora la reina tendría que aprender sobre las prácticas de crianza en el Reino Troll para proclamar la nueva ley y estaba segura de que esa labor le tomaría semanas para completarla.

La troll suspiró, estaba ahí para descansar y relajarse con su amado, pero terminó agregándose más carga de trabajo. Ya no quería estresarse más, por lo que simplemente dejó todo de lado y caminó hacia la cocina para esperar a Branch. Se ocuparía del asunto después, para que esa noche fuera solo de ellos.

Un par de minutos después, el ojizarco llegó cargando algunos ingredientes en brazos, los cuales colocó sobre la barra de preparación. Posteriormente, abrió algunos cajones para sacar los utensilios necesarios para la preparación de los brownies.

La pareja comenzó a elaborar la mezcla entre juegos, risas y coqueteos. Estaban tan absortos el uno con el otro que no notaron el desastre que habían provocado en el área de preparación. La harina estaba repleta en la barra por una mini guerra de abrazos, el azúcar estaba en el suelo por un duelo de cosquillas y la cocoa se encontraba en sus cabellos tras encadenarse una breve sesión de besos sobre la barra de preparación. Afortunadamente, el resto de los ingredientes habían llegado ilesos al tazón y lograron terminar de preparar la mezcla.

– Que desastre. – Declaró Poppy al observar lo que ambos habían hecho. – ¿Dónde está la escoba y el recogedor? – Cuestionó. Ella limpiaría, al fin y al cabo, era la culpable de todo el desorden provocado.

–Cerca del cuarto de provisiones. – Respondió Branch, mientras vertía la mezcla en un refractario de vidrio para después colocarlo en el horno previamente precalentado.

La reina regresó con las herramientas de limpieza en mano y empezó a barrer el suelo.

–¿Necesitas ayuda? – Preguntó su novio. No tendría problema en auxiliarla, a fin de cuentas, él también cargaba con la responsabilidad del desastre en su cocina.

–No te preocupes, yo me encargo. –

–De acuerdo. En ese caso, yo prepararé el baño mientras terminas y de paso esperamos a que los brownies se horneen. –Propuso el troll azul grisáceo.

–Perfecto, me parece bien. – Asintió con la cabeza.

–No tardo. – Branch besó a su novia en la sien y salió directo al cuarto de baño.

Justo al momento en que la pelirrosa terminó de limpiar la cocina, escuchó la campana del horno indicando que los brownies ya se encontraban listos. La troll tomó un guante para proteger su mano del calor y extrajo el refractario del horno. Olía delicioso, pero aún restaba espolvorearle azúcar y cortarlo en forma rectangular. Poppy terminó de prepararlos y los sirvió en un par de platos esperando a que estos se enfriaran.

–Escuché que los brownies salieron del horno. – Comentó el azabache mientras entraba a la cocina.

–Si, y ya terminé de prepararlos. Solo falta que se enfríen. –

–El baño ya está listo. ¿Qué te parece si nos bañamos mientras se enfrían? – Propuso su novio.

–Claro. – Respondió sin dilación.

–De acuerdo. Entonces tomemos ese baño. –

Ambos se dirigieron al cuarto de baño, en donde una tina de agua caliente los esperaba. Desde su primer intento de apareamiento habían perdido la timidez de verse desnudos y ahora en cada oportunidad que tenían se bañaban juntos.

El ojizarco contaba con todos los productos necesarios para que su novia pudiera asearse en su hogar. Le había designado un set de cajoneras, en donde guardaba su shampoo, jabón y exfoliante favoritos; también almacenaba toallas limpias, cremas humectantes, algunos cuantos rastrillos para deshacerse de situaciones peludas por las mañanas y su cepillo para peinar. Un cepillo de plata que el azabache le había fabricado por su medio aniversario, el cual contaba con un relieve en forma de amapola en su base y las cerdas estaban hechas con pelaje de Cuddle Pup.

Aunque esto no era lo único que el troll le había hecho con sus propias manos, sino que también le había confeccionado un atuendo de dos piezas color celeste, para que la troll lo utilizara durante sus pijamadas en pareja. Ningún detalle se le había escapado y a la pelirrosa le enamoraba la idea de que su novio pensara en todas sus necesidades.

Una vez dentro del cuarto de baño, la pareja debía despojarse de todas las pertenencias que guardaban en su cabellera y colocarlo temporalmente en una cesta. Poppy se retiró su corona y sacó los objetos que portaba consigo. Entre estos se podían encontrar su cencerro musical, tijeras, material para elaborar libros de recortes, productos para el cabello y un par de regalos por parte de sus súbditos. Por otro lado, Branch extrajo cuidadosamente su kit de herramientas, binoculares, una pala, guantes de protección y una que otra trampa.

Mientras que el troll azul grisáceo terminaba de guardar sus cosas, la reina comenzó a desvestirse de una forma provocativa para llamar la atención del azabache, lo cual logró en cuestión de segundos. El ojizarco había captado la indirecta, la pelirrosa quería tener una sesión de besos en la bañera.

Lentamente Branch se despojó de su ropa para acompañarla y rezó hacia sus adentros para que él no perdiera el control de sus impulsos. Acto seguido, se fue sumergiendo en la bañera a espaldas de su novia, desbordando algo de agua en el camino. El azabache inhaló cerca de la reina para comprobar la potencia de su esencia y suspiró al notar que el aroma se había neutralizado con el agua. Estaba en terrenos seguros, era imposible que perdiera el control en esa situación.

–¿Puedo ir primero? – Cuestionó, haciendo referencia a que quería ser la primera en ser aseada por el otro.

–Como desee, Reina Poppy. – Respondió tomando el jabón y la esponja para enjabonarla.

A Poppy le encantaba sentir sus grandes manos recorriendo todo su cuerpo con delicadeza. Le transmitía una sensación de paz y calidez.

La reina inclinó el cuello para que pudiera enjabonar con mayor comodidad, pero él aprovechó besando su cuello y hombro antes de aplicarle jabón. La reina gimió al sentir el toque de sus labios contra su piel.

Al terminar de lavar su cuerpo, el azabache tomó un poco de shampoo y empezó a masajear de forma circular la cabellera de su novia. Por lo general, la ojirrosa disfrutaba que Branch lavara su cabello debido a que lo hacía con cautela y provocaba que Poppy se sintiera relajada. Pero hoy su tacto se sentía diferente.

Debido a la sensibilidad de su melena por la época de celo, la reina comenzó a sentir una excitación en su interior ante el toque del troll ocasionando que gimiera de placer.

–¿Te lastimé? ¿Quieres que me detenga? – Comentó el ojizarco al escuchar el quejido por parte de la reina.

–No. –Negó. –Es solo que se siente tan placentero. –

Branch comprendió que prácticamente la estaba complaciendo sexualmente con solo tocarla, provocando que su respiración se entrecortara y cada vez se sintiera más pesada. La reina podía sentir los latidos de su corazón, el cual se aceleraba con cada roce en su cabellera.

–Oh…Branch. – Suspiró la troll rosada.

El azabache se excitaba con cada gemido que soltaba su novia. Prácticamente era música para sus oídos y no quería que esta se terminara, así que tomó su cabello con mayor firmeza y comenzó a entrelazar sus dedos entre su melena cada vez más rápido. Ante esto, fueron solo cuestión de segundos para que le reina llegara al clímax, liberando un gemido y doblando los dedos de los pies por el placer.

El interior de Branch se había encendido por presenciar tal escena que no esperó a que la reina recobrará el aire. Rudamente, tomó a su novia de los hombros y con su fuerza logró que ambos se colocaran frente a frente.

El troll al observar el rostro sonrojado de Poppy, no pudo resistir el deseo de besarla. La tomó de las mejillas y lo hizo sin pensarlo. A la reina le faltaba el aliento, pero pudo continuar con ese beso apasionado antes de pedir una bocanada de aire.

–Es tu turno. – Lanzó una ligera risa y acunó el rostro de Branch entre sus manos para unir nuevamente sus labios.

Al terminar la ducha se pusieron sus respectivas batas de baño, secaron su cabello con una toalla y al sentir que estaba lo suficientemente seco, comenzaron a cepillar su melena. Cada vez que la pelirrosa pasaba las cerdas por su melena sentía una sensación placentera, pero nada superaría la excitación que experimentó minutos antes, cuando su novio lavaba su cabello.

El azabache notaba cómo la respiración de la ojirrosa se volvía más pesada y era acompañada de leves jadeos de placer. Además, podía observar por medio del espejo un rostro sonrojado y suplicante para satisfacerla sexualmente. Branch quería ayudarla nuevamente para que pudiera llegar al clímax, pero se controló. La troll rosada le había dicho que esa noche quería descansar, así que le concedería su petición. De lo contrario, no sabría hasta que horas se mantendrían despiertos si veía como Poppy llegaba a su segundo punto máximo de excitación en ese mismo instante.

Tras finalizar su rutina de cabello, ambos se dirigieron a la cocina para cenar los brownies que había preparado. A mitad de camino, el azabache se percató de que el baño lo había beneficiado, el shampoo y el jabón habían logrado camuflajear la esencia de su novia, así que hora podría controlar sus instintos con mayor facilidad, por al menos un corto periodo de tiempo. El troll lanzó un suspiro de alivio ante la noticia y continuó siguiendo la ojirrosa hacia la cocina.

Mientras cenaban, la pareja comenzó hablar sobre las actividades que habían desempeñado en esos últimos tres días. Branch estaba contando con lujo de detalle sobre la gran hazaña que había sido aprender lo básico de dos idiomas para su performance en la segunda ronda. Pero antes de que pudiera finalizar su historia, Poppy empezó a sentirse extraña.

La reina internamente sintió como una oleada de calor bombardeaba todo su cuerpo, a pesar de que había tomado un baño con anterioridad. Sus mejillas ardían y su sien presentaba signos de sudoración. Abrió discretamente un poco su bata de baño para ventilar su pecho e intentó controlar su respiración con el fin de regular su temperatura corporal. Pero fue en vano, ya que esto solo hizo que su cuerpo se sintiera más sofocado.

–¿Te encuentras bien, Poppy? – Interrumpió su historia al ver que su rostro se había sonrojado y su respiración se había vuelto irregular.

–Si, pero siento algo de calor aquí. – Respondió mientras se ventilaba con su mano derecha y exhalaba profundamente.

–Abriré una escotilla de ventilación. – Se paró rápidamente de su asiento y activó una palanca incrustada en la pared. Instantáneamente la reina sintió como el aire fresco empezó a fluir por la habitación, haciéndola suspirar de alivio. Eso la había ayudado a calmar la sensación de calor. A su vez, Branch le había entregado un vaso de agua fresca para que pudiera hidratarse, el cual la pelirrosa se tomó sin dudarlo.

–Llamaré a la Doctora Moonbloom para que te examine. – Reveló mientras se encaminaba hacia la plataforma para salir a la superficie.

–No es necesario. Ya me siento mejor. – Declaró, aunque no era del todo verdad. Aún sentía su cuerpo acalorado y un nuevo síntoma se había hecho presente. La sensibilidad de su melena había incrementado. Esto lo sabía, debido a que con el simple toque de la brisa en su cabello provocaba que la reina se sintiera excitada. Sin embargo, consideraba que no era motivo suficiente para preocupar a sus súbditos.

El ojizarco se cruzó de brazos y levantó una ceja. Estaba mintiendo y lo revelaba su lenguaje corporal. El troll veía como su novia arrugaba la bata con ambas manos sobre sus muslos, probablemente conteniendo alguna clase de dolor. Además, su rostro reflejaba algo de incomodidad.

–¿Estás segura? – Sostuvo su mirada con la de ella para retarla. De esa forma, Branch le demostraba que él sabía que ella le estaba ocultando la verdad y solo era cuestión de tiempo para desenmascarar su mentira.

La ojirrosa suspiró. La había descubierto. Para esta altura de la relación la conocía demasiado bien y era difícil mentirle. Aunque esto último no lo hacía con frecuencia, en primera porque era pésima mintiendo y en segunda porque ambos establecieron que su relación estaría regida por la honestidad.

–No me gustaría que los habitantes de la villa se alarmen por esto. Ya sabes que me sobreprotegen cuando me enfermo. –

–Ellos solo buscan el bienestar de su reina, Poppy. – La troll lo miró con ojos suplicantes, rogándole que no alertara a sus súbditos sobre su condición. El azabache la observó con angustia, quería ayudarla a encubrir su malestar, pero a la vez requería procurar su bienestar. Una lucha interna se desarrolló dentro de su mente para tomar una decisión que pudiera equilibrar ambos lados de la balanza.

–Branch, por favor. – Le regó verbalmente. – No considero que sea algo grave. – Declaró mientras sentía como el calor regresaba nuevamente a su cuerpo y su melena se sentía cada vez más sensible ante la brisa que circulaba en la habitación.

El ojizarco suspiró. Ella había ganado, pero bajo una condición. –Está bien, yo te examinaré. Pero si detecto algo alarmante, llamaré a la Doctora. – El troll tenía conocimientos básicos de medicina y herbolaria, los cuales había adquirido a lo largo de los años de forma preventiva ante la posibilidad de salir herido en alguna de sus expediciones en el bosque. Además, estaba autorizado en brindar primeros auxilios en dado caso de que ningún doctor se encontrara a la redonda.

Poppy solo asintió tratando de controlar su respiración para regular su temperatura. Acto seguido, el azabache la encaminó hasta su cuarto para que se recostara sobre su cama y pudiera evaluar su condición.

–¿Me permites? – Preguntó buscando su consentimiento para tocarla.

–Si…– Su respiración se había vuelto más acelerada al sentir como la almohada, en donde estaba recostada, rozaba con su cabellera.

Branch posicionó el dorso de su mano derecha sobre su frente, haciendo que la reina gimiera ante su toque. El tacto de su novio sobre su rostro, provocó que otra oleada de excitación recorriera todo su cuerpo.

Afortunadamente, no presentaba signos de fiebre, así que el ojizarco retiró su mano para continuar con el protocolo. La siguiente fase consistía en colocar su oreja sobre el pecho de su amada y escuchar su ritmo cardiaco. Su pulso era acelerado, pero la frecuencia se encontraba dentro de los rangos establecidos para un troll.

El troll dejó de lado su pecho y rozó la melena de su novia con su mano para detectar alguna señal de malestar. Su tacto era cuidadoso debido a que estaba consciente de que ella se encontraba en celo. Sin embargo, su acción no fue lo sufrientemente generosa, ya que Poppy jadeó al sentir como sus dedos se entrelazaban en su cabello.

–¿Te duele? – Cuestionó preocupado.

–No del todo. – Gimió. Más que dolor, sentía altos niveles de excitación nunca antes experimentados. Parecidos a los que presentaba en su segunda semana de celo, pero con mayor intensidad.

–Entonces dime, ¿Qué es lo que sientes? – Continuó palpando su cabellera en búsqueda de alguna anormalidad o algún signo de dolor en su cuerpo.

Por cada segundo que pasaba, el cuerpo de la ojirrosa alcanzaba un nuevo punto de placer. Su melena empezaba a palpitar y en su interior surgía la necesidad de entrelazarla con la de su novio para apaciguar esa sensación.

Antes de que pudiera responderle, la reina se reincorporó en la cama y lo miró de frente. Tomó las grandes manos del troll y se las colocó de tal forma de que rodearan su cintura.

–¿Qué pasa? –No comprendía sus intenciones, por lo que solo se dedicó a observarla extrañado.

–Branch, apareémonos. – Expresó de tal forma de que parecía más una orden que una petición.

–¡¿Qué!? – Sintió como una onda de calor se apoderó de su rostro. El troll se había sonrojado desde sus mejillas hasta la punta de sus orejas ante la proposición de su novia. – Pero, Poppy… –Tartamudeó. – Necesito terminar de revisarte. No es el momento… – El ojizarco no logró culminar su argumento debido a que la reina se abalanzó sobre él, interrumpiéndolo con un beso apasionado.

El azabache quedó perplejo ante la situación, no sabía lo que le estaba pasando. Su mente se quedó en blanco por algunos segundos, pero cuando volvió en sí no dudó en corresponderle el beso. Aunque este duro poco tiempo, ya que Branch poco a poco se fue separando de los labios de su amada. En definitiva, algo le sucedía y probablemente tendría que llamar a la Doctora Moonbloom.

–Poppy…– La llamó para decirle que iría por respaldo médico para tratar su condición, pero se detuvo en seco al observarla. El azabache contempló a su novia con una mirada sumisa, lágrimas en los ojos y rostro sonrojado; y, sin decir una sola palabra, le imploraba que la siguiera besando y acariciando. Por un momento, olvidó la situación en la que se encontraba y sintió como sus instintos por aparearse luchaban por salir a la luz, pero su razón impidió que esto sucediera. –Iré a buscar …– El troll no logró terminar la oración debido a que sintió que sus sentidos se agudizaban nublando por completo su juicio.

Branch había detectado la esencia de la reina, cuyo olor se había intensificado y era más penetrante que nunca. Por alguna razón, la fragancia del shampoo y del jabón ya no eran suficientes para camuflarlo. Su aroma era tan cautivador, que acercó peligrosamente su nariz hasta su cuello para olfatearla.

La necesidad de seguir inhalando su esencia era tan persistente, que le retiró la bata de baño desesperadamente para capturar su aroma en todo su esplendor. Posteriormente, la tumbó con un poco de fuerza sobre la cama y se posicionó sobre ella, tomándole de las muñecas para contemplar su cuerpo. La mirada lasciva del troll provocó que la reina se ruborizara, haciéndola sentir como si fuera la primera vez que la veía desnuda. Poppy desvió la mirada para ocultar la timidez que sintió al ver a su novio en plan dominante.

Por su parte, el azabache retomó la acción de olfatearla. Esta vez el olor era tan tentador que comenzó a lamer su cuello. Pero, aunque no logró degustar el sabor que olfateaba, pudo saborear la dulce piel aterciopelada de la reina.

La ojirrosa jadeó al sentir como la lengua húmeda de su amado recorría cada centímetro de su cuello. Su piel ardía, al igual que su melena. Estaba lista para entrelazar su cabellera con la del troll, pero al parecer él aún no tenía intención de hacerlo.

–Poppy…–La nombró en un susurro, haciendo que la atención de la reina se concentrara en sus palabras. –¿Alguna vez te he dicho cuál es el olor de tu esencia? – Cuestionó con una respiración entrecortada y mordiéndola ligeramente en el cuello.

–No…Siempre he tenido curiosidad por saberlo. – Gimoteó al sentir que la fuerza de su mandíbula se intensificaba.

–Algodón de azúcar. – Susurró aflojando su mordida.

–¿Y te gusta mi aroma? – Siempre había tenido la inquietud de saber si al troll le agradaba el olor de sus feromonas.

–Me enloquece. – Declaró tras dejar un puente de besos sobre su cuello para disminuir el dolor que le había provocado el agarre de sus dientes contra su piel. – Tanto así, que en muchas ocasiones casi pierdo el control de mis instintos para poder saborearte. Pero hoy no he podido contenerme. – Dirigió su boca hacia su clavícula y la mordió, haciendo que la ojirrosa lanzara un grito ahogado de placer.

El nivel de excitación del azabache incrementó al escuchar su alarido. El calor lo había invadido y su cuerpo empezaba a empaparse de sudor. Sin pensarlo, Branch deshizo el agarre sobre las muñecas de la contraria y se despojó de su bata de baño. Ahora ambos estaban desnudos, uno sobre el otro, y no había ninguna barrera que impidiese que sus pieles húmedas se tocaran.

El deseo sexual por poseerla incrementaba cada vez más en el interior del troll. La necesitaba. No solo esa noche, sino para siempre. Quería una vida junto a ella, en donde pudieran complementarse mutuamente y sacar a relucir lo mejor del otro. La amaría y la protegería, aunque tuviera que dar su vida por ella. No permitiría que nadie, ni nada se la arrebatara de sus manos. Le pertenecía. Sin embargo, el pensamiento de perderla continuó vagando en su mente. No podría creer que estuvo a punto de hacerlo ese mismo día. El simple hecho de pensar que en esos momentos ella podría haber estado con alguien más, hacia que su sangre hirviera de rabia. La ira invadió su mente, ella le pertenecía y se lo demostraría a todo el mundo.

El troll azul grisáceo se posicionó entre los muslos de su novia y los lamió. En su mente eso desempeñaría la función de anestesia, pero evidentemente no funcionó. La reina gimió de dolor al sentir como su novio le mordía la entre pierna, provocando que sus ojos se inundaran.

El contrario siguió mordiéndola intensamente en las zonas del cuello y la clavícula hasta que la escuchó sollozar. Instantáneamente el ojizarco fijó su mirada en ella, sus mejillas sonrojadas se encontraban empapadas por un río de la lágrimas y los mechones frontales de su cabello lucían húmedos por el sudor de la sien. Al mismo tiempo, su boca estaba siendo silenciada por su puño derecho, el cual mordía para no dejar escapar grito alguno. Al parecer, la reina no quería ser escuchada, a pesar de que ambos se encontraban a las afueras de la villa y a metros de profundidad.

Tras observarla, la razón de Branch se recobró, pero aún se encontraba algo nublada por la excitación. Sin embargo, gracias a esta, pudo percatarse de que estaba desquitando su enojo con el cuerpo de su amada, lastimándola en su estado de vulnerabilidad.

Sintiéndose culpable, la tomó de la cintura y la reincorporó, sentándola sobre la cama para encontrarse frente a frente. El azabache miró el cuerpo enrojecido e irritado de su novia debido a las mordidas, se estremeció al ver lo que había hecho y la miró con arrepentimiento.

–Perdóname, Poppy. – Susurró. – Solo te he estado lastimando. – Cubrió rostro con sus manos en señal de vergüenza. Ahora la idea de ser devorado por un Berteno no sonaba del todo mal.

La pelirrosa volvió a sollozar, las palabras no lograban salir de su boca. Quería tranquilizarlo, decirle que todo estaba bien y que no se sintiera abatido por lo sucedido. En verdad, ella estaba disfrutando de ese momento con él y quería continuar experimentando nuevos niveles de placer.

Ya que su voz la había traicionado, decidió que trataría de calmarlo de forma no verbal. La ojirrosa le retiró las manos de su rostro y su corazón se estrujó al verlo. Sus ojos se encontraban llenos de lágrimas y algo irritados por empezar a llorar. No soportaba verlo de esa manera, ella solo quería que fuera feliz y que no sufriera por cuestiones insignificantes como esta.

La reina acunó sus manos en su rostro. El ojizarco sintió calidez ante su tacto, generándole paz interior. Poppy se acercó un poco más y rozó su nariz contra la de él. Quería expresarle que todo estaba bien entre ellos y no había razones para preocuparse al respecto.

Sin problema, el troll pudo comprender lo que su amada quería decirle, a lo que intuitivamente la abrazó. Las palabras sobraban en ese momento y ambos lo sabían. Tras finalizar su abrazo, se miraron los labios con tensión y paulatinamente, acortaron la distancia entre ellos con un beso.

De forma gentil, Branch recostó a su amada sobre la cama, quedando nuevamente sobre ella. A manera de disculpa, comenzó a besar delicadamente cada parte de su cuerpo que había mordido. Empezó desde sus muslos, seguido de su torso, continuó por su cuello y finalizó el recorrido cerca de su oído.

–Te amo, Poppy. – Murmulló.

–Yo también, Branch. – Respondió en un susurro.

El troll sonrió ante sus palabras y la miró directo a los ojos. Su mirada era brillante y vivaz, a pesar de la tenue luz que irradiaban los hongos que iluminaban la habitación. El azabache sonrió levemente ante la hermosa vista que presenciaba. En verdad, nunca se había sentido tan agradecido por encontrarse al lado de la troll que amaba y compartir un momento de intimidad como ese. Intuitivamente la volvió a besar.

A pesar de que sus cuerpos desnudos y sus labios se tocaban, la reina consideraba que el tacto entre ellos no era suficiente. En su interior crecía la necesidad de aferrarse más él y no permitirle escaparse de su agarre. Ante esto, la ojirrosa lo tomó de la parte alta del cuello con el propósito de profundizar su beso y aumentar su cercanía. La excitación regresaba al cuerpo de Poppy, provocando que la habitación cayera envuelta bajo el aroma de su esencia. El olfato de Branch no tardó en detectarlo, era el mismo olor tan cautivador que despertaba en su interior el instinto por aparearse.

–Reina Poppy…– Interrumpió su beso. Considero que ya había llegado el momento adecuado para entrelazar sus melenas. – ¿Me haría el honor de ser mía esta noche? –

–Hoy y siempre, Branch. – Respondió en un susurro.

En agradecimiento a sus palabras sinceras, el troll la tomó de las mejillas y le plantó un dulce beso en la sien, haciendo que la pelirrosa sonriera ante su acto.

Ahora que había obtenido su aprobación, el ojizarco empezó a acariciar la cabellera de su novia, la cual gimió ante su toque. Su melena se encontraba tan sensible que cualquier mínimo roce provocaba que su ritmo cardiaco y temperatura corporal incrementara.

–¿Estas lista? – Cuestionó el azabache.

Poppy asintió en señal de respuesta e instantáneamente el troll entrelazó lentamente su melena con la de ella. La troll soltó un grito ahogado al sentir como el cabello del contrario ejercía presión sobre su sensible cabellera.

–¿Te duele? ¿Quieres que me detenga? – Preguntó al notar que sus ojos se habían humedecido por las lágrimas y su sien se había empapado de sudor. Además, su respiración se volvió errática y un intenso color magenta se había adueñado de sus mejillas.

–No…no lo hagas. – Respondió en un jadeo, tratando de controlar su respiración. –Solo es un dolor placentero. –

–De acuerdo. Entonces relájate y disfruta. – El troll la tomó de las mejillas y la besó, mientras que a la par movía su cabellera para estimular sexualmente a su novia.

La reina mordió fuertemente el labio de Branch al sentir como este había incrementado su agarre. Al parecer, lo había lastimado, ya que logró percibir un dolor punzante en su labio y un sabor metálico en su boca. Sin embargo, no le dio tanta importancia en su momento. Probablemente lo trataría mañana por la mañana.

El ojizarco reafirmó su agarre, entrelazando más sus melenas. En cuestión de segundos, ambas cabelleras aparentaban ser una sola. El cabello de Branch se había dispersado en toda la cabellera de Poppy, aparentando ser una melena rosada con mechones negros.

La ojirrosa se encontraba extasiada. A esas alturas había olvidado respirar correctamente, solo sentía como el aire entraba de forma dolorosa a su nariz y salía de su boca en excitantes gemidos para su novio.

–Branch…–Lo nombró. Estaba segura de que era cuestión de segundo para llegar al clímax. Al escuchar su nombre, el troll comprendió lo que le trataba de decir. Entró en pánico por un segundo, pero recordó que se estaban protegiendo, así que continuó con su misión de seguir dándole placer a su reina. La pelirrosa rodeó sus piernas en la cintura del contrario, entrelazó sus dedos en la base su negra cabellera y lo besó entre gemidos.

Al sentir que había alcanzado la cúspide la excitación, la ojirrosa soltó un gemido acompañado de pesados jadeos. Su cuerpo se tensó y su espalda se encorvó, y en cuestión de segundo su cuerpo fue inundado de una ráfaga de placer. Por otro lado, el olfato del ojizarco había sido golpeado por una bomba de feromonas, la cual se había disipado en el aire al momento de que la pelirrosa se había reincorporado de su experiencia placentera.

Ambos rozaron sus narices en señal de afecto y se acurrucaron uno al lado del otro. Sin embargo, antes de que pudieran hablar sobre lo sucedido, se quedaron profundamente dormidos.

La reina despertó al sentir como la suavidad de las sábanas hechas de fieltro y algodón rozaban su cuerpo desnudo. Eran tan acogedoras, que se hizo ovillo para retomar su sueño. Sin embargo, al oler el ambiente en donde se encontraba, se pudo percatar de que no descansaba en su capullo. Abrió los ojos lentamente para identificar el lugar e instantáneamente recordó lo que había sucedido anoche. Se sonrojó de solo recordarlo, ya que, a consideración de ella, había sido la noche más apasionada que había experimentado e incluso descubrió una faceta de Branch que no conocía.

Al reincorporarse en la cama sintió como le dolía el cuerpo y su melena, pero era un dolor placentero consecuente de sus travesuras eróticas como pareja, nada de qué preocuparse. En realidad, se sentía feliz de haber compartido un momento tan íntimo con su novio después de su ruptura. Además, quería seguir experimentando más oportunidades para satisfacerse sexualmente cuando estuvieran trabajando hombro con hombro.

Mirando a su izquierda observó a Branch durmiendo plácidamente envuelto entre las sábanas. Su cabello se encontraba desaliñado y su respiración era profunda, inclusive la reina podía escuchar leves ronquidos que eran producto del cansancio físico del troll. Sus últimos días habían sido agotadores, debido a que se había dedicado a la investigación de la sesión informativa, a practicar la canción y la coreografía para el duelo contra Aspen, y a terminar el resto de sus obligaciones diarias en el búnker y en la VillaPop. Aunque ahora siendo vencedor del duelo ya no tendría que practicar y aprovecharía el tiempo para realizar otras actividades.

Poppy contempló su brazalete para saber la hora. Aún era temprano, faltaba al menos dos horas de abrazar para comenzar con la rutina diaria, pero optó por levantarse para darse una larga ducha.

Al salir de la cama hizo unos leves estiramientos de extremidades y de cabellera. Se sentía de maravilla y creía que podría empezar su día con toda la energía del mundo. Al terminar de estirarse, caminó hacia el armario; en su interior se encontraban los chalecos de su novio colgados en ganchos y junto a ellos había al menos tres mudas de ropa pertenecientes a la pelirrosa. Poppy había dejado vestidos de reserva para sus pijamadas con Branch y viceversa, su amado también tenía ropa de respaldo en el armario de su capullo. Aunque era más frecuente que realizaran sus escapadas románticas en el búnker, debido a que el hogar de la reina no contaba con mucha privacidad. En repetidas ocasiones la pareja había sido interrumpida en plena sesión de besos o entrelazando sus melenas por asuntos poco relevantes por parte de sus súbitos, así que optaron en disfrutar de su intimidad bajo tierra, en donde nadie pudiera molestarlos.

La troll tomó un vestido limpio y se dirigió al cuarto de baño. Al entrar, lo primero que hizo fue mirarse al espejo. Esta se sorprendió al ver como su cabello estaba hecho un desastre, estaba enredado y encrespado por la fricción que presentó contra la melena de Branch y por la humedad del búnker. Y para acabarla, la liga que normalmente lo sujetaba había desaparecido.

«¡Caramelos! ¡Tardaré al menos media hora en desenredarlo!», pensó.

Al bajar la mirada en el reflejo pudo notar unas marcas circulares desconocidas de color morado en su cuerpo. Tenía dos en su cuello, otra en su clavícula y la última se encontraba entre sus muslos. Al verlas detalladamente era evidente que eran chupetones, los cuales habían sido dejados por Branch mientras se encontraba en su faceta dominante, cegado por sus instintos.

En el Reino Troll estos representaban que un troll macho había reclamado a una hembra como suya tras aparearse con ella. Eso significaba que su relación iría más allá de solo reproducirse y comenzarían a salir como pareja. La idea era que fueran visibles para que todo el mundo pudiera verlas, pero las suyas eran discretas y fácilmente se podían camuflajear con sus colores.

«No lo entiendo, si ya somos novios. ¿Por qué decidió marcarme?», cuestionó extrañada la reina. «Aunque no me molesta la idea de que todo el mundo sepa que le pertenezco.», terminó sus pensamientos esbozando una sonrisa coqueta hacia el espejo mostrando sus incisivos centrales y lanzando una mirada de enamorada.

Tras terminar de contemplar las marcas en su cuerpo, tomó los productos que necesitaría para su rutina de aseo del set de cajoneras y se dirigió a la bañera para preparar un baño caliente de burbujas, tal como a ella le gustaba. Una vez listo, Poppy se sumergió y remojó su cuerpo por unos minutos y al considerar que ya se había relajado lo suficiente, se enjabonó y lavó su cabello con delicadeza mientras que tarareaba una canción con entusiasmo.

Al finalizar su baño, la troll se secó con una toalla limpia y se vistió. Cuando se miró al espejo para acomodar bien la prenda, se percató de que ninguna de las marcas que le había hecho Branch se veía. Al principio se frustró, ya que quería que todo el mundo las viera, pero después de pensarlo pudo entender su discreción. Si los demás las llegaban a notar, seguramente le preguntarían al respecto y tendría que dar información sobre lo que había sucedido anoche. Claramente a la reina no le agradaría revelar detalles de su intimidad, prefería que ese momento especial se quedara solo entre ellos. Internamente le agradeció a su novio por haber pensado de forma estratégica antes de marcarla.

Continuando con su rutina, la ojirrosa tomó su cepillo de plata y empezó a cepillar su cabello para desenredarlo mientras seguía húmedo. Cuando su melena estaba mojada no era tan sensible al tacto y podía manejarla con mayor movilidad sin gemir tanto. Tras finalizar, su cabello ya se había secado, por lo que optó por amarrarlo en la típica coleta que usaba diariamente. Afortunadamente, había encontrado otra liga para el cabello entre las cosas de su melena.

Solo quedaba lavarse los dientes. A la pelirrosa le gustaba lavárselos con una lollipop de colores, así quedaban limpios y relucientes, pero Branch siempre le decía que eso le provocaría caries y se le terminarían cayendo los dientes. El troll insistía en que se los lavara a diario con la pasta que él fabricaba, la cual sabía a menta y le dejaba una sensación refrescante en la boca. Sin embargo, ella prefería su método de limpieza bucal. Lamentablemente, no contaba con una lollipop a la mano, por lo que terminó empleando la pasta dental de su novio.

La reina se colocó su corona real antes de salir del baño y se encaminó hacia la cocina para desayunar. En realidad, no tenía mucho apetito, así que solo tomó una baya fresca y la degustó rápidamente. Eso sería suficiente hasta la hora de almorzar.

Miró su reloj, aún había tiempo, así que aprovecharía y prepararía el desayuno favorito de Branch. Avena, bayas y café.

Branch se despertó al escuchar unos ruidos desde su cocina. Se reincorporó en su cama desconcertado y adolorido, hasta que su mente se inundó de los acontecimientos de la noche anterior. Ocultó sus rostro avergonzado con sus manos ante el recuerdo. Había perdido el control de sus instintos y a pesar de que intentó contenerlos, terminó perdiendo la batalla contra ellos.

Pero no se arrepentía de haberlo hecho. Esa no era la primera vez que había intentado aparearse con ella y era evidente que era algo que ambos deseaban internamente. Además, consideró que fue una maravillosa manera de sellar con su reconciliación. Sin embargo, aún desconocía el porqué de su extraño comportamiento y sintomatología. Si volvía a observarla de esta manera, no dudaría ni un segundo en llevarla con la Doctora de la villa.

Quería saber si se encontraba mejor, por lo que no dudó en levantarse de su cama, cubrió su cuerpo con la bata de baño y se encaminó somnoliento hacia la cocina. Su cuerpo dolía un poco a cada paso que daba y podría sentir como su melena estaba desaliñada y encrespada. Definitivamente tardaría un buen tiempo en alistarla.

Al entrar a la cocina, el azabache encontró una escena encantadora. Era su novia, de espaldas tarareando una alegre canción mientras preparaba algo en la barra. Para su fortuna, la reina aún no se había percatado de su presencia, así que se acercó cautelosamente para ver si captaba su atención. Como esto no dio resultado, tuvo que optar por el plan B. Interrumpirla.

–Buenos días, Poppy. – La pelirrosa se sobresaltó al escuchar la voz ronca y adormilada de su novio.

–Branch, despertaste. – Se volteó a verlo de frente y besó su mejilla. –Te hice el desayuno. Ven siéntate. – Lo tomó de la mano encaminándolo para que tomara asiento. Una vez sentado frente a la mesa, la troll rosada le sirvió un tazón de avena decorada con una carita feliz hecha de bayas y una taza de café caliente.

El ojizarco tomó la taza con desconfianza. Por lo general, su novia no sabía medirse con los endulzantes cuando cocinaba.

–Tranquilo, lo preparé sin azúcar. Como a ti te gusta. – Se sentó en la silla frente a su novio para poder observar su reacción tras probar el desayuno que hizo especialmente para él.

–Gracias. – Olió el café con los granos recién molidos y sorbió con precaución. Sonrió al sentir una sensación amarga en su boca. Sin embargo, su sonrisa se borró al querer tocar el tema de anoche con su novia. Necesitaba descubrir que fue lo que ocasionó su extraño comportamiento. Aunque parecía que ya había vuelto todo a la normalidad. –¿Cómo te sientes? –

–Renovada. – Río ante su respuesta, pero era verdad. Los síntomas habían desaparecido después de haber llegado al clímax. Aparentemente una noche de intimidad con su novio era todo lo que necesitaba para aliviar su malestar. – Creo que tengo energía suficiente para efectuar mis tareas reales durante toda una semana más. –

–Me alegro por ello. Pero, ¿Recuerdas haber interactuado con algún elemento que lo consideres como un factor detonante de los síntomas? Como alguna comida, bebida o algún olor fuera de lo común. –

Poppy alzó su mirada hacia arriba haciendo memoria de alguna posible causa. Sin embargo, no logró identificar el origen de su sintomatología. – Mmm… La verdad, no recuerdo haber experimentado algo anormal referente a lo que me describes. – Respondió acompañado de un movimiento de negación por parte de su cabeza.

–Entiendo. – Le inquietaba el hecho de que, al desconocer la causa, este pudiera manifestarse nuevamente. Aún desconocía si podría ser el principio de alguna enfermedad. –Bueno, en ese caso si te vuelves asentir así, házmelo saber o si no estoy cerca acude inmediatamente con la Doctora Moonbloom. ¿De acuerdo? –

–Si. Lo haré. – Respondió para tranquilizarlo.

–Bien. – Ahora se sentía aliviado al saber que su novia recurriría con un experto en dado caso de volver a presentar esos síntomas.

–¡Oh! Es hora de irme. – Declaró la troll rosada tras mirar su reloj. – Si me quedo por más tiempo, llegaremos tarde al número musical de rutina. – Quedaba al menos media hora de abrazar para que este comenzara. Sin embargo, la reina prefería llegar con tiempo al evento, ya que la primera y última vez que se retrasó ocurrió una catástrofe en la villa.

Todo se originó por una sesión de besos en el búnker, la cual les había tomado más tiempo de lo imaginado. En consecuencia, la pareja tardó en llegar una hora de abrazar posterior al horario establecido para el número musical. Este descuido ocasionó que los habitantes iniciaran sus actividades a destiempo, provocando confusión y desorganización por parte de los súbditos. A su vez, por el hecho de querer cumplir con su itinerario, algunos Trolls quisieron duplicar su productividad en el menor tiempo posible. Aunque esto ocasionó que las cosas se salieran de control. Hubo al menos tres incendios ese día, un derrame de glaseado localizado en el centro de la villa y varios puestos derrumbados del MercadoTroll. ¿Quién hubiera imaginado que un leve "contratiempo" hubiera ocasionado todo eso?

–Si, será mejor que lleguemos a tiempo, de lo contrario se armaría el caos en VillaPop nuevamente. – Hizo una pausa recordar el tiempo en que tardaron en restablecer el orden en la villa. Fueron al menos dos días de limpieza y reconstrucción, en donde ambos tuvieron que poner de su parte para recompensar sus acciones. Y desde entonces, procuraron siempre llegar con anticipación a todos los eventos sin importar las circunstancias.

–Espera, ¿Ya desayunaste? – Cuestionó preocupado. No le agradaba la idea de que se fuera con el estómago vacío, eso podría ser perjudicial para su salud a la larga. –Puedo prepararte algo rápido. –

–No es necesario. – Se levantó de la silla. –Comí unas bayas hace rato. Además, después de la presentación y de dar los anuncios mañaneros iré a almorzar con el Snack Pack. Hablaremos de los preparativos para los próximos eventos en la villa, ¿Quieres acompañarnos? –

–No lo creo, tengo que continuar con la investigación. Ya que anoche me concentré… – Aclaró su garganta y la miró con timidez. – …en otras actividades. –Disimuló su sonrojo al tomar un sorbo de su café. Su mente se había llenado de recuerdos fugases sobre su comportamiento posesivo, queriendo dominar a una troll indefensa y con mirada sumisa.

–Sabes, anoche pasé una velada tan excitante y lasciva que tal vez podríamos repetirlo en el ritual de apareamiento. – Declaró con seriedad. Con todo lo que estaba sucediendo en el reino en cuanto a la escasez de los recursos, estaba casi segura de que su novio se negaría a la idea de procrear con ella en esa temporada de celo. Sin embargo, solo quería que se esclareciera el asunto entre ambas partes.

El ojizarco casi se atraganta con el café al escuchar su propuesta. La reina le sirvió rápidamente un vaso de agua, pero el troll solo requirió toser pocos segundos para reincorporarse.

–Poppy…–Se paró de la silla para estar a su altura y la tomó de las manos. – Conozco tus anhelos de querer reproducirte conmigo. Pero considero que no es el momento adecuado para traer una cría al mundo. Mira el reino, está pasando por una crisis de recursos y si no hacemos algo para disminuir el impacto, comenzará la hambruna por parte de todos los seres vivos que habitan en la zona y existirá un desequilibrio en la cadena alimenticia. Recuerda que este es el motivo de la sesión informativa, evitar traer más Trolls al mundo para tener un control sobre nuestros recursos. Considero que tú como autoridad y yo como tú novio debemos de predicar con el ejemplo. –

Un silencio incómodo se produjo a su alrededor. Aunque Branch no tardó en romperlo. – Tal vez, podamos tener una noche pasional, pero tendríamos que volvernos a cuidar para no "polinizar". –Inclinó su cabeza seguido de algunos gestos de indecisión al pensar en esta posibilidad. –Aunque, yo preferiría practicar la abstinencia ese día. – Finalmente declaró.

La reina lo miró directamente a los ojos tratando de procesar el extraño término que había dicho su novio. «¿"Polinizar"? ¿A qué se refiere con eso?», se cuestionó internamente desconcertada. «¿Volvernos a cuidar? ¿De qué manera? No recuerdo que lo hayamos hecho.», entre más lo pensaba, más preguntas llegaban a su cabeza.

– Cuando todo se regularice habrá tiempo para empezar a formar nuestra familia. Te lo prometo. – Confesó el troll azul grisáceo besando las manos de su novia. Posteriormente, la miró directamente a los ojos esperando una respuesta comprensiva.

–De acuerdo. – Suspiró decepcionada. Era oficial, pasaría otro celo sin obtener su tan esperado heredero al trono y peor aún, no sabría hasta cuándo podría cumplirse ese deseo tan anhelado. Se sentía frustrada y desilusionada, pero su novio tenía razón; debían de imponer esta nueva disciplina para que el resto de los Trolls también la practicaran. Sin embargo, le preocupaba el saber cómo reaccionarían ante esta nueva propuesta, si a ella le disgustaba era probable que más de uno se sintiera de la misma manera. Tendría que buscar alguna forma perspicaz de promoverla para así disminuir los niveles de inconformidad por parte de sus súbditos.

–Te lo agradezco. – Sonrió y la besó en la frente. Se alegró al saber que la había convencido y que el asunto del heredero había sido aclarado por el momento. Branch miró su reloj, se le estaba haciendo tarde para alistarse y llegar a tiempo al número musical. –Te veré en un rato, Poppy. – Soltó a su novia para que esta pudiera dirigirse a la salida del búnker.

–Ten un buen día, Branch. – Dijo encaminándose a la plataforma. Su mente se había inundado de posibles estrategias para compartir lo que estaba sucediendo en el Reino Troll a sus súbditos y de algunas propuestas que tenía en mente para combatir el problema. Sin olvidar que también tendría que buscar una nueva forma de crianza que pudiera incorporar el resto de las tribus.

Cuando escuchó que la escotilla se cerraba, el azabache se sentó en la mesa para retomar su desayuno. Tomó una cucharada del tazón esperando degustar un platillo delicioso. Sin embargo, al sentir un sabor dulce en sus papilas gustativas regresó instantáneamente el bocado que había ingerido, dejándole una sensación empalagosa en su sentido del gusto.

Poppy había exagerado con el azúcar de la avena de nuevo.

–Creo que solo será café esta vez. – Suspiró y tomó un sorbo de su taza. Se levantó de la mesa con su bebida en mano y realizó su rutina mañanera.